Hola a todos, galernautas. Un día más, venimos a esta sección no tanto a criticar lo que trae a sus portadas la prensa patria, o el enfoque que otorga a lo que trae, sino lo que se deja fuera. La prensa deportiva española, la mejor del mundo como ha dicho alguna vez sin remilgos alguno de sus más eximios representantes, ignora hoy por completo lo que la prensa francesa y británica trae a sus medios con profusión de detalles en relación a los graves incidentes de Saint Denis el día de la Final de Champions.
Nuestro Emilio Dumas, nuestro querido Athos, socio y colaborador de La Galerna, intervino ayer telemáticamente en el senado francés para explicar su versión de los hechos. Emilio es francoespañol, además de socio del Madrid y asistente al evento. Nos satisface enormemente que un madridista de a pie (pero vaya madridista) como Emilio fuese quien contase a sus señorías, en primerísima persona, el grado de descontrol, caos y vejación que sufrieron en los alrededores del estadio parisino (¡e incluso en su interior, donde se produjeron atracos!) tanto los hinchas madridistas como los británicos, injustamente acusados estos últimos del desastre por parte de alguna autoridad francesa.
Tanto la sesión del senado como la intervención del propio Emilio han tenido inmensa repercusión en medios franceses e ingleses, como veréis a continuación.
Lógicamente, la prensa francesa se hace eco por el desastre organizativo perpetrado por la UEFA al alimón con las autoridades galas. La prensa inglesa también se hace eco por haber sido humillados, golpeados y robados allí los seguidores del Liverpool. ¿Echáis de menos a alguien comentando la noticia? ¿No os parece que aquí falta la prensa de un tercer país? Que se sepa, de momento, la inmensa mayoría de los y las madridistas igualmente humillados, golpeados y robados por hordas de jóvenes robados en París son españoles, ¿no? ¿Cuánta atención dedica a esto la prensa española, no decimos ya que en portada, pero dedicando lo que se dice algún espacio (el que sea) a esta fundamental sesión en el senado francés?
Os lo decimos: hasta el momento, absolutamente ninguna.
Una vergüenza absoluta. Shame on you, guys. Este humilde portanalista lo pondría también en francés si hablara la lengua de Moliere. Aquellos de vosotros que la dominen podrán ver la intervención de Emilio en este enlace del canal de YouTube de La Galerna:
Y no será porque estemos en fechas en las que abunden las noticias y no hubiera hueco para esto. Os dejamos con las faenas de aliño que en sus portadas confeccionan los medios escritos españoles. No os quepa duda de que tampoco las radios y televisiones españolas, en sus programaciones de ayer, dedicaron un solo minuto al tema.
Esto es lo que hay.
Pasad un buen día.
El baloncesto es un juego que desborda la pasión, eleva la belleza, educa, forma personas y enamora a gran parte de la Humanidad. Regala instantes inimaginables que, muchas veces, quedan a sangre y fuego en los corazones, en los sueños y en los anhelos. Juntar algo tan maravilloso con ciertos ingredientes supera cualquier paladar.
Eso es lo que ha ocurrido en la Final de la ACB. Se han mezclado muchos de los mejores rasgos del alma que define este deporte y, como resultado, se ha vuelto a demostrar que nada es imposible. Y mucho menos cuando de por medio andan las canastas y el Real Madrid. Desde luego, sin olvidar a un oponente de un planeta cercano: el Barcelona.
Un adversario lleno de talento y buen juego que, al cabo de todo, como a otros muchos, le ha roto los versos un poeta eterno. Con la plantilla más costosa de Europa, preñado de calidad en todos los rincones de la cancha y un entrenador al frente curtido en los aros de medio mundo, después de someter a la tropa de Pablo Laso a un suplicio de victorias consecutivas en los duelos directos durante los peores momentos del curso, el cuadro azulgrana ha capitulado sin paliativos. Cosa del Real Madrid, una especie de caldero atávico del que brota una poción mágica que nadie más conoce.
Al margen de conjuras y embrujamientos es difícil explicar que, literalmente, sin bases, por mor de las lesiones y otros avatares, el Real Madrid, haya despachado al Barca de esta forma en la lucha por el título. No se circunscribe a lo ocurrido en la Final. Abarca un espacio mucho más amplio. Desde fatalidades indeseables como la lesión de Randolph hasta algún desliz disciplinario puntual, el récord de partidos perdidos por cuestiones físicas (277 encuentros de baja en total, récord histórico del club), o asuntos tan serios como los problemas cardíacos que han sacado a Pablo Laso del banquillo en el arreón hacia la meta. Un sinfín de cornalones de doble trayectoria para cualquier equipo.
El Barcelona, un adversario lleno de talento y buen juego que, al cabo de todo, como a otros muchos, le ha roto los versos un poeta eterno. Cosa del Real Madrid, una especie de caldero atávico del que brota una poción mágica que nadie más conoce
Y, en ese punto, es cuando surge lo que hace del Real Madrid un ser mitológico. Ocurre en el fútbol, pero también en el baloncesto. La Liga de Campeones conquistada tras dejar en la cuneta a los mejores de la Premier y al PSG corre de la mano de lo que Laso y su gente han conseguido. Solo un punto separó a los blancos de la Euroliga, agria decepción en tiempos también adversos dentro de la gresca liguera nacional. Partieron con desventaja de campo en el asalto al trono contra el Barcelona, cayó Randolph (cuya camiseta colgó del aro nada más levantar la copa de la 36 Liga), Chus Mateo, IMPRESIONANTE, ocupó el timón y, después de un revés tras otro, la conclusión se ha repetido: campeón el Real Madrid.
Un título al menos por año desde que Laso llegó a la banda, 33 finales de las 44 a las que podían llegar. Y, sin olvidar, desde luego, que el baloncesto blanco no funciona por arte de birlibirloque. En la cancha brilla lo que se ve; por detrás lo que nadie suele pensar. Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros no hacen ruido ni en la ducha. Trabajan y trabajan. Por encima, el club les respalda sin más preguntas de las necesarias. Cumplen su obligación con sobresaliente.
Luego bajas a la cancha y se hace de noche cuando Edy Tavares, el caboverdiano MVP, despliega sus inabarcables 2,34 metros de envergadura y se pone a imitar al inolvidable Sabonis. Y entre tanto, el Barcelona, un equipo de lujo, diluyéndose en el caldo de cultivo que empezó a hervir en las semifinales de la Euroliga en Belgrado. Hundido el perímetro en el choque de trenes contra los blancos y desbordado, absolutamente desbordado, por dentro, en especial debajo de su propio aro, campo de vuelo de los interiores madridistas.
Los datos estadísticos están disponibles para quien quiera consultarlos. Lo inescrutable es la cuestión que subyace en el fondo: de dónde surge el espíritu que hace campeones a quienes visten camisetas blancas, ya sea en fútbol o en baloncesto. Nunca es bastante. Ganar es obligado. El que pisa esa casa se convierte en un ser insaciable de victorias, atribulado en la derrota, escrutado por todo y por todos cada segundo del día, educado en unos códigos que desatan la admiración de cualquiera que ame el Deporte.
