Las mejores firmas madridistas del planeta

Muchos aficionados al fútbol tenemos un conocimiento muy escaso de este deporte. Me refiero a un desconocimiento casi dramático, al nivel de apenas ser capaces de diferenciar un mediocentro de un lateral izquierdo o a Gavi de Pedri.

El fútbol es un deporte maravilloso. Quizá sea el único que no requiere de conocimiento en la materia para disfrutarlo con pasión, ni siquiera para contar con un puesto fijo como tertuliano futbolístico en Radio Marca. Un amplio número de periodistas deportivos saben de fútbol lo mismo que yo de ecuaciones fractales —que les advierto que es muy poco porque soy de letras— y, sin embargo, ahí los tienes, que no te cambian a Modric por De las Cuevas, oye. Pero me estoy desviando del tema. Lo que quiero decir es que los madridistas que no sabemos nada de fútbol debemos fiarnos de cuestiones más instintivas que técnicas para valorar si nos gustan los fichajes que hace el club.

Qué esperar de Güler

Por ejemplo, a mí Bellingham me gusta mucho porque tiene la misma cara que el busto de Nefertiti. Fichar al busto de Nefertiti como centrocampista mola bastante, y solo está al alcance del Real Madrid, que más que un club es una galería de arte. Yo cada vez que veo de espaldas a Toni Kroos creo estar contemplando al “Hombre frente al mar de niebla” de Friedrich, y si me ponen juntos a Carvajal y a Lucas Vázquez me parece estar viendo el “Gótico Americano” de Grant Wood. A mí, por definición, los jugadores que se parecen a cosas que hay en un museo me encantan. Si además resulta que juegan bien, pues miel sobre hojuelas.

El que también me gustaba mucho era Özil, pero porque tenía los mismos ojos que Bette Davis, igual que la canción de Kim Carnes. A Özil le ponías una peluca rubia, un vestido de Edith Head y un cigarrillo entre los dedos y al fin averiguabas lo que fue de Baby Jane: jugaba de mediapunta con Cristiano y Benzemá en un Madrid que era como el reparto de “Eva al desnudo”.  “La vez que mejor me lo he pasado en la vida fue cuando tiré a Joan Crawford por unas escaleras”, dijo una vez miss Davis, que, por desgracia, fue lo mismo que hizo Özil con su carrera al dejar el Real Madrid antes de tiempo: echarla escaleras abajo.

El Madrid acaba de fichar a un prometedor talento llamado Arda Güller, y los que entienden del asunto dicen que es un nuevo Mesut Özil. Eso me hace mucha ilusión, pero a mí a quien realmente me recuerda es al joven Sherlock Holmes que salía en aquella encantadora película llamada “El secreto de la pirámide” (Young Sherlock Holmes, 1986), que yo no sé la de veces que me la puedo haber visto en bucle cuando era crío, válgame Dios.

“El secreto de la pirámide” era una locura ochentera dirigida por Barry Levinson —ganador de un Oscar por “Rain Man”—, producida por Steven Spielberg, con guion de Chris Columbus y con una banda sonora de lo más chula. Trata sobre un Sherlock Holmes adolescente que persigue a una secta de asesinos adoradores de un malvado dios egipcio en el Londres victoriano. Hay momias, máquinas voladoras y luchas de espada en un cementerio; y, aún así —si me permiten un arranque de nostalgia de cuarentón—, era un cine de aventuras con mucha más inteligencia que el que se hace hoy en día.

La película figura en el libro Guinness de los Récords por ser la primera de la historia en la que aparece un personaje generado por CGI: se trata del siniestro caballero de una vidriera medieval, que de pronto cobra vida para matar a uno de los personajes. En eso se parece al Barça, fíjate tú, que también es un ente CGI (Con Grandes Irregularidades) a quien la UEFA ha dejado participar en la Champions League, a ver si así mata definitivamente el fútbol europeo de clubes, que tal parece ser el empeño final de Ceferin y sus alegres compadres del petróleo.

En fin, volviendo a nuestro asunto, el nuevo fichaje del Madrid me ha quitado años de encima porque cada vez que veo a Arda Güller me parece estar contemplando al joven Sherlock Holmes de “El secreto de la pirámide”. Así que resulta que no solo hemos fichado a un talentoso centrocampista sino también a un detective asesor. Ya era hora, porque la Liga de Tebas cada día que pasa se parece más a una novela policíaca.

Lo primero que hay que hacer con Güller cuando pise el Bernabéu es darle una pipa y un abrigo de cuadros y ponerle a resolver misterios. Ceballos se me antoja un perfecto Watson para Güller, aunque tenga acento de Utrera. A Toni Kroos le pondremos un mostacho para que haga de Hércules Poirot porque tiene las mejores células grises del planeta fútbol. Y a Modric bastará con que le hagamos un moño para convertirlo en la señorita Marple. A los muchachos (Vini, Bellingham, Valverde, Camavinga…) les compraremos una Volkswagen de colores y un perro parlante para que persigan fantasmas y monstruos en campos de fútbol embrujados, como el Mestalla y el Sánchez-Pijoan. Fantasmas que no son racistas pero que cuando les quitas la careta te sale Manolo Lama con una bufanda del Atleti.

Cuando Güller llegue al Madrid lo primero que se va a encontrar será una Liga apuñalada en un vagón de tren a punto de descarrilar, lleno de sospechosos que al mismo tiempo son todos culpables, igual que en el más célebre rompecabezas de Agatha Christie. Con Rubiales haciendo de inspector Lestrade, sin enterarse absolutamente nada, y Moriarty al mando del comité de árbitros. Más que un estudio en escarlata, un estudio en blaugrana con Laporta como el culé de los Baskerville.

Si después de enfrentarse a todos estos misterios escalofriantes al pobre Güller todavía no lo han metido en una clínica de reposo, demostrará con creces que tiene lo que hay que tener para triunfar en el Real Madrid. En lo que a mí respecta, confío a ciegas en él solo porque me recuerda a aquella película que me hizo pasar tan buenos ratos cuando era un crío.

Y es que los madridistas que no sabemos de fútbol somos así, señora. Los fichajes veraniegos nos emocionan de forma pura e irracional, igual que las películas de aventuras de cine al aire libre con las que disfrutábamos de niños.

Mucha suerte, Arda. The game is afoot!

 

 

 

 

 

Buenos días, amigos. Güler ya está aquí (lo presentamos en pocas horas desde el momento en que escribirnos este portanálisis), Mbappé podría venir -o no, como siempre- y a Endrick sus padres estuvieron a punto de llamarle Di Stéfano. Lo ha contado el propio delantero brasileño en una entrevista exclusiva con Marca. José Félix Díaz se ha sido a Brasil, se ha puesto delante del fenómeno y ha recogido la revelación, que nos sirve en bandeja en la portada del rotativo madrileño.

