Buenos días, amigos. Rubiales ha anunciado que se va, pero eso no significa que se haya resuelto ningún problema. Ha quedado apañada una cuestión superficial de higiene, si se quiere ver así, pero por dentro la inmundicia sigue.
“Se acabó”, reza la portada de As. Ojalá. Nada se acabó. Se puso fin, si acaso, al alipori nacional de un sujeto que no sabe comportarse sin hacer alarde público de su machismo y pésima educación, arruinando además un momento de máxima celebración nacional.
Pero el detritus sigue reinando en el subsuelo, fundamentalmente a través de la presencia de los epígonos corruptos de Negreira en el Comité Técnico de Árbitros, que Rubiales tuvo la oportunidad de fumigar durante su mandato, optando mejor por ponerse de perfil e incluso defender públicamente la honorabilidad de los miembros del CTA. Esta inacción, este proceder con la escoba para ocultar la basura bajo la alfombra, es un pecado de omisión ignominiosa que debió haberle costado el puesto mucho antes de que lo hiciera el machirulismo rancio del personaje. Pero aquí no pasó nada. Recordemos que Miquel Iceta, Ministro de Cultura Y DEPORTE, alegó no estar siguiendo “de cerca” el asunto Negreira, pese a tratarse del mayor escándalo en la historia del que aún es el deporte rey en nuestro país a despecho de su depauperado estado (el del deporte, no el del país, aunque no faltará quien extienda el concepto). La prisa que tuvo el ministro por activar todos los resortes necesarios para acorralar a Rubiales, justamente utilizados ahora, pudo ponerla en juego mucho antes.
Además de la vergonzosa falta de respuesta al BarçaGate, Rubiales protagonizó legendarios episodios de torpeza y/o corrupción a lo largo de su desatinado desempeño. Se cargó a Lopetegui en un arrebato que le costó a España el ridículo en el Mundial de Rusia, y enfangó el fútbol estableciendo un partnership con Piqué para organizar la Supercopa en Arabia, en un conflicto de intereses de manual.
Marca nos informa de la dimisión del sujeto retratando su inconsistencia (la del sujeto, no la de la dimisión, aunque a saber), poniéndola en contraste con sus promesas de aguantar en el cargo. Será una de las pocas veces en que habrá que celebrar que un cargo haya sido infiel a la palabra dada.
Y sí, hay que celebrar, pero sin perder un segundo más sin proceder a fumigar el CTA, y sin que la deposición (con perdón) del presidente de la RFEF deba en ningún caso interpretarse como un aval para su enemigo acérrimo, Javier Tebas, cuya presencia al frente de la Liga supone una desgracia para el balompié patrio de dimensiones (nos atrevemos a decir) superiores a la de Rubiales. Hay un principio filosófico aquí, tanto más vigente cuanto que se refiere al fútbol español: aplaudir el adiós de un sinvergüenza no apareja necesariamente dar la razón a su enconado rival. Tebas contribuye a la ruina de nuestro deporte favorito en mayor medida que Rubiales, habiendo como ha infectado las finanzas de los clubes, ya de por sí en la cuerda floja, con la usura ilegal de CVC, y habiéndose como se ha puesto en las manos de su socio Jaume Roures, proveedor del VAR, creador del relato futbolístico patrio y avalista/socio del FC Barcelona, en un conflicto de intereses tan grave como cualquiera de los que adornaban al de Motril.
Rubiales se va: buena noticia.
Tebas y Roures siguen: pésima noticia.
Los rotativos cataculés destacan igualmente la partida del dirigente del piquito. Sport destaca que el anuncio de la misma tuviera lugar en un medio inglés, concretamente ante el periodista Piers Morgan. La entrevista fue tan dantesca como cualquier otra aparición pública de Rubiales, con el agravante de añadir a su habitual mal uso del castellano el atropello a la lengua de Shakespeare. Se echó de menos la frase “I am from Motril”.
En otro orden de cosas, Sport anuncia ufano las presuntas rentas que deparará al Barça el nuevo Camp Nou, precisamente cuando diversas fuentes subrayan las dudas que los inversores en la obra están experimentando a raíz del recrudecimiento del asunto Negreira.
En fin, amigos. Que nuestra alegría por el fin del rubialato no obstruya la necesidad de avanzar en la purga. A ello tal vez ayude lo publicado hoy por El Debate. La Guardia Civil investiga el enriquecimiento súbito, sumamente intrigante, de varios colegiados en activo durante el negreirato, entre los que se cuentan popes del daño arbitral al Madrid como Hernández Hernández, Sánchez Martínez y el mismísimo jefe actual del VAR, el nefando Clos Gómez. Estas mismas informaciones de El Debate habían sido inicialmente despachadas por el resto de medios, en el sentido de que la investigación ni las contemplaba. El Debate tenía razón.
Aclaramos que no hace falta que se demuestre ese enriquecimiento ilegítimo para que el asunto Negreira sea juzgado con severidad. Una cosa es el envilecimiento sistémico del arbitraje a través de los pagos del Barça a Negreira, ya acreditado con las facturas correspondientes y el testimonio del sujeto ante la Hacienda Pública, y otra que, además, para abundar en la corrupción reinante, ese envilecimiento se complementara con el aumento de los activos de algunos colegiados en concreto. Una cosa no es necesaria para probar la otra.
Pasad un buen día.
https://twitter.com/eldebate_com/status/1701120896704856104?s=20
Buenos días, queridos lectores. No sabemos si ustedes coinciden con Scorsese en estar algo hastiados del cine de superhéroes, no tanto por ser de superhéroes, sino más bien por parecerse poco al cine, o aun peor, por invitar a la confusión -por vía del exceso de estrenos, de digitalización y de promoción- de reducir el cine a un fenómeno de constantes fuegos artificiales como el que ofrece, como ejemplo paradigmático, la gallina de los huevos de oro que podríamos resumir como el universo Marvel.
No es objeto de este portanálisis abundar en este asunto, pero de héroes va la cosa hoy en nuestras portadas, que tal vez, como pasa con el cine según el maestro Scorsese, hayan dejado de ofrecer lo que solía llamarse periodismo para vender no sabemos bien qué parecido también a los fuegos de artificio, sin duda espectaculares hasta que el cuello y los oídos empiezan a doler de tanto mirar hacia arriba y de tanto estruendo sin mayor sentido que el estruendo mismo.
Cuatro son los héroes del día y cuatro son las portadas, como cuatro era precisamente los Cuatro Fantásticos, uno de ellos de piedra, más o menos como podría tener la cara -si no de cemento armado- el héroe que nos presenta Marca en entrevista exclusiva. Su nombre mundano es simplemente Javier Tebas, trasunto acaso de Clark Kent, quien hacía el papelón de no enterarse de nada cuando en realidad el Superman que habitaba en él iba por delante del resto en conocimiento y habilidad.
Está Clark Tebas (o Javier Kent) en una cosa llamada Thinking Football Summit, y perdonen ustedes que nos cueste ubicarle en algo que tenga que ver con el thinking, aunque más nos cueste verle en algo que tenga que ver con la renovación del fútbol español y con la toma de decisiones incómodas cuando más bien parece el insospechado héroe bien apoltronado en las decisiones más cómodas del mundo, esas que Lampedusa supo resumir con aquello de que todo cambie para que nada cambie, y mucho menos la situación de privilegio del héroe en cuestión.
