Las mejores firmas madridistas del planeta

Muy buenos días. Lo primero que corresponde hacer en el portanálisis de hoy, en aras de la caballerosidad que nos inculcaron nuestros padres, es felicitar al FC Barcelona Femenino por proclamarse campeón de Liga precisamente ante el Real Madrid. El equipo de Toril fue aniquilado por las azulgranas, el mejor equipo no solo de España sino de toda Europa, de largo y con arreglo a cualquier parámetro que se establezca. 5-0 es marcador que lo dice todo y ante el cual es imposible oponer argumento alguno.

El que se diera una victoria amplia de las culés entraba dentro de lo esperado, pero hay una inevitable decepción por cuanto creíamos haber estrechado la distancia futbolística con ellas más de lo que indican estos durísimos guarismos. Se precisa la apertura de un proceso de reflexión interna en ese sentido. El indudable buen papel de la sección femenina blanca, que en dos años de existencia ya es subcampeón de Liga y se desenvuelve con soltura en Champions, no es óbice para analizar las gestiones que deban llevarse a cabo para recortar el margen con las campeonas. Tras aplaudir sin reservas lo logrado en tan corto tiempo, corresponde ir poniendo las piedras para edificar un proyecto que pueda mirar a la cara al de las adversarias catalanas. Esa y no otra es la indesmayable exigencia que acarrea ser el Real Madrid.

Portada Mundo Deportivo

Mundo Deportivo divide su portada en dos partes desiguales, con muy mejorable criterio estético, para dar la importancia que no negamos merezca el éxito de sus jugadoras, reservando un frontispicio menor para la victoria liguera de los varones ante el Osasuna, por 4-0, en un encuentro con poca historia. Lo que sí tuvo historia ayer en el ámbito blaugrana fueron las declaraciones realizadas por Jan Laporta, quien reculó de manera harto jocosa respecto a anteriores manifestaciones sobre Haaland, en las que se mostraba optimista en cuanto a la opción de vestir de azulgrana al crack nórdico. Parece que, después de todo, no se va a fichar al noruego, y así lo reconoció el bueno de Jan en declaraciones en el descanso del partido de las chicas.

Oh. Qué sorpresa. ¿A qué se deberá tan brusco golpe de timón? ¿Acaso Xavi, el guardián de las esencias, ha decidido que Haaland no es buen candidato a lucir el 9 en sus filas, por cuanto acarrea problemas de manejo del balón al no haber sido formado en La Masía? Reíd, reíd, que eso mismo dijo sobre Araujo el otro día.

Xavi Araujo supremacismo

¿Será por esto? ¿Por ventura habrá comprendido el mejor jardiner del mundo que no es Erling flor deseable, al no haber brotado en su vergel sino en lejanas tierras infieles? ¿Será que, como le sucede al pobre Araujo, no se trata de un ADN puro, y que hay mezcla indeseable de células en los fluidos corporales del rubiales (no confundir con el presidente de la RFEF)? ¿Sucederá tal vez que Haaland se ha revelado indeseable en función de las sacrosantas reglas del supremacismo tiquitaquesco?

La Galerna ha investigado y no. No es por eso. Resulta (pasmaos, almas de cántaro) que Erling Haaland no cobra en corticoles autodeterministas ni en esencias de sardana, sino en cash, puro y duro, o en su defecto por transferencia bancaria. Y que pretende además cobrar una cantidad de dinero alta a trueque de sus servicios balompédicos. Habrase visto. A la regla infalible recientemente expuesta por el Jardiner (“No conozco futbolista que no quiera jugar en el Barça”) se ha opuesto el vil metal, con sus repugnantes servidumbres. Quién iba a decir que alguien querría ingresar dinero por jugar en el Barça, lo cual es la felicidad absoluta, un perpetuamente dichoso contigo-pan-y-cebolla a mayor gloria del derecho a decidir del pueblo catalán. Muy mal, Erling. ¿No cabe un resto de romanticismo independentista en tu fenicio corazón? Si no es así, no mereces jugar en Can Barça, Erling. Con tu pan (y algo más que cebolla) te lo comas, Erling. Peor para ti. Nosotros habíamos anunciado ya que te venías porque a esta gente hay que ilusionarla. La pregunta es: si ellos compran nuestra propaganda, ¿qué te costaría comprarla a ti, pedazo de traidor?

Curiosamente, no vemos resto alguna de las declaraciones-bajonazo de Laporta, que son la auténtica noticia culé del día, en la portada de Mundo Deportivo. Repasadla con nosotros. ¿Veis algo? Claro que no, chicos, ¿acaso alguna vez habéis visto a alguien hacer propaganda de cosas chungas? Les ha venido Dios a ver (no d10s, que está en horas bajas, abucheado en París) con la Liga de las chicas y la rotunda victoria ante Osasuna, porque de lo contrario habría que haber pinchado el globo de Erling Haaland con luz y taquígrafos.

Portada Sport

En la primera plana de Sport sí que encontramos, en cambio, algo sobre Haaland, aunque hay que buscarlo con microscopio. Aquí sí hay alguien que se atreve a hablar sobre el gatillazo noruego. Se trata de Rubén Uría, cuyo artículo se anuncia en pequeñito en el frontispicio, bajo el título “El suflé de Haaland”.

El suflé de Haaland

Laporta, optimista incorregible, sabe que su deber es deshinchar el globo. Una retirada a tiempo es una victoria. Mejor tener los pies en la tierra que seguir alimentando la cuenta de la lechera. Ahora mismo, el club no está para embarcarse en subastas que no puede pagar y guerras que no puede ganar. Mejor bajar el suflé ahora que un bofetón en junio. El pasado dice que al Barça le va mejor fabricar Balones de Oro que comprarlos. El presente, que hay que cuidar a los de casa. Y el futuro, que hay que dejar trabajar a Mateu”.

Nos parece, para empezar, muy loable esa postrera referencia a Mateu Lahoz como uno de los garantes de un futuro brillante para el Barça, a quien “hay que dejar trabajar”. Pero no es solo Mateu, Rubén, es todo el colectivo arbitral. No hay por qué personalizar en el trencilla valenciano.

En cuanto a lo del suflé, bien por atreverse siquiera a mencionarlo, pero lo de “Una retirada a tiempo es una victoria” nos hace sonreír en esta mañana lluviosa. Gracias, Rubén. Un cierto criticismo con el “optimista incorregible” que ha hinchado artificialmente el suflé, jugando así con las ilusiones del soci, no habría estado de más.

Portada As

As opta por ofrecer los principales honores de portada para Vinicius Jr. y para Takefusa Kubo, a quien identifica con el “futuro” mientras Vini sería el “presente”. No está mal tirado. Hoy se verán las caras en Mallorca, en un encuentro decisivo para el Madrid, que puede elevar a diez los puntos de ventaja sobre su inmediato perseguidor, el Sevilla, que empató con el Rayo. Es un partido crucial para ganar tranquilidad de cara al título de Liga, y poder de este modo manejar las piezas entre Liga y Champions con mayor desahogo. Diez puntos de renta no serían definitivos, pero sí muy significativos. Es así que toca descender de las nubes de euforia post-PSG para volver al campeonato local, con sus canchas plagadas de minas en forma de patadas impunes, sus realizadores de televisión parciales y sus sanchezmartíneces correspondientes (¿no le decíamos antes a Rubén que Mateu no es el único?). Sí, amigos, nos pita Sánchez-te-la-has-jugado-mucho-Albiol-Martínez, y los caballos enfermos de cólera relinchan a lo lejos.

Esta noche hay que ganar. No hay otra.

