Buenos días, y bienvenidos todos al fabuloso mundo de Tebas y Roures, allá donde no suceden las cosas que sí suceden. No es precisamente, al contrario de lo que sucedía con la tómbola de Marisol, un mundo de luz y de color. Hombre, color hay, concretamente azul y grana, pero luz, lo que se dice luz, no hay mucha.
Lo que sí hay, y a raudales, es relato. El Barça ganó con holgura a la Real Sociedad, tal y como más o menos vino a augurar el entrenador donostiarra Imanol en la víspera, poco más o menos que borrándose de la opción de ganar alegando que prefiere jugar la Europa League. Dicho y hecho. El partido de ayer tuvo lugar en San Sebastián, pero para haceros cargo del entreguismo histórico de la Real con el Barça bástenos señalar que lleva 31 partidos seguidos (31, uno detrás de otro) palmando en el Spotify, récord absoluto del fútbol español. Loser, de Beck, es la primera de la personalísima lista de Imanol.
Bien es cierto que no sabemos lo que habría sucedido si el señor colegiado hubiera tenido a bien expulsar a Dembélé en el minuto doce por un codazo descarado en la cara del jugador txuriurdin Aihen. Era el minuto 12 de partido. Dembélé desharía las tablas que en ese momento campeaban en el marcador pocos minutos después, anotando el segundo gol de su equipo.
La toma es, como con sorna indicaba un tuitero, de Google Maps, porque si tuviéramos que guiarnos por las repeticiones del bueno de Roures no habría rastro del incidente, que es justamente lo que hace falta para que Roures, en connivencia con su socio Tebas, construya un relato favorable al Señor de las Palancas, de quien el propio Roures es avalista y a quien acaba de sacar del pozo el magnate mediático haciéndose con un porcentaje nadie sabe de qué y nadie sabe si pagando realmente algo. Ya os decimos que la luz no prevalece en todo esto, amigos.
Se trata en todo caso de algo tan viejo como un bosque, es decir, armar —mediante una cuidadosa selección de las imágenes, de las que Tebas es dueño, que se van a mostrar al público— un relato de canonización culé que influya sobre el propio público y obviamente sobre el colectivo arbitral. ¿Alguien imagina el pifostio mediático que habría montado ahora mismo si la condonación de esa expulsión hubiera beneficiado al Real Madrid?
Aquí, sin embargo, todo lo contrario: se refuerza el SIGAN, SIGAN de Roures y del colegiado, con opiniones pasmosas por parte de opinadores más o menos corporativistas en relación al colectivo arbitral, que esa es otra.
¿Cómo os quedáis, amigos? El control del relato es absoluto, porque donde no llega Tebas llega Roures y donde no llega Roures llega Rubi. No creáis a vuestros ojos. Creed a Pedro Martín, que dice que el lance es “muy poca cosa”.
No creáis a vuestros ojos. Creed a Pérez Burrull, quien habla de “recorrido” para determinar que “una advertencia es lo mejor” (esto del recorrido nos sulibeya, como si no fuera posible reventar las napias de alguien en cuestión de centímetros, y también nos fascina lo de la “advertencia”, imaginamos que emulando aquel legendario “Te la has jugado mucho, Albiol” de Sánchez Martínez).
No, no creáis a vuestros ojos, porque por si no fuera poco con esto llega ahora el mismísimo, el inefable, el incomparable Iturralde González a incluir lo definido en la definición y aplicar una lógica aplastante. “Es cierto que le lanza el brazo, pero si fuese con ánimo de agredir sería roja”.
Ahá.
No puede ser expulsión porque, de haber sido expulsión, Dembélé habría sido expulsado. ¿No es eso lo que nos dice el incomparable Itu? Itu no puede en ningún caso ser un sinvergüenza, porque de haber sido un sinvergüenza sería un sinvergüenza. Vamos a utilizar esta lógica ya para siempre. No le vemos más que ventajas.
Por lo demás, las portadas cataculés celebran la exhibición haciendo caso omiso de la expulsión perdonada a Dembélé. Si dicha expulsión perdonada mereciera atención, Sport y Mundo Deportivo se la darían, pero como no se la dan se conoce que no la merece. ¿No?
En el fondo, este desatino del irrepetible (por fortuna) Iturralde es la lógica con la que quieren hacernos comulgar para todo. Si el realizador no pone la toma es porque la acción no lo merece. Si se considera que este colegiado es el más indicado para dirigir este encuentro, es porque lo es. Si el Barça puede hacer mobbing a De Jong, es porque eso estará bien.
Abundando en la secuencia, si ves que te toman por gilipollas, es porque pueden.
Sigan, sigan.
Os dejamos con el resto de portadas del día.