"El caso Negreira -dice el superhombre- se podía haber evitado", pero resulta que no se evitó, que se llevó a cabo, que se perpetró, al parecer con el beneplácito de no pocos a priori y con la mirada para otro lado de muchos más a posteriori. Será ese el poder de este héroe: ese tan viejo de "ande yo caliente, ríase la gente", o ese otro de soltar por la boca en la portada de hoy todo aquello que los propios actos niegan.
Rivaliza el héroe reseñado con el que ofrece la portada de Sport en sus bajos, si bien ya apunta maneras el delantero brasileño que ocupa casi toda la primera plana: Vitor Roque para los humanos, killer sub-20 para los avezados culés, tan propensos ellos a la creación de héroes de barro, de proyectos de héroes y hasta de héroes más estrellados que estelares.
Sin embargo, pese a que el tamaño de la información (?) no esté equilibrado, vayamos a la gema casi oculta que, sobre fondo rojo, ofrece Sport por vía de Enric Masip, antaño notable jugador de balonmano y ahora no solo miembro de la Secretaría Técnica del Barcelona, sino sobre todo figura audaz capaz de ver lo que los hombres y mujeres normales no vemos, como es prescriptivo en todo relato de superhéroes. Dice Masip, acaso hechicero o sacerdote o mago o brujo, que "en Estados Unidos Joan Laporta sería un héroe", y no sabemos si quiere esconder esa frase estelar una crítica a la putrefacción moral de los Estados Unidos o si es justo todo lo contrario y quiere decir lo que dice. Caso de tratarse de esta segunda posibilidad, entendemos que la embajada estadounidense habrá llamado a consultas a su equipo diplomático para elevar algún tipo de queja y así evitar que semejante declaración pueda desprestigiar la imagen del país.
Es cierto, Enric, que Estados Unidos es el país del Watergate, pero esa lectura es tan parcial como parece serlo la normativa que (no) se aplica al Barcelona de las palancas, las ventas y reventas de activos, los avales y la madre superiora. Además, por si esto fuera poco argumento, no sabemos cómo se tomará el bueno de Jan eso de atribuirle heroicidad tan lejos de sus fronteras, aunque solo sea porque el més que un club pide a gritos servir sobre todo de iglesia local, no vaya a ser que tengamos que vender la sacristía para inscribir al citado Vitor Roque.
El último héroe del día ya fue convenientemente reseñado en el portanálisis de ayer, así que bien poco podremos añadir hoy. No se nos puede escapar, sin embargo, el hecho de que As lo compare ya con Messi y que Mundo Deportivo diga que Neymar -otro héroe caído- supera a Pelé. Ya lo ven: fuegos artificiales y estruendo, barraca de feria, dolor de cabeza, de oídos y de cuello, esta vez provocados por el hermanamiento entre la meseta y ese país pequeñito de arriba a la derecha por obra y gracia de Lamine Yamal, el héroe en ciernes de la actual parroquia culé, que se sigue pareciendo mucho a la no actual parroquia culé, toda ella encantada de saberse heroica, de venderse heroica, de alquilarse heroica, de apalancarse heroica... Nos lo quitan de las manos, señora.
El Madrid F.C. conquistó su primera Liga en la temporada 1931-1932. Tras el parón, los jugadores volvieron a los entrenamientos con normalidad y con un nuevo técnico al frente, el inglés Robert Firth. En materia de fichajes, el club se movió en los despachos firmando a Pedro Regueiro, Valle, Ordóñez y Gómez, entre otros.
El equipo blanco realizó una gira por Canarias que duró un mes entre julio y agosto y luego descansó veinte días antes de iniciar la pretemporada del curso 1932-1933. El cuadro merengue tenía varios duelos concertados, entre ellos dos contra el Betis en las fiestas de Ayamonte (Huelva) los días 9 y 11 de septiembre.
Todo se desarrollaba con tranquilidad en el día a día madridista hasta que saltó la noticia en los periódicos nacionales y madrileños los días 8 y 9 de septiembre. "Quincoces y Ciriaco se niegan a firmar por el Madrid F.C." o "Ciriaco y Quincoces no quieren firmar la ficha", fueron algunos de los titulares.
La noticia era sorprendente y causó gran revuelo e inquietud en la afición. Los dos jugadores que al fichar en 1931 lo hicieron por cuatro campañas, tenían tres temporadas más de contrato y eran las fichas correspondientes a esa campaña y que se depositaban en la Federación Castellana de Fútbol las que no querían firmar.
La razón esgrimida por la célebre pareja de defensas es que reclamaban una prima especial de 5.000 leandras (pesetas) por estampar su rúbrica. La posición de los dos jugadores vascos venía de un tiempo atrás, cuando el Madrid firmó una mejora a Gaspar Rubio. Y es que en el pensamiento de Ciriaco y Quincoces sus méritos deportivos habían sido superiores a los de ‘El rey del astrágalo’. La postura del club es que no querían tratar nada que no fuesen las condiciones corrientes. “Firmen ustedes y cuando hayan firmado, ya veremos”, recogió el diario La Voz que comentaron miembros de la directiva a los jugadores.
La gerencia blanca tenía pensado, antes de todo este embrollo, conceder un premio en metálico a Ciriaco y Quincoces por su excelente labor la temporada previa, que fue clave para lograr el título de Liga. Sin embargo, ese premio se acababa de esfumar porque entregarlo en ese momento sería acceder al chantaje, según algunos directivos. Además, sería sentar un precedente volviendo a los peores tiempos del amateurismo marrón (profesionalismo encubierto) y se correría el peligro de que, tras ellos dos, siguieran los demás jugadores con el mismo espíritu pedigüeño.
El Madrid F.C. envió una carta a la Federación Castellana de Fútbol confirmando que los dos jugadores se negaban a firmar las fichas, declarándoles en rebeldía y avisando de que ejercería el uso de sus derechos federativos y de retención sobre los backs. El diario El Sol publicó que la situación entre futbolistas y club estaba “enconada” y que los defensas “no andaban muy propicios a la transigencia”. Ambos no estuvieron en la lista de Mr. Firth para viajar a Ayamonte y se perdieron los dos encuentros con el Betis en los que se improvisó una zaga con Quesada, Bonet y Gómez, estos dos últimos medios de posición natural. El artículo de El Sol finalizaba diciendo que “todavía se confía en una gestión oportuna que zanje todas las diferencias”.
Así fue y unos días después El Heraldo de Madrid explicaba que Ciriaco y Quincoces capitulaban sin condiciones. La Federación Castellana llamó a los dos jugadores la noche del día 9 para que se pasaran por sus instalaciones. Allí el dúo defensivo firmó sin dificultad alguna en presencia del secretario federativo, el señor Luis Álvarez. Durante la tarde habían arreglado sus diferencias con el club blanco sin recibir nada de la prima requerida y depusieron la actitud en la que se hallaban.