Eso son unos padres, amigos, y lo demás son tonterías. Hay que loar a ese matrimonio ejemplar por un doble motivo: por haber estado a punto de llamar a su hijo Di Stéfano y por habérselo pensado mejor. Ambas cosas merecen reconocimiento. Hay que ser un matrimonio muy como Dios manda para llegar a concebir la posibilidad de registrar a tu hijo como Di Stéfano, así, de nombre propio, o sea, en el caso que nos ocupa Di Stéfano Felipe Moreira de Sousa. Don Alfrendrick.

Quien más quien menos, todos hemos estado a punto de poner a nuestro hijo el nombre de algún futbolista del Madrid, si bien el albergar ese sueño con el nombre del más grande de todos ellos tiene premio especial. El hermano de este portanalista quería llamar Suker a su hijo pequeño, pero se acojonó ante las amenazas de su esposa y terminó bautizando con tal nombre a su perro, lo que fue una buena solución intermedia. Alberto Cosín se ha prometido a sí mismo llamar Barinaga al primer vástago que le brinde Dios, y como no hay de momento candidata firme a albergar la semilla pues tampoco hay a priori resistencia. Cada uno tiene sus favoritos, dependiendo de cuál sea la época histórica predilecta del interesado.

Como veis, en una mosca superior, Marca comenta también lo de la presentación de Arda Güler, que tendrá lugar dentro de un rato como decíamos, a las 12, en Valdebebas. Máxima expectación ante la nueva adquisición blanca, de quien ya hemos dicho por aquí que tiene una pintaza. Lo decíamos incluso cuando Deco había abandonado Estambul convencido de tenerlo atado, sin saber que el mismo taxi que lo había dejado en el aeropuerto recogería allí a Juni Calafat con el borrador de un contrato debajo del brazo. Juni Calafat, ese hombre.

No se descarta que, en su presentación ante la prensa hoy mismo, Arda Güler revele que sólo la intercesión de una tía culé, en la misma pila bautismal, logró evitar que le pusieran Amancio. Justicia poética para la tía culé en las manos avezadas de Juni Calafat.

Mundo Deportivo viene con Xavi, como casi todos los días porque Xavi habla con la prensa sin solución de continuidad en el tiempo para vender sus logros y los de Negreira, sobre el que ya sabéis que le gusta hacer bromitas en el vestuario. Sin embargo, nos llama más la atención el frontispicio, que trata sobre Vítor Roque, a quien el Barça ya tenia en la jaula, un poco como Arda Güler, porque vete a saber si la cosa no va a acabar de modo parecido. Parece ser que el Paranaense, club de origen del joven delantero brasileño, manifiesta la excéntrica idea de querer cobrar por el traspaso, y que el Barça, por lo que sea, tiene algún problemilla para efectuar el pago. Se rumorea que los padres de Vítor Roque estuvieron a punto de llamar a su bebé Gaspart. Finalmente no fue así, pero algo quedó sin duda del mal karma. Vamos a ver cómo se resuelve el tema.

Os dejamos con las apasionantes portadas caniculares de Sport y As.

Pasad un buen día.

De sobra es sabido que nada se puede acercar al inocente placer generado por las expectativas. Y si estas son provocadas por un fichaje veraniego apenas visto, el gozo pasa a analizarse no desde un plano psicológico, como hasta ahora, sino más bien desde la biología y sus efectos inesperados en el cuerpo humano.

Buena fe de ello dan las ilusiones que nos hemos hecho todos con Güler, y eso que sólo sabemos de él lo que enseñan esos cuatro o cinco vídeos de highlights suyos que estos días circulan por Twitter y YouTube, porque ya me dirán quién coño ha visto a este buen muchacho jugar en la liga turca.

En mi caso, la primera vez que le vi —en una de esas compilaciones en las que cualquiera es candidato a balón de oro y nunca hay un mal control o un pase fallado— pensé en lo muchísimo que se parecía el tal Güler a Özil. En fondo, forma, contenido y dirección de arte. Pasada la odiosa costumbre del futbolero de tratar de sacar parecidos y parentescos, lo siguiente que me rondó por la cabeza fue lo mucho que nos vamos a divertir con él en Concha Espina. Lo que le vamos a querer y las pitadas que el pobre chaval se va a llevar.

Özil

Representa Güler, aun sin saberlo, el arquetipo de futbolista fetiche del Bernabéu, a saber: mediapuntita zurdo, intermitente, vago, con el 10 en la espalda y, si puede ser, el pelo largo recogido con cinta, objeto que, además de aportar carisma y dar un cierto aire de canalla enemigo de la monogamia —imprescindible esto—, es vital para que ese flequillo no estorbe ni medio segundo la visión de juego. Además le vamos a añadir la cabeza levantada, los balones al pie, los controles perfectos y una tendencia desmedida a tirar túneles al rival —cuantos más innecesarios y en zonas arriesgadas, mejor—. Y, si todavía podemos pedir algo más, que baje a defender entre una y ninguna vez por partido. Que no se le conozca una ayuda al lateral derecho en toda la temporada. Definición perfecta del jugón por antonomasia.

Güler representa el arquetipo de futbolista fetiche del Bernabéu: mediapuntita zurdo, intermitente, vago, con el 10 en la espalda y, si puede ser, el pelo largo recogido con cinta, objeto que aporta carisma y un cierto aire de canalla enemigo de la monogamia

Güler es todo lo que está bien. Güler es todo lo que quisimos ser los que coleccionábamos recreos de zapatos rotos a base de punterazos y cambios de clase tirando caños a sillas y mesas. Lo que hubiese dado por ser, aunque fuese un ratito, ese futbolista que ahora reivindico para mi equipo, y no este tronco diestro y mediocre, delantero sin fuerza ni velocidad, que ya me dirás tú qué gracia tiene.

Arda Güler

Nos gustan tanto estos mediapuntas mentirosos porque representan una especie en peligro de extinción. Son una rara avis, amén de uno de los mayores daños que ha perpetrado Guardiola al deporte rey, mucho más sacrílego que la dictadura de los porteros con buen juego de pies sacando el balón desde atrás. No, yo me refiero a la imposición sistemática del maldito 4–3–3. Porque ya todo es 4–3–3, o, en su defecto, 5–3–2. Incluso habrá quien hable del 3–5–2, dependiendo de la altura de los carrileros o, desde un punto de vista más técnico, de lo duros que estén los huevazos del entrenador de turno para tratar de enmascarar una defensa de cinco.

Güler es todo lo que está bien. Güler es todo lo que quisimos ser los que coleccionábamos recreos de zapatos rotos a base de punterazos y cambios de clase tirando caños a sillas y mesas

El democratísimo 4–3–3, empleado por equipos que aspiran a ganarlo todo y por aquellos de regional, tiene una consecuencia tan vil como lógica. En este esquema que no entiende de jerarquías, los mediapuntas zurditos, que antes encontraban su hábitat natural en el 4–2–3–1 o en el 4–4–2 en rombo, quedan relegados a la banda, generalmente la derecha para jugar a pierna cambiada. Pienso en Bernardo Silva, Asensio o Take Kubo.

