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Mbappé o la insoportable levedad del ser

Mbappé o la insoportable levedad del ser

Escrito por: William Pogue20 mayo, 2026
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Se va terminando el suplicio. En el penúltimo partido nos encontramos con un Sevilla hiperactivo, animado por los últimos resultados, correoso, pero sin gol. Nosotros, en nuestra línea: Vini y Mbappé, desconectados, fallones y al trote cochinero. Bellingham, irrelevante un día más. Courtois sacó dos o tres balones de gol. Algún día nos daremos cuenta de que este interregno habría sido mucho peor sin él. Brahim y Tchouameni estuvieron desaparecidos. Thiago corrió por todos, pero sin norte. A Huijsen le salió un partido desesperante más. Rudiger y Carvajal llegaron justísimos al aprobado. Ya son viejas glorias, todo llega en esta vida. Fran cumplió. Arbeloa los alinea y les da instrucciones. Ellos siguen su instinto sobre el césped. No se vio un equipo.

Sánchez Martínez en el Getafe - Real Madrid

Manolete estuvo al silbato. Empezó aplicando de forma impecable el Método Negreira: ignorando faltas sobre Vini y pitando infracciones inexistentes en ataque al Real Madrid. Evitando riesgos innecesarios, vaya. Para sorpresa general, concedió el gol en una jugada opinable que con la liga viva ya sabemos de qué lado habría caído. Nuestros enemigos acusan al único club que quiere cambiar el CTA de ser favorecido por el mismo sistema que quiere destruir. Dudo entre calificarlos como sinvergüenzas o cretinos, no sabría qué elegir... No se me ocurre ninguna palabra que contenga los dos calificativos. Le he preguntado a la IA y tampoco ha sido capaz de crear un neologismo para mí. El término definiría al culé promedio de X, como concepto.

Antes de los bofetones entre Valverde y Tchouameni había empezado a escribir un artículo reflexivo, intentando visualizar lo más conveniente para el año que viene, analizando qué jugadores tienen peso y quiénes son prescindibles. Porque el verdadero problema no es que haya tensión en el vestuario cuando no se gana. Eso es sano y deseable, hasta cierto punto.

Me amparé en el escritor Milan Kundera, que definió perfectamente los conceptos de peso y de levedad de la naturaleza del ser humano en "La insoportable levedad del ser". No es una literatura fácil, pero esta magnífica novela me sirve para ilustrar el verdadero problema del Real Madrid de las quince Champions. Elegir entre el peso y la levedad es elegir entre la grandeza y la intrascendencia, entre el sacrificio y la comodidad, entre la responsabilidad y la indolencia, entre la honestidad y la conspiración. Y créanme, es una elección. Individual y colectiva.

Buscar aliados para sabotear el trabajo de un entrenador es conspiración.

Comodidad es correr diez kilómetros menos que el rival en cada partido.

Indolencia es decir "no duele, no duele" tras una goleada que encabrona a la afición.

Intrascendencia es acostumbrarse a la derrota y elegir partidos para rendir.

Tenemos una de las plantillas más jóvenes de nuestra historia. Es probable que los que tenemos hijos capaces de resolver ecuaciones diferenciales no entendamos completamente a esta generación de la IA y de la pseudorrealidad que consumen en la pantalla de sus móviles. Es posible que no estén dotados genéticamente para entender lo que implica enfundarte esta camiseta blanquísima que vistieron Santiago Bernabéu, Di Stéfano, Juanito, Zinedine Zidane y Cristiano Ronaldo.

Nuestros enemigos acusan al único club que quiere cambiar el CTA de ser favorecido por el mismo sistema que quiere destruir. Dudo entre calificarlos como sinvergüenzas o cretinos

Esta camiseta tiene gravedad propia. Es un ancla, un planeta. Pero puede ser una mortaja si no tienes ganas de correr por ella. Tener la vida resuelta con veintitantos. No sentir el peso del deber. Vivir con un gotero de dopamina. Percibir de forma lejana e impersonal la responsabilidad. Tener siempre a mano la mullida ingravidez de un avión privado. Libertad geográfica. Dinero ilimitado. Inmortalidad. Recuperen vídeos históricos: miren fijamente al bigote de Pirri o de Stielike, dos padres de familia. Las caras de pocos amigos de Sanchís o de Fernando Hierro en un derbi. El lenguaje corporal de Raúl o de Juanito porfiando por un balón dividido. Comparen con lo que tenemos en el vestuario. No queda nada.

2-0: Dos golazos, tres puntos y cinco victorias

En lo deportivo, la defensa ha sido una unidad de traumatología otra vez. Tenemos dos laterales titulares jugones. No es que defiendan peor que atacan, es que les molesta correr hacia atrás y se permiten mirar pasivamente a delanteros rivales dentro del área esperando que fallen. Rudiger ha hecho lo que ha podido y Militao hasta donde ha podido. No sabemos qué ha hecho Asencio para salir abruptamente de la rotación, pero nos enteraremos algún día. Huijsen es una excentricidad. Un lujo que deberíamos poder permitirnos. Un central con salida de balón de mediocentro, pero con agresividad de mediapunta.

