Javier Marías: “Florentino se redimió nombrando a Zidane”

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Tras varias semanas de gentil acoso conseguimos encontrar un hueco en la apretadísima agenda de Javier Marías, quien desde principios de septiembre se encuentra inmerso en las habituales labores de promoción después del lanzamiento de su última y sensacional novela, Berta Isla.

 Además de ser miembro de número de la Real Academia Española (ocupa el sillón “R”), existe un cierto consenso en considerarlo uno de los novelistas más grandes de su generación a nivel internacional. Es recurrente candidato, en todas las encuestas de los expertos, para el Premio Nobel de Literatura. Su magnífica producción literaria, de la que se llevan vendidos más de 12 millones de ejemplares en todo el mundo (ha publicado en 40 idiomas y en más de 50 países), incluye también míticos artículos sobre fútbol. Véase su recopilación futbolística, titulada Salvajes y Sentimentales. Como es bien sabido, y él siempre ha hecho gala de ello con orgullo, es seguidor del Real Madrid. 

Abusando de mi ya antigua relación – mayormente epistolar – de casi 20 años con él y de nuestra amistad (y mi gran admiración hacia él), Marías ha accedido a contestar a las preguntas que tanto Jesús Bengoechea como yo le hemos formulado. Las preguntas fueron enviadas por correo ordinario y respondidas por la misma vía -es sabido que Marías abomina del uso del ordenador y utiliza una vieja máquina de escribir-. El original con sus respuestas, con señales de típex y correcciones a mano, nos parece por supuesto un incunable. Adjuntamos a modo ilustrativo el PDF del mismo al término de la entrevista. 

Que ustedes lo disfruten tanto como lo hemos disfrutado Jesús y yo.

P: En la víspera de la Séptima Copa de Europa del Madrid, el 20 de mayo de 1998, escribió usted un artículo en El País que nuestro consejo de redacción en La Galerna venera y cita con frecuencia. “Hoy no solo hoy” era su título. Comenzaba con el recuerdo de infancia de ver la Final de la Quinta Copa de Europa, con sus hermanos, en la televisión de los vecinos. ¿Hasta qué punto el amor por un equipo de fútbol nos devuelve a la infancia o nos permite rescatarla efímeramente? ¿Es así en su caso? ¿Ha sido para usted el fútbol (y el Madrid en concreto) su magdalena de Proust, por usar términos literarios?

R: Hasta hace pocos años, descubría con estupor que cada partido importante del Madrid lo vivía con la misma aprensión y el mismo entusiasmo que cuando tenía nueve o diez años. Como si ante el fútbol no cambiásemos, y conserváramos intactas las emociones serias y vehementes de la infancia. Mientras uno contempla una Final de Copa de Europa, por ejemplo, todo lo demás se suspende, y daríamos cualquier cosa por un gol salvador en el último minuto. Sin embargo, el paso de Mourinho por el Real Madrid fue algo tan amargo que me alejó del equipo y por lo tanto también de ese sentimiento infantil apasionado. No podría desear con pasión el triunfo de alguien que se iba a apropiar de él, de alguien que representa lo opuesto a lo que para mí siempre fue el Madrid: grandeza con contención, ausencia de queja y victimismo, fair-play y respeto a los rivales. Aún no me he recuperado de los tres años de ese baldón al frente del equipo y ya no vivo los partidos con la misma intensidad, pese a que Zidane me parezca la quintaesencia del Madrid y le tenga toda la simpatía y el respeto del mundo. Veremos cuando Zidane lleve tantas temporadas al mando como para hacernos olvidar del todo al ególatra y mal perdedor y mal ganador Mourinho.

el paso de Mourinho por el Real Madrid fue algo tan amargo que me alejó del equipo.

P: Otro artículo suyo por el que tenemos predilección es el titulado “Caído del Cielo”, publicado también en El País el día siguiente al célebre gol de Zidane en Glasgow. Nos parece una pieza literaria de primera clase. ¿Qué tal se escribe sobre fútbol en España?

R: Ese artículo me lo pidió El País para dejar una pieza “duradera” que honrara aquel gol maravilloso. Me alegra que así haya sido, al menos para unos cuantos. Al día siguiente me llamó Valdano (al que apenas conozco) a felicitarme, y me dijo: “Hay que saber mucho de fútbol para escribir una pieza así”. Es uno de los elogios que más me han enorgullecido a lo largo de mi larguísima carrera literaria.

