Todo es urgente, espídico en un mundo que devora noticias como una trituradora de papel. Se acabó el mundial pero no desesperemos porque hay más. Resuenan ya lejanos los ecos de una victoria histórica que, más allá de una copa, la Copa en mayúsculas, supuso el parto de un unicornio: España se mostró unida ante un objetivo común. No es habitual. Siguen calientes las calles en nuestra memoria, con sus cánticos gregarios, con los abrazos a desconocidos, los restos de confeti en el pelo, y la máquina del fango ya se despereza, pesada y adormilada como un oso hibernado, para jugar a adivinar el próximo fichaje que arrojarnos a la cara y bajar el suflé recordándonos, con lo mundano del cotilleo fácil de este o aquel traspaso, que la felicidad del pobre ,el momento perfecto, no puede durar más que un cruce de miradas en el metro.
Aquella prueba de que pudimos hacerlo, de que pudimos ser “uno y trino” olvidando nuestros colores domésticos, empieza a ser un dulce recuerdo que se aleja, tal vez hasta dentro de cuatro años, perdiendo pie, poco a poco, dentro de un charco de lodo y tertulias de verano. Nos sentaba bien ese disfraz ceñido de la unidad sin ira, nos rejuvenecía y nos hacía buen culo. Pero la excepción nunca se impuso a la regla y una entelequia es, por definición, imposible y fugaz.
El reto es, para no variar, ciclópeo, homérico otra vez más: que la nueva plantilla sea no solo superior al Barcelona sino a la suma del Barcelona y el CTA, ambos albañiles de ese maldito muro
El Muro De Las Lamentaciones está fresco, construido cada año, ladrillo a ladrillo, por quienes quieren ocultar una verdad incómoda. La estupefaciente teoría conspirativa de mal perdedor de parte de la afición argentina tendrá más pronto que tarde su parangón en parte de la afición española, que hace unos días sufrió su propio intento de Negreirato. Será paradójico ver a muchos de aquellos damnificados del sistema FIFA que se desgañitaban con “la roja” hace apenas días, consecuentes y clarividentes ante el trato de favor al rival, negar los hechos y el saldo arbitral, los puntos de sutura y las cuentas del Caso Barcelona-Negreira, víctimas un año más de nada con el sonrojante silencio de casi todos. Un metrónomo de la vergüenza que desnudará a muchos de los que se abochornaron ante la actitud cafre y zafia de esa Argentina mundialista y favorecida, que en unos días justificarán sin pudor a los nuevos “Maffeos y Raíllos”, se comerán sin pan el idioma pornográfico de la jugada gris en campos hostiles, creerán ver en las patadas segadoras del rival del Madrid una presunta fuerza insuficiente o vivirán la entelequia de los muñecos que, con vida propia, saltan de un fotograma a otro. “Spain is different”.
El Real Madrid, por su parte, otro año más debe trepar ese muro con las manos desnudas y sin despeinarse. Se le exigirá un comportamiento de traje y corbata desde una tribuna de menestrales de bocata,lata de cerveza y mono grasiento. El reto es, para no variar, ciclópeo, homérico otra vez más: que la nueva plantilla sea no solo superior al Barcelona sino a la suma del Barcelona y el CTA, ambos albañiles de ese maldito muro. Solo entonces, sobrepuesto a los tentáculos del Club de la Lucha, el Real Madrid puede ser campeón en España. Curiosamente, cuando el club con todavía más ligas alcanza el “nivel campeón de Champions” suele tener opciones de reescribir el plan, pero no siempre, el futbol no son matemáticas. Toca auto invitarse a una fiesta a la que nadie nos invitó. Otro punto en común con la selección española en esa final frente a la Argentina de Infantino y su camino de ladrillos amarillos.
El buenismo no es inspirador, al menos ya no. Lejos de serlo, es cómplice con el infractor
El hecho de tener la razón y las pruebas de tu lado (aunque no el favor de la opinión pública) exige otra vez vencer la pereza que da la rutina y armarse de valor y argumentos para intentar pedalear con el viento de cara y la cadena rota. No bastará, tampoco este año, el silencio resignado a este lado del muro de quien sabe que aquellas sospechas son ya hechos probados y que confirmar que teníamos razón es el fin de trayecto, porque el tiempo de poner la mejilla pasó hace demasiadas mugrientas ligas. El buenismo no es inspirador, al menos ya no. Lejos de serlo, es cómplice con el infractor.
Queriendo la paz, este año el club se prepara para la guerra. Todavía es pronto para saber si ese grupo de boinas verdes, que ha fichado el Real Madrid este verano, será suficiente. Lo que es de cajón es que parte de la afición que mentaba la parentela de Paredes, Enzo o Messi hace unos días justificará con las mismas el juego miserable, el lance rastrero y el despropósito a mayor gloria del antimadridismo y de que el Real Madrid no toque pelo. Y ponerles contra su propia realidad será, un año más, como hablarle a ese muro. Usted lo verá y yo también.
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Con la gran diferencia de que a Argentina no se le han encontrado pagos a Infantino ni nadie de la FIFA o que tenga que ver con los árbitros etc y a la Farsa sí.