No nos queremos despedir sin felicitar efusivamente a la Selección Española de Rugby, clasificada para la Copa del Mundo, que ocupa la parte central de la portada de Marca.

Pasad un buen día.

Portada Marca

El análisis de las portadas de los periódicos deportivos de hoy

Buenos días, amigos. Que levante la mano quien aún siga prendado por lo que aconteció el pasado miércoles, quien no pueda evitar seguir viendo en bucle el tercer gol de Karim Benzema, absorto en la maravilla y el delirio. Nosotros seguimos allí, lo confesamos. Nosotros seguimos levantando la silla de Alaba.

Será, quizás, porque no hay partido del Madrid hasta mañana, pero sobre todo será porque lo que pasó el miércoles no dejará de pasar durante toda la vida del madridismo. Noches como esa -jo, qué noche- se quedan bien dentro para recordarnos que esto tiene que ver con el fútbol y con todo lo que importa más que el fútbol. Es justamente eso lo que no saben -lo que no quieren saber- aquellos que analizan, que diseccionan, que contrastan datos, que buscan lógicas, dinámicas, tendencias, estadísticas... El corazón tiene razones que la razón no entiende, decía Pascal, madridista avant la lettre. Y el Real Madrid tiene un espíritu, un duende, un soul, un «qué sé yo» y un «yo qué sé» que los no iniciados, los herejes y los infieles son incapaces de asumir, tan necesitados ellos de motivos contantes y sonantes como un fallo de Donnarumma.

Portada Marca 13-03-22

Quizá por ese encantamiento que aún nos dura, vemos a Luka Modric en la portada de Marca y casi nos da igual el texto que acompaña a su rostro risueño. Esa sonrisa, esa satisfacción por el deber cumplido, la alegría que propaga por el hecho de estar aquí, tan cerca, nos basta y nos sobra para estar complementamente seguros de que ser madridista es no renunciar a ser feliz. Y eso, queridos amigos, es tal vez todo lo que haga falta, el argumento incontestable para perseverar en una afición que es a una camiseta blanca y a un escudo porque en realidad es una devoción irrenunciable por la vida, fraguada al fuego candente donde se quemó el miércoles el PSG de los negros petrodólares.

Añade Marca que renovará Luka bien pronto. Comenta que apenas hace falta negociación para que esto ocurra y que tengamos a Modric un año más, aunque todos sabemos que tendremos a Modric de por vida con nosotros, cerca del escudo, pegado al corazón que tiene razones que la razón no entiende. 36 años tiene ahora el centrocampista croata, cifra casi tan mentirosa como la de la posesión de balón, como las líneas del VAR, como las de un fútbol dicen que moderno. Nosotros, más clásicos que antiguos, preferimos la sonrisa de Modric como muestra de lo que aún el fútbol puede desafiar a la máquina (de hacer dinero, de contar pases y kilómetros recorridos o de trazar bloques altos y bajos).

Portada As 13-03-22

Quizás por ese encantamiento que aún nos dura, decíamos, la portada de As nos chirría un poco y hasta nos molesta. Es como si, en medio de un plácido sueño o un deleite o una serena sobremesa de domingo, viniera alguien con la intención de perturbar el momento, de aguar la fiesta, de tocar las bolas calientes. No entraremos en el juego, amigos del diario As. No vamos a escribir ni una sola línea sobre la supuesta decisión entre mamá y papá, entre Benzema y Haaland. En primer lugar, porque quién ha dicho que haya que elegir. En segundo lugar, porque quién ha dicho que haya que elegir. Y en tercer lugar, porque quién ha dicho que haya que elegir.

A Benzema, dicho sea de paso, no hace ninguna falta elegirlo, porque ha sido él quien ha elegido ganarse a pulso un lugar para la historia del Real Madrid, zarpazo a zarpazo, paso de baile a paso de baile, en una madurez plena de poso y elegancia y efectividad. Así que ningún dilema nos asola, diario As, ninguna diatriba nos perturba en estas horas de sol contra las que no hay portadas ensombrecidas que tengan efecto.

Portada Mundo Deportivo 13-03-22Portada Sport 13-03-22

"Xavi aprieta" en la prensa culé. No quiere confianzas en su partido de hoy contra Osasuna tras quedarse a cero en la Europa League contra el Galatasaray. De ahí que Mundo Deportivo llame al regreso del gol. Ellos, que son más de toque y juego; ellos, que hablan de resultados impostores, se preocupan cuando no hay goles. Qué cosas. Ellos, que cuentan a los jugadores de la Masía según respondan a los cánones del relato y no según provengan en efecto de la cantera. Ellos, que titulan "Laporta no se equivocó dejando marchar a Messi" en un artículo de opinión como si la historia la pudieran reescribir a golpe de propaganda y cuentos y más propaganda. Sigan así, amics, que no nos taparán el sol.

Pensándolo con los libros de historia en la mano, tirando de datos y estadísticas, lo justo y razonable era presagiar con certeza absoluta que la pasada noche del miércoles 9 de marzo un a todas luces menos favorito Real Madrid, lograra precisamente lo que terminó logrando ante la constelación de estrellas que dan forma al injustamente privilegiado proyecto del PSG, el cual junto con el Chelsea, el Manchester City y alguno más, se ha ganado la animadversión de buena parte del mundo del fútbol por haber roto, sin pena ni obstrucción alguna por parte de las autoridades rectoras, la justicia y la igualdad de oportunidades en el fútbol europeo.

Sin embargo, la tarea parecía inmensamente improbable, muy especialmente tras lo visto en el partido de ida disputado en París, apenas tres semanas antes. Eso, muy a pesar de que, a medida que se acercaba la importante cita, el madridismo del mundo se fue llenando cada vez más de esperanza e ilusión respecto a las posibilidades de su equipo.

Recibimiento afición Real Madrid PSG

Tanto en aquella primera batalla de esta guerra pactada a dos duelos, así como durante el tiempo transcurrido entre el minuto 15 y el 60 del encuentro de la noche que hoy nos ocupa, el equipo de la capital francesa dio muestras inequívocas de superioridad, sometiendo a una sensación de total impotencia a millones de seguidores del equipo blanco, a la vez que a una notable frustración a sus jugadores.

Un Mbappé exultante e insultantemente superior comandó a un PSG ordenado, serio, intenso, alegre y confiado durante el primer combate. Solo la gallardía de Militão y Alaba, la invaluable aportación de un inconmensurable Courtois y una capacidad de oficio, de saber sufrir y de aplomo ante la abrumadora adversidad del resto del equipo evitaron una tragedia que pudo llegar incluso a la humillación y que se mascó durante prácticamente toda la eliminatoria.

Fue así, con un resultado agregado de 0-2, a falta solo de 29 minutos para un aparentemente inexorable final en favor de los parisinos, que surgió, de la más absoluta nada, lo inexplicable. Tal y como sucede con el enigma que envuelve al Triángulo de las Bermudas, en un instante, desaparecieron misteriosamente el poderío y la superioridad del equipo francés y en ese rectángulo histórico que es el césped del Bernabéu, una vez más, surge la más fascinante e increíble magia.