Y sólo aquellos que son muy buenos pueden reciclarse en la posición de interior o volante. Y ahora pienso en Kroos o Modric, pues ambos empezaron sus carreras por detrás del delantero y con un 10 a la espalda que evidenciaba la clase y el talento con el que dominarían el fútbol mundial durante una década, aunque fuese en posiciones más retrasadas a las de sus respectivos orígenes.

Kroos Alemania 10

Pero si el diez en cuestión no tiene velocidad ni disparo para jugar caído a la banda, ni tampoco el ritmo ni el control posicional para caer relegado al centro del campo, el mediapunta se nos pierde, para desgracia de los amantes del buen fútbol que cada quince días religiosamente nos citamos en el Bernabéu.

Dice la leyenda que es el nuestro un estadio racial, que muere y se desvive por todo aquel capaz de correr 30 metros para evitar un saque de banda, un estadio cuyo paladar futbolístico bebe de los cojones de Juanito, la entrega de Raúl, la garra de Camacho, el pundonor de Ramos y ya no sé qué más palabras emplear para dar cuerpo a una idea que se comprende a la primera.

Y sí, señor mío, la épica, el coraje y la testosterona son muy valoradas a esta orilla de La Castellana y que nunca nos falten, pero a mí dame un mediapuntita zurdo con la cabeza levantada y llámame tonto. Y como yo piensan los 80.000.

Porque Güler entronca directamente con la tradición del 10 blanco, heredero de la bellísima estirpe del mediapunta zurdo tan celebrado en Concha Espina. Desde Manolo Velázquez a James Rodríguez, pasando por Martín Vázquez, Laudrup, Guti o Mesut Özil. Irregulares, efímeros, más odiados que amados cuando juegan, más amados que odiados cuando faltan. Todos ellos geniales.

Güler entronca directamente con la tradición del 10 blanco. Desde Velázquez a James, pasando por Martín Vázquez, Laudrup, Guti o Mesut Özil. Irregulares, efímeros, más odiados que amados cuando juegan, más amados que odiados cuando faltan. Todos ellos geniales

Y vuelvo al principio de este texto, vuelvo a Özil y a lo inevitable que es excitarse viendo las similitudes entre él y un Güler que ya heredó su 10 en el Fenerbahçe. Porque fue Mesut el favorito del Bernabéu en esos años de plomo de Mourinho, antes de que le cogiese por la pechera y le hablase como un padre.

Porque fue el Besugo quién, flotando en el césped, casi de puntillas, levantaba el ole en la grada, ese ole tan taurino, sin tilde en la e, con el golpe de voz en la o, en este caso en la Ö; un ole patrimonio de la ciudad de Madrid y ejecutado en el Bernabéu o en Las Ventas, en ambos casos sólo reservado a los más especiales.

Ignoro si este nerviosismo por ver un nuevo mediapuntita zurdo de blanco se debe al poder de los recuerdos de la adolescencia o más bien responde al valor universal de lo estético, de lo que no me cabe duda es que el Bernabéu, siempre tan entregado al talento, tendrá en Güler a uno de sus protegidos. Porque eso no se elige, se tiene o no se tiene. Porque es por el 10 por el que se paga la entrada. Lo demás es sólo atrezo.

 

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Hasta que a la humanidad se le ocurrió cubrirlas con lonas publicitarias, las fachadas de los edificios sólo eran las paredes exteriores del cerramiento de los mismos, su paramento externo, y únicamente servían como protección ante los fenómenos atmosféricos más variados.

Laporta cartel Bernabéu

Cuando hablamos del uso publicitario alternativo que de repente alumbró la humanidad, usamos una metonimia con la que nos referimos a Jan Laporta, que fue el primero en usar un edificio para lanzar un mensaje. Mentimos. Por supuesto que no fue el primero en hacer algo semejante, pero su ocurrencia fue generalmente ponderada como la de un genio del marketing. Para mí, el único valor de su iniciativa fue freudiano, y en eso sí hubo innovación: nunca antes estos elementos arquitectónicos habían sido usados para desnudar complejos, de forma además urbanísticamente invasiva. El edificio, por lo demás, podía haber estado en la Diagonal, pero Jan eligió en cambio el madrileñísimo Paseo de La Habana, cerca del Bernabéu, por si la confesión de inferioridad no había sido suficientemente subrayada.

Cartel Jude Bellingham

Me llega ahora esta foto, que revela otro uso publicitario de otra fachada, también madrileñísima. Me cuentan que Jude Bellingham lo está petando en lo de vender camisetas, que es solo una de las cosas para las que ha venido, y seguro que esta megalona contribuirá en la tarea de colocar dos o tres más. Es un anuncio de Adidas, claro, y me ha llamado la atención el edificio concreto, situado en la Plaza de Cristo Rey, entre Isaac Peral y San Francisco de Sales, al que va aparejada una historia cinematográfica. No solo es una buena elección por parte del anunciante, al tratarse de una de las primeras visiones que aparecen en el horizonte del conductor cuando entra en la capital por la A6, sino que tiene además un simbolismo muy particular, o a lo mejor es sólo que yo lo quiero ver.

En ese edificio transcurría parte de la acción de la película Los Tramposos (Pedro Lazaga, 1959), uno de los clásicos de la comedia española de toda la vida. En aquel enredo descacharrante, que entre otras grandes aportaciones al género humano inventó (¿o solo destripó?) el timo de la estampita, el inmueble encarnaba la sede de Confort Express, una agencia de viajes en la que trabajaban como secretarias Laurita Valenzuela (qepd) y Conchita Velasco (gran madridista), bajo las órdenes del estricto José María Rodero.

Hay una sonrisa quizá ilusoria del porvenir cercano en eso de ver a Bellingham cubrir el edifico entero de Los Tramposos. ¿Será que con él y sus compañeros podemos aspirar a prevalecer sobre ellos, como la lona prevalece sobre el ladrillo?

A Rodero, fuera del horario laboral, lo emborrachaban y escayolaban Toni Leblanc y Antonio Ozores, novios de Concha y Laura (respectivamente), y auténticos protagonistas de la película: dos timadores de poca monta que llevaban a Rodero a su casa, ciego como un piojo y perfectamente escayolado, con la esperanza de que la esposa del personaje  (Elvira Quintillá) les diera una propina por haber llevado a su media naranja al hospital después de un accidente ficticio. El avanzado estado etílico del sujeto le impedía desmentir la historia, o tan siquiera escucharla. Los tramposos que daban título a la película recababan su propina y se iban a por el siguiente timo sin saber que acababan de desplumar a la familia del jefe de sus prometidas. Lo divertido, claro, llegaba más tarde, cuando Virgilio y Paco —que así se llamaban los personajes— eran invitados a una reunión por Rodero en la misma sede de Confort Express en la Plaza de Cristo Rey desde el que hoy saluda Jude a quien entra por la carretera de La Coruña. Los dos amigos habían montado una chusca agencia de viajes también, a la sazón llamada Virpa Express (VI viajes, ERRE recreativos…), que había llegado a competir seriamente con el cuasimonopolio de Confort.

