Tourmalet, Mortirolo, Alpe d´Huez, Angliru, Lagos de Covadonga, cuesta de enero… o como queramos llamarlo. Las definiciones pueden ser infinitas.
La temporada del Real Madrid está siendo una auténtica carrera de obstáculos, un ejercicio de adaptación y maximización de recursos por parte de Carlo Ancelotti y, además, una prueba de supervivencia para la plantilla, examinada de manera continua desde tres días antes de que comenzase la Liga, cuando se lesionó Thibaut Courtois.
La acumulación de mala suerte, con las lesiones cebándose en puestos claves del equipo y la decisión por parte de la cúpula del Club de no reforzar un puesto especialmente sensible y afectado por la plaga de lesiones como es el de central, ha puesto al equipo en una tesitura casi inaudita en un club de élite: tener que jugar un tramo decisivo de la temporada sin centrales, adaptando futbolistas de otras posiciones al centro de la zaga, con los riesgos que ello conlleva.
Cualquier equipo del mundo que haya perdido de forma consecutivo a su portero titular y a dos de sus centrales con lesiones de larguísima duración y, además, haya tenido de baja de media duración a futbolistas clave en puestos esenciales como son la posición de medio centro e incluso perdido a su jugador más desequilibrante en diferentes momentos de la temporada estaría al borde del precipicio, pensando simplemente en que la competición termine cuanto antes, sin más aspiraciones.
No es el caso del Madrid, que ha ido reponiéndose y levantándose de la lona con más fuerza aún en cada una de las adversidades que ha ido padeciendo.
La temporada del Real Madrid está siendo una auténtica carrera de obstáculos, un ejercicio de adaptación y maximización de recursos por parte de Carlo Ancelotti y, además, una prueba de supervivencia para la plantilla
Ancelotti, tantas veces calificado de alineador, está dando este curso una auténtica clase de magisterio futbolístico. No solamente modificó el esquema al principio de año para acomodar a Bellingham sino que, además, hombre de club, ha aceptado sin rechistar la decisión de la entidad de no fichar ante la plaga de lesiones, inventando posiciones y adaptando el esquema de juego a las circunstancias de cada momento, muchas veces muy adversas.
De esa manera, no solamente ha mejorado a Bellingham como jugador en los seis meses que lleva en el Real Madrid, descubriendo en él nuevos registros; ha inventado un central de circunstancias en la figura de Tchouaméni; un lateral izquierdo de postín en Eduardo Camavinga y está sacando un rendimiento extraordinario a futbolistas como Joselu o Brahim.
Su última hazaña fue la de ubicar a Carvajal como central en un partido decisivo como el del Atlético de Madrid y aunque la decisión fue absolutamente circunstancial y obligada, el equipo funcionó a un nivel más que alto.
Junto a Ancelotti, el equipo, fiel a la tradición e historia del Club, está caminando con paso firme en todas las competiciones, sin rendirse ante el acoso del infortunio. Líderes en la liga, campeones de la Supercopa y aspirando a todo en la Champions League.
Es cierto que es complicado aguantar tan justos de efectivos aspirando a todo hasta final de temporada, pero también es cierto que, si hay un equipo capaz de ganar lo impensable en unas circunstancias que a cualquier otro le tendrían con la toalla sobre los hombros en la esquina del ring, ese es el Real Madrid, el hacedor de imposibles.
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Durante más de treinta años, el único himno que escuché fue “el de las glorias deportivas que campean por España”. El Himno Clásico. Soy un clásico, lo reconozco, que sigue escuchando a los Bee Gees o Julio Iglesias, admirando el Mercedes Pagoda como el coche de mis sueños y añorando cuando se aparcaba sin ORA y no había radares en las carreteras de mala muerte en las que nuestros padres se jugaban la vida con cinco niños en un Seat o Renault de la época.
El Himno de toda la vida contenía una serie de frases que siempre se me quedaron grabadas, como santo y seña del club de mis amores.
Cuando eres niño, quieres ganar. Solo te importa ganar. A toda costa. Empleando todos los medios necesarios. Por lo civil o por lo penal. Haciendo trampas o cargándote de un puñetazo a tu rival.
Ser madridista me enseñó a ganar y me enseñó a perder. Cuando se pierde, sin que te hagan trampas, hay que felicitar al rival y reconocerle sus méritos, sin excusas de que si hacía mucho sol o el campo era un patatal
Y por supuesto, cuando perdías, lo que te salía del cuerpo era ponerte a llorar como un descosido y alejarte del lugar de la afrentosa derrota, poniendo pies en polvorosa, cuanto antes mejor.
Por eso, lo primero que me llamaba la atención de nuestro querido himno era la frase ”cuando pierden dan la mano”. ¿Cómo que dar la mano? ¡Sí lo que había que hacer era escupir a ese repugnante chaval que nos había humillado en las canicas o en la carrera de chapas!
Ser madridista me enseñó a ganar y me enseñó a perder. Cuando se pierde, sin que te hagan trampas, hay que felicitar al rival y reconocerle sus méritos, sin excusas, sin farfolladas, nada de que si hacía mucho sol o el campo era un patatal. Eso es tener altura moral, Xavi. Sé que no alcanzas a verlo porque nunca has crecido: sigues siendo pequeño.
A triunfar en buena lid.
¡Noble y bélico adalid!
Caballero del honor.
