Este domingo en el Metropolitano se juega uno de esos partidos con más de tres puntos en juego. Se juega el derbi de la capital, sí, y también a una parte importante de la credibilidad de este nuevo Real Madrid. Es un examen que la competición hace al proyecto y a la capacidad de este equipo para responder cuando el escenario exige algo más que fútbol. Porque todo lo que no sea ganar supondrá, como mínimo, quedarse a cinco puntos del líder, si se cumple lo que parece previsible viendo la dinámica de estas primeras jornadas.
Y digo previsible porque, cuando llega el Barcelona, algunos equipos afrontan el partido con una gestión de esfuerzos que cuesta muchísimo más encontrar cuando tienen enfrente al Real Madrid. Rotaciones, descansos y una especie de resignación anticipada que alimenta una percepción incómoda: hay equipos que parecen competir contra el Madrid con una exigencia y una intensidad que desaparecen misteriosamente cuando delante está el Barcelona. Es una sensación que no puede presentarse como una prueba de que nadie compite, pero que forma parte del paisaje de esta Liga y que resulta imposible ignorar cuando se mira la clasificación.
Hay partidos en los que puedes conceder, corregir, aprender y seguir avanzando. Y hay otros en los que necesitas demostrar que estás preparado para competir de verdad. El del Metropolitano pertenece a la segunda categoría
Por eso, si el Barcelona suma los tres puntos que se esperan de su partido frente al Sevilla, el Madrid necesitará responder con más motivo del que ya de por sí tiene. No porque una derrota en septiembre vaya a sentenciar una Liga de muchos meses, sino porque hay derrotas que pesan bastante más que lo que dice una tabla clasificatoria. No sería matemáticamente dramático quedarse a cinco o seis puntos del líder a estas alturas del campeonato. Dar una Liga por perdida en septiembre sería, sencillamente, una estupidez. Pero el fútbol no vive de matemáticas. También vive de sensaciones, de confianza, de autoridad y de la capacidad de un equipo para mandar un mensaje cuando llega el momento de hacerlo.
Este domingo llega uno de esos momentos. El Real Madrid visita la casa del Atlético y tiene, además, una cuenta pendiente que todavía no está cerrada. El 5-2 de hace apenas un año en el Metropolitano forma parte de un pasado que ya no sirve para explicar el presente, porque este equipo no es exactamente el mismo, las circunstancias han cambiado, y además sería absurdo pretender que un proyecto nuevo tenga que cargar eternamente con los errores de otro.
Pero el honor sí tiene memoria, y el aficionado sí recuerda. Y, aunque los jugadores no salten al campo pensando en una derrota concreta de hace meses, el club sí sabe perfectamente lo que significa volver al escenario donde recibió un golpe tan duro hace tan poco. El fútbol tiene esa capacidad de guardar heridas, aunque cambien los protagonistas. Y precisamente por eso este derbi llega en un momento especialmente interesante. El Real Madrid todavía está buscando saber qué es exactamente. Un proyecto nuevo necesita tiempo, evidentemente, pero también necesita pruebas. Hay partidos en los que puedes conceder, corregir, aprender y seguir avanzando. Y hay otros en los que necesitas demostrar que estás preparado para competir de verdad. El del Metropolitano pertenece a la segunda categoría.
No porque ganar allí vaya a convertir automáticamente al Madrid en campeón, ni porque perder vaya a convertirlo en un equipo incapaz de luchar por nada, sino porque un gran escenario exige una respuesta de gran equipo. Este partido debe servir para saber si el Madrid está preparado para eso. Para jugar cuando el ambiente apriete, cuando el rival convierta cada duelo en una batalla, cuando cada error se magnifique y cuando el partido deje de ser una cuestión de funcionamiento para convertirse también en una cuestión de carácter. Ahí es donde un proyecto empieza a enseñar sus verdaderas intenciones. No basta con convencer cuando todo funciona.