Buenos días, el solsticio de verano ha tenido lugar hoy en el hemisferio norte a las 9:14 UTC y ha sido niña. Sí, a pesar de que en las últimas ecografías (o coreografías, como las llamaba Antonio Carmona) del Meteosat las imágenes hacían sospechar que sería niño —debido a que se apreciaba un pico en las isobaras— el clima ha alumbrado una niña. Ha nacido muy hermosa y la han llamado Calorina, como la canción de M-Clan.
Y con el verano ha llegado al Madrid Rüdiger, un tipo con las ideas claras como el cielo de Madrid una mañana despejada de junio. Ayer fue presentado entre flores, fandanguillos y alegrías. Tanto As como Marca dedican sus portadas al Alemán de nombre Antonio. Difícil molar más.
As se centra en el referente de Rüdiger, que no es otro que Képler Laverán Lima Ferreira, Pepe, que además de un brillante astrónomo y matemático alemán fue gran central del Real Madrid, de los mejores que han vestido la camiseta blanca. De él dijeron que si costó mucho dinero, que si era duro, etc., pero lo cierto es que era buenísimo. Y lo sigue siendo, porque aún está en activo. No tiene mal gusto Rüdiger a la hora de elegir referentes.
No dudamos que, al igual que a Pepe, a Rüdiger en seguida le van a poner pegas o le van a criticar por cualquier cosa. Es el precio por jugar en el mejor club del mundo, el Real Madrid. La presión es mayor que en ningún otro lugar, pero Antonio sabe a dónde viene, ayer afirmó: “Al fin y al cabo, este es un club enorme. Sé que estoy dando un paso importantísimo y soy una persona que intenta disfrutar de la presión. Hago lo que amo y me considero un afortunado. Esta presión es una presión que me gusta".
As también destaca que Rüdiger decidió venir al Madrid cuando en abril habló con Ancelotti, que le dijo que le quería (para el equipo, ojo) y que confiaba en él. Las palabras textuales de Antonio en rueda de prensa fueron: “¡A mi edad, eso ya es suficiente! ¡Estamos hablando de Mr. Ancelotti!”. Cuánta grandeza.
Marca titula que Rüdiger es un escudo para el Madrid y lo hace sobre una imagen en la cual Antonio se señala el propio escudo del club. Un titular a la antigua usanza.
Ambos diarios madrileños destacan lo más jugoso de la presentación, cuando Rüdiger confirmó que el Barcelona se interesó por él, pero sin embargo él le dijo a su hermano —y representante— que o el Madrid o nada. A lo Pablo Abraira: “O tú o nada”.
Si queréis saber más acerca de la presentación de Rüdiger, podéis leer el artículo que publicamos ayer de Paco Sánchez Palomares.
El diario de Gallardo reserva su esquina superior derecha para hablar de un gandul, uno que prefirió enriquecerse por la vía rápida en lugar de trabajando con honestidad, el árbitro que dirigió (nunca mejor dicho) aquel Corea del Sur-España. Mañana se cumplen 20 años de aquel robo. Reconozcámoslo, aquella selección española nos interesaba bastante más que esta de Luis Enrique & friends. Para que luego digan que 20 años no es nada.
Vamos con la prensa culé.
Lo primero que queremos hacer es felicitar al Barça y al City por la iniciativa de celebrar un encuentro el 24 de agosto en el Camp Nou con el fin de obtener fondos para luchar contra la ELA. El partido lo han presentado Laporta, Guardiola y Unzué, que padece la enfermedad.
Aparte de este asunto, llama la atención que los titulares sean dos frases aparentemente sin ninguna relación entre sí: “Guardiola abre la puerta y Bernardo Silva”. ¿Abre la puerta para oír el silbido? ¿Oye el silbido y por eso abre la puerta? Ellos sabrán.
Lo que no aparece en los diarios es que el Barça aún debe 126 millones a 19 equipos en concepto de fichajes. Eso afirma @Af_Deportiva.
Al Burdeos le debe casi 10 millones de euros. Ya puede ser bueno el vino ese llamado Malcom que compraron. Al Valencia 6,5 millones por Neto, está caro el kilo de naranjas. Por Coutinho aún deben al Liverpool más de 29 millones, negocio redondo, lo más destacable que ha hecho el brasileño ha sido ganar 8-2 al equipo que le paga. Al Atleti le debe 5 millones por “derechos preferentes”, entendemos que se refiere al derecho de pernada que tiene el Barça sobre el Atleti cuando el club azulgrana necesita ganar y se enfrenta a los rojiblancos. Y así hasta 126 millones. Debe hasta 9 millones por unas bragas que ha trincao, o algo parecido, ya nos liamos con tanta deuda.
Esperamos que a vosotros no os deba nada el Barça y que paséis un buen día.
El otro día estuvo Florentino en El Chiringuito, de nuevo. Fue una especie de fin de fiesta, la visita ritual al final de una temporada extraordinaria. Yo era contrario a que el presidente del Real Madrid se presentara un miércoles laborable a las doce de la noche en un programa de infotainment, al Sálvame, para entendernos, de la “información deportiva”. Me parecía que al hacerlo rebajaba su dignidad, se degradaba con la presencia de personajes como Cristóbal Soria, Tomás Roncero, Jorge D´Alessandro, Edu Aguirre o Jota Jordi. Luego, a solas con mi imaginación al día siguiente, le di otra vuelta. Quizá sea Florentino el que en realidad tiene razón, el que en verdad la ha tenido desde el principio. Quizá Florentino Pérez hizo lo que tenía que hacer yendo al Chiringuito de Jugones a rematar un año inolvidable toreando de salón ante un público entregado: el homenaje personal del último presidente premoderno del último club premoderno que existe.
Tiendo a pensar, demasiadas veces, que sé más que Florentino Pérez. Este es un error muy común que afecta principalmente al tuitero madridista promedio y del que es muy difícil escapar. Alguna vez ya he comparado al Madrid con el Vaticano. Estaba muy lejos de hacerlo en broma. Sigo estándolo. Cada día que pasa me confirmo más en mi teoría de que la Iglesia y el Real Madrid son vasos comunicantes, corporaciones que comparten un mismo ethos, un espíritu semejante, una vocación universal y una praxis análoga. Corporación está bien dicho. Aunque nuestra acepción contemporánea nos viene del inglés (corporation, es decir, empresa, persona jurídica) a mí me interesa más la raíz latina que significa “dar, formar y tomar cuerpo”. El Real, como la Santa Madre Iglesia, es un cuerpo asambleario (que es lo que significa en griego iglesia, asamblea) que consagra ante el mundo una idea de redención que abarca todo lo creado. Por eso, sus representantes no se dirigen al mundo cuando hablan (que es el cúmulo infinito de pequeñas partículas que, juntas, conforman la sucia “actualidad”, el pequeño y mezquino “hoy”: los periodistas, los opinadores, los otros clubes, la UEFA, la FIFA, los futbolistas, los agentes de los futbolistas, los intermediarios, Macron, mamá y papá Mbappé, los jeques, Rubiales) sino que se pronuncian ante la Historia, única jueza de sus actos. Empecé a penetrarme de este grupo de ideas, nociones mejor dicho, viendo al día siguiente las principales declaraciones de Florentino en el plató del Chiringuito (¡los skills! Hoy todo se ve por fragmentos, capsulitas instantáneas. Nos ha poseído la enfermedad vertiginosa del tiempo. Niño, hazme un resumen). Para sobrevivir a la marejada del mundo que sacude todos los días los muros eternos de la Casa Blanca con su cacofonía insoportable y su maledicencia interesada, hay que hacer algunas concesiones. Florentino, que es el numen del Madrid y que se pasa casi todo el tiempo en las inalcanzables alturas del Olimpo, tenía que hacerse corpóreo en el principal foro de ese ruido, tomar forma humana en el pantano chiringuitero. Y tenía, por supuesto, que caminar sobre sus aguas.
