Los aficionados al cine le debemos muchas cosas a George Lucas. Entre ellas, el concepto de rima dentro de una saga. Para el director californiano, todo su trabajo estaba en tocar el inconsciente colectivo. Más allá del archiconocido viaje del héroe, Lucas buscaba hacer poesía con su célebre saga. Por ello, cuando le preguntaban cómo tenía tan clara la estructura en Star Wars, el realizador afirmaba que «es como la poesía, riman; cada estrofa rima con la anterior».
Vengo pensando en todo esto desde el pasado día 12 de mayo. A cuento del impacto mundial de las declaraciones de Florentino Pérez, encuentro en el presidente un ánimo renovado. Es como si el máximo mandatario blanco hubiera retrocedido hasta el año 2000. Justo en el verano en el que ganó a Lorenzo Sanz aquellas elecciones.
Contra todo pronóstico, un señor semidesconocido se presentó con un discurso ambicioso y sin miedo a nada ni a nadie. Sin hipoteca alguna y con el firme propósito de hacer del Real Madrid lo que siempre había sido: un club diferente, único en la Historia del Deporte. En mayúsculas y en negro sobre blanco, el 17 de julio del 2000 Florentino Pérez serigrafió su nombre junto al del Real Madrid. Desde entonces, el club de Concha Espina superó todas las expectativas.
Ni en mis sueños más delirantes hubiera fantaseado con tantas hazañas. Y, especialmente, jamás pensé que pudiera ser posible una gestión deportiva y económica tan sobresaliente. Porque hay que decirlo sin ambages: el ejercicio de responsabilidad ética de Florentino y su junta directiva ha sido de matrícula de honor. Si ponderamos luces y sombras, la luz vence a la oscuridad. ¿Acaso hay algún tarugo que ponga esto en duda?
encuentro en Florentino un ánimo renovado. Es como si el máximo mandatario blanco hubiera retrocedido hasta el año 2000
Desde su ya célebre comparecencia, mayo ha sido de Florentino. El mandatario ha inundado titulares, copado con sus declaraciones tertulias televisivas y, en definitiva, ha regalado a la gente del mundo del fútbol la excusa perfecta para obviar los desmanes de la industria y volver la mirada al señor Pérez.
Cuando Florentino Pérez se vino arriba, sentí un inesperado sentimiento de euforia. Ver a alguien mesurado en las formas romper con el guion fue poesía. Al acabar su comparecencia, sentí una conmoción en la Fuerza. Al fin el Florentino de los famosos audios, el del palco de la Décima, se mostraba al mundo. Cuando más falta nos hacía el líder, este se nos anunció como Gandalf en las minas de Moria.
Volvamos al ejemplo de George Lucas. ¿Cómo lograba el director estadounidense armar su universo? Buscando una estructura narrativa y visual donde los diferentes elementos de las películas individuales se pudieran poner a dialogar entre ellos. Es decir, un cante de ida y vuelta que se diría en el flamenco.
Solo una mente privilegiada como la de Lucas es capaz de trazar una saga del calibre de Star Wars. Porque da igual lo que usted o yo opinemos del universo creado en 1977, es innegable que la cultura popular de nuestro tiempo no se entiende sin la existencia de esta epopeya galáctica.
Estos pequeños detalles creativos son tan necesarios en literatura como en comunicación. En definitiva, como dicen ahora los modernos, siempre se está creando un relato. Y es importante que la gente conozca estos vericuetos y los use en su vida cotidiana. No hace falta ser Joseph Campbell o Noam Chomsky para asimilar ciertos conceptos que nos facilitan la vida con los demás.
Florentino Pérez decidió el pasado martes 12 que ahora iba a ser él quien ajuste los tiempos del debate en torno al Real Madrid y su figura presidencial
He aquí un punto que está pasando desapercibido. Florentino Pérez decidió el pasado martes 12 que ahora iba a ser él quien ajuste los tiempos del debate en torno al Real Madrid y su figura presidencial. Obviando las ambigüedades entre la opinión pública y la opinión publicada, el señor Pérez dijo lo siguiente: esta boca es mía y sé cómo usarla.
Florentino Pérez pateó el tablero y los periodistas del Régimen siguen flipando en colores. Por lo tanto, tendríamos que ser más humildes y empezar a cuestionarnos si de veras el club es tan torpe en materia de comunicación. En mi opinión, de torpe no tiene un pelo el Real Madrid. Y sus responsables de comunicación, menos. Otra cosa bien distinta es si a Zutano le gusta más un estilo o si a Mengano le parece mejor actuar con señorío en las formas.
Pero lo que ya no se puede seguir manteniendo es que el club no tiene una hoja de ruta en materia comunicativa. Es más, nuestro presidente ha demostrado ser un gran narrador. Un narrador sabe que si la dinámica interna no funciona, tendrá que cambiar el guion y saltarse el preámbulo.
Y, además, un talento nato, un genio, tiene el suficiente instinto para salir con papeles y obviarlos. Mirar al tendido y empezar a torear con maestría. Porque lo de nuestro presidente el otro día, ni Morante en sus mejores tardes. Porque entre quites y medias verónicas, el presidente supo torear como quiso ante unos morlacos que cobardearon en tablas. Porque Florentino Pérez decidió el pasado 12 de mayo cargar la suerte y yo desde aquella tarde soy florentinista a más no poder.
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Un ejercicio de cesarismo inconmensurable