Desde febrero de 2023 tenemos la prueba, además de la certeza, de que el Barcelona se hizo grande pagando por neutralidad. No era grande. Nunca lo fue. Su grandeza (en palmarés nacional) le costó 8.4 millones de euros, que sepamos. ¿Alguien puede dudar de que al menos lo intentaron también en Europa, después de los resultados obtenidos en España? Tenemos la pistola humeante, tenemos a Ovrebo corriendo despavorido mientras Ballack le gritaba como un loco a centímetros de la cara. El árbitro no le amonestó, no le encaró, sólo huyó de la escena del crimen como huyen los culpables.

Tenemos la "remontada" al PSG en uno de los mayores escándalos del fútbol del que presumen como un logro extraordinario, que apenas les sirvió para morir un poco más cerca de la orilla. Las vergonzantes imágenes les perseguirán siempre, como las de la falta de Suárez sobre Varane en LaLiga, con el cuarto árbitro repitiendo tres veces en el micro "falta de Suárez". Nunca olvidaremos las faenas del sicario del silbato Hernández Hernández. Será interesante oírle en el juicio ahora que parece que ha caído del guindo y se declara (en la COPE, nada menos) avergonzado porque Negreira cobrara "de un club".

Sé que no es buena idea mezclar política y deporte, pero lo que estamos viendo cada día son los síntomas de una enfermedad social: España se hunde en una espiral decadente. Políticos y allegados salpicados a diario por casos de corrupción a todos los niveles, condición y espectro político. Ciudadanos fanatizados negando hechos, señalando a los jueces por perseguir el delito e ignorando evidencias, refugiados en estrategias canceladoras.
Se nos ha ido de las manos. La polarización ha llegado a las familias. Hermanos, primos, tíos, suegros y yernos que no se hablan. Vecinos que te miran condescendientes porque sospechan que votas a los de enfrente, por criticar o no criticar a un tertuliano, a un periodista, ¡a los jueces por perseguir delincuentes! En España no se odiaba por votar a quien te daba la gana. Hemos cambiado. Se sigue a líderes políticos como se sigue a un equipo de fútbol. La gente se apunta a la gresca en una especie de hipnosis colectiva, repitiendo mantras sin sentido oídos en la tele o leídos en X. La manipulación de los ciudadanos desde los medios de comunicación nos ha devuelto al pasado, a un tiempo en el que la ignorancia nos hacía mansos.

Cómo no iba a llegar la podredumbre al deporte. Hemos conocido un caso de corrupción en el fútbol prolongado al menos durante dos décadas que genera debate a pesar de la contundencia de las pruebas. Los culés han perdido la brújula moral cuando se trata de los suyos. Se permiten hablar "del bulo Negreira" con total desvergüenza. Entre atribuirles afectación por un virus de idiocia pasajera o considerarlos escoria de la peor calaña ya no sabemos a qué apostarle.
Desconocemos cuántas veces habrá llevado Yuste a su casa a Laporta después de una de esas juergas de las que habla Sostres. Muchas, probablemente. Yuste es el hombre que vela porque Laporta no se meta en más líos. Aparentemente una persona de orden. Pero ahí le tienen, pidiendo ayuda a LaLiga para defender al Barcelona de la justicia. Intentando accionar una vez más el comodín del Gobierno frente a las palabras de Florentino, que son las de la Guardia Civil durante la instrucción del caso.

Laporta tiene fascinado al culé. No importa que haya cuadruplicado los pagos a Negreira para influir en el saldo arbitral (Godall dixit). Lo que importa es que ganó títulos y protagonizó con Guardiola el sueño de grandeza al que secularmente aspiró su club. Al culé no le importan los medios ni el bochorno del delito expuesto bajo los focos. Le importa que se acercaron unos milímetros al Real Madrid, club que tiene todo el apoyo de las instituciones del fútbol, CTA incluido; del Gobierno, de los bancos y de la Iglesia Católica, por aquello de la cruz sobre la corona del escudo. Y como en la sociedad, en el fútbol ya sólo quedan dos bandos: El Real Madrid y el antimadridismo. A nadie le importa que los 23 títulos manchados del Barcelona pudieran estar hoy repartidos entre las vitrinas de cuatro o cinco clubes. El enemigo somos nosotros.