El Real Madrid femenino venció (1-0) al Manchester City en la final de la primera ronda previa de clasificación para la Women’s Champions League. Un gran gol de Caroline Weir permitió decantar la balanza en un duelo agónico para que las blancas avancen a la siguiente fase europea.
Por segundo año consecutivo, las futbolistas del Real Madrid se jugaron media temporada en una noche de verano y con las competiciones ligueras aún por empezar. Y una vez más, fue necesario derrotar al Manchester City para despejar el camino hacia la fase de grupos de la Champions. En honor a la verdad, ninguno de estos dos equipos —con nivel para disputar unos hipotéticos cuartos de final— debería estar peleando entre sí y a cara de perro en la primera ronda previa de la competición, pero esa es la consecuencia de un sistema que pide a gritos una nueva reformulación.
Sólo en ese contexto pueden entenderse los extrañísimos minutos de fútbol agónico disputados en el estadio Alfredo di Stéfano. Con ambas plantillas saliendo de la pretemporada, y con las nuevas incorporaciones aún estudiando por las noches. La música de la Champions requiere activar el modo superviviente del que cae de repente en una isla desierta. No valen las excusas y tampoco importa demasiado la fórmula para escapar del atolladero, sólo dar con un método práctico.
Por segundo año consecutivo, las futbolistas del Real Madrid se jugaron media temporada en una noche de verano y con las competiciones ligueras aún por empezar. Y una vez más, fue necesario derrotar al Manchester City para despejar el camino hacia la fase de grupos de la Champions
Alberto Toril apostó por el XI que ha ido consolidando en los torneos de verano, con Claudia Zornoza y Sandie Toletti en la cabina de mando de un 4-2-3-1 que permite a Caroline Weir pisar área constantemente. Ellas son las encargadas de lanzar las incursiones por banda de Athenea del Castillo y Naomie Feller, así como de Esther González por dentro. Enfrente, el City intentó desde el inicio buscar a piezas similares de su formación: al dúo de extremos inglesas Lauren Hemp - Chloe Kelly y a la jamaicana Bunny Shaw en el papel de delantera de referencia.
El partido, igualado en todos los frentes, fue cayendo del lado blanco tras un inicio de tanteo, tomando bocanadas de aire a cada duelo ganado por Olga Carmona ante Kelly. El Madrid estaba bien plantado sobre el césped, esperando en bloque medio para activar la presión liderada por Esther, y pronto consiguieron hacerse con la iniciativa de cara a puerta. Rondaba el minuto 10 cuando la guardameta Ellie Roebuck vio peligrar por primera vez su imbatibilidad; Feller en el área, y después Carmona desde lejos, estuvieron cerca del gol. Sus ocasiones quedaron en nada, pero abrieron la puerta a los mejores minutos del Real.
El respeto dejó paso a la osadía, las jugadoras madridistas recordaron que de este duelo ya habían salido vencedoras previamente y, por si fuera poco, una de las mejores futbolistas sobre el campo ahora había saltado a su trinchera. Y fue Caroline Weir, debía ser ella, la llamada a sentenciar a su exequipo. Se había cumplido el cuarto de hora cuando Esther recuperó un balón adelantado cerca del córner derecho, avanzó y no dudó en pasar a la escocesa, ya internada en la boca del lobo. Y allí, en movimiento de pívot, la escocesa controló primero, y se revolvió de inmediato, para clavar un zurdazo buscando la escuadra a la media vuelta.
El conjunto de Manchester se resintió del golpe, cargado de simbolismo, y pudo firmar su sentencia antes del descanso, pues Kathellen Sousa perdonó mandando al larguero un remate de cabeza a puerta vacía. Habría resultado demasiado sencillo para el Real, sospechosamente idílico como para ser cierto, por lo que tras la pausa el partido recuperó las señas de identidad esperadas.
Al City le sentaron bien los cambios, Hayley Raso hizo creer a las suyas con un par de buenas acciones de ataque, y la alegría local dejó paso al murmullo. En cuanto la portentosa Shaw probó por primera vez los reflejos de Misa, el telón de fondo —hasta ahora de fiestas de verano de pueblo, todo jolgorio y despreocupación de infancia— cayó. Desde ese momento el duelo se jugó sobre una cornisa, al borde de cada área, y con espacios suficientes para que unas y otras atacantes pudiesen cantar gol.
Por segundo año consecutivo las futbolistas blancas parecen seguir empeñadas en hacer historia y, por experiencia, saben que todo empieza bajo la luna de una noche de agosto
La acción alternó de lado a lado, con pequeñas pausas casi pactadas para tomar aire, y a cada intentona una moneda volaba al aire. Por suerte para las de Toril, siempre salió cruz. A Esther las fichas de gol se le habían gastado en el partido anterior mientras que las inglesas dieron la sensación de no tener aún calibradas sus mirillas. Lauren Hemp, su futbolista más incisiva, tuvo la última ocasión de empatar superado ya el 95, pero el balón se marchó una vez más a varios palmos de la madera.
El partido podría haber cambiado ahí y la historia de la temporada de uno y otro equipo habría sido la contraria. El fracaso, éxito, y viceversa. En uno u otro caso cualquier término ha de ser considerado exagerado, pues no es sino fruto del despiadado camino de rondas previas hacia la Champions. Y sin embargo, en la batalla al borde del acantilado, el Real Madrid femenino fue el equipo que volvió a quedar en pie. Por segundo año consecutivo las futbolistas blancas parecen seguir empeñadas en hacer historia y, por experiencia, saben que todo empieza bajo la luna de una noche de agosto.
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Zadar, Croacia (entonces Yugoslavia), 9 de septiembre de 1985, la madre que parió a Modric dio a luz a uno de los futbolistas más talentosos que han visto nuestros ojos. Casi 37 años después, Balaídos lo despidió aplaudiéndolo en pie cuando fue sustituido.
Entre medias ocurrieron muchas cosas, en realidad toda una vida, pero lo que más nos interesa hoy fueron los 77 minutos que jugó el croata anoche frente al Celta de Vigo. Modric comenzó el partido como todo el Madrid, con menos fluidez que una roca de granito, pero los partidos no solo duran 90 minutos y no solo son como acaban y no como empiezan, sino que durante los mismos hay diferentes fases, muchas de ellas menos vistosas pero necesarias para poder disfrutar de otras más gozables. De modo que tanto Modric como el Madrid fueron creciendo.
Pese a los buenos primeros minutos del Celta, el Madrid se había adelantado gracias a un penalti como una tapia de 5 metros de altura. El futbolista del Celta con nombre de paramento vertical detuvo el disparo a puerta de David Alaba con la mano, una mano que no estaba en posición natural ni pegada al cuerpo, sino a 50 euros de taxi del mismo. Resultó extraño que Gil Manzano no viese una infracción tan clamorosa pese a encontrarse dentro del terreno de juego y a pocos metros del suceso. Mas tuvo que ser avisado desde la sala VOR debido a lo escandaloso del asunto. “Vete a verlo al VAR, macho, que ha sido muy cantosa y no podemos dejarla pasar por alto”, más o menos algo así debieron de comunicarle. Hill Apple Tree acudió al monitor y se quedó viendo Ben-Hur, pero con los títulos de crédito y todo, con un descansito para hacer pis. No había manera de que decretase penalti. ¿Qué diantres le impidió tomar la decisión en directo o nada más ver las primeras repeticiones?
Zadar, Croacia, 9 de septiembre de 1985, la madre que parió a Modric dio a luz a uno de los futbolistas más talentosos que han visto nuestros ojos. Casi 37 años después, Balaídos lo despidió aplaudiéndolo en pie cuando fue sustituido
No solo Gil Manzano demoró su decisión todo lo que pudo, sino que Quique de Lucas comentaba en televisión que sí, que es mano, pero que PERO. Ese pero no daba pie a ningún razonamiento lógico posterior, sino que denotaba el escozor que sufre quien no soporta ver ganar al Madrid. Apostilló su gloriosa intervención diciendo que habría que ver si en el área del Madrid se hubiese pitado la mano.
Tus deseos son órdenes, señor De Lucas, porque este Madrid, el Madrid del LOL, no dejó pasar la oportunidad y poco después Militao, el Militao del LOL, sacó su brazo a pasear con la misma obscenidad que minutos antes lo había hecho Tapia. Gil Manzano pitó el penalti una décima de segundo antes de que el balón impactase en la extremidad del 3 madridista. No tuvo ninguna duda. De nada, De Lucas.
Todos sabemos que si el penalti de Tapia lo hubiera cometido Militao, los De Lucas de turno habrían pedido roja para el brasileño por impedir un gol.
Marcó Aspas, el Quijote del Celta. Había que volver a empezar, y quien mejor para volver a empezar que Modric, un futbolista de Oscar. Así que cogió el balón con las manos que tiene por pies, lo apartó hacia la derecha al borde del área para coger ángulo y lo depositó con firme suavidad en la escuadra izquierda de Marchesín. 1-2 al borde del descanso. El propio Modric contempló su obra.
Y cambió el partido.
La segunda parte fue una exhibición madridista. Modric salió a jugar con sus sobrinos Camavinga y Tchouaméni y pasaron por encima del Celta. Sin compasión. Es una gran noticia, más allá de la victoria en sí, todos los antis y los madridistas vinagre estaban deseando que ocurriese una debacle tras la marcha de Casemiro, que Aurelién se arrugase y se mostrase blandito como una barra de pan tras una noche encerrada en una bolsa de plástico. Pero no, otra vez será.
Tchmouaméni apunta a bestia parda, apenas está empezando a compenetrarse con el equipo y ya manda. Camavinga sabemos que es una bestia parda también, y este año tendrá más oportunidades para deleitarnos. Luego ocurrirá lo que tenga que ocurrir, pero pinta de maravilla. The Tchou must go on, como dice Jesús Bengoechea.
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Buenos días. El Madrid goleó al Celta en Balaídos merced a un gol estratosférico de Luka Modric en la primera mitad y a un magnífico segundo tiempo, en el cual los de Ancelotti bordaron el arte del contragolpe. El croata estuvo sublime, Vinicius no cejó de inquietar, Valverde selló otra contra con otro gran gol y Camavinga maravilló al respetable con una exhibición de clase, energía y carisma.
Con todo, el verdadero desafío del partido era para Tchouaméni, quien por primera vez tenía que calzarse los zapatos de Casemiro con el brasileño ya para siempre fuera de la plantilla. La sombra del brasileño es alargada, como la del ciprés en la novela de Delibes, pero el francés demostró tanto carácter como calidad y desparpajo. Va físicamente sobrado, presiona, controla, roba, y lanza el contragolpe como un demonio. Es una torre que la esconde, la maneja y la entrega con absoluta precisión, como si a su tierna edad fuese ya el mediocentro de la selección francesa.
Perdón. Es que lo es.
Echaremos de menos a Case, como no podía ser de otro modo tratándose de un gigante de su envergadura, pero el espectáculo debe continuar, y vaya si confiamos en que lo hará. Como en un juego de palabras solo ligeramente permisible soltaba en su crónica del partido Jesús Bengoechea, the Tchou must go on.
Por eso no estamos de acuerdo con el titular de As. ¿”A falta de Casemiro Modric”? No, oigan, a falta de Casemiro Tchouaméni, que es el que el Madrid ha fichado este año para doblar la posición de Case, ¿o es que no apetece subrayar lo que tras lo visto ayer puede intuirse para los que no lo conocieran como un fichaje de gran éxito? Modric no está ahí “a falta” de Casemiro. Modric ya estaba ahí, de serie, gracias a Dios, con o sin Case. Ayer el croata estuvo esplendoroso, hasta el punto de salir ovacionado de Balaídos, pero la noticia respecto al adiós del brasileño no es el croata, sino la gran gestión del club haciéndose con Aurélien.
“Un equipo demoledor”, titula Marca, y nos gusta más, aunque no resistamos la tentación, en la línea puntillosa que nos caracteriza, de enmendar la plana al destacado “Camavinga y Tchouaméni dan un recital de despliegue físico en el primer partido sin Casemiro”. No solo de despliegue físico, amigos de Marca. Son dos chicos que imponen por su energía y tremenda presencia física, pero que también juegan el balón como les da la gana. Su recital fue tan físico como técnico o táctico. Este era un partido muy importante para el futuro del equipo, mucho más de lo que a priori sugiere un simple Celta-Real Madrid de la jornada dos. Era una ocasión propicia para demostrar que esta escuadra, y en particular los centrocampistas nuevos, tienen la personalidad y el juego para superar con suficiencia el trauma de la marcha de Carlos Henrique. Queda muchísimo por remar, pero esta primera prueba está superada.
“Ancelotti da los primeros minutos de la temporada a Asensio”, señala también Marca. ¿Ancelotti o Florentino? Si el pesadísimo entorno de Asensio filtró el otro día que la no alineación del mallorquín hasta la fecha era cosa de la cúpula, habrá que concluir, en coherencia, que quien puso ayer sobre el campo a Asensio en los minutos finales fue también el presidente. Asensio, por cierto, falló un gol cantado. Ánimo.
Hay que reconocerle gracia a lo de “Vencer y vender” de Mundo Deportivo en la mañana de hoy. Están desesperados, hasta el punto de (leedlo en la misma primera plana) vender (sin vencer) lo de Umtiti al Lecce (¡al Lecce!) como algo parecido a un éxito. El Lecce solo pagará a Umtiti si juega y cuando juegue, de lo contrario su salario lo seguirá pagando (¿?) el Barça. Esto es ingeniería financiera y lo demás son gaitas, aunque ahora sea el Barça quien la sufre en lugar de quien la aplica. La lecce en bote, amics.
No deja de resultar curioso que la primera y única exposición frontal y directa de lo mollar que ocurrió ayer en Vigo venga de parte de un diario cataculé: “Los blancos no echan de menos a Casemiro”. Hemos echado en falta esa claridad en la prensa madrileña, la verdad. Porque lo que pasó ayer en Vigo fue, en pocas palabras, precisa y exactamente eso, o mejor lo que NO pasó: los blancos NO echaron de menos a Casemiro, en efecto. ¿No es una buena noticia, y no deja de ser curioso que sea la prensa barcelonesa quien nos la traiga?
El Barça, por lo demás, juega esta noche en Anoeta, y la portada de Sport ya no sabe a qué sutilezas recurrir para suplicar a los de Xavi que ganen, de manera que optan por un taxativo “¡A ganar!”. Cuando te llega el agua al cuello, y la presión de las palancas te ahoga, no hay mucho lugar para el refinamiento, aunque sí lo haya para el topicazo cuasi-faltón: “La pegada del Madrid decide en Balaídos”. ¡La pegada de los atletas! Hay estereotipos que nunca deberían pasar de moda ni pasar a ser verdad.
Pasad un buen día.
Los grandes equipos, como las grandes empresas, siempre tienen un poco de Esparta y un mucho de Atenas, el equipo de ayer cuando leí la alineación en Twitter me dio esa sensación.
Después de los primeros 45 minutos vislumbro un futuro brillante en esa pareja de reyes espartanos que pueden formar Camavinga y Tchouaméni, que suman a la ética de trabajo una estética adictiva para el espectador. La primera parte fue verdaderamente espesa, estuvieron todos mal, pero si cada vez que pierdes la pelota te acechan uno de los dos Reyes espartanos, no te queda otra opción que pulsar aquella tecla que pulsó John Williams para componer Tiburón.
Aún están verdes nuestros Reyes, verde el equipo y la presión, para qué engañarnos, bastante mal trabajada, pero el Celta no consiguió tener una sola ocasión de gol nítida en la primera parte salvo un penalti producto más de un descuido que de un acierto. Estamos en agosto, así que prefiero que fallemos por prepotencia (Rüdiger y Militao) antes que por impotencia, será cuestión de gustos.
En el segundo periodo, todo mereció la pena porque Modric estaba jugando, cada vez que le llegó la pelota mejoró lo que se le había entregado, como aquella filosofía de “deja las cosas mejor que las encontraste” pero contenido en 70 minutos que ha jugado. Recuerdo aquí, entonces, ese diálogo entre Sócrates e Hipias de Élide en el que Sócrates arrincona al sofista convenciéndole de que ética y estética son dos caras de la misma moneda, una y la misma cosa. 2.400 años más tarde llegó Modric al Madrid y le echó un cable a Sócrates porque nunca se ha entendido mejor que con su ejemplo.
Y mientras termino de ver el partido pasan cosas reseñables, Camavinga regatea a uno con el cuerpo y centra como Beckham, Aspas me eriza la piel mientras anima con 1-4 a su equipo, jugador-estado donde los haya y respeto máximo hacia él y esa especie en extinción, Vinicius marca y asiste jugando mal y Balaídos está ovacionando a Modric. OLÉ.
La noche es de felicidad máxima y yo solo pienso que como Mbappé sea tan idiota como pretende hacernos pensar y nosotros tengamos a Camavinga y a Tchouaméni gracias a su espantada voy a empezar a pensar que somos un equipo con mucha suerte.
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Courtois: 6. Seguro cuando fue requerido y sin opciones en el penalti transformado por Aspas.
Carvajal: 5. Negado en el primer tiempo, más templado en el segundo.
Mendy: 6. Seguro, sin alardes.
Militao: 5. Cometió un penalti absurdo. Por lo demás, correcto.
Alaba: 6. Cumplió con solvencia.
Tchouaméni: 8. Solvente, solidario, fino, serio, omnipresente en ataque y defensa. Tiene mucho carácter. Va a costar que se amilane, pese a la enormidad de la sombra de Casemiro.
Modric: 8,5. Su golazo y su pase a Vini en el tercero valen el partido. Magistral, como acostumbra.
Camavinga: 7. Partido muy convincente en todos los órdenes. Bravo por su templanza.
Valverde: 6. Mal primer tiempo. Estimulante en cambio su segunda mitad.
Benzema: 6,5. Se ofreció en todo momento, combinó con excelencia y anotó su penalti.
Vinicius: 7. Amenaza constante y golazo de crack.
Rüdiger: 6. Pocos minutos pero magníficamente aprovechados, protagonizando un contragolpe inolvidable que acabó en penalti.
Hazard: sin calificar, pese al penalti fallado. Sin tiempo.
Ceballos y Asensio: sin calificar.
Ancelotti: 7,5. Otro día más en la oficina.
Arbitró Jesús Gil Manzano del Comité extremeño. En el VAR estuvo González González.
La primera jugada importante del choque llegó en el 11' con un cristalino penalti de Tapia por mano a disparo de Alaba que conllevó amarilla para el peruano. Gil Manzano no lo vio en directo y necesitó de demasiadas tomas del VAR para señalarlo. Parecía que no quería, oiga. Once minutos más tarde, tuvo más reflejos para ver rápidamente otra mano clara de Militao a cabezazo de Paciencia. En el resto del primer acto tomó la decisión de no pitar una evidente falta a Camavinga a un metro de su posición y tampoco amonestar a Hugo Mallo tras cuatro faltas a Vinicius. Para algo está sacar tarjera por la reiteración. Por último, en el 46' cayó Camavinga en una carga legal dentro del área celeste.
En la segunda mitad, y antes del tercer gol blanco, los locales reclamaron un surrealista penalti de Militao. Primero, el balón viene de un compañero. Segundo, el brasileño está de espaldas. Y tercero, el central tiene los bajos pegados y en posición natural. Por lo demás, hubo dos amarillas justas para futbolistas merengues. Carvajal en el 64' pega abajo a Paciencia y Alaba en el 67' derriba a Aspas cuando el celeste se iba por banda. Y en el 86' otros once metros después de que Mallo se llevase por delante a Benzema. Por fin vio tarjeta amarilla el lateral gallego.
Gil Manzano, BIEN.
El Madrid goleó al Celta en un segundo tiempo espectacular, con un Modric estelar y una actuación muy convincente de un centro del campo huérfano por primera vez de Casemiro. Esta circunstancia, el adiós de Casemiro, convertía el partido en una especie de reválida para Tchouaméni. En el Madrid se tiene la obligación de pasar reválidas antes incluso de pasar las “válidas”. Fue de los mejores. Cerró vías de agua en los errores defensivos de sus compañeros, robó balones, circuló el balón con criterio y, ya en el segundo tiempo, hurtó en la frontal del área propia para organizar la contra que culminó en el 1-4 de Valverde. No está Case, no estará más, but the Tchou must go on. La prensa se ocupará de tratar de inocular a Tchou un síndrome de Rebeca de caballo en relación a Casemiro. No lo tendrán fácil, porque es buenísimo.
El partido comenzó con lo que el espectador identifica como languidez idiopática, o sea, que se desconoce su causa. La laxitud celtiña podría acaso atribuirse al temor al campeón de Europa, mientras que la aparente inoperancia blanca (hoy negra) podría achacarse al efecto psicológico del adiós de Casemiro. Es, quiérase o no, un disgusto para el grupo de amigos y profesionales integrales que ese vestuario constituye, y por el momento es una incógnita cuánto costará sacudirse el aturdimiento. Hay confusiones teñidas en pena, o viceversa, que agarrotan las piernas del espíritu más artero. Todo se desenmarañó con un penalti diáfano en área celtiña, por mano tras remate de Alaba en un córner. Benzema lo convirtió y los celtiñas todavía lo están protestando, seguramente porque la mano no involucró el dedo meñique del defensa celtiña.
En el minuto 21 Militao cometió otro penalti por una mano completamente absurda. Es llamativo que el mejor defensa del Madrid, héroe indiscutido e indiscutible de la extraordinaria temporada anterior en la zaga, sufra pájaras tan notables como la que le llevó a estirar el brazo en ese centro. Padece Eder de alarmantes accesos de empanamiento que por fortuna son infrecuentes, pero que pueden minar su confianza a poco que encadene un par de ellos. Menos mal que Modric puso en orden la casa con una finta sublime en la frontal del área y un impecable chut con un efecto mágico. La sensacional maniobra del croata puso remedio a los errores que se sucedieron por parte de sus compañeros, en particular por una banda derecha que tuvo una primera parte toledana. Tampoco se entendió muy bien el conservadurismo del equipo en ese primer tiempo. El Madrid tiene ahora futbolistas para restringir el bloque bajo a los partidos donde sea imprescindible.
El adiós de Casemiro, convertía el partido en una especie de reválida para Tchouaméni. En el Madrid se tiene la obligación de pasar reválidas antes incluso de pasar las “válidas”. Fue de los mejores
Prosiguiendo con la lección impartida, Modric filtró a los diez minutos de la reanudación un pase magistral para el contragolpe de Vinicius, que no se puso precisamente nervioso para regatear a Marchesín. El baile celebratorio del brasileño no gustó al público de Balaídos, que sin duda prefiere el break dance de su alcalde. Todo molestaba al público, en cualquier caso. Protestaron el origen de la jugada, esta vez porque Militao no se amputó el codo estando de espaldas a la portería y con la extremidad superior encogida. En reconocimiento a la audiencia viguesa, hay que reseñar sin embargo que se puso en pie para aplaudir a Modric al ser sustituido.
Luego vino el referido gol de Valverde y el Madrid gustándose, con un contragolpe hacia el final protagonizado espectacularmente por Rüdiger, que desembocó en un nuevo penalti. Benzema, en un reflejo del absoluto anti-prima-donna que es y será pese a ser el mejor del mundo, cedió a Hazard la posibilidad de lanzarlo para ganar en confianza. Lo falló, con lo que no pudo cerrar con una manita una muy placentera noche de fútbol en Balaídos.
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Vespasiano agonizaba. En su lecho de muerte el emperador miró a sus allegados y, con una sonrisa irónica, anunció: “creo que estoy a punto de convertirme en un dios”. Justo después, expiró.
El Madrid legendario de las cinco copas de Europa comenzó este verano su proceso de divinización. Desaparece poco a poco para trascender en la memoria y hacerse inmortal. No sé si estábamos preparados para ello. Cristiano, Marcelo, Bale… y ahora Carlos Henrique Casemiro; que ha sido el último en abandonar el Bernabéu en rompimiento de gloria.
No es fácil dejar el Real Madrid arropado por el amor casi unánime de los madridistas —digo “casi” porque siempre hay gente peculiar por el mundo que no ama a Casemiro, no le gustan los besos o jamás se ha reído en una película de Billy Wilder—. Ni siquiera ser una leyenda te garantiza tal extremo. Iker Casillas se marchó casi a gorrazos, a Sergio Ramos se fue en medio de un atronador suspiro de alivio, más aplaudido por la prensa que por el madridismo, lo que nunca es buena señal, Cristiano Ronaldo —el mayor goleador de la Historia del club, ojo—, aún hoy, sigue en cierto modo suscitando más respeto que cariño entre los madridistas… Porque lo cierto es que en el Real Madrid es más fácil ganarse lo primero que lo segundo.
No es fácil dejar el Real Madrid arropado por el amor casi unánime de los madridistas —digo “casi” porque siempre hay gente peculiar por el mundo que no ama a Casemiro, no le gustan los besos o jamás se ha reído en una película de Billy Wilder—.
A José Mourinho el madridismo le debe mucho. Él nos trajo el armazón sobre el que se armaría el equipo de las cinco copas de Europa: Modric, Varane, Casemiro… y, antes de marcharse abruptamente, dejó señalado a un galés orejudo que hacía magia en el horizonte. “A este, presi, tráete a este y ya tienes casi todas las piezas. Tan solo te quedará sentarte y contemplar cosas asombrosas.”
Un día, Mourinho llamó a Casemiro a su despacho: “mañana vas a jugar como titular porque juegas mucho y eres muy bueno —le dijo—. Tranquilo. No tengas miedo: tú, en el primer balón, sal a muerte y el Bernabéu te amará”.
Pocas veces una profecía se ha cumplido de forma tan plena y exacta.
¿Qué tributo se le puede dar a Casemiro? ¿Qué hay que el Real Madrid pueda darle como muestra de ese amor? No lo sé. Ayer, medio en serio medio en broma, reflexionaba sobre la idea de que el club podría crear un cuerpo autónomo de nobleza y otorgar su primer título a Carlos Henrique Casemiro. Tal vez podríamos nombrarlo Archiduque de la Final de Cardiff con Grandeza de Vestuario. Aunque “archiduque” también se me queda corto. En el imperio bizantino existían los “megadoux”, megaduques, que se acerca un poco más a lo mínimo que merecería Casemiro, pero tampoco es suficiente.
La corte de Constantinopla cobijaba una raza especial de nobles: los porfirogénitas. Nacidos en la púrpura. El nombre viene de una sala del Sacro Palacio Imperial cuyas paredes estaban forradas de ese color y en la que las mujeres de la familia imperial daban a luz. Sus hijos, los “nacidos en la púrpura”, eran los únicos que tenían derecho a vestir prendas de ese valioso y carísimo tinte. Usurpar ese privilegio estaba castigado con la pena de muerte.
Un día, Mourinho llamó a Casemiro a su despacho: “mañana vas a jugar como titular porque juegas mucho y eres muy bueno —le dijo—. Tranquilo. No tengas miedo: tú, en el primer balón, sal a muerte y el Bernabéu te amará”
Creo que a Casemiro podríamos nombrarlo “megadoux porfirogénitos legeindarios”. Nacido en la púrpura de la sala de trofeos del Santiago Bernabéu y con el privilegio exclusivo de llevar el número 14 a la espalda.
Pero pienso que eso tampoco es suficiente. Quizá ni siquiera sea necesario. Imagino a Casemiro leyendo esta propuesta y sonriendo de medio lado con su expresión de hombre cabal. “¿Para qué quiero títulos y honores?”, pensaría quizá. “Ya tengo todo lo que un hombre puede necesitar en esta vida: soy amigo de Luka Modric y de Toni Kroos”. Y tendrá razón. Hay pocos privilegios que superen a ese.
No sé cómo despedir a Casemiro. Todo me parece insuficiente y, al mismo tiempo, exageradamente inapropiado para alguien cuya humildad natural avergonzaría a un santo anacoreta. En sus ocho años como madridista, Carlos Henrique Casemiro nos ha dado profesionalidad, respeto, cariño y entrega. Los garethistas, además, nunca olvidaremos las veces que cuando Bale saltaba al campo en medio de un concierto de pitos, él se colocaba a su lado y, cada vez que hacía una jugada, mirando a la grada levantaba las manos para aplaudir de forma ostensible. Ese es Carlos Henrique Casemiro. ¿Cómo se agradece eso? ¿Qué hay en el mundo que pueda simbolizar el respeto y el cariño que sentimos por uno de los hombres más honestos, nobles y decentes que ha pisado jamás el césped del Bernabéu? Y que, por si fuera poco, además es un futbolista sobresaliente.
Casemiro ha sido la roca del centro del campo del Real Madrid. Una montaña de piedra sobre la que saltaba Toni Kroos para conquistar los cielos con su mirada de halcón mientras Luka Modric danzaba por el césped como un océano salvaje, como un río entre los peñascos. Y allí estaban los tres elementos: agua, tierra y viento; y el fuego en la grada del estadio cuando los tres restallaban como una incontenible fuerza de la naturaleza.
Hemos perdido la roca, pero sintámonos afortunados porque aún nos quedan el viento y el océano. Casemiro se marcha y el fuego se apaga. Es otoño en el Bernabéu.
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“A nuestros enemigos les llevamos ventaja también en cuanto al adiestramiento en las artes de la guerra, ya que mantenemos siempre abiertas las puertas de nuestra ciudad y jamás recurrimos a la expulsión de los extranjeros”.
Discurso fúnebre de Pericles
Se nos va parte del escudo. Un jugador que reúne exactamente lo que el Madrid tiene y los demás menos. Porque la realidad es que si el Madrid fuera un jugador sería parecido a Casemiro, Carvajal o Valverde. Ése es nuestro orgullo.
¿Qué jugador sería el Real Madrid? No sería el mejor jugador del equipo con el balón, habría otros que serían mejores que él y darían muchos más pases. No sería el jugador más rico, ni el que tendría más salario, por mucho que se empeñen en contarlo así. Tampoco sería delantero porque en el Real Madrid es igual de importante atacar que defender. Tendría doble nacionalidad, española y brasileña, porque como indicó Pericles en su discurso fúnebre, ni el Madrid premia al de la casa por ser de la casa, ni Casemiro ha rehusado jamás tener competencia por ser quien es. Eso es Casemiro y eso es el Real Madrid, el equipo que entiende competencia como sinónimo de cooperación, con abrazo a Antonio (Escohotado) allá donde esté.
Se nos va parte del escudo. Un jugador que reúne exactamente lo que el Madrid tiene y los demás menos. Porque la realidad es que si el Madrid fuera un jugador sería parecido a Casemiro, Carvajal o Valverde
Florentino ha aprendido tantas cosas desde que es presidente, que si fuera un Rey le tendrían que llamar “El humilde” porque humildad, insisto una vez más y con perdón, no es hablar bajito ni decir que otros son mejores, humildad es escuchar a los demás y aprender del pasado. En esto somos el mejor club del mundo y Florentino el mejor presidente.
A Florentino se le fue un tridente entero cobrando por no jugar. Eso sí, los tres de manera escalonada, Raúl, Guti y Casillas, pero aprendió. Dijo de su primer mandato: “he mimado demasiado a los jugadores”. Aprendió a renovar, año a año, a los jugadores que se hacen mayores, para evitar que ingratos, como Isco, “okuparan” plazas en el banquillo sin aportar nada más que malas caras, algún insulto y paupérrimos calentamientos. Así que ahora se renueva en horas bajas (a Valverde en pandemia o a Rodrygo antes de explotar definitivamente) y vende mitos mientras son mitos, se llamen Varane o Casemiro; meses antes les suele encontrar sustituto de garantías, por cierto.
Y ahora, la operación.
Compras a un chico de 20 años por 5 millones, ganas 5 Champions y lo vendes por 72+13 cuando le quedan 5 años de fútbol, más o menos. O mirado de otra manera, con la venta de Casemiro has financiado la compra de Kroos (20), Modric (35), Valverde (5), y Camavinga (31). El mejor centro del campo del mundo cuesta 80 millones (de Tchouameni) y tienes a 5 titulares en cualquier equipo del mundo. Una transición muy dulce, no hay duda.
Ahora falta rematar la plantilla con un atacante, una vez que las cuentas estén cuadradas y el mercado hecho. Ya no hay excusas.
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