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Santillana: "Fichar a los mejores no garantiza el mejor equipo"

Santillana: "Fichar a los mejores no garantiza el mejor equipo"

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon4 marzo, 2016
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Las leyendas también se constipan. Lo que las distingue en esos trances de los comunes mortales es que, en la mejor onda de las grandes remontadas ochenteras, y muy lejos de amedrentarse, se crecen en la adversidad y encierran a la gripe en su área con cuatro insultos y el primer balonazo resonando contra la valla de publicidad. Estamos en una cafetería de La Moraleja con Carlos Alonso Santillana, hoy, concretamente hoy, un mito febril que no por ello pierde la afabilidad. Le decimos que si quiere lo dejamos para otro día pero en el fondo, íntimamente, suplicamos a la Diosa Fortuna que nuestros minutos sean molto longos, como dijo aquel amigo suyo, merced a la determinación propia de las grandes gestas. No nos defrauda, hasta el punto de que la entrevista dará al final para dos entregas. No nos defrauda ni aun cuando no nos privamos de empezar con la consabida tortura del once histórico del Madrid. 

P: ¿Te atreves?

R: Es muy complicado. Cada época es diferente. Yo tengo un once mitificado, que es el del Madrid que ganó las cinco Copas de Europa seguidas. Bueno, es el Madrid que me emocionó cuando era niño, el que más recuerdo. (Empieza a poner los nombres sobre el folio, como marca la tradición galernauta). Araquistáin (posteriormente nos llamará para subsanar el error, el portero es Vicente), Marquitos, Santamaría, Pachín, Muñoz,  Zárraga, Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskás y Gento.

P: ¿Y qué entrenador pondrías aquí?

R: ¿Entrenador? Hombre, de los entrenadores que he tenido me quedo con dos: Miguel Muñoz y Boškov. Miguel Muñoz porque fue quien me dio la oportunidad de jugar en el Real Madrid. Y luego Boškov, que nos impresionó mucho con su método de entrenamiento, su forma de concebir el fútbol, y la verdad es que le tenemos todos mucho cariño. A cualquiera que preguntes, Vicente del Bosque, Camacho, yo mismo, cualquiera te dirá lo mismo.

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P: Ya que hablamos de entrenadores y entrando en la actualidad. Zidane. La espontaneidad y la libertad al jugador frente al tacticismo de Benítez. ¿Saldrá bien? 

R: Cuando llega un entrenador nuevo es un estímulo para todos, ¿no? Los que son titulares quieren demostrar que lo son por buenas razones; y los que habitualmente no juegan quieren demostrarle al nuevo entrenador que tiene que contar con ellos. Todo el mundo quiere ser el mejor, todo el mundo quiere ser titular. Y eso para el entrenador es fundamental, porque así tiene a todos los jugadores unidos y motivados. (Nota: la entrevista se realiza antes del partido contra el Atlético de Madrid).

P: ¿Qué piensas que ocurrió con Benítez? 

R: No sé si hubo problemas en el vestuario o no, no sé qué fue lo que pasó. Parece ser que hubo algunos problemas de comprensión del mensaje del entrenador por parte de los jugadores. Llevar una plantilla como la del Real Madrid no es nada fácil. Y supongo yo que eso, unido a que no se hacía el fútbol que había que hacer, o mejor, no se hacía el fútbol que todos los aficionados esperaban, hizo que se creara en cada partido un ambiente en el Bernabéu en contra de Benítez e incluso en contra de Florentino. Y luego este año han ocurrido cosas que no eran normales como la eliminación de la Copa del Rey, una serie de cosas que encima han perjudicado más aún. Y por último, hay que reconocerlo: el Barcelona está siendo en los últimos años el equipo donde todo el mundo se mira, está ganando más títulos que nadie… Eso, para un madridista, es decir, la combinación de la mala marcha del equipo con el hecho de que el Barcelona gane todo, produce el que se haga una bola y todo el ambiente vaya en contra de lo que es el Madrid.

P: Pero qué es lo que está ocurriendo en este Madrid. ¿Son los cambios sucesivos de entrenadores, son los jugadores? ¿Cómo lo ves?