Benzema Donnarumma

Tras un injustificable error de uno de los mejores porteros del mundo, forzado en alguna medida por un Karim Benzema que recibió premio por no haber perdido nunca la fe, nace el chispazo que da inicio a la tormenta perfecta: unos jugadores que olieron la sangre de su presa y creyeron sin ninguna duda en sus posibilidades, 60 y tantos mil creyentes que con y sin mascarillas los alentaban a devorar sin misericordia al enemigo y 11 presas embargadas por el famoso “miedo escénico” de Valdano, ahora irreconocibles, descompensadas, aterradas, temblorosas, perdidas…

Acontecimientos como los que tuvimos el privilegio de vivir el miércoles 9 de marzo en el Santiago Bernabéu nos regalan muchas cosas sobre las que reflexionar: el sitio en el fútbol mundial que merece Karim Benzema, la importancia no siempre justamente valorada de Courtois, lo que pensará Sergio Ramos al ser, por decisión propia, víctima de una nueva gesta del Madrid, el extraño caso de reversión del envejecimiento de Luka Modric, entre tantas otras. Hoy, por no extenderme, rescato tres que considero oportuno destacar:

La primera, una tremenda lección de vida que nos invita a creer, a persistir y a rebelarnos ante los monstruos y las adversidades de la vida, por difíciles de vencer que puedan parecer.

La segunda, la incidencia que el inolvidable partido tendrá sobre el aumento de adeptos a esta forma de vivir que se llama Real Madrid tras haberse agrandado su leyenda, esta vez, para darle a la generación millennial una demostración en vivo y directo de lo que es capaz de hacer su Madrid, más allá de las historias de la Quinta del Buitre, del Madrid de Di Stéfano, del Madrid de los Galácticos y tantas hazañas inmensamente improbables a priori contadas por las voces de sus orgullosos padres y abuelos.

Y la tercera, que seguramente servirá para que aquellos futbolistas privilegiados que tengan en sus manos la posibilidad de elegir entre el Madrid y otros grandísimos clubes, tomen la decisión con mucha menor dificultad. Por ahora, si es que no lo tenía decidido ya, será Kylian Mbappé el primero en agradecer que se le haya aclarado el cielo para tomar su decisión, paradójicamente, gracias a haber tenido que atravesar a vuelo El Rectángulo de las Bermudas.

 

Fotografías: Getty Images

La respuesta rápida a la pregunta del título es un sí rotundo. No cabe duda alguna, al ser el Real Madrid uno de los ocho equipos que estarán en el bombo el próximo día 18. Pero deberíamos intentar hacer un análisis frío, aséptico, tratando de alejarnos lo más posible de la euforia. Soy consciente de que es prácticamente imposible, máxime teniendo aún tan reciente lo que para mí ha sido la noche más memorable que he vivido en el Bernabéu (y llevo 22 temporadas siendo socio). Mi cerebro sigue procesando aún todo lo que experimentamos. Es inevitable dejarse llevar por la ola de triunfalismo que nos arrastró tras la victoria épica de un grupo de futbolistas que se niega a bajar los brazos, honrando los valores históricos del escudo que defienden. Mientras otros necesitan lemas que les distingan, para eclipsarlos el Madrid solo tiene que presentar un ramillete de triunfos inigualable.

No quiero que el bombo empareje al Madrid con un enemigo ante el que se le considere muy superior. La excesiva confianza suele ser una mala compañera de viaje en la Copa de Europa

Es ineludible señalar al equipo de Ancelotti como uno de los claros candidatos al título final. Probablemente no el máximo favorito, pero sí uno de los que forman parte del exclusivo club de los que tienen más opciones de conquistar el cetro europeo. Desde luego, en cuanto experiencia en lo que a ganar Champions se refiere, no existe una plantilla en Europa que acumule más. Como aún queda por determinar la mitad de los conjuntos que estarán en cuartos de final, ni siquiera podemos permitirnos hacer cábalas sobre potenciales rivales interesantes o aquellos que preferiríamos evitar. Aún así, yo tengo mi propia teoría. No quiero que el bombo empareje al Madrid con un enemigo ante el que se le considere muy superior. La excesiva confianza suele ser una mala compañera de viaje en la Copa de Europa. Y si hay algo que distingue a este equipo es que cuando los grandes expertos y los antis le sitúan camino del matadero, regodeándose ante la certeza de una derrota, surge su espíritu indomable, una rebeldía inexplicable que tumba hasta a rivales que son mejores en lo técnico, en lo táctico o en lo físico. Todos los antis se frotaban felices las manos tras el bochornoso ‘resorteo’ que deparó un PSG-Real Madrid y ya conocemos el final de esa película. Ahora su deseo es que nos encontremos con Bayern o City. Y no tengo especial miedo a este tipo de equipos, construidos para el ataque y con mimbres defensivos más asequibles. Soy consciente de que a nivel de plantilla, libra por libra, quizás estemos un escalón por debajo. Pero eso no ha impedido tachar al París Saint Germain de Messi, Neymar y Mbappé (sobre todo de Mbappé), del cuadro de la Copa de Europa.

Mbappé Real Madrid

En todo caso, desear uno u otro rival es un ejercicio absolutamente fútil. El azar determinará los distintos enfrenamientos y, como bien sabemos los madridistas, lo que deben hacer los nuestros es doblegar al que nos toque. El Madrid ha ganado la Champions enfrentándose a los mejores, y también recorriendo caminos bastante más asequibles. Así que no hay otra fórmula que no pase por comerse el plato que se tenga delante en cada momento. Con la nueva reglamentación que anula el valor doble de los goles de visitante, sí me parece relevante disputar la vuelta en un Santiago Bernabéu ávido de recuperar la normalidad de las grandes noches europeas. La locura que se vivió contra el PSG ha debido alertar al resto de contendientes. Estoy bastante convencido de que en los cuarteles generales de City, Liverpool o Bayern (los otros tres clasificados hasta la fecha) no estarían especialmente ilusionados ante la perspectiva de jugarte el pan europeo en un escenario donde todos los colosos del continente han hincado la rodilla en alguna ocasión.

Solo pongo una pequeña pega al clima de optimismo que ha desatado la eliminatoria ante el PSG. Al pequeño grupo de jóvenes que se animaron a celebrar la victoria en Cibeles les diría que hay que rendir visita a la diosa cuando la ocasión lo merezca. Y que eliminar a un equipo que se suponía que iba a arrasar al trece veces campeón de Europa en octavos no es motivo suficiente. En el Madrid se celebra tocar metal y ya habrá tiempo para eso. Estad tranquilos; siendo madridistas no os van a faltar ocasiones de celebrar. Quizás podáis hacerlo a finales de mayo, tras ver la 14ª coronación en París. La historia nos dice que en el caso del Madrid, nunca hay que descartarlo.

 

Fotografías: Getty Images

El análisis de las portadas de los periódicos deportivos de hoy

Buenos días, queridos amigos.

Parece que algunos pretenden que la ilusión de esta semana no acabe nunca. La sonrisa boba que nos acompaña a los madridistas tras haber presenciado la sublimación del Real Madrid C.F. en el mayor de los encantamientos no se borra aún de nuestros rostros ufanos. Cuántos de nosotros hemos imitado a David Alaba con una silla en casa o en la oficina, cuántos nos hemos dado el abrazo más largo del mundo o hemos sentido que nos devolvían una razón para creer en el fútbol. Pues todo eso y mucho más es lo que nos han regalado Karim Benzema, Lukita de Saint Denis y el Madrid anagógico en esta semana fantástica (si cierto centro comercial nos permite que usurpemos su reclamo). Pues bien, queríamos recuperar la seriedad, la cordura necesaria para centrarnos en el campeonato de Liga, que todavía está por decidir, y los señores de Marca se descuelgan con esta portada.

Portada Marca 12-03-22

Así es imposible. Si algo envidiamos de nuestro rival del pasado miércoles fue sin duda la calidad de Kylian Mbappé, la potencia “ronaldiana” de sus arrancadas, y nos vienen los compañeros de Gallardo a decir que el fichaje se cierra ya, “la próxima semana”. Con rotundidad: “antes del viernes”. No jueguen ustedes con nuestros sentimientos, por favor. La sonrisa de Kylian es la nuestra, y seguramente por eso hoy no hay anuncios sobre problemas de erección.

