Recuerdo los veranos de la infancia. Yo era de los que se aburrían después del primer mes de vacaciones. Entonces no había campamentos, ni actividades "complementarias", ni alguien que viniera a casa a entretener a los niños. Había abuelas que vigilaban en la distancia con la zapatilla justiciera dispuesta mientras los padres y madres trabajaban. Alguna vez mis padres tuvieron la ocurrencia de comprarme un cuaderno de verano que me quité de un plumazo en una semana para estar tranquilo el resto de las vacaciones.
Debía tener unos diez años cuando me construí las porterías del Bernabéu. Sé que eran las del Bernabéu porque les hice los soportes de la red idénticos, con esa curva única e inconfundible que tenían antes de que llegaran las redes sujetas con cables de tensión. Entonces casi sólo el Calderón tenía unas redes cuadradas y profundísimas, para que no quedara duda las raras veces que conseguían meter un gol. Las de La Romareda eran XXL. Podían alojar un pequeño apartamento en su interior. Atocha tenía porterías de menos de menos de un metro de profundidad y las del Ramón de Carranza tenían una forma ortopédica irrepetible. Entonces podíamos distinguir cada estadio por sus porterías. Las mías eran de alambre y las cubrí con los restos de una red para el pelo que pillé por ahí y que nadie echó en falta. Me quedaron de cine.
El césped era una vieja manta verde que me ponían en la terraza para que no me pasara todo el verano arrastrándome por el suelo. Cuando íbamos a Cercedilla de picnic toda la familia, cabía en ella. Mis jugadores eran pequeñas figuras aleatorias de plástico de diferentes tamaños: sobre todo eran soldados (los defensas y medios) o indios y vaqueros (los delanteros). Estos tenían las piernas abiertas para colocarlos sobre el caballo, lo que permitía cogerlos de una pierna con los dedos y chutar con la otra girando la figura. Los indios nunca eran el Real Madrid, obviamente. Los porteros eran dos dinosaurios de goma, dos T-Rex, que se sujetaban bajo palos con las patas traseras y la cola. Esperaban rugiendo amenazantes los disparos de Billy the Kid, con su sombrero, su camisa de cuadros y su pañuelo anudado bajo la barbilla. En esos tiempos no era una metáfora llamar "pistolero" a Santillana, Juanito o Jensen.
En aquellos veranos los niños no hablábamos de la FIFA, de Infantino ni de atracos continuados, o de cómo el VAR adulteraba los partidos. Vivíamos sin saberlo en la era pre-Negreira. Qué íbamos a saber nosotros. Ni siquiera el Barcelona era un rival a la altura. Ellos querían, pero obviamente, no nos llegaban. Lo intentaron más tarde pagando por “neutralidad”, como ya sabemos. Jugaban con Cruyff, Rexach, Manolo Clares y el peruano Sotil. Eran muy buenos. Asensi y Neeskens en el centro del campo ponían talento y brega. Migueli en defensa segaba tibias e imponía respeto con un tren superior de Geyper-Man y ese bigote que ocultaba por completo su labio superior. Sólo pensábamos, en nuestra candidez, que los árbitros eran simplemente malos. Había muchas más patadas en ese fútbol, pero menos maldad.
Lo que sí había era una rivalidad asimétrica. Mucha. En Madrid no éramos conscientes de que el Barcelona era ya el germen del brazo político de una Cataluña independentista. Todavía no se pasaban la vida con la turra cansina de ahora. Eso es muy reciente. Esa España empezaba a saborear la libertad, y era una novedad más que suficiente después de tantos años grises.
los niños pensábamos, en nuestra candidez, que los árbitros eran simplemente malos. Había muchas más patadas en ese fútbol, pero menos maldad
Se jugaba al fútbol y el fútbol importaba. Ganábamos bastante y perdíamos también, pero los periódicos no inventaban tragedias. Sólo García. La rivalidad era tremenda, más importante del lado azulgrana (siempre quejumbroso y reivindicativo) que del nuestro. Para nosotros la visita al Camp Nou era un termómetro de la temporada, pero siempre fue mucho más importante el derbi contra nuestros vecinos del Calderón. Esos eran los partidos del año.