Estas frases han sido y son el santo y seña de nuestro club. Nuestra cultura social. Lo fueron en 1952 cuando se creó ese himno y lo siguen siendo en 2024. Nuestra declaración de VALORES. Valores, sí, con E de España, porque cuando no tienen esa E, contaminados de la clásica palabrería culé, los valors son una estafa con hedor nauseabundo, adjetivo que se escribe con N de Negreira.
Los valors son una estafa con hedor nauseabundo, adjetivo que se escribe con N de Negreira
El Madrid ha ganado casi siempre, todos lo sabemos. Pero se tiró 17 años sin ganar una liga (nada con anterioridad a 1953) y 32 años sin ganar una copa de Europa (nada hasta 1998). No por ello sobornó árbitros. Tampoco hizo trampas financieras tirando de palancas invisibles para justificar esos largos pasos del desierto.
El señorío del que siempre ha hecho gala el Madrid nos hace más grandes, para iracunda desesperación de nuestros rivales más fulleros.
El Madrid ha ayudado a lo largo de su historia a muchos equipos que atravesaban problemas económicos, como fue el caso del Manchester United después del desgraciado accidente aéreo de 1958, o más recientemente jugando gratis ante el Deportivo de la Coruña en 2013, en un Trofeo Teresa Herrera, ante la grave crisis financiera del equipo gallego. Hay muchos casos más.
Somos un equipo solidario con los más desfavorecidos. Así lo demuestra la incesante actividad de la FUNDACIÓN ayudando a colectivos necesitados en más de 90 países en el mundo.
Por estas y muchas razones, no debemos estar dispuestos a recibir lecciones de honestidad de nadie. No quiero sentarme en la misma mesa con quien me acuse de adulterar la competición en mi beneficio, cuando quienes lo han hecho durante al menos 17 años han sido ellos.
Todo tiene un límite. Laporta, con su campaña de desviar la atención apuntando al Madrid, se ha pasado cien pueblos. Basta.
El Madrid debe romper relaciones institucionales ya con el equipo más tramposo de Europa, al menos hasta que les gobiernen otros dirigentes. No debería haber vuelta de hoja.
Todo tiene un límite. Laporta, con su campaña de desviar la atención apuntando al Madrid, se ha pasado cien pueblos. Basta
La Superliga no puede ni debe ser una razón. Lo siento mucho.
Debemos ser consecuentes con los valores que nos han llevado hasta donde estamos. Queremos ganar en buena lid y ser caballeros del honor. Pactar con corruptos y difamadores choca de bruces con la esencia de nuestro escudo y de nuestro himno.
Soy madridista porque admiro al club más laureado de la historia y porque de niño me enamoró su señorío.
Florentino es un gestor fuera de serie, visionario, emprendedor, valiente. No habrá otro como él. Ha contribuido sobremanera a solidificar el concepto de señorío en el Madrid. Pero no puede darse mus cuando toca meter un órdago.
Basta.
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El Real Madrid femenino se despidió de la Copa de la Reina en la ronda de cuartos de final tras caer derrotado (2-1) ante el Atlético de Madrid en territorio rojiblanco. Dos chispazos de Ludmila da Silva y Eva Navarro bastaron para superar a un Real raquítico y desmoralizado que a duras penas creyó en la victoria tras el empate de Linda Caicedo.
Por norma general, las carencias de un equipo suelen salir a la luz cuando un rival pasa por encima sin dejar nada en pie; su mérito es el que deja en evidencia el mal desempeño propio. En esas, no queda más que resignarse y agachar la cabeza. La película cambia por completo, no obstante, cuando es el propio equipo conjugado en primera persona el que va hundiéndose a causa de una cadena inacabable de errores no forzados. La sensación de espanto supera con creces a la mera impotencia de quien se sabe inferior.
En la Ciudad Deportiva del Atlético de Madrid, el derbi madrileño de Copa de la Reina —antesala del calco que se vivirá dentro de una semana en Liga F— pintaba a cualquier cosa menos a oda al fútbol desde el instante en el que se confirmó el parte meteorológico de lluvia y viento. Ni los perfiles ofensivos dispuestos por el técnico local, Manolo Cano, ni el tridente blanco conformado por Athenea del Castillo, Linda Caicedo y Naomie Feller iban a ser suficientes para sacar del pozo de mal juego a sus respectivos conjuntos. De un lado, el Atleti sigue sumido en su particular mundo gris y aburrido desde que la irrupción del Madrid le arrebató la posibilidad de disputar competición europea; del otro, la temporada de las madridistas parece abandonada y olvidada hasta verano, como la consola que únicamente podrá sacarse del cajón a final de curso.
La temporada de las madridistas parece abandonada y olvidada hasta verano, como la consola que únicamente podrá sacarse del cajón a final de curso
La guinda al panorama desolador, para colmo, estaba en el ilusionante premio al que accedería el ganador del duelo: un billete seguro a una nueva goleada ante el Barcelona. Así, extraña poco la concatenación de fallos, errores de concentración y malas decisiones desplegada sobre el verde: durante la primera parte, la banda de Sofie Svava y Athenea se convirtió en un agujero negro al que llegaban balones que sucesivamente, uno tras otro, iban desapareciendo. Aunque el paso de los minutos activó a las guardametas Lola Gallardo y Misa Rodríguez y requirió de sus servicios, el gol parecía un concepto lejano… hasta que la defensa madridista se abrió de par en par.
