Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. Además de jugar como los ángeles, liderar remontadas imposibles, freír con hat tricks a petroclubes o similares y tener aún tiempo de ganar el Pichichi (tiene tiempo para todo menos para operarse el dedo), Karim Benzema ha alumbrado esta temporada tantas citas para la posteridad como Bernard Shaw o Winston Churchill. Ya sabéis que, en caso de duda, cualquier frase famosa debe ser atribuida bien al dramaturgo inglés, bien al eminente político de la misma nacionalidad. Bueno, ya no. Ahora existe una tercera opción. La frase famosa bien puede haber sido ideada por la mente preclara y hasta cierto punto misteriosa del mejor jugador de fútbol de la actualidad, es decir, D. Karim Benzema.

Primero vinieron sus proféticas palabras respecto a lo que iba a suceder en el partido de vuelta frente al City. ¿Recordáis? “Vamos a hacer una cosa mágica que es ganar”. La que soltó ayer durante el Media Day, entrevistado por Josep Pedrerol, no se anda a la zaga.

No, no nos referimos a lo que As destaca en portada (“Somos los mejores y tenemos que ganar esta Champions”), sino a la otra sentencia destacada. Cuando Pedrerol le preguntó por el asunto Mbappé, el hechicero francés frunció el ceño y, con un leve deje de fastidio, espetó: “Estamos a punto de jugar otra Final de Champions League, no es momento de hablar de cosas pequeñas”. Bravo por Karim. Las cosas pequeñas quedan atrás, olvidadas como minúsculas excrecencias, como cagaditas que una ardilla o algún otro animal de su especie hubiera dejado para no olvidar el camino de vuelta a la jaula (de oro). Karim prefiere hablar de cosas grandes como la que tenemos al alcance de la mano, a menos de cuatro días ya. Sus formas sinuosas van haciéndose más y más claras a medida que nos acercamos el momento, y el vértigo de acariciarla ya confiere un temblor apenas disimulado a nuestro pulso. ¿Os imagináis a Ceferin entregando la Orejona al propio Karim? Hay pocas imágenes más plenas de justicia y reafirmación que esa. Los poderes fácticos doblando la rodilla ante el Rey de Europa. El Madrid es el equipo antisistema por excelencia. Encaramarse a las barbas del putrefacto status quo para adjudicarse su Copa, que en realidad es la nuestra, es algo demasiado parecido a la sublimación de la gloria como para no sentir una anticipación que nos hincha el pecho y nos acelera el latido.

Marca destaca a Asensio de entre las entrevistas que llevó a cabo en el Media Day. Marco también quiere hablar de cosas grandes y dejar atrás las menudencias. Bravo por Marco también, novedad en la lista de una Selección que no nos merecerá el menor interés hasta que no se repare la injusticia, lindante con la prevaricación, de la ausencia de Nacho. “He vuelto a la Selección por méritos propios”, se reivindica el balear, que habla de la consecución de la 14 como “la guinda del pastel”. No podemos faltar al deber de coronar la mejor tarta del mundo (es decir, la secuencia inolvidable de las remontadas PSG-Chelsea-City) con la guinda definitiva.

Marca rodea las palabras de Asensio con las de otros compañeros, desde la devoción por el escudo y su historia de un Courtois comprometidísimo al madridismo de cuna de Rodrygo, pasando por el deseo de reivindicarse de Hazard o la juventud hipermadura del prodigioso Camavinga. Todos a una en pos del logro más anhelado. Como indicábamos ayer, y considerando la trayectoria seguida por el equipo hasta la Final, esta puede ser la Champions más bonita.

A por ella.

Os dejamos con las cosas del Barça, que ya no es uno de los grandes pero sigue teniendo dos periódicos que tratan sobre él. Son cosas pequeñitas, por usar las palabras de Benzema, pero quién sabe, puede que os interesen.

Pasad un buen día.

 

Buenos días, amigos. Hoy es 24 de mayo, fecha grabada a fuego en la memoria de los madridistas por ser el día que se conmemora la consecución de la Décima. Aquella noche se nos agrandó el alma —y la sala de trofeos— y se inició el segundo mejor ciclo europeo de la historia del Madrid, que es como decir de la historia del fútbol.

Estamos solo a cuatro días de otra final, entre aquella y esta hemos ganado otras tres Champions, porque, parafraseando a John Lennon, el Madrid es aquello que te pasa mientras haces planes para otras cosas. En esta ocasión es frente al Liverpool y no frente al Atleti, y de aquí al sábado es lo único importante.

Una de las características que definen al Madrid y gracias a la cual, en parte, es tan grande es su resistencia a la frustración. Cualidad, por cierto, que no siempre nos adorna a sus aficionados. No está de más hacer autocrítica de vez en cuando con el sano objetivo de mejorar.

Los madridistas estamos como locos porque llegue ya el día 28 y disfrutar de esta final que pone el broche a una temporada irrepetible en la cual —como escribe Sebastián Auyanet hoy en su espléndido artículo de La Galerna— hasta los que no son madridistas nos han felicitado en alguna noche mágica de Champions. Hemos disfrutado como pocas veces.

Aunque parece que para algunos es más importante lo que no fue que lo que es, y los periódicos siguen dando la matraca con Mbappé. Hartazgo.

Portada Marca

Muy bien, Marca, habéis conseguido una entrevista muy importante, felicidades. Pero resulta que dentro de cuatro días nos jugamos ganar la 14, y somos hinchas del Madrid, no sus secretarios técnicos.

Para lo que sí ha servido la entrevista de Marca es para demostrar que el chaval es peculiar. Aquí no nos vamos a meter con las capacidades de nadie, la inteligencia nos viene dada del mismo modo que el color de ojos, no se elige, pero sí podemos destacar alguna reflexión de Mbappé, como esa en la que afirma que negoció con el Liverpool porque el rojo es el color favorito de su madre. Dime, sagitario, ¿en qué puedo ayudarte? Pues lo mismo.

Mbappé confirma que Macron ha formado parte de las negociaciones para seguir en el PSG. Imaginad que aquí Pedro Sánchez se inmiscuyera en la renovación de Vinícius por el Madrid. El asunto apesta. Pero no sorprende, Sarközy vendió Francia a Catar hace unos años y estas son las consecuencias. Por cierto, el bueno de Nicolas también se dejó ver en la nueva boda entre Kylian y el PSG.

Por lo demás, lo esperado en alguien como Mbappé: nada entre dos aguas, agrada al PSG y al Madrid, asegurando que lo apoyará en la final y que el sueño de jugar en el club blanco nunca se acaba. John Lennon ponía la coda a su canción God con aquello de The dream is over, y efectivamente el sueño se ha terminado, pero para Mbappé, no para el Madrid. Aunque vaya usted a saber, el hombre es el único animal que tropieza trescientos millones de veces con la misma piedra, y tapado por el polvo del desierto, un caparazón de tortuga puede parecer una piedra.

El Madrid es único, auténtico y todos le quieren copiar. Hasta en detalles como este. Las comparaciones son odiosas.

Ancelotti puro Guardiola puro

Por lo demás, poca cosa, fuera de la final de Champions hace mucho frío. Sport habla de ascensores, Mundo Deportivo de un señor que está casi fuera y el hoy guardiacivilesco As destaca que Luis Enrique se acuerda de Asensio. Y a nosotros que casi se nos había olvidado que existe la selección, esa que llama a Eric García en lugar de a Nacho y jugará el maravilloso mundial de Catar, paradigma de la libertad y los derechos humanos.

