El mismo día en que yo, aquí, publicaba un texto en el que escribía sobre una necesidad de refundación del Madrid, Florentino Pérez comparecía, por la tarde, ante la prensa para convocar elecciones anticipadas.
Y para, en realidad, mucho más.
Por ejemplo, Florentino hizo, con su andanada contra el ABC, un alegato nostálgico de una España extinta: no sólo del país que leía (y compraba) periódicos, sino del país en donde los padres iniciaban a sus hijos en la conversación pública a través de la opinión publicada y en donde ésta dirigía la fiscalización del poder informando, en el sentido etimológico de dar forma, de modelar, la mirada crítica de los ciudadanos.
Ese país, huelga decirlo, hace mucho que ya no existe. Las reiteradas referencias de Florentino a su padre, al ABC y a recibir cada mañana el periódico en casa, es decir, a empezar cada día leyendo un guión del mundo y no reels de Instagram o vídeos de Tiktok, fueron en verdad la expresión de un lamento por una España ordenada y funcional que preservaba unas hechuras de comunidad nacional próspera y cohesionada por unos intereses comunes.
Bajo la supuesta candidatura del príncipe de las renovables se esconden intereses del gran dinero, del IBEX y de la promiscua pareja que hace con la alta dirección del Estado; intereses que tienen poco o nada que ver con el amor leal por la institución
Inevitablemente, sus lamentos llevan a pensar en una sociedad más culta e implicada en los asuntos públicos, que ha sido reemplazada por una jaula de grillos atomizada y caótica en la que nadie sabe quién es Demóstenes ni en qué equipo juega.
Pérez concretó sus dardos contra el ABC porque sencillamente es el periódico de su vida. Pero tiene razón en el fondo de su crítica, pues el ABC de hoy detesta a su lector tradicional, que es el padre de Florentino y Florentino mismo. La cosa es que al ABC que fue y ya no es de los Luca de Tena le gustaría tener los lectores de El Mundo o de El País, esos que en gran porcentaje toman por fascistas revenidos a los que suelen comprar la vieja cabecera clásica del periodismo español. Que no era la más reputada y prestigiosa por antiguo o por monárquica, sino por el respeto intelectual que solía tener por las capacidades cognitivas de su lector promedio: a cualquiera de las brillantísimas firmas que epatan a diario desde sus columnas (intercambiables como cromos repetidos de un álbum que se hiciera con las estrellas de la bohemia negroni de la farándula mediática y literaria que habita dentro de la M30) que se le diera a comentar un párrafo que escribiera Foxá en el ABC de antaño habría que ingresarlo inmediatamente después, a causa de una embolia.
la comparecencia de Florentino fue un llamamiento a la toma de conciencia de que, en la otra orilla, están otra vez dispuestos al asalto los enemigos del Madrid en tanto algo único en el mundo
La comparecencia de Florentino dio lugar, como era previsible, a un obsceno ejercicio de corporativismo de la menguada casta mediática española. Que al unísono corrió a señalar el dedo obviando, como siempre, la Luna. Como Florentino rompió su acostumbrado tono de senador romano, en seguida saltó la liebre del populismo, que es de las cosas peores de las que se le pueden acusar a uno y más en ambientes moderaos. He oído y leído comparaciones con Trump y hasta con Jesús Gil, majadería en la que merece la pena detenerse, por lo que esconde.
La comparación con Gil es criminal. Lo único que tiene en común con Florentino es que Gil, en algún tiempo, también se dedicó a construir cosas. Que por cierto se caían y mataban gente, fruto de la corrupción inherente al modo con que solía proceder y motivo por el cual estuvo en la cárcel, décadas antes de pisar siquiera Marbella. Ahí se acaban las similitudes, puesto que Gil urdió un trile para quedarse con el Atlético, que era de sus socios, y le salió tan bien que ahora sus hijos, junto con su viejo camarada en aquel gatuperio, se lo han vendido a su vez a un holding extranjero tras explotarlo por más de 30 años en régimen de cortijo y asegurarse un puesto en la nueva gerencia.
De esto también habló Florentino en su rueda de prensa, porque el proceso democrático, incluso en un club patriarcal y caudillista por excelencia como el Madrid, mantiene siempre abierta la puerta a los caballos de Troya en virtud de su naturaleza asamblearia. En el fondo, la comparecencia de Florentino no sólo fue un inteligente, divertido y necesario realineamiento de gran parte de la masa social con la presidencia, en un momento de grave incertidumbre, desmoralización y peligrosa apatía: también fue un llamamiento a la toma de conciencia de que, en la otra orilla, están otra vez dispuestos al asalto los enemigos del Madrid en tanto algo único en el mundo. Bajo la supuesta candidatura del príncipe de las renovables, se esconden intereses del gran dinero, del IBEX y de la promiscua pareja que hace con la alta dirección del Estado; intereses que tienen poco o nada que ver con el amor leal por la institución. Que no exista una alternativa honesta y viable a Florentino Pérez no puede ocultar este hecho, y quizá acelere el proceso controlado de conversión a SAD como única forma real de preservar la singular grandeza del Real Madrid en este siglo XXI de tiburones e intrigantes archirricos y sin escrúpulos.
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Por muchas circunstancias soy un descreído de la política española, pero me he impuesto una línea roja :
Las manos de Pedro Sánchez fuera del Real Madrid.
Creo que Florentino se ha equivocado. No solo por la comparecencia, sino por la convocatoria. No creo que su rival vaya a dejarse aplastar y eso va a suponer un desgaste de imagen para él.
Los socios ven el club como algo propio. Muchos lo han recibido de hasta dos o tres generaciones de madridistas. Aunque todos estemos agradecidos a Florentino, hay muchas decisiones que no se comparten, en lo deportivo y en lo institucional. Esta decisión de convocar elecciones es más arriesgada de lo que parece.