Corría el minuto 37 cuando a Rash Ajibade le bastó con esprintar en trayectoria recta hacia el área para superar dos líneas de defensas y dejar vendida a una Kathellen Sousa, que prefirió no meter el pie. Ya en el meollo del peligro asistió a Ludmila da Silva, de espaldas sobre el punto de penalti, que solo tuvo que girarse para ver cómo Svava resbalaba para brindarle un disparo franco y a bocajarro ante la portería de Misa. El 1-0 dio pie a los minutos más entretenidos del duelo, en los que al menos el desorden de ambos equipos condujo a un intercambio de llegadas de área a área. A la vuelta del descanso, fue Linda Caicedo quien penalizó un error de la defensa y la portera colchonera plantándose en la zona letal, domando el balón con frialdad y definiendo por alto para devolver el empate a la eliminatoria.
El paso de las semanas demuestra que el equipo, por primera vez, ha empeorado con respecto al curso pasado y las jugadoras son conscientes de ello
La facilidad del gol vino a evidenciar, además del talento y superioridad de la joven colombiana, la fragilidad de este Atlético de Madrid. Un partido de mínimos le había permitido ir por delante en el marcador, bastó un chispazo de Caicedo para superar a Gallardo, y en poco más de cinco minutos volvió el Real a regalar el partido a su rival. Una vez más, Svava salió en la foto y en primer plano al dejar pasar un balón horizontal que recorrió la frontal antes de darle a Eva Navarro el espacio, el tiempo y la comodidad necesarios para ajustar un disparo al palo corto de Misa.
En cualquier temporada anterior, este Real Madrid femenino habría remontado el partido con facilidad. La afirmación debería carecer de sentido, puesto que a un proyecto así de joven únicamente podría encajar la trayectoria ascendente que venía experimentándose. Sin embargo, el paso de las semanas demuestra que el equipo, por primera vez, ha empeorado con respecto al curso pasado y las jugadoras son conscientes de ello. Solo la asimilación de esa realidad, corrosiva como una plaga de termitas, permite explicar el partido firmado por el Real y la forma impropia de caer derrotado. Lo mejor es no maquillarlo.
Fotografías: realmadrid.com
Buenos días, amigos. Estábamos leyendo las portadas de la prensa catalana y nos ha venido a la cabeza una maravillosa anécdota que nunca sucedió:
—Josep, para nuestro próximo cinefórum de grandes clásicos del cine ¿te parece que proyectemos El Apartamento?
—Meritxell, no me seas burra, sería un error no emitir un telefilm de Antena 3 seguido de Torrente II para programar El Apartamento; tendríamos un peor cartel.
Quizá penséis que es una exageración, aunque ¿cabe tildar de excesivo un producto de nuestra imaginación? Quizá sí, la ejemplaridad del Barça también es un producto de la imaginación de alguien y los culés presumen sin límite de ella. Pero más allá de debates peregrinos, ayer Deco hizo unas declaraciones en las que vino a decir algo similar a nuestro ejemplo. Las recoge Sport en su portada.
El comisionista al frente de la dirección deportiva del Barça dice que «Sería un error vender a Araujo y De Jong para traer a Mbappé; tendríamos un peor equipo». Y se ha quedado tan ancho. Incluso luce sonrisita de triunfador hollywoodiense en el frontispicio sportano.
Deco preferiría ver dos películas de esas basadas en tebeos a una de Scorsese, Deco rechazaría dos días de vacaciones por uno trabajando.
Aunque realmente no van por ahí los tiros, Deco argumenta que con Mbappé tendrían peor equipo por el mismo motivo que uno dice que en una casa más amplia sería menos acogedora: porque no tiene dinero para comprar lo que quiere. Pero sería de agradecer que no nos tomara por imbéciles.
El mero hecho de plantear que el Barça pudiese acometer el fichaje de Mbappé provoca hilaridad. El club de Laporta probablemente no disponga ni de la cantidad que costaría la cena exigida por Lamari para sentarse a negociar.
¿Cómo pagaría el Barça los gastos de la contratación y el salario del francés? Tendría que vender Barça Studios varios cientos de vences y a la vez, el problema es que esas ventas solo producen dinero del Monopoly, el cual únicamente es aceptado por Tebas, el resto de los mortales exigen moneda de curso legal.
Mundo Deportivo también se hace eco de la necedad de Deco, pero en pequeñito, quizá por pudor, como cuando ocultas a un amigo que está haciendo el ridículo para que no se rían de él.
El diario de Godó se centra en la renovación prioritaria de Araujo, para la cual probablemente sí sea suficiente con otra palanca ficticia de esas que la Liga solo tolera al Barça en perjuicio del resto de equipos en un acto que ha alterado y sigue alterando la competición (hola, Xavi y Laporta).
Las portadas de la prensa madrileña hoy son la misma: Berenguer celebrando el gol de la victoria del Athletic contra el Atleti con su tren inferior como si estuviese saltando vallas y el superior como si fuese Mike Tyson.
El “Bilbao” respondió a Cerezo en el campo, que es donde crecen los frutales.
El Athletic pudo destrozar al Atleti al contraataque, pero quien realmente pudo destrozar algo fue Griezmann, la pierna de Sancet, concretamente.
La entrada de Griezmann a Sancet. #LaCopaMola pic.twitter.com/EhceMD57b6
— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) February 7, 2024
No vio ni amarilla. El VAR tampoco consideró que era menester avisar al colegiado. Probablemente a Gil Marín ni se le torciera el gesto al verla. Imaginad la reacción del que se apropió del Atleti de manera indebida si la entrada hubiese sido de un jugador del Madrid a uno rojiblanco. No habría portadas de Marca suficientes para acoger tanto comunicado.