Para el Atlético, mientras tanto, vuelve a aparecer ese partido que durante tantos años ha tenido un significado especial. El derbi como trofeo del año, como oportunidad para alterar el orden de la capital durante noventa minutos, y como escenario perfecto para recordarle al vecino que, cuando están enfrente, todo cambia. No así en las finales, pero se conforman con poco, ya saben. No hace falta que haya un título en juego para que un Atlético-Real Madrid tenga una temperatura diferente, el propio partido se encarga de elevarla. Y el Madrid tiene que entenderlo desde el primer minuto.
Si el Madrid sale del Metropolitano con los tres puntos, tendrá tres semanas para respirar, trabajar y creer
Pero hay otro elemento que convierte este encuentro en todavía más importante: después viene un parón terrorífico para la confianza de una plantilla. Tres fines de semana consecutivos sin fútbol de clubes tras este derbi significan que el resultado del domingo puede acompañar al equipo durante demasiado tiempo. Si ganas, el parón se afronta de una manera. Si pierdes, de otra completamente distinta. Y si además pierdes viendo cómo el Barcelona se escapa en la clasificación, la espera se hace todavía más larga. Eso es lo verdaderamente peligroso de este partido. No los cinco o seis puntos, no la matemática ni el ruido. Tres semanas dan para que una victoria se convierta en ilusión y para que una derrota se convierta en preocupación.
Dan para que el aficionado mire una y otra vez la tabla, repase el partido, busque explicaciones y empiece a hacerse preguntas. Y esta afición, después de los dos últimos años, no está precisamente para regalar paciencia. Si lo ganas, estas tres semanas sin fútbol de clubes dejarían de ser una amenaza para convertirse en un periodo de tranquilidad. Se hablaría del derbi ganado, del carácter mostrado y de la posibilidad de que este equipo, todavía en construcción, esté empezando a encontrar su sitio. Y eso es lo que necesita el Real Madrid. Una prueba superada, con una gran respuesta. Un partido que permita mirar al calendario y pensar que sí, que la Liga puede ponerse cuesta arriba, que puede haber rivales que parezcan competir de una manera especialmente feroz contra ti y que el Barcelona puede sumar puntos regalados mientras tú tienes que pelear cada jornada como si fuese una final, pero que este equipo está dispuesto a aceptar el reto.
El domingo, por tanto, no se juega una Liga. Se juega algo más inmediato y, en cierto modo, más importante: la sensación de que este Real Madrid está preparado para competirla. Se juega la confianza en un proyecto que todavía necesita construir su identidad. Se juega el orgullo después de una derrota dolorosa en su última visita. En definitiva, se juega el honor. Ese que no aparece en ninguna clasificación, que no suma puntos y que no se puede medir con estadísticas, pero que, en partidos como este, pesa. Porque hay días en los que ganar significa mucho más que ganar, y el domingo es uno de ellos. Si el Madrid sale del Metropolitano con los tres puntos, tendrá tres semanas para respirar, trabajar y creer. Si sale derrotado, tendrá tres semanas para convivir con todas las preguntas que un nuevo proyecto todavía no quiere replantarse tener que responder.
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Buen análisis de lo que significa el partido.
Comentas una de las patas más importantes del N3gr3irismo: la forma de afrontar los partidos del Madrid y el Barça gracias a la labor del CTA. Al Barça le juegan con unas rotaciones increíbles (una media del 43% de los jugadores de campo) y al Madrid no (una media de 2 cambios por partido).
Además, el Barça siendo el líder y jugando a tener el balón, es el equipo de la liga al que menos faltas le hacen, y termina los partidos haciendo más faltas él que el rival.
El trabajo del CTA está surtiendo el efecto que quieren, y luego te dicen con esa cara de inocencia: "muéstrame un partido en el que se favorezca al Barça. No puedes demostrar que se compren árbitros."
La MLN.
