Las mejores firmas madridistas del planeta

Con una excelente prosa, y un amor por su equipo que merecería el arribo a conclusiones más atinadas, Daniel Ramírez García-Mina ha escrito en El Español una explicación de su polémica frase, que hizo fortuna (?) en la víspera de la Final de Copa, en el sentido de que el Osasuna posee “arraigo popular”, algo que el Real Madrid “ni tiene ni jamás podrá entender” según Ramírez.

Es de elogiar que El Español publique una pieza que, como el propio Ramírez indica, no sigue la línea editorial del periódico. La pluralidad siempre está bien, sin perjuicio de que a mí, por ejemplo, me merezca escaso respeto un texto que da por evidente la “indigencia moral” de quien para muchos (y más desde el soberano partidazo de ayer ante el City) es el  mejor jugador del planeta:  Vinicius.

Me parece, desde esa frase e inevitablemente en adelante, un texto de una enorme indigencia moral. Repárese en que estoy llamando “indigente moral” al texto de Ramírez y no a Ramírez, mientras que él, en cambio, no ha hablado de la indigencia moral de un regate o un gesto de Vinicius, sino de la presunta indigencia moral de Vinicius mismo. Es decir, de la presunta indigencia moral de un chico de 22 años cuya presunta inmoralidad consiste en reaccionar -a veces con más ejemplaridad que otras, pero siempre a modo de reacción- contra el asqueroso acoso de oponentes, medios y aficiones rivales, algunas de las cuales no se privan de manifestar su racismo enconado contra el brasileño. Si Vini le parece a Ramírez un “indigente moral” (sic), no sé qué categoría reservará para todas estas manifestaciones de odio y xenofobia.

El texto de Ramírez se inicia con un lamento porque un tuitero, a resultas de su manifestación sobre el “arraigo”, le amenazó de muerte. ¿Ve usted, Don Daniel? Eso, amenazar de muerte a alguien, sí es indigencia moral. Buscar desde la primera frase la compasión del lector a cuenta de algo acerca de lo cual quien más quien menos viene ya curtido de twitter, sin embargo, no es indigencia moral, pero sí una añagaza columnística bastante burda. Pero se entiende. Se entiende que busque la compasión del lector antes que el convencerle, por cuanto ni por asomo en el resto del artículo se explica decentemente en virtud de qué se supone que Osasuna tiene más “arraigo popular” que el Real Madrid.

Si al menos Ramírez nos instruyera en su (personalísimo al parecer) concepto del arraigo, estaríamos menos perdidos. No. Se limita a aseverar que su afirmación es “una obviedad” y de ahí no le sacas, ni de ahí ni de su odio al Madrid, soterrado pero evidente, ni de su manifiesto aborrecimiento a la idea de la Superliga, que pasaba por allí. Traigo una sorpresa para nuestro hombre: hay madridistas contrarios a la Superliga, no sé si con más o con menos arraigo que los otros. Hay incluso madridistas que tienen simpatía hacia Osasuna y -aquí confío en que no le explote la cabeza- osasunistas que tienen cariño al Madrid. Yo mismo, en la previa del partido en Sevilla, topé con un navarro en cuya camiseta rojilla lucía un 5 bajo el nombre de Zidane. “Él quería venir pero no le fichamos porque ¿a quién quitábamos?” Como se verá, el que existan osasunistas capaces de engendrar un texto como el de Ramírez no debe movernos a ninguna suerte de animadversión hacia el digno finalista de Copa. Hay osasunistas estupendos.

Ya dice el propio Ramírez que no conviene generalizar. En efecto, ni los del Osasuna son etarras ni los del Madrid franquistas, y la prueba está en que ETA mató a osasunistas y Franco a madridistas, empezando por su presidente el Coronel Ortega al término de la guerra.

A partir de ahí, el escrito es un batiburrillo tan magníficamente redactado como confuso en lo conceptual. El autor presenta como prueba de la falta de arraigo del Madrid la canción “Cómo no te voy a querer”. “Se ve ahí que el único arraigo del Madrid es el triunfo”, viene a espetar. ¿Y quién ha dicho que sea el único? Ramírez, el pamplonica de la maleta melancólica.

Para alguien que detesta profundamente el nacionalismo como yo, el verdadero arraigo es la familia. Un padre madridista (en Madrid, en Kuala Lumpur o en la Isla de Pascua) inculca madridismo con el mismo amor que el que un padre osasunista emplea en cantar a su vástago las hazañas de Patxi Puñal. Como mínimo, con el mismo.

Por lo demás, es una pena que el antimadridismo patente de Ramírez le impida apreciar el encanto de la letra de la canción. El autor de la misma, anónimo que yo sepa, no le declara su amor al Madrid a consecuencia de una devoción por el terruño (como la de los osasunistas, gijoneses u oviedistas a los que sí les atribuye en cambio arraigo), sino en virtud de que no lo puede evitar por las alegrías que le da. “¿Cómo no te voy a querer?” implica un deseo de resistencia infructuoso. Al final solo cabe dejarse llevar por quien te hace campeón de Europa una y otra vez. ¿Existe mejor definición del amor, y hay algo más arraigado que ese sentimiento? El amor o es pasión incontenible o no es amor, y es independiente de los réditos que produzca. El que obtiene (vía trofeos) pocos réditos del amor por su equipo de fútbol no ostenta una legitimidad superior al que obtiene muchos. Si acaso, buscará consuelo en la autoafirmación de su amor.

Otra prueba de que el Madrid no tiene arraigo es, por lo visto, que a Benzema se le ha abucheado en el Bernabéu. Traigo otra sorpresa para Daniel: de igual forma que hay madridistas contrarios a la Superliga, hay madridistas que se oponen radicalmente a que se abuchee a los jugadores propios. Dese una vuelta por twitter, Daniel, y airéese. Dice que no necesita que le cuenten nada (yo no tendría la arrogancia de decir semejante cosa) porque ha estado en el Bernabéu. Un señor que cree que el público del Bernabéu refleja al madridismo es como uno que cree que un osasunista que abuchea el himno nacional refleja al osasunismo (¿valga la redundancia?). Harían falta miles de Bernabéus para poder acoger a todo el madridismo global, y la belleza de ello consiste precisamente en que la inmensa mayoría de los madridistas no se han comido ni se van a comer jamás un bocadillo en El Brillante, que es señal innegociable de madridismo según propugna nuestro amigo antimadridista. Yo sí me he comido un bocata de calamares en dicho establecimiento, pero no por ello exijo ese sello en el pasaporte madridista de nadie.