Pasad un buen día.
Por primera vez en su historia, el Real Madrid luce publicidad en la manga de su santa camiseta. La decisión, a razón de 70 millones de euros por temporada, ha causado menos revuelo que cuando se decidió que Zanussi fuera la marca pionera en aparecer entre el escudo y el logotipo de la marca deportiva. Corría el año 1982 y aquella camiseta se quedaría para siempre estampada en la memoria del madridismo.
La aprobación de patrocinios en las zamarras de los equipos españoles no tuvo un parto sencillo. Los puristas, con el Barcelona, Osasuna, Real Sociedad, Sporting, Zaragoza a la cabeza, se opusieron a una medida que, según ellos, ensuciarían la esencia del juego al inocular el virus de la industria. Pero, al final, se aprobó una costumbre arraigada en Europa desde una década atrás y el Madrid pudo firmar con Zanussi un contrato de tres años a razón de 600.000 euros anuales.
La primera campaña fue la del regreso del mito, Alfredo Di Stéfano, que tiempo atrás había declarado su intención de volver a Chamartín “aunque sea de guarda”. Sin embargo, su paso por el banquillo no obtuvo los resultados que el madridista hubiera deseado. La 82/83 fue una de las temporadas más surrealistas que se recuerdan, la de los cinco subcampeonatos. A saber: la Liga la ganó el Athletic en la última jornada, la Copa se perdió ante el Barça en la Romareda (fue el partido de los cortes de manga de Schuster), la Recopa se cedió en la prórroga contra el Aberdeen, la Supercopa cayó del lado de la Real Sociedad y, por último, la Copa de la Liga se malogró, de nuevo, ante el Barcelona. La fortuna jugó al escondite más dramático.
Sí, lo están recordando bien, la icónica imagen de Juanito con boina y bufanda celebrando el título (ganado al Videoton) se hizo con la camiseta de Zanussi. De leyenda a leyenda
Un año después, las cosas no fueron mucho mejor, con el Athletic como verdugo en Liga y Copa (se cayó en semifinales), pero todo quedaría en un segundo plano ante la irrupción de Butragueño y la consolidación de La Quinta, un grupo de muchachos que desafiaron todos los cánones para conseguir lo más difícil: ganar a nivel profesional con las artes del patio del colegio.
Fue en la 84/85, la última con la marca de electrodomésticos en el pecho, cuando tuvieron lugar dos de las remontadas más épicas de la historia madridista, la del Anderlecht (3-0 y 6-1) y la primera del Inter de Milán (2-0 y 3-0), en una Copa de la UEFA que terminaría en las vitrinas del Bernabéu. Sí, lo están recordando bien, la icónica imagen de Juanito con boina y bufanda celebrando el título (ganado al Videoton) se hizo con la camiseta de Zanussi. De leyenda a leyenda.
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Mientras el cisne nadaba por el lago exhibiendo su simpar belleza, un mezquino cuervo lo observaba desde una rama, sintiendo una honda envidia. En busca de menospreciar el encanto del cisne, el cuervo le dijo que su impoluta blancura se debía exclusivamente a que sus días transcurrían en el agua. Con la intención de emularlo, el cuervo se metió en el lago. La oscuridad de sus plumas no menguó ni un ápice con el agua, y sí se acrecentaron su envidia y su ira. Decidido a acabar con la hermosura del cisne, el cuervo le manchó el plumaje con barro, pero con una simple zambullida, el cisne recobró todo su esplendor. Abatido, el cuervo prefirió retirarse lejos de su atractivo antagonista.
Esta breve fábula, escrita por John Gay en el siglo XVII, acababa con una moraleja muy sencilla y clarificadora: “De nada te servirá despreciar la virtud, el talento o la belleza por envidia, porque nada va a cambiarlos”.
Por mucho que se proteste por la posibilidad de que el Real Madrid juegue cerrando el techo de su flamante estadio, esto no cambiará el hecho de que sea el único equipo en España que puede hacerlo. Y tampoco que el proyecto de la reforma integral del Bernabéu, despreciado en principio por sus tintes faraónicos, vaya a resultar más que beneficioso a nivel económico, alejando aún más al equipo blanco de sus rivales en términos presupuestarios. Queda el último resquicio, ciertamente desesperado; la crítica puramente estética de una obra inacabada.
Por mucho que se proteste por la posibilidad de que el Real Madrid juegue cerrando el techo de su flamante estadio, esto no cambiará el hecho de que sea el único equipo en España que puede hacerlo
Existe también una profunda preocupación por lo que invierte el Real Madrid en traspasos y salarios de futbolistas. Es un fenómeno reciente, que no ocurría hace algunos años, cuando eran otros los que gastaban hasta vaciar la caja, y seguían agotando cualquier línea de crédito o hipoteca disponible, royendo hasta el tuétano. En el madrileño Paseo de la Castellana se mantiene la posición en primera línea mundial a la hora de contratar talento, aunque este sea caro, y se hace sin la necesidad de artificios contables, ruinosos contratos crecientes o empeños a lo bestia.
La amargura y la envidia también han llevado a ciertos dirigentes, entrenadores, medios y aficionados a acusar al 14 veces campeón de Europa de adulterar la liga por presionar a los árbitros, principalmente mediante unos vídeos que se llevan emitiendo invariablemente desde hace dos décadas en RMTV. Un supuesto con poco peso si lo comparamos con pagos millonarios a dirigentes arbitrales, airados comunicados tras una simple decisión dudosa, filtraciones interesadas a periodistas de cámara que amenazan a los que se equivocan en una dirección y toda una trama delictiva que, durante décadas, ha masacrado a quien ocupaba el trono. Nunca se ha buscado neutralidad, se pretendía someter al Madrid en un régimen en el que lidie con el perjuicio constante, sin quejas y asumiendo el veredicto de culpabilidad por una sola razón; haber sido históricamente mucho mejor que sus competidores.