Cada día que pasa me confirmo más en mi teoría de que la Iglesia y el Real Madrid son vasos comunicantes, corporaciones que comparten un mismo ethos, un espíritu semejante, una vocación universal y una praxis análoga
Y esas aguas son las aguas de la cultura popular. Hoy hay mucha chavalería de entre 18 y 25 años, por decir una horquilla aunque si ampliamos por arriba hasta la treintena larga y nos vamos por abajo hasta los 15, 14, 13, 12 años, que si bien no ve el Chiringuito, directamente, sí que en cambio ha hecho suyos muchos de sus chascarrillos. Esto no es moco de pavo. Pedrerol ha creado un producto enteramente pop y muy bien adaptado a esta época banal del meme repetido hasta el infinito (y más allá). Es un concepto nuevo que trasciende la mera recopilación de datos tradicional con la que se cuenta la audiencia de los programas. La entrevista a Florentino del pasado miércoles la vieron 282 mil espectadores, un 6% de la cuota de pantalla, que puede que no sea mucho pero que es algo si lo comparamos con lo que España estaba viendo al mismo tiempo en Cuatro y en Telecinco: a Jesús Calleja y sus andanzas de saltimbanqui y los nuevos capítulos de la serie que relata la canallada cometida sobre Dolores Vázquez y el Caso Wanninkof. No obstante, más de 800 mil personas vieron al menos un minuto de la entrevista, que duró una hora y cuarto, más o menos, alargándose hasta la madrugada, un horario poco boomer.
Es decir, Pedrerol, con su fascinante factoría de teleñecos televisivos, cada uno con un rasgo caricaturesco propio que los hace perfectamente reconocibles e identificables ante el público, se proyecta más hacia la llamada “audiencia social”, que mide los tuits que generan los contenidos de sus programas, los “impactos” en Instagram, los tiktoks, que hacia el share clásico. Dudo mucho que los muchachos que hoy en cada clase de instituto no paran de gritar el uy, uy, uy de D´Alessandro se vieran el programa entero. De hecho hasta dudo de que la mayoría tenga cuenta en Twitter. Pero de lo que no dudo es de que se lo ven y se lo escuchan a sus streamers de referencia en Youtube y Twitch, y ellos lo repiten. Eso es cultura popular.
Florentino, que es el numen del Madrid y que se pasa casi todo el tiempo en las inalcanzables alturas del Olimpo, tenía que hacerse corpóreo en el principal foro de ese ruido, tomar forma humana en el pantano chiringuitero. Y tenía, por supuesto, que caminar sobre sus aguas
Aquí tengo que hacer un inserto. Es extraordinario que un tipo de segunda fila del fútbol noventero como Jorge D´Alessandro, cuya única hazaña en los banquillos fue subir al Salamanca allá por el Génesis del Antiguo Testamento, sea ahora un ídolo para los chavales y tenga una segunda vida en el subgénero que ha creado Pedrerol. Como ha hecho con Soria, Balboa, Buyo o Roncero, Pedrerol ha reciclado a chatarra televisiva o mediática, ha reclutado a la crema de las cloacas de la industria del fútbol y del deporte (¡tiene en nómina hasta un ganador del Tour de Francia!) y es capaz de llenar La Romareda para una pachanga circense. Esto tiene un mérito del que no se puede dudar y más en un tiempo en el que la televisión, como plataforma audiovisual de información y entretenimiento, se está quedando obsoleta, se está ligando a unas generaciones que envejecen sin casi relevo y, además, compite con productos del Internet 2.0 como Youtube, Netflix, HBO, Disney, Twitch, TikTok…
Florentino fue allí y dijo cuatro cosas. Decía antes que Florentino es un presidente premoderno y así lo creo. A Roncero le dijo que sería un mal presidente del Madrid porque “es un forofo” pero él, que es uno de los businessman más poderosos de Europa, el más importante de España desde luego, se transmuta cuando ejerce como presidente del Madrid. Vuelve a ser, más que un hincha, un niño, por eso envejece a otra velocidad a pesar de que llevemos ya para tres décadas viéndole casi a diario al timón de la institución más importante de España. Igual que ha puesto al Madrid en el futuro no sólo con los títulos (en realidad, los títulos han sido la consecuencia, no la causa, del desarrollo de su idea de club moderno, de club del siglo XXI), en los aspectos, digamos, ceremoniales de la presidencia, Florentino sigue siendo pura vieja escuela: rondas por los programas de la radio deportiva nocturna cada vez que hay elecciones o cuando se toman decisiones relevantes, filtraciones a una corte de chupatintas para presionar a entrenadores o desmentir fichajes y estas apariciones en donde Pedrerol en las que Florentino transmite todos los atributos del poder. Yo mismo dije que presentar un proyecto de repercusiones tan hondas como el de la Superliga, en el Chiringuito, era una metedura de pata, pero como con otros aspectos de la comunicación del Madrid (como el viejo estilo de la cuenta de Twitter) a lo mejor ese inmovilismo, ese no ir con la corriente del tiempo, es en sí el mensaje fundamental, más allá de las palabras, que en cada coyuntura, en cada tema de rabiosa actualidad, pierden todo su vigor una vez dichas y luego se las lleva el viento.
