Se marcha Dani Carvajal, el último de una estirpe inigualable. Del selectísimo ramillete de futbolistas que han ganado nada menos que 6 Champions, ya no quedará ninguno en el club, que inaugura una epoca en principio huérfana de liderazgos. Porque si era algo el incomparable Dani era precisamente eso: un líder.
Varios de los componentes del consejo de redacción de La Galerna han querido expresar su sentir en este momento histórico.
JESÚS BENGOECHEA escribe: Se despide del madridismo el más leal portador y difusor de su esencia. De cuantos quedan en el equipo, ninguno sustancia de manera más fiel en qué consiste precisa y exactamente el Real Madrid. Su abrumador historial habla de esa ambición inextinguible (27 títulos, entre ellos 6 Champions, que le convierten en el segundo futbolista más galardonado de todos los tiempos en el mejor club del mundo), mientras su pundonor en el campo habla de la filosofía adusta y resuelta del hombre de bien.
Se va el mejor lateral derecho de la historia del mejor club de fútbol del planeta, ni más ni menos. Hay que sentarse a tomar aire para valorarlo, antes de que la enormidad de la ocasión nos pase de largo entre post y post del maldito Instagram. Para otros puestos, a la hora de elaborar esos onces históricos que nadie nos reclama, puede haber discusión (¿Roberto Carlos o Marcelo?, ¿Redondo o Casemiro?), pero nadie en su sano juicio puede mirar su palmarés colectivo, ponderar su peso en el mismo y negar la hegemonía abrumadora de Dani en su posición. La lealtad, la longevidad y el oficio infinito de Chendo. La pugna inagotable y el carácter ganador de Salgado. El brillo fugaz y el aplomo de Panucci. Qué grandes han sido todos. Pero Carvajal ha hecho acopio de las virtudes de todos ellos, les ha restado gluten y ha sacado 6 Orejonas por el otro lado de la cadena de producción.
Lo eligió el Destino el mismo día en que, siendo un niño, salió con D. Alfredo a poner la primera piedra de Valdebebas. Ese niño podía haber acabado siendo el lateral derecho del Murcia, con todos los respetos, pero el Madrid no se conforma con nada que quede por debajo del cuento de hadas o el cantar de gesta, de suerte que ese chavalín rubicundo de Leganés acabaría ganando más Copas de Europa que el propio D. Alfredo. Lo pones en el guión de una película y el productor te lo tira a la cara por inverosímil.
Dios salve a Dani Carvajal por siempre. Será señal de que nos salva a todos.
Gracias, Dani, por tu tenaz compromiso con nuestra felicidad y, encima, por haber triunfado tantísimas veces en esa obsesión de darnos alegría.
LUIS MONTERO MANGLANO escribe: De entre los fondos del “Museo Imaginario del Real Madrid”, uno de los tesoros más fascinantes es este lienzo de Francisco de Goya que representa ni más ni menos que a Carvajal en la banda derecha. Transformado en coloso, enlutando su sombra el horizonte (como decía el poema), a sus pies huyen espantados decenas de grandes futbolistas convertidos en mindundis ante la presencia imponente y terrible de Dani Carvajal. Y es que, encaramado sobre seis copas de Europa, ¿quién no alcanzaría medidas colosales?
Tiene sentido que solo el genio de Goya fuera capaz de captar toda la esencia de “Carva”. Dani siempre fue goyesco, corajudo y empecinado. Compacto como una navaja plegada: de roble el pellejo, de acero el corazón. Ciertamente, a Carvajal en tiempos de Carlos IV le habrían sentado bien unas patillas densas como zarpas de oso y un trabuco en cada mano para espantar franceses… o ingleses, o italianos, o quien fuera que se atreviese a acercarse por sus dominios en el campo de juego; don Daniel Carvajal, el último príncipe bandolero. “El rey mandará en España, pero en la banda derecha mando yo.” Y a ver quién tiene pelotas para discutírselo.
