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90-105: El Madrid se sobrepone a las desgracias

90-105: El Madrid se sobrepone a las desgracias

Escrito por: Pablo Rivas23 mayo, 2026
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Hay un momento en la Ilíada en el que Aquiles comprende que la guerra ya no le va a permitir salir indemne. Se trata de cuando contempla el cuerpo de Patroclo y entiende que el destino ha entrado en su tienda. Ahí aparece la auténtica zozobra del héroe: la certeza de que, aunque siga avanzando, algo esencial se ha roto. Si se acepta que el deporte de competición constituye una mezcla de guerra civilizada y de mito (pos)moderno, el Madrid vivió algo parecido cuando Garuba cayó sobre el parqué y abandonó la pista sin poder apoyar. Todo parecía indicar una rotura, precisamente y casi como broma macabra, el tendón de Aquiles. Hasta entonces todo había transcurrido dentro de los límites de la heroicidad deportiva, pero desde ese instante el guion se convirtió en una tragedia griega.

Asumamos que, a estas alturas de esta aciaga temporada, ningún Madrid juega ya partidos normales, sino que va atravesando calamidades como esos personajes mitológicos condenados a superar una prueba más difícil que la anterior. Cuando parece que no queda margen para endurecer el contexto, aparece una nueva desgracia, un sádico e inagotable más difícil todavía.

La semifinal de la Final Four había arrancado ya torcida. Sin Tavares y sin Len, durante muchos minutos el único interior real disponible —Lyles es otro tipo de jugador— fue un Garuba cohibido por el miedo a las faltas, que se movía por la pintura con la prudencia de quien es consciente de que cualquier contacto excesivo puede condenar a todo el equipo. Principal conocedor de esta desventaja, Scariolo planteó la supervivencia a través del superior talento del resto de la plantilla blanca. Hezonja castigó pronto al poste y el Madrid atacó desde el perímetro con un acierto inusitado. Los triples entraron como en una piscina, con unas estadísticas casi obscenas en el acierto. Sin embargo, el Valencia no se despegó lo esperado en el marcador, aferrado a un rebote que suponía un recordatorio de la precariedad blanca. Mientras el Madrid atacaba con inspiración, el Valencia resistía con gravedad y centímetros.

Entonces emergió Andrés Feliz, a mi juicio el mejor jugador del encuentro. Surgió en un minuto crucial, cuando Campazzo aún transitaba por una de sus noches de combustión lenta. El dominicano apareció penetrando entre cuerpos, absorbiendo contactos, robando balones, secando inmisericordemente a Montero y, por supuesto, capturando esos rebotes bajo el aro que ya son marca registrada de la casa: el duende recogiendo basura entre los gigantes. De mito griego a cuento de Perrault. A su lado estaba Deck, que es un especialista en las noches en que se exige demostrar la valentía en el barro. El argentino tuvo una actuación memorable, acaso feliz de comprobar que, por una vez en medio de esta plaga bíblica de lesiones, el damnificado no era él. Chocó, se fajó, defendió y anotó, sosteniendo emocionalmente al resto de sus compañeros. Aunque en realidad todos estuvieron muy serios: Abalde con unos minutos de valor silencioso, Okeke en la intendencia, Hezonja circunspecto y letal, Lyles confirmando su desconcierto atrás y su calidad adelante. Nadie sobraba y nadie se desconectó: todos entendieron la magnitud de la emergencia.

solo queda, en la tierra de los mitos, encomendarse al más grande todos ellos. El mito del Real Madrid

El Valencia, un punto novato, sobrevivía haciendo la goma. El descaro de De Larrea, alguna ráfaga de Taylor y, sobre todo, el rebote impedían la ruptura definitiva. El descanso llegó con una sensación inquietante para el madridismo: nueve triples anotados y apenas seis puntos de ventaja. Demasiado poco premio, puesto que parecía lógico pensar que, en cuanto el monte dejase de aportar tanto orégano, el partido se escaparía por el desagüe del rebote taronja.

No obstante, sucedió todo lo contrario. Tras la reanudación, el tercer cuarto fue el mejor tramo competitivo del Real en meses. El equipo salió aún más convencido de poder revertir el guarismo doloroso y dar un golpe en la mesa. Garuba se liberó de su timidez, Deck y Feliz continuaron amartillando, y Maledon dejó varias penetraciones de las suyas, esas en las que embolsa la pelota para protegerla entre cuerpos extraños, como una madre abnegada o un ladrón escapando por callejones imposibles. Por otro lado, Campazzo disipó sus dudas iniciales y se vistió de etiqueta: asistencias mirando al tendido, pases de prestidigitador, control de la situación… La solvencia del Madrid situó al equipo con trece puntos de ventaja al inicio del último cuarto y un panorama optimista.

Pero, cuando parecía haberse sobrepuesto a la crueldad del guionista, sucedió lo de Garuba, que dejó una atmósfera emocional extraña en el pabellón. Los merengues quedaron en un estado oscilante entre la supervivencia y el duelo, con varios minutos sin anotar, aferrados exclusivamente a una defensa titubeante. El Valencia tuvo su ocasión, olió la sangre… pero le faltó colmillo. Badio decepcionó, los triples no entraron y Pedro Martínez no supo sacar ningún conejo de la chistera que aprovechase el tambaleo momentáneo del rival. El Madrid fue descontando el tiempo como un náufrago, cada posesión una brazada, y obtuvo una tabla de salvación final inesperada cuando una absurda presión de tres contra uno le concedió un par de canastas fáciles que finiquitaron la semifinal. A esas alturas también Feliz había tenido que retirarse, agarrotado el gemelo, como si la maldición exigiera un peaje físico adicional antes de conceder definitivamente el triunfo.

En Grecia también existe una región conocida como Epiro, donde un rey llamado Pirro terminaría por erigirse como paradigma de las victorias agridulces. El domingo aguarda el mejor equipo de Europa, empujado por una grada que se presume una caldera monocolor, preparando una encerrona más que probable y armado con una colección de interiores. Precisamente la posición en la que el Madrid no tiene, literalmente, a nadie. La razón dicta que no hay opciones reales, de modo que solo queda, en la tierra de los mitos, encomendarse al más grande todos ellos. El mito del Real Madrid.

 

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Un comentario en: 90-105: El Madrid se sobrepone a las desgracias

  1. Qué grandes. Un triunfo mítico, por continuar con el hilo de este fenomenal articulo, que se lee hoy con la tranquilidad que da saber el premio. Hoy toca el descanso del guerrero, mañana, defensa espartana y ataque letal.

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