Sobre todo, lo que muestran estas apariciones de Florentino en El Chiringuito es que el presidente del Real Madrid continúa siendo el dueño de sus actos. O sea, que se manifiesta al pueblo dónde y como quiere, emancipándose de las ataduras de las modas
Florentino, como los grandes estadistas, conoce a su gente. Conoce al madridismo. Quizá la estructura fuertemente jerarquizada de su Madrid, esa estructura casi feudal en la que, por debajo del gran poder ungido por Dios, conspiran, más que trabajan, varios centros de poder Tier 2 cuyas colisiones e intrigas son auspiciadas por el soberano supremo, es una estructura decantada por el tiempo, como pasa con la Iglesia, que asegura la estabilidad generacional de la organización. Que asegura su longevidad. Florentino sabe que el madridismo es mucho más ancho y más largo que las burbujas tuiteras y que el MARCA, la COPE o El Chiringuito tienen mayor infiltración en la masa social española del madridismo (que es, a pesar de todo el mensaje apostólico y universal, la que sigue contando como masa crítica) y que lanzar en esos trampolines mensajes como “la lucha contra el monopolio” uefo, la defensa del libre mercado, el combate con las entidades del fútbol español (Liga, RFEF), o sea, las cuestiones capitales del futuro a medio plazo para el Madrid como institución libre, supone garantizarse que esas cuestiones permeen en la mente colmena. Se salta la mediación, que antes ejercían Segurola y cía en los periódicos serios y que ahora pretenden ejercer los “nuevos comunicadores”. Se manifiesta, como los santos, como la Virgen María. Como si fuera un sueño, de noche y en un establo. En El Chiringuito.
El Madrid está fuera del tiempo, como todo lo que perdura en él, como todo lo que lo sobrevive y lo vence
Sobre todo, lo que muestran estas apariciones de Florentino en El Chiringuito es que el presidente del Real Madrid continúa siendo el dueño de sus actos. O sea, que se manifiesta al pueblo dónde y como quiere, emancipándose de las ataduras de las modas. El Madrid impone todavía su “agenda”, manda en sus tiempos, impone su tiempo en un tiempo que va a toda pastilla y no perdona ni espera a nadie; en un tiempo que nos sepulta a todos cada día en montañas de basura. De este modo Florentino sigue manteniendo la distancia sublime con todo lo demás. Esto es algo grande y revelador en un tiempo en el que todo el mundo, desde los presidentes de Gobierno hasta el último mono, hace “comunicados” en pantallazos a notas del móvil subidos a Instagram o a Twitter. Revela un gusto arcaico por la forma, cualquiera que ésta sea. Una liturgia. Empiezo a verlo claro y por ello empiezo a añorar la vieja forma austera, parca y casi de oficinista soviético que tenía la cuenta de Twitter del Madrid de contar las cosas, porque era un estilo fuera del tiempo. El Madrid está fuera del tiempo, como todo lo que perdura en él, como todo lo que lo sobrevive y lo vence. En The Young Pope, el ficticio papa Pío XIII le pide con desespero a todos sus antecesores, reunidos ante él en un sueño, que le digan cuál es el secreto, y ellos, riéndose, le dicen que es la banalidad.
Getty Images.
Rüdiger, 20-06: El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel club que, en nombre de la victoria y de la buena voluntad, saque a los débiles del Jeque de la Oscuridad. Porque él es el verdadero guardián del fútbol y el salvador de los valores perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan vencer y destruir a mi equipo! ¡Y tú sabrás que mi nombre es Rüdiger cuando mi envergadura caiga sobre ti!
El Real Madrid ha presentado hoy a Rüdiger y Antonio se ha mostrado más tranquilo y seguro de su propósito que Jules (Samuel L. Jackson) en Pulp Fiction. Era su primer día como futbolista del Real Madrid. Y nada más.
Apareció en el acto institucional vestido de mercader de coltán sacado de película de Guy Ritchie mientras Florentino subía al púlpito para acogerlo en la fe madridista, pero Rüdiger ya venía convencido de casa. Es curioso, el acto de bienvenida era más necesario para todos los demás que para él mismo.
Querido Rüdiger, a partir de hoy formas parte del club de las 14 Copas de Europa. Todos estamos ilusionados de poder contar con un jugador como tú y poder cumplir tu sueño. Tu trayectoria te permitía elegir entre muchas opciones, pero has escogido el Real Madrid, la camiseta con la que nadie se rinde nunca y permite conseguir objetivos imposibles.
Florentino Pérez dixit.
Rüdiger lo tenía tan claro que ante la pregunta de si el Barça se interesó por él respondió que sí, pero que le dijo a su hermano que el Madrid o nada
Rüdiger había escogido al Madrid desde hacía tiempo, según confesó en la rueda de prensa posterior, cuando afirmó que tras hablar con Ancelotti en abril decidió jugar en el club blanco. Porque Rüdiger es un hombre recto, y aunque el camino esté por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos, él sabía cuál era su senda: la del Real Madrid. Y nada más.
Rüdiger lo tenía tan claro que ante la pregunta de si el Barcelona se interesó por él respondió que sí, pero que le dijo a su hermano que el Madrid o nada. Él ya había sido vacunado con el Chelsea en el Bernabéu, admitió sentirse asombrado cuando la afición seguía animando pese a ir perdiendo 0-3. Vio la luz, la luz del Madrid, y ya nunca más podrá ir con el Jeque de la Oscuridad.
Antonio ha jugado en Alemania, de cuya liga destacó el físico; en Italia, donde se prioriza lo táctico; y en la Premier, competición de gran intensidad. De España destacó la presión y admitió que es un reto que le emociona. Se le ve capacitado para lidiar —junto al compañero central que decida Ancelotti— con lo que le espera en Liga y Champions defendiendo al Madrid, de la misma manera que lo estaban Jules y Vincent Vega cuando acudieron al apartamento de Brett y, antes de cumplir con lo encargado por Marsellus Wallace, Samuel L. Jackson decidió saborear una Big Kahuna tranquilamente.
A la pregunta de quién es su defensa de referencia, la respuesta de Rüdiger ha sido Pepe, uno de los grandes, de quien ha dicho que en el campo es un monstruo y fuera, una persona muy simpática. Precisamente por su forma de ser también le han cuestionado y la respuesta no ha podido ser más certera, ha afirmado que le gusta divertirse, bailar, pero en el campo ni una broma, en el campo es muy serio, un hombre recto. Y nada más.
Rüdiger: “Ver todas esas Champions te enseña cuál es el único objetivo del Real Madrid: la victoria. Y yo quiero formar parte de eso”
Antonio Rüdiger ha comenzado la rueda de prensa recordando que “Aquí en el Madrid lo más importante es la victoria” y la ha concluido de la misma manera: “Ver todas esas Champions te enseña cuál es el único objetivo del Real Madrid: la victoria. Y yo quiero formar parte de eso”.
Florentino comenzó dando la bienvenida a su casa, al Real Madrid, a Antonio Rüdiger. En la casa, por no faltar, no faltó ni un niño llorando, quién sabe si tuvo una pesadilla en la que el hombre recto se rendía ante la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Pero solo fue un mal sueño. Rüdiger dio las gracias a su familia, al presidente y a los socios del club, y se despidió exclamando: “¡Hala Madrid. Y nada más!”.
Getty Images.
Se fue Benzema de vacaciones. Y se quedó Causeur. Camavinga también anda por ahí, pero les dejó dicho a Yabusele y Poirier: espabilad, troncos. A Tchouaméni quizá le aconsejaron que no se perdiera esto: te ayudará a entender mejor dónde te has metido.