Quiero ser Carvajal

Se nos va Carvajal. El capitán. Un icono de la era de Florentino. El símbolo de una racha inolvidable de triunfos, pieza clave de una incontestable supremacía europea del Real Madrid. El niño que puso la primera piedra de Valdebebas se va a casa con su familia y con seis Champions en el zurrón. Un profesional de pies a cabeza, un currante de Leganés y una leyenda viva. Lloramos a Marcelo en el adiós y lloraremos a Carvajal, por lo que perdemos y por los que nos quedamos, frente a un panorama aterrador.

Esta camiseta tiene gravedad propia. Es un ancla, un planeta. Pero puede ser una mortaja si no tienes ganas de correr por ella

El control del juego ha sido un drama. Valverde y Tchouameni no tienen el peso ni la brújula para manejar partidos. Conocido su altercado, ya nadie confiará en el uruguayo como capitán ni en el francés como buen compañero. Estas cosas dejan desconchones. Todos los demás centrocampistas levitan como globos de helio. Ninguno ha conseguido quedarse en el once. Güler ofrece destellos, pero rara vez suma más de una hora de fútbol en ningún partido. Camavinga ha pasado de dominar una final de Champions en la mejor actuación de su vida a convertirse en un jugador de rotación que sale a pifia catastrófica por partido. Bellingham es un caso aparte, su impredecible desplome es una de las peores noticias para el equipo.

Kroos y Modric no van a volver. Y no tenemos a nadie que pueda parecerse a ellos ni en el presente ni en el futuro inmediato. No hay nadie al mando en la construcción. Bellingham no mejora ninguna jugada que pasa por sus botas. Güler no está hecho. El talento brilla en chispazos irregulares. La constancia y la resistencia vendrá con los años. Paciencia. El Modric que nos deslumbró apareció cerca de los treinta. Kroos llegó a nuestras vidas con veinticinco y tuvo temporadas discretas antes de convertirse en leyenda.

No contábamos con el fin de fiesta que nos estaba deparando Mbappé. Un tipo que "lesionado" se va de viaje romántico con su novia. Que una semana después, se borra de la visita al Camp Nou cuando averigua que no será titular. Que ni siquiera acompaña al equipo. En medio del partido nos deja ese post tan revelador con el 2-0… Tres días después pasa facturas en zona mixta a su entrenador por no ser titular después de semanas sin completar un entrenamiento. Arbeloa anuncia su titularidad y cumple su palabra en Sevilla. Deficiente partido del francés. Miren, yo ya he tenido suficiente Mbappé. Se quede o se vaya, ya sé quién es. Me alegraré de sus goles con nuestra camiseta, pero cuando llegue la hora del adiós le despediré sin tristeza.

Mbappé, más allá de la dolce vita

A pesar de las voces acusatorias sobre la política de fichajes del club, creo que ahora, a la vista de la temporada que termina, es más urgente dar salida a lo que sobra que fichar a cualquier precio. Nos faltan dos centrales, tal vez tres si desconfiamos de que Militao regrese al 80%. Tenemos expatriados recuperables y tenemos cantera. Nos falta un jugador en el eje. No tiene que ser un top mundial. Nos ofrecen a Rodri. Es un jugadorazo con tres años buenos de fútbol en el depósito. Pero el fútbol es emoción y, como Mbappé, Rodri sólo me produce rechazo y desconfianza.

Mbappé y Vini deberían pagar caro este año. Ni liderazgo, ni resultados, ni respeto a la profesión, al club, a compañeros, al entrenador. El brasileño se cargó un proyecto prometedor por su obsesión de ser el jugador franquicia. El francés se ha borrado de la temporada y ha hecho daño al vestuario y al entrenador con sus vendettas personales. No ha entendido que aquí no hay un emir que le entregue las llaves del club para que juegue con él como en el modo manager de un videojuego. Aquí no tenemos un presidente de la república que le haga de felpudo. Aquí un madridista de infantería le exigirá como a un canterano.

Necesitamos peso. Un once ganador, contundente, previsible y temible: que ganar sea inevitable. Lo tuvimos y lo hemos perdido. Necesitamos que Bordalás sueñe la noche anterior al partido contra nosotros en cómo detener a Endrick o a Vini, cómo detectar a Jude cuando se presente en el área, cómo adivinar dónde va a poner Güler un balón, cómo taparle un centro lejanísimo a Trent. Y que sepa que pasar de la medular será un milagro.

Algún galernauta me preguntaba tras leer mi artículo anterior qué soluciones puedo ofrecer como alternativa a Mourinho. Principalmente apostaría por una reconfiguración de la plantilla: sobre todo salidas de futbolistas, uno de ellos con urgencia (no ocurrirá), más Ceballos, Alaba, Rudiger, Carvajal, Tchouameni. Después, traer jugadores de equipo que estén dispuestos a darlo todo. Que tengan peso en el campo y respeto en el vestuario. Clase media. Elijan: Schlotterbeck, Vanderson, Ratiu, Pedro Porro, Kees Smit, Gila, Dalot, Rafa Marín, Jacobo. Más briega y menos paparazzi. Por último, un entrenador que entienda el club (ojo: Alonso y Arbeloa cumplían con esa premisa), pero que tenga el valor y el respaldo del presidente para meterse en ese vestuario y hacer lo que haya que hacer. En realidad, ya sólo puede ser uno...

 

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