Confort Express Los Tramposos

Antes de esa escena plena de suspense (puesto que el espectador sabe quién es Rodero pero los protagonistas no), hemos sido testigos del mentado timo de la estampita, de las excursiones a Ávila de tres meses y un día (“Otra vez los han metido en Ávila”, suspira la pobre Conchita al recibir las postales del dúo) y de una alarmante fase de honradez en la que llegan a vender sus esqueletos a la ciencia (“¿Y estás sin esqueleto?”; “Ponle las aceitunas con hueso que de lo que se come se cría”). Es una obra maestra absoluta de la picaresca española, el Lazarillo de Tormes al ritmo frenético y obsesivo de un organillo en las postrimerías del franquismo autárquico.

Los Tramposos

Hay una sonrisa quizá ilusoria del porvenir cercano en eso de ver a Bellingham cubrir el edifico entero de Los Tramposos. ¿Será que con él y sus compañeros (ahora Güler como gran novedad) podemos aspirar a prevalecer sobre ellos, como la lona prevalece sobre el ladrillo? Por desgracia, en la actualidad no nos enfrentamos a unos tramposos atomizados, torpes y desopilantes como los de Pedro Lazaga, sino a unos poderes fácticos fraudulentos que no tienen ni puta gracia, y que manipulan la competición a su antojo (mediática, arbitral, institucionalmente) hasta convertirla en un fraude mayúsculo. Pero qué decir: si a seis de julio y con Jude Bellingham enseñoreándose del skyline de la Ciudad no podemos soñar con derrotarlos, ya me diréis cuándo podremos albergar un mínimo de esperanza.

Ganas de volver a veros.

 

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Buenos días, amigos. Lidiar con un portanálisis, sobre todo en verano, conlleva el riesgo de que se produzca un bloqueo mental. Precisamente un bloqueo mental es lo que Woody Allen confiesa que padece a su psicoanalista en Desmontando a Harry. El neoyorquino se lamenta de que comienza relatos cortos y no sabe cómo seguir. El psiquiatra le recuerda un relato corto en el que Robin Williams interpreta a un actor que no sale bien en las imágenes. El equipo técnico de la película en la que trabaja se vuelve loco buscando fallos técnicos u ópticos en las cámaras hasta reconocer la cruda realidad: Robin Williams está desenfocado. No es problema de la elección del objetivo, de la iluminación, de la pericia del equipo de cámaras o de fotografía, sino del propio actor: él en sí mismo está borroso. El director de la película le manda a casa para ver “si se aclara”.

Robin Williams llega al hogar y sus hijos comienzan a burlarse de él: “¡Papá está desenfocado, papá está desenfocado!”. Su mujer le pregunta si ha comido marisco, pero él descarta que se trate de una reacción alérgica. Finalmente acuden al médico y la solución propuesta por el galeno es proporcionar gafas al resto de la familia para que lo vean enfocado. Los niños no quieren, pero el médico les obliga a ponérselas.

En el fútbol español contamos con un actor desenfocado, un futbolista a quien las cámaras no logran captar como él se percibe y siempre muestran una imagen diferente de la que él nos cuenta. Lo explicamos ayudándonos de la portada de As.

Portada As

El espacio principal del diario es para la selección española sub-21, “Una generación mágica” que se clasifica para la final de la Eurocopa tras golear por 5-1 a Ucrania.

Si visteis el partido o lo seguisteis por Twitter, es probable que lo que más os llamara la atención fuese una acción protagonizada por el actor desenfocado del fútbol español: Baena.

https://t.co/74Q0D2e2kl pic.twitter.com/5xy6YR8GnP

— superninio (@super_ninio) July 5, 2023

Álex Baena pugna por un balón aéreo con un ucraniano, se produce un contacto y el jugador del Villarreal se desploma como víctima de un gancho de Mike Tyson. Se lleva las manos al rostro y aparenta dolerse de un golpe durísimo en la cara. Gira y gira por el suelo. Gira el mundo gira en el espacio infinito, con amores que comienzan, con amores que se han ido. Banea no puede levantarse, parece que le han propinado un golpe tremendo. Al fin vuelve en sí y se levanta conmocionado.

Entonces la televisión muestra las imágenes captadas por la cámara frontal. Baena y el defensor chocan, pero hombro con hombro, y comprobamos que esta vez tampoco hay atisbo de golpe o puñetazo alguno en la cara ni en ninguna otra zona situada en la cabeza del chico de la denuncia a Valverde.

La historia se repite, Baena hace público su malestar por recibir un golpe en la cara y las cámaras desmienten la existencia del mismo. En un primer momento fueron las del aparcamiento del Santiago Bernabéu, que no grabaron puñetazo alguno de Valverde. Anoche fueron las que captaban las imágenes del España-Ucrania.

Al igual que sucedía en Desmontando a Harry, el problema no está en las cámaras, sino en el actor. Robin Williams está desenfocado y Álex Baena es un mentiroso compulsivo, con permiso de Jim Carrey.

Desmontando a Baena, imágenes mediante.

Aunque sabemos que la realidad no hará desistir al antimadridismo, que, al igual que el médico de la película de Allen, propondrá al resto del mundo que se coloque una gafas para “ver correctamente” esos puñetazos en el rostro que solo están en la cabeza de Baena.

Marca es hoy un helado de dos sabores: crema de Mbappé con topping de Feijóo, que gallardo besa el escudo de una camiseta de la selección española en la azotea del diario de ídem.

Mbappé es la noticia principal porque Marca también sufre bloqueos mentales y no había ningún campeonato minoritario al que dedicar la portada e impostar esa imagen buenista —pero hueca y yerma— que tanto les gusta.

La noticia ahora es que ayer dijo Al-Khelaifi que si el nene no renueva en dos semanas tiene la puerta abierta. Pues muy bien.

Los periódicos del FC Barcelona, como es habitual, son dos clones. Anuncian a bombo y platillo el fichaje de Íñigo Martínez, central que pensábamos que ya jugaba en el Barcelona después de infinidad de portadas pasadas.