Portada As Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Disfrutemos de la realidad, no solo no es mala, sino que es mejor que la de aquellos a quien pretendíamos. Es un hecho.

Cuatro días.

Pasad un buen día.

Uno de mis momentos favoritos de esta temporada del Real Madrid es el que ilustra esta nota. Toni Kroos, absolutamente inconsciente sobre el trámite del partido, espeta a Carlo Ancelotti: ‘Tu puta madre… jugué muy bien, hombre… a tomar por culo’ en el momento en el que el italiano decide reemplazarlo por Eduardo Camavinga en el último tramo de la vuelta de las semifinales contra el Chelsea.

Recuerdo que, en medio del estrés del partido y de un conflicto durísimo con mi yo interior (que a gritos estaba pidiendo al entrenador que, de hecho, le reemplazara) solté una carcajada. Por primera vez le vi desencajado a Toni, con los ojos echando fuego por la impotencia, el gesto hierático y su temple germánico absolutamente subyugados y reducidos ante la bronca. Toni, el príncipe, el hijo de músicos, el solista impertérrito, no quería salir y no había ingeniería que le justificara ni le sacara el fastidio. Me causó gracia, horas después del partido, que la prensa inglesa resaltara una vez más, cual cliché, su supuesta virtuosa indolencia. Nada de eso hubo en ese momento. Toni Kroos estaba insultando en un perfecto español mientras salía del campo.

Hay en ese arrebato también un punto de locura que me hace cosquillas en el hueso de la risa. Toni perdiendo los papeles, rabioso como yo frente a la tele, incrédulo, sintiendo que el partido se nos va, pero que no se nos va hasta que se nos va.

Seguramente disfruté de ese momento porque ahí, en Toni, me parecía estar viéndome a mí mismo y porque como dice Guy Debord, en el arte la mímesis es clave. Como él, yo también estoy grande para algunas batallas, aunque no tan grande como para entender por mi propia cuenta que en cierto momento es a mí al que hay que reemplazar. Pero, como Kroos, yo también soy el primero que dice ‘cuidado conmigo, que todavía algo me queda’. Hay en ese arrebato también un punto de locura rockera que me hace cosquillas en el hueso de la risa. Toni perdiendo los papeles, rabioso como yo frente a la tele, incrédulo, sintiendo que el partido se nos va, pero que no se nos va hasta que se nos va de verdad. Esto es, claro, hasta el final.

He visto al Real Madrid ganar siete de sus 13 Copas de Europa pero puedo asegurar que nunca disfruté una Champions como esta. Y ni siquiera sé cómo acabará y puede acabar muy mal, porque en el Madrid no se juega por las buenas historias ni por las victorias morales. Pero eso sí: desde que sigo al Madrid, le he visto ganar diez ligas, pero ninguna en una temporada así, tan llena de rock and roll, jerarquía, talento, rebeldía y sorpresas. Por primera vez, además, ha pasado algo muy extraño, y es que ese disfrute del madridismo pareció por momentos contagiar a gente de fuera, de esos que no se enteran aún que son madridistas. Debe haber sido la primera vez que mucha gente me escribe para felicitarme por los pases a las siguientes fases de Champions y elogiar a nuestros jugadores. Si hasta creo que alguna vez, en algunos de esos cruces, fueron con nosotros y todo.

Camavinga y Valverde

Se diga lo que se diga, el Madrid, por épica y por proceder, fue la respuesta del mundo del fútbol a un modelo que amenaza con barrerlo todo. Nuestro rival del sábado está más de nuestro lado que del otro, pero si somos realmente sinceros podemos ver que no está opuesto. Hay gente que esta vez, por fin, supo entender esto.

He visto al Real Madrid ganar siete de sus 13 Copas de Europa, pero puedo asegurar que nunca disfruté una Champions como esta. Y ni siquiera sé cómo acabará.

Con sus ídolos en retirada, con los pocos estandartes de un tiempo glorioso que se rehúsan a soltar la ilusión, el juego y la victoria, con los chicos jóvenes que se comen el mundo y no son ningunos Pavones y con un uruguayo destacándose como no se vio en los últimos tiempos en esta institución (y tener a un uruguayo en la plantilla, créanme, trae buena estrella). Con los nuevos referentes que se asientan en el liderazgo de la plantilla. Con la legendaria temporada del pie derecho de Modric y el Benzema que mejoró a su adorado Ronaldo Nazario, y con la imagen de sus llantos apenas apretados antes de gritar un gol en la hora, entreverados con la lava humana del Bernabéu. Así ganó este año el Madrid.

Este año, el Madrid enfureció a un lacayo de jeque con bisoñé ridículo en octavos, doblegó al honroso campeón de Europa en cuartos, destrozó en pocos minutos y una vez más a un dogma futbolístico cargado de hipocresía, y de nuevo en semifinales. Con Vinicius echando chispas y Rodrygo marcando los goles que definirán su carrera para siempre. Con las mil manos de Courtois. Con mi hijo que sigue sin entender cómo pasamos una fase con Carvajal de central y otra con un centro perfecto suyo que terminó en un gol de un delantero que no es precisamente una torre.

Benzema celebra gol remontada

Yo lo tengo claro; va a costar mucho la vida después del sábado, sea cual sea el resultado del partido de París. Vendrán otras cosas, claro, pero esta temporada ya no volverá

A mí y a todos, este equipo nos ha hecho vivir cosas muy improbables, al menos según lo que decían los papeles al principio de esta temporada sobre la que todos conveníamos que era ‘de entreguerras’. Pero miren nomás qué entreguerras: este año me tuve que tomar un tranquilizante luego de gritar el tercero de Benzema al PSG, le grité furioso su último gol al Chelsea a una persona que me estaba llamando para invitarme a ser panelista en una conferencia de UNESCO e hice una promesa al cielo antes de su penal al City.

Yo lo tengo claro; va a costar mucho la vida después del sábado, sea cual sea el resultado del partido en Saint Denis. Vendrán otras cosas, claro, pero esta temporada ya no volverá. Y gran parte de mí no quiere dejarla ir.

Podrán venir muchos jugadores y lo que sucederá el año que viene podrá ser mejor o peor, pero difícilmente esto será repetible. En el paseo de las leyendas y las grandes temporadas, ver la camiseta del Real Madrid de la 21-22 nos arrancará a muchos —y al mundo del fútbol— una mueca de nostalgia.

El fútbol todavía puede ser orgullo, rock and roll y gloria, y a esto todavía nos aferramos algunos. Porque no hay sensación más hermosa. No es necesario agregar mucho más.