Aunque tímidamente parece querer evitarlo, es difícil esquivar el aroma rancio del nacionalismo en el texto en cuestión, y reconozco mis escalofríos al respecto. Dudo que sea posible no ser nacionalista y exigir como prueba de sentimiento por un club el conocer la Plaza del Dos de Mayo, o cualquier otro paradero urbano en Pamplona, Varsovia o Tegucigalpa. Para alguien que detesta profundamente el nacionalismo como yo, el verdadero arraigo es la familia. Un padre madridista (en Madrid, en Kuala Lumpur o en la Isla de Pascua) inculca madridismo con el mismo amor que el que un padre osasunista emplea en cantar a su vástago las hazañas de Patxi Puñal. Como mínimo, con el mismo. Si Ramírez niega esto, ya no estaré calificando de indigente moral su texto, como hago ahora.

Le estaré calificando de indigente moral a él, como él ha hecho con Vinicius.

 

No por esperable resulta menos indignante, pero cualquier persona con ojos en la cara puede concluir que la Copa de Europa es el fútbol, mientras que las competiciones domésticas españolas son, sin entrar en valoraciones, otra cosa.

La historia reciente nos enseña que el panorama futbolístico patrio es campo abonado para que los mediocres medren por lo civil o, a veces literalmente, por lo criminal. Villares, Rubis, Negreiras o Geris, todos ellos con la aquiescencia, cuando no abierta connivencia, de la mayoría de los medios de comunicación, han hecho y deshecho cuanto han considerado necesario para satisfacer sus intereses deportivos, económicos, políticos o personales en cada momento, ya saben ustedes, desde un voto para la presidencia de la federación por aquí, una supercopa en Arabia por allá o unos milloncejos injustificados e injustificables por acullá, todo ello mientras la prensa palmotea cual foca en un circo de siete pistas. Se da una pícara casualidad, y es que el Fútbol Club Barcelona es elemento común a todas las situaciones relacionadas. El denominado de manera insufriblemente cursi por Vázquez Montalbán “ejército desarmado de Cataluña” es, sin duda, más que un club. Basta con mirar mínimamente el panorama social y político de España para darnos cuenta de que en Cataluña cuesta más que se cumpla la ley. Estos miramientos se deben al miedo cerval de los políticos a molestar a las fuerzas vivas locales, no vaya a ser que les dé por escatimarles determinados apoyos vitales en las Cortes, así que, por esto, los riegan de prebendas que incluyen mirar para otro lado en según qué aspectos.

El abrazo entre Vinicius y Walker al final del partido de ida de semifinales de la Copa de Europa, el guiño cómplice de Haaland a Rüdiger justo después de que éste lo derribara en falta, o el saludo de De Bruyne con Modric son muestras de respeto. Ese mismo respeto es lo que falta en España, y una competición que no se respeta será otra cosa, pero no deporte.

Abundando en el asunto, la llamada roja, o sea, la selección española de toda la vida, gracias a una época buena cimentada en jugadores del Barcelona, ha servido de presunto bien superior que preservar. Bajo él se escondía un refugium peccatorum de manual, Negreira u Obrevo mediante, en el que los culés eran los buenos y sus rivales, es decir, los madridistas, los malos. Aún hoy, en la que la selección española encadena fracasos y adquiere una destacadísima irrelevancia, se sigue comprando a niveles deportivos, informativos y políticos, esa mercancía averiada que dice que el Real Madrid es maligno y el Barcelona, club corrupto y arruinado, encarna la luz que ilumina a las fuerzas del bien. Esa inercia se ha mantenido, aumentado y llevado al paroxismo durante la actual temporada. Las actitudes de determinados rivales del Real Madrid, personalizadas en jugadores como Maffeo, Raíllo, Fali o Iván Alejo, son consecuencia directa de la progresiva descomposición de las competiciones españolas. Denominarlas competiciones se me antoja generoso en grado sumo, pues ello supondría que los contendientes se enfrentan en igualdad de condiciones, circunstancia ésta que no se da. También me niego a considerar que esas competiciones son deportivas. Hasta donde conozco, aún no se consideran deporte disciplinas como la provocación, el insulto, la agresión traicionera, la envidia ni el victimismo.

Vinícius, Maffeo y Raíllo

Con todo lo anterior, qué refrescante resulta salir a competir, esta vez de verdad, a Europa. La Copa de Europa sí que es fútbol, sí que es deporte, sí que es competición. Aún a pesar de las manifiestas deficiencias de la UEFA en sus formas, criterios y decisiones, aún a pesar de su laxitud con determinados clubes que se saltan las normativas financieras, la limpieza de sus torneos resulta prístina al lado del mefítico icor que padecemos en España y al que sólo el Real Madrid parece estar dispuesto a hacer frente. El abrazo entre Vinicius y Walker al final del partido de ida de semifinales de la Copa de Europa, el guiño cómplice de Haaland a Rüdiger justo después de que éste lo derribara en falta o el saludo de De Bruyne con Modric son muestras de respeto entre tipos que son rivales compitiendo por llegar a la final de la, no nos engañemos, competición futbolística más importante del mundo, son deporte, y lo son porque hay respeto, más allá de alguna puntual salida de pata de banco de algún torpe. Ese mismo respeto es lo que falta en España, y una competición que no se respeta será otra cosa, pero no deporte.

Buenos días, amigos. 1-1. Todo se decidirá en Manchester, pero el hecho de que la resolución de la eliminatoria esté en el aire no debe impedirnos, de momento, seguir paladeando el espectáculo. Los pájaros de mal agüero (hola, Kun) y peor antimadridismo presagiaban una debacle absoluta ante los de Guardiola, pero se quedaron con las ganas porque vimos un Madrid que supo aguantar el chaparrón y morder como una víbora cuando el City apretó, pero también dominar a los mancunianos en un segundo tiempo de juego soberbio.

Marca trae a portada a los dos jugadores más renombrados en la actualidad de ambos clubes, aunque todo son contrastes en este cuadro: estatura, aspecto y méritos contraídos durante el partido. Haaland pasó prácticamente desapercibido merced a un marcaje de Rüdiger que ya ha entrado por derecho propio en la historia de los grandes secados de la historia del fútbol (“Rüdiger se come a Haaland”, sentencia Marca); Vinicius, en cambio, volvió a ser el gran protagonista de un partido vibrante de principio a fin. El mayor espectáculo del mundo. Vini marcó uno de sus mejores goles hasta la fecha (y uno de los más importantes) y fue un peligro constante pese a encontrar en su banda con un defensor excelente como Walker. El choque entre ambos fue noble y, al final, se abrazaron, tal y como ha pasado en anteriores eliminatorias con futbolistas como Reece James o Alexander-Arnold. Que se lo hagan ver sujetos malencarados y portuarios como Maffeo, Raíllo y sus secuaces. Cualquier semejanza entre un partido de Champions y la Negreira League es pura coincidencia. Parecen deportes distintos.