Nunca se ha buscado neutralidad, se pretendía someter al Madrid en un régimen en el que lidie con el perjuicio constante, sin quejas y asumiendo el veredicto de culpabilidad por una sola razón; haber sido históricamente mucho mejor que sus competidores
El excelente elenco de futbolistas que ha logrado reunir el Madrid también es observado con recelo. Vinicius ya tiene el estigma de provocador y mal deportista, y es acosado por aficiones racistas, árbitros que jalean a sus agresores y periodistas que justifican la barbarie por tratarse de un jugador del Madrid que no se pliega a sus deseos. Estos son que el perjudicado (solo si defiende un escudo determinado) no ejerza su derecho de réplica o protesta. No sorprende que nunca ocurriera nada ni remotamente parecido con, por ejemplo, Luis Suárez o Diego Costa. Digan lo que digan, no es Vini el único objeto de críticas y desprecios. Jugadores como Camavinga, Rudiger o Tchouaméni, con un talento futbolístico más que evidente, son considerados como mero físico por prejuicios raciales (y racistas) y porque visten la camiseta del equipo que, para los expertos analistas, nunca juega a nada. La idiotez ha alcanzado tal punto que se han llegado a leer recientes comparaciones entre Bellingham y Raúl García por parte de uno de esos fabulistas que tuvimos la desgracia de tener ‘informando’ durante años de la actualidad del Real Madrid en uno de los medios con más prestigio, al menos en el pasado.
Estos vanos intentos de desprecio solo confirman la envidia que corroe a los cuervos, mientras observan al imponente cisne blanco y en su miserable interior asumen que, pese a sus esfuerzos, seguirá siendo magnífico y ellos jamás estarán a su altura.
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Buenos días, amigos. De cuando en cuando, a trompicones, se van conociendo diferentes candidatos a la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol. Los detalles que vamos conociendo de algunos de los candidatos hielan la sangre en las venas. En todos los casos menos en el del periodista Carlos Herrera. Los detalles de esa candidatura, en cambio, hacen que la sangre hierva y se evapore por las orejas en dirección al cielo, en especial determinados pormenores en los que ahora entramos.
Carlos Herrera es aficionado declarado del FC Barcelona y del Betis. De este último club es incluso accionista. Que de estos hechos (especialmente del segundo) no se derive para nadie —desde luego no para Marca, que es quien le entrevista— la menor duda respecto a un posible conflicto de intereses explica divinamente el que en este bendito país el proveedor de las imágenes del VAR pueda ser miembro del consejo de administración de una filial del Barça, o el que el presidente de la Federación pueda organizar con el capitán de dicho club una competición sacando rédito personal de la clasificación entre los dos primeros del propio Barça, sin que nadie arquee una ceja. Vivimos en el país de tócame Roque y, aunque Gallardo y Gómez le preguntan muy tímidamente a Herrera por esta manifiesta contraindicación, el locutor sale del paso asegurando que debemos confiar en su "capacidad neumática para ascender en el plano".
Ah, pues muy bien, todo aclarado, señor Herrera, para qué repreguntar. Para qué preguntarle, por ejemplo, si los árbitros, que serán sus subordinados, no se verán inevitablemente influidos por los amores blaugranas de su jefe, o por las consecuencias para su bolsillo de una mala marcha del Betis, donde Herrera que se sepa invierte su dinero.
Para qué preguntarle, señor Herrera, por ejemplo, si los árbitros, que serán sus subordinados, no se verán inevitablemente influidos por los amores blaugranas de su jefe, o por las consecuencias para su bolsillo de una mala marcha del Betis, donde Herrera que se sepa invierte su dinero
Herrera, reputado líder de la radio española, que a algunos lectores gustará y a otros no (en función de sus preferencias políticas), ofrece en Marca un recorrido a vista de pájaro de sus ideas para la Federación. Menos mal que el recorrido es a vista de pájaro, porque cada vez que su vuelo se convierte en rasante se produce un estremecimiento paralizante. Por ejemplo, cuando dice "Yo creo que Villar hizo una buena gestión, con algunas cosas en las que se equivocó, pero creo que hay que aprender de algunas de las cosas que hizo". Durísimas declaraciones sobre el gran protagonista del Caso Soule, que nunca será juzgado pero que acumuló sobre sus espaldas, manifiestamente corruptas, más de tres décadas de manejo tiránico del fútbol español. Aquí podemos recurrir a la propiedad transitiva. Seguro que, llevado por su culerío, Herrera admira a Xavi Hernández. Xavi Hernández, a su vez, admite públicamente admirar a Alfredo Relaño. Admire pues Herrera a Relaño, y pregunte con algún interés al presidente de honor de As qué es eso del villarato.
En cualquier caso, el momento más espeluznante de la entrevista se da cuando Gallardo, o Gómez, no lo sabemos en la transcripción, pregunta a Herrera por qué, en su condición de periodista líder en la radio española, ha pasado "de puntillas" por el caso Negreira. El mero hecho de que se diga esto en el enunciado de la pregunta (y sobre todo el que sea verdad) ya estremece de la cabeza a los pies. Aspira a presidir el fútbol español un comunicador que, en su tarea periodística, jamás ha prestado verdadera atención al mayor escándalo de corrupción de la historia no ya del balompié español, sino posiblemente del fútbol en general.