 

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Este fin de semana se ha consumado el sainete Mbappé. Por fin. En un espectáculo digno de los bomberos-toreros, anunció, en loor de multitudes, que se queda en el Peseyé tres años más. El Parque de los Príncipes lo festejó como si fuera un título y sus gradas, comportándose como un arrabal inmenso de París, se acordaron del Madrid y de Florentino, en la enésima prueba de la irrelevancia microbiótica de ese plastic club. Se agradece que la comedia no se haya alargado hasta el último día del mes de agosto, como ha pasado en estos cinco últimos años. El muchacho nos ha ahorrado la pasarela final de insiders, youtubers, streamers y twitcheros, la otra multitud que parasita hoy día la comunicación del y en torno al fútbol: el affaire Mbappé ha sido como una pústula abierta en la que han crecido todos estos homúnculos como si fuesen estafilococos. Los que vinieron a salvarnos del cutre y mediocritísimo periodismo deportivo tradicional son aún más pesados y farsantes que los Lamas de la vida, esa es otra de las grandes conclusiones de todo este asunto. Mbappé, con este circo, se ha consagrado definitivamente como el icono del neofútbol, un espectáculo global diseñado ex profeso para una masa neurótica, amnésica e infantilizada. Tal ídolo para tal mundo.

Mbappé renovación PSG

Mbappé le ha dicho nones al Madrid después de, según se dice, haberle dicho hace mucho tiempo que sí. Lo que jode no es que no venga sino que no venga para quedarse en el PSG, que es un Lille dopado: sigue siendo el tercer equipo de Francia a pesar de que el St. Etienne no gana una liga desde que De Gaulle era cabo y aún no ha sido capaz de igualar al Marsella, único francés campeón de Europa. Fastidia porque la historia de Mbappé parecía de cuento: un niño enamorado de la camiseta blanca, fascinado por la leyenda francófila del club, destinado a heredar las botas de Zidane y de Benzema, ungido por la Providencia para convertirse en el tercer gran jugador de la historia del mejor club de todos los tiempos. El niño se ha revelado un verdadero manipulador, un chantajista sentimental frío, calculador y sin alegría. Todo el mundo ha estado cinco años alimentando este cuento de hadas, recordando cómo en el viejo mundo los galácticos acababan en las manos de Florentino por ese sentido de la predestinación que rodeaban aquellas legendarias negociaciones y también por una cosa que suele olvidarse y es la elaborada ingeniería económica que hacía el Madrid para poder lanzarse a por los mejores futbolistas del mundo sin hipotecar su futuro de por vida ni arruinar su patrimonio.

El Madrid ha sido construido toda la vida por hombres libres. Mbappé no ha demostrado serlo

Todo ha resultado una gran mentira cuya lectura profunda tiene mucho más que ver con el cambio de paradigma no sólo en el fútbol contemporáneo sino en todas las cosas del mundo. Seguramente Florentino debió ficharlo en 2017, todo lo que ha venido después ha sido un esperpento. Los cara a cara a bordo del Pitina II y los fuoriclasse declarándose en rebeldía hasta que se les abrieran las puertas de la Casa Blanca pertenecen al pasado. Son tiempos que no van a volver, tiempos mejores pero muertos y enterrados. Los héroes del fútbol del siglo XXI prefieren dinero y oropel asiático en charcas menores a intentar la singladura del gran océano. ¡Como si en el Madrid fuesen a cobrar el salario mínimo interprofesional! Mbappé parecía diferente por su cara de niño grande y por todas las fotos que hemos visto de su cuarto empapelado con pósters de Cristiano, pero en realidad todo esto ha consistido en un tremebundo ejercicio de autoengaño colectivo en el que el madridismo ha soñado como si aún viviese en el año 2002. No obstante hay quien lamenta la distracción que ha supuesto todo esto durante las dos semanas previas al partido más importante de todos, la final de la Copa de Europa. Yo creo que más bien esto ha servido para lo contrario. Si la víspera de la batalla final por el mundo y por la vida es casi un mes de angustia eterna, un día dilatado tres o cuatro semanas en el tiempo, un día sin principio ni final parecido a la espera del preso en la cárcel, el show de Mbappé ha quitado el foco de encima del equipo y nos ha ayudado a pensar en otras cosas. Sobre todo, su sucio desenlace puede que incluso enrabiete a los jugadores del Madrid, que le ofrezca a toda la institución un motivo más de estímulo, añadido al papel de outsider que todo Dios ha convenido en otorgarle en esta final al equipo que ha ganado cuatro de las últimas diez Copas de Europa, al que ha disputado ocho semifinales en la última década.

Real Madrid a por la 14

Mbappé ha aceptado un trillón de petrodólares. A cambio de este dinero manchado de la sangre de los esclavos pakistaníes, hindúes, ceilaneses y bangladesíes que han levantado esas Nínives de oro y plástico en el golfo pérsico, dinero corrupto de una teocracia fuera del mundo, ha renunciado a cosas que todo ese dinero no va a poder pagar. El sábado verá la final desde su sofá de oro. La final, que se juega en su casa, albergará el duelo entre dos equipos que ya escribían su nombre con letras de oro en la historia del fútbol cuando su PSG no era todavía ni un pensamiento. Sobre el césped del estadio que encumbró a Zidane, donde hasta Anelka conquistó su trocito de posteridad con el Madrid, Mbappé no estará nunca. Como a Pelé cuando quiso ficharlo Bernabéu para juntarlo con Di Stéfano, dos Estados hermanados por el dinero y la conveniencia le han puesto unas cadenas que no ha querido quitarse. El Madrid ha sido construido toda la vida por hombres libres. Mbappé no ha demostrado serlo.

En el universo que han creado Ceferin, Nasser y toda la cohorte putrefacta que parasita las instituciones reguladoras del deporte, el dios de la nueva generación tenía que ser por fuerza un tirano caprichoso, un personaje maligno de videojuego

Cuando el Madrid fulminó a su equipo en diez minutos jupiterinos llegué a pensar que cualquier duda que tuviera Mbappé sobre su futuro había sido barrida por aquel viento huracanado que limpió el mundo de la ponzoña azul petróleo que él llevaba puesta. No sólo no entendió nada sino que se ha afianzado en su decisión de convertirse en el símbolo máximo de la prostitución del juego. La única manera de erigirse en el tótem de esta concepción podrida del fútbol, basada en la hipocresía impúdica más total, no podía ser otra que traicionando la palabra dada y engañando a todo el mundo. En el universo que han creado Ceferin, Nasser y toda la cohorte putrefacta que parasita las instituciones reguladoras del deporte, el dios de la nueva generación tenía que ser por fuerza un tirano caprichoso, un personaje maligno de videojuego.

Benzema remontada PSG

Mbappé ha renunciado a ser todo lo que hoy es Karim Benzema. A todo lo que tiene Karim Benzema, quien el sábado saltará al Stade de France con el brazalete de capitán del Real Madrid Club de Fútbol. A cambio de un trillón de petrodólares, Kilian Mbappé ha renunciado a que su techo personal como futbolista sea tan alto como el cielo. ¿Qué tipo de futbolistas serían hoy Benzema o Luka Modric si nunca hubieran jugado en el Madrid? Hay determinados tipos de talento que necesitan, para desarrollarse, el riesgo, el estímulo y el atrevimiento que sólo puede ofrecer el Real. Hay un talento, el que parece que tiene Mbappé, que tiene que ser probado y purificado con el fuego, que ha de ser testado bajo la atenta mirada del abismo. En el Madrid, la necesidad de aspirar a la grandeza es parte de la rutina diaria. Eso sólo lo soportan los más fuertes. Mbappé ha renunciado a ser Zidane a cambio de ser una estrella más de la NBA. A cambio, ítem más, de ser el estandarte de la enebeización del fútbol, de su uso estratégico por parte de las teocracias islámicas, que han entrado hasta la cocina de Occidente comprándolo todo. Todo lo que le han vendido, naturalmente, porque no hay que olvidar la connivencia infame de Occidente en todo este asunto. Tampoco hay que olvidar que el mismo Real Madrid lleva a Fly Emirates en su camiseta.