Llega libre, informa Mundo Deportivo. Ya sabéis que en estos casos si el futbolista recala en el Barça es a coste cero, pero si firma por el Real Madrid se inicia una carrera en todos los medios para ver quién logra publicar una cantidad más alta del precio real del fichaje. Si Íñigo Martínez hubiese venido al Madrid, dirían que habría cobrado una prima con un montón de ceros, otro tanto para su agente, una parte para la madre de Mbappé, el gasto en taxis de los emisarios, un café en el Starbacks, que no veas cómo te clavan, etc. Pero el Barça no paga nada a quien llega tras finalizar contrato con otro club, prefiere pagar a los que ya no pertenecen al club, como a Messi, que seguirá cobrando hasta 2025.

Terminamos por hoy con el deseo de que no os ocurra en la vida como a Baena, si la película que tenéis montada en la cabeza es desmentida una y otra vez por la realidad, el problema no está en los demás, sino en vosotros.

Pasad un buen día.

Tanto en el fútbol como en la vida existen ciertos malentendidos. Y dentro del madridismo, aún más. Cierto sector de la afición reivindica el señorío y otro, el casticismo. En mi opinión, todo es válido porque sirve a un único fin: la continuidad de carácter de nuestro Madrid. Pues, como bien aprendimos con la tercera y, por ahora, última trilogía de Star Wars, luz y oscuridad deben unirse para hallar el estado perfecto del equilibrio en La Fuerza.

Hace ya algunos años que pego un brinco cada vez que un ultrasur urbano me espeta aquello del madridismo y el señorío. Por lo general, el radical de turno pertenece a un club que odia al Madrid y todo lo que representa. Para este entrañable sujeto el señorío es un señuelo: la trampa para chantajearte y que no oses reivindicar a tu club por encima de todo. A algunos aficionados de equipos españoles todo lo que sea blanco les produce urticaria.  Muchos de estos jetas justifican cualquier tropelía del Fútbol Club Barcelona y aplauden con las orejas todo los favores estatales que disfrutan los simpatiquísimos inquilinos del Spotify Camp Nou. A todos estos hinchas les pediría que se quitaran la bufanda y que fueran objetivos con lo que está ocurriendo en el fútbol español. Ojalá dejasen de lado la inquina al merengue y tratasen de exigir a sus dirigentes la limpieza de la competición.

Cuando los ladrones se ponían antifaz

En 2010 llegué a Madrid con un proyecto en la piel y sin bufanda. En teoría, si vas a estudiar Periodismo en la Complutense deberías dejar tus colores a un lado pues has de ser objetivo en tu profesión. O, al menos, tratar de serlo. Admito que soy un ser humano y, por tanto, subjetivo. Pero, hombre, he de ser honesto. O, por lo menos, esforzarme por serlo. Yo no puedo justificar todo lo que hace mi Madrid, ¿no? Cuando soy aficionado, lo soy; ahora bien, si soy periodista la bufanda me la quito. Bien, esa era mi visión de las cosas en 2010 pero muy pronto me di cuenta de que en el mundo del periodismo deportivo todos van con bufanda, camiseta y carné. Al único que se le afea esa conducta es al periodista madridista. A ese se le prohíbe hasta respirar. ¿Exagero? Encienda usted la radio y oirá a los principales conductores de esos programas bramando como auténticos hooligans. ¿Exagero? Prenda usted cualquier canal deportivo de este país llamado España y luego me cuenta sus impresiones sobre la inmensa mayoría de exaltados que por esos platós pululan.

En el mundo del periodismo deportivo todos van con bufanda, camiseta y carné, pero al único que se le afea esa conducta es al periodista madridista

En un mundo ideal todo es perfecto. En un mundo ideal hasta el anarquismo bien entendido tiene cabida y es deseable. Pero, mis queridos amigos, no vivimos en un mundo ideal. En algún momento hay que madurar, ¿no? Está muy bien vivir en Nunca Jamás con Campanilla y los niños perdidos pero, tarde o temprano, el Capitán Garfio y sus hombres vienen a por ti y tú no eres Peter Pan. Por eso, el señorío del caballero que fue nuestro gran presidente Luis de Carlos es un modo de estar en la vida digno de reivindicar. Pero, compañeros lectores que me leen, en 2010 vino un señor de Setúbal y se ganó un lugar en mi corazón para siempre. Don José Mourinho llegó a la Casa Blanca como un señor con carácter lusitano y presencia imponente. Don José Mourinho llegó a nuestro Madrid como absoluto campeón de todo el año anterior con el Inter de Milán: Liga de Campeones de la UEFA, Serie A y Copa de Italia. Don José Mourinho vino a Madrid para recordarnos a todos los madridistas quiénes éramos. Don José Mourinho vino y se fue de Madrid como lo que es, un auténtico señor. Y algo más, una leyenda. Entre los madridistas de menos de 40 años, don José Mourinho es hoy día una figura de culto tan grande como Cristiano Ronaldo. Es así.

Así pues, la deportividad como el señorío se nos presupone a todos los madridistas. La honestidad a carta cabal, también. Pero cuando hablamos de fútbol profesional hablamos como lo que somos: profesionales.  Porque de nada me sirve la deportividad mal entendida en un mundo de jetas y estafadores. Porque sí, porque José Mourinho tenía razón.

 

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En estas semanas de pretemporada, apenas nos levantan del asiento (o de la hamaca playera) algunas noticias sobre fichajes veraniegos. Contemplamos cómo, año tras año, Laporta y sus secuaces (Deco, Jordi Cruyff o el que sea), van radiando todos y cada uno de sus pasos y de sus objetivos a los medios afines, ya sea RAC1, TV3, Sport o similares. La (pen)última indiscreción ha sido hace unos pocos días, con el viaje a Estambul de Deco y su séquito para convencer a Arda Güler (y a su club, el Fenerbahçe) de las bondades de la Masía, del jardinero de Tarrasa, del mercado de la Boquería y del Tibidabo.

Jan ante la prensa

Sport anunció como ya formalizado dicho fichaje y anoche, a la hora del piscolabis vespertino, empezaron a llover desde varias fuentes de Turquía la confirmación del fichaje de Güler … pero por parte del Real Madrid. Como bien dice nuestro querido monstruo Fred Gwynne, no hay que celebrar nada hasta el comunicado oficial del Real Madrid, por supuesto. Pero lo que es cierto es que el modus operandi del FC Palancas/Negreira/Barcelona no parece ser el más correcto en un mundo tan competitivo como es el del fútbol de élite, donde cada vez hay más intereses y más actores (incluso jugando con las cartas marcadas, como los clubes-estado) con la billetera desbordante de dinero contante y sonante.

Ya vimos hace dos o tres veranos las vergonzantes imágenes de los directivos culés tomando el avión rumbo a París, y las diversas reuniones a cara descubierta que mantuvieron con los representantes de Neymar, para que dicho -fugaz- hijo pródigo volviera al redil, sin lograrlo ninguna de las múltiples veces.

La estrategia del Madrid parece sin duda ser más eficaz, sobre todo porque se basa en la discreción más absoluta. Pocos -muy pocos- supuestos insiders logran descubrir exclusivas relacionadas con el club de Concha Espina.