La respuesta produce escalofríos.
¿Qué os parece, amigos? Es un caso "indeseable, pero que tiene muy difícil palpación en la práctica". Reconocemos que lo de la palpación nos ha fascinado. No lo habíamos oído desde la última exploración mamaria a la que se sometió nuestra prima Emilia, felizmente sin hallazgos reseñables. Agrega Herrera que nadie podrá convencerle de que Negreira pidió a este o al otro árbitro que no pitara este penalti o aquel. De un presidente de la RFEF deberían esperarse unos mínimos conocimientos legales. La corrupción en que las propias facturas de Negreira demuestran que incurrió el Barça habla a las claras de un delito de mera actividad, es decir, uno en el cual no hace falta demostrar que la corruptela fue fructífera, sino que basta con la propia tentativa de corromper para que haya un crimen.
De un presidente de la RFEF deberían esperarse unos mínimos conocimientos legales. La corrupción en que las propias facturas de Negreira demuestran que incurrió el Barça habla a las claras de un delito de mera actividad
"Seguramente el Barcelona no tenía que haber hecho lo que hizo. Y Negreira tampoco". Implacables, flamígeras manifestaciones que a buen seguro habrán hecho temblar a Laporta y al CTA en pleno. "Seguramente". En ese adverbio se debería romper la metafórica coronilla el muy tibio candidato presidenciable. Llama poderosamente la atención que quien ha utilizado su plataforma radiofónica para denunciar múltiples corruptelas en la esfera de la política sea tan asombrosamente pusilánime cuando se trata de denunciar la corrupción futbolística. Debe de ser por lo de las palpaciones, motivadas a su vez por la "dificultad ciclópea" de emitir una opinión rotunda sobre el BarçaGate. Nosotros, por nuestra parte, no tenemos ninguna dificultad para intuir por dónde irían las palpaciones de Herrera caso de tener que meter mano al asunto Negreira y a la perentoria purga en el CTA, estructura pútrida conformada por los hijos putativos del propio Negreira, visiblemente empeñados en perpetuar el legado de su maestro. Podríamos definir con exactitud dónde concentraría sus palpaciones Herrera, en lo tocante (con perdón) a este asunto no bien tomara posesión de la poltrona.
El resto de portadas del día no tienen más interés que el que pueda tener lo que le queda a la Copa del Rey y los abnegados esfuerzos —ciclópeos incluso— de la prensa cataculé por distraer acerca del marcadísimo deterioro deportivo de su club.
Pasad un buen día.
La temporada futbolística se puede subdividir por fases o tercios. Cada uno tiene una importancia concreta. Podríamos decir que afrontamos el segundo tercio de la misma. Este se caracteriza por estar plagado de partidos coperos que se dirimen a cara o cruz. No en vano, la Champions comienza a ponerse seria justo ahora. Normalmente, el Real Madrid desde que tiene a Antonio Pintus como preparador físico experimenta un bache físico, pues el profesional italiano mete una tremenda carga a sus pupilos en una especie de pretemporada tras el parón navideño. Twitter Real Madrid conoce este fenómeno como el Valle Pintuasiano.
Hasta ahora el balance está siendo muy positivo. De hecho, la semana pasada jugamos dos partidos importantísimos. Recuperamos el partido aplazado por la Supercopa contra el Getafe Club de Fútbol y jugamos frente al Atlético de Madrid en el Bernabéu. Ganamos en el Coliseum un partido difícil pues el Getafe no había perdido ningún partido en su cancha y había encajado poquísimos goles de local. En nuestro estadio, sacamos un empate frente a un rival siempre crudo y desagradable.
El empate contra los pupilos de el Cholo Simeone entra dentro de la lógica competitiva, pero no tal y como se produjo. Deportivamente, con todo mis respetos, no te pueden empatar un partido con un gol de benjamines. Marcos Llorente remató un balón aéreo que debió ser despejado por la defensa y atajado por el portero. Una vez más se apunta a Nacho o a Lunin pero es una tarea de todo el equipo poner fin a un encuentro que tienes ganado.
El empate contra los pupilos de el Cholo Simeone entra dentro de la lógica competitiva, pero no tal y como se produjo
Y cómo no, tuvimos otra vez el concurso del árbitro empeñado en ser protagonista del choque. El célebre Sánchez Martínez, colegiado murciano, hizo de las suyas y misteriosamente se comió tres penaltis. Si bien es cierto que buena parte de la prensa intoxica con la anulación de un gol en claro fuera de juego del Atlético.
Por ser positivos, hasta la jugada del gol, el equipo supo cubrir la baja de Antonio Rüdiger en el centro de la defensa. Dani Carvajal se vio desplazado hasta la posición del alemán para tapar ese hueco. Por su parte, Lucas Vázquez volvió a cuajar un partido muy interesante en el lateral derecho. En Getafe, tras una fabulosa internada propia del extremo que fue, puso un centro perfecto para el testarazo de Joselu.