Su sangre no es azul ni roja, es blanca, como una zamarra del Real Madrid de las antiguas, de las de tiempos de Paco Gento, de las que ya no quedan porque con el adiós de Carvajal se extingue quizá la última de ese blanco purísimo que ha honrado el césped de Chamartín. Coloso y guerrillero, azote napoleónico y terror del adversario: como todo eso no cabe en un dorsal, en el suyo ponía “Carvajal” solamente. No era, como aquellos guerrilleros dieciochescos de honor rocoso y sangre de lava, el más adecuado para capitanear un ejército organizado como el mecanismo de un reloj, porque entre “Carvajal” y “carajal” solo media una letra de distancia (la V, que es de Victoria); pero dadle un puñado de malditos bastardos que, vestidos de blanco, mueran y maten por el escudo y conquistará imperios y molinos de viento. Ese es Carvajal, temible en la guerra, ingobernable en la paz como una galerna; será por eso por lo que también él tiene seis copas de Europa.
Algunos expertos creen que el “El Coloso” de Goya no es de Goya en realidad. No estoy seguro de si eso es cierto, pero de lo que no cabe duda es de que Carvajal ya no es de Carvajal, quizá ya ni siquiera sea Carvajal; ahora es leyenda simplemente, es El Coloso, y pertenece para siempre al madridismo.
JOHN FALSTAFF escribe: “Se retira Carvajal y es como el certificado de defunción de una era, de una era gloriosa para el Madrid. Sí, ya sé que lo que se ha anunciado es que Carvajal pone fin a su etapa en el Real Madrid, pero aunque estire su trayectoria profesional en algún otro lugar durante unos años, se retira hoy, como tantos otros grandes se retiraron a los efectos que importan el día que dejaron el Real Madrid para colgar las botas en otro club.
No se da carpetazo a trece años de titular en el Real Madrid, no se cierra una etapa como el mejor lateral derecho blanco de la historia, no se abandona el club donde se conquistaron nada menos que seis Champions para continuar con la profesión como si tal cosa. Lo que venga a partir de ahora no será más -no podrá serlo- que un expediente administrativo, una extensión de la vida laboral de que dará fe alguna dependencia funcionarial, pero que pertenece a un plano diferente que se sitúa a una distancia abismal de la etapa anterior: la que separa la gloria de los garbanzos, las mayores gestas de la burocracia, la épica más elevada de la prosaica mundanidad.
Así que Carvajal se retira y todos nos retiramos con él, o al menos retiramos ya definitivamente de nuestro presente ese Real Madrid que nos ha hecho tan felices, tan inmensamente felices. Ese Real Madrid que no se conformó con ser digno de su historia, sino que quiso engrandecerla aún más, y no decayó en el empeño hasta elevarla a cotas impensables, inimaginables. Con futbolistas primorosos, con algunos de los nombres que ya ocupan en la historia del Real Madrid el excelso lugar que hasta hace poco era exclusivo de los Di Stéfano, Gento, Puskas, Santamaría y compañía. Y con Carvajal.
Carvajal ha representado durante todos estos años lo mejor del Real Madrid. No por ser madrileño de Leganés, circunstancia que sólo a los piperos importa, y ni siquiera por proceder de la cantera, aun siendo ésta una circunstancia por la que nos felicitamos. Sino por haber encarnado las mejores virtudes madridistas: esfuerzo, compromiso, determinación, afán indestructible de victoria, voluntad férrea de superar las propias limitaciones.
Sería la casualidad o sería el destino, pero no pudo estar mejor elegido aquel niño que salió en la foto junto a Di Stéfano poniendo la primera piedra de Valdebebas. Carvajal, el depositario y portador de la mejor tradición madridista. La brillantez nos deslumbra y nos regocija, pero lo que nos emociona verdaderamente a los madridistas, lo que conmueve cada fibra de nuestro ser, lo que constituye la esencia última del Real Madrid es el espíritu de lucha. El no rendirse jamás. El triunfo logrado con calidad, sí, pero sobre todo con sacrificio. Como el que siempre ha encarnado Carvajal. Se va un grande. Uno que hizo más grande aún al Real Madrid. No cabe mejor hoja de servicios”.
ATHOS DUMAS escribe: Carvajal ostenta un récord increíble. Tan sólo 2 jugadores pueden presumir en su palmarés de haber ganado 6 copas de Europa habiendo jugado como titulares en esas 6 ocasiones. Uno es nuestra amada y llorada "Galerna del Cantábrico", con aquellas 5 victorias consecutivas más la de los Yeyés en 1966, luciendo el brazalete de capitán en esta última.
