Las mejores firmas madridistas del planeta

¿Y si el pasillo lo hace el Madrid? Al Atleti, digo…

Preguntado después de palmar en San Mamés si le harían pasillo al Madrid el domingo en su Wanda, el racial defensa uruguayo José María Giménez de Vargas, del Club Atlético de Madrid, dijo solemnemente que felicitaba al campeón… “pero respetamos mucho a nuestra afición”. Como rotundo no fue, cabe sospechar que respetar a su afición supone que no habrá pasillo. Y se deduce que no le gustaría un pelo. A la afición y puede que tampoco a Giménez.

Oigan, en su casa, cada uno…. Ya se sabe. Pero el muchacho estuvo tímido. Yo hubiese sido más directo y fulminante. A la pregunta: ¿pasillo al Madrid?, esta respuesta: “Que se lo hagan Florentino, el staff técnico de La Galerna y los hijos de Marcelo”. Por ejemplo. Eso, vale. Porque hablar de respeto a su afición un futbolista del Atleti esta temporada… A ver si va a resultar que el mayor éxito de Giménez y cía va a ser eso: negar el pasillo al Madrid.

Respetar a tu afición, no sé, quizá, podría ser no recibir al eterno rival a 20 puntos, 20, en la clasificación:

81-61. Parece un Madrid-Maccabi. No haber caído en octavos de la Copa del Rey (2-0 en Anoeta). Y a la primera en la Supercopa (2-1 con el Athletic, allá en Arabia). Haber ganado un partido, ¡uno!, de local en la Champions. Oporto, Liverpool, Milán, United y City: con ninguno pudieron ante la afición a respetar. El colchonero medio puede que estuviera más contento de haber recibido ese respeto deportivo que aquel otro, consistente en ponerse de culo ante el eterno campeón. Perdón: eterno rival campeón.

A ver si va a resultar que el mayor éxito de Giménez y cía va a ser eso: negar el pasillo al Madrid.

Visto el desempeño del Atleti esta temporada pregunto si lo suyo sería que fuera el Madrid quien hiciera el pasillo. Ganar la Liga tiene mérito. Bueno, menos si lo hace el Madrid. Lo sabemos. Pero parece más meritorio firmar la hoja de servicios de Giménez y colegas este curso. Mucho más ‘pasillable’, dónde va a parar...

Liga, Copa, Superliga, Champions… Detallada está la cosa: sólo se le resiste el Barça que incluso le supera, pues palmó en las mismas competiciones que el Atlético más la Europa League. Sí, sí: el curso debería cerrarse con un Atlético-Barça aprovechando que no hay Mundial hasta noviembre. Bien presentado, los árabes también lo comprarían. Segurísimo. Rubi&Geri deberían moverse ya. El gancho es único. Ahí es ‘ná’ el partido más histórico de la Historia vistas las trayectorias de ambos contendientes: perderían los dos. Se volverían locos los jeques. ¡Lo nunca visto!

Buenos días. ¿Cómo se pasa de la resaca a los nervios? Las celebraciones ligueras, tan gratificantes, aún se dibujan bajo nuestros párpados si cerramos los ojos, pero nuestro espíritu sabe que debe estar presto para la lucha del miércoles ante el City. Llegados a este punto, al cual no esperaban arribar ni los más optimistas del lugar, hay que coronar la temporada y convertirla en una de las más exitosas de toda la historia del club. Para ello hay que eliminar pasado mañana (¿ya?, sí, ya) a los de Pep, tarea hercúlea donde las haya.

Inevitablemente, sin embargo, los fastos ligueros nos causan aún gran algarabía interna, y las reacciones ante el éxtasis de Cibeles deben todavía ocuparnos. Nos gusta mucho la portada de Marca, la cual amplifica el impacto de la foto que ya es icónica: la de Carlo Ancelotti con gafas de diseño fumando un puro junto al gang brasileño (al que pertenece el austríaco Alaba, por supuesto) en lo más alto del cielo, es decir, el autobús del Madrid que recorrió Castellana camino Cibeles para recabar los vítores de -se dice- unos 250.000 madrileños. Qué atardecer más bello, amigos nuestros.

 

"La felicidad es la mejor manera de preparar la remontada", suelta Carlo, y la frase tiene loco al panenkismo, que no encuentra esa flecha en el gráfico. La foto, sin embargo, ha gustado mucho a todo el mundo.

¿A todo el mundo? No. De igual modo que la aldea gala de Asterix resistía heroicamente el asedio de los romanos, así la mente fatua del Lobo Carrasco se resiste a aceptar el menor atisbo de joie de vivre y sentido del humor. En el fondo, tiene sentido que un señor que suele usar chaquetas tan horrendas sea inmune a la clase. La combinación de falta de estilo y antimadridismo cerril movió anoche en El Chiringuito al inefable Lobo a buscar una pega a la celebración liguera de los blancos, en una más difícil todavía de estomagante buenismo de todo a cien. Cuando mezclas barcelonismo recalcitrante y dogmatismo de chichinabo con un afán aleccionador que sería la envidia de la Srta. Rottenmeier, te sale esto.

Ay que nos da, amigos. Ya no saben qué decir, literalmente. Ya no saben qué pega poner. Cibeles no conduzcas, como decía el chiste fácil que décadas ha parodiaba un famoso anuncio de Stevie Wonder, pero tampoco fumes. Ni siquiera si solo es un puro de los que se fuma en una boda hasta el que no ha fumado en su vida. Ni siquiera si el que se lo fuma es un deportista (sí) retiradísimo de la práctica del fútbol. Si metes en una probeta 6 mililitros de antimadridismo sarraceno y 7 mililitros de hipocresía supina de monja ceñuda, te sale el Lobo Carrasco, un pelma de manual, un pomposo y cargante perdonavidas que se recuerda a Thierry Henry (ay que nos vuelve a dar) y que dice que un tipo que es la sensación del fútbol mundial (Vinicius Jr.) puede aspirar a llegar a su altura (a la del Lobo). El mensaje ha calado hondo en Vini, que desde su más tierna infancia allá en Brasil soñaba con emular al Lobo aun sin tener ni la más remota idea de quién era. Gracias, Lobo, gritaba ayer Vinicius, desde lo alto del bus madridista, por otorgarme la posibilidad de llegar algún día a tu altura, que es mucho mayor que la del autobús, que es mucho mayor que la del cielo, que es mucho menor que la de los pedantes más intragables.

As, por su parte, nos trae el rostro exultante de Karim ante las masas vikingas en Cibeles. De lo que no hablan As y Marca, seguramente porque aún no ha concluido, es de la reunión entre la directiva del Atlético de Madrid y el Frente Atlético para decidir si emiten un tuit felicitando al Real Madrid por el título de Liga (del pasillo ni hablamos, que ya ha dicho Giménez que no toca). No, hablamos solo de un tuit, pero no parece fácil que los cabecillas del Frente Atlético vayan a dar permiso a Cerezo y Gil Marín para que emitan dicha felicitación. La reunión comenzó ayer a media tarde y aún no se han levantado de la mesa de negociaciones. Hay una tímida intención por parte de ciertos directivos (no diremos su nombre por no poner en riesgo su seguridad personal) por felicitar al Madrid, pero los hinchas atléticos no parecen dispuestos a que ese sector blando del club colchonero se salga con la suya.

Así está el Madrid, amigos. Todo mal. Normal, por tanto, que no le concedan ni pasillo ni tuit, y ni tan siquiera la pequeña frivolidad de fumarse un puro.

Seguiremos informando...

Por su parte, la prensa cataculé sigue a sus cositas.

Pasad un buen día, campeones.

 

Soy el más grande. Me lo decía a mí mismo incluso cuando no sabía que lo era”, Muhammad Ali.