Mientras tanto, los tentáculos de JAS (José Ángel Sánchez) y de su equipo, capitaneado por el casi desconocido Juni Calafat, logran captar ingentes volúmenes de talento joven allá por donde van. Jude Bellingham, la perla del mercado de verano, fue atado a finales de junio, apenas unos días después de finalizar la competición liguera. Arda Güler (18 años) puede ser el siguiente, avalado por el añorado Mesut Özil, y que parece toda una verdadera promesa por pulir.

La lista de “hallazgos” ya es alargada y de enorme calado: Militao (25 años) es el más veterano de un elenco formado también por Valverde (23), Tchouaméni (23), Vinicius (22), Rodrygo (21), Camavinga (20) y el propio Bellingham, que acaba de cumplir 20 años. El año que viene por estas fechas llegará Endrick (por entonces, ya con 18 años recién cumplidos). En su momento, Juni, madrileño de origen brasileño (habla perfectamente portugués, un indiscutible plus a la hora de negociar en el país más grande de Sudamérica), también captó al que ha sido durante ocho años el hormigón acorazado del Madrid de las cinco Champions en nueve años, Carlos Henrique Casemiro.

Desconozco si Nico Paz también es descubrimiento suyo y de su magnífico equipo de colaboradores, estaré encantado en saberlo, para de esta forma añadir otro talento inconmensurable en su haber. Nico lleva en la cantera desde 2016, cuando apenas contaba con 11 años.

De todos estos fichajes se enteró la prensa deportiva en el momento en el que se colgó el comunicado oficial del club, quizás como mucho 24 ó 48 horas antes. De hecho, a Vinicius, a Rodrygo y a Endrick, por ejemplo, les empezamos a conocer cuando salieron en la portada del bufonesco Sport (también salió en su momento allí un grotesco montaje de Cristiano Ronaldo vestido con la zamarra azulgrana).

Y ahora, el Mundial de Clubes

Lo de Camavinga, va a hacer dos años ya, fue de traca: tras las calabazas que nos dio el PSG en 2021, no dignándose siquiera a contestar a la célebre oferta de 200 millones de € por Mbappé, se anunció su fichaje sorpresivo prácticamente en el límite del cierre del mercado estival, levantándoselo al PSG por una cantidad (30M€) que hoy en día invita a la carcajada. Nadie se había enterado de nada, como de costumbre, mientras Juni acababa por convencer a la figura del Rennes, con tan solo 18 años, para jugar en el Real Madrid.

Por supuesto que también ha debido de haber algún que otro gatillazo, como el de Reinier Jesús, capitán en su momento de la selección sub-17 y sub-19 de Brasil, y que no acaba de destacar como sus otros compatriotas. De todas formas, acertar en un 75 o en un 80% en jóvenes captados desde los 15 o 16 años es un porcentaje excepcional.

A todos los demás anteriores, que conforman prácticamente la columna vertebral del equipo (al menos en el centro del campo y en la delantera) hasta por lo menos 2032, habría que añadir algunos jugadorazos que no cuajaron en el primer equipo, pero que triunfaron o están triunfando en la Premier League como Fabinho en el Liverpool (tras su paso por el Mónaco) o como el noruego Odegaard en el Arsenal (ambos debutaron con el primer equipo). Take Kubo también fue otro éxito que hay que poner en su cuenta ya que es el líder de la mejor Real Sociedad de los últimos 40 años, y se ha multiplicado su precio por 15 desde los 5M€ que pagó el Madrid.

Por lo poco que se conoce de él, Juni es la discreción personificada. Apenas sale su foto en los periódicos, no da entrevistas (he recuperado una de 2017 que ha colgado en YouTube el amigo @Vozmadridista). Aparentemente, posee varias de las virtudes más valoradas para una labor como la suya, como son la prudencia, la templanza y la diligencia. Es un alto ejecutivo del club que apenas se deja ver por el palco de honor.

Este escribidor tiene una anécdota al respecto: en la vuelta de semifinales de 2022, el día que el Real Madrid tenía que remontar el 4-3 adverso de Etihad Stadium, estuve en tribuna de primer anfiteatro (Padre Damián), justo encima del palco de honor del Santiago Bernabéu. Unas localidades magníficas, proporcionadas por un cliente y amigo. Al sentarme, cuál fue mi sorpresa al ver que en el asiento de mi derecha se encontraba Juni Calafat, con una acompañante. Alguna vez había visto su foto en algún medio y me atreví a levantarme y a saludarlo. Muy amable y educado, asintió tímidamente al haber sido reconocido. Evidentemente, quería ver el partido en pleno anonimato para disfrutar plenamente de él. Todo el que lo conoce sabe que es un apasionado del fútbol, al que dedica decenas de horas cada semana.

vayan estas líneas como reconocimiento a la labor impagable de una persona (y de su equipo de colaboradores, sin duda) muy desconocida para el gran público, pero que es un pilar imprescindible para rearmar cada año a la escuadra con la política -muy eficaz - de comprar talento joven allá donde esté

He de decir que durante todo el partido prácticamente ni parpadeó. Estaba inmóvil en su butaca y no expresaba ninguna emoción, ni siquiera cuando Mahrez marcó el 0-1 y la eliminatoria estaba casi imposible de resolver. Vinieron al final del partido los dos goles salvadores de Rodrygo, a quien él descubrió y trajo a Madrid, y la misma expresión impasible y flemática.

Ya en la prórroga, se levantó de su asiento para aplaudir el gol de penalti de Benzema, que significaba el 3-1, y hasta el pitido final permaneció como una estatua.

Al terminar el partido, mientras conocidos y desconocidos nos abrazábamos compulsivamente tras contemplar aquella descomunal hazaña, Juni y su acompañante se marcharon tranquilamente y sin aspavientos. Aproveché para felicitarle por la gesta de su pupilo Rodrygo y, simplemente, me dedicó una agradable sonrisa mientras me daba las gracias.

Su saber estar, su talante afable y bondadoso, y su sobriedad a la hora de celebrar aquel triunfo apoteósico, que en un alto porcentaje era suyo (la actuación de Rodrygo, por supuesto, pero también estuvieron espléndidos Vinicius, Valverde y Camavinga), me dejaron casi tan impresionado como el espectáculo inigualable que veníamos de presenciar.

Vayan pues estas líneas como reconocimiento a una labor impagable de una persona (y de su equipo de colaboradores, sin duda) muy desconocida para el gran público, pero que es un pilar imprescindible para rearmar cada año al equipo, con la política -muy eficaz - de comprar talento joven allá donde esté, todo un cambio respecto a la anterior política de comprar galácticos, ya maduros y en plenitud, a golpe de talonario.