En España se escribe bastante bien de fútbol. Valdano lo ha hecho, y desde luego Santiago Segurola. Últimamente me gustan algunos artículos de Jabois, Tallón y Sámano, así como la serie “histórica” de Relaño.

Prensa deportiva no leo, así que no sé. Entre los escritores que, como yo, hemos hecho nuestros pinitos, la mayoría no me gustan al hablar de fútbol. Los encuentro sosos. Vázquez Motalbán, el pionero junto con Gonzalo Suárez, lo hacía bien desde su barcelonismo. Otros, a mi modo de ver, no tanto. Enric González también es muy bueno, parece educado en la escuela italiana del gran Gianni Brera y ahora Gianni Mura, si no me equivoco de nombres.

P: Cuando entrevistamos a Alfredo Pérez Rubalcaba, nos confesó que había declinado una oferta para escribir sobre fútbol en El País precisamente porque ya lo hacía usted ocasionalmente, y ello le hacía sentirse muy acomplejado. Quizá un título nobiliario en el Reino de Redonda sea excesivo, pero ¿se le ocurre algún modo de compensar a D. Alfredo por este sinsabor?

R: Políticos en el Reino de Redonda, mejor no, aunque respeto mucho a Rubalcaba. Hace años que El País apenas me pide que escriba de fútbol (yo solía hacerlo cuando me lo solicitaban tan sólo), así que Rubalcaba podría no haber tenido remilgos. Desconocía la anécdota. Deberían ustedes animarlo a escribir de fútbol. Y además, no creo que mis tonterías sean para acomplejar a nadie.

P: ¿Qué confianza tiene en que Zidane dure, y por qué se ha hecho acreedor a la gran responsabilidad de reverdecer su madridismo?

R: Ya he dicho. Zidane es inteligente, amable, modesto (a la manera de Molowny y Del Bosque, dignísimos representantes del madridismo), y encima ha demostrado que sabe cosechar éxitos. Espero que a nadie se le ocurra echarlo, logre lo que logre esta temporada. Ganar dos Copas de Europa seguidas debería asegurarle el puesto a cualquiera, al menos durante cinco años más. Con Mourinho uno se avergonzaba de ser del Madrid. Con Zidane uno se enorgullece.

P: ¿En qué medida el dubitativo comienzo de esta temporada ha minado su fe en el entrenador francés?

R: Ya le he dicho. En nada. El fútbol no es matemáticas, por fortuna, y a veces se juega mejor y a veces peor. Y a veces entra el balón y a veces no. Yo tengo larga memoria y procuro tenerla. No soy de los que ponen todo en cuestión por uno o diez partidos flojos.

espero que a nadie se le ocurra echar a zidane, logre lo que logre esta temporada.

P: ¿A qué atribuye este dubitativo comienzo al que aludimos, y qué grado de confianza tiene en que el equipo terminará firmando una buena campaña?

R: No sé. Quizá al esfuerzo de ganar las dos Supercopas en pleno verano, eso es normal que traiga cierta relajación. Pero, aunque el Madrid este año quedara octavo en la Liga, fuera eliminado en la Copa y también en la Copa de Europa, no pasaría nada, teniendo en cuenta los éxitos de las últimas dos temporadas. Es como cuando Holanda le metió cinco goles a España en el último Mundial. Yo hice la siguiente reflexión: ¿acaso los holandeses no estarían felicísimos si hubieran ganado 1-0 la Final del Mundial del 2010 y luego hubieran perdido un partido de grupo por 5-1 o 5-0 en el siguiente? Pues eso. No hay que rasgarse las vestiduras por lo secundario, por estrepitoso que sea, si en lo fundamental se ha triunfado.

P: Sobre Mourinho escribió usted: “Es un malasangre, un quejica, un individuo dictatorial, ensuciador y enredador, nada inteligente, mal ganador y mal perdedor”. Con la perspectiva del tiempo, ¿le reconoce algún mérito o cualidad?