También en lo relativo a los arbitrajes. El Madrid tiene razones para quejarse porque la tecnología ha demostrado que el gol del City viene precedido de un balón que salió por la banda en su totalidad pero, dicho esto, ojalá tuviéramos al peor colegiado de la Champions arbitrando un clásico liguero, o cualquier otro partido. Se equivocan, pero tienen una coherencia y, hasta que se demuestre lo contrario, un cierto nivel y una deontología profesional.

Sobre la primera plana de Marca, solo nos resta mandar un abrazo fortísimo a Juan Carlos Unzue.

As trae a los mismos dos protagonistas que Marca, a pesar como indicábamos de sus méritos disímiles en el partido de ayer. Pero el Madrid no consistió solo en Vinicius percutiendo y Rüdiger secando al noruego. También fue Kroos sacrificándose, leyendo tácticamente el partido de forma ejemplar y exhibiendo su pase pluscuamperfecto; Modric impartiendo la enésima lección; Carvajal sacando del partido a Grealish; Valverde desfondándose; Camavinga deslumbrando en su proceso de creación de una posición nueva (el latecampista centroizquierdo); Courtois providencial cuando fue requerido… Leed la crónica de Andrés Torres y reeditad una nueva llama de orgullo blanco.

As nos recuerda también que esta noche, a partir de las 9, en el Wizink, tenemos otra cita inexcusable con el Real Madrid de baloncesto. Los de Chus Mateo se juegan a una carta su presencia en la F4. Si Tavares y compañía lo logran, estaremos hablando de la primera ocasión en la historia en que un equipo supere en Euroliga una serie de cinco encuentros que empieza perdiendo 2-0. El Madrid no sabe que es imposible y por eso lo puede conseguir. De modo que aquí estamos, contando las horas y los minutos hasta que llegue el Partizan. Como decía ayer nuestro amado Paco Sánchez Palomares, con la facilidad para el calambur que le caracteriza, ahora mismo somos madridistas al borde de un ataque de serbios.

A por ellos.

Ni Sport ni Mundo Deportivo tienen la indecencia mayúscula (y es de agradecer) de minimizar la importancia del partido de ayer en el Bernabéu, reconociendo ambos rotativos la gran calidad del encuentro por parte de ambos contendientes.

Bien es cierto que Sport elige una foto de De Bruyne en lugar de por ejemplo una de Vinicius (habría sido demasiado pedir), o que Mundo Deportivo otorga más espacio a la despedida de Busquets. Nos parece razonable, Busquets ha sido un futbolista muy importante en los éxitos contemporáneos del FC Barcelona. Un centrocampista de gran calidad que ha contribuido grandemente a incrementar el palmarés culé. O sea, lo que será Camavinga en el Madrid dentro de doce años, solo que mucho más espectacular y sin Negreira.

Buena suerte a Busi.

Pasad un buen día.

Courtois (8)

Seguro y sólido como siempre. Mano prodigiosa a De Bruyne. Impotente —y tapado — en el gol.

Camavinga (7,5)

Esbelto. Le está cogiendo el tranquillo al lateral zurdo. Eléctrico en defensa y con mágicos destellos en ataque.

Alaba (8)

Trasmite seriedad, profesionalidad y oficio. Eficaz. Corte milagroso ante Haaland.

Rüdiger (10)

Se comió a Haaland. Su mejor partido con la camiseta blanca.

Carvajal (7)

Amargó a Grealish. Sufrió al sprint.

Kroos (5)

Incluso cuando más desbordado estuvo trató de aportar criterio.

Modric (5)

Dejó detalles, pero sólo eso. Llega tarde a tapar a De Bruyne en el gol blue.

Valverde (6)

Brío con poco brillo, aunque dejó un memorable caño sobre Akanji,

Vinicius (9)

Un gol superior. De otra galaxia. Siempre amenazante.

Benzema (4)

Normalmente Karim mejora todas las jugadas que pasan por sus botas. No esta noche.

Rodrygo (6,5)

Voluntarioso e insistente, pero en el último momento se le apagaba la chispa.

Asensio (-)

Sin tiempo

Tchouameni (-)

Sin tiempo pero casi se saca el gol de la victoria en el descuento con un tirazo desde Mónaco.

Ancelotti (5)

Lo fía todo a su once de confianza y los rivales lo saben. Superado en el medio no cayó en la trampa de ir a buscar al City. Rácano en los cambios y los jerarcas con la lengua fuera.

 

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Arbitró el portugués Artur Dias. En el VAR estuvo el italiano Massimiliano Irrati.

El partido comenzó con un Grealish pasado de revoluciones que en el segundo 35 llegó bastante tarde ante Carvajal. Jugada de amarilla clara pero 'this is la Champions' y las primeras amonestaciones suelen llegar más tarde. A continuación, tuvo otro error Dias al no conceder falta de Camavinga sobre Stones en una acción justo en la frontal del área. Luego, en el 43' se produjo un pique entre Carvajal y Grealish. El madrileño desplazó al inglés sobre las vallas y el jugador del Manchester City golpeo en el brazo al lateral. El luso se hizo el sueco. Mientras que la última jugada de la primera mitad fue una contundente patada de Kroos a su compatriota Gundogan a la altura del muslo. Amarilla merecida para el madridista.

La segunda parte del trencilla fue mucho más pobre por las amarillas que dejó de sacar sobre todo en el lado visitante y algún córner obviado para el cuadro blanco.
El español Rodrigo se fue del Bernabéu sin su merecida amonestación y es que en dos ocasiones se la ganó. Primero en el 60' por agarrar a Camavinga y luego en el 79' por otra falta ante el francés. Sí la vieron Gundogan por una patada en la rodilla a Carvajal en el 70', Camavinga por una fuerte entrada a Rodrigo en el 79'y Bernardo por un golpe en el talón a Vinicius en el 85'. Ancelotti también fue amonestado por protestar en el 68'. El italiano se quejó de fuera de banda previo en el tanto visitante pero no hubo una sola repetición que aclarase la jugada. Por último, algunos madridistas reclamaron mano de Grealish en el 60' pero le da en el codo con el brazo pegado. No era punible.

Dias, DEFICIENTE.