La gran dupla defensiva se reincorporó a la disciplina del equipo con celeridad y ya disputaron en el once inicial el siguiente encuentro de la pretemporada contra el Hércules en la inauguración del estadio de El Bardín, en Alicante.
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Ha empezado la Copa del Mundo de rugby, que se celebra, como la de fútbol, cada cuatro años. Esta vez se va a celebrar en Francia, y la inauguración tuvo lugar en el Stade de France de Saint-Denis, de recuerdos a la vez gloriosos y amargos para miles de madridistas que sufrieron -sufrimos- la pésima organización de la final de la Liga de Campeones de 2022.
Este acontecimiento, pese a que en España no levanta demasiada expectación (el rugby en España ha sido siempre amateur y ha estado muy acotado al jugarse a nivel universitario, en colegios mayores y poco más), es uno de los más seguidos a nivel planetario, solo quizás tras el Mundial de fútbol, la final de la Copa de Europa, los Juegos Olímpicos y algún evento puntual, como la final de la SuperBowl, las rondas decisivas de la NBA, Wimbledon, las etapas de montaña del Tour de Francia y algún Gran Premio de F1, como el de Mónaco.
Y es que el rugby mueve pasiones y auténticas masas de aficionados, sobre todo en Gran Bretaña e Irlanda (recordemos que es el único deporte en el que la República de Irlanda y la de Irlanda del Norte juegan bajo una sola bandera, un único escudo y un mismo himno), las antiguas colonias del Imperio Británico (Australia, Nueva Zelanda, países de Oceanía, como Tonga, Fiyi o Samoa, Sudáfrica, Namibia), más algunos países de Europa Occidental, encabezados por Francia e Italia y algunos países sudamericanos, en especial, Argentina.
Prácticamente, las 20 naciones que participan en la Copa del Mundo son siempre las mismas, con alguna incorporación, como este año Portugal, que se ganó su clasificación en una última fase de repesca europea. España, que solo participó en el Mundial de 1999, fue descalificada de forma bochornosa por una serie de alineaciones indebidas que denunció su rival, Rumanía, que finalmente obtuvo su billete para Francia. Y es que la Federación Española de Rugby es un pozo de desorganización y de malas prácticas que no tienen apenas nada que envidiar a su homóloga de fútbol.
El ámbito de países poderosos en rugby, como se ve, es muy limitado, apenas una treintena en todo el globo, pero la audiencia televisiva es millonaria, las entradas están agotadas desde hace meses y el índice de fidelidad a los colores es elevadísimo. No es ningún secreto, por ejemplo, lo que supone para Gales o para Irlanda poder derrotar a la selección de Inglaterra. Escocia, por ejemplo, tiene como lema el siguiente: “Ganar a Francia es un honor, pero ganar a Inglaterra es un deber”.
Para quien les escribe, amante absoluto del fútbol (bueno, exactamente sería más correcto decir amante absoluto del Real Madrid), el deporte que estéticamente más le gusta es el rugby, quizás por haberlo practicado de muy niño en el Liceo Francés de Madrid (que tiene un precioso estadio de rugby, no así de fútbol).
Es un tópico decir que es un deporte noble, pero lo cierto es que es la pura realidad. Por supuesto que también juegan “ovejas negras” con malas intenciones, pero son infinitamente menos numerosas que en el balompié. Fingir, hacer teatro, las diversas tretas para perder tiempo, todo ello está muy mal visto por los propios compañeros de equipo, por los rivales y, por supuesto, por los árbitros. Hay que destacar, por cierto, el absoluto respeto que hay en este deporte hacia la figura arbitral, que gana su autoridad desde antes incluso del pitido inicial de cada partido. Es impensable ver escenas clásicas en el fútbol en las que los miembros de un equipo rodean al colegiado cuando se ven perjudicados por una de sus decisiones.
Por no hablar de la transparencia que se vive en el rugby en todas y cada una de las decisiones arbitrales. El árbitro no tiene ningún reparo en explicar exactamente a los jugadores lo que ha pitado en cada jugada y, en las grandes competiciones como la Copa del Mundo o el 6 Naciones, lo explica detalladamente por medio de un micrófono a todo el público asistente y a los telespectadores, apoyándose en unas imágenes de vídeo transparentes y públicas - sin ocultaciones o manipulaciones, tipo Óscar Lago - que se muestran por los vídeo-marcadores.
Es conocido el dicho “el fútbol es un deporte de caballeros que se juega por villanos, mientras que el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros”
Exactamente lo contrario que pasa en España en el fútbol, con conversaciones entre árbitro de campo y sala VOR siempre censuradas o simplemente ocultas, que obviamente dan para pensar muy mal. Ya se sabe que en otros países ya se escuchan públicamente estas conversaciones: con el CTA de Medina Cantalejo y su acólito Clos Gómez, el oscurantismo más deplorable es el rey de la desinformación y de la manipulación.
Es conocido el dicho “el fútbol es un deporte de caballeros que se juega por villanos, mientras que el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros”. Y tiene mucho de verdad. En las “melés” se cometen faltas de todo tipo, incluyendo mordiscos, puñetazos, arañazos o cabezazos capaces de derribar a un buey. Pero pocas veces se fingen faltas, menos todavía lesiones, y la mala fe procura ser desterrada por la autoridad arbitral. Nunca se permitiría, por ejemplo, aquella lamentable imagen de Busquets haciéndose el agredido por Motta en semifinales de Champions contra el Inter de Mourinho (que le costó jugar al Inter una hora en inferioridad numérica), o una fechoría como el falso penalti (el célebre penalba) a Jordi Alba en un Barça-Éibar, que le pudo costar una liga al Madrid en 2017. Dichas acciones se hubieran revisado, rectificado y muy posiblemente habría caído una sanción ejemplar para los teatreros de turno.
El rugby es un deporte que desde hace unos pocos años se juega a reloj parado, no tan estricto como el baloncesto, con lo que los 40 minutos se convierten, entre lesiones o discusiones arbitrales, en 50 minutos de duración por cada tiempo. Son inconcebibles las pérdidas de tiempo que tanto daño hacen al fútbol, ya que en dichos hipotéticos casos se pararía el reloj, así de sencillo.
Es bueno recordar que el Real Madrid llegó a tener, entre sus secciones deportivas, una de rugby, que tuvo bastante éxito en los años 20 y 30 del siglo pasado, con consecución de algunos campeonatos (una Copa de España en 1934, por ejemplo), hasta que desapareció en 1948. Hubo un intento de resucitar el rugby madridista en 2007, con un acuerdo de colaboración con un gran equipo de la época, el CRC Pozuelo, aunque al final se desestimó proseguir dicha aventura, ya que, como hemos dicho, el rugby no es rentable en España ni tiene suficiente mercado.