Portada As 12-03-22

Por su parte, el diario As también nos trae a Kylian Mbappé a la portada, si bien con reminiscencias de peli de acción y propuestas cataríes desesperadas de renovación. “Misión imposible”, sí, pero no es a Tom Cruise a quien vemos, sino a Leonardo y a Al Khelaifi con aires de Pimpinela, agarrando el brazo de Kylian como un marido despechado que no admite un NO por respuesta, un ataque de cuernos del que no comprende la letra de esa canción que dice que “en busca de emociones un día marché, de un mundo de sensaciones que no encontré”.

Kylian.- ¿Qué vienes a buscar?

Leonardo.- A ti.

K.- Ya es tarde.

L.- ¿Por qué?

K. Porque ahora soy yo el que quiere ir al Madrid. Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta.

L. Jamás te pude comprender, con todos los millones que te puedo ofrecer.

K. Vete, olvida mis piernas, mis goles, mis carreras, que no desean seguir aquí.

L. Estás mintiendo, ya lo sé.

Podríamos seguir con la letra, sobre todo con esa frase que, convenientemente alterada, podría decir que “entendí que quería las cosas que vi en Madrid”, pero es tan pegadiza que nos tememos que se nos quede incrustada para el resto del día, así que seguiremos con otros detalles de las portadas del día. Tanto en As como en Marca vemos dos recuadros menores que recogen la sufrida victoria del Atlético de Madrid ante el Cádiz, pero en ningún sitio leemos nada sobre la sorprendente corrección del VAR para cambiar la roja de Reinildo por una amarilla en un momento clave del partido, en la primera parte. Curioso. Qué manera de entrar con los tacos por delante de Casemiro, disculpen, de Reinildo. Todavía no entendemos qué vio el colegiado en el monitor para cambiar su decisión, pero así fue y lo mencionamos en este portanálisis porque no creemos que la imagen vaya a aparecer ni una milésima parte de lo que lo hicieron las de Casemiro en Vallecas tras (no lo olvidemos) jugar el balón.

Con el subidón de Mbappé nos quedan insulsas las portadas de la prensa cataculé.

Portada Sport 12-03-22

Lewandowski pide un par de jarras de cerveza en un Biergarten de Múnich mientras Sport titula que “el Barça piensa en el goleador polaco como alternativa a Haaland, que sigue siendo la prioridad”. La prioridad de este talludito portanalista de guardia es Charlize Theron, pero pienso en Scarlett Johansson como alternativa. En fin, cosas veredes, aunque a la hora de mostrar alternativas observen todas las que ofrece el Mundo Deportivo de hoy.

Portada Mundo Deportivo 12-03-22

¿Dónde quedó la temible FABADA? Ferrán, Aubameyang, Braithwaite, Adama, Depay y Abde no fueron suficientes y en Can Barça siguen con el casting de delanteros. No les bastó con Dembélé, que “es mejor que Mbappé”, ni con Depay, que “es mejor que Benzema”, ni siquiera con Demir, “el Messi austriaco”, ni con Luuk De Jong, “el delantero con el mejor promedio goleador de Europa”, como soltaron en otra perla reciente, así que nos cuesta entender la insistencia. “El Barça tiene en su agenda a varios delanteros de primer nivel”, indican en la portada. Y este portanalista recuerda que tenía en su carpeta de la universidad a varios pibones del primer nivel, otra cosa es que fueran accesibles.

Seguiremos soñando, amigos lectores, seguiremos esperando el momento de dar la gran noticia. Hasta entonces, toca centrarse en la Liga este fin de semana, aunque nos hayan llevado el partido al lunes. Que pasen un excelente día, y que no se les borre la sonrisa. Un abrazo.

Enorme. Magno. Brillante. Supremo. Desgarrador. Viva la afonía. Vivan los saltos de los niños, los padres y los abuelos. Vivan los nuestros, viva el tres mil veces nueve, viva la madre que parió a Lukita Modric. Y viva el resacón que aún arrastro. Viva la pasión merengue. El escudo. Todo está en el escudo. Que he tenido que dejar pasar dos días para asentar el éxtasis antes de sentarme a escribir, descender a la tierra, y no aparecer ante ustedes flotante como un beatillo de la Orden Madridista, en primera fila de irradiación de la gloria merengue.

Que la del miércoles fue la “noche blanca” de los infartos, la que cantó Loquillo sobre los versos de mi querido Luis Alberto de Cuenca: “Qué blanca está la noche del placer. Cómo invita / a cambiar estas manos por garras de pantera”. Que nos los comimos entre todos, que fuimos partícipes de la gesta, que el Real Madrid no fueron once sino once millones de gargantas empujando a un adversario que, preso de la melancolía, no supo encajarlo, nunca va a entenderlo. Entre tantos, quizá el análisis más certero lo ofreció en su editorial Josep Pedrerol: “Esto es el Real Madrid”. No es nada que podamos explicar con palabras, y menos, algo que podamos explicar a un tipo que piensa que montar un equipo de fútbol legendario es como jugar al Monopoly.

Enorme. Magno. Brillante. Supremo. Desgarrador. Viva la afonía. Vivan los saltos de los niños, los padres y los abuelos. Vivan los nuestros

Que fue la comunión total del Bernabéu. El empuje. El talento. Y el honor. Toda la historia del Madrid empujando cada dorsal. Con el gol de Mbappé, la eliminatoria estaba lejísimos. Por lo que veíamos en el campo, imposible. Y no fue otra cosa que el espíritu madridista, la lucha, La Galerna y la galerna, la valentía, la renuncia a darse por vencido, la casta y las agallas, lo que levantó la alambrada para que salieran nuestras bestias a devorar franceses crudos, provocándole un telele divertidísimo al jeque, que del susto perdió petróleo por los poros, que en quince minutos pasó de jeque a jaque, y poco después, a jaque mate, fue engullido por el desagüe del olvido de la historia del fútbol, y a punto estuvo de arrastrar también por la alcantarilla al sobrevaloradísimo Messi, y a Neymar y su peluquero errante. Allá os canten rancheras los culés, que esto es otra cosa, esto –tal vez ahora Mbappé haya empezado a entenderlo- es el Real Madrid. Y con esto me refiero a Benzemá de rodillas con los ojos cerrados y el rostro elevado hacia las gradas, y a Modric haciendo el mono en la barandilla del vestuario y provocando el aluvión de memes más divertidos de la historia del fútbol. A todos, a todos los nuestros, no sería justo dejar de mencionar a ninguno.

Y conviene recordar que el partido comenzó a ganarse días antes, contra la Real Sociedad. Que fueron los aficionados empujando al equipo, y Modric y Camavinga rompiendo la red, y esos once salvajes echándose el equipo a la espalda, para recargar las baterías de la moral de cara al partido contra el PSG de las mil estrellas y cien pozos de petróleo, que entretanto agonizaba ante el Niza. Se ganó también en la tarde, cuando los madridistas recibieron a los jugadores en la puerta del estadio con una sobrecogedora humareda, con un sinfín de cánticos, haciéndoles sabedores del secreto mejor guardado: que no estarían solos a la hora de la épica. Así, así ganó el Madrid.

Después de todo, una vez más, el Real Madrid ha partido la Champions League por la mitad. La ha pulverizado. Y esos vapores que recorren la galaxia son los sollozos de Aleksander Čeferin y del antimadridismo, rendidos todos a la grandeza, resignados ante la evidencia. Porque lo que jugamos el miércoles era una final, se mire como se mire. Lo que venga ahora, Dios dirá. Pero ahí queda una noche para la historia de las emociones madridistas, una explosión de rabia y honor, una gran borrachera de pasión por el fútbol, capaz de hacer brotar las lágrimas en los ojos de varias generaciones de seguidores del club, que no es uno más, ni es más que un club, ni leches, sino que es sencillamente el club más grande del mundo.