Las primeras ligas ganadas que recuerdo fueron las últimas de la Quinta del Buitre, pero en la vida toda victoria extendida pierde valor; al punto de no celebrar prácticamente el triunfo. Tuvieron que pasar más de 30 años para darme cuenta que nadie más ha vuelto a emularnos. Ni si quiera se han podido acercar a nuestra marca. Ganar cinco ligas seguidas con ese nivel de fútbol, con esa altiva superioridad a día de hoy en una competición como la española es prácticamente una quimera.

Pero llegaron tiempos de infortunio en el reino, nuestros enemigos nos estaban esperando mientras surcábamos el mar para viajar a aquella isla maldita. El lugar donde nuestros peores demonios salieron a la luz. El fin de la Quinta del Buitre fue la jugada en la que Sanchís hace una cesión desde el medio del campo a Buyo y este corre con una gorra absurda bajo el sol y la algarabia del público. Es tarde perdimos una generación de futbolistas única, una época maldita en la que estábamos perdidos.

Las primeras ligas ganadas que recuerdo fueron las últimas de la Quinta del Buitre, pero en la vida toda victoria extendida pierde valor; al punto de no celebrar prácticamente el triunfo. Tuvieron que pasar más de 30 años para darme cuenta que nadie más ha vuelto a emularnos

Séneca proclamaba que no hay viento favorable para el que no sabe dónde va. Los piratas nos robaron dos años consecutivos el tesoro, la perla blanca se perdió en un horizonte más próximo a una tragedia de Eurípides que a un cuento de Disney. Dura realidad a la que nos enfrentábamos en esos primeros compases de los años 90, donde acababan de nacer las retransmisiones de los domingos en Canal Plus. Donde mi yo niño deseaba acabar el infernal curso en aquel riguroso colegio de monjas para ir con mis padres en un coche sin cinturón de seguridad ni aire acondicionado durante más de seis interminables horas rumbo a esa villa castellana donde todos éramos del Real Madrid.

Porque a esa edad y en esa costa de adobe descrita con tanta destreza por Delibes solo importaban tres cosas: no ser culé, tener bicicleta y jugar bien al fútbol, porque no se contemplaba otra opción, porque durante los años 80 no había otra elección. Pero con el florecimiento descontrolado del Cruyffismo, cada verano nacía un nuevo traidor, al punto de empezar a equilibrase la balanza.

Las ligas de Tenerife se convirtieron en mi mayor desgracia personal en una época donde el fútbol ocupaba la única alegría. La cruel manera que tuvieron de ganar la cuarta consecutiva gracias al penalti que no quiso tirar Bebeto (nunca he entendido ese ensañamiento popular con Djukic), un impecable central yugoslavo que enfiló el camino del patíbulo solo, respirando hondamente antes de golpear sin fe y sin fuerza un balón que no era para él, sellando su cáliz eterno que le acompañará siempre, haga lo que haga.

Esa cobarde decisión supuso la cuarta liga consecutiva de aquel equipo de escuela holandesa que jugaba como los ángeles del cielo bajo la batuta de un asombroso jugador danés. El  dream team de Johan Cruyff. Un equipo al que envidié junto al Milan de Arrigo Sacchi.

Ancelotti Milan Maradona

No solo sufría sintiendo cómo me pisaban el estómago cada vez que estos dos clubes ganaban todo y nosotros caíamos funestamente durante dos temporadas seguidas contra equipos como el PSG de Ginola y Valdo, lo que más me dolía era ver cómo ganaban, y sobre todo anhelar tener los extraordinarios jugadores extranjeros con los que contaban en sus filas.

Gullit, Van Basten, Rijkaard, Koeman, Stoickov, Laudrup y Romario. No voy a recordar los nuestros... (y eso que siempre fui un defensor de algunos jugadores de esa época) como el rumano Gica Hagi, el cual reconoció haberse equivocado marchándose al Brescia.

Pero como dice don Rafael Nadal, “No creo que las cosas cambien por si solas, las tienes que hacer cambiar, y yo voy a  hacer lo posible por cambiar”.

Cuando perdemos algo nos encontramos a nosotros. Cada dificultad que superamos en nuestra historia forja un capítulo nuevo de nuestra leyenda blanca. Y eso nos convierte en el club que estábamos destinados a ser. Valdano prometió en una rueda de prensa como entrenador del Tenerife que un día nos devolvería lo que nos quitó; y lo cumplió.

Cuando perdemos algo nos encontramos a nosotros. Cada dificultad que superamos en nuestra historia forja un capítulo nuevo de nuestra leyenda blanca

Una vez aquí, se inventó un equipo con una de esas alineaciones cantadas de memoria durante años, es este uno de los conjuntos de nuestra historia con los que más he disfrutado. Su Real Madrid de diseño romboidal con dos diamantes de 5 y de 10 llamados: Redondo y Laudrup, dos principes de pelo lacio, salidos de un cuento de hadas de Chales Perrault, acompañados de la mejor pareja de ese año en la liga española: Zamorano y Amavisca; los cuales se entendían como los hermanos Derrick. Ambos defenestrados durante ese verano por club y entrenador, dieron un ejemplo de perseverancia y sacrificio.

Laudrup

Decia el jugador de baseball Derek Jeter: “Puede que haya gente con más talento que tú, pero no hay excusas para no trabajar más duro”.

Luego llegaron las dos fastuosas ligas de don Fabio Capello, cada una ganada de una forma diferente y en épocas de una necesidad imperiosa de refundación. La de Schuster con pasillo culé incluida, la de los récords de Mourinho y la del covid.

Y hoy veo a otro italiano con una gorra blanca levantando la número 35, la que acabamos de ganar contra todo y contra todos; como siempre (intrínseco a cada trofeo levantado por esta entidad). Carletto es como la versión cool y cercana de Capello, serían algo así como el poli bueno, poli malo que llaman a tu puerta cuando estás haciendo ruido en casa. Pienso en el buen ambiente que existe en esta plantilla, y  de tanto pensar en estos jugadores que merecidamente ya han escrito un nuevo capítulo en nuestra historia.

Y hoy veo a otro italiano con una gorra blanca levantando la número 35, la que acabamos de ganar contra todo y contra todos; como siempre. Carletto es como la versión cool y cercana de Capello, serían algo así como el poli bueno, poli malo que llaman a tu puerta cuando estás haciendo ruido en casa

Eso me hace volver a echar la vista atrás, y ahí regreso de nuevo a mi pueblo, y veo que soy el niño que está sentado en el bar de la plaza mirando al televisor que está en lo alto del final del bar. Ahí, entre gritos y el sonido de la máquina tragaperras y el futbolin, veo regatear a Michael Laudrup, está haciendo su famosa croqueta antes de asistir al jugador que nunca estuvo desmarcado, para hacer la jugada que no existía, pero que él inventó. Guti arranca desde su propio campo sorteando contrarios sin velocidad, flotando por el verde, sin levantar la cabeza como el soldado que corre solo, un valiente que enfila la muerte sin mirar atrás, como en la película 1917 de Sam Mendes. Un genio que mientras soba la pelota lentamente diseña un balón que sale seco y medido, justo por el medio de un pelotón infranqueable.

Sigo mirando y veo a Vinicius correr por la banda izquierda como un rayo, y a su vez José Emilio Amavisca levanta la cabeza para poner un balón en las alturas, a mitad de área, donde un titán chileno se mantiene en el aire un segundo más que los demás e impacta un testarazo imparable. Míchel, desde la otra banda, sin ni siquiera hacerle falta driblar a nadie, ha puesto una pelota a Hugo, una pelota perfecta a la que solo él sabe llegar, adelantándose a todos con su picardía.

Guti

Militao imperial saca un balón imposible y se la da a Fernando Hierro, que arranca desde su área con la pelota controlada, dando enormes zancadas con sus piernas gigantes, galopando por encima de todo. Buyo ha volado de palo a palo como un gato,  y Courtois acaba de agarrar un balón inverosímil. Iker lanza un contrataque rápido a la banda de Roberto, este se recorre el campo entero para encontrar a Savio, que viendo el desmarque de Raúl le deja solo ante el portero para que se invente un nuevo aguanís, que hace que la pelota llegue lentamente a la línea de gol.

Figo está amagando en su banda, parece no tener salida porque dos mediocentros corpulentos se la están cerrando, pero increíblemente, sin saber nadie cómo, encuentra la forma de poner un esférico reposado a Morientes que remata de cabeza de manera poderosa.

Porque no es tanto conseguir el sueño, sino lograr ser el equipo en el que nos hemos convertido para intentar alcanzarlo

Kroos lleva la batuta del partido como un director de la orquesta de Viena, Gallego ha robado un nuevo balón y Casemiro ha tapado dos disparos que eran goles cantados. Sanchís manda salir a todos de su área, Michel Salgado sube su banda derecha como un toro, Carvajal está pintado de barro tras otro choque con un delantero que le saca cuatro cabezas.

Suker ha controlado un balón medido salido de las botas de Seedorf con la punta de la bota, y picándola luego al primer palo, su amigo Pedja se ha adelantado a los dos centrales para marcar. Robben corre y hace su jugada de siempre de dentro a fuera para dejar solo a Higuaín. Mahamadou Diarra entra a rematar ese córner sacado al primer palo como un trueno. Es la segunda volea de Ruud Van Nistelrooy hoy que golpea en un larguero que está temblando como las piernas de nuestro rival, el Bernabéu parece el coliseo romano.

Celebración gol Séptima

El buitre se ha parado en el área, el público contiene la respiración, decide dejársela a a nuestro líder silencioso de nombre Karim; el cisne blanco. Está bailando ballet en el mirador del área, ha girado sobre si mismo para quedarse solo, pero decide no tirar y cederle el balón de tacón a Jose Antonio Reyes, que ha visto un hueco imposible y acaba de marcar un golazo increíble pegando su disparo al poste desde 40 metros.

Somos campeones de Liga, somos el monstruo mitológico que desata tormentas de sangre, somos el muro, somos el terror que atormenta la imaginación de nuestros rivales, el rayo silencioso que se alza brillante en medio de una noche de lluvia.

Somos el lugar donde no es tan importante conseguir un nuevo titulo, un nuevo récord. Porque no es tanto conseguir el sueño, sino lograr ser el equipo en el que nos hemos convertido para intentar alcanzarlo.

Por eso somos el Real Madrid.

 

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Álvaro Paz es guionista y uno de los productores ejecutivos de La Leyenda Blanca, la exitosa serie de Amazon Prime Video sobre el Real Madrid.

Con una nueva Liga en el bolsillo, con mucha alegría y orgullo madridista, lo cierto es que miro de reojo a la Champions. Es injusto, lo sé. Debería celebrarlo por todo lo alto, pero no puedo evitarlo. No me conformo. Dos partidos nos separan para escribir una de las páginas más brillantes de la historia de este club, el más brillante de la historia. Sospecho que no soy un caso aislado, que hay muchos madridistas que comparten este mismo sentimiento. Probablemente esta exigencia desmesurada es lo que hace al Madrid tan grande, el mejor.

En las 50 primaveras que me contemplan he vivido siete Champions y 22 Ligas blancas, jalonadas de grandes, grandísimos momentos. Pero tengo la sensación de estar ante algo especial esta temporada. El equipo tiene un mérito gigantesco. Pocos hubieran dado un euro por ver a esta plantilla ganando con rotunda autoridad la Liga y en semifinales de Champions, tras un torneo con duelos épicos frente a los tres grandes petroleros de Europa: el PSG, el Chelsea y el City.

Con este título el equipo ha firmado una temporada sobresaliente que está a dos partidos de convertirse en matrícula de honor. Por eso no me conformo, por eso aspiro a redondear la faena

Ancelotti ha exprimido al máximo lo que tenía, los rescoldos de un equipo de leyenda que ha dejado, por ahora,  cuatro Champions —la primera de ellas firmada por el propio técnico italiano— en las vitrinas del Bernabéu. Lo cierto a mi juicio es que este equipo tiene no más de 14 o 15 jugadores con capacidad o disposición para jugar al nivel que exige vestir la camiseta blanca. Unos por unas razones y otros por otras, a veces incomprensibles y dolorosas, no están ya para formar parte de la plantilla del club más exigente del mundo.

Decían que el equipo no tendría gasolina, que Ancelotti cometía viejos errores, que no rotaba... Y ahí está el Madrid, con la Liga en el bolsillo y mirando al horizonte. El equipo ha conectado con la afición como pocas veces. Pase lo que pase quedarán ya en nuestra memoria para siempre las remontadas imposibles ante el PSG y el Chelsea, la ida maravillosamente loca ante el City y la segunda parte de ensueño frente al Sevilla en Nervión que sentenció la Liga.

Cuadra Fernández en el Sevilla, 2 - Real Madrid, 3

Con este título el equipo ha firmado una temporada sobresaliente que está a dos partidos de convertirse en matrícula de honor. Por eso no me conformo, por eso aspiro a redondear la faena. Las dos orejas y la puerta grande están aseguradas, pero se puede aspirar a cortar el rabo. Solo hace una buena tanda con la izquierda de Vinicius y que Benzema dé la estocada final,  hasta la bola. Es posible.

Sería el colofón perfecto y cinematográfico a una película que comenzó en Lisboa en el minuto 93 y que puede acabar en París. Se cerraría así un ciclo inolvidable con la ilusión y casi la certeza de que la próxima temporada, con un equipo muy remozado, se comenzará a escribir uno nuevo e ilusionante.

Siento no celebrar esta magnífica y meritoria Liga, pero quiero más, quiero el doblete histórico. Si se logra será algo extraordinario. Si no, entonces sí, celebraré esta Liga, la 35, como se merece.

 

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Mi oficina, unos cincuenta días al año, es una cabina de narración en un estadio de fútbol. Y, como todas las oficinas, las hay modernas, añejas, más añejas, destartaladas, a la última, de diseño o, directamente, imposibles. Pero todas mis oficinas tienen algo en común: son habitaciones con vistas, una ventana indiscreta con la que Hitchcock haría una saga. Desde esas cabinas, desde mi oficina, he visto y contado cómo el Madrid ganaba su Liga 35 con una autoridad pasmosa, con brillantez a veces, con solvencia casi siempre y con ese gen competitivo que exhibió en Champions y paseó por los campos de España.

Como si de “El Juego del Calamar” se tratase, el Real Madrid ha ido superando pruebas mientras veía a sus rivales caer. A varios los empujó directamente al precipicio. En Sevilla, en Barcelona, ante los diez segundos de la tabla. Porque el primero, desde la jornada 3, fue el Madrid. Liderazgo que no soltó jamás. Un campeón que, como Rocky, siempre se levantó. ¿Recuerdan la cara de Apollo cuando Balboa se incorporaba una y otra vez tras besar la lona y pedía más? Pues esa es la cara esta temporada de los rivales del Madrid.

Rocky

Ha sido la Liga de encontrarnos, otra vez, en los estadios, la Liga del regreso de las aficiones. Tras diecisiete años en Real Madrid Televisión me sigo sorprendiendo de la fidelidad y pasión madridista que encuentro. Muchas veces, de hecho, me parece que es demasiado, que no puede ser cierto que miles y miles de personas esperen horas en aeropuertos para unos segundos de contacto con los ídolos, tardes enteras en hoteles para apenas un instante de completa felicidad. Sigue pasando y sigo maravillado con la escena.

Mi oficina es extensible, incluye cabina, avión, hotel y ciudad, la que sea, en la que juegue el Madrid. Y no hay viaje sin el cariño de los madridistas, incluso en esos lugares en principio más hostiles, esos en los que ser del Madrid es más difícil.  No existe un lugar en el mundo sin madridistas, comprobado.

Mi oficina, unos cincuenta días al año, es una cabina de narración en un estadio de fútbol. Y, como todas las oficinas, las hay modernas, añejas, destartaladas o, directamente, imposibles. Pero todas tienen algo en común: son habitaciones con vistas, una ventana indiscreta con la que Hitchcock haría una saga

Esta ha sido la Liga del regreso al Bernabéu, un estadio en transición, veterano y novel, que crece hacia el cielo y el subsuelo en una obra tan imposible de imaginar como maravillosamente real.  Es, directamente, acojonante lo que está sucediendo allí, “Erase una vez…el Santiago Bernabéu”. Este año hemos visto nacer y crecer un estadio de fútbol, en nuestra cara, cada semana.

Y luego, claro, el equipo. Uno por el que pocos apostaban, al que muchos daban por finiquitado sin apenas haber asomado la patita. Un equipo que empieza en un portero que va a Rolex por arriba y a setas por abajo, una cosa bárbara de lo Courtois.  La consolidación de Militao, capaz de despejar más dudas que balones, la aparición del canterano Alaba ( a ver quién es el guapo que niega ahora que David lleva toda la vida en este club, con su silla), el golpe de autoridad de Valverde, jugador capaz de algo tan difícil como que le cambien a uno el mote, ya con la vida avanzada. Kroos, que tiene clase hasta pasando los controles de seguridad de los aeropuertos…

Celebración Madrid Espanyol

Desde mi cabina he pensado cómo será el fútbol sin Modric y, cuando ya le echaba de menos, resulta que…ya veremos…igual… Y cada campo, cada afición, la nuestra y la rival, aplaudió a Luka sabiendo que es y será, siempre, “Uno de los Nuestros”.  Y qué me dicen de Vinicius, siempre en la diana de los antis o los vinagres, una bestia competitiva que piensa que, si no es ahora será luego y, por lo tanto, siempre lo intenta. Clave, decisivo, vital.

Y tantos goles como partidos le canté a Karim, qué bestia. El ídolo barbudo, el líder tranquilo, el jugador total. Un futbolista que ha puesto de acuerdo a un universo tan dispar como el del fútbol. Benzema nos y les unió, adiós al debate.

En esta Liga volvió Ancelotti para hacer historia. Para empezar, la suya propia, ganando el título en los cinco campeonatos más importantes de Europa. Y sin alterar más músculo que el que levanta su ceja izquierda, aportando algo tan complicado como la normalidad a un mundo claramente disfuncional.

Desde mi cabina he pensado cómo será el fútbol sin Modric y, cuando ya le echaba de menos, resulta que…ya veremos…igual… Y cada campo, cada afición, la nuestra y la rival, aplaudió a Luka sabiendo que es y será, siempre, “Uno de los Nuestros”

Además de un tipo normal y disfrutón, Carletto es un excelente entrenador que asume y corrige errores, que te cuenta cosas en sala de prensa y otras mejores fuera, un míster que es el fútbol que nos barrió en los 80, por cierto. Bravo, Carlo.

Para este viaje hacen falta buenas alforjas. Las mías son mis compañeros de RMTV, los que me sostuvieron en los malos momentos (que los hubo), no me dejaron caer y me ayudan cada semana. Tener grandes compañeros en el trabajo es un tesoro, formar una familia que se cuida y se protege no tiene precio, encontrarse con personas como José Luis Morales es como hacer terapia, cada día, cada minuto. Si para Hemingway “París era una fiesta”, para Moralitos la vida lo es. Y eso, amigos, es algo que se contagia. Gente vitamina, lo llaman ahora los modernitos. Gracias a todos.

En fin, una Liga más, bendita rutina.  El año que viene a ver qué oficina me toca…

 

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¡Buenos y campeones días! No por esperada ha sido menos celebrada. La Liga número 35 del Real Madrid ha abierto las esclusas donde los madridistas embalsamos la alegría y ha manado con todo el potencial acumulado de esta temporada y de la anterior, cuando se nos birló el título y por consiguiente la posibilidad de celebrarlo. Como diría Pazos en Airbag: “A los hechos me repito”, la prueba es la cantidad descomunal de aficionados que tomaron las calles, principalmente desde el Bernabéu hasta la Cibeles, para festejar con el equipo el campeonato liguero. Había —y hay— muchas ganas de celebrar.

Portada Marca

Marca estima en 250.000 personas (en pesetas más de 41 millones y medio) el número de hinchas que se agolparon alrededor de Cibeles. Perdón… disculpad, hemos tenido que dejar de escribir un instante porque nos hemos emocionado recordándolo.

Tras mentar a Marca, abramos un paréntesis para los diarios catalanes.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

En Sport cuesta localizar la información del título liguero del Madrid. Mundo Deportivo es cierto que le dedica bastante espacio, pero una franja roja atraviesa la portada que irremediablemente atrae nuestra atención: “El Barça de fútbol sala, a por su cuarta Champions ante el Sporting (17:00)”. Nos recuerda tanto a aquel “Valverde da el OK a Bellerín” del día siguiente a la consecución de la Duodécima. Gracias por las risas.

Pero hagamos flashback y volvamos al comienzo de la tarde de ayer, que poco antes del partido se tornó ligeramente tormentosa, pero al iniciarse el encuentro frente al Espanyol abrió y pudimos observar a los Lunin al sol. Nos alegra especialmente esta Liga por el portero ucraniano del Real Madrid y los suyos. Tal vez Rafa Nadal, ovacionado hasta el éxtasis al hacer el saque de honor, obrase el milagro de restaurar el buen tiempo, aunque algún descreído responsabilice a la primavera y a su naturaleza. Bajo ese sol —el del Bernabéu, no el de la Toscana—, Ancelotti dispuso un once condicionado por la vuelta de Champions frente al City. Vallejo se desenvolvió con suficiencia pese a su casi nula presencia en toda la temporada, pero quien se adueñó del partido —y de parte de la afición— fue Dani Ceballos. Masterclass la del utrerano: técnica, táctica, física y testicular. Camavinga hizo lo propio, incluso acabó jugando de central, pero Eduardo ya nos tiene ganados a todos, y para terminar de hacerlo, se destapó hablando en español mejor que muchos de nosotros. No nos hacemos una idea del jugadorazo que tenemos.

Más allá del juego, quien se encargó de lo más importante, es decir, de los goles, fue Rodrygo, que termina la temporada como un tiro. Tras uno de los goles del brasileño, la tarde nos regaló la primera de las imágenes que guardaremos siempre en el álbum que alberga nuestra retina: el abrazo sentido entre Marcelo y Modric. Perdonad, nos vuelve a asomar una lagrimita.

Abrazo Modric Marcelo

Asensio se encargó de ampliar la ventaja. Incluso cuando marca con la derecha y no desde lejos se las apaña para dotar de una estética a sus goles asombrosa. Y para el fin de fiesta Carlo hizo entrar al campo a los Benzema, Kroos, Vini, etc. y claro, no pudieron evitarlo, les sale solo: asistencia del brasileño y gol de Karim. 42 goles en 42 partidos. ¿Recordáis cuando decíamos que las cifras de Cristiano y Messi eran irrepetibles?

No faltó quien puso el grito en el cielo porque Ancelotti diese minutos a estos futbolistas y no los guardase envuelto en papel film en el banquillo, o en una caja fuerte, pero Carlo sabe algo de esto, entre otras cosas que los futbolistas son personas y como tales están dotados de una parte anímica y emocional tan importante como la física y técnica. De nada sirve mantener intacto a un jugador si le privas del disfrute que necesita para seguir adelante y dotar de sentido a su profesión.

No obstante, no era de extrañar, Ancelotti lleva toda la temporada escuchando que no tiene ni idea de entrenar o directamente que es un negligente. Seguro que es fruto de la casualidad, pero con el título de ayer se convierte en el único, “the only one”, entrenador que ha conquistado las cinco grandes ligas europeas. Y sin montar pollos ni inundar pizarras gigantes con flechitas. Tal vez sea eso lo que moleste de él.

Ancelotti the only one

Al acabar el partido, Marcelo y Benzema subieron al palco a recibir la copa que simboliza la victoria en la Liga. En ocasiones anteriores, Rubi entregó el trofeo en el campo, a la vista de todos, sin nada que ocultar, pero en esta ocasión prefirió mezclarse con el resto de autoridades, bajar la luz, y entregar la copa casi de incógnito. Pero sin gorra, eso sí.

Y luego la fiesta, ya sabéis. No faltó la silla de Alaba ni el manteo a Ancelotti.

Alaba silla 35 Ancelotti manteado

Aquí también a algunos les pareció mal que los futbolistas celebrasen el título con sus familiares en el césped. A otros también les chocó que la gente abandonara el campo para ir a celebrarlo a Cibeles. Sobre estos asuntos tampoco vamos a decir mucho más, sabemos que hiciesen lo que hiciesen habrían sido criticados. Hay opiniones para todos los gustos. Sin olvidar que existe un gran número de antimadridistas y muchos madridistas vinagres. A ellos todos bien se les podría dedicar la rima de esta Liga.

Y al bus y a Cibeles. A Courtois tuvieron que tumbarlo en el suelo para que no fuese derribando los puentes del trayecto con la cabeza. El resto lo celebraba en la azotea del vehículo. Ancelotti bailó con Vinícius. Carlo era Travolta; Vini, Uma Thurman; y sonaba You never can tell.

Ya alrededor de la diosa, Lukita, con 36 años y el alma llena de Champions, nos regaló un rostro embargado por la emoción como si fuese un niño que nos atravesó el corazón. Carlo, que además de ganar torneos, levantar dejas y bailar también canta, tomó el micro y alentó a las masas. Como además suele saber lo que se hace y ya conoce los códigos del club, no olvidó movilizar a la afición para el próximo miércoles.

El atardecer en Madrid era para ponerlo un marco y colgarlo junto a la foto de tus padres que tienes en el salón de casa. Seguro que Gento, don Paco, observaba desde arriba con los ojos vidriosos. En ese escenario Marcelo se encaramó a la Cibeles —ojalá que por penúltima vez—, le impuso la bufanda del Real Madrid y la besó. Disculpad de nuevo, ahora sí que nos embarga la emoción, la Caja Rural y hasta el Ayuntamiento de Alpedrete, lloramos a lágrima viva. Cuánto te queremos, Marcelo, cuánto te queremos.

Marcelo Cibeles

Y la fiesta siguió como siguen las fiestas que tienen todo el sentido.

Se recuerdan pocas ocasiones en las que la comunión afición-Real Madrid fuese tan fuerte como lo es con este equipo. Tal vez no seamos conscientes de los momentos de felicidad y épica rebosante que ya nos ha regalado esta temporada. El miércoles tenemos que hacer una cosa mágica, y esa cosa mágica es ganar al City. Y también hemos de realizar algo más, dejarnos el alma animando al Real Madrid. Y nada más.

¡Disfrutad!

Portada As

Mientras escribo estas líneas el Real Madrid aún no es campeón de liga, aunque es previsible que lo sea mientras ustedes las leen. 35 ligas ya, Dios mío, cómo pasa el tiempo. El Madrid lleva ganando ligas desde que los mamuts abrevaban en el Manzanares en plena era glacial, y ya por aquel entonces su ribera estaba cuajada de Pedris tiritando. Un Pedri tiritando adorna mucho cualquier glaciación y es un complemento que no debe faltar en la decoración invernal de todo buen madridista: un Papá Noel con renos, un muñeco de nieve y un Pedri Tiritando al que cuando le acaricias la barriguita te canta un verso del “Sleigh Ride” de The Ronettes:

Our cheeks are nice and rosy and comfy and cozy are we.

(ring-a-ling-a-ling- ding-dong-ding!)

Y así ya sabes que ha llegado la Navidad y las pruebas del Madrid de Alevines.

El Madrid lleva ganando ligas desde que los mamuts abrevaban en el Manzanares en plena era glacial, y ya por aquel entonces su ribera estaba cuajada de Pedris tiritando

En fin, que el Madrid, como decía, tiene ya muchas ligas. Y ojalá esta sea la última que gana.

Me explico: a mí me gustaría que el Real Madrid ganara hasta el concurso de Miss Delaware Infantil, si es que eso fuera posible, y me gustaría que se siguiera celebrando una competición entre clubes españoles donde al vencedor se le da un trofeo, y que dicho trofeo lo gane el Real Madrid siempre, y que lo ponga junto con la foto de Florentino Pérez luciendo la banda de miss Delaware Infantil. Pero ojo al matiz: quisiera que existiera “una” competición de clubes españoles. Una. No “esta”. No La Liga Tebana.

Javier Tebas y Carlos Martínez

La Liga Tebana es una cosa muy extraña e incomprensible. Si tienen ustedes hijos y desean que pierdan su afición al fútbol y se enganchen a las drogas, no hay mejor método para lograrlo que obligarles a seguir la Liga Tebana. No confundir con la Legión tebana, compuesta por 6500 soldados que fueron masacrados por el emperador Diocleciano por negarse a perseguir cristianos. En la Liga Tebana, la del señor Javier Tebas, los masacrados somos nosotros, los aficionados a este loco deporte llamado fútbol.

A mí me gustaría ganar una liga donde las normas arbitrales no cambiaran de un partido para otro. Un elemento fundamental para disfrutar de un juego es conocer sus reglas. Un juego sin reglas o con reglas incomprensibles no es divertido; es injusto y frustrante. Los partidos de la Liga Tebana no son divertidos porque dan la impresión de que se juegan con reglamentos improvisados.

—¡Mano! ¡Penalty!

—Arbitro, ¿cómo que mano? Si me ha dado en el hombro.

—Porque en la Facultad de Anatomía y Buenas Costumbres del profesor Velasco Carballo, la mano empieza de cuello para abajo de toda la vida, y no me discuta, herr Kroos, que le mando al banquillo.

Pero, en la jornada siguiente, la cosa cambia:

—¡Mano, árbitro! ¡Eso es mano y penalty!

—De mano nada, según la última circular enviada por la Facultad de Metafísica Anatómica del profesor José Luis eso no es mano en ningún caso.

—¡Oiga, que Piqué ha cogido el balón cuando entraba a portería, se lo ha puesto debajo del brazo y ha salido corriendo!

—Pues ahí lo tiene usted: eso no es mano, es brazo. Y brazo involuntario además, pues el brazo, cómo miembro del cuerpo, no tiene potestad para decidir, es un ente no pensante y, por lo tanto, irresponsable de sus actos. Así que sigan… Y que alguien le traiga una mantita a Pedri, que el pobre chico está temblando.

—Pero si estamos a cuarenta grados.

—Uy, ¿detecto en su tono cierta hostilidad, señor Casemiro? Pues tarjeta roja y treinta y dos partidos de sanción, por listo.

A mí me gustaría ganar una liga donde las normas arbitrales no cambiaran de un partido para otro. Los partidos de la Liga Tebana no son divertidos porque dan la impresión de que se juegan con reglamentos improvisados

A mí lo que me ofusca de los arbitrajes de la Liga Tebana no es que perjudiquen al Real Madrid, que es un jardín en el que ahora no deseo meterme. Lo que me ofende es lo que don Santiago Hernán Solari llamaba la “discrecionalidad”. No es posible ni admisible que las normas cambien de un partido a otro. Eso no solo es injusto, también es cutre. Un arbitraje comprensible y coherente debería ser el pilar sobre el que se asiente cualquier competición seria. Ver partidos de La Liga Tebana es, a menudo, un suplicio inaguantable donde el resultado depende en gran medida de lo que pite un señor que debería ser virtualmente invisible durante 90 minutos. Un señor, por otro lado, al que le adjudican los partidos en base a criterios que nadie conoce.

Esa opacidad contamina la mayoría de los aspectos de La Liga Tebana. Nadie sabe quién designa a los árbitros ni por qué es necesario que el Comité que los dirige saque una circular nueva cada semana aclarando normas que deberían estar bien claras desde hace mucho tiempo. Nadie sabe en base a qué criterios se elabora el calendario de partidos, que a menudo no tiene ni pies ni cabeza. Nadie sabe por qué hay equipos que descienden administrativamente de categoría por culpa de deudas cuyo montante no da para comprar un piso en la Castellana, mientras que otros con una cifra de saldo negativo que podría equilibrar la balanza de pagos de Sudán del Sur campan a sus anchas por Primera División.

Cuadra Fernández en el Sevilla, 2 - Real Madrid, 3

A Solón, el sabio ateniense, una vez le echaron en cara que sus leyes eran como una tela de araña, pues en ellas se quedaban enredadas los pequeños e inofensivos insectos, pero que las peligrosas alimañas las rompían con facilidad. Parece que las normas de La Liga Tebana fueron redactadas con idéntico espíritu.

En esa tela de araña el Real Madrid es como la débil mosca que se ve atrapada entre sus hilos mientras las alimañas van y vienen en Xavineta, riéndose de la mosca por ser tan estúpidamente respetuosa con la tela de araña, que, a fin de cuentas, se ha tejido con el único objetivo de zamparse a la mosca y hacer que la araña engorde. A grandes rasgos, se parece bastante a La Liga Tebana.

Me alegro mucho de que el Madrid gane la Liga. Y lo celebraré con euforia porque uno, básicamente, se hizo madridista para ser feliz

Me alegro mucho de que el Madrid gane la Liga. Y lo celebraré con euforia porque uno, básicamente, se hizo madridista para ser feliz. También me enorgullece que el Madrid gane una competición en la que tantos factores se unen para entorpecer su victoria. Me enorgullece, pero también me agota. La épica es agradable hasta cierto punto: un pasaje de una ópera de Wagner es sublime, la ópera entera es un tostón. Alguien dijo una vez que una ópera de Wagner es una cosa que empieza a las 6.30 y que cuando tres horas después miras el reloj resulta que son las 6.45. Lo cual, por cierto, me recuerda a muchos de los partidos que se ven en la Liga Tebana.

El Real Madrid tiene 35 Ligas. Las ha ganado de toda índole y pelaje. Yo bendigo cada una de ellas, pero empiezo a cansarme un poco de las Ligas de la épica del “contra todo y contra todos.” Así que ojalá esta sea la última que ganamos en estas condiciones. Ya no quiero más Ligas Tebanas, lo que quiero son ligas justas.

En cualquier caso, mientras yo sigo aquí soñando con imposibles, les deseo un feliz “¡Hala Madrid!” a todos y paz a los merengues de buena voluntad. Que llega la primavera y la Cibeles tiene frío, así que habrá que abrigarla con una bufanda blanca.

-Courtois: Junto a Modric y Benzema, uno de los tres pilares principales sobre los que se ha sustentado el éxito de la Liga número 35. Amén de protagonizar algunas de las mejores y más decisivas paradas del año —sus actuaciones ante Sevilla o Athletic de Bilbao en el Bernabéu entran en el terreno de lo legendario—, cabe resaltar la sensación general de calma que transmite a sus compañeros, así como al conjunto de los aficionados. Su palmarés en el club aún (insistimos: aún) no resiste una comparación con el de Iker o hasta Keylor Navas, pero pocos entendidos se privan de señalar que el portero que hemos visto este año bajo los palos de los de Ancelotti es técnicamente, con alguna probabilidad, el mejor que jamás haya defendido la portería del Real Madrid. SOBRESALIENTE.

Las notas del Celta, 1 - Real Madrid, 2

-Carvajal: Ha terminado la temporada a buen nivel, pero no es ningún secreto que ha sido una campaña difícil para él. Las lesiones sobre todo (aunque también algunos momentos de baja forma, y su proverbial manera aturrullada de entender el concepto de la entrega) han dinamitado su rendimiento. Buenas prestaciones en los últimos partidos, alternando con Lucas Vázquez el puesto en el lateral derecho, y hasta probando en la otra banda o de central. APROBADO.

-Lucas Vázquez: Injustamente vilipendiado en las redes sociales, ha vuelto a demostrar que es el tipo de jugador poco lucido pero sumamente efectivo que necesita todo plantel que quiera ganar títulos. Sin ser especialista en el puesto, y a pesar de algunas limitaciones conocidas, ha resuelto la papeleta con eficiencia en muchas ocasiones en el lateral derecho, por ejemplo en el partido ante Osasuna, donde además marcó un gol propio del delantero que fue (también sentenció el Clásico del Nou Camp y marcó el de la tranquilidad frente al Getafe). Hay madridistas que odian verle en la plantilla. No es el caso de La Galerna. APROBADO ALTO.

-Militao: A pesar de algunas alarmantes muestras de laxitud, como las exhibidas en Nervión, he sido junto a Courtois el principal responsable del reducido número de goles encajado por el equipo. En la temporada ha ido de más a menos, pero sus descomunales dos primeros tercios le hacen merecedor del NOTABLE.

-Alaba: En su primer año, ha encajado como un guante, ganándose el cariño y la admiración de la afición por su calidad y dotes de liderazgo. Contra muchos pronósticos, la pareja que ha formado con Militao no ha tenido nada que envidiar a la mítica Varane-Ramos. Ha marcado dos goles en este campeonato, uno en Pamplona y otro majestuoso nada menos que en el Camp Nou, culminando con un gran zurdazo un contragolpe de manual. NOTABLE.

La silla de Alaba

-Mendy: Otro que ha ido de más a menos. Sin embargo, pocos laterales han sellado su banda en el Real Madrid como lo hace el francés con sus pétreas cualidades. Preocupa la frecuencia de sus lesiones musculares y sus largos tiempos de recuperación. APROBADO ALTO.

-Marcelo: Ha contado poco en la que será la última temporada del mito. Sus titularidades se han contado por sustos, pero hasta última hora ha dejado trazas de su inconmensurable clase con controles mágicos o centros marca de la casa. Le queremos muchísimo. Siempre le querremos. APROBADO.

-Nacho: Escasas titularidades por causa de la pujanza del dúo Alaba-Militao. Ha dejado interesantes aportaciones ofensivas, como su gol de estrategia frente al Granada o su fundamental tanto en el Pizjuán. APROBADO.

-Casemiro: Objeto de numerosas críticas, no ha completado su mejor temporada por haber andado siempre algo justo de forma. Sin embargo, su falta se hace notar increíblemente cuando no está. A su habitual empaque en el centro del campo ha unido una aportación ofensiva infravalorada, como su gol al Getafe o su asistencia a Benzema en el derbi del Bernabéu. APROBADO.

-Kroos: Deslumbrante en el inicio de la campaña, donde dejó constancia de su pertenencia a la elite de los mejores centrocampistas del continente en la última década, decayó después, lo que nunca perturbó la confianza de Ancelotti en su desempeño. Ha llegado muy cansado al no haber podido disfrutar de descanso en todo 2022 tras la recuperación de su pubalgia. APROBADO.

-Modric: Qué decir. Quien puede ser el jugador más querido de la era contemporánea del Real Madrid ha descerrajado la temporada de su vida rozando los 37 años. El croata ha honrado la camiseta como nadie, y lo ha hecho acompañando a su inigualable talento una renuncia a la derrota, una lucha a espuertas que son puro Real Madrid. Ha dado un recital tras otro y se ha marchado al banquillo, cuando le ha tocado, entre los aplausos de las aficiones más remisas a otorgar méritos al equipo blanco. Dijo Valdano que creía en la eternidad del Madrid más que en la eternidad del fútbol; nosotros creemos en la eternidad de Modric casi tanto como creemos en la del Madrid. MATRÍCULA DE HONOR.

El liderazgo fáctico de Modric

-Camavinga: La aparición más ilusionante que hemos visto en el Bernabéu, tal vez, desde la marcha de Cristiano. El conservadurismo de Carletto nos ha impedido disfrutar más de él, pero las maneras que ha mostrado cada vez que le hemos visto son apabullantes. Es de una exuberancia táctica, técnica y física impresionante. Si mejora en la gestión de sus faltas (en Pamplona ya logró aguantar casi todo el partido con una amarilla), el Madrid tiene crack para muchos años. Debutó con gol y marcó otro, sensacional e importante, a la Real. NOTABLE.

-Valverde: Al contrario que algunos de sus compañeros, ha ido de menos a más. Queda por dilucidar cuál es su mejor posición en el campo. Da gran solvencia y energía a un centro del campo excelente pero corto de fuerza. Le faltan boxes para ser un box to box, dos no son suficientes. NOTABLE.

-Ceballos: Prácticamente inédito hasta su gran partido en Pamplona. Una agradable sorpresa para muchos. Su partido frente al Espanyol que sirvió para certificar la Liga fue sencillamente magistral. Ojalá pueda seguir. APROBADO ALTO.

-Isco: De un abandono visualmente constatable ha pasado a aportar algunas pinceladas en los momentos en que se le ha visto. No lo suficiente para eximirle del SUSPENSO.

-Asensio: La eterna promesa que no termina de despegar. Actuaciones soberbias (resolvió el partido ante el Granada con un chutazo marca de la casa) junto a otras en las que desaparece por completo. Sobre los jugadores del Madrid suelen decirse muchos tópicos poco fundados. El que indica que a Asensio le falta carácter no parece ser uno de ellos. APROBADO.

-Benzema: Amadle y callad. Callad retrospectivamente, si es posible. MATRÍCULA DE HONOR.

Real Madrid, 2 - Chelsea, 3: Gloria al Madrid, hats off al Chelsea

-Bale: La historia más triste jamás contada, a pesar de que inició la temporada como titular y las cosas apuntaban a un último baile. Pero se lesionó en el primer parón de selecciones y cayó en la consabida espiral de molestias sospechosas. Todo indica que se convirtió en el mal profesional que le acusaban de ser, de tanto decírselo. Lamentable final (salvo sorpresa mayestática en Champions) para una leyenda del club. SUSPENSO.

-Vinicius: El niño (porque es un niño) que ha sido objeto de más bromas crueles y sin gracia por parte de adultos en la historia de Europa ha florecido, definitivamente. Ha sido el escudero perfecto de Benzema, con quien se entiende a la perfección, ha ofrecido muchas actuaciones memorables, ha puesto de pie al público, se ha vaciado por el equipo, ha aprendido a tomar decisiones allí donde tiemblan las piernas y ha marcado grandes y decisivos goles (Sevilla) y hasta dobletes (Elche). Es lo que nos contabas que era y más, Florentino. Enhorabuena y gracias por traerlo. NOTABLE ALTO.

-Rodrygo: Su tramo final de temporada es espléndido, incluido un doblete en la victoria frente al Espanyol, aunque ha brillado más en Champions que en Liga (tiene un idilio lúbrico con dicha competición). Es y debe ser intransferible. APROBADO ALTO.

-Hazard: Su infortunio continuo no permite calificarlo. Hubo algún tímido amago de recuperación que murió, en forma de nueva lesión o banquillo, nada más insinuarse. Este iba a ser el Madrid de Hazard. Todo lo que se ha hecho ha sido sobre la base de otro Madrid, improvisado sin él. Si se tiene esto en cuenta, el mérito del equipo se acrecienta. SIN CALIFICAR.

-Jovic: Su excelente actuación en Anoeta queda más como una anécdota que nos permite rascarnos la cabeza (¿qué sucede, cuando no es tan malo?) más que otra cosa. SUSPENSO.

-Mariano: No ha podido presentarse a estas calificaciones por culpa de unas molestias. Cada gol que marca (?) cuesta más que el gas ruso. SIN CALIFICAR.

-Miguel Gutiérrez: Disfrutó de tres titularidades —Sevilla ante el Betis y Bernabéu frente a Celta y Mallorca— adelantando a Marcelo, pero cayó en desgracia ante Ancelotti, parece que por su fragilidad defensiva. APROBADO.

-Vallejo: 7 minutos ante el Granada y una única titularidad hoy mismo, frente al Espanyol. Al menos se ha despedido con el partido del alirón y realizando un encuentro más que digno. SIN CALIFICAR.

-Blanco: Tan solo media hora ante el Mallorca. SIN CALIFICAR.

-Sergio Santos: 10 minutos en el Bernabéu frente al Mallorca no son piedra de toque. SIN CALIFICAR.

-Peter Federico: Presencias testimoniales. SIN CALIFICAR.

Ancelotti manteado

-Ancelotti: Ha desesperado a la parroquia por la escasez de rotaciones, pero hasta el más conspicuo de los haters tiene que admitir que le ha salido bien. Sus dos grandes méritos han sido asentar el rendimiento de Vinicius dándole su confianza (se vio desde el mismísimo comienzo de la campaña) y el modo en que recuperó anímicamente al equipo tras la debacle del 0-4 ante el Barça, que hizo saltar todas las alarmas. Ha tenido líder al Madrid en 33 de las 34 jornadas vividas. Los resultados subyugan los análisis. Se merece entrenar a Mbappé bajo el techo retráctil del mejor estadio del mundo. NOTABLE.

 

(Notas de La Galerna, comandadas por Alberto Cosín y Jesús Bengoechea)

Toda liga encierra incontables historias, aunque la conclusión más objetiva de la corriente coloca al Real Madrid como el mejor equipo de España con certeza. Cualquier alegación en contra induce el rechazo automático, pues la superioridad se ha manifestado desde la primera jornada sin apenas descuidos o debilidades. Esta competición refleja el carácter sostenido, la voluntad persistente, la constancia, en un juego siempre travieso, ocultador de accidentes inesperados. Así es el fútbol, cuya única vara de medir es la victoria, y al conseguir el título de Liga la temporada del Real Madrid nunca encierra un fracaso, sino el objetivo logrado.

Así me lo explicó Wayne Brabender antes de que fuera jugador de la primera plantilla, ya que el destino me condujo previamente a la selección nacional, en la que coincidimos. La Copa de Europa antaño y la Champions y la Euroliga hoy día significan el logro de la gloria inmediata, si bien aún es más esquiva que la competición propia. No hay más que echar un vistazo al palmarés del equipo de fútbol. El trofeo soñado se ha conseguido siempre en tacadas prodigiosas, 5-3-4, a excepción de la solitaria yé-yé, una extraña en este tipo de argumentación. Junto a la gran cantidad de ediciones celebradas, y que el Madrid sea el más laureado sólo con 13 de 65, explica —junto al razonamiento previo— la enorme dificultad de su obtención, el mérito sin par del Real Madrid y el ilógico de colocarla como objetivo único, a salvo de querer convertir la marcha del club en fracaso casi continuado.

Así es el fútbol, cuya única vara de medir es la victoria, y al conseguir el título de Liga la temporada del Real Madrid nunca encierra un fracaso, sino el objetivo logrado

Si Europa es el éxtasis, la Liga es el disfrute continuo, el sabor incomparable de lo habitual, casi cotidiano cuando se juntan las jornadas en una semana. El Real Madrid imbuyó en mi persona este deseo permanente de victoria, y me tomo muy mal cualquier derrota, de forma que tengo otra razón más para colocar la ligar en primer plano, y creo que no soy el único con este pensamiento. Los partidos ligueros han dado grandes tardes de gloria, y la presente edición se une a una de las más brillantes. El actual cuenta con jugadores artísticos, de genial ejecutar, a los que resultaría un placer hasta verlos como se calzan las botas, y que crean retazos sorprendentes en momentos sin importar la circunstancia.