Hay tres claros favoritos en este Mundial: el anfitrión, Francia, varias veces subcampeón del mundo que aún no ha tocado la gloria, Sudáfrica (3 mundiales: 1995, 2007 y 2019) e Irlanda, reciente ganador del último 6 Naciones. Hay que añadir a este terceto siempre a Nueva Zelanda, aunque en los últimos tests premundialistas han demostrado una inusitada fragilidad defensiva. Dos selecciones habitualmente muy potentes, Australia (1991 y 1999) e Inglaterra (único equipo del hemisferio norte ganador de un Mundial, en 2003), están en horas bajas, aunque habrá que tener un ojo en su trayectoria mundialista. El equipo outsider puede ser Escocia, que juega un excelente juego ofensivo, y seguro que Argentina (los célebres Pumas), Tonga y Japón serán naciones duras de roer.
No pudo empezar mejor, con un estadio abarrotado cantando a capella la Marsellesa, frente a toda una tricampeona del mundo (1987, 2011 y 2015), los All Blacks de Nueva Zelanda, que nos regalaron una impresionante haka maorí para tratar de amedrentar al XV del Gallo.
El partido no defraudó, con emoción a raudales y mucha igualdad. Francia, con muchos nervios, quizás por la pompa de la inauguración, estaba siendo dominada por los Kiwis hasta bien entrada la segunda mitad y no empezó a jugar a la mano, la tradicional especialidad del rugby champagne galo. El dominio francés fue evidente durante la última media hora, y de un 9-13 desfavorable (con dos ensayos de los All Blacks por medio de su fabuloso ala izquierdo Telea), se pasó a un 27-13 final, con 2 ensayos locales y una extraordinaria actuación del zaguero Thomas Ramos, que pateó magníficamente 5 golpes de castigo y transformó un ensayo, marcando un total de 17 de los 27 puntos de su selección.
Si tienen ocasión, disfruten de algún partido de esta Copa del Mundo. Podrán apreciar un deporte de enormes valores, noble, solidario y de entrega total, arbitrado con luz y taquígrafos (¿Se imaginan a ustedes a Hernández Hernández explicando sus erróneas decisiones? Quizás se lo pensaría dos veces y acertaría más a menudo, sobre todo pitando al Real Madrid), duro muy a menudo, pero sin malas intenciones casi siempre.
Y después de un partido, ya saben, a disfrutar de otro clásico del rugby: el tercer tiempo. Camaradería y deportividad, sin malos gestos.
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Buenos días, queridos.
¿Para qué sirve un partido de la Selección en Georgia un viernes por la tarde?
A. Para llenar huecos y portadas durante días.
B. Para que los periodistas mamoneen con jugadores y directivos.
C. Para no hablar del caso Negreira.
D. Para lanzar al estrellato a un nuevo jugador del Barça.
E. Todas las anteriores.
Si uno se acerca a las portadas de los periódicos deportivos de hoy, encontrará una unanimidad que solo suele producirse cuando...
A. Juega la Selección Española, aunque sea contra Tahití.
B. Nadal o Alcaraz logran un gran triunfo.
C. Se descubre el mayor escándalo de fraude deportivo de la historia del fútbol español.
D. Las dos primeras, cachondos. Borrad la C.
Ya que mencionamos el tenis, las portadas de esta mañana no han podido recoger la gran victoria de Carlitos Alcaraz esta madrugada frente al ruso Medvedev por los siguientes motivos:
A. Porque el partido acabó sobre las cinco de la mañana.
B. Porque el debut de Yamine Lamal es mucho más importante.
C. Porque no se ha producido y ha palmado en cuatro sets.
La actualidad deportiva venía cargada de noticias (fútbol, baloncesto, tenis, ciclismo, corrupción federativa...), pero la tradición marca que el combinado nacional acapare todas las portadas. Y no nos parece mal, que conste, pues es tal la orfandad del madridismo durante los parones de selecciones que cualquier loa excesiva nos sirve para sacar nuestra vena más crítica. Recordemos a modo de ejemplo:
A. Nuestro cariño por Luis Enrique y sus debutantes random.
B. El escalofrío que nos daba ver a Jordi Alba con el brazalete de capitán.
C. La seguridad que nos transmitía el invisible De Gea.
D. Cómo los periodistas utilizan a España para lanzar preguntas desafortunadas en ruedas de prensa sobre el Real Madrid.
E. El debut de la nueva perla blaugrana, aunque lleve menos de trescientos minutos en Primera.
Las portadas de los diarios madrileños, tan dadas a los infames juegos de palabras, nos han parecido demasiado correctas, incluso diríamos que sosas. Qué grandes oportunidades han perdido para deleitarnos con su ingenio y creatividad:
A. España le hace un siete a Georgia.
B. Ge-orgía.
C. De la Fuente ya tiene a quién Yamal.
D. Goleando bajo la lluvia.
E. No sigáis, por favor.
De la portada de As destacamos la noticia del faldón inferior: “La Fiscalía se querella contra Rubiales”. Por fin, pensamos. Pero enseguida nos sacan del engaño, averigüen a qué se debe:
A. Sus chanchullos con Geri para llevarse la Supercopa a Arabia y las comisiones a su cuenta.
B. Los apaños personales con dinero de la Federación.
C. Ocultar información sobre el BarçaNegreiraGate.
D. El “piquito”.
Sí, señores, la D es tristemente la correcta. Todo lo demás es digno de un “no lo sigo de cerca” ministerial, pero el piquito es un sable demasiado grande para las tragaderas institucionales. Y no decimos que no sea impresentable, que lo es y mucho, sino la sorprendente celeridad en la reacción para unas cosas y la desesperante inacción en otras, lo que acrecienta la sensación de impunidad para el Rubi y sus “socios”. El fútbol femenino está de moda, o eso nos contaban hace apenas dos telediarios, pero pasa muy desapercibida la noticia sobre la huelga en La Liga F por la falta de convenio, lo que ha impedido el arranque del campeonato.
Los diarios cataculés se congratulan por la aparición de una nueva estrella, no sabemos si fugaz, como tantas otras, pero “ha nacido una estrella”: Yamine Lamal, quien a sus 16 años y 57 días, debutó con gol en la selección de Luis de la Fuente.
Aún es pronto para saber si con veinte años estará en el Brighton, o con veintitrés en la MLS, o si será un crack de talla mundial, que podría llegar a serlo, pero se viene turra de las buenas. Los más jóvenes no lo sabrán, pero hace años se llegaba a la Selección tras decenas de partidos en Primera División, tras haberse curtido con los Raíllos y Maffeos de la época (Migueli, Martagón, Pablo Alfaro, Arteche, Benito...) y haber destacado durante meses o más bien años en partidos a cara de perro, pero de un tiempo a esta parte, desde que la Selección tiene más el aspecto de un cortijo culé que de un equipo que nos represente a todos, basta con debutar en agosto con el primer equipo y hacer tres jugadas para los highlights promocionales para que te llamen en septiembre a la selección.
El chaval tiene pinta de buen jugador, aunque apenas lo hemos visto dos ratos. Claro que los elogios periodísticos nos recuerdan a los ya escuchados sobre Deulofeu, Riqui Puig, Bojan Krkic, Halilovic, Christiansen, Demir, alias “el Messi austriaco” y Munir, quien vivió una situación muy parecida a la de Yamal de la que luego se arrepintió.