R: Veo que acabo de decir más o menos lo mismo que entonces. No, no le veo mérito ni cualidad. Aparte de su carácter, lo encuentro un entrenador pésimo. Eso, como sabemos, no es óbice para conseguir algunos títulos. Los ha conseguido Van Gaal, que también es pésimo; o Grecia, con un juego soporífero y rudimentario, conquistó la Eurocopa de Portugal. En el fútbol influye el azar, y esa es una de sus gracias. Que los mejores equipos pueden salir derrotados, y los peores vencer. Pero ya ve, cuando Mourinho tuvo a sus órdenes un equipo de verdad bueno, el Madrid, fracasó rotundamente.

P: En otro artículo confesó: “Recuerdo haber preferido que una Final de Copa se la llevara el Atleti (como así fue) antes que ver a Mourinho chulearse de haber logrado el trofeo”. La frase parece describir un sentimiento de deseo de victoria del Atleti antes o durante el partido, pero no deja claro si, una vez concluido el mismo, usted en efecto se alegró de la victoria de los de Simeone… No es lo mismo. ¿Lo podría aclarar?

R: No me alegré, pero no me importó que ganara el Atlético. Y me alegré que Mourinho no pudiera sacar pecho. Mire, el Chelsea era mi equipo inglés favorito de siempre. Hasta que llegaron Abramovich y Mourinho, y hube de cambiarme al West Ham (que no gana nada). Tengo mala suerte: mi equipo italiano era la Juve. Hasta que hubo el escándalo Moggi. Ahora soy de la Roma. En Francia, mi favorito era el PSG. Pero ahora ya no puede serlo. Así que, en fin, sigo siendo del Madrid, pero quién sabe si Mourinho se hubiera eternizado en nuestro banquillo. Hay gente que mancha demasiado: no sé cómo mis amigos colchoneros aguantaron su apoyo durante los muchos años de Gil y Gil al frente…

P: En medio del conflicto Casillas-Mourinho, usted escribió: “No sorprende que lo odien (a Casillas) los tertulianos maleantes de la extrema derecha, los mismos que idolatran a Mourinho”. ¿Cuánta exactitud había en esta (disculpe si no lo interpretamos bien) equivalencia entre el mourinhismo y la extrema derecha?

R: Deduzco, por la insistencia en el asunto, que debe de ser usted mourinhista. Cuando escribí eso, me limité a constatar un hecho. Por lo demás, tengo entendido que Mourinho no es precisamente de izquierdas, aunque en política se pronuncie poco (algo es algo).

P: En 2012 escribió otro artículo lleno de desencanto titulado “De cómo M y F me han quitado del fútbol”. M era Mourinho y F Florentino. Con la perspectiva del tiempo, y con los logros deportivos y de gestión cosechados de entonces para acá, ¿ha modificado en algo su opinión sobre Florentino Pérez?

R: Sí, sobre Florentino Pérez la he modificado. Suyo fue el acierto de poner a Zidane al frente, y era un riesgo tan grande como cuando el Barca puso al frente a Guardiola. Ninguno de los dos había dirigido más que filiales hasta entonces. Esa decisión ha redimido a Pérez en buena medida. Es un hombre más o menos de mi edad, que se apasionó con Di Stéfano, Puskas, Kopa, Gento. Habiéndose criado con ellos, y conociendo bien el espíritu del Madrid legendario nunca entendí que no viera en Mourinho, como yo, lo opuesto a ese espíritu, lo absolutamente opuesto.

De florentino fue el acierto de poner a zidane, y era un riesgo tan grande como cuando el barça puso al frente a guardiola.

P: En ese mismo artículo llamaba a ambos (M y F) “traidores a Di Stéfano, a Puskas, a Gento, a Velázquez, a Raúl, a Zidane, a Casillas y al espíritu tradicional”. ¿En qué consiste para usted ese “espíritu tradicional” y en qué medida se ha perdido?

R: Ya he contestado a eso, creo. Hoy en día es muy difícil que los equipos conserven el viejo “espíritu” que los caracterizaba. Demasiados clubs son sólo un negocio, hay demasiados presidentes extranjeros que no comprenden nada, los jugadores suelen durar poco en los equipos, los aficionados son acríticos, sólo hinchas. Es difícil. El Madrid, dentro de todo, aún conserva bastante de ese espíritu tradicional, en jugadores como Ramos, el propio Cristiano (creo que lo ha acabado entendiendo), Marcelo, Modric… Isco y Asensio parecen ir por buen camino en ese sentido. Mire, al madridista veterano no le basta con ganar. Hay que ganar en buena lid, como cantaba el antiguo himno. Nunca con trampas, nunca con protestas, nunca con juego sucio. Y hay que perder con grandeza, reconociendo al rival cuando ha sido mejor. Los hinchas olvidan que las derrotas, en el fondo, son más interesantes que las victorias. Más complejas, más exigentes, más “morales” si me apura. El triunfo es simple, en cambio. Lo cual no significa que normalmente no desee para mi equipo esa feliz simpleza.