 

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Habrá duelo de titanes en Manchester. Pep contra Carlo. Vini contra Haaland. Golpeó primero el Madrid con un zurriagazo memorable de Vinicius, pero en el mejor momento del campeón de Europa empató De Bruyne con un latigazo desde la frontal. Partidazo.

Con el único, unísono y madridista latido de la Plaza de los Sagrados Corazones en enésima busiana merengue, el madridismo recordaba al mundo, y desde las calles de la capital, quién es el Rey y cuál es su Copa. Enfrente, un viejo y nuevo enemigo. Antiguo por Josep Guardiola y su mal disimulada inquina blanca forjada durante décadas en Can Barça. Novedoso por el propio City, un ricachón de nuevo cuño, un equipazo, sí, supervitaminado y supermineralizado por una montaña de petrodólares del emirato, también. Los Intocables de Carletto para las grandes ocasiones afrontaban el reto, con la salvedad de Rüdiger titular por la sanción de Militao. Le tocó bailar con la más fea, una suerte de MegaStreisand de aquel inolvidable e irreverente capítulo de Southpark, y pronto, a los dos minutos, anunció a Haaland que nadie se da paseos por el Bernabéu arrojándolo por los suelos.

La efervescencia duró poco, tanto como una exigua cabalgada de Vini en los primeros compases, y el City comenzó a imponer su dominio, un yugo blue que, por momentos, un largo rato, aturulló sobremanera al Madrid. Courtois, tan seguro como Fort Knox, desbarató las aviesas intenciones de De Bryune y Rodrigo, desde lejos, y de Haaland más cerca, bien sujetado por Rüdiger durante todo el partido. Con Toni y Luka superados, el campeón de Europa no carburaba. Pep, hiperactivo, gesticulaba anunciando basculaciones pendulantes de su sistema táctico 4-2-3-1 que muta a 3-2-1-4 en segundos.

Carlo se comía otro chicle.

Ancelotti chicle City

Durante más de 20 minutos, el Madrid no hizo otra cosa que sufrir sin balón, pero en un instante Vini aprovechó un error de Gundogan para robar y cuasi asistir a Karim y mostrar un Madrid still alive. Una zancadilla alevosa de Carvajal a Grealish, el de la anacrónica diadema, acabó por demostrarlo del todo. La falta, táctica la llaman, encendió los siempre inflamables ánimos de Sant Pep de Santpedor, que comenzó a hacer lo que mejor se le ha dado siempre: comer orejas. En este caso la del cuarto árbitro. Carletto por su parte seguía comiendo chicle.

Habrá duelo de titanes en Manchester. Pep contra Carlo. Vini contra Haaland

Para cerrar el círculo, poco después Gundogan chocó con Rüdiger, sólido como un peñasco, y rebotó como un crash test dummie. Así llegamos a la media hora, con un Madrid aturullado y fallón, desenchufado por el abrumador dominio blue.

Y de repente la magia.

A los 36 minutos, una lejana pared con Modric abrió la banda izquierda merengue, una suerte de Sunset Boulevard blanco de los 70. Y cabalgó Camavinga, esbelto. Cedió a Vini que sin pensarlo demasiado lanzó un disparo poderoso, un zurriagazo seco, certero, mortal.

1-0 el primer crochet del campeón había sido directo al mentón.

Un minuto después, Walker, el marcador de Vinicius que parece sacado de una película de Guy Ritchie, quiso felicitar al carioca por su gol con un buen leñazo. El primer tiempo agonizaba, pero aún hubo tiempo de que Modric descendiera con la espuela un balón de los cielos en delicada maniobra y el hoy menos merengón Jack Grealish dedicara un sonoro fuck-off a Carvajal después de que éste le mandara a contemplar las vallas publicitarias.

Parecieron invertirse las tornas en la reanudación con un Madrid más incisivo que nos regaló una deliciosa combinación entre los cariocas y Karim, que la defensa blue desvió a córner en el último momento. El City, por el contrario, comparecía más pastoso, una lentitud quizás impostada con la que los de Pep pretendían que el Madrid fueran a buscarlos y así provocar una estampida de Haaland. No cayó en la trampa el viejo zorro de Reggiolo. Sin embargo, el dinero de Dubai y el ingenio de Guardiola, todo hay que decirlo, han configurado un equipo ecléctico, capaz de adaptarse a nuevas circunstancias.

Así, a los 50 minutos, un pase profundo, que recibió De Bruyne por la derecha en línea —para este cronista eso jamás será fuera de juego — permitió un apasionante mano a mano entre belgas. Courtois salvó el empate con una mano firme, dura, asombrosa, que permitió el despeje de Rüdiger en espectacular cabriola. Thibaut se soplaba los dedos, sus yemas, en llamas. Ganaba este primer asalto flamenco.

Courtois De Bruyne City

Crecía el City en intensidad merced a la leña de Rodri que llegó a Manchester bien aprendido. Haaland pudo escaparse una vez —pero llegó Alaba — el City no encontraba rédito y el Madrid, vigoroso, a lomos de un Bernabéu enaltecidos por los brasucas, entraba en su mejor momento. Lo de los primeros 20 minutos parecía un mal sueño.  Al filo de la media hora para el final, las espadas en todo lo alto.

Sin embargo, el Madrid —nos ha vuelto loco el inefable CTA de Medinah Singfar alias Catalejo— se distrajo reclamando, Fede primero y Vini después, incluso Ancelotti, dos manos ridículas que jamás habrían de ser penalti para cualquiera que haya pateado un balón. Así, un latigazo desde fuera del área De Bruyne, en una jugada aislada, propiciada por un buen robo de Rodri, permitió el empate del City. El duelo de belgas, esta vez lo ganó Kevin. 1-1 a los 66 minutos.

Entrábamos en el último cuarto de hora y no se anunciaban cambios de un Carletto protestón que se ganó una amarilla, el gol había revitalizado al City; el Madrid, alicaído, los jerarcas, sobre todo Modric, cansados, Karim, sin magia. Regresaba la pesadilla del primer tiempo.

un latigazo desde fuera del área De Bruyne, en una jugada aislada, propiciada por un buen robo de Rodri, permitió el empate del City

Y como entonces, el campeón se levantó. Primero avisó Valverde con un caño sobre Akanji de los de ponerse sotana por los siglos de los siglos —amen — y una malograda asistencia sobre Benzema. Después lo haría el propio Karim tras rematar de cabeza una falta de Kroos. La sacó Emerson.