A cambio de un trillón de petrodólares, Kilian Mbappé ha renunciado a que su techo personal como futbolista sea tan alto como el cielo. ¿Qué tipo de futbolistas serían hoy Benzema o Luka Modric si nunca hubieran jugado en el Madrid?

Dicen que Macron le ha prometido hasta ser el abanderado de Francia en los Juegos Olímpicos de París. El dislate ha sido total. Se han concentrado todas las fuerzas vivas de la plutocracia burocrática que desgobierna Europa ahora mismo y se han enroscado en el pescuezo del Madrid como si fueran las cabezas de la hidra. Han intervenido todos: las autoridades de la República francesa, que tiene vendida su alma desde hace tiempo al oro negro arábigo y que maneja de facto la voluntad de eso que se entiende hoy por Unión Europea. O sea, que el Madrid ha tenido delante a la nación más poderosa de Europa, a la intriga parisina y a una UEFA corrompida hasta la médula. Mbappé se ha dejado convertir en un pelele político. A cambio de un trillón de petrodólares se ha dejado levantar como el gran becerro de oro de la colusión franco-qatarí, que es el eje por el que pasan todas las líneas que mueven hoy el mundo, desde San Petersburgo hasta Londres, Dubai y Pekín. Mbappé ha elegido ser todo lo que cayó liquidado estrepitosamente por aquel rugido del Madrid en marzo: el equipo de los que no tienen equipo, el equipo de los que ya no siguen el fútbol, el equipo de la generación skills a quienes el fútbol les da lo mismo porque ellos son de nombres, no de clubes, de métricas inventadas por el FIFA, de las luces que brillan hasta cegar en el escaparate del esquizofrénico zoco que es ahora el negocio. Ha elegido ser el ídolo de los chándales que pueblan la geografía urbana en todas las metrópolis europeas, chándales, mochilas, gorras y camisetas que proclaman con estridencia cromática la hibridación absurda a la que están forzando al fútbol y al baloncesto. Mbappé ha elegido ser el ídolo de un mundo chabacano y tiktokero que no digiere nada que no sea instantáneo, un mundo sin paciencia para ver un partido entero, un mundo desarraigado que no recuerda quién es. Lo de estos últimos días ha sido un verdadero despelote, hasta en el sentido textual de la palabra. Las expansiones de zafiedad de su familia en las redes sociales representan todo lo que el Madrid, en París, luchará por abatir, pues la mera existencia del Real y su trayectoria hacia esta final son la refutación del estado de cosas a que han conducido al fútbol.

Macron Mbappé

Mbappé ha renunciado a unirse a la rebelión del Madrid contra la postmodernidad. En su lugar va a encabezar esa postmodernidad. Ya ha encendido el pebetero de esa cosa aberrante en la que priman más las celebraciones estúpidas y las stats de pacotilla por encima de la esencia natural del juego, que es buscar la victoria por encima de todas las cosas. El mundo de Mbappé es un mundo al que yo no quiero pertenecer, un mundo desconectado de la tradición. Esa rebelión madridista no está exenta de críticas ni puede estarlo: la administración deportiva de Florentino ha parecido errática muchas veces a lo largo del último lustro y sus claroscuros han condicionado la respuesta del equipo al reto de superar la segunda mejor época de su historia. Pero con el gasto neto más bajo de la élite en esos cinco años, ha acumulado dos Ligas, dos semifinales de la Copa de Europa, un título y otra final. La presencia del Madrid en el Stade de France el sábado es un milagro, quizá el canto del cisne de todo lo que está siendo arrollado por el dopaje financiero de todos los clubes que se están aprovechando de ser utilizados para blanquear intereses geopolíticos bastardos a través del fabuloso escaparate del fútbol. La rebelión madridista contra el Leviatán insuperable del oro sucio es la rebelión de la virtud, del orgullo y del trabajo, valores todos ellos pasados de moda pero que el sábado a las 9 de la noche volverán a ponerse en pie ante el equipo del holding americano que viste de rojo y se dice del pueblo. Una vez más. Sin Mbappé, como en los últimos 120 años.

 

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Dicen que no se puede estar en misa y repicando, pero Benzema ha obrado esta temporada el milagro de la bilocación. En fútbol, normalmente hay jugadores encargados de crear el juego y jugadores especializados en marcar los goles, pero Benzema ha decidido hacer las dos cosas a la vez. Solo le ha faltado aquello de botar un córner y rematarlo él mismo, pero todo se andará. Recién concluida la Liga, ya es oficialmente Pichichi de la Primera División con 27 goles.

Es extraño que Benzema haya ganado el trofeo Pichichi, porque según muchos expertos Benzema no tenía gol. Pero más extraño aún es que sea el segundo máximo goleador histórico del Real Madrid —empatado con Raúl—. Y afirmo que es todavía más raro porque también es común escuchar que bueno, que sí, que Benzema marca goles, pero solo desde que se fue Cristiano, y es bastante misterioso que en este breve espacio de tiempo haya logrado erigirse como segundo máximo anotador de la historia del Madrid. Algo insólito. Con la cantidad de futbolistas que han vestido la camiseta blanca y que precisamente Benzema sea el segundo, uno que solo lleva siendo bueno cuatro años. De no creer, oigan. ¿A ver si lo de Benzema va a venir de antes? Nada, no, imposible, desechen esta locura, en qué estaría pensando.

Benzema Atlético gol

Ha tenido que ser un lionés, Benzema, quien suceda a un Lionel, Messi, como vencedor del Pichichi. El argentino llevaba ganándolo cinco temporadas seguidas —récord— y, por lo que sea, al marcharse a una liga inferior como la francesa ha pasado de anotar 30 a marcar 6, pero ha chutado en numerosas ocasiones al palo, ha dado muchas preasistencias de gol y cedió su lugar en el autobús a varias personas mayores un jueves que llovía mucho. Logros de peso sin duda en el último Balón de Oro que ganó, el cual contabilizó media temporada suya en el P$G. La edad tampoco parece ser la explicación para el bajón de rendimiento de Messi, porque Benzema nació el mismo año que él. Y Modric dos años antes.

Con la cantidad de futbolistas que han vestido la camiseta blanca y que precisamente Benzema sea el segundo máximo goleador histórico, uno que solo lleva siendo bueno desde que se fue Cristiano. Insólito

Pero Benzema no solo ha sido Pichichi, que no deja de ser un trofeo doméstico que afecta a la Liga española, también ha destruido a goles en Champions a los tres clubes del dinero ilimitado: P$G, Chelsea y City, in that order. Ha marcado 15 goles en 11 partidos. Y queda la final contra el Liverpool.

Y la pregunta es: ¿tanto el juego —mejor futbolista del año— como el número de goles de Benzema serán suficientes para ganar el próximo Balón de Oro? A bote pronto, mi respuesta es no. Y el motivo es porque el Balón es de Oro, y el principal objeto del oro es comprarse y venderse. Albergo pocas esperanzas de que Karim lo gane, aunque si de mí dependiera se lo daría, por supuesto. También es cierto que los galardones individuales subjetivos en fútbol me parecen un memez, pero eso es un tema que carece de importancia por completo.