Aurélien Tchouaméni se desempeñó como central en la segunda parte de Getafe y lo hizo a las mil maravillas. El internacional francés venía de marcar un golazo de cabeza frente a Las Palmas y de realizar una primera parte de sobresaliente en su posición natural en el centro del campo. Tal vez, el bueno de Tchouaméni tiene poco reconocimiento o eso me parece a mí. Está en su segunda temporada en el club e irá creciendo. Tiene suficientes cualidades físicas y técnicas para ser una pieza insustituible en el centro del campo. Y por polivalencia, también en el eje de la defensa. En este curso, su participación defensiva jugará un papel fundamental en el futuro cercano. Es decir, estamos ante un jugador de culto.
Afrontamos un momento trascendental de la temporada. Ahora viene lo importante
Otro jugador que está sorprendiendo a todos para bien es Brahim Díaz. El malagueño anotó un verdadero golazo contra el Atlético. Un gol que aparentemente era sencillo pues recogió el balón justo en la mediación del área chica pero para el que se necesita técnica y templanza. Con toda la sangre fría del mundo evitó a los defensas atléticos y batió a un Jan Oblak que poco pudo hacer. En la segunda parte, antes de ser sustituido por Luka Modric, dejó otra jugada para el recuerdo. En la esquina derecha del área rival, se detuvo completamente, homenaje al Buitre, y arrancó súbitamente con un regate eléctrico que dejó atrás al defensor y puso en pie al Bernabéu. Mereció acabar en gol pero era tan difícil que ese balón entrara que ni la justicia poética lo pudo subsanar.
El martes que viene tenemos por fin Champions. Jugamos la ida de Octavos contra el R. B. Leipzig en Alemania. El equipo germano no atraviesa su mejor momento pero a buen seguro que será un rival complejo. Antes, el sábado 10 recibimos en el Santiago Bernabéu al Girona. Los pupilos de Míchel vienen con la baja del central Blind y del centrocampista venezolano Yangel Herrera. Ganar ese partido puede suponer un paso de gigante para la consecución del título de Liga. Decía al principio de esta columna que afrontamos un momento trascendental de la temporada. Ahora viene lo importante.
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Otro compañero de nuestra lejana infancia que nos deja. Compañero, sí, y muy presente en aquellos años: en los álbumes de cromos y en numerosas tardes de domingo en Chamartín.
Miguel Ángel González Suárez, nacido el día de Nochebuena de 1947. Conocido por todos como Miguel Ángel, un artista único bajo los palos, como lo fue su tocayo Buonarroti con el cincel.
18 temporadas en el Madrid (récord junto a Paco Gento y a Sanchís júnior), 16 títulos (8 ligas) en una época en la que no había Supercopas, 18 veces internacional, pese a vivir unos cuantos años a la sombra de su rival y amigo, el Chopo José Ángel Iribar.
Miguel Ángel es el tercer guardameta con más partidos disputados en el Real Madrid, tras los 725 de Iker Casillas y los 456 de Paco Buyo
Fichado en 1967 al AD Couto, club de su Galicia natal, hizo su “mili” en el Castellón hasta que se incorporó a la primera plantilla en 1968, y ahí permaneció hasta 1986 ininterrumpidamente. Le costó mucho llegar a ser titular, con una competencia feroz, primero con el gran Antonio Betancort, y después con buenos porteros que hicieron también grandes temporadas, como Andrés Junquera (trofeo Zamora en 1968) y José Luis Borja.
Fue allá por 1974, compitiendo también con el joven madrileño Mariano García Remón, cuando el orensano empezó a consolidarse como titular, ya con 27 años. Aun así, logró vestir nada menos que en 346 ocasiones la elástica madridista (muchas veces con su color predilecto, el verde oscuro), siendo aún hoy en día el tercer guardameta con más partidos disputados en el Real Madrid, tras los 725 de Iker Casillas y los 456 de Paco Buyo.
Loable y destacable fue la lucha por la titularidad que mantuvieron Miguel Ángel y García Remón, sin estridencias y sin tensiones. Fue una batalla entre felinos, entre “el Gato” gallego y “el gato de Odessa” madrileño, que, meritoriamente vistió 177 veces la casaca merengue. En esos 15 años de convivencia pacífica, también entró en liza otro gallego, Agustín Rodríguez, hasta que un tercer gallego, este de Betanzos, se hizo con la portería blanca en 1986 (y durante diez temporadas como indiscutible).
Es difícil recordar un arquero más ágil que Miguel Ángel. De estatura corta, apenas 1 metro y 74 centímetros, bajo palos era prácticamente imbatible. Su condición felina le hacía también llegar a balones imposibles que iban a la escuadra. Como gran líder en el equipo de los Santillana, Benito y Camacho (además de capitán desde la retirada de Pirri), sabía colocar como nadie a sus defensas.
Es difícil recordar un arquero más ágil que Miguel Ángel. De estatura corta, apenas 1 metro y 74 centímetros, bajo palos era prácticamente imbatible. Su condición felina le hacía también llegar a balones imposibles que iban a la escuadra
Sus “mano a mano” eran excepcionales, y en sus valientes salidas utilizaba ambas manos, no como los guardavallas de la escuela argentina contemporáneos, como Gatti o Carnevalli, que empleaban preferentemente las piernas. También, como su maestro Antonio Betancort, era especialista en blocar balones, incluso disparos muy potentes, en lugar de despejar dichos tiros a sus costados.
Jugador con carisma, con un liderazgo silencioso, hombre de club como pocos, todos los que tuvieron la suerte de tratar con él destacan su sabiduría, su discreción y su bonhomía, que mostraba de tanto en cuanto en las entrevistas que concedía a la prensa. No se le recuerda ninguna estridencia ni ningún mal gesto, ni con sus compañeros ni tampoco con sus contrincantes.