Llegaba entonces la hora de la Zona Asensio. Marco, en la banda, con su cañón en la zurda, se disponía a aprovechar los diez minutos de Carlo. No podría. Se retiraba, ovacionado, un voluntarioso Goes. Poco después lo haría Tchouaméni en lugar de un exhausto Kroos. Modric, recién salido de lesión, aguantaba un poco más. Lo sustituía Nacho.  Guardiola, supongo que pronto algún panenkita dirá que es una genialidad, no hizo ningún cambio.

Rugía el Bernabéu en la agonía del partido, máxime cuando Rodri, que repartió estopa a placer, se libraba de una clara amarilla tras una increíble robo de Camavinga, fichaje de última hora para la medular merengue. A empujones, trataba de achuchar el Madrid. A la contra, los de Pep —increíble ¿verdad?— llegaban hasta donde permitía un Rüdiger, eléctrico, sobremotivado, fabuloso en su mejor partido con la camiseta blanca.

Una formidable mano de Emerson en el descuento interceptaba un misil tierra-aire de Tchouaméni pero los goles milagrosos se reservaron en esta ocasión para Manchester, en lo que será un nuevo duelo de titanes entre el Rey de Europa y el Príncipe del Emirato.

 

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Real Madrid y Manchester City se verán las caras de nuevo esta noche en el Santiago Bernabéu en otra semifinal de Champions.

En la última visita de los pupilos de Guardiola ya sabéis lo que ocurrió: Rodrygo, otro centro lateral se prevé, Rodrygo de nuevo y Benzema. Una de las grandes noches del madridismo.

Pon a prueba tus conocimientos sobre los enfrentamientos en Copa de Europa entre Real Madrid y Manchester City con estas ocho preguntas que han preparado los amigos de fcQuiz.

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Buenos días, amigos. Tal vez hayáis dormido mal, quizá sintáis ese cosquilleo en el estómago que tan bien conocéis, es probable que sufráis dificultades para concentraros y realizar vuestro trabajo, que vuestra pareja os haya dicho preguntado que si queréis ternera o merluza y hayáis contestado “yo también, cariño”, o que alberguéis esa incertidumbre ilusionante solo comparable a los instantes previos a desvirtualizar a aquella persona de Twitter que os tiene sorbido el cerebro. Es la Champions, el desafío total. Es la premonición de la gloria, es el maldito Real Madrid.

Ha llegado el momento clave de la temporada, las semifinales de Copa de Europa, que debido a su impenitente reincidencia, año tras año, el madridismo ya incluye en su calendario santoral incluso antes de comenzar la competición.

Espera el City, que es como decir que aguarda una selección de los mejores futbolistas y entrenador que el dinero puede comprar. Queremos recalcar “que el dinero puede comprar”. Y también queremos matizar que hablamos de dinero no generado por el club con recursos propios (hola, demagogos), sino sobrevenido de estados cuyas instituciones no se eligen democráticamente, no tienen partidos políticos, donde no se respetan gran parte de los derechos humanos e intentan blanquear sus dictaduras mediante inyecciones ilimitadas de dinero —procedente de la explotación de recursos fósiles— en clubes de fútbol de Occidente, como el PSG o el rival de esta noche, el Manchester City de Pep Guardiola, que curiosamente se autoerige en faro de moralidad.

Afortunadamente hay clubes que resisten en esta desigual lucha que pretende conservar esencias de derechos y libertades que van más allá del fútbol, y el Madrid se halla a la cabeza de ellos.

De la selección de mejores futbolistas “que el dinero puede comprar”, el que más asusta es Haaland, sin duda, y así lo enfatiza Marca.

Portada Marca

“Un monstruo viene a verme”. El diario de Gallardo utiliza la película de Bayona para titular hoy en referencia a Haaland, a quien tilda de ogro. Resalta que es el mejor duelo posible entre el campeón y el gran aspirante. No viene mal recordar que el Madrid es el campeón ni tampoco dejar de dar fe que el City es el eterno aspirante. Deseamos que ese “eterno” sea literal, aunque sabemos de la dificultad que entraña ponerle puertas al dinero ilimitado.

Es cierto que Haaland impone respeto, pero no en mayor medida que a ellos les asusta Vinícius. Son los dos jugadores más desequilibrantes del planeta y así lo plasman, en mayor o menor medida, las otras tres portadas deportivas patrias.

Portada As

La apariencia del frontispicio de As provoca un rechazo instintivo salvo que uno carezca de gusto, sea un amante de los flyers de discoteca chabacana o un enfervorizado aficionado al tuning de cinturón industrial. Pero equipara en importancia a Vini y Haaland.

Portada Sport

Los mismos protagonistas acaparan el principal espacio en Sport. Duelo total. Desafío total, que era una película de Paul Verhoeven en la cual al bueno de Schwarzenegger le implantaban recuerdos falsos. Y recuerdos falsos es lo siembra el diario del tal Iván San Antonio, que en la franja superior titula: “Messi, rey del deporte”.

Messi no fue rey del deporte ni cuando era un grandísimo futbolista.

Curiosamente la banda sonora de Desafío total era la sintonía de los partidos de Canal + en los inicios de la implantación masiva de recuerdos falsos en la audiencia que ayudó a forjar el relato allá por los tiempos en los que comenzaban las andanzas de Enríquez Negreira como vicepresidente de los árbitros españoles.

Tras la ausencia de comas del párrafo anterior, coged aire, aquí es martes y sí se puede respirar, a diferencia de lo que sucedía en el Marte de Desafío Total.

Portada Mundo Deportivo

Mundo Deportivo va un paso más allá en la implantación de recuerdos falsos y hoy, 9 de mayo de 2023, titulan: “El mejor” refiriéndose a Messi, de quien se ha hartado ya hasta uno de esos clubes que fichan todo lo “que el dinero puede comprar”, como es el PSG.

No os entretenemos más, seguid con vuestras tareas, vuestros ritos, supersticiones. A nosotros nos va a dar algo ya y aún quedan muchas horas para el partido. Todos a la busiana y luego a dejarnos el alma animando.

Pasad un buen día y ¡hala Madrid!

1- Sistema de juego y posible once

 

El Manchester City de la 2022-2023 que ha construido Guardiola no es el más vistoso, bonito y atractivo de ver desde que el catalán dirige al conjunto skyblue, pero sí probablemente el más práctico, eficiente y peligroso. Con la posibilidad muy vigente del triplete con Premier, FA Cup y Champions es el equipo más en forma del continente y lleva un año 2023 prácticamente inmaculado.

En la competición europea ha exhibido una contundencia imponente pasando por encima del Leipzig y el Bayern en las rondas anteriores. La gran variante táctica esta temporada es el distinto esquema con el que defiende y ataca el Manchester City. Cuando se colocan para defender, la estructura es en 1-4-4-2 mientras que en fase ofensiva se mueven varias piezas para formar un 1-3-2-2-3.