 

Una cosa es el brazalete y otra el carisma; una cosa es el corazón y otra la cabeza; una cosa son los goles y otra los amores; una cosa es el genio y otra la figura… Podría estar haciendo comparativas como estas durante todo el artículo, dejando a la imaginación del lector sus propias conclusiones. Pero mi intención es otra: comprender y tratar de explicar que, en el fútbol, una cosa son las cualidades individuales y otras las del equipo en su conjunto. En el Bernabéu volvimos a ver, frente al PSG, otro de esos momentos mágicos que van sedimentando, como puntos de inflexión, la línea de una trayectoria histórica del fútbol mundial. A estas alturas parece innecesario apelar al mantra de que ningún otro equipo como el Real ha sido (y es) capaz de hacer algo así, pero —la verdad— me apetece recordárselo a quienes parecen duros de memoria (los antimadridistas, ante todo).

El héroe de la noche fue, sin duda, Benzema. No solo por su ‘triplete’ histórico, sino porque el cariño de la afición le va devolviendo poco a poco todo lo que algunos jugadores —y en especial, Cristiano Ronaldo— le habían ‘robado’ injustamente. Siempre pensé que Karim había sido una víctima propiciatoria (no fue la única) de un Cristiano que, desde su innegable instinto depredador, siempre exigía a los demás que jugaran para él. Algo parecido a lo que le sucedió a Messi en el Barça (y ya vimos el miércoles lo que sucedió con él). Aunque aún siguen por ahí sus ‘agiografos’ considerándolos los mejores jugadores de toda la historia…

El héroe de la noche fue, sin duda, Benzema. No solo por su ‘triplete’ histórico, sino porque el cariño de la afición le va devolviendo poco a poco todo lo que algunos jugadores —y en especial, Cristiano Ronaldo— le habían ‘robado’ injustamente

Frente a ese artificial y manipulado estado de opinión, Karim Benzema está sabiendo encontrar su lugar en el ‘Olimpo de los Dioses’ a base de goles determinantes y de actuaciones memorables como la de la noche del miércoles. Nuestro ‘9’ subió muchos enteros en el corazón colectivo del madridismo, no cabe duda, y fue el gran ‘héroe’ de la gesta. Al término del partido, atendió a las cámaras de TV para transmitir su inmensa alegría, hacer partícipe de ella a los aficionados de todo el mundo y para decirles —desde su ‘inmisirecorde’ humildad— que “el Real Madrid sigue vivo”.

Benzema Bernabéu PSG

Benzema era quien portaba el brazalete de capitán esa noche histórica y bien cierto me pareció que el suyo fue un ejercicio de comunicación a la altura de las circunstancias: una única idea clara (una, mejor que dos) y con pocas palabras, porque él no es precisamente un dechado de elocuencia. Pero a Karim le queremos por lo que es, por lo que demuestra cada vez que salta al campo y por su reputación bien ganada de ‘puto genio’ como le bautiza un buen amigo. Se le valora por todo eso, que es mucho, y así nos gusta.

¿Es Benzema el capitán carismático que siempre necesita un equipo?

Y a este punto quería yo llegar. ¿Es Benzema el capitán carismático que siempre necesita un equipo? Creo que no y vuelvo a mi planteamiento inicial: ¿es lo mismo ser un buen profesional que un buen líder? Por supuesto que no. Karim llevaba el brazalete por antigüedad, que es el criterio que aplica el club con su capitanía, y no por su capacidad de liderazgo, que es el que a mi modo debería regir. Pero el Club —consciente de que su vestuario siempre está nutrido de ‘estrellas’ con grandes egos—, no adopta este criterio para ahorrarse, precisamente, los choques de egos que tan malas consecuencias suelen traer. Explica Eckhart Tolle en su libro ‘El poder del Ahora’ que “Cuando los egos se juntan, en relaciones personales o en organizaciones e instituciones, antes o después acaban ocurriendo cosas malas. Aquí se incluyen también los males colectivos, como la guerra, el genocidio y la explotación, todos ellos debidos a la inconsciencia acumulada [valga esta alusión para entender lo que está pasando ahora en Europa]. Cuando dos o más egos se juntan, se escenifican dramas de uno y otro tipo. Cuando no honras el momento presente permitiéndolo ser, estás creando drama. La mayoría de la gente está enamorada de su drama personal. Su historia personal es su identidad. El ego dirige su vida. Todo su sentido de identidad está invertido en él”. No puede ser más clarividente esta cita, a mi modo de ver, con lo sucedido en el Bernabéu. Y no hay más que mirarse en el espejo de nuestro último rival de Champions, para comprender a lo que me refiero.

Modric chuta PSG

Sin desmerecer en absoluto a Karim Benzema (¡Dios me libre!), me gustaría poner en valor y sacar al escenario a quien creo que hoy, tras la marcha de Sergio Ramos, está asumiendo el liderazgo del equipo, y no solo en el campo (ese ya viene de lejos) sino dentro del vestuario. Luka es, a día de hoy, el auténtico líder de ese vestuario. El más capaz de todos sus integrantes para inspirar noches mágicas con remontadas imposibles. Como dice Valdano, el fútbol es un estado de ánimo, y Modric es bien capaz de catapultar ese ánimo colectivo hasta convertirlo en una fe inquebrantable en la victoria; en un arma —parafraseando a Neruda— cargada de futuro deportivo”. Es muy difícil vencer a un equipo inspirado por semejante instinto depredador, que te transporta a tu dimensión humana y te empequeñece hasta dejarte inválido.

Modric fue, contra el PSG, un jugador formidable, el motor del barco, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados. Cada día es mejor jugador, aunque muchos presagien su cercano final. Pero está haciendo algo, intangible, que es divulgar su ‘magisterio en valores’ a todos esos jóvenes que frente al PSG vivieron su primera ‘gran noche europea’. Me refiero a los Vinícius, Rodrygo, Valverde o Camavinga y, sí, ¿por qué no? también al propio Mbappé, que vivió la experiencia desde la otra orilla; o a Haaland, por si le quedan aún dudas sobre dónde se pueden vivir y disfrutar momentos tan mágicos.

Sin desmerecer en absoluto a Karim Benzema, Luka es, a día de hoy, el auténtico líder de ese vestuario

Tras culminar el partido, las cámaras siguieron a Modric por el césped, donde disfrutaba como un auténtico choto en un prado verde (nunca mejor dicho), pero también le siguieron durante su camino hacia el vestuario y, lo mejor, una vez allí, registraron cómo fue abrazando y felicitando por la victoria —uno por uno— a todos sus compañeros, especialmente a los más jóvenes. Recomiendo al lector que vea el video, si no lo ha hecho ya. Y como dice el diario AS, “hay muy poco más que añadir a este video”.

Modric encarna ahora, en mi opinión, el liderazgo fáctico del equipo; él y Benzema son hoy, a mi juicio, demostración palpable de que cada cual tiene un rol definido y que lo ejercen con naturalidad y radical humildad; que jugadores como Alaba o Militao (recién llegados y a quienes veo con madera de líderes), saben ocupar su puesto; que jugadores de la cantera, como Carvajal, Casemiro, Nacho y Lucas Vázquez, saben cuál es su rol y cómo deben representarlo; y que los jóvenes llegados de fuera y ahora en fase de crecimiento están aprendiendo sobre la marcha y a gran velocidad qué es el Real Madrid y todas sus simbologías.

