Buenos días, amigos. La cosa funciona así. Juega el equipo cliente de Negreira (y prestamista de Tebas) y gana. A pesar de que el sistema (o sea, Movistar y sus imágenes) filtra al máximo lo que llega a tu televisión para que crees que se trata de una victoria limpia, ya sobre la marcha te das cuenta de que no lo ha sido.
Véase si no el último Levante-Barça, en el cual se señala como penalti un roce de un jugador local con un taco de una bota de Lamine Yamal (casi podría haberse señalado un pisotón del blaugrana). La cosa canta tantísimo que hasta en los más fieles agentes del sistema aflora un acceso inopinada de dignidad y dicen la verdad.
Pero no queda ahí la cosa, porque 24, 48, 72 horas después empiezan a aflorar también imágenes que la realización nos hurtó (y, lo que es peor, que tal vez hurtó también a la sala VAR, como cabe pensar si admitimos que las imágenes de las retransmisión son también aquellas con las que se videoarbitra).
Por ejemplo, ahora hemos sabido que el gol de Espart va acompañado de uno de esos fuera de juego posicionales en los que el jugador en offside (en este caso, Raphinha) están en la trayectoria del disparo del gol y, en consecuencia, intervienen indirectamente en el mismo, pues influyen en el guardameta y/o lo despistan. Ese gol no debió subir al marcador.
Se ríen de nosotros, no cabe otra conclusión. Es una liga amañada de entrada y orgullosa de estarlo. En el amaño entra en juego un colectivo arbitral que, cara por cara, es el mismo que estaba con Negreira, una Liga y Federación regidas por el mismo sujeto al que el Barça regaló cuatro millones de euros (recordemos esta revelación de Germán Urrutia) y unos medios vendidos a dicho sujeto que tratan de ocultar o minimizar el impacto de cada latrocinio consuetudinario.
Entretanto, la vida sigue, y se nos administran portadas mayormente encaminadas a distraernos. Juguemos su juego. Alguien tiene que hacerlo.
As se enfoca en el pulso por el Balón de Oro que a estas horas parecen dirimir Mbappé y Lamine Yamal. Ambos hacen indisimulada campaña por sí mismos, pero hay algunas diferencias. Se puede discutir la idoneidad de dárselo a Kylian porque al fin y al cabo no ha ganado ningún título, pero al menos se ha hartado a meter goles. Lo de (auto)postular(se) a Lamine parece en cambio una broma de mal gusto. En esto se ríen de nosotros también y, con todo, es una broma con visos de mostrarse efectiva. Se lo pueden dar. Sí los astros se alinean con los esfuerzos marketinianos de Mendes y el propio Barça (que ha arrinconado expresamente a Rodri en favor del delantero), no descartemos sorpresas.
Valdano ha entrevistado al astro (?) culé y la conclusión es devastadora: no solo han hecho creer a mucha gente que el chico merece YA el Balón de Oro, sino que han engañado al propio futbolista. “Los mejores somos Mbappé y yo, pero este año creo que lo merezco yo”. El chaval se ve allí arriba, comiendo en la mesa de Mbappé como Griezmann en la de Cristiano y Messi. Que algún día se siente realmente a esa mesa no es descartable. Que lo puede hacer hoy, impensable.
Este mismo engreimiento costaría invectivas y chanzas sin fin a jugadores como Vinicius, pero a este se le consiente todo. ¿Hay que temer por un juguete roto en potencia? Jesús Bengoechea lo tiene claro: no. Así opinaba ayer en redes sociales el editor de este portal.
Por lo demás, la prensa cataculé refleja este convencimiento tragicómico de Lamine en favor de su propia candidatura para el gran entorchado individual.
En el frontispicio de Mundo Deportivo (diario del Conde de Godó, grande de España), Lamine Yamal dice que el Balón de Oro lo merecería Lamine Yamal. Por lo menos usa el condicional: “merecería”. Lo merecería, en efecto, si hubiera sido decisivo (en lugar de, mayormente, una rémora) en la Copa del Mundo ganada por España, o si hubiera conducido al Barça a la Champions. Hasta ahí, con el condicional por delante, podríamos estar de acuerdo.
Por lo demás, dice Rodri que “flipa” con los culés. Flipar es el verbo de moda. “Le metes un pisotón que lo flipas”, ¿os suena la frase?
Podemos entender a Rodri. Nosotros también “flipamos” con los culés. Personas en muchos casos cabales de apariencia, que en el cara a cara se dirían amables y funcionales, te dicen luego que Negreira cobraba por informes o eso, que Lamine merece el Balón de Oro. Son flipantes. Es una buena descripción.
Añade Rodri que una de las razones por las que fichó por el club cliente de Negreira es que “no me puso presión”. Oh. Nos había contado parte de la prensa y una buena facción del madridismo en redes que Rodri se le había escapado al Madrid por no haber puesto los blancos toda la carne el asador en la operación, pero ahora aparece el propio interesado para dar a entender (casi) lo contrario. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, como cantaba el borracho de Pedro Navaja.
En Sport, el entrevistado es Gabriel Jesús, que en extraño eco ochentero realiza una llamada telefónica de las que los más viejos hacíamos en nuestra juventud y en las que colgábamos si quien respondía al teléfono, al otro lado, era el padre de la chica. Como Gabriel es un chico obediente, insiste en que Lamine debe ser Balón de Oro. En un faldoncillo, se nos comunica que el Madrid juega esta noche en Elche “sin margen de error”. Sí nuestros cálculos son correctos, quedan 99 puntos por disputarse. Comprendemos que quieran meter presión a los de Mou, pero que lo hagan mejor a través de arbitrajes sibilinos. Es más efectivo y dominan la herramienta.
Marca se centra en dicho partido (esta noche a las 21:30) y en la importancia de la llamada BMV para el técnico portugués. El diario que dirige Juancho Gallardo tiene la gentileza de poner en primera plana la magnífica despedida de Mourinho en su rueda de prensa de ayer. Escandalizado ante los pormenores con los que empezábamos este portanálisis, así como ante su falta de eco en los medios, Mou espetó: “¿Ninguna pregunta sobre los penaltis? Extraño, ¿no?” Su auditorio, una buena muestra de la prensa deportiva que sufrimos, agachó la cabeza, abrumado por lo atinado del dardo. Hoy hay que agradecer a Marca que por lo menos lo consigne en primera plana.
Pasad un buen día.

















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