P: Algunos jugadores de la actual plantilla han logrado 3 de las últimas 4 Champions, lo que marca, aunque a alguna distancia de la primera, la segunda gran hegemonía europea de la historia del Madrid. ¿Qué jugadores de la actual plantilla pueden codearse en términos de grandeza con los que acabamos de mencionar?

R: Eso es difícil calibrarlo. Diferentes épocas. Cuando se dice que Messi es el mejor jugador de la historia, es una bobada. Es buenísimo, sí, pero no hay posibilidad de comparación. Tendríamos que haber visto en el mismo terreno de juego, el mismo día, a Messi y a Cruyff, a Messi y a Di Stéfano, a Maradona y a Pelé y a Zidane y a Laudrup y a Best. Es como decir que Flaubert es superior a Nabokov, o a la inversa. Pertenecen a periodos distintos, a mundos distintos. Sí se puede comparar a Shakespeare y a Cervantes, que eran contemporáneos. Pero no a Sterne con Conrad, ni a Dickens con Bernhard. De la actual plantilla, en todo caso, Modric me parece excelente, y Cristiano también, y Benzema y Marcelo. Cuando se vayan o se retiren, los echaremos de menos, como hoy echamos de menos a Raúl y a Guti, tan maltratados en su momento.

la derrota es más compleja y “moral” que la victoria. la victoria es simple, lo que no implica que no desee para mi equipo esa simpleza.

P: Parece existir una cierta desproporción (corríjanos si nos equivocamos) entre el interés que siente por el fútbol y la presencia más bien residual de dicho deporte (y del Real Madrid en concreto) en su obra literaria. ¿Diría que es así y, caso de serlo, cómo lo explica?

R: En una novela meter el fútbol, o al Madrid, sería forzado, con calzador. Para eso están los artículos. Por otra parte, el fútbol, al ser deporte de equipo, y no individual, se presta poco a la novela. Mucho menos que el boxeo, por ejemplo, como usted sabe. Por lo menos se presta poco a las mías, que no son lo que se llama “corales”.

P: Nuestro colaborador Antonio Escohotado (quien por cierto comparte con usted su escasa estima por Mourinho) comentaba hace poco lo siguiente en La Galerna, en relación al eterno debate entre forofismo y espíritu crítico: “Así como toda moneda tiene dos perfiles, en fútbol la cara suele ser amor a los colores y la cruz el sentido crítico. En el caso del Madrid lo acostumbrado se invierte, pero no por cainismo sino porque hay suficiente epopeya conquistada para convertir a sus espectadores en observadores con disposición a la imparcialidad”. ¿Coincide con esta visión? ¿Es deseable/exigible la imparcialidad en quien ama un equipo de fútbol? Esa imparcialidad “adulta”, ¿no nos aleja un tanto de la conexión con la infancia de la que hablábamos al principio?

R: Estoy bastante de acuerdo. Cierta imparcialidad denota que se entiende de fútbol. A veces me irrito cuando veo por televisión un partido en tal o cual lugar y observo cómo los hinchas protestan vociferantes por decisiones justas, evidentemente justas. Y mi primer pensamiento es: “En esta ciudad no entienden de fútbol, sólo quieren ver ganar a su equipillo”. En Madrid, en Chamartín al menos, eso sucede a veces y me irrito aún más. Pero es un público futbolísticamente educado, no en balde vio a Di Stéfano y a Velázquez y a Netzer, y a menudo sabe distinguir el gran juego de un rival, o lo justo de una decisión perjudicial. Sabe lo que es penalty y lo que no, a diferencia de los hinchas de tantos campos; lo que es falta y lo que no, cosas así de sencillas. Ha habido equipos que, tras darle un baño al Madrid, han salido ovacionados de Chamartín. Eso es entender de fútbol.

Entrevista: Athos Dumas

Ilustración: Guillermo Martín Bermejo

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