Hijos de la France están montando un número tras otro en el Madrid. Causeur, el primer tipo al que le sacuden en la cara y la técnica se la pitan a su equipo —inolvidable segundo partido de esta final—, si será francés que cuando enchufó tres tiros y liquidó la final hizo el gesto de la guillotina. ¡Oh, la, la! ¿Que Tavares, Hanga y Deck no son franceses? Sí, ya. Pero lo parecen.
Total que el Madrid ha ganado también la Liga de baloncesto. Como ganó la suya el equipo de fútbol masculino. Al femenino hay que darle tiempo, claro. El resumen es que los ‘uomini’, diría Ancelotti, han jugado dos Ligas y al bote, dos Supercopas y al bote, dos Copas de Europa, una al bote y la otra casi. Sólo no han ganado las Copas. Lo cual debe sentar mal en la Casa Real, qué le vamos a hacer. Quizá el año que viene.
Cinco de ocho títulos disputados. No está mal. Máxime si pesamos que ninguno de esos blancos equipos apenas era tenido en cuenta por la prensa especializada. Tampoco por la de sucesos, economía e incluso por la prensa rosa. Mi más sentido pésame. Ah, he citado a Ancelotti, que estuvo en el partido junto a su señora esposa. No se cansa de ganar.
Causeur, el primer tipo al que le sacuden en la cara y la técnica se la pitan a su equipo —inolvidable segundo partido de esta final—, si será francés que cuando enchufó tres tiros y liquidó la final hizo el gesto de la guillotina. ¡Oh, la, la!
Lo del fútbol lo sabemos. El Madrid no iba a superar marzo, el PSG lo mandaría a casa sí o sí. En el baloncesto, el Barça venía a ser Liverpool, City, Chelsea y PSG en un solo hombre. Mirotic era Mbappé. Higgins, Lukaku. Davis, Salah, el llamado Saras, Guardiola. Y así. Por lo invertido, pues bueno. El club en quiebra tiene el equipo más caro del baloncesto europeo.
Y eso, que a un partido quizá. Lo de Belgrado podía suceder. Pero al mejor de cinco… Imposible para el Real. Finalmente bastó con cuatro y porque el segundo se lo mangaron en el Palau. Mejor. Un 3-0 hubiese provocado mareos y desmayos. Más.
Estamos ante la Liga más meritoria de la era Laso y de la historia del Madrid si me aprietan. Y si no, la segunda. Lesiones de Alocén, Williams-Goss, Heurtel, Randolph ahora, el Covid, los apartamientos del propio Heurtel y Thompkins, el fallecimiento del padre de Rudy, el infarto de Laso… Un campeón sin bases además, luego cabe convenir que entre Tavares, Causeur, Deck, Hanga y lo que dieron Llull y Abalde se han merendado al favorito. Que cuentan ya ha fichado a Vesely, otro baratito. Prueben a traer a Micic y Larkin y si tampoco pueden con el Madrid, cierren la sección.
Total, que se acabó una temporada para la historia. No soy capaz de recordar otra en la que los dos equipos del Madrid pintaban tan poco en los pronósticos. En agosto/septiembre puede tolerarse. Pero es que llegó mayo y seguíamos igual. Ya caerán.
Era la gran consigna repetida papagayamente por expertos y mirones. Está bien pronosticar, entretiene. Pero resulta conveniente decir, al menos un vez, pues mire usted, igual nos estamos equivocando. No sucede.
El resumen es que los ‘uomini’, diría Ancelotti, han jugado dos Ligas y al bote, dos Supercopas y al bote, dos Copas de Europa, una al bote y la otra casi. Sólo no han ganado las Copas. Lo cual debe sentar mal en la Casa Real, qué le vamos a hacer. Quizá el año que viene
Total, que cabe aplicar a los muchachos de ayer lo que a sus colegas del fútbol. Son el Madrid. El escudo, la historia, la fe, el querer, la magia. Todo eso y su calidad, que diría Suker. El arte. El Madrid gana más que pierde, pero con él se da por seguro lo fundamental. No se le puede enterrar sin mirar tres veces y tirar la llave, no sea que acabe levantándose. Estoy convencido de que leen, escuchan y se excitan salvajemente. Sigan, sigan.
Vi en las caras de Wizink la misma expresión de felicidad y júbilo que en el Bernabéu. Y en ambos casos, mucha gente joven. A esa la enganchas y no se sueltan, si ofreces lo que el Madrid. Una razón que empieza en lo fundamental: el orgullo de ser y estar. La idea. De ser partícipes de algo que define el gesto de Llull cuando le dio a Pablo Laso el trofeo y se echó a un lado para que fuera él quien lo levantara en solitario.
El Madrid, otra vez campeón. Empezó la cosa acabando abril, el alirón futbolero. Ha sido mes y medio tremendo. Habrá más. Buen verano, señores.
Getty Images.
A la altura de las mejores exhibiciones de actitud de cualquier equipo de nuestra historia, este Real Madrid ha escrito un capítulo de dignidad insuperable. Una reconstrucción constante tras el continuo acoso del destino que les envió una desventura tras otra. Sin pestañear, sin dejar un resquicio a la desesperanza, el equipo se fue adaptando a situaciones impensables para terminar emergiendo de las aguas de la adversidad.
Un título obtenido con un empeño soberbio, con la orientación propia de este club. No Importa lo que ocurra, la quiebra en el esfuerzo está relegada. Y así han cumplido, sin desfallecer, sin importar que la potencia de las desgracias fuera superior a la de sus rivales. Sin tregua, han sacudido los cimientos del equipo, como si se tratara de una prueba de los dioses —o de los diablos— del deporte.
A la altura de las mejores exhibiciones de actitud de cualquier equipo de nuestra historia, este Real Madrid ha escrito un capítulo de dignidad insuperable. Una reconstrucción constante tras el continuo acoso del destino que los envió una desventura tras otra
Así, con una reconstrucción sorprendente, vertiginosa, el equipo se ha adaptado a lo que venía, lesión, enfermedad y hasta el infarto de Pablo Laso. Con los escoltas, y hasta Deck, ejerciendo de directores, con el ímpetu desmedido de una plantilla en busca de la gloria. Porque esta no se mide sólo en función de la calidad del título, sino del tamaño de los enemigos —ninguno más grande que tanto infortunio— y por las muestras de dignidad en el ejercicio de su responsabilidad.
Por lo demás, los hombres altos han superado a sus rivales, Mirotic incluido. Por cierto, que este jugador sigue mostrando limitaciones emocionales para nadar contra corriente, para superarse a sí mismo, como encantado con sus exhibiciones técnicas. Como sabemos los madridistas, así se ganan partidos, pero los títulos necesitan algo más. El montenegrino ha tenido la oportunidad de aprenderlo, pues lo ha tenido más cerca que nunca.
Por fin, uno disfruta plenamente con los equipos del Real Madrid, modélicos, sin tacha, sin nada que oponerles ganen o pierdan, con la casta proverbial que marca la historia
Es evidente, por otra parte, que el Real Madrid ha salido ganador en los despachos. El intercambio Laprovittola-Hanga ha terminado por ser muy favorable para los intereses madridistas. El escolta, que ha ejercido de competente director, se ha ganado el aprecio de la afición, atinado en el juego, entregado a lo que la colectividad exigía.