R: La filosofía de Florentino ha sido siempre la de traer a los mejores al Madrid. El Madrid necesita, lógicamente, jugadores de ese nivel, de un nivel muy alto; porque el Madrid tiene un prestigio muy grande, tiene que cobrar mucho dinero por los partidos, sea un amistoso o no amistoso, etcétera; y eso es importante. Pero de cara a la regularidad y al futuro lo más importante es hacer un buen equipo de fútbol. Traer a los mejores jugadores del mundo está muy bien, pero eso no te da necesariamente la opción de ser el mejor equipo, porque luego hay que encajar las piezas, cada una en su sitio. Y muchas veces, como decía Di Stéfano –y además tenía mucha razón- cuando se hace una casa, se hace con un arquitecto, pero es necesaria también la presencia de muchos aparejadores, peones, capataces, etcétera. De igual forma, en el fútbol, debes tener estrellas, tienes que tener jugadores muy buenos que den prestigio al club y que te den imagen; pero al final no puedes tener tantas estrellas porque luego hay que correr, hay que luchar, tiene que haber jugadores de todo tipo, ¿no? Si todos son arquitectos, todos son lo mismo. Tiene que haber jugadores que no sean tan buenos técnicamente, pero que corran, que luchen, que roben balones. Y tiene que haber jugadores que marquen bien, que sean perros marcando al hombre, etcétera. El jugar en equipo es eso. Creo que el Barcelona, en los últimos años, lo han entendido bastante bien, han ido fichando de acuerdo con las necesidades que más o menos tenían. Y nosotros, a lo mejor, hemos ido fichando grandísimos jugadores pero que no te dan la seguridad, cien por cien, de que el equipo vaya a ser el mejor, precisamente por las razones que daba Di Stéfano.

P: ¿Crees que puede faltar un cierto sentido de pertenencia en la plantilla, como el que en tu época teníais vosotros? Se decía que Juanito, Camacho o tú eráis los guardianes de la esencia del madridismo, y que la supisteis transmitir a la Quinta del Buitre. ¿Puede faltar eso ahora?

R: Hombre, yo te digo una cosa: en nuestra época era muy fácil hacer eso. ¿Por qué? Porque sólo había dos extranjeros y el resto éramos españoles. Los españoles éramos mayoría y llevábamos el peso del vestuario. Y a los extranjeros que llegaban enseguida los acogíamos. Entonces no había grandes problemas. ¿Cuál es el problema que hay ahora? Que  ves una alineación y a lo mejor hay dos españoles y el resto son todos extranjeros. Entonces, claro, eso hace que cada uno sea de su padre y de su madre, cada uno tiene un idioma, otros tienen religiones diferentes, el fútbol lo ven de manera distinta. Porque, por ejemplo, un brasileño no entiende el fútbol como un francés; el concepto del fútbol de un brasileño no tiene nada que ver con el europeo. Entonces, ¿qué es lo que ocurre? Que ahora es muy difícil que esa idea de club se vaya transmitiendo de generación en generación. Hubo una época que sí, que era como tú me estás diciendo. Nosotros, en efecto, ayudamos a integrar a la Quinta del Buitre y a los extranjeros que llegaron, pero si miras a la historia ves que de ahí en adelante cada vez fue más difícil hacer eso. Fernando Hierro y Raúl han sido los últimos capitanes que de verdad han intentado integrar a las estrellas extranjeras que iban llegando. Con Iker Casillas al final también, pero mira las dificultades que tenía Iker Casillas para enderezar un momento duro. Cuando hay momentos difíciles en el equipo, los capitanes o el capitán del equipo –siempre, claro, con alguno más– son los que tienen que tirar del carro, explicar a la gente joven lo que es el club, lo que se espera de ellos, lo que se necesita. Eso posiblemente haya ocurrido hasta Iker Casillas. Pero luego ya es muy complicado.