Con la única baja del neerlandés Ake por una lesión muscular, se espera en la portería a Ederson, en defensa a Walker de lateral derecho, Akanji por el izquierdo, Dias y Stones como centrales, en el pivote Rodri y a sus costados Gundogan y De Bruyne, mientras que arriba por la izquierda se situaría Grealish, por la derecha Bernardo Silva y en la punta Haaland. En el banquillo otros jugadores de talla mundial como el argelino Mahrez, el argentino campeón del mundo Julián Álvarez o el inglés Foden.

 

Foden Real Madrid City

 

2- Presión

 

Una característica fundamental del librillo de Guardiola que este curso no está realizando con tanto ahínco e intensidad como en campañas previas. El equipo presiona arriba sobre todo en los primeros minutos pero a medida que avanza el partido, y en función mucho del resultado, bajan la energía y el empuje en este aspecto. Siguen mostrando agresividad y actividad para originar pérdidas cerca de la frontal del área rival pero al duelo ya no van con tanta prestancia ni viveza.

El movimiento en forma de acordeón permite que los citizens se hagan un equipo muy corto, juntando líneas, presionando con coordinación y con la orden de ahogar al poseedor del balón u obligando a que se escore a los costados. La primera línea de presión a saltar será la que marque especialmente Haaland, mientras que la segunda es la que comanda Rodri, que roba más por posicionamiento e inteligencia táctica que por poderío físico. El pie de Alaba y la conexión Kroos-Modric-Benzema deben ser los resquicios merengues para superar esta presión y coger al City corriendo para atrás, que es cuando más sufre y sus problemas se multiplican.

 

Guardiola

 

3- Salida de balón

 

Una salida limpia, depurada, ordenada y eficiente es lo que pide siempre Guardiola con balón a sus hombres. Y se le nota a disgusto cuando no logran realizarla y deben quitarse el cuero de encima con un pelotazo. Una de las dudas del choque será si el Real Madrid se atreve a presionar arriba con brío y actividad o prefiere esperar en bloque medio. Pocos equipos se atreven con el City con una presión muy alta, pero conseguirla con éxito abre varias puertas al triunfo, con el Liverpool de Klopp como máximo exponente en los últimos años.

Guardiola prioriza no rifar el balón, jugar por bajo con constantes apoyos, combinaciones en corto o paredes hasta dar con el espacio para avanzar y hacer girar al rival. Tanto Ruben Días como Stones tienen un magnífico pie y buena precisión para conectar con Rodri, que es líder de las operaciones en el medio. El español trata de llevar lo mejor posible el cuero para los creadores de juego ofensivo, De Bruyne y Bernardo Silva. Amplitud, profundidad, circulación de balón y a mover el esférico de lado a lado hasta encontrar la grieta por la que entrar. Muchas veces lo consiguen porque sus jugadores son de alta precisión y calidad técnica individual.

 

4- Estilo de juego

 

Un equipo camaleónico ha edificado Guardiola esta temporada renunciando a algo de porcentaje de posesión para ganar en rotundidad, contundencia y más verticalidad. Sigue priorizando el dominio y el control del encuentro a través del balón, con circulaciones largas y precisas buscando siempre el hombre libre. A partir de tres cuartos del campo es cuando deciden meter una marcha más para penetrar en el área con paredes, balones filtrados o el desborde de sus jugadores talentosos por banda.

Sin embargo, este curso con el fichaje de Haaland la forma de jugar también ha sufrido modificaciones en este aspecto. El Manchester City puede ceder algo de iniciativa y esperar atrás para en cuanto recuperan el esférico salir en estampida y en pocos toques arriba. La sucesión de pases es corta pero directa y vertiginosa siendo el objetivo que el balón le llegue a De Bruyne y el belga lance en carrera y con espacios a Haaland.

De Bruyne

Esta campaña, por ejemplo, también se ha resentido la importancia de los laterales en el equipo. Anteriormente el despliegue era grande y constante pero con la colocación de centrales en esa posición del equipo se perdió vocación ofensiva. Solo lo que pueda aportar Walker en alguna subida contada sería digno de reseña.

 

5- Apartado ofensivo

 

Una batería de jugadores de calidad exquisita, desborde, talento, visión de juego y efectividad. Los citizens cuentan con numerosas piezas ofensivas de una calidad sublime y que casi todos pueden decidir un partido en una individualidad. Véase: Haaland, De Bruyne, Bernardo Silva, Mahrez, Foden, Grealish y Julián Álvarez.

En la Premier son el primer máximo realizador del campeonato (89 goles) y este año en Champions ya han realizado varias goleadas como los siete goles anotados ante el RB Leipzig, los cinco frente al Copenhague o los cuatro al Sevilla en el Sánchez Pizjuán.

Haaland monopoliza el sistema de ataque, siempre bien surtido por las bandas y los jugadores de la media con De Bruyne y el llegador Gundogan como principales exponentes. También se debe tener cuidado a sus disparos desde la media distancia, incluyendo además a Rodri, que ya ha marcado de esa factura.

En el juego aéreo todo se basa en el poderío de Akanji, Stones, Dias y Haaland que son magníficos cabeceadores. Atrás, la línea con Rüdiger y Alaba debe empujar al equipo arriba y tapar todas las vías del agua. En las bandas también se verá unos bonitos emparejamientos con el de Carvajal ante Grealish en la derecha y el de Bernardo Silva ante Camavinga en la izquierda.

 

Bernardo Silva y Camavinga

 

6- Aspecto defensivo

 

Una de las claves de la 2022-2023 es la solidez que ha conseguido el cuadro citizen atrás. Otras temporadas eran más vulnerables en la retaguardia y por eso cada verano gastaban una cantidad indecente de dinero en muchos fichajes de defensas. Jugando con cuatro centrales gracias a la polivalencia de Akanji y Aké han conseguido ser más compactos, firmes y sólidos. Con la baja del neerlandés, tal vez el costado izquierdo con el suizo Akanji sea una vía a explotar. Por la izquierda, Vinicius se medirá a uno de los laterales con mejor físico y más potencia del planeta en lo que se espera como un duelo apasionante.

Otro detalle a explicar es la función hibrida de Stones. El inglés actuía como central en fase defensiva, pero cuando el City inicia su transición defensa-ataque eleva su posición y se sitúa junto a Rodri para ejercer como pivote y permitir más vuelo al español. Así ganan un jugador más en el centro del campo buscando la superioridad. En su defecto, si el Real Madrid lograse recuperar en esa zona el balón de manera rápida podría coger al equipo inglés descolocado, con más huecos atrás y con dos autopistas por las bandas.