Florentino Pérez está en fase de renovación generacional del equipo y esperamos la llegada de grandes figuras para la nueva etapa. Ojalá suceda… Y, si sucede, el club tendrá que cerciorarse de que los más veteranos (Benzema, Modric, Kroos, Carvajal o Nacho) sepan transmitir adecuadamente a los jóvenes esos valores y conocimientos y se eviten así los choques de egos. Por muy figuras que sean quienes puedan llegar, y por muy metido entre ceja y ceja que tengan ganar el balón de oro (pongo por caso), por encima de todos ellos siempre estará el liderazgo colectivo, el del equipo. En eso se basa precisamente la historia victoriosa del Real Madrid.

 

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Buenos días. ¿Cuánto marca hoy el orgullómetro? Lo normal es que siga en lo más alto mientras el euforiómetro refleja un descenso lento, gradual y orgánico. Ayer os ofrecimos una jornada gozosa plagada de glosas (parece un trabalenguas no apto para los que aún sigan bebiendo para celebrar), desde La silla de Alaba de Jesús Bengoechea a El mayor de los encantamientos de Joe Llorente Gento, pasando por el madridismo reggaetonero de Sebas Auyanet y el gótico de Luis Montero Manglano. Sigamos hoy celebrando, pero ya desde la pausa y desde el detalle. Y qué mejor detalle que Karim Benzema.

Portada As

Pues sí. Ya es eterno. En realidad ya lo era antes de superar en goles marcados a Alfredo Di Stéfano, que es lo que logró el miércoles, pero esta gesta histórica empuja a As, y con razón, a resaltar el carácter sempiterno del mito que Karim es ya. Superado D. Alfredo (309 goles de Benzema por 308 de la Saeta Rubia), el siguiente reto es Raúl, que está a 14 goles de distancia y a quien no es descartable que el francés pueda alcanzar, incluso en esta misma temporada. Si esto sucediera, ya solo estaría por delante el ¿inalcanzable? Cristiano Ronaldo, aquel a cuya sombra vivió Benzema como muy leal y abnegado subalterno hasta que la marcha del portugués permitió la explosión goleadora y de liderazgo de Karim Benzema.

No hay otro jugador en el mundo que haya experimentado la eclosión de fútbol, denuedo y acierto que este hombre ha vivido en su madurez. Bueno, tal vez haya otro: Luka Modric. Pero lo de Karim es de locos, porque no solo juega como los ángeles, asiste y golea. También transmite a sus compañeros y a la grada un afán de victoria acentuado, una resistencia a la derrota titánica, algo que nadie parecía haber previsto en aquel chico de lenguaje corporal algo desmadejado que algún periodista malicioso bautizó tontamente como Monsieur Empané. Que salga ahora ese periodista y reconozca su error, porque este jugador no es solo técnicamente exquisito, sino que es una reserva de fe como pocas se han visto en el madridismo. A día de hoy, Benzema es Zidane pasado por el filtro de Van Nistelrooy y transido del espíritu de Juanito. Eso, ni más ni menos, es lo que vimos ante el PSG.

Dicen que el amor mueve montañas, y eso mismo dicen de la fe. Como cantan los Proclaimers, “una mente cínica no te ayudará en la noche / ni podrá sostenerte cuando estés demasiado cansado para luchar / Pero el amor (léase Karim) puede mover montañas”. Si remontar en 17 minutos una eliminatoria ya prácticamente perdida contra gente como Mbappé, Messi, Neymar o Verrati no es mover montañas, ya no sabemos qué lo es.

Portada Marca

Marca, por su parte, transita por la resaca del gran acontecimiento del miércoles con la foto de Alaba y la silla, aunque también podría haber optado por la de Militao y la suya, que también agarró una en medio de la enajenación colectiva del momento. Como dice nuestro editor, dos sillas y un solo trono.

Tuit Bengoechea silla

Junto a la silla de Alaba, Marca nos trae a Mbappé, cuya hoja de ruta se aclara (si es que no estaba ya más que definida) a resultas de lo sucedido en la remontada. El PSG no va a vivir una noche como esa en una larga temporada (digamos, unas treinta o cuarenta generaciones) y Kylian lo sabe. Coincidimos con Marca: si aún quedaba alguna duda, y si en el corazón del prodigio francés hay lugar para algo más que el dinero, Mbappé vestirá de blanco la próxima temporada. Será la victoria definitiva del atractivo del fútbol de los grandes de siempre sobre los advenedizos petroestatales. Lo del miércoles fue solo el adelanto.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Por lo demás, ¿de verdad tenemos que perder el tiempo en las cosas del tercer clasificado (a 15 puntos) y sus andanzas por una competición de segundo nivel? ¿De verdad nos lo exigís, por mucho que esto sea un portanálisis y dicho club tenga a su servicio dos portadas cada día? Esto empieza a dejar de tener sentido, por mucho que llevemos seis años y medio haciéndolo.

Pero bueno. El Barça empató en el Camp Nou contra el todopoderoso Galatasaray en una competición de chichinabo (dicho sea con todos los respetos), y lo más crítico que se le ocurre decir a Mundo Deportivo es “Final en Estambul”. Realmente corrosivo el comentario para reflejar el ridícula culé.

Pasad un buen día, con el orgullómetro en todo lo alto.

Nunca he comulgado con los tópicos. Tampoco en el fútbol, que no le debe nada a nadie. En el que sí hay rival pequeño. En el que aunque jueguen once contra once, las fuerzas pueden estar muy desequilibradas. En el que Messi, y a los hechos me remito una vez más, hace un par de años que ni aspira a estar entre los mejores del mundo. En el que los penaltis no son una lotería. Pero, de entre todos los topicazos balompédicos, uno de los que me ha generado siempre más escepticismo es ese que explica una victoria por el peso del escudo y el brillo de la camiseta. Como si fueran el traje de un superhéroe. Y ese es precisamente el que se le suele endosar al Madrid cuando no se acierta a dar con las claves de alguna de sus sorprendentes victorias.

Hasta la noche del 9 de marzo de 2022, siempre había encontrado explicaciones futbolísticas a esos triunfos épicos, contra todo pronóstico. La Séptima, por ejemplo, se conquistó porque se juntaron en un mismo equipo Illgner, Roberto Carlos, Hierro, Panucci, Redondo, Seedorf, Raúl o Mijatovic. No fueron el peso del escudo ni el brillo de la camiseta, cuyo poder de intimidación en Europa había ido languideciendo durante 32 años. Una vez roto el maleficio, dado ese primer paso, siempre el más difícil y decisivo en cada expedición, todo fue más fácil en La Octava, con refuerzos del nivel de Casillas o Anelka, y con los Figo, Makelele o Zidane vendría La Novena.  El Madrid era el mejor de Europa esos años, había roto sus cadenas, el vestuario había ganado confianza, se había sacudido sus fantasmas y había reverdecido laureles. Y un éxito fue llevando al siguiente. Siempre es así.

Algo similar ocurrió con las cuatro Champions en cinco años. Tras la Décima llegaron tres seguidas. Se superaron momentos muy delicados ante Juve, Wolfsburgo, Bayern o Atlético de Madrid, en los que “el escudo y la camiseta” parecían haber hecho el trabajo. Pero uno siempre sospechó que eran más bien los Modric, Casemiro, Cristiano, Ramos, Marcelo, Benzema y compañía quienes, además de ser futbolistas legendarios, ya sabían lo que era ganar. Ya habían transitado por allí, sobre esas arenas movedizas que son los momentos decisivos de la Champions y que suelen devorar al advenedizo. Siempre intuí, erróneamente, que ese intangible que te hacía ganar incluso cuando no tenías tu mejor noche venía exclusivamente de esa experiencia acumulada que te rebaja las pulsaciones cuando a tu bisoño rival se le desboca el corazón, se le sube a la garganta y todo le sabe a una sangre que un lobo alfa como el Madrid puede oler a kilómetros.