Las competiciones (adulteradas) nacionales son imposibles para el Real Madrid; lo hemos podido comprobar en las pocas jornadas que llevamos. Tienes que jugar todos los partidos de forma perfecta y aún así, los miembros del cártel técnico de prevaricadores, harán que te dejes puntos por el camino.
Mugrienta Liga Negreira.
Dice que liga no se pierde en septiembre. No, la liga está perdida desde antes de comenzar. La liga está perdida desde hace 20 años. Van sin caretas: Tebas, Louzan, el papanatas del CTA, ni sé cómo se llama, el CSD, el gobierno de los 7 votos.... Los equipos ponen a los reservas contra los de Negreira s sabiendas que cuando toque el Madrid, ahí habrá un Gil Manzano, o un Alberola o un Sanchez Martinez.
La liga NO SE PUEDE GANAR. ES IMPOSIBLE.
El aficionado tiene memoria, recuerda lo que pasó el año pasado, pero ¿y los jugadores?
Muchos rivales dan por perdido el partido contra el FCB, primero porque están intratables. Segundo porque el Madrid siempre da oportunidades. Luego es verdad lo que dice Yebrita, los arbitrajes crean un desgaste constante. Se unen las dos cosas. Lo que pasa es que nosotros solo podemos mejorar el rendimiento futbolístico, lo otro solo podemos denunciarlo.
El atlético es una banda. Con un arbitraje normal que no tolere el juego sucio les pasamos por encima. Tengo muchísima fe en el RM y también en que Mourinho empiece a hacer lo que le pide el cuerpo. Está siendo muy prudente en ese sentido. La liga nos la van a tener que arrancar de las manos. Ganando los dos partidos al Varsa estamos listos. Al tiempo
No es una banda, pero también creo que somos mejores. Mourinho va a esperar a hacer cambios. Solo una derrota el domingo daría pie a revoluciones, sin embargo la realidad aboca a colocar a Diomande por derecha con Mbappe en izquierda, Jude de delantero y Guler de media punta, eso o Valverde en derecha y conseguir que Guler sea un medio en la base de la jugada. La primera es la opción más natural pero te cargas a Vini, con la segunda te cargas a Vini o Diomande y pruebas a Guler más atrás. No hay mucho más.
Vamos de dejar de quejarnos tanto
En este momento la verdad es que el Barcelona está que se sale. Por eso gana. Esperemos que bajen el nivel y sigamos compitiendo, que esto no ha hecho mas que empezar
Que los equipos de la liga se resignen y elijan rotar y preservar jugadores para el siguiente partido, eso hay que ganárselo en el día a día en el terreno. Ahora mismo los equipos piensan que es más fácil arrancarle puntos al Real Madrid que al Barcelona. Es la realidad.
A ver, los rivales salen a por todas con nosotros porque saben que pueden hacer 20 faltas y se llevan 2 tarjetas amarillas. En tanto que nosotros hacemos 5 y nos plantan otras dos amarillas. O es que no visteis el partido del Elche y las dos entradas de roja a Cucurella y Valverde en la misma jugada y no se sancionaron ni con amarilla. O que en el minuto 3 ya le sacan amarillas a Diomande por un agarrin.
Y al barsa ya ni le hacen faltas porque saben que sí les sacan tarjetas a la mínima.
Es lo que hay.
La facilidad que obtiene cierto equipo para conseguir que les señalen penas máximas a favor ex directamente proporcional al desinterés que muestran sus contrarios para revertir esas situaciones.
Desafortunadamente, la intensidad con que los contrarios del Madrid se muestran en sus acciones también es directamente proporcional a la permisividad de los colegiados de turno.
Revertir esa situación sólo se conseguirá cuando caiga con todo el equipo la indignidad que se mantiene en el poder.
Hasta entonces tomemos la competición nacional como lo que realmente es:
UN ENTRENAMIENTO PARA NUESTRO OBJETIVO MÁXIMO, LA COPA DE EUROPA.
A mayor dificultad mejor preparación, ese debe ser el lema.
Saludos y ¡Viva Ceuta!