Tal y como está el fútbol ahora, si el Liverpool gana la Champions, el Balón de Oro se lo darán al que marque en la final. Y si no anota nadie, a Kenny Dalglish. O a Ringo Starr. Según les dé. Si como queremos la gente de bien el Madrid gana la Champions, el vencedor del Balón de Oro lo elegirán por sorteo entre uno de los profesionales de la terna formada por Mbappé, Messi y Achraf Hakimi. Pero esto son especulaciones, hoy toca felicitar por su trofeo Pichichi a Benzema, el jugador del Real Madrid número 14 en ganarlo. 14, ¿de qué me suena ese número?

 

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Basta de pucheros. Si cae la 14 invitaría a Kylian a Cibeles

Es difícil sustraerse a todo esto y pensar que la final está ahí. Puede que no se hable de ella hasta media hora antes. Miau. Ahora el asunto estrella es que cómo fue posible que el Madrid no le arrancara a Mbappé una penalización ‘por si’.  Que si lo hizo cuando Figo, que si a Benzema lo fue a buscar a su casa, allá en Lyon…

Me gustaría que el club se explicara y supiéramos cómo se manejan ahora estas cosas. Pura curiosidad. Porque ni el Madrid lo dirigen giliflautas ni esto tiene que ver con aquello. Mbappé no es Figo —peleabas contra un club de fútbol— ni el joven Benzema, que entraba de puntillas en la élite. Él ha sido y es el jequismo, Francia y la UEFA. Juntos. Demasiado.

Aquí hay dos opciones. Una, la cláusula existe y no se puede dar a conocer. Confidencialidad y tal. Otra que el jugador se negó a firmar condición alguna. ¿Debió entonces el Madrid ponerle una fecha a su propuesta? Día X, firmas o entendemos que no te interesa. Tú no firmas, yo te pongo plazo. Si así fue, ¿por qué no lo hizo? ¿Lo dio por hecho y erró? ¿Pecó de inocente? ¿No había más remedio que correr ese riesgo? No sé. Si el Madrid calla igual es que cobra… Ni idea.

Eso sí, siempre pensé que el enemigo era tremendo y que hasta que no le viera en la presentación no estaría seguro. Jesús Bengoechea fue más contundente y escribió que lo normal era que no viniera. Bingo. El Madrid pensaba otra cosa… Pero es lunes y esto me suena muy ruidoso, pero viejo. Me gustaría saber, claro. Pero estamos en semana nueva que acaba con el Madrid en la final de la Copa de Europa. Casualmente.

Estas decepciones tienen su duelo, pero hasta aquí. Lunes de Champions. De París me interesa ya su Stade de France, no el PSG, la influencia de Ceferin, Macron y tal

Basta de pucheros pues. Estas decepciones tienen su duelo, pero hasta aquí. Lunes de Champions. De París me interesa ya su Stade de France, no el PSG, la influencia de Ceferin, Macron y tal. La familia del muchacho, la abogada… Los poderosísimos enemigos del Madrid, aumentados por la idea de la Superliga. Es lícito sospechar que atacarán más.

El Madrid, ante otra finalísima. Vamos. El sueño de todos que sólo él ve realizado cada dos por tres. La final, el Madrid y otro. Y hasta parece capaz de ganarla. Lo cual sería tremendo. Un equipo que juega tan mal ya ganó Liga y Supercopa y pretende seguir ganando. Bueno… Y sí, ha dicho Mbappé que será su primer hincha el sábado. Bien. Si cae la 14 le invitaría a Cibeles. Mira, chato: es esto. Estoy seguro de que vendría acompañado de su fiel Achraf, magnífico cicerone. ¿A que sería bonito? Bueno. Primero se lo consultaría a Benzema, no fuera a soltarle un guantazo. Pero como idea…

Enhorabuena, pero esperen dos partidos más

Total, que aquí hay dos realidades. Una, local: el disgusto del madridismo con sombras que deberían aclararse. Y otra global: los clubes dopados en dinero con el OK de la UEFA son los amos. Porque otra cosa les digo: de haber mediado cláusula la habrían pagado sin pestañear. El Madrid tendría ese consuelo, que no sería pequeño, pero a ellos nada les detiene.

Pasan un solo control y porque no tienen más remedio: el antidopaje. El control de los modales y sus consecuencias si los pierde tampoco va con ellos. Recordarán el final de la eliminatoria de octavos, en el Bernabéu, con los tales Al Khelaifi y Leonardo enfurecidos camino del vestuario del árbitro amenazando a empleados del Madrid y de la UEFA, golpeando puertas y paredes. Un escándalo.

Los clubes dopados en dinero con el OK de la UEFA son los amos. Pasan un solo control y porque no tienen más remedio: el antidopaje

¿Saben algo de eso? Debe pasar como con el insultador de Vinicius en Barcelona: la UEFA, como la policía catalana, sigue investigando. Poderosísimos insaciables protegidos por el gran poder. La experiencia ha enseñado al fútbol mundial que se planta o será lo que los ‘dopadores’ les permitan que sea. No más.

La final, oigan.  Pendientes de Alaba.  Lo demás está claro de no mediar percance, también en el rival que tiene su duda en Thiago que se retiró del último partido allá en la Premier, lamentablemente. Ojalá jueguen todos y a ver si gana el Madrid. Tras PSG, Chelsea y City, el Liverpool. En el camino blanco sólo ha faltado el Bayern y porque hay tres eliminatorias nada más antes de la final.

Mbappé derrotado Bernabéu

Eso es el Madrid. Mbappé pudo catarlo a favor y no quiso. La foto de arriba, lapidaria. El Madrid festejando. Él, mirando. Le llamó el Madrid y prefirió amarrar el contrato de la historia. Cuentan que con 26 años será libre y tendrá mucho tiempo por delante para seguir su carrera. Si se lo permiten, claro. Es fácil que no se dé cuenta, pero es un preso del petróleo y sus cosas. De París no saldrá mientras les siga pareciendo útil. Ha sido su elección. Mucha suerte.

¿Y? Pido ya a las bolas del sorteo un guiño, un favor: PSG-Real Madrid otra vez en octavos. Porfa.

 

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Sirvan como frases introductorias y aclaratorias las siguientes: Mbappé es a día de hoy, libra por libra, el mejor jugador del mundo y con su edad tiene potencial para seguir siéndolo durante muchos años. Y ya se sabe que en el Real Madrid deben jugar los mejores del mundo, siendo además en el caso del francés un jugador que le daría otro nivel en marketing e imagen de marca, como hicieron años atrás jugadores como Cristiano o Zidane.

Dicho lo anterior, el no fichaje de Mbappé ha evitado consecuencias muy perjudiciales para el club. Con su incorporación se habrían quebrado tres pilares actuales del Real Madrid:

el no fichaje de Mbappé ha evitado consecuencias muy perjudiciales para el club. Con su incorporación se habrían quebrado tres pilares actuales del Real Madrid

Uno, la política salarial y el ecosistema económico que lleva construyendo Florentino Pérez durante años. El rechazo de Neymar en su día respondió a este criterio de evitar fichajes que supongan un desequilibrio en la escala salarial, con una diferencia excesivamente grande entre lo pagado y el posible retorno.