Decíamos ayer… Me encanta ponerme en modo Fray Luis de León, sobre todo si es con ánimo de autocita. Decíamos ayer que estamos ante un culebrón veraniego, de esos extensísimos merced a sus centenas de capítulos, comentados por doña Adelaida y con nombre mineral, a saber, Rubí, Cristal, Topacio… Entiendo que estará por descubrir una piedra con el nombre de Kylian o de Lamari que lo parió o, mejor aún, nombrar el material del que está hecho el rostro de uno de ellos o los dos, pues mi sensación es que llegaría sobradamente a lo más alto de la escala de dureza de Mohs.

Sin perjuicio de lo anterior, los madridistas deberíamos estar acostumbrados a fichajes en forma de serial eterno, consistiendo cada capítulo en una portada de diario presuntamente deportivo.

Bale, nuestro Flying Welshman, copó cabeceras durante un verano entero, aunque previamente ya se había hablado de él en ocasiones anteriores. La historia acabó como sabemos, con Gareth firmando a escasos minutos del cierre de mercado el 31 de agosto, una campaña de acoso mediático falaz y obscena, mascapipas comprando mercancía averiada y 5 Copas de Europa para el Cardiffian.

Está por descubrir un mineral con el nombre de Kylian o de Lamari que lo parió o, mejor aún, nombrar el material del que está hecho el rostro de uno de ellos o los dos, pues mi sensación es que llegaría sobradamente a lo más alto de la escala de dureza de Mohs

Con Ronaldo, el genuino, el mejor delantero de la historia del fútbol, aunque una ordinariez como son los números digan algo distinto, llegó también sobre la bocina. Recuerdo que estaba conectado a internet y era imposible acceder a la página del Madrid, pues éramos millones los que emulábamos a Keith Moon sobre la tecla F5 de nuestros ordenadores hacia la medianoche de ese último día de agosto de 2002.  Resulta inquietante que la web del diario Marca también estuviera caída. Qué se le va a hacer, éramos jóvenes. De acuerdo, Ronaldo tenía cierta tendencia a echar un poco de cuerpo y su sacrificio en el campo podía ser por momentos discutible, pero este tipo era el mejor, independientemente de guarismos o palmarés. Sólo les digo que en esa época de Figo, Zidane, Roberto Carlos, Ronaldo y Beckham juntos en el campo, la gente íbamos al Bernabéu como a una fiesta, y no he vuelto a tener esa certeza de que iba a ver algo especial, aun en épocas mucho más abundosas en trofeos.

Figo, Zidane, Beckham, Ronaldo

Otro serial que se prolongó durante un año entero fue el de Christian Karembeu. Petición expresa de Fabio Capello en su primera etapa, el hombre de Nueva Caledonia llegó un año y medio después de aquella summeriana que hizo que el Bernabéu viera a Suker, Mijatovic, Roberto Carlos, a un jovencísimo Seedorf, qué jugador, a Carlos Secretario y a Bodo Illgner. Ese diciembre, el portugués fue reemplazado por una debilidad personal, Christian Panucci, el único lateral derecho al que he visto centrar mejor con la izquierda que con su pierna presuntamente buena. Karembeu fue fundamental en la consecución de la Séptima, con sus goles al Bayer Leverkusen, tanto en Alemania como en el Bernabéu, y, sobre todo, con su cabalgada para marcar el 2-0 al Borussia Dortmund en la ida de las semifinales, el célebre partido de la portería caída. Sin llegar a decir que era limitado, el francés resultaba técnicamente desconcertante, pues a veces parecía que llevaba aletas en vez de botas de fútbol para, en la siguiente jugada, dejar un detalle de calidad que desmentía todo lo anterior. En cualquier caso, bien suplía esa peculiar relación con el balón con una capacidad de sacrificio muy notable. Insisto en que fue Capello quien recomendó su contratación.

Karembeu y Panucci

Se sostiene el mantra de que Cristiano Ronaldo fue un fichaje de Ramón Calderón, trasunto del abuelo de los Monster y primo hermano de Fernando Simón. La contratación del portugués fue algo que se metió entre ceja y ceja del entonces presidente del Real Madrid ya en 2008, si bien el fichaje fue Rafael Van der Vaart. Teniendo en cuenta que CR7 fue presentado por Florentino Pérez —eso sí, como CR9— en 2009, ruego al distinguido lector que haga el cálculo de las portadas que generó el culebrón. Del resultado ni escribo, pues todos lo conocen. La leche.

En la misma línea, sólo que con la diferencia de que su fichaje había sido otra promesa electoral incumplida de Calderón, el Madrid firmó a Kaká también en 2009. En este caso, la telenovela duró casi tres años, y no es algo de lo que quiera acordarme, igual que de Hazard y las innúmeras idas y venidas con su fichaje durante no sé cuántos años.

Podríamos eternizarnos, pero vamos a dejar aquí el asunto, si bien sólo puedo pedirte por todo lo anterior, estimado conmilitón en el madridismo, templanza y tesón. También Mbappé ha de pasar.

 

Getty Images.

Buenos días. Vosotros no habíais nacido, pero José Luis Perales compuso en su momento una preciosa canción para Mocedades. El título era “Le llamaban loca”, y en ella enloquecía de amor la protagonista, que terminaba ingresada en un sanatorio mental tras haber perdido al hombre que amaba.

 

Y los muchachos del barrio le llamaban loca

Y unos hombres vestidos de blanco le dijeron “Ven”

 

En el caso que hoy nos ocupa, los hombres vestidos de blanco se llaman José Ángel Sánchez y Juni Calafat, que le han dicho “Ven” a la joven estrella turca Arda Güler, sin que este haya podido resistirse. Y los muchachos del barrio son los redactores del diario Sport, que llaman loco al mismísimo Real Madrid por la oferta que ha hecho al crack en ciernes que actualmente milita en el Fenerbahçe.

Sport, que ayer mismo daba por hecho que Güler sería contratado por su Barça, hoy afirma que “el club blanco enloquece para evitar que vaya al Barcelona”. Sin embargo, nada temáis por la salud mental de los directivos madridistas. Temed mas bien que los que acaben ingresados sean los propios periodistas de Sport, pues la rabia y el despecho pueden llevar no solo a hacer el ridículo, como sucede en esta gozosa primera plana que hoy os traemos, sino a severos trastornos de la personalidad. La canción de Perales/Mocedades vuelve a ser elocuente, y nos describe en sus primeros versos a Lluís Mascaró deambulando por los jardines del instituto psiquiátrico en el que ha sido ingresado al conocer la noticia de las calabazas finales del turco a la entidad blaugrana, para unirse en cambio al eterno enemigo blanco.

 

En el hospital, en un banco al sol,

se le puede ver

sonreír, consultando su viejo reloj,

pensando que ha de venir

aquel que se marchó,

aquel Arda Güler

que fue al Madrid.