Por fin, uno disfruta plenamente con los equipos del Real Madrid, modélicos, sin tacha, sin nada que oponerles ganen o pierdan, con la casta proverbial que marca la historia. Los paralelismos entre ambos equipos, siempre latentes, son hoy manifiestos, con jugadores entregados a la causa del club, encelados en formar parte de la enciclopedia madridista.
Disfrutemos de estos momentos de excelencia, prolongados esta temporada hasta el último minuto. En el momento de hacer balance, la satisfacción acompaña a este humilde cronista que, en su íntimo ánimo, se siente atómicamente partícipe de unos éxitos que parten de una exigencia continua, de una forma inimitable de interpretar el deporte. Gracias, muchas gracias.
Getty Images.
Buenos días. Hoy nos vamos a parafrasear a nosotros mismos parafraseando a Pepu Hernández. Hace un par de días, en portanálisis manufacturado por el inmenso Barney, citábamos a Pepu declamando aquello de “¡Ba-lon-ces-to!” tras ganar el Mundial de dicho deporte en Japón. Hoy se intuía a qué otro deporte iban a prestar atención los medios cataculés tras ser batidos por el Real Madrid de Laso y Chus Mateo, que se adjudicó su Liga número 36.
De fútbol no tienen nada bueno que contar y de baloncesto, tras lo de ayer, tampoco, de manera que se trataba de encontrar otro deporte para abrir en portada. Podría haber sido petanca o ajedrez, pero quiso la fortuna que el Barça de balonmano se hiciera, también ayer, con la Champions de dicho deporte ante la atenta mirada de una gloria culé de la sección como Iñaki Urdangarin. Viva España, viva el Rey, vivan los yernos corruptos del Rey, viva quien tima en nombre del Rey, viva el BA-LON-MA-NO y viva lo que haga falta que nos permita sepultar en la primera plana el fracaso de Mirotic y los suyos.
Así las cosas, solo faltaba saber cuál de los dos medios cataculés (Sport o Mundo Deportivo) enterraba más profundo la Liga de Laso en su portada, cuál la relegaba a un faldoncillo más minúsculo, cuál de los dos la ninguneaba con más fuerza tras portadas enteras dedicadas a la sección de la canasta tras el atraco del segundo partido de la serie.
Ved, ved lo importante que era entonces el baloncesto.
Hoy, en cambio, el baloncesto no merece casi ninguna atención. Como os decíamos, el único morbo de la jornada consistía en saber cuál de los dos, Sport o Mundo Deportivo, le prestaba hoy MENOS atención al basket.
Y el ganador es… (redoble de tambores)…
¡Mundo Deportivo!
Sí, amigos. Mientras Sport tiene la decencia (¿¿¿???) de otorgar su cuarto de página inferior a la Liga ACB, mostrando al desolado equipo culé mascullar su derrota, Mundo Deportivo da más espacio al anuncio de Línea Directa, que sospechamos ha sido incluso gratuito.
—Buenos noches, ¿hablo con Línea Directa? Soy de Mundo Deportivo, ¿puedo hablar con el de Marketing? Qué tal, solo era para que supierais que mañana os ponemos un anuncio por el morro en la portada. Ya, ya sé que no queréis pagar por él, lo hacemos para rellenar y que así el espacio dedicado a la derrota en la ACB sea microscópico. Sí, sí, gratis, ponemos el vuestro y no el de la erección porque no tenemos el chocho para excesivos farolillos.
Cuánta gloria, amigos. Cuantísima gloria.
As y Marca, en cambio, bien. Honores de portada casi completa a los de Laso, que ganaron con su técnico de paisano como dijo en su crónica Jesús Bengoechea, con una perfecta simbiosis entre Pablo y su segundo, Chus Mateo, verdadera extensión en la cancha del lasismo de corazón herido. Pablo está bien y nosotros… nosotros estamos de cojones, en primer lugar porque Pablo está bien, y en segundo porque somos campeones al fin, tras una temporada en la que hemos llegado a todas las finales de todo lo llegable, pero por desgracia sin fortuna hasta el feliz desenlace de ayer.
Así, levantando la Liga, se resarcen nuestros vikingos de los canastos de enfermedades varias (aquel Madrid diezmado por el COVID que no tuvo más remedio que imponerse con juveniles al CSKA), indisciplinas resultantes en apartamientos, sucesiones de lesiones (algunas graves, como la de Randolph) y malas suertes de toda índole en partidos ajustados, como la malhadada Final de Euroliga contra el Efes. Ayer, por fin, premió el destino como debía a nuestra sección de baloncesto. Pero, como dicen los anglófonos, make no mistake: estaríamos igual de orgullosos de ellos si ayer hubieran palmado, y a estas horas ya estaríamos soñando con arrebatar la gloria a Mirotic y los suyos en el escenario hostil del Palau.
Regocijémonos, amigos, en la lucha indesmayable de este puñado de legionarios refulgentes, en la inmensidad implacable de Tavares (MVP), en el fin de fiesta guillotinesco de Causeur, en la magia imperecedera de Llull, en la versatilidad infatigable de Deck o Hanga, en la pujante veteranía de Rudy, en el hirsutismo intimidatorio de Poirier o en el carácter ya mítico del culazo propiedad exclusiva de ese genio llamado Yabusele.
Lancemos, antes de cerrar esta sección, una última mirada atrás. La temporada, en baloncesto y qué decir del fútbol, ha hecho madridismo como pocas. Respirad hondo y gozadlo. No os desconectéis ahora. En La Galerna seguiremos rumiando gloria, recreándonos en tantos recuerdos increíbles, hasta que podamos renovar el catálogo de hazañas a partir del 10 de agosto, y más allá. No seáis idiotas y no nos abandonéis. Ahora viene lo mejor.
Pasad un buen día.
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. La edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos, íbamos directamente al cielo y nos perdíamos en sentido opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere tanto al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo.
Charles Dickens, Historia de dos ciudades.
Con estas palabras comienza una de las mejores novelas de todos los tiempos. He recordado este principio, de los más brillantes de la historia universal de la literatura, para ilustrar una temporada de nuestro equipo de baloncesto que es desde todo punto de vista una temporada dickensiana, de luces y de sombras, de infiernos y de cielos, de desdichas y de alegrías.
Como es bien sabido, a mediados del siglo XIX, Charles Dickens, que había vivido en sus propias carnes una infancia muy complicada, comenzó a publicar una serie de novelas que, además de entretener a sus lectores, pretendían denunciar, por ejemplo, las malas condiciones laborales de los trabajadores, la explotación de los niños en ciertos trabajos, la miseria y las desigualdades.
Pero casi todas sus principales novelas, en las que sus protagonistas sufrían toda serie de adversidades de toda índole, solían tener un denominador común: un final feliz, que prácticamente exigían los lectores de folletines, tras pasar semanas leyendo desgracias, calamidades y avatares interminables.