La negociación con Mbappé, además de romper cualquier techo salarial, implicaba una cesión inédita en los derechos de imagen. Y la prima de fichaje filtrada de alrededor de 120 millones se sumaba a un salario que hacían de Mbappé el mejor pagado del mundo, con una enorme diferencia sobre el segundo. Se le daba al francés casi lo mismo que le dio el Barcelona a Messi cuando le renovó, entregándole de alguna manera las llaves del club. Y ya se sabe que ningún jugador debe estar por encima del club. Ni Cristiano Ronaldo antes, ni Ramos después, ni tampoco Mbappé ahora.

Mbappé y Militao

Pero la exigencia propia de ficharle y la exigencia ajena impuesta por la afición provocó que de alguna manera el Real Madrid y Florentino Pérez se saltasen muchas de sus líneas rojas.

El segundo pilar del club es una convivencia futbolística entre veteranos y noveles como pocas veces se ha visto antes. Un ambiente espectacular, con jugadores con pocas ínfulas, muy conocedores del club en el que están. Jugadores a los que les importa el club y lo respetan.

Vemos cada día ejemplos, con Modric renovando año a año, la actitud de los jóvenes brasileños, el compromiso de Valverde, el liderazgo silencioso de Benzema, etc. Los jugadores actuales se sienten parte de un todo mucho más importante que cada uno de ellos. A ello han ayudado las victorias épicas, pero seguramente también la salida de jugadores como Cristiano Ronaldo o Sergio Ramos, líderes totales, excesivamente individualistas, que ejercían un liderazgo menos colectivo.

Ya se sabe que ningún jugador debe estar por encima del club. Ni Cristiano Ronaldo antes, ni Ramos después, ni tampoco Mbappé ahora

Mbappé ha demostrado tener un entorno altamente tóxico, muy diferente al de la mayoría de los jugadores del Real Madrid. Más parecido a la realidad del PSG con jugadores como Neymar o Messi, torciendo el brazo de su club, que a la del Real Madrid, con jugadores como Marcelo o Casemiro, que jamás han alzado la voz.

El tercer pilar actual es la apuesta por dos jóvenes brasileños que ya llevan varios años en el club y que tienen en común varias cosas: llegaron muy jóvenes al club, jugaron en el Castilla y ya son determinantes para el primer equipo. Vinicius y Rodrygo iban a ver como la llegada de Mbappé frenaba su progreso.

Uno por ser trasladado a la otra banda y el otro por perder minutos de calidad.  Sin el francés el club puede apostar perfectamente por dos jugadores que han demostrado esta temporada que tienen calidad y personalidad suficiente para ser titulares en este equipo. Es indudable que a día de hoy Mbappé es mucho más determinante que ambos, pero quién sabe si, con muchos más minutos y confianza, no pueden alcanzar un techo si no igual, al menos no tan lejano.

Las notas del Real Madrid, 3 - Manchester City, 1

En definitiva, probablemente este fracaso, que lo es, puesto que un fracaso es no lograr tu objetivo, y el del Real Madrid era fichar a Mbappé, puede servir para haber mantenido una estructura salarial y deportiva sana.

Podemos decir que hemos esquivado una bala de plata, envenenada, además, por la necesidad del club desde hace años de reemplazar la figura mundial de Cristiano Ronaldo y de seguir apuntalando un proyecto para el próximo lustro. Con Mbappé ha sucedido lo que sucedió con Neymar, y aquello se demostró, a la vista de sucesos posteriores, como un acierto.

Y si entonces el presidente fue capaz de renunciar a ese fichaje, con idénticas circunstancias se debería haber renunciado a este. El club estaba dispuesto a sacrificar posiblemente más que el propio jugador. Algo que no ha sucedido en casos anteriores, conocidos casos de éxito, con jugadores como Modric, Cristiano Ronaldo o Zidane. Todos ellos querían llegar al Real Madrid tanto o más que las ganas del club por su incorporación. Y eso no parece haberse dado ahora.

Mbappé ha demostrado tener un entorno altamente tóxico, muy diferente al de la mayoría de los jugadores del Real Madrid

Por primera vez, el club supeditaba su política a un jugador (de hecho, ha supeditado toda su política deportiva en los últimos años) y eso se acaba pagando. Ahí tenemos el caso de Messi y las consecuencias nefastas para el F. C. Barcelona.

En definitiva, posiblemente nos hayamos librado de un fichaje perjudicial, un jugador más parecido a Neymar que a Cristiano Ronaldo. En el corto plazo puede parecer un golpe letal para el club, como fue la no llegada de Neymar. Pero en el medio y largo plazo, y en función de cómo se gestionen los jugadores actuales y cómo sean los futuros fichajes para reforzar al equipo, será beneficioso.

El tiempo, como todo, dará o quitará razones, pero ahora toca enfocarse en los activos actuales del club y en la próxima final. Y no olvidar que nadie está por encima del Real Madrid. Nunca y en ningún caso. Y por eso tenemos 13 copas de Europa, y quién sabe si 14 en pocos días.

 

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Buenos días. Imaginadlo con nosotros por un momento. Empieza la temporada y nadie da un euro por ti. En la fase de grupos, una derrota en casa ante un equipo desconocido con nombre del Far West activa las alarmas. Pones a Transnitria en el mapa antes de que lo haga Putin y sin embargo no solo nadie te lo agradece, sino que el suelo se abre a tus pies. Luego se ve que la deshonra solo tiene forma de anécdota porque pasas la fase de grupos sin el menor problema. “Yo estuve contra el Sheriff” se convierte en leyenda obligada para camisetas en caso de victoria final.

La fase de eliminatorias comienza con un sorteo no menos inolvidable. Los niños de San Ceferino cantan mal dos bolas y, sin comerlo ni beberlo, dan marcha atrás en tu buena estrella, que te emparentaba con el asequible Benfica, para emparejarte con el favorito del régimen, el PSG, el epítome del petrodólar que campa por sus respetos. Te los cargas sin necesidad de jugar bien más que en un arrebato de benzemismo y huevos, valga la redundancia.

Después te toca el vigente campeón, el Chelsea, de quien das cuenta en un partido histórico en Stamford Bridge, con un nuevo hat trick de Benzema. En la vuelta se concentran en tu corazón todos los infartos londinenses de la historia, y te ves obligado a abortar un intento de remontada del Chelsea, ese descomunal equipo, con el exterior de Modric y la irrupción de Rodrygo.

En el penúltimo asalto, la alquimia del Bernabéu se emplea esta vez frente al City, el otro paradigma del balompié de los clubes estado, y con Guardiola al frente. Otra vez con Rodrygo como improbable y exultante protagonista, logras el empate primero y en la prórroga el triunfo en el mejor partido que se ha visto en el Bernabéu (literalmente) según el socio con carnet número 5 del club.

Estás en la Final, pero una semana antes salta la noticia perturbadora. El objeto de tus deseos, cuyo fichaje ya dabas por descontado, anuncia su traición en forma de nuevo contrato con el PSG, equipo que incapaz de ganar en el campo se tiene que conformar con imponer la ley del (financieramente) más fuerte en los fichajes. La decepción cala hondo, y la ira se acrecienta cuando el interesado se explica y, en una mezcla de suficiencia y falta de fuste, declara que a pesar de todo te apoyará en la Final.

