El día de anteayer nos dejó unas cuantas malas noticias. No es cosa mía, se nota que el madridismo acusa los golpes. Llevamos más de tres años apretando los dientes y tragando mierda, asistiendo a un espectáculo insoportable: el NeoNegreirismo. Tebas ha tomado el testigo de Negreira y de toda la escoria que ha corrompido el fútbol desde 1990 hasta nuestros días. Con un CEO profesional al frente de LaLiga, el Barcelona estaría en graves problemas. La permisividad con la trampa, con el engaño, con la adulteración de cuentas, cuando no la ignorancia culposa o el colaboracionismo, sitúan a Tebas como cooperador necesario, cómplice de todas las tropelías post Negreira que sostienen a un Barcelona en quiebra.
La justicia ordinaria parece más lenta que nunca y la deportiva ha dejado de dar señales de vida desde que Ceferin dijo que el caso Negreira era "una de las situaciones más graves" que había visto en el fútbol. De la cosa deportiva española ya sabemos lo que podemos esperar: intervención política en el CSD para prescribir delitos, "pasar página" por parte de los advenedizos soldados de fortuna del CTA, nacidos para medrar. Mientras, Tebas pasa de puntillas sobre el mayor escándalo de corrupción deportiva del que hay registros y mira para otro lado con palancas, inscripciones fraudulentas... Cuando "las descubre", ya consumada la golfería, escenifica la preocupación en un viaje relámpago a Barcelona, con comilona y sobremesa de las que transforman conflictos en lazos de sangre. La mugre arregla sus asuntos así.
La guinda la puso la nominación del Camp Nou como sede de la final de la Champions de 2029... No se alteren. Este asunto no tiene nada que ver con la evolución de la sanción deportiva
Estamos cansados. Es insoportable ver presumir de impunidad a toda la chusma culé de las redes sociales, alguno de ellos payasos bien pagados en el circo de la tele. No se vislumbra el merecidísimo castigo que nos enseñaron en el cole que siempre alcanza a los culpables. Hasta periodistas que un día tuvieron dignidad reptan por los alrededores del culerío vanagloriándose de la impunidad y burlándose de la hipotética incapacidad de nuestro equipo para generar fútbol. Ya no se acuerdan del Barcelona de Setién, de Koeman, de Xavi. Ignoran detalles como la adulteración arbitral de la competición, que sigue más viva que nunca.
No me lo nieguen: un juez tiene que tener temple y nervios de acero, además de ser un sinvergüenza, para no amonestar al defensor de una patada sin balón a Vini, para no ver dos rojas claras consecutivas sobre Cucurella (pisotón por detrás sin balón) y sobre Huijsen (tremendo codazo en la cabeza). Se oculta que el saldo arbitral sigue inclinando el campo siempre en contra de los rivales del Barcelona y a favor de los nuestros. Tarjetas. Penaltis. Tolerancia al acoso a unos futbolistas y protección de otros. No nos lo expliques, Soto. No obligues a la señorita que lee los indescriptibles textos de "Tiempo de Prevaricación" a pasar los peores ratos de su vida. Ni ella se los cree, abogado. Y se le nota.
Tenemos problemas, sí. El partido de Elche fue algo que vimos demasiadas veces el año pasado. Apatía. El equipo juega poco sin Güler. Dominamos en la primera parte. Debimos resolver con tres o cuatro goles. Vini estuvo negado. Recordamos su época de adolescente, con esos golpeos absurdos y el balón volando sin dirección. Vini: mira la pelota, por favor. El equipo genera, pero Mbappé necesita cuatro para enchufar una. No estamos acostumbrados a eso. Ronaldo habría hecho ochenta goles en una temporada con Güler surtiendo. El arreón final después de la torrija de la segunda parte es más fruto del miedo a entrar en ese vestuario con Mou que al orgullo, reconozcámoslo. A mí me sirve. Mou lo dijo: hay que ganar. Y se ganó. Observo demasiada amargura y cabreo en el madridismo. Ganando. Veinte tiros a puerta. Arbitraje criminal. Sabiendo lo que sabemos.
A mí también me pasa. Me tienta la desesperanza. Se llama overthinking. Pensar demasiado. Es algo propio de los tiempos que vivimos. Exceso de información, exceso de estímulos negativos. No sólo las redes sociales. El trabajo, las responsabilidades, las noticias. Este mundo pre-distópico en el que nos mienten cada día, en el que vemos el sufrimiento de la gente y pasividad de quien tiene que resolver los problemas, en el que nos dicen que la IA no sólo va a quitarnos el trabajo, sino que va a matarnos en tres años... Es demasiado. Y nuestra vía de escape, nuestro Real Madrid, sin carburar y sometido al abuso sistemático de golfos, corruptos y a la injusticia. Créanme que les entiendo.
La guinda la puso la nominación del Camp Nou como sede de la final de la Champions de 2029... No se alteren. No tiene nada que ver con el caso Negreira ni con las intenciones de la UEFA. Al Barcelona le van a caer cinco años sin Europa. Estoy seguro. El estadio no es del Barcelona, es de Goldman Sachs y esto es un negocio. No me sorprendería que la solicitud hubiera sido idea del acreedor, que está tranquilísimo viendo como la deuda se refinancia y los intereses siguen aumentando. Este asunto no tiene nada que ver con la evolución de la sanción deportiva.
Es lo que hacen siempre: Tebas tiene a los medios comprados para generar hype sobre cualquier asunto concerniente al Barcelona y hate sobre el Real Madrid. Para eso paga. No se habla del penalti de Lamine, se habla de las camisetas de apoyo a Ceuta de Vini, Konaté y Mbappé. Es lo de siempre.
Mi vaticinio es que en la edición de 2029 el Barcelona ni siquiera participará en la Champions. Veamos el lado positivo: ¿Se imaginan que nos presentamos en el Camp Nou a jugar una final? Si la ganásemos nos deberían conceder la prerrogativa de decidir indultar al Barcelona por el resto de su sanción solamente para darnos el placer de decir que no.
Dicho lo anterior, a mí también me gustaría que el club tuviera una voz institucional para dar de vez en cuando un puñetazo sobre la mesa, contarnos que seguimos teniendo contacto con la UEFA por el caso Negreira. Informar de que los investigadores siguen escandalizados de lo que han visto en el dossier de Ramos Neira y cía. Quiero pensar que han valorado el desgaste, la imagen (el Real Madrid es un negocio planetario) y no lo quieren asumir por razones comerciales.
No estoy seguro de que a Florentino le llegue la sensibilidad de la calle, más allá de los pitos en el Bernabéu, y me puedo imaginar lo que piensa sobre los silbadores. Debería dejarse grabar unos audios o dar una rueda de prensa de vez en cuando para subirnos el ánimo. Él sabría cómo. En la comunicación deportiva indudablemente hemos mejorado respecto de otros años. Mourinho es un portavoz incomparable, pero insuficiente.
En el tiempo de la mentira y de la desinformación deberíamos tener un canal, un oráculo de la verdad que nos dé la calma que nos arrebata el obsceno relato de los corruptos. Entretanto, madridistas, prietas las filas e impasible el ademán. Hay que aguantar. Habrá justicia. Tiene que haberla.
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Grande como siempre, querido amigo