La maquinaria propagandista culé funciona muy bien, hasta el punto de hacer creer a algunos que:
A. Cualquier chaval de la cantera es un futuro Balón de Oro.
B. Que pagaron durante dos décadas al Vicepresidente de los árbitros para que unos directivos blanquearan capitales.
C. Que el Real Madrid y Franco y todas esas milongas.
D. Que cumplen el fairplay financiero de LaLiga gracias a las palancas.
E. Que los arbitrajes españoles favorecen al Real Madrid. Sí, también los de Hernández Hernández y el primo de Jesús Bengoechea.
Se nos hacen muy largos estos parones de selecciones, señores. Que vuelva pronto el Real Madrid, hey, Jude, baila, Vini y lo que de verdad nos pone a tope.
Pasad un gran día.
Buenos días. Llegó el primer parón de selecciones de la temporada. Reconocemos que la peste bubónica fue más perjudicial para el género humano en su conjunto, pero la peste, por lo menos, sólo se presentó una vez.
En cambio, los parones de selecciones tienen a bien volver puntualmente a nuestras vidas, y aun así hay ocasiones en que su arribo nos sorprende desfavorablemente. Debe de ser que la memoria es en efecto selectiva, y que tiende a ignorar lo que la experiencia sabe que ha de acontecer, como el niño que vive las vacaciones como si fuesen eternas. Pero no. Llega la vuelta al cole y, con ella, el Georgia-España.
Hemos puesto “Georgia-España” al buen tuntún y resulta que, en efecto, ese es el partido al que nos enfrentamos hoy. Milagro. Si es amistoso, de clasificación para la Nations League, de la propia Nations League estando ya clasificados, de clasificación para alguna Eurocopa o de homenaje a Luis Rubiales es algo que tendréis que averiguar por vuestros propios medios. Nosotros no enviamos nuestra flota a batirse en duelo con los Georgia-España, de manera que admitiremos, sin orgullo necesariamente, pero desde luego sin la menor vergüenza, que no tenemos ni idea de cuál es el propósito de dicho apasionante choque.
As nos saca de dudas. Por lo visto, España está “sin margen de error” y debe “ganar en Georgia para encauzar su clasificación para la Eurocopa”. Magnífico, ya sabemos para qué sirve el partido. En su letra pequeña, el diario madrileño nos informa de los devaneos de Raúl González con el Villarreal, que anda en busca de nuevo técnico tras haber cesado a Setién por (según se ha publicado hace unos días) no saberse el nombre de sus jugadores. Tampoco nos parece para tanto. El BOE, por un error (o mejor dicho: por cinco errores) del CSD, ha escrito incorrectamente el nombre de cinco jugadoras de fútbol a las que se concede la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, y no nos consta que nadie del CSD haya sido destituido. Hay que ver cómo se pone la gente por un nombrecillo (o cinco) sin importancia.
Lo de Raúl al Villarreal nos parecería bien por cuanto el técnico del Castilla merece ya probar suerte en aventuras mayores, y porque le servirá para curtirse antes de recalar algún día, posiblemente, en el blanquillo blanco. Habríamos preferido que no se fuera a un club tan institucionalmente antimadridista como el Villarreal, pero como nos pongamos tiquismiquis en esa materia al final el pobre Raúl no puede entrenar más que al Castilla, al Madrid y al Espanyol, y poco más.
“Más líos no, por favor”, titula Marca, en lo que no sabemos si es un ruego o una declaración de intenciones, por cuanto el rotativo de Unidad Editorial lleva meses evitando el meterse demasiado en el lío de los líos, el que nos ha hecho descubrir que el Barça se pasó dos décadas (mínimo) comprando los servicios de la cúpula arbitral española para granjearse el favor de los colegiados. Es un lío (o, mejor dicho, EL lío por excelencia) que ha puesto increíblemente incómodo a Marca. Lógico que rehuyan el tener que informar de más enredos. Bastante tienen con afanarse en sortear el otro.
Marca nos trae también la foto a través de la cual Carlos Alcaraz homenajeó sobre la pista a Jude Bellingham (grandeza llama a grandeza) y la noticia de que Gil Marín ha sido nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA a cuenta de su marcha atrás en la Superliga. Tal vez Roma no pague a traidores, pero ¿quién ha dicho que Ceferin (o sea, Catar) deba seguir la misma política?
Mundo Deportivo nos quiere bien enterados de que Lamine Yamal podría debutar esta noche de manera precoz con la selección, dado que De la Fuente “confía ciegamente” en él. ¿Quién es De la Fuente?, puede que os preguntéis. Pues es un señor al que conoceréis porque ha salido en todos los medios aplaudiendo a Luis Rubiales durante su delirante última aparición ante la RFEF. Se da la curiosa paradoja de que vosotros lo conocéis principalmente de esas imágenes, pero él jura que no se reconoce en ellas.
De la Fuente ofreció una rueda de prensa altamente embarazosa, hace pocos días, para pedir disculpas públicas por aquellos aplausos. Suponemos que le habréis perdonado y que, a continuación, por tanto, ha vuelto a ingresar en el limbo del anonimato en que lo situabais antes de los aplausos, pero ya estamos nosotros aquí para iluminaros. Se trata, ya decimos, del seleccionador nacional de fútbol masculino. El de fútbol femenino fue cesado por aplaudir, supuestamente, o sea, lo mismo que hizo De la Fuente sin por ello ser cesado. Para terminar de dar sentido a todo, os contaremos (aunque ya lo sabréis) que la nueva seleccionadora de fútbol femenino ha sido ascendida a ese puesto por aplaudir (o, al menos, habiendo aplaudido).
Viva la coherencia.
Sport se ocupa de Joao Félix, de quien Xavi-Estoy-En-Desacuerdo-Con-
Menos mal que sabemos que Tito Jan tiene, en un cuartito muy recóndito de casa, una caja B llena de golosinas. Lo sabemos pero, por supuesto, nadie hace nada al respecto, que es en lo que consiste ahora el fútbol español, a saber: en dejar que el Barcelona haga lo que le da la gana mientras todos los demás se hunden, temerosos de que, si hicieran algo para frenar los desmanes culés, se hundirían un poquito más rápido, y no es plan.
Pasad un buen día.
Llevo unos días pensando en algo. Si el juez instructor del caso Negreira suma todas las pruebas existentes y llega a la conclusión de que el Barcelona pagó al vicepresidente de los árbitros para que creara así un sistema corrupto basado en beneficiar a los culés frente a los demás equipos españoles, estaremos a las puertas de un cambio en la mentalidad deportiva de la época. Porque el FC Barcelona, tal y como lo conocemos a día de hoy, desaparecerá. Será otra cosa. Un club vacío de trofeos y relato, sin sustento más allá de la sanción deportiva. El Barcelona cargaría con la culpa de la podredumbre del sistema deportivo español y toda esa humillación tendría una consecuencia inmediata en el inconsciente colectivo. La idea de que el Barça ha corrompido el sistema arbitral se instalará en nuestra conciencia como una huella indeleble, una hendidura cerebral en el sujeto contemporáneo. Y esta demolición mental generará nuevas cotas de libertad para autoconstituir, cada uno en el sofá de su casa, una nueva conciencia social lejos del ‘Así gana el Madrid’.