A los de mi generación se nos aleja cada vez más nuestra infancia, nuestros cromos favoritos, los pantalones hechos jirones al tratar de imitar las palomitas del Gato en el Retiro o en el Parque Eva Duarte de Perón.
Vuela alto, querido Miguel Ángel, el gran guardameta que tuvo que lidiar nada menos que con el Chopo Iribar y con Luis Miguel Arconada para hacerse hueco en la Selección. Y que jamás nos pareció inferior a ellos a ningún madridista.
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Un día, mi sobrina apareció con un video grabado en los últimos años de vida de mi padre. Lo vi con nostalgia inevitable. Las imágenes estaban acompañadas por la voz de mi viejo, que en la grabación interactuaba con otros miembros de la familia. Su voz me llamó la atención. La reconocía pero me resultaba extraña.
Después comprendí que se trataba de una reacción lógica. Lo que me extrañaba no era tanto su voz como el hecho de que ya no exista (no él, que tampoco, sino específicamente su voz). Es una obviedad, y sin embargo jamás me había parado a pensarlo. Nunca había reparado en algo tan evidente y a la vez devastador: una de las cosas que se van cuando alguien muere, y en la que no solemos pensar, es su voz. Se ha perdido con el adiós de sus cuerdas vocales. Algunos dicen que con el alma, al partir, pasa lo mismo: deja de existir porque ya no hay cuerdas que la produzcan, como la música cuando se extinguen los instrumentos. Yo quiero creer que el alma funciona de modo diferente a la voz. Pero no lo sé.
Miguel Ángel no era mi padre, pero sí compartía con él su condición de ídolo de mi infancia. Con Miguel Ángel, esto tan triste y desarmante que cuento sobre la voz amplifica su alcance, porque su voz fue lo único que conocí de él. Joe Llorente y yo nos reunimos en su casa para entrevistarle telefónicamente. Fue la primera y única vez que hablé con él. También la primera y última que estuve en su presencia, por así decirlo, aunque nuestras presencias fueran para el otro meramente acústicas.
Joe me dijo que el héroe declinaba la opción de la entrevista presencial porque los veteranos del club, sobre todo los de cierta edad, andaban algo aprensivos con el tema del COVID. Me pareció normal. Hoy me pregunto si bajo esa reticencia social no se escondería la incomodidad de los primeros síntomas de la enfermedad que lo postraría y consumiría. Es posible, dada su natural discreción, y pensarlo me conmueve indeciblemente.
Miguel Ángel no era mi padre, pero sí compartía con él su condición de ídolo de mi infancia
En realidad, no era la primera vez que Miguel Ángel y yo estábamos frente a frente. Lo he dicho mal. Un día, paseando por la calle Rafael Salgado, junto a su Bernabéu, lo encontré a solas, de pie, frente a la puerta del José Luis donde deduje que tendría lugar algún acto social del cual se habría tomado un descanso. De igual manera que en la entrevista, que tendría lugar años después, nos hablamos sin vernos, en esta ocasión precedente nos vimos sin hablarnos.
Yo le miré con el disimulado nerviosismo del admirador. Él me miró a su vez, tomando sosegada nota de mi presencia. ¿Le acompañaba un aire melancólico, o es sólo la traducción del porvenir que hago ahora? Estaba solo y reflexivo, eso es seguro. Su mirada hacia mí se detuvo durante unos segundos. Quiero creer que era vagamente incitadora a la conversación, como si con aquella levísima sonrisa quisiera despejar mi timidez (pero Miguel Ángel casi nunca despejaba, casi siempre la blocaba). Sí, soy yo, dime algo, no me como a nadie. Pero no le dije nada. O bueno, sí: se lo diría años después, ante el teléfono con el manos libres de Joe, cuando ya no tenía delante a Miguel Ángel. Una cosa es que en la vida no se pueda tener todo, y otra es esta incompletitud aquí y allá.
Así que allí, frente al José Luis, le miré, me miró y ambos (estoy seguro) nos hicimos cargo de la situación. Pero no nos dirigimos la palabra. Un momento importante para mí y absolutamente irrelevante para Miguel Ángel. Ese momento se dio, sucedió. Pero hoy no es más que el acto de fe que hacemos respecto a la existencia en este instante de la cima de un monte donde ahora no hay nadie salvo el viento, de un paraje que, ahora mismo, nadie contempla. Sabemos que está, pero ya.
La entrevista se prolongó durante más de una hora. Joe y yo estábamos pegados al fijo de su casa. Presa de la excitación, yo interrumpía demasiado al mito, y Joe me daba silenciosas collejas para que le dejara hablar. Nos contó de sus inicios jugando al baloncesto, deporte del que decía haber obtenido la coordinación aérea que le caracterizaba, la elasticidad, la fuerza en las piernas. De los entrenamientos de Miljanic. De sus propios años como entrenador de porteros en el club. También de la actualidad del equipo y de su admiración por Capello y Mourinho. Nos habló de todo eso Miguel Ángel, que para mí es para siempre su voz, la que también se ha ido.
Claro que hay un tercer Miguel Ángel. Tengo doce años y vuela hasta la mismísima frontal del área para atajar un balón que ya casi alcanza la cabeza de Marcos Alonso, dibujando en el aire el escorzo más hermoso de la historia de la televisión, de la historia de la infancia.
De un modo inexplicable, hoy los tres miguelángeles me encajan en el puzzle. Las piezas tienen un raro sentido. Aunque esto probablemente no sirva tampoco para nada, salvo para llorar.
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