Trasladémonos a esa segunda parte mágica ante el PSG. En el campo estaban Courtois, Militao, Valverde, Camavinga, Vinicius y Rodrygo... medio equipo que no sabe lo que es ganar una Copa de Europa y a quienes tampoco se lo han contado sus padres en casa. ¿De dónde vino el conjuro, entonces? ¿De un estadio en obras, sin estar al 100% de su capacidad y, todo hay que decirlo, sin entrar en combustión hasta que el gran Karim Benzema logró el primero de sus tres goles? ¿De los citados escudo y camiseta? ¿Se les apareció el espíritu de Bernabéu en el descanso para darles una de sus “santiaguinas”? Porque es innegable para cualquiera que viera el partido que lo ocurrido trasciende todo análisis técnico-táctico para adentrarse en terreno de lo místico, lo irracional y lo emotivo. El Madrid estaba muerto y el PSG sabía que era cuestión de tiempo marcar el tercero y ponerle el lazo al encuentro. Se habían jugado tres partes de 45 minutos en la eliminatoria y un equipo fue muy superior al otro en todas ellas.

¿De dónde vino el conjuro, entonces? ¿De un estadio en obras? ¿Del escudo y camiseta? ¿Se les apareció el espíritu de Bernabéu en el descanso para darles una de sus “santiaguinas”?

Obviamente hay explicaciones futbolísticas a la remontada del Real Madrid que es justo considerar. Siempre las hay. La entrada de Camavinga por Kroos en la segunda mitad le dio al Madrid un plus físico indispensable para imponerse en el fútbol moderno. Modric, flanqueado por dos jóvenes pulmones (y peloteros) como Valverde y Camavinga, se agigantó respecto a la primera parte. Sólo con una buena dosis de energía en el once, la que aportan también jugadores como Vinícius, Rodrygo o Militao, sumada al talento, se puede hoy día competir contra los mejores equipos de Europa. Probablemente Ancelotti haya tomado nota y decidido que la CMK ya no puede seguir siendo inamovible.

Y hay otro apunte táctico a valorar, el cambio de Rodrygo por Asensio. Apuntaló al Madrid no sólo en ataque, sino también en defensa. En la primera parte el balear, como en él es habitual, se metía por dentro, sin ensanchar el campo ni dar profundidad. Son sus características, no se le puede ni debe pedir otra cosa, independientemente de que no estuviera acertado. Esto obligaba a Dani Carvajal, muy desacertado en cuanto a la toma de decisiones, a ser extremo, a atacar él la profundidad por esa banda diestra. Y a su espalda quedó un agujero negro al que el cósmico Mbappé estuvo a punto de arrojar a su Madrid. Rodrygo, sin embargo, sí abría el campo por la derecha, con lo que Carvajal (y después Lucas Vázquez) pudo jugar con menos altura, guardando su espalda y atando más en corto a Mbappé. Es de ley reconocerle a Ancelotti una buena lectura de la situación en el descanso, cuando me atrevo a decir que ni cien madridistas en todo el planeta albergaban grandes esperanzas en poder darle la vuelta al 0-2 agregado.

Rodrygo Camavinga y Neymar

Son estas dos razones por las que, en lo puramente relativo al juego, el Madrid mejoró tanto en la segunda parte. Aunque el pase a cuartos no se logró únicamente en esa media hora final. Primero hubo que resistir 150 minutos agónicos, especialmente los 90 de París, donde los galos pudieron cambiar el curso de la historia. Pero el Madrid aguantó en pie donde muchos otros, sin querer mencionar únicamente al Barça, porque son realmente muchos otros, habrían capitulado. Este es uno de los secretos de la Copa de Europa: sobrevivir. Competir en esos momentos de debilidad por los que, irremediablemente en un torneo donde te enfrentas a los mejores entre los mejores, vas a tener que pasar. Y al Madrid eso de sobrevivir se le da de cine, su leyenda en Europa no responde sólo a esos arrebatos con los que pone al enemigo del revés. Ha sublimado esa capacidad a lo largo de las décadas que hasta la persona más reacia a dedicarle piropo alguno, Xavi Hernández, se lo reconoce. Y el pasado miércoles lo volvió a hacer. Tuvo el carácter, la fe, la resiliencia, la competitividad necesarias para no hincar la rodilla cuando sentía punzante la espada rival en el pecho. Justo lo que le faltó al PSG, que tras el error de Donnarumma (o acierto de Benzema, que no por casualidad ya se ventiló en 2018 a Bayern y Liverpool robándole la cartera a sus porteros Ulreich y Karius), se vino abajo como jamás puede hacer un equipo mentalmente poderoso. Como un equipo cualquiera. Ahí estuvo la gran diferencia entre unos y otros. Los petrodólares pueden comprar (y tener en nómina) a Messi, a Ramos, a Verrati o a Neymar. Pueden incluso rechazar 200 millones por Mbappé a un año de terminar contrato e irse gratis al Madrid, decisión con la que no podrá estar más satisfecho tras conocer en primera persona el paraíso en el que va a vivir el resto de su carrera futbolística. Pero lo que no se puede comprar es la grandeza ni la historia.

Los petrodólares pueden comprara Messi, a Ramos, a Verrati o a Neymar. Pueden incluso rechazar 200 millones por Mbappé. Pero lo que no se puede comprar es la grandeza ni la historia

Y, como decíamos, ¿de dónde puede venir todo esta mística, si ninguno de los jugadores ayer en el campo había nacido aún en la época de las grandes remontadas, y la mayoría de los que estaban sobre el verde no tienen ni siquiera una Copa de Europa en su vitrina personal? ¿Es la camiseta blanca la que inocula el ADN Real Madrid al que se la enfunda a través de su piel? No me lo parece. Más bien puede ser, buscando una justificación racional a lo que seguramente escape a toda lógica, que los Modric, Casemiro, Carvajal, Kroos, Benzema y compañía han sabido inculcar a los nuevos lo que ellos ya habían interiorizado. Que es lo que les explicó Ramos, a quien se lo contó Raúl, que lo aprendió de Michel, que a su vez lo sacó de Juanito y Camacho, y así nos remontamos a las Copas de Europa en blanco y negro, a Di Stéfano, a Gento, a Puskas y a todos esos que desde el quinto anfiteatro disfrutaron con media sonrisa dibujada en el rostro todo lo que iba sucediendo sin perder nunca la calma, como el que ya sabe que el desenlace final no puede ser otro. Y de ahí creo que viene ese espíritu insólito que hace del Real Madrid una entidad deportiva temible, legendaria, irreductible como ninguna otra en el mundo. Y como el PSG no tiene ese espíritu ni nada que se le parezca, se descompuso en mil pedazos una vez le vinieron mal dadas como un jarrón de porcelana arrojado contra el suelo. Y el Madrid acabó con ellos en un arreón de intensidad sísmica. A los franceses les cayeron encima en diez minutos los 120 años de fútbol blanco, sus 13 Copas de Europa y el hechizo del miedo escénico.

Sí, definitivamente pienso que el Madrid deslumbró al equipo francés con el brillo de su camiseta y lo aplastó ayudado en gran parte por el peso de su escudo. Que no ganarán partidos por sí mismos, pero empujan, ayudan y juegan.