Tebas se debate entre el odio que despacha en redes sociales, desde una personalidad tabernaria impropia del CEO de una empresa de 5000 millones, y la esquizofrenia. En febrero de 2023 declaraba impulsiva pero coherentemente:
"el Barcelona, con ese pago, pretendía influir en las decisiones arbi... (revelador lapsus linguae) en los ascensos y descensos"
"El Barça intentó influir en los ascensos de los árbitros, y eso ya es delito"
"Si un club efectuara un pago de esas características a un vicepresidente, se abriría expediente y la sanción sería el descenso de categoría"
Tres años después, como reacción a la petición desesperada de ayuda del presidente interino Yuste, acosado por la ya inevitable intervención de la UEFA tras el tremendo informe entregado por el Real Madrid, Tebas manifiesta compartir la preocupación del Barcelona y califica de inadmisibles "las declaraciones (se refiere a las de Florentino) que pongan en duda la limpieza de la competición". Pero hombre de Dios, si todo el mundo ve la podredumbre a la luz del sol y conoce tus chanchullos con los corruptos, incluidos préstamos a fondo perdido para pagar tus deudas con Hacienda…

La buena noticia es que ya tenemos al enemigo agrupado y guarecido en su trinchera: El Barcelona, LaLiga, la RFEF y el CTA. La banda al completo: El que sobornó. El que lo ocultó. El cómplice necesario que hizo prescribir el delito y el que ejecutó sistemáticamente el encargo. No falta ninguno. Ahora sólo tenemos que encontrar a nuestros Intocables: Elliot Ness, Jim Malone, George Stone y Óscar Wallace. Agentes de la ley y el orden que aguanten en pie y sin miedo hasta el último golpe, porque esta chusma va a pelear con todo lo que tiene, que es mucho, incluyendo sus terminales políticas.

La reacción de la UEFA al dossier del Real Madrid es una incógnita. Sólo pueden imponer sanciones sobre sus propias competiciones, específicamente la no elegibilidad de un club involucrado en corrupción. Es el primer paso. Cualquier castigo menor a cinco años sin Europa se interpretaría como tolerancia. Recuerden que fueron veinte años de corrupción. La UEFA no puede consentir el efecto llamada de una sanción no ejemplar. La dimensión mediática del escándalo aún es limitada, a causa el estado de descomposición del periodismo deportivo patrio y su alineamiento con quien les paga. Kollins cuenta que los oficiales de la UEFA ni siquiera conocían la profundidad de la instrucción hace apenas dos meses. Delirante.

Si la UEFA se encoge las redes sociales del Real Madrid deberían hacer el trabajo, dando a conocer al planeta todo el material probatorio y el modus operandi de la corrupción en el fútbol español. La publicación de los clips de RMTV en redes le daría una escala global al caso, imprescindible para llamar la atención sobre la adulteración de las competiciones por quienes deberían cuidarlas y sobre el Método Negreira: el mecanismo de corrupción urdido entre el Barcelona y el CTA, perfeccionado durante décadas.
El comunicado del Real Madrid va más allá. Solicita a la UEFA que "adopte las medidas disciplinarias y restauradoras que resulten procedentes". No sólo disciplinarias. Restauradoras. Sinónimo: Recuperar o recobrar. Poner algo en el estado que tenía antes. O sea, volver a cuando el fútbol era limpio en España. La UEFA no puede ni retirar títulos ni liderar la merecida escabechina que merece la RFEF. ¿Entonces? Ese será el segundo paso, porque queremos la desposesión de los títulos manchados. La FIFA puede y debe intervenir.

Florentino no ha terminado. Ha tardado en darse cuenta de que con esta gentuza no se puede ir ni a cobrar una herencia. Creyó necesitar al Barcelona para el futuro del fútbol y les otorgó una categoría que evidentemente nunca tuvieron. Los embarcó en la Superliga y les facilitó un río de dinero para que pudieran salir de la ruina, pero la naturaleza del escorpión es usar su veneno, y Laporta lo hizo. No pudo evitarlo. No tardaremos en verle clamar al cielo y llorar lágrimas falsas. Entonces nos acordaremos de la carrera de Ballack con Ovrebo y de Aytekin prevaricando en el Camp Nou. Nos acordaremos de los innumerables penalties cometidos por Mascherano, Umtiti, Piqué, que se fueron al limbo; de las simulaciones de Suárez y de las de Messi. Se nos dibujará una sonrisa en la cara. Ya sin ira ni rencor. Hemos tragado mucho, pero estamos llegando al final del camino. Es la hora de la justicia y se va a servir fría.
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Cierto, no hay que mezclar política y deporte porque, en tal caso, habría que hablar del enriquecimiento del novio con las mascarillas, con los sobresueldos de Quirón y con el ático prestado indefinidamente, ¿eh?
* Veremos este comentario publicado o estará pendiente de revisión de forma indefinida?
El que pueda hacer que haga, y tú, no pierdes ni una ocasión de ayudar a la causa.
Ah, pues me he equivocado porque sí está publicado. Eso va a ser porque se me ha olvidado no hablar del dinero que una muchachada recolectó por la DANA de Valencia pero que nunca llegó.
Maribel, estoy de acuerdo contigo. Cualquier político o personas de su entorno que se hayan enriquecido ilegítimamente por la proximidad a un cargo tienen que pagar las consecuencias. Todos. Los primeros comentarios no hacen más que darme la razón. Como sociedad estamos jodidos.