Modric Rayo Vallecano

Sólo ver jugar a Modric, Kroos y Benzema justifica el pago del abono, ya que todos se armonizan con la perfección, con la sincronicidad, con la belleza de la ejecución en movimiento. También Vinicius es un jugador del que se espera lo impensable, aunque lo alterne con errores de bulto que compensa con los aciertos decisivos, con su bregar y su sonrisa que invita a la imitación.

Por estas y otras cuestiones —tampoco anido el ánimo de la exhaustividad— soy un gran seguidor de la Liga, de esos estadios envenenados para cualquier visitante, de esos domingos en el sillón disfrutando del Real Madrid con la mente en blanco. Me parece un acierto decidido que la afición y el club consideren la regularidad como un gran premio, pues el credo madridista que me enseñaron incluía la cláusula del esfuerzo diario, por la camiseta y por los aficionados. Y así es la historia de este club, el más laureado del mundo porque consiguió una enorme cantidad de competiciones nacionales. Y así debe seguir siendo.

 

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La 35ª es una Liga especial y que puede estar dibujando un cambio de tendencia en España. Hay que remontarse al trienio 2006-2008, con las dos seguidas ganadas a las órdenes de Fabio Capello y Bernd Schuster, para hallar un periodo tan fértil en la competición doméstica. Y a 2000-2003 para volver a encontrar otras dos de tres en el palmarés. El Madrid —siempre obsesionado por la Copa de Europa, motor del club, jugadores y aficionados, pero también sometido a lo que se ha dado en llamar “tinglado”, que le ha puesto cuesta arriba muchas Ligas dando a su vez un valor extraordinario a las relativamente pocas y demasiado esporádicas que ha conseguido conquistar en este siglo— vuelve a sentirse poderoso en nuestro país. Justo desde que hay VAR. La correlación es obvia. La causalidad, muy probable.

El Madrid vuelve a sentirse poderoso en nuestro país. Justo desde que hay VAR. La correlación es obvia. La causalidad, muy probable

Es más: esta Liga debería suponer la tercera consecutiva del Madrid, algo que no se consigue desde finales de los 80 con la Quinta del Buitre. Ni en estos momentos de felicidad puedo olvidar el bochorno del pasado campeonato, que también debió coronar al Madrid. La mano de Felipe, o la de Miranda, o aquel penalti de Gorosabel a Mendy, o el tirón de pelo a Marcelo, o el fuera de juego de Mariano en Getafe, o el arbitraje de Mestalla, o contra el Sevilla, o aquellos constantes y alucinógenos penaltis a favor del Atlético... demasiadas fotos sospechosas. Al Madrid, uno de los equipos de Europa que más pisó área, le lastraron con un saldo final negativo de 5 penaltis, 3 a favor y 8 en contra. El octavo peor bagaje de los 98 equipos que disputan las Grandes Ligas.

Casemiro penalti Osasuna

El año anterior, en ese tramo postconfinamiento en el que el Madrid conquistó la 34ª, sí le señalaron todos los que le hicieron, que fueron unos cuántos. Pero la ola de indignación que anegó España por la sencilla razón de que al Madrid le dieron lo que era suyo (que es la acepción clásica de Justicia) fue de tal calibre que lo pagó con infames arbitrajes la temporada siguiente. En esta recién conquistada da la sensación de que se ha vuelto a la ecuanimidad, que le dan y le quitan, como siempre debió ser. Es algo que también merece ser celebrado. Ganar es la razón de ser del Real Madrid. Pero no sentir que juegas con hándicap arbitral, como ocurrió durante los 15 interminables años finales de Villar y la pasada temporada, también es para ir a Cibeles a festejar.

Esta Liga se ha ganado, en primer lugar, porque el Madrid tiene de largo la mejor plantilla del campeonato. Queda muy lejos y suena ridículo aquello que se decía en agosto de que la del Atleti era superior, una boutade influida por el título recién conquistado por los del Cholo con la que muchos no comulgamos en ningún momento. Mirando hombre por hombre, titulares y suplentes, la comparación nunca se sostuvo. De hecho, simplemente tener a Benzema, Modric o Casemiro en tus filas desequilibraba ampliamente la balanza. Vamos a pensar que se dijo lo que se dijo por la euforia que acarrea la embriaguez.

Ganar es la razón de ser del Real Madrid. Pero no sentir que juegas con hándicap arbitral, como ocurrió durante los 15 interminables años finales de Villar y la pasada temporada, también es para ir a Cibeles a festejar

La explosión de Vinicius, que ya terminó fuerte la pasada campaña pero en esta ha adquirido madurez para elegir y ha pulido su calidad para definir, ha sido otro factor clave, además del rendimiento del incombustible Luka Modric, la pareja de centrales formada por Alaba y Militao, las extraordinarias actuaciones de Courtois y, por supuesto, el rendimiento, la magia, la clase, la regularidad y los goles del que debería sin discusión ganar el próximo Balón de Oro: Karim Benzema.

Benzema dedo erecto

A un gran nivel desde la primera jornada, con goleada en Mendizorroza, Ancelotti, que ha dirigido bien al grupo y ya es el único entrenador con las cinco Grandes Ligas en su vitrina personal, olió la debilidad en sus dos máximos rivales y decidió pisar a fondo el acelerador jugando habitualmente con un equipo tipo y renunciando a hacer rotaciones. Contra los augurios de tremendistas y catastrofistas, abrió brecha y la decisión no le pudo salir mejor. El equipo no sólo no se le cayó físicamente, sino que ha terminado la temporada como un tiro tanto en Liga como en Champions y ha sufrido menos lesiones que en temporadas anteriores, algo en lo que sin duda también entra en juego poderosamente el factor Pintus.

Se intenta vender la idea de que el Real Madrid ha sido el menos malo por la mala temporada del Atleti y espantosa del Barcelona, pero mirando los números, el Madrid proyectaría 90 puntos, que le habrían hecho campeón también en las tres últimas temporadas. Siempre se dice algo, siempre se minimiza, siempre hay un “pero”, que diría Carletto. Pero no debe el madridismo preocuparse por lo que digan sus enemigos, que en su desagradecido papel siempre van a intentar desacreditar sus triunfos constantes. Además, viven atenazados por el miedo de verle levantar la 14ª Champions, algo de lo que estuvo cerca hace un año y de lo que está cerca ahora.

Es hora de festejar que el Madrid ha vuelto a reverdecer sus laureles. Una vez más. A hacer lo que ha hecho siempre y lo que siempre seguirá haciendo. Lo que mejor sabe. Ganar

Es momento para celebrar (fugazmente, que esto no para) un título. El de la regularidad. El día a día en una Liga tan potente (porque se demuestra en Europa cada temporada) como la española. Un torneo que incluso cuando fructifique la Superliga el Madrid va a seguir compitiendo, pues es parte esencial de su historia y en toda la piel de toro hay madridistas que le quieren y merecen verle una vez al año en su ciudad. Es hora de festejar que el Madrid ha vuelto a reverdecer sus laureles. Una vez más. A hacer lo que ha hecho siempre y lo que siempre seguirá haciendo. Lo que mejor sabe. Ganar.

Y el miércoles hay que repetir. Benzema, todavía jadeante sobre la banda del Etihad tras terminar el duelo frente al City, nos dejó una frase que como el “pregúntate lo que ha hecho el Madrid por ti” de Arbeloa o el “90 minuti en el Bernabéu son molto longos” de Juanito, ya está en los anales de la historia del club. “Vamos a hacer algo mágico, que es ganar”.

Benzema cosa mágica ganar

 

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