Hoy tenemos el FIFA actualizado cada año en la PlayStation5, donde puedes elegir hasta la tensión de las redes, quién narra los partidos y en qué idioma, puedes crear jugadores con la cara y los atributos que te apetezca, aunque la dinámica de los porteros vista a cámara lenta en las repeticiones aún recuerda a mi T-Rex verde con la tripa amarilla que era prácticamente imbatible bajo palos.
En alguna tarde ocasional, echándole horas al FIFA con mis hijos, hasta se me ha pasado por la cabeza la sombra del CTA en lances del juego. He protestado penaltis, faltas, manos y reclamado goles fantasma ante el cachondeo de la prole. Mi hijo menor es el más digital. Si te fijas en sus manos, te das cuenta de que es capaz de pulsar y mover todos los controles del mando casi al mismo tiempo, lo que se traduce en maniobras y filigranas inverosímiles de los jugadores en la pantalla.
En un ejercicio de híper realismo, Electronic Arts (patrocinador estratégico de LaLiga) ha reproducido en el juego, tal vez involuntariamente, los desmanes de su patrocinado
Ante algunas de mis protestas, él detenía las jugadas para analizarlas minuciosamente: iba al modo repetición, movía la cámara 360° y el zoom hasta mostrar exactamente el momento crítico: "Papá, tienes razón. El FIFA tiene handicap con el Madrid", me dijo muchas veces. Yo habría sido incapaz de aplicar ese VAR verdaderamente ecuánime, me faltaban dedos y me sobraban botones. El FIFA sigue haciendo lo que el VAR de Louzan y Fran Soto. Y lo hace exactamente igual: cuando vas ganando te penaliza con “errores arbitrales” y con súbitas reacciones de tus rivales, tal vez alentados por la señal, que se ponen a jugar de repente como la Alemania del 74 hasta que te meten gol. Nunca falla. Algoritmos.
El hándicap de la Play también es Negreira, Sánchez Arminio, Medina Cantalejo, el CTA, Hernández Hernández, Manolete, De Burgos Bengoetxea... por si no os habéis dado cuenta. En un ejercicio de híper realismo, Electronic Arts (patrocinador estratégico de LaLiga) ha reproducido en el juego, tal vez involuntariamente, los desmanes de su patrocinado. Les voy a pedir que para el próximo año añadan una mejora de configuración que diga “deshabilitar CTA”, a ver si me hacen caso.
Yo siempre juego con el Madrid. Mis hijos se ríen de mí, porque ellos son capaces de ganar una Champions con el Getafe, pero yo nunca he jugado con ningún otro equipo. Y siempre he sufrido los mismos atracos, tanto en el mundo real como en el digital. Honestamente, con mi vaquero Juanito estas cosas no pasaban. Si el dinosaurio no tapaba bien, el balón terminaba en la red. Ni el árbitro (ahora que lo pienso, nunca se me ocurrió poner uno) ni el CTA podían prevaricar, porque en los veranos de mi infancia los árbitros también se iban de vacaciones a Benidorm con Elías, el frutero del barrio, en lugar de a las Bahamas con Bad Bunny. Era todo tan distinto…
Getty Images + imágenes generadas por IA













Permítame que me centre en la histórica foto de García, en el despacho de García.
Se ve a García, haciendo uno de sus gestos característicos con la mano, mirando a la cámara.
En la pared del despacho de García se ve una foto enmarcada, en la que se puede ver a García con el siguiente texto: "YO, García". Eso sí, con la coma bien puesta.
No me explico como cabía tanto ego en un cuerpo tan pequeño.
Saludos.