 

Disculpareis que hayamos hecho unos mínimos cambios en la letra para acomodarla a la realidad del día. Entended a amics como Mascaró y David Bernabéu. Es superior a sus fuerzas. Tened en cuenta que hoy se desayunan con la llegada casi hecha de Arda al Bernabéu cuando ayer mismo daban por hecho en portada que el chico iba rumbo a la Ciudad Condal. ¿Recordáis? ¿Cómo no lo vais a recordar si es de ayer mismo?  "Arda Güler quiere Barça".

Portada Sport

Es lo que pasa, entre otras razones, cuando te llamas Jan Laporta y tienes la discreción de una carroza trans el Día del Orgullo Gay en plena Castellana (o en la Diagonal): que haces tanto ruido que te arriesgas a que el enemigo te pise los fichajes. El bueno de Jan se dedicó a airear a los cuatro vientos (filtraciones a Sport incluidas) su interés por Güler, y ha acabado trasquilado. Nada como una gestión callada y eficaz como la de Juni, un tipo que da sopas con ondas a cualquier otro responsable de fichajes de cualquier otro club.

Pobrecitos los chicos de Sport. Que dicen que nos hemos vuelto locos. Pero no dicen solo eso. Dicen que nos hemos vuelto locos “para evitar que vaya al Barcelona”. Raramente, amics, podrá una entidad cuyo prestigio y salud financiera están en la lona inquietar al club con la mejor matriz estabilidad-éxito del mercado, pero allá ellos sí se creen que el Madrid obra llevado de temor a los culés. Nos divierte muchísimo que lo crean.

La descripción que la canción hace del universo de felicidad hecho añicos de Mascaró es conmovedora.

 

El mundo fue solo de los dos y para los dos.

 

Es el comienzo de la canción, siendo “los dos” Mascaró y Arda Güler, claro. Qué bello era el mundo de ilusión que hoy explota con la fragilidad de una pompa de jabón.

 

En sus miradas, amor.

En sus respuestas, “sí”.

 

Era un “sí” claro, joder, antes de que el pérfido Florentino se volviera loco, en trance de pasión turca. Eso sí que es volverse loco y no pagar 150 millones por Dembélé o 120 por Coutinho. Pero ay…

 

Él se fue.

Los cabellos tintados de gris.

Lluís dejó de cuidar

las flores del jardín.

Y le decía David:

“Tenemos que vivir”.

Y Lluís gritó:

“No, señor, ya lo ven.

Yo no estoy loco.

Estuve loco ayer,

pero fue por amor”.

 

Entiéndase la letra. Estuvo loco ayer, literalmente, cuando sacó en portada que Arda estaba poco más o menos hecho por los catalanes… pero su locura fue por amor.

La conclusión de la canción es devastadora. Rezad por las almas maltrechas de Lluís, David y el resto de la plantilla de Sport. Ya no quedan plazas en el centro psiquiátrico para todos los que están en nómina. Esperemos que la cordura vuelva gradualmente a sus espíritus conmocionados. Hay locuras transitorias desarrolladas a consecuencia de traumas concretos, y esperemos que sea el caso. Lo mejor es que vayan asumiendo la realidad de un futuro poco halagüeño.

 

No vendrá.

Él partió a Valdebebas ayer.

En ese mundo en que ayer

no podían pedir más.

En ese mundo en que hoy

ha triunfado JAS.

 

El resto de la prensa deportiva patria también se hace cargo del fichaje muy avanzado del turco por las filas blancas. Sería, de concretarse, un excelente fichaje.

Pasad un buen día.

 

El próximo jueves 6 de julio, en la madrileña Fnac de Callao, estaré junto a Siro López y el propio autor presentando “Florentino”, el nuevo libro de mi amigo y socio galernauta Ramón Álvarez de Mon. Ya fui honrado colaborando en la presentación (y escribiendo el prólogo) de su primera incursión literaria cuando publicó —con el mismo sello que ahora: Córner— su excelente “Que baje Dios y lo explique”, un recuento de las hazañas europeas del Madrid de Ancelotti que fructificaron en el logro de la Catorce.

La nueva entrega de Ramón es un recorrido riguroso y analítico, compatible con su confesada pasión madridista, por el Madrid florentinista, desde que Pérez derrotó sorpresivamente a Sanz en 2000 (con Figo como as bajo la manga y el voto por correo jugando un papel esencial) hasta el Madrid de nuestros días, el del nuevo estadio, el que está aupando a lo más alto del estrellato a jóvenes emergentes con el apoyo de veteranos ilustrísimos mientras el Madrid sigue resistiendo con nobleza y abolengo en un fútbol tomado por el petrodólar a escala mundial, así como por el negreirato en la escena nacional.

Ramón libro Florentino

Ramón es sencillamente el mejor para este tipo de empresas. Ha llegado el momento de recalcar que Ramón, más allá de su faceta de comunicador, es un gran escritor. Él, como se adorna poco, no lo cree. Tampoco Toni Kroos busca en su juego el ornamento vacuo, limitándose a poner el balón donde tiene que caer, sin estridencias, que es exactamente lo que hace Ramón con las palabras. El maestro Andrés Amorós suele desdeñar los caminos de la lírica para reseñar logros deportivos, y en ese sentido Ramón es profundamente amorosiano (de hecho, Andrés le admira), limitándose a contar con precisión y sobriedad lo acontecido. No hay lírica y casi no hay ni épica en este libro, ni falta que le hace, pues las cosas que cuenta ya traen la épica de serie.

No hay lírica y casi no hay ni épica en este libro, ni falta que le hace, pues las cosas que cuenta ya traen la épica de serie. En el libro las cosas están contadas como fueron

Precisión, decíamos, y precisión en este caso equivale a madridismo, por extraño que sea. Cuando la leyenda negra tergiversa todo, el simple culto a la verdad es defensa inevitable de los colores. Ramón no hace acuse de recibo de los malajes, pero les contesta haciendo como que habla al vacío. En el libro las cosas están contadas como fueron. El Madrid ganó la Undécima con un gol en fuera de juego milimétrico, pero de no haber sido gol de Ramos debería haber sido penalti a Ramos. Esta verdad se enuncia con naturalidad que hará volar cabezas, y no es la única bomba contra el lugar común anti que Ramón descerraja con el ademán más pacífico.

Con una capacidad de síntesis asombrosa, y con ese espíritu tan yanqui de contar exactamente lo que quiero contar sin perderme en meandros, con la escritura más límpida posible, Ramón perla de reflexiones de gran calado una narración inevitable y predominantemente elogiosa hacia Florentino, aun sin ahorrarse subrayar lo que para él fueron errores. Hay pasajes que revelan un poso magnífico de sensatez madurada en el tiempo, una inteligencia apasionada (no hay contradicción), como aquel en el que determina cuándo y cómo debe retirarse una estrella del Real Madrid.

Leedlo todos y, aquellos que podáis, acompañadnos el jueves.

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