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Pepe o el hallazgo del Santo Central

Pepe o el hallazgo del Santo Central

Escrito por: Mario De Las Heras26 febrero, 2020
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De Pepe yo siempre recordaré, sobre todo, aquella utilización que de él hizo Mourinho contra el Barsa. Mourinho cogió a Képler y lo usó como arma moderna para prevenir cincos a ceros inesperados y demostrar talentos casi ya insospechados, conocimientos técnicos de primer nivel y audacias vertiginosas. Fue emocionante ver aquella actuación de comecocos.

Por donde él pasaba no volvía a crecer un culé (y que culés eran aquellos, quizá los mejores de la historia), que evitaba por todos los medios, después de las primeras arremetidas, volver a pasar por allí, es decir: en veinte o treinta metros cuadrados con influencia de cincuenta o sesenta en el centro del campo.

Pepe dejó aquella zona devastada como la línea de fondo de las pistas de Wimbledon al final del torneo. Pepe embestía y aquellos jugadores del Barcelona parecían tomar el olivo desesperadamente. Fue un encierro futbolístico en vez de taurino, con barcelonistas en lugar de mozos y un defensa central reconvertido en todocampista avasallador en el sitio del toro.

A Pepe lo recordarán algunos (muchos, me temo) por ese papel malvado que entre unos y otros, la prensa y el Barcelona (esa entente), le asignaron sin reparos. Pepe era un jugador duro, agresivo, limítrofe, pero en ningún caso la especie de leñero inmisericorde y cruel, asesino de mujeres y niños como William Munny, tal y como llegó a retratarlo tácita y expresamente la prensa con motivo de algunas acciones intolerables y puntuales convenientemente criminalizadas y enlazadas en el relato oficial.

Con Ramos formó una pareja de centrales de leyenda. Superiores, cabeceadores, versátiles, movibles como el París de Hemingway, características del puesto que hoy continúan en la figura de Ramos y del heredero Varane. Pepe fue un gran jugador en el Madrid, estrella mítica de aquellos duelos históricos contra el Barcelona, y el acierto en la incesante búsqueda del Santo Central. La contratación de Pepe y su posterior y pronto desempeño admirable fue como ver a Indiana Jones entrar en la cámara del grial, cuando el cruzado le dice que lleva cientos de años esperándole.

No fueron cientos sino diez, creo, los años que pasó Pepe en Madrid. Su historia con Mourinho terminó mal. Se produjo exactamente igual que en esa escena de Historia de un matrimonio. Pepe dijo algunas cosas del entrenador compatriota y el entrenador compatriota le respondió públicamente que su problema era que un niño le había pasado por encima.

Cuando Mourinho acabó yéndose no mucho después, a Pepe se le abrió otra etapa en el Madrid que ya no parecía posible. La llegada de Ancelotti fue un período de claridad y de cristalización, individual y colectiva. Hubo delirantes y asombrosos momentos de destreza y de belleza, como ver a Gambardella pasear con corbata por la orilla del Tíber al amanecer. en aquel Madrid destapado y efímero que terminó siendo campeón de Europa.

Pepe no se marchó bien del Madrid. No recuerdo exactamente por qué y tampoco quiero recordarlo ahora. Pepe ganó tres Ligas y tres Copas de Europa, entre otros títulos (como esa Copa filosofal) y, por supuesto, deslumbró aquella noche contra el Barcelona, el arma secreta de Mourinho que funcionó con apabullante precisión maquinal y un espíritu animal enardecedor.

Aquellas zancadas descontroladas en apariencia, como las de un gran antílope espantado que ahuyentaba barcelonistas como el fuego, derrotaron por primera vez a un concepto inmaculado, mientras a nosotros los ojos se nos ponían vidriosos como si no pudiesen soportar, a pesar de la lejanía, aquel impresionante calor.

 

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.