Portada Marca

Todo es de película, amigos. Todo es una película que hay que hacer que acabe bien para mayor gloria de la historia del cine. Porque sí, esta Champions puede ser la más bonita de todas. La historia de la Final de Amsterdam o de Lisboa no tiene parangón. Ninguna de esas dos Finales tiene ni tendrá rival. Sin embargo, como trayectoria, ninguna como esta. Es un relato de aventuras tan memorable que se impone el engalanarlo con el oropel definitivo. Karim, Vini y todos los demás están listos.

Portada As

Sí, amigos: esta Champions puede ser la más bonita.

No sabemos si querréis ver las otras portadas, pero ahí van por si acaso.

Pasad un buen día.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Una derrota dolorosa no debe cegar nuestro entendimiento, por más que las ilusiones generadas por los hechos previos pesen en nuestro ánimo. Las finales siempre son inciertas, y los nuestros jugaron esta con ímpetu y generosidad en cada momento, con un planteamiento defensivo que anuló al equipo más anotador de Europa.

Por desgracia, la atmósfera del encuentro se densificó desde los primeros minutos, sin que los jugadores pudieran desprenderse de la tenaza que se presenta en estas ocasiones para oprimir el sistema nervioso. Sin tiradores puros, esta circunstancia jugó en nuestra contra, pues nunca se centró el pulso para lanzar de tres puntos, a pesar de las situaciones francas conquistadas.

Real Madrid Final Four Efes

Nos costó buscar soluciones alternativas. Mayor fluidez en el movimiento de balón, algún balón interior y ejecuciones más precisas de las jugadas de ataque hubieran abierto alguna opción nueva para una anotación corta en exceso. En el caso del rival, por nuestra gran defensa; y, en el caso propio, por errores achacables a nuestra falta de pericia.

No obstante, he de añadir que siempre es incomparablemente más fácil observarlo desde la barrera que en la propia pista, donde las pulsaciones se disparan, los focos de interés se multiplican y el rival juega para impedirte hacer lo que pretendes. Máxime, cuando el plan va funcionando aun con las carencias señaladas. Hay que tener mucho valor para cambiarlo en una final si el viento sopla a favor.

Un podio de mucho valor por más que hoy nos duela. Nuestro equipo está en transición. El Barça y el Efes están en su esplendor, así que tenemos una plata con mucho margen de mejora

Otro hecho fundamental marcó el devenir del encuentro. El jugador más aproximado a un base puro, el director que convoca las jugadas precisas y genera ventajas para los demás, se lesionó hace meses: Alocén. Por otro lado, el más parecido en cuanto a prestaciones no era otro que Williams-Goss, el último contratiempo de un equipo que ha sufrido muchos este año, lesionado al comienzo de la semifinal contra el Barça.

Cierto es que el equipo desaprovechó situaciones francas, arriesgó sin motivos, no adquirió un ritmo ofensivo y hasta cometió errores groseros en determinados momentos. Tanto, como que batimos al favorito en la semifinal, superamos las expectativas, compensamos los déficits comentados y perseguimos la victoria con fe, con entrega, con corazón, con bravura. Hace un mes nadie apostaba por ellos. Este fin de semana se han comportado con la dignidad propia del club, amén de haber conseguido clasificarse para la final, una medalla de plata en cualquier competición olímpica, europeos y mundiales de selecciones nacionales de este y otros deportes. Un podio de mucho valor por más que hoy nos duela. Nuestro equipo está en transición. El Barça y el Efes están en su esplendor, así que tenemos una plata con mucho margen de mejora. Dejemos ya el cabreo y las lamentaciones a un lado y sonriamos. En el deporte no se gana siempre. Ni siquiera el Real Madrid.

 

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Voy a cometer un ‘sacrilegio’ periodístico en este artículo y lo pregono desde estas primeras líneas: tratar de meterme en la mente de nuestro presidente (¡Dios me perdone!), sabiendo que es un ejercicio imposible de acometer sin temor a un gran batacazo, porque bien conocida es su ingente capacidad como ingeniero, como empresario, como político y como negociador experto durante decenios. Y como este plumilla no llega a tanto, empiezo por pedir al lector su indulgencia y su acercamiento a esta pieza desde un simple deseo de empatía y desde una mera intención de comprender en estos momentos su estado de ánimo. No olvidemos que la constatación de la renovación de Mbappé por el PSG le llegó en Belgrado, unas horas antes de que el Real Madrid perdiera la Final Four de la canasta, por tan solo un puñetero punto. Para él, sin duda, un ‘sábado negro’.

Por supuesto, Florentino tenía indicios fundados de que Mbappé podría dar, a última hora, un giro copernicano a su deseo de jugar en el equipo de sus sueños. Por eso, cuando el presidente recibió el mensaje de whatsapp del chaval encajó el golpe que le daban, por razones distintas, su ambiciosa madre y el resentido presidente del Club, Al Kelaifi, que le odia profundamente y se la tiene jurada. Porque nuestro Presidente sabe -y siente- que, personificado en el fichaje de Mbappé, este era un ‘combate superior’ que se juega en el seno de la UEFA, con la Superliga de telón de fondo, y con el deseo de propinar un golpe definitivo al Real Madrid y a su presidente por la insolencia de no aceptar que el futuro de la industria del fútbol pertenecerá muy pronto a los dueños de los petrodólares y demás magnates. Por eso, y porque esta guerra aún nadie la ha ganado, Florentino no solo tiene que estar cabreado por haber perdido la batalla, sino también un punto preocupado por el incierto final del conflicto.

me siento aliviado y reconfortado porque el bueno de Mbappé se quede en su casita de París, arropado por su mamá. nosotros estuvimos a punto de cruzar unas líneas rojas y, afortunadamente, ese riesgo se ha pinchado como un globo con el ‘no’ del astro francés

Ahora mismo, y aunque nunca llegue a confesarlo públicamente, estará haciendo examen de conciencia sobre lo que ha pasado en la negociación, lo que se ha hecho mal, los errores que nunca se debieron haber cometido… y lo positivo (sí, también lo positivo) de que el chico no se vista finalmente de blanco, pues como empresario que es sabe perfectamente que toda crisis (y esta lo es para el Club, ¡qué duda cabe!) viene preñada de oportunidades.

El primero de los errores ha sido el de romper uno de los mandamientos de sus propias ‘Tablas de la Ley’: haber pasado por alto que ‘El Real Madrid está por encima de cualquier jugador’. Hablando con muchos aficionados y viendo el ambiente que se respiraba en la grada del estadio durante el partido del viernes contra el Betis (algunos dijeron literalmente que “Mbappé se ha convertido en una obsesión para el Presi”), me atrevo a asegurar que muchos madridistas sienten que el presidente había ido concediendo deseos y prebendas a los negociadores de Mbappé como nunca antes había hecho con ningún otro jugador: una prima de fichaje desorbitada, derechos de imagen cedidos al 100%, su incompatibilidad con otros aspirantes al Balón de Oro (léase Haaland)… por no hablar de su estratosférico salario, claramente discriminatorio con el de los otros jugadores de la plantilla que este año han ganado la Liga y están a un paso de ganar la Champions. Se ha publicado que los jugadores del primer equipo estaban ya hasta el gorro de Mbappé y su culebrón del decenio (no del verano); que no veían con buenos ojos la llegada de una estrella rutilante (¡y mira que están acostumbrados!) que pedía a gritos un proyecto a la medida de sus intereses y caprichos; que exigía que todos jugaran para él y que nadie le hiciera sombra, cuando en el Real Madrid -bien lo sabemos- eso parece imposible.