En la Premier han recibido 31 tantos en contra en 34 partidos y en la Champions solo cuatro en toda la competición (uno el Borussia Dortmund, uno el Sevilla, uno el Leipzig y uno el Bayern). Guardiola demuestra que no son necesarios jugadores físicos para un trabajo intenso, fuerte y oscuro en la destrucción del juego rival. Basta con futbolistas mentalizados, bien dirigidos, inteligentes tácticamente, solidarios, trabajadores y agresivos en la marca. Ejemplos de ello son Mahrez, Bernardo Silva, Gundogan o Foden. Arriba si cuenta con el sacrificio y la batalla de un Haaland que es un incordio y una pesadilla por lo pegajoso y agresivo que se muestra cuando el balón lo tienen los centrales.

 

Haaland

 

8- Hombre clave

 

El cyborg noruego Erling Haaland. El fichaje estrella del Manchester City el pasado verano y el mejor artillero del planeta. Una auténtica máquina para facturar goles en cualquier posición, ángulo y distancia. Acumula un total de 51 tantos entre todas las competiciones y en la Premier League batió hace pocos días la marca de Shearer con 34 en un mismo curso.

Un portento físico, con una velocidad y una zancada primorosa que en carrera y con espacios es devastador. A todo ello hay que sumar su ambición, carácter y competitividad. Nunca está saciado y busca hacer más y más daño. Con una zurda muy precisa, también maneja la diestra y el juego aéreo gracias a su altura y potencia de salto. Es listo, intuitivo, oportunista y eficaz. La portería rival está entre ceja y ceja los noventa minutos y nunca parece estar cansado.

 

Getty Images.

Sevilla estaba llena de jacarandas y eso ya era una señal. El sábado, al mediodía, la ciudad más hermosa del mundo estaba tan bañada en una luz blanca de primavera como cubierta con lunares morados, que parecía una mujer vestida de flamenca. Eso, a Dios gracias, tapaba el rojo burdeos de los navarros, un rojo gritón y desagradable, más cercano al marrón que a la sangre.

Los de Osasuna estaban desparramados por todo el centro y chillaban como si aquello fuera San Fermín. Lo inundaban todo con el atrezzo portátil con el que viajaron a Sevilla, un forillo de la navarridad con el que dar la lata todo el fin de semana. Contrastaban vivamente con el transitar apacible de las familias que marchaban hacia las muchas bodas y comuniones que estaban a punto de celebrarse, y con el pasar de los madridistas, ataviados la mayoría sencillamente con una camiseta.

Esa es de las cosas que más chocan: el madridista, por lo general, va por el mundo como mucho con la zamarra, como tímidamente, sabiendo que los cojones hay que enseñarlos después, con la copa delante. Sin embargo, para el resto de aficiones de España estas ocasiones son como verbenas de barrio: escenarios para exhibir chovinismo de aldea, para meterte por las narices lo mucho que quieren su tierra.

Fans Real Madrid final Copa

Y como en Sevilla gravitaba sobre las cabezas de la gente el color de la nieve y de la pureza, las camisetas del Madrid se fueron infiltrando poco a poco en la fotografía general, confundiéndose con el ambiente y apoderándose cromáticamente del paisaje. El rojo vociferante de los que desde el jueves llevaban haciendo ruido debajo de la Giralda se apagaba lentamente a medida que se acercaba la hora del partido. Que son las horas en las que el Madrid crece como el miedo hasta hacerse gigante y monstruoso en la imaginación de los rivales, que empiezan las finales como si desearan perderlas pronto, en una cosa rápida que termine con la angustia.

Eso es lo que le pasó a Osasuna. Al minuto dos ya había marcado Rodrygo. Hola, qué tal, verán ustedes, somos el Madrid, toda esta parafernalia está muy bien, pero nosotros hemos venido aquí a ganar. Las sombras se hicieron corpóreas sobre el césped de La Cartuja: eso era el Madrid en una final, al fin y al cabo, una pesadilla que se hace presente justo al despertar. El fenómeno sobrehumano que no canta ni anima en las finales, pero que las gana. Como si fuera inevitable. Como si fuera la muerte.

El Madrid crece como el miedo hasta hacerse gigante y monstruoso en la imaginación de los rivales, que empiezan las finales como si desearan perderlas pronto, en una cosa rápida que termine con la angustia

El Madrid salió decidido a finiquitar el asunto en la primera parte, y a poco lo consigue, pero el portero, el larguero y la precisión atrofiada de sus delanteros permitieron a Osasuna sobrevivir. Gobernaba el partido la voluntad econométrica de los madridistas, y eso es siempre un riesgo en las finales. En el descanso, probablemente, sobrevolaron Haaland y Guardiola por la cabeza de todos los jugadores de Ancelotti, pero en cuanto lo necesitaron, es decir, tras el empate de Torró, los jerarcas apretaron de nuevo el acelerador y en un cuarto de hora se acabó el partido. De nuevo lo ineluctable. De nuevo la muerte.

Me quedé pensándolo al final del partido. El Madrid había ganado la Copa del Rey, la Copa de España, otra vez y para siempre, después de nueve años. Pero es curioso: los que pierden contra el Madrid siempre acaban cantando, y están orgullosos de ello. La grada de Osasuna cantaba sus cosas, sus himnos, se jaleaba a sí misma, con sus banderitas de apoyo a los presos etarras, con su vasco artificial, mientras sus jugadores recibían las medallas de subcampeones y el capitán del Madrid, Benzema, se preparaba para recoger el trofeo de manos de Felipe VI.

Benzema Copa Rey Felipe VI

Los navarros cantaban sin parar y yo pensé en cómo reaccionaría yo mismo si el Madrid, en vez de ellos, hubiera perdido el partido. ¿Tendría cuerpo para cantar? En absoluto, concluí. Sólo querría morirme, llegado el caso. Como mucho, a las dos horas de luchar sin posibilidad alguna de victoria contra ese apocalipsis interior que sucede dentro del madridista a toda derrota (¡y más en una final!), sólo entonces, hubiera podido escupir al cielo y pensar en el siguiente partido. Pero cantar y aplaudir, ¿a qué? ¿por qué? Pensé admirado en qué capacidad de resignación y de predisposición a la entrega hay que tener para aplaudir a quienes han perdido. Yo no la tengo. No creo que haya muchos madridistas que la tengan.