¿Cómo no lo voy a creer?

 

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Anoche se volvió a demostrar la relatividad del tiempo. Tras 150 minutos de dominio absoluto (entre el partido del Parque de los Príncipes y la primera hora en Madrid) del PSG sobre el Real Madrid, en el que el 0-2 parcial podía parecer hasta generoso para los nuestros, Benzema, en primer lugar, ejerciendo su liderazgo y su capitanía, volvió a hacer un Ulreich como en la vuelta de semifinales de 2018, o un Karius como en Kiev – ciudad mártir a donde enviamos nuestros mejores augurios – y ejecutó un Donnarumma, con más mérito incluso que a los dos anteriores cancerberos, puesto que el italiano visitaba el Bernabéu como – oficialmente – el mejor portero del universo, tras las votaciones de France Football y del jurado de la FIFA.

1-1 y ya con la energía carlettiana sobre el campo, Camavinga y Rodrygo con ganas de morder al gallo francés. Era el minuto 61 y quedaba media hora para, al menos, tratar de lograr un segundo gol que condujera hasta lo que parecía un milagro apenas dos minutos antes, una prórroga en el Bernabéu y sin la antigua regla del mayor valor de los goles del equipo visitante.

Hubo entonces unos minutos de tanteo, los locales recomponiendo líneas tras las salidas de Kroos y de Asensio, los visitantes tratando de superar el mazazo de un gol inesperado, que ponía en duda un plan que les estaba funcionando a la perfección, incluso con fases de ronditos mareantes entre Verrati, Nuno Mendes, Paredes y Messi.

Quien les escribe no pudo asistir anoche al estadio, pero, tras ir a respirar, entre las 7 y las 8 de la tarde, el espíritu de las grandes noches en los alrededores del coliseo madridista, fui acogido para ver el choque en el seno de la sin par familia de mi editor y querido amigo Jesús Bengoechea. A las 8 y cuarto de la tarde, en los aledaños del estadio, cogimos un coche Jesús y yo, junto a su hija de 9 años – mocita madrileña de pura cepa – y nos encaminamos al domicilio de su hermano, donde somos calurosamente acogidos con la mesa puesta y bien surtida de todo tipo de manjares apetecibles: nos juntamos en total 8 personas entre hermano, cuñada, sobrina, sobrino, sobrina política y los 3 que llegábamos procedentes del taxi. Más el amable perro-amuleto de nombre Suker – como el presidente de la Federación Croata de Fútbol -. Hablando de Croacia, nuestro mago croata Luka Modric iba a tener mucho que decir en lo que restaba de partido.

Luka Modric sonríe frente al PSG

Iban cayendo inexorablemente los minutos y el PSG acercándose a su clasificación para cuartos. Ya no generaba tanto pánico como en el primer tiempo – excepción hecha de un excepcional regate sin tocar balón de Mbappé que dejó a Courtois con sus posaderas en el césped y que acabó en gol, anulado por un claro fuera de juego – el equipo parisino-catarí, mientras que al Madrid, mucho más ordenado y ya presionando con criterio y con fuerza física, no acababa de culminar alguna jugada clara, como un cabezazo de Benzema lamiendo el palo izquierdo del guardameta italiano o un balón de Vinicius a dos metros de la línea de gol y que acabó en la calzada de la calle Concha Espina.

Había nervios en la mansión Bengoechea. Muchos nervios. Hubo que abrir la ventana – en una noche francamente fría – para tratar de rebajar la temperatura del salón y la de casi todos los que estábamos allí sufriendo, nivel Lisboa antes del testarazo de Ramos. Este humilde juntaletras decía que “tranquilidad, que por lo menos llegamos a la prórroga”, mientras el anfitrión y hermano mayor de los Bengoechea me miraba como diciéndome “eso, como poco”. He de decir que vi sufrir como nunca a Jesús, que estaba mudo, colorado de tez y cuya vista desesperada iba del aparato de televisión a su móvil, me imagino que tuiteando con cierta impotencia.

Minuto 75. 15 minutos más prolongación para el final. Empezó a ladrar Suker, justamente cuando Modric, en la frontal del área donde defendía el Madrid, decidió que había que sacar esto adelante y que había que paliar el sufrimiento de millones de madridistas. Se apoderó de un balón – a sus 36 años y medio y después de 75 minutos sin parar de correr – y empezó a avanzar, sorteando piernas (Neymar no llegó por poco a zancadillearlo), evitando brazos a izquierda y derecha que podían haberlo desequilibrado. Y, tras más de 30 metros de carrera en plan pista americana, soltó un exquisito pase adelantado a Vinicius, que se lanzó a tumba abierta sobre la portería rival. Mientras la jauría parisina se abalanzaba hacia el carioca, Modric prosiguió su carrera hasta la frontal del área rival. Vinicius trató de penetrar en el área, pero ya estaba rodeado, aunque le dio tiempo a ver al hechicero croata para entregarle el esférico. Usted o yo, amigo lector, en esos momentos ya habríamos estado por los suelos pidiendo una botella de oxígeno. Pero Modric es de otro mundo. Tan campante como un quinceañero, recibió de Vini y todavía le dio tiempo para confeccionar un pase excelso a Benzema, que fusiló sin piedad la red contrincante y puso el 2-1 que igualaba la eliminatoria.

Empezó a ladrar Suker, justamente cuando Modric, en la frontal del área donde defendía el Madrid, decidió que había que sacar esto adelante y que había que paliar el sufrimiento de millones de madridistas.

En ese momento, ocurrió el que para mí ha sido el abrazo más largo del mundo. Me abracé a muchos Bengoecheas y muchos otros Bengoecheas se abrazaron a mí. Veteranos y noveles, todos en una piña increíble, no nos soltábamos y botábamos sin parar. Suker acompañaba el baile liberador con una sinfonía de ladridos secos y graves. Tras minuto y pico de esta guisa, a alguno de los componentes de la alegre piñata se le ocurrió mirar la televisión y nos avisó de lo que iba a pasar: en un abrir y cerrar de ojos, tras un robo de balón, un pase filtrado de Rodrygo a Vinicius y una carrera de nuevo de nuestro dorsal número 20, el capitán Marquinhos, generosamente, cortó el pase para dar una asistencia de gol al ariete madridista, que resolvía de primer toque con el exterior para el 3-1. A todo esto, no nos habíamos separado tras el abrazo del segundo gol, con lo que la piña humana permaneció activa, eufórica, más unida que nunca y botando sin parar al menos durante 2 minutos más.

No sabemos a estas horas si se produjeron desperfectos en el techo del salón del vecino de abajo, pero lo que es indudable es que ayer batimos el récord Guinness del abrazo más duradero y más feliz de la historia de todos los abrazos habidos y por haber en el contexto futbolístico. Todo ello pasó entre los minutos 76 y 80 aproximadamente del encuentro.

El resto, ya saben. Di María entró tarde y no pudo rescatar a los suyos, Mbappé tras su exhibición majestuosa ya no podía con el recién entrado Lucas Vázquez, y las pocas ocasiones que se generaron corrieron todas del lado local, que realmente pudo acabar goleando, cuando quien más quien menos pensaba en el descanso en una derrota con dignidad.

Velada inolvidable, agradecimiento eterno a la familia Bengoechea. La magia y los factores esotéricos que se produjeron en el estadio claramente se propagaron por todos los rincones y hogares merengues del mundo, y tras esa bendita media hora de locura se declaró una paz interior y todos esbozamos una sonrisa de satisfacción que aún ahora, veinte horas después, es imposible de borrar.

El Madrid, damas y caballeros, lo ha vuelto a hacer. Una vez más. Alma y Grandeza.

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