Mbappé con el PSG

En una de sus últimas comparecencias ante la prensa, Ancelotti destacó que una de las claves de la buena temporada del equipo -con la Liga prematura y en la antesala de la décimo cuarta- es la buena armonía del vestuario, incluidos los futbolistas que no juegan habitualmente (con las pocas excepciones que imaginamos). Desde luego, y el Presi debería verlo en esos términos, la llegada de Mbappé hubiera roto esa armonía y nadie sabe cómo hubiera acabado la cosa. Lo veremos con el PSG que, en mi modesta opinión, ha cometido el error tremendo de dar a su jugador franquicia la potestad de decidir sobre su entrenador, sobre su director deportivo, sobre la política de fichajes… ¿Se imaginan a Zidane sintiendo que es el entrenador del PSG porque le ha elegido/nombrado uno de sus jugadores? ¿No parece eso una aberración que cambia las esencias, creencias y valores de este deporte que por ahora seguimos llamando fútbol?

Como algunas otras aberraciones que estamos presenciando estos meses en los procesos de fichajes y que me parecen inquietantes. Por ejemplo, los jugadores ya no quieren renovar con sus clubes, cuando están a punto de expirar sus contratos, y prefieren convertirse en agentes libres. De ese modo ponen en riesgo su orgullo de pertenencia y pueden negociar pingües primas de fichaje, que en el caso paradigmáticamente grotesco del PSG supone que el club le pague 180 millones de euros tan solo por volver a contratarle. El Real hizo una oferta el verano pasado, por ese mismo monto, para contratar a Mbappé y este año, al parecer, había claudicado ya y estaba dispuesto a pagarle una cantidad casi tan alta como prima de fichaje. El proceso inflacionista parece que no tiene límites y, como alguien no le ponga coto, la industria del fútbol acabará estando, más bien pronto que tarde, en manos de quienes sacan el dinero de los pozos petrolíferos, de las burbujas tecnológicas o de los fondos soberanos. Una amenaza, sin duda, para clubes como el Real Madrid, por muy bien gestionados que estén, por su historia y su grandeza. La pelea es injusta, por desigual, y no se podrá ganar, salvo milagro.

Otra de las aberraciones la vivimos hace unos meses cuando Mino Raiola (que en paz descanse) hizo un road show por Italia, Reino Unido, Francia y España para poner en subasta a su pupilo Haaland, que finalmente ha firmado por el City. ¿Es esa una manera de negociar futbolistas, sin darle importancia a sus deseos de jugar en su equipo deseado y demás intangibles? Cuando Rüdiger se estrene con nuestro equipo, este verano, confío en que no nos venga con la cantinela de que “desde niño, mi sueño era jugar en el Real Madrid”. Porque eso ya nos había pasado con Mbappé y sabemos ciertamente en qué ha terminado; y además porque el jugador, mientras se despedía del Chelsea, recordaba a la parroquia que “negocios son negocios”. No sé cuánto tiempo tardará el madridismo en aceptar que, en su equipo, donde apenas tienen hueco los chavales de la cantera, únicamente juegan -como en cualquier otro equipo- puros mercenarios. La verdad, a mí me va a costar un poquito.

Es cierto que en España vivimos un antimadridismo creciente, y así lo venimos constatando; pero no lo es menos que, en un mundo crecientemente globalizado, nuestro Club también representa los intereses y anhelos de otros muchos clubes y millones de aficionados que no desean verse manejados por jeques que no solo no respetan los derechos humanos, sino que ni siquiera están dispuestos a respetar las normas básicas que han hecho florecer a esta industria

He escuchado al abogado Juan de Dios Crespo, uno de los juristas deportivos más prestigiosos de nuestro país, que todas estas (y otras) aberraciones suceden por una pura cuestión de oferta y demanda. Pero lo cierto es que, a día de hoy, nuestro presidente se ha quedado sin Mbappé ni Haaland, con las dos estrellas jugando en sendos clubes-estado.

Nos anuncia Javier Tebas que LaLiga denunciará ante los tribunales del deporte al PSG por haber realizado este fichaje cuando arroja unas pérdidas millonarias, y a la UEFA por hacer la vista gorda ante semejante incumplimiento del fairplay financiero que ella misma ha impuesto. Pero mi intuición es que LaLiga no hará nada en serio. Tebas amaga porque tiene que hacerlo, desde su posición institucional. Pero no tiene ‘lo que hay que tener’ para jugársela por el Real, pues en el fondo estará disfrutando del bofetón que ha recibido su ‘enemigo’ más íntimo. Y, sin olvidar, que la UEFA tampoco hará nada porque es juez y parte de esta guerra.

Florentino queda tocado, pues le han hecho una negociación paralela (todo lo que te ofrezca el Madrid te lo doy yo, con creces), cuando pasaba por ser el mejor negociador, y parece ser que no se había coscado de ella. Una de las dos mujeres involucradas en el proceso negociador ha actuado más como madre que ejerce de ‘matriarca’. El hijo no ha demostrado la madurez necesaria ni saber respetar su palabra, lo que le hubiera hecho merecedor de todo el esfuerzo realizado por nuestro club. Falta por conocer la posible existencia de una cláusula de indemnización por incumplimiento que, de existir, demostraría que el acuerdo no era meramente verbal y restituiría en buena parte los trozos de prestigio perdidos en este camino de final tan aciago.

Florentino premio Laureus

Después de tan felona traición por parte de Mbappé y a estas alturas del partido (valga el símil), la verdad es que me siento aliviado y reconfortado porque el bueno de Mbappé se quede en su casita de París, arropado por su mamá. Tiene todo el derecho, desde luego. Pero nosotros estuvimos a punto de cruzar unas líneas rojas y, afortunadamente, ese riesgo se ha pinchado como un globo con el ‘no’ del astro francés (creo, sinceramente, que el PSG ha metido una ‘bomba nuclear’ en su casa).

Aquí, en Madrid, todo puede volver a una cierta normalidad si se maneja la situación con la buena cabeza que, sin duda, el presidente tiene y mediante una estrategia de Comunicación adecuada y valiente. Desde luego, todo sería más rápido con la 14ª champions league en las vitrinas de nuestro estadio. Y con el mejor estadio del mundo inaugurado y a pleno rendimiento. Y con una buena y equilibrada plantilla. Y con un saneamiento financiero que muchos quisieran y que van a necesitar. Y ‘fabricando’ en el Club a nuestras estrellas del futuro.

El Real Madrid tiene una oportunidad de demostrar al mundo que es el mejor porque sabe hacer las cosas, porque se lo ha ganado a pulso y porque tiene la clase que a otros clubes les falta. Es cierto que en España vivimos un antimadridismo creciente, y así lo venimos constatando; pero no lo es menos que, en un mundo crecientemente globalizado, nuestro Club también representa los intereses y anhelos de otros muchos clubes y millones de aficionados que no desean verse manejados por jeques que no solo no respetan los derechos humanos, sino que ni siquiera están dispuestos a respetar las normas básicas que han hecho florecer a esta industria.

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