Hola, qué tal, verán ustedes, somos el Madrid, toda esta parafernalia está muy bien, pero nosotros hemos venido aquí a ganar

En Sevilla, había también madridistas cantando y gritando antes del partido. La Alameda de Hércules estaba llena de ellos. Debajo de las estatuas de Caracol, Chicuelo y la Niña de los Peines, muchos grupos de cientos de tíos vestidos de blanco encendían bengalas y cantaban también. Pero había pocas banderas que no fueran estrictamente blancas, aunque por supuesto también había tontos con simbología estúpida: como del Madrid hay más aficionados en todo el mundo que de ningún otro equipo, también hay una cuota de tontos mayor, eso es inevitable, un fenómeno puramente humano.

Llegué también a la conclusión de que la identidad madridista se fundamenta en las ideas de libertad, ambición y orgullo, mientras que casi todas las demás, por ejemplo la de Osasuna, son simples proyecciones del arraigo territorial. Y no hay ninguna idea que arraigue más en el pueblo, en cualquier pueblo, que el sueño de ser libre y el orgullo de imponerse a los demás en la buena lid de una justa pelea: por eso, hasta ahora, los pueblos libres han logrado imponerse, en el decurso de la historia de Occidente, a los pueblos siervos, casi siempre, aunque como en todo en esta vida, hay excepciones y matices.

Rodrygo final Copa

Al madridista lo empodera su deseo enfermizo de ser mejor que los demás, no el santo patrón de una ciudad, y la emoción íntima de conectarse a una tradición limpia y clara como el agua que abaja del monte. La tradición más ilustre, que es la de los hidalgos de los de lanza en astillero. Por eso Morante, que es de La Puebla del Río, y no de Chamberí, siempre quiso torear como jugaba Zidane. El sábado estaba entrando él también en el estadio como un paisano más, yendo a ver a su Madrid, con una camisa blanca y una boina de campo. Eso también era una señal.

Eso es el Madrid en una final, una pesadilla que se hace presente justo al despertar. El fenómeno sobrehumano que no canta ni anima en las finales, pero que las gana

Así es como se tenía que llegar al Manchester City: ganando. Cualquier otro planteamiento distinto, cualquier consideración de la Copa de España como algo menor y por lo tanto, prescindible (esa estupidez de que “lo importante es lo del martes”) habría conducido a un escenario siniestro: el Madrid embocando la ida de las semifinales de la Copa de Europa lleno de dudas, señalado por la derrota ante un equipo menor y, en frente, un tremendo campeón inglés cuyo entrenador ansía transmutarse en el Madrid con todas las partículas de su ser y cuyo 9 es un cyborg creado por una inteligencia artificial. Por encima de todas las cosas, cualquier otro pensamiento habría sido profundamente antimadridista. No anti de odio, sino de negación esencial del madridismo, que es embestir siempre a la muleta del destino sin pensar en otra cosa.

Vinícius madridismo Osasuna

Por suerte, Ancelotti no es un tuitero. Ancelotti conoce a las personas. Lleva veinte años entrenando como si cada partido fuese el último de su carrera deportiva. Como si cada final fuese la última. Pues en efecto, eso es lo que pasa: cada final es un regalo que la vida nos hace a los hombres, un milagro que nadie asegura se vaya a repetir, y que por lo tanto hay que disfrutar con el espíritu ancho de las grandes victorias.

Madridismo es embestir siempre a la muleta del destino sin pensar en otra cosa

La final consagró a los niños, que ya lo han ganado todo en el Madrid. Vinicius, Valverde, Rodrygo y Camavinga son ya jerarcas de pleno derecho aunque apenas superen los veinte años. Es una cosa extraordinaria, pues si se piensa en frío, sólo Kroos, en el Bayern, brillaba así con esa edad. Modric o Ramos rompieron a gigantes entre los veintiocho y los treinta. A lomos de esos pequeños grandes hombres, el Madrid afronta el martes otro partido encima del abismo, porque si para el osasunista promedio llegar a una final de Copa es motivo de satisfacción suficiente y oportunidad de exaltación regional única, para el madridista, todo lo que no sea derrotar temporalmente la amenaza del olvido, es una cesión insoportable frente a la dictadura del tiempo.

Disfruten de este Madrid

En La Cartuja, que ni siquiera está en Sevilla, sino en Santiponce, a un salto de las ruinas de Itálica, no sólo se vio la diferencia entre una grey que va a los sitios a disfrutar y a ganar y otra que ampara manifestaciones ruidosas y visibles de desprecio a los españoles, a sus símbolos y a sus muertos. También se volvió a ver lo poco que le importa el aficionado, que es el que sostiene el tinglado, a las organizaciones clientelares de reputación dudosa que lo explotan, como la Real Federación Española de Fútbol.

La Cartuja es un estadio bonito por dentro y horrible por fuera que se hizo por capricho de un alcalde andalucista que tuvo Sevilla cuando en la Junta se vivía en pleno virreinato socialista y en Madrid gobernaba todavía Felipe González. La ocurrencia era concurrir a unos Juegos Olímpicos y que Betis y Sevilla vendieran sus estadios y se fueran a jugar juntos. Está completamente desconectado de Sevilla y a su vera sólo llega el C2, que es el autobús circular en el que van a los campus universitarios de la Cartuja la mayoría de sus estudiantes. Como recinto deportivo es un estadio fenomenal, aunque como escuché el sábado por la noche, mientras nos marchábamos en manada rumbo al puente del Alamillo, “es un edificio tan feo que parece de La Castellana”. Antes estaba rodeado por un poblado chabolista, ahora parece que sólo hay ruinas.

Para el madridista, todo lo que no sea derrotar temporalmente la amenaza del olvido, es una cesión insoportable frente a la dictadura del tiempo

Al terminar, como siempre, a los VIPS los recogieron en la puerta, mientras que la plebe tuvo que caminar más de una hora hasta la avenida de Torneo, que es la ribera del río en la que termina Sevilla. La Cartuja, que se adecentó para la Expo del 92, vegeta desde entonces como un híbrido extraño y semiabandonado de polígono industrial de alto nivel y campus universitario, aunque ni está habitada ni parece que vaya a estarlo próximamente, y en una ciudad en la que su aeropuerto y su principal estación ferroviaria no están conectadas por ningún tren de Cercanías, la incorporación de este inmenso hábitat al pulso urbano general parece todavía una quimera. Por lo tanto, es el lugar adecuado para que Rubiales se lleve a sesenta mil desgraciados una vez al año, a disfrutar de su modernización y saneamiento del estamento federativo del fútbol patrio.

 

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