Soy plenamente consciente de que este artículo solo conseguirá enfadar. A los del team "Vinicius hace todo bien". A los del "Vinicius hace todo mal". Y también a todos los que están en medio: cada uno interpretará estas palabras como quiera y para eso están las opiniones. Pero hay algo que considero básico decir de entrada, en respuesta lo que se lee en redes sociales: el madridista que, con todo lo que ha hecho ya, no considere a Vinícius una leyenda viva del Real Madrid, no lo hace por motivos futbolísticos, sino que lo hace por sus fobias.
Y es perfectamente legítimo que esas fobias existan. El propio Vinicius se las ha podido ganar con determinadas actitudes. Ese es un debate diferente y no pienso negarlo. Pero precisamente por eso hay que aprender a separar ambas cosas. Si hablamos exclusivamente de fútbol, de rendimiento y de lo que ha significado para el Real Madrid, discutir el estatus de Vinicius carece de sentido. Con apenas 26 años, ya ha sido decisivo en dos Champions League, marcando en ambas finales, apareciendo en las eliminatorias, repartiendo asistencias y siendo durante años uno de los jugadores más determinantes del planeta. Si alguien sostiene que no ha sido o no es un futbolista de élite para el Real Madrid, y asegura que no es por cuestiones personales, quizás el problema no sea Vinícius, sino su capacidad para analizar el fútbol.
Ahora bien, una cosa no quita la otra. Precisamente porque Vinicius es uno de los mejores jugadores del mundo, es completamente lógico que quiera renovar su contrato y que esa renovación venga acompañada de una mejora salarial importante. Está en el momento más valioso de su carrera y es una estrella mundial dentro y fuera del campo. Sería absurdo pensar que no tiene derecho a aspirar a un contrato acorde a su dimensión.
Si el club considera que una petición económica es excesiva, como lo es una prima de renovación que jamás ha existido en la historia del club, la respuesta debe ser no, aunque al otro lado de la mesa esté uno de los mejores jugadores del mundo
Pero existe un límite, y ese límite lo marca el Real Madrid. Por encima de cualquier jugador está el club. Siempre ha sido así y, en mi opinión, así debe seguir siéndo. El Real Madrid no puede permitirse romper una política que lleva décadas sosteniendo únicamente porque el futbolista que tiene delante sea extraordinario. Si el club considera que una petición económica es excesiva, como lo es una prima de renovación que jamás ha existido en la historia del club, la respuesta debe ser no, aunque al otro lado de la mesa esté uno de los mejores jugadores del mundo.
Ya ocurrió con Cristiano Ronaldo o Sergio Ramos. Son casos diferentes, por supuesto, pero el principio siempre ha sido el mismo: nadie está por encima de la institución. Y precisamente por eso espero que no cambie ahora. Si es cierto que el entorno de Vinicius está solicitando una prima de renovación cercana a los 30 millones de euros, una prima como digo inédita en la historia del Real Madrid, entonces el Real Madrid debe mantenerse firme. No porque Vinicius no merezca ganar muchísimo dinero, claro que lo merece. Sino porque el precedente sería peligrosísimo. El día que uno consiga romper el techo de cobrar una prima por renovación, detrás vendrán todos los demás. Y entonces dejará de ser una excepción para convertirse en una obligación. A algunos les encantaría ver salir a Vinicius, a mí me daría una pena enorme. Porque, al final, es nuestro niño. Le vimos llegar siendo un absoluto caos sobre el césped, incapaz de definir una jugada sencilla, soportando una presión gigantesca y convirtiéndose, con trabajo y perseverancia, en uno de los mejores futbolistas del mundo. Hace apenas dos temporadas estaba a un nivel de Balón de Oro. Pensar que todo pueda terminar con solo 26 años resulta realmente triste.

Pero también creo que los futbolistas deben entender dónde están. El Real Madrid no es un club cualquiera. Ganar algo menos aquí suele significar mucho más que ganar bastante más en cualquier otro sitio. No solo por el prestigio, sino por la dimensión histórica del escudo que representas. Me viene a la cabeza Mesut Özil, que ha reconocido en innumerables ocasiones que marcharse al Arsenal por dinero fue uno de los mayores errores de su carrera. Ojalá alguien con esa experiencia pudiera sentarse con Vinicius y hacerle comprender que hay decisiones cuya factura se paga muchos años después. Aunque también soy consciente de que estas operaciones nunca dependen únicamente del jugador. Alrededor existen agentes, agencias, patrocinadores, marcas, intereses comerciales y un sinfín de voces explicándole constantemente por qué cambiar de aires puede ser la mejor decisión de su vida. Por eso creo que esta situación exige una reflexión profunda por parte de Vinicius. Debe preguntarse qué quiere que diga de él la historia cuando cuelgue las botas. Si quiere ser una leyenda eterna del Real Madrid o convertirse en la gran estrella de un proyecto sin nombre en Europa. Haga lo que haga, siempre le estaré agradecido. Porque nadie podrá borrar todo lo que ya ha dado al madridismo, pero también espero que tenga claro con quién está negociando. Florentino Pérez lleva más de dos décadas gestionando este tipo de situaciones. Se considera (y hace bien) infinitamente más inteligente que cualquier agente de supuesto renombre que entre en su despacho. Conoce perfectamente el negocio, entiende mejor que nadie el juego y difícilmente va a modificar una filosofía que ha convertido al Real Madrid en el club más ganador del mundo. La oferta será la que el club considere justa, ni más ni menos. Vinicius tendrá todo el derecho del mundo a aceptarla o a rechazarla, pero las reglas del Real Madrid no deberían cambiar por nadie. Porque la historia demuestra que el club siempre sigue adelante. Se fueron Cristiano, Casillas, Ramos, Raúl y tantas otras leyendas que parecía imposible imaginar al Real Madrid sin ellas. Y, sin embargo, el escudo siguió ganando. Ojalá Vinicius se quede, de verdad. Ojalá dentro de diez años podamos seguir hablando de él como una de las mayores leyendas que ha vestido esta camiseta. Pero, si para quedarse necesita que el Real Madrid deje de ser el Real Madrid, entonces el camino debe separarse. Te queremos, Vini. Al menos yo sí. Pero hay algo que quiero mucho más que a cualquier futbolista que vista esta camiseta. Quiero al Real Madrid. Y ahí es donde siempre debéis estar todos los jugadores: muy por debajo del escudo.
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