La primera vez que escuché hablar sobre el fenómeno del inconsciente colectivo fue en la serie True Detective, una narración detectivesca clásica que fue un éxito de la HBO. En ella, uno de los detectives (el más gótico de los dos) incluye en la ya morbosa investigación el factor de la psicoesfera; un término que hace referencia a la fuerza sugestiva del ambiente para moldear nuestras ideas a su gusto. La atmósfera y esa incidencia en lo que pensamos y sentimos. Es la guerra de la individualidad frente a lo colectivo. En la psicoesfera se acaba la intimidad del yo, porque es imposible que brille por la apabullante presencia del espíritu de masas.
Hay culés y filo culés (esos que primero odian al Real Madrid y después eligen equipo) que han crecido inmersos en una pegajosa atmósfera empapada del indigno Messi, donde la España de Xavi Hernández marcaba el código de vestimenta nacional. Y su idea hegemónica es que el Madrid siempre roba. Ellos sufrirán la mayor contradicción, angustiosa y corrosiva. Se convertirán en hombres y mujeres torturados, sin umbral ni linde que los proteja. No encontrarán resquicio milimétrico por donde fugarse a la antigua realidad, esa del ‘Más que un club’, ya desmembrada por la presión social. Todos los que nos desmarcamos de esa narrativa clásica y hemos permanecido durante años en un terreno marginal, desplazados a un lugar externo al relato, podremos entonces celebrar el acontecimiento que ha puesto en crisis la estructura de la ley marcada en el deporte español. Esa ley basada en la trampa, invertida y obscena.
En mi trabajo como psicóloga pretendo ahondar y entender el sufrimiento humano haciendo hincapié en los procesos inconscientes. Por eso sé que a veces el sujeto va por libre. No todos los consumidores de fútbol nacional caerán presos de esta nueva atmósfera, limpia de trampas. Hay ideas que son inextirpables. Y hay personas que no están preparadas para la catarsis, y prefieren continuar viviendo encapsuladas en un mágico delirio; lejos de esa angustia, pero también lejos del pensamiento.
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Jude Bellingham asegura que nunca había escuchado en un estadio el clamor que estalló cuando anotó el gol que daba la victoria ante el Getafe en la cuarta jornada de Liga. Una afirmación que procede de un jugador que ha disputado sus últimas temporadas en el Iduna Park, la guarida del Borussia Dortmund y su famosa Sudtribune, donde se ubica el mítico Muro Amarillo de la afición alemana. Sabe por tanto de lo que habla.
Jude Bellingham asegura que le temblaron las piernas cuando escuchó al Bernabéu corear su nombre, el ‘Jude, Jude’ que se ha convertido en el nuevo grito de guerra de una hinchada que sabe distinguir a uno de los suyos cuando lo ve y a la que no es sencillo dar gato por liebre. En el Bernabéu no se regalan elogios a nadie. La exigencia es siempre máxima.
Jude Bellingham ha entrado en el Real Madrid con el pie derecho. Ayudan los cinco goles en cuatro partidos, números de auténtico delantero centro siendo un media punta o en todo caso un ‘todocampista’, una especie en peligro de extinción, pero ayuda mucho más la actitud y el respeto reverencial que ha mostrado por el que es el mejor club del mundo, pese a quien pese.
El inglés siempre ha querido jugar en el Madrid. Ha sido su sueño y ha hecho lo posible por convertirlo en realidad. Ha movido los hilos y las piezas que han sido necesarias para terminar vistiendo la camiseta blanca. Sin duda alguna, en el Madrid se gana dinero, mucho dinero, pero no tanto dinero como en los clubes estado que han proliferado en la última década y que han revolucionado por completo el mercado futbolístico, una realidad que la reciente aparición de la liga árabe, como un elefante en una cacharrería, acentuará aún más.
Al contrario que Mbappé, Bellingham ha elegido el Real Madrid por el hambre de Gloria, con mayúsculas
¿Por qué Jude ha elegido entonces el Madrid si podía haber ganado mucho más dinero en clubes como el Paris Saint-Germain o el Manchester City, por citar dos ejemplos? La respuesta es sencilla: por el hambre de Gloria, con mayúsculas, algo que solamente el Real Madrid te puede dar, no solo por lo que gana, sino por la atmósfera y la aureola que rodea todo lo que tiene que ver con la entidad blanca.
Jude ha entendido ese paradigma a la perfección. Al contrario que Kylian Mbappé, al que el fulgor del oro catarí tiene cegado.
La vida es muy larga y todo puede dar muchas vueltas, pero parece indudable que Mbappé se mueve en unos parámetros muy diferentes. Dinero y más dinero en vez de gloria. Nadie duda de que los futbolistas juegan por dinero, pero, si te gusta el fútbol, la historia de este deporte y quieres empezar a construir un camino que te acerque al santuario donde moran los más grandes, tener solo el dinero como guía es un mal camino.
La afición del Madrid sabe de fútbol. La hinchada madridista ha visto jugar en el Bernabéu a los más grandes de la historia de este deporte. No es fácil darle gato por liebre, pero lo que es imposible es conseguir que esta afición ponga delante un jugador por encima del escudo, que es absolutamente innegociable. Mbappé no lo ha entendido aún. Es un gran futbolista y lo va a ser mejor, pero en el Madrid no hay nada por encima del escudo. Alguien se lo tendrá que explicar para que comprenda la diferencia que existe entre un buen club o un club de leyenda.
Bellingham, en cambio, lo ha entendido desde el primer momento. En el Madrid, primero el escudo, después el equipo y, en tercer lugar, el jugador. Y, si eres un crack, mejor que mejor. Ese es el camino para luchar por ser uno de los más grandes de la historia.
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Publicamos este texto con ocasión del que habría sido el cumpleaños de Elia Kazan.
Lamentablemente, poco o nada va a tener que ver el título de este texto con la fantástica película del director otomano Elia Kazan y la portentosa interpretación de Marlon Brando, con la que ambos obtuvieron un más que merecido reconocimiento y prestigio internacional. De manera que, si acudían a este texto asociando el título con el film de 1954, su decepción va a ser al menos comparable a la que me embarga a mí cada vez que compruebo la reacción de la mitad de nuestra sociedad a cada nueva información que aparece a raíz del Caso Barça-Negreira.
Una de las características más naturales del ser humano ha sido desde tiempos inmemoriales la curiosidad, elemento indispensable de la naturaleza del hombre que nos ha permitido evolucionar hasta el punto en el que nos encontramos. En la actualidad, estamos siendo testigos de un acontecimiento involutivo histórico, que no es otro que ver cómo el antimadridismo latente de un sector de la sociedad actúa como una suerte de inhibidor de uno de nuestros instintos más puramente humanos: la susodicha curiosidad. Nadie quiere saber nada. Nadie muestra interés por saber cómo de corrupto estaba (¿o está?) el sistema arbitral, ni cuántos o quiénes estaban implicados. No interesa. De ahí que hoy haya que tirar de lupa para encontrar las nuevas informaciones relativas al escándalo de Negreira en las portadas de los principales periódicos deportivos.