P: En la última época de tu carrera supiste asumir un nuevo papel, algo más secundario pero básico en fechas muy señaladas como, por ejemplo, en las célebres remontadas en las Copas de la UEFA. Supiste dar ese paso, no atrás pero sí un poco hacia un lado, en el sentido de no poner ninguna complicación al entrenador por tu suplencia (pese a tu historia en el equipo) en aras de la paz en el vestuario.  

R: Quería terminar mi carrera deportiva en el Madrid. Cuando vino Hugo Sánchez -te hablo de los tres últimos años de mi carrera-, tuve que aceptar la situación: tenía 33, y sabía que no podía pensar en ser titular del Madrid porque el club lógicamente iba buscando jugadores para el futuro, no jugadores para una temporada, ¿no? Entonces, ¿qué fue lo que me dije? Pues me dije: "Si yo quiero continuar aquí, en este equipo, durante dos o tres años más lo que tengo que hacer es adaptarme a la situación". Entonces me adapté, simplemente. Entrenaba todavía más que en la época en que era titular. Te exiges estar en las mejores condiciones para que cuando el entrenador crea conveniente echar mano de ti, tú no defraudes a nadie. Eso fue lo que hice y me costó mucho. Muchísimo. Porque qué era lo que pasaba: que yo, por ejemplo, entre semana jugaba porque Hugo Sánchez estaba lesionado, y a lo mejor era el héroe del partido: contra el Borussia, contra el Inter, contra no sé quién. Las grandes remontadas de los miércoles. ¡Pero luego, al domingo siguiente, y pese a haber sido el héroe, volvía al banquillo! Claro, para mí era muy difícil aceptar esa situación, pero la asumía porque mi objetivo era intentar terminar mi carrera en el Madrid a base de serle útil al club, y le era útil de este modo. Como te digo, entrenaba más duro que nunca. Porque, claro, de repente podía jugar de una semana a otra, o a lo mejor no.

P: No tenías ritmo de partidos.

R: No tenía ritmo de partido ni tenía ritmo de nada, y al final, claro, para mí era un problema. Y bueno, me salieron bien las cosas porque la suerte en la vida también es importante, ¿no? La suerte de llegar a esos partidos importantes en la Copa de Europa en los que, por lo que sea, Hugo Sánchez o Valdano no podían jugar, y tenía que jugar yo. Y en esos partidos importantes yo tenía la suerte de meter goles, de salvar las eliminatorias… Fueron partidos míticos que se han quedado ahí, en la historia del Madrid.

P: Y quizá por eso hay unanimidad en el respeto hacia tu figura, porque cuando estabas arriba del todo pues era fácil estar en el Real Madrid y ser del Real Madrid. Pero el saber tener esa generosidad de serle útil al club no estando en el papel que uno desea, pues yo creo que…

R: Hombre, yo sí que me doy mérito, ¿eh? Yo me doy mucho mérito por eso. Porque es muy difícil estar diecisiete temporadas como he estado yo jugando todas las temporadas, no jugando ya de titular las últimas pero siéndole útil también al club. Eso es muy difícil, ¿no?

P: ¿Y qué crees que está ocurriendo ahora con estos jugadores de esta época? ¿Es el entorno que de alguna manera hace que no acepten ese papel de suplencia? El entorno a nivel prensa, a nivel allegados, agentes... ¿O es el ego activado por la mitomanía que existe hoy en día, amparada a su vez por las redes sociales?

R: Hay aquí una cosa que es muy importante y que hay que tener presente. En primer lugar, cuando yo jugaba al fútbol yo sólo jugaba al fútbol. Es decir, yo era un deportista que tenía que intentar por mi imagen que tenía en el club ser un buen profesional en el campo y fuera del campo, porque me lo exigía el prestigio del club, la entidad, ¿no?

(Se interrumpe la entrevista porque se acerca a saludarle un hombre que estaba sentado en la mesa contigua, socio del Real Madrid desde hace más de 30 años y en cuyo móvil, según nos muestra mientras con gran devoción se dirige a él, tiene como imagen de un grupo de whatsapp una foto de un remate de Santillana a dos metros de altura. Es la célebre, inconcebible, legendaria foto: