COURTOIS: sin calificar. Apenas intervino, aunque hizo uno de sus paradones en una jugada previamente anulada por fuera de juego.
LUCAS VÁZQUEZ: bien. Muy activo por su banda. No para de correr cual conejo de Duracell.
VALLEJO: bien. Sólido en defensa, evitó un par de ocasiones claras del comandante Morales.
NACHO: muy bien. El jefe de la defensa, impenetrable por alto y por bajo.
MENDY: bien. Sobresaliente su primera parte, en la que marcó un golazo y a punto estuvo de repetir diana. Vuelve a ser el de sus mejores días. Indecisiones defensivas en la segunda mitad.
CAMAVINGA: notable. Pulcritud en la salida de balón y clarividencia en sus pases. Le sobra agresividad a veces, y eso le cuesta ver demasiadas tarjetas amarillas.
VALVERDE: imperial. Energía inagotable. Tres trallazos impresionantes con dos paradones de Cárdenas y un travesaño.
MODRIC: sobresaliente. 3 asistencias en el primer tiempo. Va a cumplir 37 años, pero inagotable en el esfuerzo y con más ilusión que un colegial. Estuvo a punto de marcar antes de ser sustituido.
RODRYGO: bien. Marcó un buen gol a pase de su padrino croata. Falló un par de ocasiones más, pero está muy en forma.
BENZEMA: de quitarse el sombrero. Lo que hizo en el quinto gol, volviendo loco al meta y obsequiando a Vinicius, mereció pagar la entrada al partido.
VINICIUS: matrícula de honor. Está como un cohete espacial. Supersónico. Su primer hat trick. El primero de ellos, muy de su cosecha. Precioso su tercero, a pase de Jovic. Además, asistió a la testa de Benzema con un pase preciso.
MARIANO: dispuso de alguna ocasión, pero sigue negado de cara a puerta.
JOVIC: asistencia a Vinicius en sus breves minutos.
PETER: aportó descaro sin eficacia.
KROOS: sin calificar.
GILA: sin calificar.
ANCELOTTI: muy bien. Planteó un magnífico partido de ataque, con presión adelantada constante.
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¿Por qué se dice que un partido no ha tenido historia cuando el Madrid arrasa? Lo que no hubo fue oposición. Historia hubo mucha. Muchísima. Para empezar, Benzema igualó a Raúl como segundo máximo goleador de la historia del Real Madrid. ¿Os parece poca historia? Es un guiño maravilloso del destino que Benzema iguale a Raúl en la temporada más raulesca del francés. Nadie, ni siquiera sus defensores más acérrimos, habían previsto que a su proverbial arte, en el tramo final de su carrera, uniría Karim una exhibición cotidiana de testosterona capaz de admirar al mismísimo Fary. No se conoce en la historia del fútbol de elite un florecimiento tan tardío. También es verdad que, ya antes de brotar, maravillaba a los botánicos más circunspectos.
ni siquiera sus defensores más acérrimos habían previsto que a su proverbial arte, en el tramo final de su carrera, uniría Karim una exhibición cotidiana de testosterona capaz de admirar al mismísimo Fary
El Madrid se divirtió y nos divirtió, probablemente in that order. A los veinte minutos, aquello ya olía a la goleada que habían principiado Mendy ejerciendo de delantero, tras recibir un pase de seda del inconmensurable Modric, y Benzema de cabeza a centro de Vinicius. Pero la goleada para entonces ya podía haber sido de escándalo. Apaciguado lo suficiente por la presencia de la Liga en el bolsillo, pero a la vez espoleado por la grandeza inminente del día 28 y su antesala, el coloso blanco atacó con velocidad, precisión y afán voraz. Solo un descomunal Cárdenas impidió que la cosa rozara los dos dígitos ya antes del descanso. Es difícil explicar a quien no haya visto el partido que un portero pueda haber lucido pese a haber encajado tantos goles, pero más misterioso aún es que a ningún periódico deportivo le importe el que Villar extraviara 117 millones en pagos en B a los árbitros, y sin embargo tal cosa se ha sabido como cierta sin que nadie reaccione.
El caso es que el marcador registró dos goles más antes del descanso (Rodrygo marca de la casa, adelantándose al portero a pase de Modric; Vinicius maniobrando sabiamente tras pase de quién sino del croata) y que Valverde obligó dos veces a lucirse a Cárdenas y al larguero. Sí. Dos veces a cada uno, porque en ambas instancias la paró el guardameta y luego se fue a la madera, con distintos grados de dureza. Valverde, a quien Ancelotti ya ungió en rueda de prensa como insustituible, va a ser el Steve Gerrard de la historia del Real Madrid. Lo escribió en estas páginas Paul Tenorio y tenía razón. ¿Veis? Eso también es historia, preñada de futuro pero historia.
Valverde, a quien Ancelotti ya ungió en rueda de prensa como insustituible, va a ser el Steve Gerrard de la historia del Real Madrid
Os dirán que el segundo tiempo no tuvo historia. Otra vez. Seguid sin creerles. Fue casi tan entretenido como el primero, con un Madrid desenfrenado en pos de una goleada antológica y un Vinicius que encaminó su hat trick después de aprovechar un minué de Benzema en una baldosa de la frontal del área pequeña que acabó con su pareja de baile —el pobre y buen Cárdenas— desencajado como si hubiese sido un perreo. Rodrygo erró también una vaselina después de atacar el espacio, como le recomienda su papá Luka, para recoger un balón de Benzema que era como la fruta del árbol de la ciencia del bien y del mal desprendida sobre el césped. El hat trick de Vini llegó tras recoger este un robo de Jovic y depositarla en la red con un toque cruzado después de ejecutar un eslalon virguero. Primer hat trick de Vini con la blanca. Historia.
Ya veis si hubo historia, y eso que no os he contado todo. Todo no puede contarse, y menos con este Madrid que es el aleph de todas las narraciones.
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El Mundo publicó ayer una exclusiva en la cual informaba de que la RFEF de Ángel María Villar hizo “pagos sin justificar” por 267 millones de euros. Para hacernos una idea, 267 millones de euros equivalen a los presupuestos sumados de Segovia, Ávila, Zamora y Soria para el año 2022.
Cualquier trabajador autónomo que deje de justificar —ya sea por error o adrede— unos cientos de euros en cualquiera de las relaciones trimestrales que mantiene con la administración sabe que tarde o temprano la espada de Damocles caerá sobre él con toda la fuerza de la ley. Sin embargo, quienes dejan de justificar 267 millones de euros no parecen tener ese problema.
Quien afirma que estos pagos no están justificados no es cualquiera, sino la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) en un informe entregado en la Audiencia Nacional. Estos hechos ocurrieron entre 2009 y 2017 y el destino injustificado de estos fondos recibidos de la Liga Nacional de Fútbol Profesional es diverso: más de 52 millones de euros para la “contribución al fútbol base”, más de 42 en “IVA devengado de los convenios de coordinación”, algo menos de 30 millones para la celebración de “Campeonato de España-Copa de S.M. El Rey”, casi 14 para “contribución del fútbol aficionado” o 12 millones y medio en “alojamientos, viajes, dietas, suplidos y cursos”. Y no existe documentación que respalde ni detalle los gastos
Pero hay una partida que es la más cuantiosa, la más importante y la más preocupante: 117 millones de euros en pagos a los árbitros sin que existan justificantes de ellos. Concretamente destinados a “honorarios de los árbitros, árbitros asistentes, cuartos árbitros y delegados informadores”.
Y aquí no ha pasado nada, oigan.
El periódico El Mundo publica que la Intervención General de la Administración del Estado afirma que se han pagado 117 MILLONES DE EUROS A LOS ÁRBITROS DE MANERA ILEGAL durante el mandato de Villar en la RFEF y la noticia no tiene eco en ningún diario deportivo. Ni siquiera en Marca, perteneciente al mismo grupo editorial.
El asunto huele mal en sí mismo, pero la omertà reinante hace pensar que la podredumbre es casi generalizada. Si la RFEF no tiene nada que ocultar, solo ha de aportar la documentación requerida y explicar estos gastos para dirimir si se trata de incompetencia o de corrupción.
La IGAE sostiene ante la Audiencia Nacional que ha solicitado en múltiples ocasiones esta documentación que justifique los pagos en cuestión y que no les ha sido facilitada. Es decir existen 117 millones (el presupuesto de Badajoz para 2022) en honorarios a árbitros de los cuales no se concretan el destino de las transferencias ni los beneficiarios de las mismas. No se sabe ni quién ni en concepto de qué cobró ese dinero.
La Intervención General de la Administración del Estado afirma que se han pagado 117 MILLONES DE EUROS A LOS ÁRBITROS DE MANERA ILEGAL durante el mandato de Villar en la RFEF y aquí no ha pasado nada, oigan.
Los árbitros ya estaban remunerados legalmente durante ese periodo, por lo tanto ¿qué objeto tenían esos 117 millones en sobresueldos ilegales? Como apunta el Portanálisis de hoy, tal vez sea hora de dejar de demonizar y llamar conspiranoicos a todos aquellos que llevan años preguntándose si era posible que Ángel María Villar fuese corrupto y que esa corrupción no se filtrara al estamento arbitral.
Por un lado tenemos al actual presidente de la RFEF, Luis Rubiales —que tampoco ha aportado la documentación requerida a la IGAE— que cobra más o menos en función en función de cómo clasifiquen ciertos equipos; hay jugadores como Piqué que ha negociado y comisiona por la organización de competiciones en las que participa como futbolista y como dueño de club; y ahora se destapan los pagos en B a los árbitros.
Es imposible evitar recordar aquellas elecciones de 2004 en las cuales Laporta rompió la disciplina de voto de la Liga para respaldar a Villar y de ese modo posibilitar que ganase las elecciones de la RFEF. Es imposible evitar recordar aquellas declaraciones de Godall (exvicepresidente del Barça) a la Sexta en las cuales reconoce lo anterior y afirma que gracias ello: “Pasamos una buena época de buena relación con la RFEF, de buena relación donde se cuece… digamos… los comités de árbitros, la competición, la Liga de fútbol”. Y, finalmente, es imposible evitar pensar mal, muy mal de todo este asunto.
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Buenos días. La portada de Marca viene con una punzada de admiración, otra de emoción y una tercera de incomodidad. Se trata de Marcelo, alguien a quien se le puede aplicar la palabra mito, la palabra leyenda, sin el menor temor de caer en la hipérbole. Aprovechamos para felicitarlo porque hoy cumple 34 años. Queremos tanto a Marcelo, podríamos (y tal vez podremos) titular el portanálisis de hoy, parafraseando el título de aquel cuento de Cortázar. Le queremos mucho. Mira, lector, el palmarés de Marcelo con nuestro club, donde llegó siendo un niño, y póstrate. Pero sobre todo mira dentro de tu propia memoria, escudriña en la cantidad de veces que te ha arrancado un suspiro extasiado con un gesto técnico sublime, un control sobrenatural o uno de esos centros milimétricos (aún los pone) a la cabeza de Raúl, Van Nistelrooy, Ronaldo Nazário, Cristiano Ronaldo o Benzema.
Recuerda cómo Marcelo cambió la Final de Lisboa emergiendo desde el banquillo como un león desenjaulado, cómo pasmó al planeta en todas las eliminatorias de la Champions que desembocó en Cardiff, cómo lo dio siempre todo por ti. No solo Marcelo ha reinventado la posición de lateral izquierdo -tomando para ello el testigo del irrepetible Roberto Carlos, pero haciéndolo a su manera, como Sinatra-, sino que ha inventado un género, una forma personalísima de entender el balompié, una forma cuidadosa, impecable, nítida de relacionarse con el balón. Marcelo es a la vez un ídolo de masas y un objeto de culto para los paladares más exclusivos.
No querríamos ser Florentino Pérez en estos días. Le toca el innegable marrón de reunirse con Marcelo para decirle algo parecido a lo que, según cuenta la leyenda, le dijo Bernabéu a Di Stéfano
Todo eso y más es Marcelo, que hoy llega a la portada de Marca en imagen reciente, abrazado a Cibeles en medio de la celebración por la última Liga, la que hace apenas unos días ganamos contra todo y contra todos. Son pocos los que pueden optar a encaramarse y besar a la diosa sin mancillarla, escasos los héroes cuyo currículum les permite estar ahí arriba sin que la ocasión les venga grande.
Marcelo es uno de esos pocos. Y sin embargo la imagen jubilosa que nos recuerda Marca viene acompañada por palabras inquietantes...
No es ninguna revelación. El propio Marcelo dijo ante las cámaras, en medio del jolgorio post-conquista liguera, que su deseo era seguir en el Madrid. Le queremos mucho, tanto como acabamos de expresar, pero no nos parece que una eventual renovación de Marcelo sea un movimiento conveniente, incluso aunque se baje mucho el sueldo. Es cierto que el modo en que ha encajado su suplencia en los últimos tiempos ha sido absolutamente ejemplar, pero aun así sigue sin encajar.
No querríamos ser Florentino Pérez en estos días. Le toca el innegable marrón de reunirse con Marcelo para decirle algo parecido a lo que, según cuenta la leyenda, le dijo Bernabéu a Di Stéfano. "Marcelo, quédate en el club. Quédate de lo que quieras. Te inventamos un cargo si hace falta. Quédate si quieres como esa figura intermedia entre la plantilla y la cúpula directiva con la que se especula desde hace años. Quédate de embajador, de directivo. De lo que quieras menos de jugador. No te hagas daño. Si te apetece, ve primero a China o Estados Unidos, juega allí y engorda el colchón financiero, y luego vuelve. Vuelve porque esta es tu casa. Vuelve porque el Madrid no se entiende sin ti. Pero ahora te ha llegado el momento de afrontar que jugar, lo que se dice jugar, no es algo que debas seguir haciendo en el Real Madrid. Te ayudaremos a dar el paso. Te organizaremos la madre de todos los partidos homenaje. Invitaremos para ese partido a una selección mundial con Cristiano, Messi, De Bruyne... A Mbappé no hará falta invitarle porque ya estará con nosotros. Te honraremos hasta que nos dé apuro honrarte tanto, no ahorraremos el menor gesto de amor y gratitud. ¿Te parece?"
No. No querríamos ser Florentino Pérez y tener que decir esas palabras, u otras muy similares. Estamos bien, estamos muy bien no siendo Florentino Pérez, a quien también queremos y a quien pedimos por el bien de todos una postura inflexible que nos romperá el corazón, a él el primero. No nos cabe en la cabeza la cantidad de cariño y agradecimiento que Florentino debe atesorar en relación a Marcelo.
117 millones desviados ilegalmente en honorarios a árbitros. A lo mejor ha llegado el momento de dejar de demonizar y llamar conspiranoicos a todos los que llevan años preguntándose si era posible que Villar fuera corrupto sin que esa corrupción se filtrara al estamento arbitral.
Por otro lado, el resto de las portadas del día vienen francamente aburridas. Y lo que es más llamativo: sin mención alguna al extraordinario escándalo de las últimas revelaciones sobre el villarato, que a pesar de ocupar gran parte de la atención de El Mundo, diario del mismo grupo editorial que Marca, Marca ignora en su primera plana. Como hacen todas las demás cabeceras, cabe añadir, eso sí.
El subdirector de El Mundo revela en este tuit la magnitud del escándalo al que la prensa patria, vaya usted a saber por qué (tal vez no tenga que ir muy lejos), no presta atención alguna. 267 millones en paradero desconocido, de los cuales 117 corresponden a honorarios "fantasmas" para árbitros.
117 millones desviados ilegalmente en honorarios a árbitros. A lo mejor ha llegado el momento de dejar de demonizar y llamar conspiranoicos a todos los que llevan años preguntándose si era posible que Villar fuera corrupto sin que esa corrupción se filtrara al estamento arbitral. A lo mejor ha llegado el momento de empezar a tomar en serio la posibilidad de que algunas competiciones durante el villarato no fuesen limpias desde el punto de vista arbitral. Sugerir eso, después de estas revelaciones, tiene que dejar de ser anatema.
El resto de portadas, bien sosas, os las dejamos también por aquí.
Pasad un bien día.
Un equipo burbujeante, volcánico y talentoso conquistó la sexta Copa de Europa madridista tal día como hoy de 1966. Con seguridad, la menos esperada; con probabilidad, la más meritoria por la juventud de unos jugadores inducidos por el destino a sobrellevar una responsabilidad olímpica. Un reto hercúleo para una plantilla novel que buscaba su identidad propia con el recuerdo de una época gloriosa sobrevolando el Bernabéu, flotando en la mente de los madridistas.
A Paco también le parecía un equipo repleto de dignidad, con jugadores de clase desmedida, alguno de los cuales tenían poco que envidiar, en este ámbito, a los mejores. Y los que carecían de esta virtud innata se acercaban a ellos por su entrega sin igual, su deseo incontenible, su voluntad de honrar un escudo con toneladas de responsabilidad, sólo apto para espaldas de gladiador y ánimo infatigable.
Proverbial, incomparable, fue el amor de este equipo a sus colores. Algunos de sus componentes dieron muestra durante y después de la pasión blanca que corría por sus neuronas y el corazón, el amor por un club que permanece y permaneció en el caso de los que se fueron. Personajes de un calado inabordable, de afectos sin cláusulas, imbuidos por el deseo de que perviviera la grandeza del club de su vida.
Fue el equipo de mi niñez, el que vi crecer mientras yo crecía, escuchando las fabulosas historias de mi madre que apenas me contaba cuentos. ¿Quién necesita a Andersen o a los Hermanos Grimm cuando tiene una juglar enamorada del Real Madrid y de su hermano? Quizás por eso, en seguida abandoné a Hansel y Gretel para leer historias para niños de los trabajos de Hércules y de Jasón y los Argonautas, a los que mi mente vestía de blanco.
Un equipo burbujeante, volcánico y talentoso conquistó la sexta Copa de Europa madridista tal día como hoy de 1966. Con seguridad, la menos esperada; con probabilidad, la más meritoria por la juventud de unos jugadores inducidos por el destino a sobrellevar una responsabilidad olímpica.
Por si fueran pocas las dotes homéricas de María Antonia, una aedo en la noble Castilla, los veranos con mi abuelo y tíos futbolistas me daban otra versión diferente de los hechos, más apegada al césped, al olor a linimento, a los viajes en aviones de hélice cuyos baches dejaban la comida pegada en el techo y a Alfredo Di Stéfano jurando en porteño.
Siempre me pareció que aquel equipo del 66 se emparentaba con el de las cinco Europas. Amancio era tan bueno como Kopa y viceversa, falsos jugadores de banda, que, a la mínima oportunidad se infiltraban hacia el centro en busca de la portería. El primer gol de la final explica lo que cuento, sublime por rapidez y sutileza. Di Stéfano no pudo tener sucesor más apropiado que Grosso, infatigable y goleador, un hombre hecho de una pieza que portó el 9 con la nobleza que requería la sustitución de un mito.
Podría seguir con una relación de todos y cada uno de ellos, inmensos en su afán, inmortales en la memoria madridista. El pundonor certero y afilado de Pirri; el cañonazo de Serena en la final; la exquisitez precisa de Velázquez, la entrega desgarbada y eficiente de Zoco, etc. Ya vendrán ocasiones de individualizar a los héroes del decenio sesentero.
De la entidad de su hazaña da testimonio su enfrentamiento con el Inter de Milán, verdugo de la última final del Madrid de Di Stéfano, doble campeón en los años previos, el coco de Europa a las órdenes de Helenio Herrera. En el partido de ida en el Bernabéu, los yé-yés se exhibieron con una primera parte bulliciosa, cercadora, plenas de precisión e ímpetu ante un campeón contra las cuerdas. Sólo la lesión de Betancort al comienzo de la segunda recogió al equipo para salvaguardar el gol impetuoso de Pirri, tras un centro de Paco Gento que intentaron impedir tres defensas interistas. Tal era la importancia que Herrera daba al capitán, tal era la obsesión por el cerrojazo que cambió el fútbol.
Aún fue insuficiente para unos jóvenes encorajinados, poseedores del espíritu del club, empecinados en escribir su propia historia. El partido de vuelta en Milán fue la inversión del previo. A excepción de los primeros minutos del partido, descarados, desafiantes del poder establecido, el Real Madrid presto a subirse a las barbas de quien fuera. Así cristalizó uno de mis primeros recuerdos televisivos, cuando Amancio marcó el gol que los puso por delante y mi madre lanzó un grito que alertó a los vecinos y rompió el sueño de mis hermanos menores. Cuando Paco se enteró del sucedido familiar, esbozó una amplia y silenciosa sonrisa de orgullo por su hermana, la seguidora más leal, duradera y sin condiciones que tuvo jamás.
¡Gloria eterna para el Madrid de los Beatles!
ANTERIORES ENTREGAS DE HISTORIAS DE PACO GENTO (TEOGONÍA MADRIDISTA)
Hola a todos. La actualidad de la jornada, en medio de esa calma tensa que nos espera hasta la llegada del día 28, donde disputaremos con un equipo histórico como el Liverpool la posibilidad de lograr la Catorce, gira en torno a fichajes y no fichajes, siendo el de Rüdiger el que centra la atención de las portadas en la primera categoría, y Haaland el que copa todos los comentarios en la segunda.
Mientras el excelente defensa alemán está hecho, y se encontrará a las órdenes de Ancelotti a partir de junio, las esperanzas de fichar a Erling el Motosierra se han desvanecido por completo y estará a las órdenes de Pep, como cuatro meses atrás ya predijo Jesús Bengoechea en estas mismas páginas. Lo de Rüdiger es un indiscutible fichajazo que, en combinación con sus compañeros de línea ya presentes, arroja la sensación de defensa blindada contra todo riesgo. Lo de Haaland, lo de no-Haaland, es en cambio un desenlace que no por previsto deja de ser un bajón.
El caso es que las portadas madrileñas coinciden en ponderar con toda justicia la llegada del portentoso defensa del Chelsea, y minimizar en cambio la no-llegada del (no menos brutal) asesino en serie de los fiordos. Casi hasta nos llama la atención tanta predilección por lo positivo por parte de la prensa nuestra de cada día, tan animada en general a la búsqueda del sensacionalismo más lúgubre y la anécdota desfavorable frente a las buenas noticias. Habrá que dar las gracias o yo qué sé. Ya no sabe uno qué hacer con estos cuatro jinetes del Apocalipsis que tratan de cabalgarnos desde hace ya casi 7 años (nuestro cumpleaños está a la vuelta de la esquina) y de los que habitualmente nos zafamos con cuatro relinchos bien dados.
Ya lo veis. En As tenemos un primerísimo plano del bueno de Antonio capaz de provocar escalofríos en la espina dorsal de Adama Traore, por citar un rival con poca pinta de amilanarse ante las cosas. Rüdiger lo tiene todo: poderío aéreo, velocidad -quizá la virtud más importante en un defensa del Madrid- y clase sacando el balón. Sus virtudes suenan especialmente bien en combinación con las variantes tácticas que apareja. Alaba podría volver a la banda izquierda (¿donde rinde todavía mejor que en el eje?) mientras Militao y el alemán se reparten las arduas tareas del centralismo. Complementa maravillosamente lo que hay, no en vano es una petición expresa de Ancelotti, que conoce divinamente las necesidades de la plantilla. En este sentido, es una suerte que Carlo lo esté haciendo tan estupendamente bien, porque la ausencia de dudas respecto a su continuidad el año próximo asegura una unidad de propósitos entre cúpula y parcela técnica a la hora de los fichajes.
Arriba, en un espacio sustancialmente menor, pese a que por ahí se andan en cuanto a estatura, vemos a Haaland en avión, casi como una metáfora de que se va, de que cruza el éter en dirección no sabemos a dónde, lejos de nuestro arrobo y nuestros mimos en todo caso. Quede como magro consuelo el que no parezca hombre de mimos, por un lado, y el que vuele en pijama por otro. Como la zorra mirando las uvas, podemos consolarnos con la idea de que un tío que va en pijama en avión no debe nunca vestir la blanca, pero lo haremos en todo caso con escaso convencimiento. Además, puede que no sea un pijama. Y si lo es, qué cojones, le queda estupendamente al gigante.
Ay.
Marca, por su parte, viene con Rüdiger también, y de Haaland no encontramos ni rastro. Casi lo agradecemos, de verdad. Ay. Nos duele, y nos aferramos como una viuda desconsolada a la vaga conjetura de no sé qué cláusula que permitiría al psicogoleador abandonar su jaula de oro (pero de jaulas de oro ya vamos sabiendo algo) para unirse a nosotros. "Era más fácil fichar a Haaland que no ficharlo", se ha lanzado a decir nuestro admirado Hughes. No es más que una hipérbole sugestiva, claro, pero no podemos evitar preguntarnos si el club ha puesto en ese asador toda la carne que merecía, aun dentro de los límites de la prudencia obligados en estas circunstancias. Solo el tiempo podrá decir si las naturales reservas glosadas ayer por Ramón Álvarez de Mon (abundancia de lesiones, reticencias financieras derivadas en parte de la imposibilidad de vender a Hazard, encaje deportivo en un equipo cuya línea de ataque ya cuenta con esplendorosas realidades como Benzema, Vinicius, Rodrygo y parece seguro que Mbappé) eran o no suficientes para optar por la abstención. Es posible que ese juicio final haya que hacerlo también a la luz de esa posible cláusula. Virgencita, haz que sea verdad, haz que exista la cláusula.
Os dejamos con las portadas del Barça, que sigue a sus cositas, así como con la tranquilidad de saber que Araujo, que ayer fue víctima de una aparatoso choque con su compañero Gavi en el partido ante el Celta, ha sido dado de alta y su estado es de completa normalidad.
Nos alegramos.
Pasad un buen día.
¿Por dónde empiezo? Lo que el lector inicia ahora es un recorrido, a vuelapluma y tan caótico como la propia selección de mis preguntas, por la Historia del Real Madrid a través del prisma cercanísimo y apasionante de la familia De Carlos. Todo madridista que se precie conocerá que D. Luis De Carlos presidió el club blanco entre 1978 y 1985 y que es unánimemente reconocido por su caballerosidad y su pulcritud financiera, además de varios logros deportivos nada menores. Lo de la caballerosidad ha dado pie a la aplicación casi sistemática del término “señorío” para aludir a la conducta intachable que se le supone siempre al Madrid; lo de la pulcritud financiera es un hecho, además de otros hitos como el logro del acuerdo de percepción de un porcentaje de las quinielas para los clubs, la reforma del estadio para el mundial 82 o el patrocinio en las camisetas, medida en su momento impopular entre los socios pero evidentemente visionaria; y entre los logros deportivos se cuentan dos Ligas, una Copa de la UEFA y dos Copas del Rey, una de las cuales supone un hito sin parangón en el fútbol mundial, ya que el Real Madrid jugó al Final contra su propio filial, que al año siguiente disputaría la Recopa europea.
Hace ya mucho tiempo que comí con José Manuel y Jaime De Carlos, hijos de D. Luis, con la presencia también de Gonzalo, hijo de Jaime y nieto por tanto del histórico presidente. Durante todo este tiempo, no he sabido bien cómo estructurar el material de la charla grabada durante la comida, con lo que el tiempo ha ido pasando para mi vergüenza y escarnio. Últimamente he vuelto a tener abundante contacto con la familia, no solo porque Gonzalo sea un buen amigo, sino porque otro de los nietos, Íñigo, hijo también de Jaime, es el ideólogo de la exitosa serie de Amazon La Leyenda Blanca, en la que participé.
Este muy disfrutable contacto con la familia me ha persuadido de abandonar de una vez mi parálisis por análisis, uno de mis mayores defectos, para lanzarme a publicar “lo que sea”, para entendernos, y en el entendido de que publicar algo, aunque sea algo medio desestructurado, casi una materia prima, siempre será mejor que no publicar nada. Luis De Carlos da para un gran libro, porque además de presidir el Madrid fue directivo de Bernabéu desde 1957, amén de uno de sus mejores amigos. Así pues esto que van a leer, además del libro que espero algún día escriba alguien, porque el tema lo merece, no es solo algo sobre Luis De Carlos, que también, sino más bien un recorrido deslavazado por la historia del Madrid vista por los ojos de D. Luis, o mejor dicho, por los de aquellos que mejor le conocieron y quisieron.
En la charla intervienen indistintamente ambos hijos del presidente, José Manuel (empresario y actual Presidente de la Junta Electoral del Real Madrid, 90 años de gloriosa lucidez) y Jaime (ejecutivo con larga trayectoria en compañías multinacionales), y he optado por no distinguir las respuestas de uno de las del otro, salvo en algún caso específico: es la familia De Carlos hablando. Espero no arruinar el indudable interés de todo lo que cuentan. Quien desee disfrutar de su testimonio en formato audiovisual, no debe perderse La Leyenda Blanca, donde ambos, José Manuel y Jaime, aparecen maravillosamente filmados y muy bien ensamblados con el conjunto de entrevistas restantes.
He aquí la primera parte de nuestra conversación. Próximamente iremos con más entregas.
¿Cuándo conoce Bernabéu a Luis De Carlos?
Todo viene por nuestro tío Félix, el cuñado de nuestra madre. Era íntimo de Santiago. Habían ido juntos al colegio. Cuando acaba la guerra, Santiago aún vestido de guerra, de cabo, llega a Madrid y va a la calle Miguel Ángel 22 a ver si sigue viviendo allí mi tío Félix, a quien el conflicto había agarrado en Madrid. Resultó que seguía con vida, y ahí retoman su amistad.
¿Y esa es la conexión inicial?
Así es. Nuestro padre era significativamente más joven que Santiago y Félix, pero salían siempre los tres juntos, a cenar o a las revistas musicales. Iban con el cla al Teatro Martín. Enfrente del teatro había un bar, y ahí les daban de beber gratis para que al final aplaudieran. Santiago, Papá y el tío Félix.
Y aplaudían muchísimo.
Como locos. Cuando Bernabéu asciende a la presidencia del club en 1943, lo primero que hace es contactar a mi tío Félix para hacerle directivo. Y mi tío Félix, a quien lo que unía a Bernabéu era sobre todo su común amor a la música, le dijo “Mira, a mí no me coges tú para esto ni de broma”. Y dijo que no. Ante la negativa de mi tío se lo dijo a mi padre, pese a ser este mucho más joven, aunque mi padre ya tenía experiencia en una empresa multinacional automotriz.
Hablamos del ascenso a la presidencia del club de Bernabéu a cuenta de los incidentes registrados en el famoso 11-1 al Barça, cuando las autoridades deportivas franquistas olvidaron a dimitir al presidente blanco y el culé. Así llega Bernabéu a la presidencia, para sustituir al presidente cesante.
En efecto. Por cierto que yo (habla José Manuel), siendo un niño, estuve en aquel 11-1.
¿De verdad?
Claro.
Es un partido que la propaganda culé ha tratado de vender como si hubiese sido el mismísimo Franco el que metió los goles.
Tonterías. No hubo nada raro, salvo los pitos que se regalaron antes del partido al público, lo que creó un ambiente ensordecedor. Era la vuelta de un partido de Copa del Generalísimo. Había ganado el Barcelona 3-0 en Las Corts. Se habían portado muy mal con el Madrid, lo que era raro en aquellos tiempos. No era nada político, ¿eh? Pero entre ellos, a Marzá, que era el portero, le pisaron la mano y le destrozaron los dedos… Y fue la única vez en mi vida que se regalaron pitos al entrar al campo. A mí me regalaron uno. Yo estaba en el fondo norte del viejo Chamartín. 11-1 final. La mayor goleada al Barça de la historia.
Pero con 8 goles anulados al Madrid, podía ser 19-1. Los culés, a día de hoy, siguen asegurando que un noble franquista bajó al descanso al vestuario y poco menos les dijo que tenían que dejarse golear si no querían enfrentarse a las iras de Franco.
Palabra de honor que no hubo absolutamente nada. Nada. Ahora, se acojonó el Barcelona de todas, todas. Cuando salieron, claro, 15 000 personas con un pito, imagínate la que se armó, se desconcertaron, y entraron los goles. El Barça entró en pánico pero por el maremoto futbolístico, no por ninguna otra cosa. Hombre, el ruido contribuyó. No obstante, en Cataluña tenían que justificar lo que había pasado y se creó esa leyenda de que el franquismo les obligó a dejarse golear. El ambiente era ensordecedor, con todos los silbatos en acción cada vez que los azulgrana tocaban la pelota. Pero ya me dirás. Si más infeliz que regalarte un pito a los espectadores… En el fondo es una chorrada, pero imagínate que llegas al campo de fútbol y te dan un pito. ¿Qué haces? Pues pitar.
¿Fue el propio Real Madrid el que regaló los pitos?
Eso no lo sé, pero me imagino que lo autorizaron, claro, porque los daban gratis. Yo creo que no ha vuelto a pasar algo así.
El caso es que a raíz de ese escándalo son destituidos ambos presidentes, Madrid y Barça, y así llega al cargo Bernabéu, que le dice a su mujer: “Tranquila, María, esto va a ser un año, un año como máximo, yo no tengo ganas de esto”. Y se quedó hasta el año 78. Hasta que murió. Pero nos hemos desviado. Vuestro tío no quiere ser directivo y Bernabéu se lo ofrece a vuestro padre. ¿Le costó aceptar?
Mucho tiempo. Santiago nombró gerente a Sánchez Ocaña y posteriormente Antonio Sicilia. Y todos los años le preguntaban a nuestro padre: “¿Cuándo entras?” Y nuestro padre no se decidió hasta el año 53. Y entra en la Junta Directiva. Es después de perder aquella Final contra el Benfica, que pone fin a los años dorados de los cincuenta, cuando Santiago le dice a papá que tiene que ser tesorero. “No me fastidies, Santiago”. Y dice: “Es que voy a nombrar a Saporta vicepresidente”.
"Mira, eso que has dicho tú a un deportista no se lo perdono. Si esto lo dice un señor cualquiera, me cabreo y ya está. Pero a un deportista no se lo consiento. Porque un deportista sabe que en el fútbol se puede perder, como perdiste tú aquel partido que tenías ya ganado, y que hacer acusaciones como las que haces es algo intolerable".
A mí me apasiona oírlo porque es como si estuviese viendo una película, me imagino a Bernabéu, a Saporta… Son mitos. Es como si te cuentan una historia con John Wayne y James Stewart, héroes del Far West.
Bueno, el caso es que nuestro padre accede ahí a llevar la caja del club. Tengo una anécdota muy buena que tiene lugar en el año 61. (Sigue hablando José Manuel). Acabábamos de perder la Copa contra el Atleti, y a Bernabéu le invitan a un acto en Barcelona, y además lo hacen a través de mí. Un día me llama Pedro Rosell, un amigo de la Ciudad Condal, y me dice “Oye, Pepe, consígueme en encuentro con Bernabéu para invitarle a una cena”. Gisbert, el padre de los tenistas, propietario del Hotel Hesperia, deseaba invitar a Santiago a través de Rosell, que era amigo mío. Así que fuimos juntos a verle. Y Santiago ya sabéis cómo era, o bien muy simpático, o bien pasaba de todo. Entramos en el despacho y dice Rosell a Bernabéu: “Estamos haciendo en el Club de Tenis Barcelona lo que llamamos las cenas de los lunes, y después de la cena hacemos una tertulia, y queremos que venga usted”. Y a Santiago esas cosas le divertían, así que dijo “Muy bien, voy, con una condición: que venga Pepe conmigo”. “¿Qué pinto yo en Barcelona contigo?”, salté. “Si no vas tú no voy yo”, replicó él. Ten en cuenta que Bernabéu no solo era muy amigo de nuestro padre, sino que con nosotros también tenía una gran cercanía. Y total, que dijimos que sí. Y fíjate la mala suerte de que esto tocara un lunes, ya que el día antes habíamos perdido la final de Copa con el Atlético de Madrid en el Bernabéu. Llegamos a la cena y nos ponen en la mesa presidencial.
En la que se sentó Bernabéu con el hijo de un directivo suyo.
Sí, pero yo iba más en condición de alguien muy cercano a Bernabéu. En la mesa estábamos Lerín, que así se llamaba el Presidente del Club de Tenis de Barcelona, a la derecha Bernabéu y a la izquierda yo. En otra de las mesas estaba Llaudet, presidente del Barcelona. Recuerdo que Santiago le dice a Lerín “Oye, y ¿por qué Llaudet no está aquí, en la mesa presidencial con nosotros?”. “No, porque está como socio del club de tenis, no como presidente del Barcelona, ha querido venir como un socio más”. Total, que termina la cena y empieza el coloquio, en un momento del cual se levanta un señor de pelo blanco, toma la palabra y dice: “Bernabéu, a usted no se le quiere en Barcelona”. Imagínate cómo nos quedamos todos.
Supongo que el silencio se cortaba con cuchillo.
Hazte cargo. Pero dicho con él a la mesa, señalándole. Bernabéu ni se alteró. Le responde muy tranquilamente: “¿Por qué? ¿Por qué no se me quiere aquí?”, y responde el señor: “Porque ustedes siempre se dejan ganar. Esta vez se han dejado ganar por el Atlético de Madrid para que el Barcelona no juegue la Copa de Europa”. Una falta de respeto, en la cena, imagínate, delante de todo el mundo. Un maleducado, no venía a cuento… Era un coloquio.
¿Y qué sucedió?
De repente, Bernabéu se queda como pensativo. Pasa así uno o dos segundos, y cuando vuelve de sus pensamientos ha abandonado el usted y tutea al caballero. Y le suelta: “Tú eras el portero del Europa en el año tal”. Puede ser que me traicione la memoria en este momento y no fuese el Europa, pero se refería a un equipo del campeonato regional catalán. Y le insiste, muy seguro de haberle reconocido aunque hubieran pasado más de 30 años desde el año tal: “¿Eras o no eras el portero del Europa en el año tal?”. Y veo que el otro se empieza a quedar pálido. Y más pálido todavía se puso cuando Bernabéu le recordó un partido de la época en el cual el Europa (o el club que fuese el del caballero) había terminado perdiendo a pesar de haber ido ganando holgadamente durante gran parte del partido. Le habían remontado en los últimos minutos, y Santiago se acordaba.
No me digas.
Sí, sí. Bernabéu lo recordaba perfectamente, y usó aquel encuentro perdido en la noche de los tiempos para hacer ver al señor que acusar a un equipo de dejarse perder es algo muy serio. El tipo ya estaba de todos los colores posibles. Y entonces le dice: “Mira, eso que has dicho tú a un deportista no se lo perdono. Si esto lo dice un señor cualquiera, me cabreo y ya está. Pero a un deportista no se lo consiento. Porque un deportista sabe que en el fútbol se puede perder, como perdiste tú en los últimos minutos aquel partido que aparentemente tenías ya ganado, y que hacer acusaciones como las que haces es algo intolerable”. Se metió al público en el bolsillo, y el resto de la cena fue una delicia.
Una delicia, imagino, para todo el mundo menos para el señor del pelo blanco. ¿Se escondió debajo de la mesa? ¿Se fue a su casa?
No lo recuerdo. Lo que sí recuerdo es cuando salvamos su coche. ¿Te acuerdas, Jaime? (Jaime toma la palabra): Claro, cómo olvidarlo. Tras una eliminación copera ante el Tenerife, en el año 76, el Bernabéu se revolvió, y al salir los fanáticos le estaban moviendo el coche. ¡Lo iban a volcar con él dentro! Todo porque nos habían eliminado. Y Pepe y yo fuimos corriendo a auxiliarle, y logramos contribuir para calmar a aquellos bárbaros.
¡Hombre! ¡Hablamos del famoso día en que los aficionados coléricos la emprendieron contra el coche de D. Santiago! ¿Vosotros hicisteis las veces de cascos azules?
Así fue. Por entonces la gente era muy visceral y pendenciera. Nosotros mismos éramos un poco broncas. Teníamos el abono delante del palco, en las gradas de cemento aquellas, y no te diré que nos pegábamos todos los domingos, pero casi. Porque había tíos que eran insoportables. Estoy recordando ahora a los hermanos Lozano, que eran los apoderados de los grandes toreros de la época, y los teníamos pegados toda la Liga, y no hacían más que meterse con el Madrid en cuanto salían, entonces saltábamos, y un día casi se lía. Mi padre nos paró más de una vez desde arriba, desde el palco, porque no estaba bien que los hijos de un directivo la emprendieran a tortas contra otros.
“Ya están mis hijos de bronca”. Vuestro padre no tenía ese carácter belicoso.
Ni nuestro padre ni Santiago. Santiago no permitía ni siquiera que sus directivos aplaudiesen en el palco. “Aquí habrá gente que no sea de nuestro equipo y no tenemos por qué hacerles pasar ese mal rato”. Este señorío tenía gran mérito, porque Bernabéu se ponía nerviosísimo durante los partidos. Mi padre siempre me contaba que, el año antes de morirse Santiago, que siempre tuvo problemas de estómago, le operaron en el Rúber. Y que incluso en aquella última operación aún le sacaban trozos de puro del estómago.
¿Cómo?
Se los tragaba en el fútbol, se los tragaba.
¿Pero por qué se los tragaba?
De los nervios. Entonces, cuando le operan le sacaban trozos de puro de este tamaño, no grandes, pero puros. Se lo tragaba y seguía.
Declaro mi incredulidad al respecto. Eso era una cachondada de vuestro padre.
No creo. Hay tantas historias… ¿Tú sabes que Bernabéu estuvo relativamente cerca de dejar la presidencia en el año 60? Fue justo después de ganar la quinta Copa de Europa y la Intercontinental. La escena tiene lugar durante una cena de la Junta en el restaurante habitual, y en esa cena Santiago expone que podría ser el momento ideal para dejarlo. “Hemos hecho milagros porque en Hungría con los tanques rusos hemos traído a Puskas, y en Sudamérica con la huelga hemos traído a Di Stéfano", explica. "Y con ellos hemos conquistado la gloria con las 5 Copas de Europa. Pero ese éxito no es sostenible. El fútbol europeo no ha vuelto a recuperarse tras la guerra mundial ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni en Bélgica ni en Holanda. Y como toda esta gloria no se va a volver a repetir, porque no solo nosotros sino nadie va a volver a ganar 5 títulos seguidos nunca, vámonos. Vámonos a casa y dejamos este inmejorable sabor de boca”. Pero Álvaro Bustamante, que era muy amigo de Santiago, le convence de lo contrario: “Pero no seas loco, Santiago. Os vais a ir y va a venir un presidente que se cargará la pureza del club, y la gloria deportiva. Se va a cargar todo. Fulminará toda tu obra”. Las palabras de Santiago eran proféticas, en el sentido de que la era dorada había terminado, pero probablemente Bustamante acertaba también en su punto de vista. Finalmente, Bernabéu toma la decisión de seguir en el cargo. Y seguiría hasta el 78.
¿Tú sabes que Bernabéu estuvo relativamente cerca de dejar la presidencia en el año 60? Fue justo después de ganar la quinta Copa de Europa y la Intercontinental.
Lo cierto es que lo de Lusarreta estaba bien tirado, porque el Madrid no volvería a ganar la Copa de Europa hasta el 66, y a partir de entonces ya nunca más hasta más allá de la muerte de D. Santiago.
“Ningún equipo del mundo volverá a ganar cinco Copas de Europa seguidas”, le dijo. Fue una frase… Y Álvaro Bustamante fue el que le convenció de seguir, si no Santiago habría dimitido en 1960, eso dalo por seguro. La prueba es que ese fue el año en que se compra la casita en Santa Pola y el barquito, que llamó la Saeta… (Interviene Jaime): Y la prueba de que la cadena de Copas de Europa se había detenido ahí fue el arbitraje indecente de los dos colegiados ingleses ante el Barcelona en la siguiente edición. Alguien decidió que no podía ser que el Madrid ganara siempre.
¿Cuántos años tenía Bernabéu en 1960?
Sesenta y cinco.
No era mala edad para retirarte. Para aquella época tampoco era tan joven.
Él lo hacía por el fútbol, nos decía “si nos vamos ahora seremos unos héroes. Es el momento. Así que vámonos…” Solo que al final no lo hizo por amor al club y temor a lo que pudiera venir.
Qué visión, ¿eh?
Por eso fue el número uno de los presidentes no solo del Real Madrid sino del mundo, por la visión que tuvo, que no la atesoró nadie. Cuando no había un duro en España, construye un estadio gigantesco en la capital. Y se reían de él, le llamaban loco megalómano, le decían que jamás conseguiría llenarlo…
(Continuará…)
Se define jerarca como aquella persona de una categoría superior y principal dentro de una organización. El Real Madrid más exitoso de los últimos 50 años fue denominado como el Madrid de los jerarcas, y con ellos logró la proeza de dominar la Champions League y ganar tres de ellas de manera consecutiva.
Eran los jerarcas del Madrid los que dominaban como nadie la competición. Sin la conjunción de todos ellos habría sido imposible el control de los partidos y de una competición que es una de las más complicadas del mundo, pero que el Real Madrid hizo parecer algo sencillo. En un 11 histórico, aquel equipo de Zidane juntó en la misma alineación a leyendas como Marcelo, Ramos, Kroos, Modric o Cristiano Ronaldo. Esos cinco jugadores dominaron sus respectivas posiciones como los mejores del mundo y fueron piezas claves en el transcurso de las eliminatorios. Otros, como Benzema o Casemiro, con el tiempo también han adquirido ese rol de jerarca. Y el resto, jugadores como Varane, Carvajal o Bale, si bien no llegaron a ese nivel, sí alcanzaron una relevancia importante.
El Real Madrid más exitoso de los últimos 50 años fue denominado como el Madrid de los jerarcas, y con ellos logró la proeza de dominar la Champions League y lograr tres de ellas de manera consecutiva
La Champions League, otrora Copa de Europa, es por definición la competición de los jerarcas. Es necesario la presencia de varios de estos jugadores para asaltar una competición tan bonita como difícil de ganar. El mismo Real Madrid aglutinó en triunfos previos a jerarcas como Roberto Carlos, Hierro, Redondo o Raúl. Más tarde al propio Zidane como jugador. Y recientemente a los señalados. Y equipos históricos, grandes dominadores de la competición, como el Milan, reunió en sus filas a tipos como Baresi, Maldini o los holandeses, o mucho antes, aquel Bayern de Munich de Beckenbauer o el Ajax de Cruyff.
Los jerarcas son necesarios para controlar una competición que a doble partido requiere dominar el tiempo del encuentro, tener la personalidad suficiente para afrontar los partidos fuera de casa, y por supuesto requiere de la suficiente capacidad técnica y física para competir. Son todas esas características las que hacen de un jugador un jerarca. La edad, llegado un punto de madurez, influye positivamente para postularse como tal. Un jerarca, en definitiva, es un jugador que lidera a su equipo en todas las situaciones.
Y aquel Real Madrid tenía a un buen puñado de ellos. Con la marcha de Cristiano Ronaldo se fue el primero de los jerarcas (primus inter pares), el jugador más relevante en la historia de la competición y una referencia absoluta para aquel equipo. Los jerarcas que quedaron empezaron a sufrir el paso del tiempo, como Marcelo, Ramos o Modric. Aunque este último resucita cada cierto tiempo para retomar su figura colosal de jerarca. La marcha de Ramos terminó de romper ese grupo de jerarcas del Madrid, que solo conservó a la CMK, el mejor medio del campo de la historia y sinónimo de jerarquía.
Estos tres junto con Benzema son la vieja guardia, destinada a mantener las esencias y propagar sus enseñanzas a los futuros jerarcas. Con edades superiores a los 30 años, esos jugadores tarde o temprano tendrán fecha de caducidad, aunque por instantes pareciera que el paso del tiempo se congela para tipos como Benzema o Modric, que están en su mejor nivel de siempre.
La labor del club era, por tanto, colosal, encontrar relevos para la mejor generación de jerarcas de la historia reciente del Real Madrid. Un conjunto de jugadores que dominó con puño de hierro la Champions League, destrozando a su paso a todos los equipos rivales, ya fuesen alemanes, italianos, españoles, franceses o ingleses
La labor del club era, por tanto, colosal, encontrar relevos para la mejor generación de jerarcas de la historia reciente del Real Madrid. Un conjunto de jugadores que dominó con puño de hierro la Champions League, destrozando a su paso a todos los equipos rivales, ya fuesen alemanes, italianos, españoles, franceses o ingleses. Durante tres años el Real Madrid lo ganó todo. Y durante los dos siguientes años y las semifinales del año pasado, el equipo echó de menos esa jerarquía indispensable para el triunfo.
En el cuarto año post-Cristiano y el primero post-Ramos, los dos grandes jerarcas del equipo, uno el líder del ataque y otro, el líder de la defensa, este Real Madrid comienza a dar síntomas positivos, y varios jugadores se empiezan a postular como jerarcas del futuro. A la mencionada CMK y Benzema, se le ha unido indiscutiblemente Courtuois. El portero belga lidera al equipo desde la portería y lleva varios años al máximo nivel, siendo ahora sin ninguna duda el mejor del mundo. Su liderazgo parece ir más allá de su labor en el campo, y se nota en cada declaración suya.
En defensa ha emergido Militao, que cumplidos los 24 años lleva 1 año y medio liderando la defensa y ha demostrado tener personalidad para ser el central de referencia y por supuesto las necesarias cualidades futbolísticas. A su lado, otro jerarca, Alaba. El austriaco ya ejercía como tal en el Bayern, y simplemente ha traslado ese rol a este Real Madrid.
Y en ataque, el Real Madrid parece haber encontrado en Vinicius a un futuro jerarca. El brasileño ha pasado todas las pruebas con sobresaliente; ha resistido la crítica feroz, haciéndose más fuerte, y demuestra una personalidad abrasadora, además de una alegría y energía contagiosa. Su explosión ofensiva en forma de goles y asistencias le postula como serio candidato a jerarca ofensivo.
Con esos futuros jerarcas, el Real Madrid solo necesitará añadir otro más en el medio campo, en sustitución de la CMK, labor harto complicada. Aunque para ese rol ya se empezó a postular hace dos años Valverde, y Camavinga parece ser un serio candidato de futuro. Ahora, ese título hay que ganárselo y el club más difícil para ello es el Real Madrid.
El presente parece garantizado y el futuro se está construyendo, quién sabe si con la llegada de Kylian Mbappé como otro gran jerarca.
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Buenos días, amigos. Tras vencer precozmente la Liga y hasta la disputa de la final de Champions frente al Liverpool, nos hallamos sumidos en un periodo de tiempo peculiar con sensación de ingravidez futbolística. Unas prevacaciones que no son vacaciones, una pre-Summeriana que no es Summeriana y unos fichajes que no son fichajes.
Erling Haaland, aka el motosierras, ha decidido fichar por el Manchester City. ¿O es el Madrid quien ha decidido que no está dispuesto a tirar la casa por la ventana por el noruego? Pues probablemente habrá un poco de ambas cosas (y de otras que no conocemos). Como todo en la vida, nada es blanco o negro. Acaso la oferta económica del City sea inalcanzable para el Madrid —o para cualquier otro club sin recursos económicos ilimitados—, y quizá el Madrid no se haya dejado la vida por lograr la contratación de Erling. Por no hablar del historial de lesiones del noruego, que no invita precisamente al optimismo a un Madrid escaldado por lo ocurrido con Hazard.
Nadie duda de la brutalidad goleadora de Haaland, pero tampoco es discutible que el Madrid no tiene una necesidad acuciante en su delantera que le obligue a realizar una operación que salarialmente sería asumible, pero que sin duda estresaría la economía del club. El año que viene, con la incorporación de Mbappé, el Madrid dispondrá de una línea ofensiva formada por los dos mejores futbolistas del mundo: Kylian y Karim más Vinícius más Rodrygo más todos los demás. Cosa seria. Ramón Álvarez de Mon lo explica de manera cristalina en este artículo publicado ayer en La Galerna. No olvidemos que nuestro editor Jesús Bengoechea adelantó el 5 de enero este desenlace aquí.
Hay un sector del madridismo bastante afectado por el no fichaje de Haaland. A este portanalista no le parece ningún drama. Es obvio que si a uno le preguntan que si quiere contar con el noruego va a decir que sí, pero el Madrid está por encima de todo. Al Madrid se viene con las condiciones que establece el club, y si no, no se viene. El Madrid está por encima de los jugadores que estén, por encima de los que quieran marcharse, por encima de los que quieran quedarse, por encima de los que quieran venir y, por supuesto, por encima de los que decidan no venir. El Real Madrid está por encima de todo.
Además, la historia lo avala. Sin ir más lejos, el pasado verano, tras la negativa del PSG a vender a Mbappé al Madrid, el madridismo pesimista y agorero dibujó un panorama desolador: el entrenador del Everton dirigirá una plantilla avejentada trufada con fichajes jóvenes fallidos. Varios meses después, Ancelotti, Benzema, Modric, Vinícius, Rodrygo y el resto del plantel, han cumplido con creces a falta del colofón de París.
Lo malo del agorero es que a fuerza de proferir malos augurios alguna vez acierta —como aquel que eligió como epitafio: “Te lo dije”— y luego utiliza este acierto estadístico para restregárselo a los demás.
Siempre cantamos “Hasta el final, vamos, Real”, pero en no pocas ocasiones no lo aplicamos a nuestras opiniones.
Sumergidos ya en las portadas, vemos que tanto Marca como As optan por un retrato en un fotomatón de Madrid de Mbappé junto a su amigo Achraf. Marca asegura que el presi de los losers, Al Khelaifi, también los acompaña en su excursión a la capital de España. Seguro de Achraf los ha traído para visitar el museo del Bernabéu
As afirma que la hoja de ruta del Madrid con respeto al fichaje de Mbappé se mantiene: “su fichaje se anunciará en julio y será presentado antes de la gira americana”.
Sport decide que el tema de portada es el casting para el nuevo Busquets porque según Xavi: “Busquets no será eterno”. En este caso, y sin que sirve de precedente, nos parece muy sensata la afirmación del señor Hernández.
Ya imaginamos a Risto Mejide sentado en una mesa en alguna sala de usos múltiples del Camp Nou que no se esté cayendo a pedazos mientras desfilan candidatos para sustituir a Sergio Busquets.
—¿Cómo te llamas? —pregunta Risto.
—José Antoño, señor.
—¿Y qué sabes hacer?
—Sé fingir. Me tiro al suelo, me llevo las manos a la cara como si me hubieran matado y miro a través de los dedicos con picardía y sonrisa sardónica. También juego al fúrbol.
—Muy bien, ¿pero sabes llamar mono a los futbolista de piel morena?
—Eso me se da peor.
—¡Que pase el siguiente!
*El diálogo anterior es una dramatización, no intenten hacerlo en sus casas.
Sport dice que para el puesto de Busquets el Barça baraja tres opciones: Rúben Neves, Aurélien Tchouaméni y Zubimendi, que debe de ser una mezcla de portero y lateral izquierdo.
Mundo Deportivo más parece hoy Jara y Sedal que un diario deportivo, afirma que Mané está a tiro y que Mbappé ha sido cazado comiendo en Madrid.
La franja superior de su portada está copada por una fotografía de Hamilton, Jordan, Beckham y Brady. Los chicos de Godó afirman que entre todos suman 32 títulos. Les ha faltado poco para asegurar que son canteranos del Barça. De la Masía de toda la vida.
Pasad un buen día.
Canta el himno viejo del Madrid que el club está compuesto por “veteranos y noveles” que “miran siempre sus laureles con respeto y emoción”. Pocas veces se tiene la oportunidad de comprobar cuán fehaciente es la estrofa de una canción. El miércoles pasado, los madridistas la tuvimos. La segunda parte del partido contra el Manchester City puso de manifiesto aquello de que los cambios profundos en el curso de la Historia rara vez acaecen con un gran estrépito, sino que más bien se suceden como un murmullo. Embobados con la tragedia que se desarrollaba ante nuestros ojos, no nos dimos cuenta de que aunque las camisetas de quienes operaban en el Bernabéu el milagro de los panes y los peces seguían siendo blancas, habían cambiado los apóstoles.
El Real Madrid alcanzó su decimoséptima final de la Coupe des Clubs Champions Européens cabalgando a lomos de unos caballos de carreras muy jóvenes que apenas estaban debutando en el gran hipódromo del mundo. Los viejos jerarcas lo contemplaban todo desde la banda: Modric, Kroos, Casemiro y Marcelo rodeaban a Ancelotti y departían con él como un consejo de sabios, como un sanedrín. En el campo, los niños se hacían hombres ante la mirada del destino. Y de sus mayores.
