Si alguno de ustedes compra una botella de agua con gas, la mete en la nevera, y de vez en cuando la abre para ir consumiéndola, notará, por muy bien que la cierre en cada ocasión, que va perdiendo burbujas día a día. Al cabo de dos o tres días, ya no tiene gas y no deja de ser un agua bastante insulsa y mucho peor que la que sale del grifo.
Han pasado diez días de las elecciones presidenciales al Real Madrid y el efecto Riquelme ha quedado apenas en eso, una botella de agua con gas mal cerrada, sin presión, sin vida y tan solo apta para ser reciclada en un contenedor.
Riquelme apareció en escena a mediados del mes de mayo pasado. Apenas se le conocía. Todo el mundo se puso a navegar en Google para ver qué era eso del Grupo Cox, quién era este joven de 37 años que vagamente había sonado allá por 2021 como “candidatable” y posible rival de Florentino —finalmente ni en 2021 ni en 2025 nadie se presentó para aquellas elecciones—.
Y los medios, los dichosos medios, que a la vez detestan al Real Madrid, pero viven fervorosamente de todo lo que lo rodea, empezaron a hacer famoso a Enrique Riquelme. Primero, en un torneo benéfico de la Clínica Menorca en la Ciudad de la Raqueta. Poco después, durante un estrambótico desayuno en el Rincón de Toñín el Torero.
Y así sucesivamente. Apariciones por doquier, animadas por la megafonía de eso conocido como “Twitter Madrid”. Y Riquelme se fue haciendo muy conocido, como todo lo que atañe al Real Madrid. Ya ni les cuento desde el día en el que la junta electoral del club merengue dio por válidas la candidatura de Riquelme y su junta directiva, así como el famoso aval concedido por Andbank —nunca un banco fue más publicitado sin haber invertido ni un solo euro en publicidad—.
Y aquello se convirtió en un carrusel de entrevistas, por todas las radios de alcance nacional, por todos sus programas en “prime time”, por todas las cabeceras, algunas tan leídas —ejem— por socios madridistas como Mundo Deportivo, por ejemplo. Aparecieron nombres que sonaban mucho y que, supuestamente, apoyaban al empresario alicantino: Raúl, Hierro. Más tarde Casillas. Y hasta el mismísimo Vicente Del Bosque.
Lo cierto es que ni ninguno de estos cuatro personajes apareció jamás en ningún medio, ni para confirmar su apoyo ni para desmentirlo. Circunstancia curiosa, sobre todo cuando el primero de los nombrados iba a ir como cabeza de cartel en la parcela deportiva de la candidatura, y cuando el segundo iba a ser el amo absoluto de la cantera blanca, de la Fábrica de Valdebebas.
El Real Madrid es para muchas personas una parte primordial de sus vidas y no merece ser mancillado con falsas promesas
Sin querer entrar en la propia lista de la junta directiva de Riquelme, donde aparecían nombres asociados a la tenebrosa época de Ramón Calderón, lo cierto es que Riquelme, cual Quijote sin su Pancho Panza, siempre aparecía solo ante los medios. Su momento cumbre se produjo durante su aparición en El Hormiguero de Pablo Motos, con un medio anuncio —vendrá, sí, pero no al 100%— del fichaje de Rodrigo Hernández, y con la exhibición de la camiseta del Madrid con el 9 de Erling Haaland, a quien al parecer había visto días atrás en Marbella.
Todo parecía humo, más aún cuando apenas unos minutos después de anunciar el bombazo del noruego, empezaron a llegar desmentidos por parte de allegados, representante, padre y del propio club que tiene los derechos de Haaland hasta 2034, el Manchester City.
Aun así, impertérrito, y con la ayuda sobre todo de medios pertenecientes a Unidad Editorial (Marca se llevó la palma haciendo campaña anti-Florentino) y a la cadena COPE (quizás su Santidad León XIV, recientemente nombrado socio de honor del Real Madrid, debería llamarlos a confesión), Riquelme se “lució” los últimos días de campaña con un comunicado en el cual prometía que, al día siguiente de que el empresario de Cox fuera proclamado presidente, Raúl González llamaría nada menos que a Jürgen Klopp, para que tomase las riendas del primer equipo de fútbol del club.