Estamos siendo testigos de un acontecimiento involutivo histórico: ver cómo el antimadridismo latente de un sector de la sociedad actúa como una suerte de inhibidor de uno de nuestros instintos más puramente humanos: la curiosidad
Porque mientras que el madridismo está teniendo la reacción que (considero yo) debería ser la reacción natural, la más coherente y razonable dado el elefante que se encuentra en nuestra habitación (el mayor caso de corrupción deportiva que hemos tenido la desgracia de presenciar), a la otra parte de la población, la que no es madridista y a la que, por tanto y por su aséptica reacción debemos catalogar como antimadridista, parece no importarle un comino que el deporte al que siguen o del que viven (esto es de traca) haya quedado manchado para siempre y ahora mismo sea la gran vergüenza del mundo.
El madridismo clama indignado donde puede: en las redes sociales y en los pocos medios que se dignan a hablar de este escándalo como se merece (La Galerna entre ellos, por lo cual me siento tremendamente afortunado y hasta diría que un privilegiado); mientras que por otro lado la gran mayoría de medios hacen la vista gorda, luchando con uñas y dientes porque el caso Negreira pase lo más desapercibido posible, ya sea guardando silencio o minimizando al máximo la gravedad del escándalo. En estos días hemos tenido que presenciar u oír desde al director de cierto programa nocturno preguntarse indignado que a cuento de qué se dedica la Guardia Civil a seguir investigando el caso (¿cómo se atreven esos malditos verdes a hacer su trabajo?, ¿con qué derecho?, ¡qué ultraje!), hasta ver cómo las noticias relativa a las últimas informaciones eran borradas de la página web del principal periódico deportivo del país, por no hablar del experto en derecho que pone en tela de juicio… ¡las conclusiones de un juez! Ver para creer.
Estos días hemos visto cómo un director de programa nocturno se preguntaba indignado a cuento de qué la Guardia Civil seguía investigando el caso y al principal periódico deportivo del país eliminando las últimas informaciones sobre el barçaGate de su web
Una persona más malintencionada que yo podría pensar que en esta actitud ocultista reside un interés en que la gente permanezca ignorante acerca de la corrupción deportiva de este país en general y de la corrupción derivada del caso Negreira en particular. Una persona más malpensada que yo podría pensar que, o los medios están satisfechos con el actual sistema que impera en los estamentos del fútbol español, mejor conocido por el madridismo como “el tinglao”, o están obligados a callar para no perjudicar al equipo que se está favoreciendo de dicho sistema. Cabe preguntarse por qué harían tal cosa, ya que no es posible pensar (¿o sí?) que prácticamente todos los periodistas de todos los medios son antimadridistas. Y para responder a esto, me remito a una cita del primer volumen de la saga “Canción de hielo y fuego”, más conocido por el nombre de la serie televisiva: Juego de Tronos; en la que el personaje de Meñique le pregunta y (autorresponde) a lord Eddard Stark lo siguiente:
—Cuando la reina proclame un rey, y la mano otro, ¿a quién van a obedecer los soldados?
—Al hombre que les paga.
Otro de los héroes del silencio de carácter protagónico en esta historia es Javier Tebas. El presidente de la liga tenía una oportunidad de oro para disparar con toda la artillería contra sus enemigos de la RFEF, pero por algún motivo que tampoco se alcanza a comprender desde el punto de vista de la honestidad (a ver cómo se explica que el presidente de una liga, al descubrir que ha estado corrupta durante al menos dos décadas delante de sus narices, tenga una reacción tan contenida), el costarricense (sí, nació en San José) dejó pasar la oportunidad y lo primero que hizo tras estallar el caso Negreira fue salir a tranquilizar al barcelonismo negando la posibilidad de una sanción deportiva porque el crimen había prescrito.
Aunque en algunos momentos haya podido mostrar cierta dureza con el caso Negreira, lo cierto es que, desde sus almuerzos oscenses con el presidente que le triplicó el sueldo a Negreira, Javier no ha vuelto a realizar referencia alguna al ex vicepresidente del CTA. Uno puede argüir que el presidente piensa que una sanción al Barcelona podría perjudicar también a los ingresos de la liga (volvemos a la respuesta de Meñique) y que por este motivo Tebas es contrario a un perjuicio deportivo para los azulgranas. Tampoco ayuda la eterna guerra que disputa desde hace años con el presidente del Real Madrid, que favorece los argumentos que esgrimirá Joan entre plato y plato en Huesca.
Sin embargo, tampoco debe ser muy beneficioso para la futura venta de los derechos televisivos de la liga española la imagen mundial que está adquiriendo el fútbol español y la cada vez mayor cantidad de madridistas que están abandonando el abono de Movistar, desencantados por una competición en la que ya nadie cree. El dinero que puede querer salvar Tebas manteniendo a toda costa al Barcelona en la competición (ay, la permisividad con las palancas imaginarias) puede ser similar al que está perdiendo la liga paulatinamente desde hace tiempo.
—Cuando la reina proclame un rey, y la mano otro, ¿a quién van a obedecer los soldados?
—Al hombre que les paga.
A la vera de Javier Tebas, también en estado de mutismo permanente (miento, selectivo; tras jugar contra el Real Madrid sí que sacan a la luz su indignación) están el resto de equipos que según el juez también tienen todo el derecho del mundo a sentirse perjudicados al haber competido contra el Barcelona en desigualdad de condiciones. Si los equipos españoles, que han perdido títulos, posibilidad de jugar en Europa o permanecer en primera división (con lo que ello supone económicamente) han mostrado su ira contra la corrupción arbitral llevada a cabo por el FC Barcelona, desde luego lo han hecho en privado o en voz muy baja, como cuando el Sevilla se quejó de la imagen que estaban dando fuera de España tras un partido de Europa League.
España ya oye el runrún en Europa y, si se vuelve deprisa, hasta es capaz de ver los dedos incriminatorios señalándole a sus espaldas, pero a ningún equipo patrio parece importarle lo suficiente como para posicionarse como perjudicado más allá de conjuntamente con el resto de equipos y bajo el amparo de Tebas, de nuevo, el hombre que les paga (o que creen que les paga); no digamos ya de protestar abiertamente tras los partidos en los que siguen siendo perjudicados contra el Barcelona.
El último grupo de hermanos silenciosos y quizá el que cuyo silencio más decepción ha dejado en mi ser es el de los árbitros. Durante algunos días posteriores al estallido del caso Barça-Negreira llegué a albergar en mi infinita y necia inocencia la esperanza de que alguno o muchos de ellos hablaran. Que confirmaran lo que para todos es evidente e incluso que se unieran contra el sistema en una protesta que, si bien no repararía el daño causado, al menos dignificaría un poco lo que quedaba de arbitraje. Tampoco habló nadie de dentro, sólo actuó un Estrada Fernández que, pese a ser el único que ha mostrado cierto carácter revolucionario uniéndose a cada denuncia y querella que ha hallado a mano, tampoco ha alzado la voz ni ha contado públicamente cómo percibían los árbitros que funcionaba el sistema. Para descubrirlo, de nuevo tenemos que acudir a entrevistas de hace años, a las que por supuesto se les dio poco recorrido en su momento y menos aún ahora, pese a que hagan encajar las piezas del puzle de maravilla.