El otro es nuestro Dani Carvajal, madridista 'from the womb to the tomb', desde que puso la primera piedra en Valdebebas al lado de Don Alfredo. 6 copas de Europa y 6 titularidades. 6 finales y 6 plenos. Mejorando en esta estadística al mismísimo Paco Gento, que, además de sus seis triunfos, jugó en dos finales más (1962 y 1964), en las que no logró la victoria.
Enorme lateral derecho, Carvajal también ha sido talismán al lograr ese récord de vencedor imbatido en finales europeas de primer nivel . Y no olvidemos que en su último logro abrió el marcador en Wembley, peinando un caviar de Kroos, y que obtuvo ese dia el galardón de mejor jugador de la final, un merecido MVP para su enorme palmarés.
Blanco eterno, Dani.
Desde estas líneas se te agradece infinito tu dedicación, tu esfuerzo denodado y tus 450 partidos como jugador en la primera plantilla. Y se te desea lo mejor allá donde vayas. Seguramente no tardaremos en verte de nuevo por Valdebebas. Tú eres esencia vikinga de los pies a la cabeza.
FRED GWYNNE escribe: Un fuerte de juguete lleno de vaqueros e indios; una bicicleta Abelux verde, con el manillar torcido por un golpe en un descampado de los setenta; un primer poema en la revista del instituto; la película “Y si no, nos enfadamos” en el cine Amaya, rodeado de cientos de niños tan ruidosos como yo; una caña de pescar de bambú hecha por mi abuelo; mi madre ganando la Décima; un cuadro con un pulpo de resina que me acompañó en varios traslados; mi padre diciéndome que Di Stéfano es el mejor jugador de la historia; un beso a mi mujer en una playa, en dos, en mil…
Hay recuerdos que se quedan a vivir contigo. Pasan los años y ahí siguen, intactos, provocándote una sonrisa bobalicona cada vez que los evocas, recordándote que sigues vivo. Carvajal ya es uno de ellos. Cada Copa de Europa con él recorriendo la banda me acompañará siempre.
Larga vida, querido recuerdo.
RAFAEL GÓMEZ DE PARADA escribe: Recuerdo las lágrimas de Dani Carvajal en el minuto 36 de la final de la Champions de 2016 en Milán tras abandonar el campo por una nueva lesión muscular. Era la segunda vez que le pasaba en una ocasión similar, tras la lesión que provocó su sustitución en la final de Lisboa en 2014. Si en la primera ocasión su lesión le supuso perderse la Eurocopa de Francia, en la segunda se veía que el jugador lloraba amargamente su doble suerte: no poder disputar la final para ayudar a sus compañeros en la consecución de la Undécima y, a buen seguro, renunciar al Mundial de Rusia, como así sucedió. Dani lo daba todo y el cuerpo, en ocasiones, le decía que no podía más. Se quebraba de tanto forzarlo.
Carvajal es puro madridismo y, como tal, se rebeló contra la desgracia y se propuso dejar atrás esa fama de fragilidad muscular. Cambió la alimentación, los hábitos, trabajó duramente y logró volver cada año más fuerte que el anterior. Y más, y más, y cada nueva temporada lo veíamos más rocoso, más solvente en defensa y más eficaz en ataque. 2024 fue su gran año. Seguro que lloró, pero esta vez de emoción, cuando él, el más bajito entre todos los gigantones concentrados en el área, se levantó para cabecear limpiamente el gol que abría la lata del Borussia Dortmund en la final de Wembley en 2024. Un mes más tarde rompería la defensa croata para marcar en el debut de España en la Eurocopa.
El mismo niño que lloraba emocionado tras poner la primera piedra de la Ciudad Deportiva de Valdebebas lloraría varias veces más a lo largo de su carrera. De rabia y de emoción. Para descargar su frustración y, sobre todo, para celebrar que supo sobreponerse a todo ello y firmar una carrera espectacular.
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Un ejemplo como madridista, como deportista, como lider y como persona.