Poco se ha hablado de la redacción de dicho comunicado y, sobre todo, de su flácido y falso contenido. Es más, hubo portadas al día siguiente, una de ellas del propio Marca, en la que se hacía eco poco menos del fichaje seguro de Klopp. En cuatro días, dos portadas de Marca, con noticias desmentidas al instante, habían visto la luz de forma penosa.
Yo sigo convencido de que muchos de los que votaron el domingo 7 de junio por Riquelme en realidad estaban ejerciendo un voto de castigo contra Florentino. Quiero pensar que pocos de esos votos fueron de socios convencidos de que en agosto iba a emprender la nueva temporada el Real Madrid con Klopp dirigiendo a un equipo adornado con los fichajes de Haaland y de Rodri. Pero todo es posible en esta vida, quizás esa camiseta de Haaland mostrada ante las hormigas de Motos pudo deslumbrar a más de uno de mis consocios y decantar su voto hacia la candidatura de Riquelme.
Lo indudable es que el triunfo de Florentino en las urnas fue inapelable. Y que esa misma noche, ya de madrugada, seguían sin aparecer, ni por la sede electoral del candidato retador ni por los medios, ni Raúl ni Hierro ni Del Bosque. No dijeron ni “mu”, como vulgarmente se dice. La excepción fue Casillas, que ya el lunes día 8 felicitó a Riquelme por su 35% de votos y aprovechó, no dejando de ser Casillas y “por si acaso”, también para felicitar a Florentino, no fuera a ser que en un futuro más o menos cercano pudiera caerle un nuevo nombramiento como embajador de la entidad merengue.
Han pasado 10 días y nadie recuerda apenas la campaña. Han pasado tantas cosas desde entonces, nuevos fichajes, nuevas incorporaciones, incluso una oferta por Julián Álvarez que sirvió a la vez para retratar a los dirigentes del club colchonero y también para torpedear las intenciones del rival negreiro-blaugrana.
Jürgen Klopp está estos días en Estados Unidos retransmitiendo partidos mientras disfruta de su confortable retiro pagado por Red Bull. Haaland, metiendo goles a Irak y tranquilo por los ocho años de contrato que tiene todavía en el City. Rodri, de titular en la selección española, todavía a velocidad de diésel, marcada por su maltrecha rodilla. Raúl nadie sabe dónde, aunque sabemos que al menos pudo ahorrarse una llamada internacional al móvil de Klopp. Hierro y Del Bosque, mudos, ni siquiera han atendido, que se sepa, alguna llamada de esas entrañables de Roberto Gómez.
Todo empezó un 12 de mayo con una rueda de prensa de Florentino. Riquelme se convirtió en una deseada y atractiva alternativa para todos los antiflorentinistas que habitan en nuestra península. Su sueño duró exactamente 26 días, hasta la noche del 7 al 8 de junio. No sabemos si su figura volverá a resurgir dentro de 4 años o antes, si el Real Madrid vuelve a tener una mala temporada como las dos anteriores. En cualquier caso, si vuelve a saltar a la palestra, espero que haya voces que recuerden a los madridistas —y sobre todo a los socios— que se puede engañar a mucha gente durante un tiempo, pero que no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. El Real Madrid es para muchas personas una parte primordial de sus vidas y no merece ser mancillado con falsas promesas.
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Algún día deberían explicar los Raúl, Hierro, Casillas y Del Bosque si les pagaron para que sus nombres los diera Riquelme, o por qué lo consintieron si no estaban de acuerdo con eso, porque los cuatro han quedado como unos cobardes con miedo a que Riquelme no ganase.
Lamentable campaña antimadridista la que montó este individuo, que sólo le sirvió para darse a conocer él y sus empresas.
Qje tenga don Florentino que hacer su campaña, cuando no tiene rival porque su dirección del club merengue me parece incontestable. No ha hsbido en la historia del Madrid tan alta valoración deportiva y económica, "Negreira boys" mediante
¡Hala Madrid!