De nuevo el miedo al hombre que les paga (y les amenaza e insulta de vez en cuando, como todo buen jefe, pero bueno, mientras no se atreva a besarles, su puesto no corre peligro) y a perder esa posición y salario privilegiados que poseen es más grande que la dignidad de unos colegiados en los que cada jornada que pasa es más complicado creer.
Cuando os pregunten cómo murió el fútbol español, la respuesta es “en silencio”
Lo que ni la prensa, ni Tebas, ni los equipos, ni los colegiados comprenderán nunca es que aquello en lo que verdaderamente creen no va a desaparecer de una manera u otra. Los hombres (o el hombre, en este caso) con poder van y vienen pero el dinero permanece. Los mismos clubes, atados en corto por Tebas con el CVC, tuvieron una oferta bastante más sugerente y apropiada, oferta que decidieron desechar sin escucharla siquiera porque detrás de ella estaba el ogro que llevan vendiéndoles que es el Real Madrid durante largos años. Y es que volviendo de nuevo a Canción de hielo y fuego, “el poder reside en donde los hombres creen que reside”. Y durante demasiado tiempo, en este país se lleva creyendo en lo que no es y concediéndosele un poder irreal a quién no lo tiene y unas características ficticias a quienes no las portan. Lo que entre nosotros viene a ser el relato.
Las palabras vuelan de un lado a otro, pero poco a poco los actos se van imponiendo. Y mientras se demuestra la ruindad de un equipo y la grandeza del otro; mientras el Real Madrid es el único club español que puede realizar fichajes sin hipotecar su futuro y el resto tienen que vender jugadores y activos sólo para seguir respirando; mientras el Real Madrid es el único equipo que sigue mirando al resto del fútbol europeo desde lo alto; el fútbol español ya ha muerto. Y, como siempre digo resignado desde hace un tiempo, cuando os pregunten cómo murió el fútbol español, la respuesta es “en silencio”.
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Buenos días, amigos. El cuerpo sabe que es jueves y la fuerza de la costumbre nos dice que mañana ya estaremos leyendo la previa del partido del Madrid escrita por Alberto Cosín, donde habitualmente disecciona al rival y… oh, wait!, que no hay fútbol, sino partidos de selecciones, aquellos diseñados y agendados a mayor gloria económica de los Infantino, Ceferin, Rocha, Rubiales, Villar… y sus cohortes. Aunque la verdad es que lo conocido como fútbol español, aunque participe el Real Madrid, no es sino un simulacro de competición corrompida e inclinada a favor del corruptor.
La Liga está prostituida de diferentes suertes, desde que la ruina del Barça se agravó y devino en quiebra de facto, Tebas sostiene al enfermo privilegiándolo sobre los demás, pero el cáncer de la competición es la compra del estamento arbitral instaurada, como cantaba Cecilia, en Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra desde tiempo ha.
Se acaban de conocer, además, varios autos del juez Aguirre, instructor de la causa, donde concluye de manera demoledora la existencia de corrupción sistémica arbitral para presuntamente favorecer al Barça, además de desmontar la teoría florero de Negreira. Ordena varias diligencias a la Guardia Civil, ayer mismo se supo que exige una prueba forense para comprobar la veracidad del alzhéimer alegado por el exnúmero dos de los árbitros para no declarar.
Ya sabéis que en esta nuestra querida España los de naturaleza mamporrera, obtusa o de razón mermada por el sentimiento forofo —sean individuos desconocidos, polemistas o catedráticos— salieron a la palestra, cada uno al púlpito que dispone, para decir que aquí no ha pasado nada y hacer gala de su negreiracionismo, feliz hallazgo del tuitero @mbaggio181 que describe a la perfección este trastorno. Esgrimieron razones que si hubieran leído los autos no se habrían atrevido a formular.
Algunos responsabilizaron de estas noticias a Twitter Real Madrid, olvidando el pequeño detalle de que emanan de un juez instructor, pero tampoco vamos a pedir peras al olmo. Todos ellos son acólitos de Emilio Cortés, catedrático que despacha sus homilías en la cadena de los obispos. Dejamos algunas muestras de su acierto e imparcialidad.
Catedralicio.
La mayoría de medios de comunicación, sobre todo los que tienen como objeto principal el tratamiento de noticias relacionadas con el fútbol, ámbito de la presente corrupción, ayer optaron por el silenzio stampa, apenas un recuadrito sobre el mayor caso de corrupción del deporte español. Mi querida España, ¿dónde están tus ojos?, ¿dónde están tus manos?, ¿dónde tu cabeza? En la prensa deportiva de estómago agradecido, no, desde luego. Hoy, ni rastro, ni una diminuta mención.
El diario As decide abrir con la noticia común al resto de portadas, la denuncia de Jennifer Hermoso a Rubiales. La futbolista ha declarado ante la Fiscalía, que presentará una querella por agresión sexual ante la Audiencia Nacional.
Expresada la repulsa por los intolerables comportamientos —de todo tipo, en todo ámbito y en todo tiempo— de Luis Rubiales y con el de Motril suspendido, solo queda que la Justicia y organismos competentes capacitados para ello diriman la cuestión. El resto es ruido. Las sentencias se dictan en sala.
Nos llama la atención las palabras de Vilda recogidas en Marca: «Me considero seleccionador hasta 2028”. Entendemos perfectamente que muchos consideren que no debió ser destituido, del mismo modo que la opinión contraria, la emisión de pareces propios no es delito, pero sí es curioso cómo el campeón del mundo se acoge a lo mismo que Xavi cuando dijo que no sentía haber sido beneficiado por los árbitros. Xavi no se siente, por más que su club comprase al estamento arbitral. Vilda no se considera, por más que de hecho esté cesado. Sin entrar en la pertinencia del cese, no está de más asumir la realidad.
En Mundo Deportivo observamos a Xavi voceando a Romeu, quien respinga ante el grito herbáceo. El diario de Godó, grande de esta España nuestra, afirma que el Barça tratará de reforzar la posición de pivote en enero «siempre que haya fair play». Pero cómo va a haber fair play en enero si lleva años sin haberlo. ¿Se va a solucionar solo el problema? Lo que ocurre es que son conscientes de que el no cumplimiento de la normativa no evita que el Barça actúe como considere, por eso lo publican en portada.
Sport titula «¡10 temporadas de locura!». Pensábamos que se referían a la colección de locuras perpetradas por el Barça en los últimos 10 años: inscripciones sin dinero, palancas y repalancas ficticias, corrupción continuada deportiva, condena por el caso Neymar, tráfico de órganos, despidos improcedentes, mobbing… paramos, que este portanálisis es finito. Pero no, el titular se refiere a Lamine Yamal. Pues muy bien, oigan.
Hemos asistido un día más a la forma de negreiracionismo utilizada por los medios: ignorar LA NOTICIA.
La honrosa excepción hoy la firma Alfredo Relaño, quien ante los hechos abrumadores del BarçaGate y frente al negreiracionismo imperante, concluye así su pieza en As: «Qué difícil es pensar en otra cosa que en lo evidente».
Pasad un buen día.