He recordado este principio, de los más brillantes de la historia universal de la literatura, para ilustrar una temporada de nuestro equipo de baloncesto que es desde todo punto de vista una temporada dickensiana, de luces y de sombras, de infiernos y de cielos, de desdichas y de alegrías
Así ha sido la temporada 2021-2022 para nuestro amado equipo de baloncesto, que, si bien empezó ganando la Supercopa de España allá por el mes de septiembre, y que tuvo 3 o 4 meses de numerosas victorias, tanto en ACB, como en Euroliga, cayó a los infiernos a partir de finales del mes de enero. Fueron dos meses muy largos, casi tres, en los que ríanse ustedes de las desgracias que sufren en las novelas de Dickens, por ejemplo, Oliver Twist, Nicholas Nickleby o David Copperfield.
A los héroes dickensianos les pasa absolutamente de todo: miseria, abandonos en orfanatos, desgracias en forma de accidentes o de apoplejías, trabajar en funerarias, malos tratos, hambre, atracos (o verse en medio de una banda de ladrones, obligados a robar), desamores, adulterios, traiciones de amigos o de amantes.
Nuestros héroes han vivido de todo este año. En diciembre, por ejemplo, solo 5 seniors pudieron enfrentarse a todo un CSKA de Moscú debido a 8(!) bajas por COVID19 (Hanga, Randolph, Núñez, Yabusele, Poirier, Causeur, Heurtel, incluso el propio Pablo Laso), además de otras 3 por lesiones (Abalde, Alocén, Trey Thompkins), dando protagonismo aquella noche a Vukcevic, Klavzar, Garuba Jr y Miller, prácticamente unos niños. Un equipo que entró en barrena, perdiendo partido tras partido en ACB y en Euroliga, algunos de ellos anotando apenas 50 puntos en ataque (e incluso menos). Sin tiradores atinados (se estuvo esperando a Jaycee Carroll hasta bien entrado el mes de enero). Un equipo que era superado claramente en cada Clásico, incapaces los nuestros de superar la superioridad en talento de los blaugranas y del magisterio de Saras Jasikevicius (que llegó a tener un parcial de 11-3 en sus primeros 14 partidos Barça-Madrid disputados).
En medio de aquel caos de resultados, una dolorosísima derrota en la final de la Copa del Rey en Granada, con un Madrid peleando y dominando durante más de 35 minutos en el marcador para acabar ahogándose en la orilla. Eran semanas de pesadilla para los nuestros, tan terribles como las que sufría (¿o acaso no eran pesadillas?) el avaro Ebenezer Scrooge en el célebre “Cuento de Navidad”. Pero aquellas pesadillas, o, mejor dicho, visitas que recibió Scrooge por parte de los fantasmas del pasado, del presente y del futuro, sin duda le sirvieron para poder cambiar de actitud y mejorar su propia calidad de vida y la de sus parientes y empleados más cercanos.
En abril estalló una nueva bomba en el vestuario, y Pablo Laso se vio obligado, por asuntos disciplinarios, a apartar a Thomas Heurtel y a Trey Thompkins. Ni más ni menos era necesaria dicha decisión: por el prestigio y el buen orden dentro del grupo había que prescindir de otro base, Heurtel, apenas mes y medio después de haber perdido para toda la temporada a Carlos Alocén, víctima de la rotura completa del ligamento cruzado de su rodilla izquierda a mediados de febrero. Teníamos pues que acabar la temporada con un único base, Nigel Williams-Goss, y reconvertir al puesto de director de orquesta a quien sabe si a Adam Hanga, si a Fabien Causeur o si a Alberto Abalde, además de darle minutos en ese puesto tan importante a Sergio Llull.
El equipo se iba recuperando, como los héroes de Dickens, como Amy Dorrit o como Pip en “Grandes esperanzas” o como el entrañable doctor Manette de “Historia de dos ciudades”. Y llegó, tras un gran play-off ante Maccabi y una épica victoria en Belgrado en la Final Four ante el Barcelona, otro enorme mazazo, algo así como la nueva caída a los infiernos de Oliver Twist, obligado por el perverso Fagin a robar carteras por los barrios elegantes de Londres: la final de la Euroliga, una maravillosa oportunidad de ganar la Undécima Copa de Europa de baloncesto, en una final rácana en puntos, decidida por tan solo uno (57-58) ante el Anadolu Efes de Estambul. Eso sí, previamente en semifinales, había caído el último playmaker sano, NWG, herido de consideración en el primer minuto de juego ante el Barça.
El equipo se iba recuperando. Y llegó, tras un gran play-off ante Maccabi y una épica victoria en Belgrado en la Final Four ante el Barcelona, otro enorme mazazo, algo así como la nueva caída a los infiernos de Oliver Twist. una maravillosa oportunidad de ganar la Undécima Copa de Europa de baloncesto, en una final rácana en puntos, decidida por tan solo uno (57-58) ante el Anadolu Efes de Estambul
Seguía cumpliéndose el método Dickens: a una alegría mínima le siguen dos o tres fatalidades que minan claramente a los protagonistas. Pero los héroes de Dickens no se rinden. Caen, pero se levantan, sufren, pero son capaces de volver a intentarlo, una y otra vez. Tienen un carácter de hierro, inasequibles al desaliento: apenas tienen tiempo de lamentarse, ya que su conciencia y su afán de superación les obliga a pasar por encima de cualquier tipo de adversidades.
Quedaba todavía hacer todo lo posible para conquistar el último gran título del año: la liga ACB. Dos uppercuts a la lona, uno en Granada y otro en Belgrado, habían dolido, y mucho. Pero no había tiempo para mirar atrás. Era el 21 de mayo y quedaba un mes por delante. Con la nueva baja de NWG, con un equipo en cuadro, sin bases ni tiradores puros (la prueba es que, en Belgrado, el porcentaje en triples había sido para llorar, inferior al 20%).
Los play-off de ACB, ante Manresa y Baskonia, supusieron un pleno absoluto para el Madrid (2-0 ante los manresanos y 3-0 ante los vitorianos), con exhibiciones corales, con un Adam Hanga pletórico como director de la sinfónica y con Causeur, Deck y Taylor recuperando sensaciones. Pero la maldición del año 21-22 dio su golpe más duro: entre el segundo y el tercer partido ante Baskonia, caía el propio Laso, el general de nuestros ejércitos, víctima de una dolencia cardiaca que heló las venas de todos los madridistas el 5 de junio por la mañana.
¿Qué más podía suceder a un equipo que es todo corazón, todo coraje, que es un grupo y no una suma de individualidades? Faltaba una semana para comenzar a afrontar una final ACB ante el Barcelona, y con el factor cancha en contra. Un equipo que seguía vivo pese a decenas de adversidades vividas, pese a dos derrotas desgarradoras con finales angustiosos. Pero Laso, además de ser un líder victorioso y laureadísimo, también ha creado un grupo de técnicos único e imbatible: su segundo, Chus Mateo, un sabio silencioso, a quien asesoran dos técnicos de mucho nivel, Paco Redondo y Lolo Calín, y un genio de la preparación física, Juan Trapero. Napoleón ganó muchas batallas también gracias al buen hacer de sus mariscales, de sus Murat, Ney, Lannes, Soult y Masséna. Laso, en sus once años de entrenador del primer equipo, ha creado no solo un espíritu de resistencia, de pelea y de arrojo, sino un espléndido cuartel general de colaboradores que hacen que no se note nunca ninguna ausencia, ni siquiera la suya.