Todo ocurrió de la forma más natural. Las apreturas del partido exigieron a Ancelotti sustituir las piezas añejas, mil y una veces probadas en batallas sin cuento, por otras de recambio, nuevas y frescas. No había tiempo para pensar ni más cera que la que ardía. Es curioso porque a Carletto se le ha achacado siempre el ser un entrenador conservador en la gestión de los nombres, un tipo complaciente con la dirigencia y benévolo con los poderes fácticos de las casetas en las que ha trabajado. Es decir, con los capos. Son ese tipo de verdades que se instalan en la conversación pública a despecho de la realidad, de los factos. Sin ir más lejos, lo primero que hizo Ancelotti como entrenador del Madrid, en el verano del año 13, fue poner de titular a un chaval de la cantera que venía de foguearse un año en Alemania, Carvajal, que no tenía experiencia en Primera y que por delante se encontraba con Arbeloa, uno de los “hombres fuertes” de la etapa anterior. Esta temporada de su regreso al Real está sirviendo también para derribar muchos mitos en torno a la figura de Ancelotti, aunque aún haya quien lo tome todavía como un paisano que casualmente pasa un día por La Castellana y se le da el mando de la primera plantilla sin que valga para nada su trayectoria, una de las más brillantes de entre los técnicos del fútbol moderno. Carlo Ancelotti, el míster prejubilado del fútbol de élite mundial, se jugó el todo por el todo en el partido más importante del año con veinteañeros casi sin experiencia en las alturas que relevaron además al mejor centro del campo que han visto los campos europeos en los últimos 50 años. Como si fuera poco.
La segunda parte del partido contra el Manchester City puso de manifiesto aquello de que los cambios profundos en el curso de la Historia rara vez acaecen con un gran estrépito, sino que más bien se suceden como un murmullo
Todo giró en torno a Vinicius, Valverde y Camavinga. Los dos primeros son ya titulares indiscutibles. Han tirado la puerta. Son los pulmones del Madrid, el nervio amazónico de un Madrid que ha avanzado a través de las eliminatorias en esta Copa de Europa como una legión romana en formación tortuga bajo el intensísimo fuego de las murallas enemigas. Esta doble V aparecía hasta ahora como la división motorizada de la CMK: el exoesqueleto de ese centro del campo dominador, de ese triunvirato que dominó despóticamente la Copa de Europa durante un lustro pero que luego perdió pie con respecto a lo que empezó a hacerse en Inglaterra y en Alemania. Valverde es un box-to-box británico con la presencia de ánimo de un gaucho de Borges y Vinicius es el último ejemplar de la especie en extinción de los extremos brasileños: ambos abrochan y descosen el campo, ambos caminan a cuestas con la bombona de oxígeno de todo su equipo sobre las espaldas porque son los únicos titulares del Madrid con “ritmo europeo”.
La noche del miércoles se confirmó que Valverde y Vinicius no son ya una muleta de Casemiro, Modric y Kroos, sino que por sí mismo apuntalan al Madrid, le dan otro vuelo, otro ritmo, lo ajustan a la sintonía que suena en Europa y posibilitan que los viejos jerarcas aún puedan aprovechar lo que les queda de fútbol sin agotarse consumidos persiguiendo sombras. A esa nueva música se sumó Camavinga con toda naturalidad y con vistas de hacerlo para largo, para muy largo. El mediocentro francés jugó contra el City uno de esos partidos que no tienen retorno, que son punto y aparte en la carrera de un futbolista. Camavinga saltó al campo por Kroos y luego ocupó el espacio también de Modric. Terminó montado sobre un corcel negro, caracoleando desde el territorio Casemiro hasta el del mismo Benzema. Lo dominó todo. Sus 19 años se convirtieron en 19 mil. Jugó con el aplomo de los siglos y asumió la jefatura como si hubiera nacido para ello, como si le perteneciera por derecho divino. Mientras, un poco después, cuando el partido estaba tan maduro que se caía al suelo, Rodrygo se coló por donde no llegaba Benzema. Fue un poco Raúl y un poco Van Nistelrooy. Confirmó esas intuiciones que surgieron el día de su debut, las de que tiene más gol que Butragueño, pero también las de que es un jugador tan especial, tan conectado al “momentum”, que por ahora su hechizo se deshace si no sale cuando el Madrid está agonizando en el umbral del abismo.
Camavinga saltó al campo por Kroos y luego ocupó el espacio también de Modric. Terminó montado sobre un corcel negro, caracoleando desde el territorio Casemiro hasta el del mismo Benzema. Lo dominó todo. Sus 19 años se convirtieron en 19 mil
Rodrygo, también, encarnó ese embrujo madridista en virtud del cual los rivales empiezan a escuchar dentro de su cabeza las voces de los muertos que cantan desde el fondo del tiempo la vieja letanía que promete el gol del Madrid que siempre está por venir. Esa cacofonía siniestra se apodera de cada palmo de sus imaginaciones, las revienta por dentro, dinamitan la arquitectura emocional de los contrarios, acostumbrados a no pensar, a esquemas automatizados en virtud de los preceptos de un gran Dios. En el City, ese Dios es Guardiola, como en el Chelsea era Tuchel. En el Liverpool, es Klopp: entrenadores extraordinarios que construyen equipos que son extensiones extracorporales de sus propias personas, pero que en los momentos de zozobra colapsan antes que sistemas organizados en torno al caos controlado, que canaliza el talento individual y en donde prevalecen las personalidades fuertes. De ese modo, en el centro del Bernabéu empieza a generarse un maelstrom: locales y visitantes se lo empiezan a creer y el gol termina llegando. Ese es el miedo escénico que describió Valdano, la profecía que se cumple una y otra vez, porque el pánico ancestral va tomando cuerpo ante los ojos de los ingleses, de los franceses o de los italianos que visitan el Bernabéu con la cabeza llena de imágenes de santos, de milagros, de apariciones, de fenómenos paranormales y de hechizos. Con la cabeza llena, en una palabra, de leyenda. Si Vinicius es la amenaza manifiesta de un poder que no se cansa, de un poder irreductible al que no se puede matar, Rodrygo evidencia la amenaza fantasma: su cuerpo y su rostro engañan, tiene la pinta de un niño bueno, de un monaguillo, es recatado y discreto, frío incluso, pero sus movimientos no son aparatosos, es puro sigilo, un ninja, capaz de cosas en apariencia imposibles para alguien de su trapío, lo que hace que casi siempre las defensas se confíen.
Todo esto, repito, con los príncipes del segundo mejor Real Madrid de la historia mirando desde la banda. En el verde estaban los niños jugándose las papas. No recuerdo algo semejante en los veinticinco años de memoria consciente que tengo del fútbol. Esto también es el Madrid, donde todo se convierte en maravillosa escenificación barroca del tormento de la existencia. Todo es drama y teatro, pero en el sentido genuino, como cuando en los albores de la dramaturgia los actores se daban muerte de verdad cuando al personaje que interpretaban le llegaba la hora de la verdad. Los jerarcas daban instrucciones a Ancelotti, que con buen criterio se las pedía: no se llega a cinco finales como entrenador sin saber hacer estas cosas, sin administrar los tiempos y los roles como un padre de familia. La transmisión de identidad y valores sucedió ante nuestros ojos, en directo, el mundo pudo ver que lo que el Madrid cuenta de sí mismo todo el tiempo es verdad: tradición, legado y descendencia se representaban a la vez que millones de personas contenían la respiración. El cambio de guardia fue tan atronador que incluyó hasta a Vallejo. Jesús Vallejo hizo honra de su nombre y resucitó de entre los muertos. Si el futuro pertenece a Vinicius, Rodrygo, Valverde, Camavinga y Militao, la irrupción de Vallejo y también de Ceballos en esta serie inenarrable de eliminatorias extáticas que han conducido al equipo hasta la final de París prueba la infinitud del Real Madrid como historia, como narración de proporciones bíblicas. El Madrid no se acaba nunca y en su tragedia, pero sobre todo en su gloria, tiene sitio para todos. Vallejo salió del castillo de Drácula para despejar cinco balones altos. Dio cinco saltos majestuosos y fue Stam, Nesta, Hierro y Maldini a la vez. Ceballos se puso a correr como si la catedral de Sevilla estuviera ardiendo, se hizo dos veces el Bernabéu corriendo y entrando al choque sin miramientos con cualquiera que fuese de azul. Entre los dos ayudaron a contener al City en los últimos veinte minutos de aquelarre de la prórroga. Ellos también merecen un sitio en el barrio de Saint-Dennis el próximo sábado 28.
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