Llegó el momento de asaltar al Palau. Y vaya que se asaltó, incluso dos veces, aunque en la segunda ocasión el colegiado Pérez Pizarro y sus ayudantes no consideraron oportuno que el parcial de 0-2 a favor del Madrid volase hasta el WiZink. Sin duda que los planteamientos de Chus Mateo —avalados por Laso— desquiciaron a Saras ya que desde el primer minuto de cada partido los de blanco literalmente mordían y dejaban sin respirar a los de azulgrana. Partidos asfixiantes, intensos, donde se podía cortar el aire con cuchillo y donde el sudor no paraba de empapar el parqué del decrépito Palau Blaugrana.
Como no podía ser de otra forma, hubo otra desgracia más, tan dura para los nuestros como, por ejemplo, la pérdida de Clara, la madre de David Copperfield, cuando parecía que este iba superando una tras otra las zancadillas de la vida: Anthony Randolph, en la imagen más dura del año, se hacía añicos los ligamentos de su rodilla izquierda.
Y llegó el final feliz, ese final que, tras mucho sufrir los protagonistas de Dickens y sus lectores, tras mucho padecer los protagonistas de Laso y nosotros, como fieles seguidores, suelen tener las novelas del gran Charles Dickens, y que hacen que cerremos cada uno de sus libros con una amplia sonrisa de esperanza y, por qué no decirlo, de enorme satisfacción
Y sin bases, sin tiradores, con el puesto de 4 claramente mermado, jugando con rotaciones de apenas 8 o 9 jugadores, con Deck, Taylor, Yabusele, con aportaciones de todos ellos (Núñez en el tercer partido, Llull, Rudy, Poirier), y con unos inmensos Hanga y Causeur, además de una estratosférica aportación de Tavares en el 3-1 final (valoración de 41 puntos sobre un total de 95 para todo el equipo), el Madrid acabó destrozando a las huestes de Sarunas Jasikevicius, incapaces de igualar en intensidad en ningún momento a los blancos en los dos partidos disputados en Madrid: tan solo la gran calidad de algunos de los jugadores del Barcelona y, sobre todo, el buen porcentaje en tiros de tres, mantuvieron vivo al conjunto catalán hasta casi el final del partido. De tal forma, que, de los últimos 5 partidos jugados ante el Barcelona, el parcial ha sido finalmente de 4-1 a favor de los merengues.
Y llegó el final feliz, ese final que, tras mucho sufrir los protagonistas de Dickens y sus lectores, tras mucho padecer los protagonistas de Laso y nosotros, como fieles seguidores, suelen tener las novelas del gran Charles Dickens, y que hacen que cerremos cada uno de sus libros con una amplia sonrisa de esperanza y, por qué no decirlo, de enorme satisfacción: y es que, como Twist y Nickleby y Copperfield y Lucía y Carlos Darnay y Pip Grabber y hasta el huraño Ebenezer Scrooge, se disfruta de los logros mucho más cuando se ha sufrido tantísimo por conseguirlos.
Getty Images.
El uniforme de paisano de entrenador top de la ACB es igual que el oficial, solo que sin chaqueta ni corbata. De esa guisa vimos a Pablo Laso llorar de alegría, en la grada, el esfuerzo titánico de una temporada imposible, marcada por infortunios sin fin pero coronada majestuosamente con la Liga más merecida y emocionante que se recuerda hace tiempo. Las lágrimas de paisano se distinguen de las reglamentarias, a su vez, porque están marcadas por haber avistado la frontera misma de la vida, allá donde hasta ganar pasa a segundo plano, incluso para un madridista.
Chus Mateo sí iba de chaqueta y corbata, pero sus lágrimas tampoco eran reglamentarias. Llorar por ganar una Liga con todo en contra tiene que ser emocionante, lograrlo para hacer feliz a un amigo un júbilo, las dos cosas a la vez la leche misma. Laso ya entrenó durante la semana y esta Liga es suya más que de nadie, más suya quizá que ninguna otra de las conseguidas, pero el que ganó la partida a Jasikevicius en las lindes del parqué fue Chus. Se lleva eso para toda la vida. Nos lo llevamos todos.
El Barça llegó a este partido por lo que llegó. Un 3-0 no era aceptable para el sistema y por eso arribamos a este punto, pero hay que decir que los azulgrana se batieron con enorme dignidad -al menos aquellos miembros de la plantilla que la tengan- para aguantarle la mirada al campeón. Se marcaron un porcentaje de triples de escándalo que abortó los sucesivos intentos blancos de poner tierra de por medio. Llegaron los de Chus a ir ganando por catorce, pero eran distancias que en los dos primeros cuartos se esfumaban por acribillamiento desde los 6,75. Un descomunal Tavares (MVP de la Final), un muy eficiente Hanga y un Llull que forzó una inenarrable jugada de 4 puntos permitieron una mínima ventaja al descanso.
Gente que hace de dejar el último aliento cuestión de costumbre, adalides del honor que convierten en hábito la ambición sin límites
La tónica del partido, con un Madrid que soñaba con volar y un Barça que lo mantenía atado al suelo (llegaron los azulgrana a adelantarse incluso en el marcador en el tercer cuarto), prosiguió tras la interrupción. Era el momento que sueñan los héroes, los que se crecen en la adversidad e interpretan cualquier revés (lesiones sin fin -fuerza, Anthony-, finales pérdidas por un punto y hasta accidentes cardiovasculares de tu entrenador) como un estímulo del destino. Ahí estaba marcada en la Historia la figura desmesurada del gigante caboverdiano, a cuyo nombre en la lista de titanes habría sin embargo que añadir la de un francés que rubricó su excepcional actuación besándose el escudo, primero, y guillotínando al Barça después. Si es posible Causeur debería quedarse, pero ese es otro asunto que habrá que ver en frío. Lo que permanece caliente es su espíritu indomable, su personalidad granítica para incursionar con éxito bajo los gigantes Smits y Mirotic y dejar sus bandejas solícitas, así como jugárselo con éxito desde más allá de la línea cuando a otro le temblaría la muñeca.
Y con esta materia, amigos, se hace la Historia. En un año cuasi en blanco (la Supercopa nunca cuenta cuando viene sola), habríamos querido casi igual a estos hombres de Laso y al propio Laso, gente que hace de dejar el último aliento cuestión de costumbre, adalides del honor que convierten en hábito la ambición sin límites. Lo que pasa es que al final, además, han ganado. Vivan todos ellos y viva por siempre Pablo Laso, de uniforme, de paisano o en calzoncillos.
Getty Images