Corre el año 218 aC y Roma ve con recelo cómo Cartago emerge de sus cenizas, pese a la pérdida de Sicilia y los tributos impuestos en los tratados de paz tras la I Guerra Púnica, gracias a su expansión por la península ibérica.
La conquista cartaginesa de Sagunto, aliada de la Res Publica en Hispania, supone el casus belli perfecto para legitimar una declaración de guerra ansiada por muchos senadores, temerosos de que su auge comercial en el Mediterráneo acabara por arrebatarles el liderazgo militar y, por qué no decirlo, ávidos de explotar las ricas minas de Iberia. “Nunc aut numquam”¹ resonaba en la Curia Hostilia para convencer a los últimos reticentes, incapaces de evitar lo irremediable. En primer lugar, por la confianza que otorgaba disponer de más y —supuestamente— mejores efectivos y, en segundo lugar, porque los cartagineses carecían de un líder contrastado. En efecto, habían pasado diez años desde la muerte de Amílcar Barca, el gran general púnico que iniciara la conquista de Iberia, y tampoco contaban con su yerno y sucesor, Asdrúbal, asesinado hacía ya tres años. Rápidamente el gobierno cartaginés ratificó a un joven Aníbal, hijo de Amílcar, al frente de sus tropas en la península, lo que implicaba estar alejadas tanto de Roma como de Cartago. A su poca experiencia (dos años de conquistas de tribus menores al sur del Ebro), Aníbal sumaba la inferioridad numérica, por lo que en Roma nadie esperaba una contienda larga.
En un giro inesperado de los acontecimientos, Aníbal decide que la mejor defensa es un buen ataque y parte de Cartago Nova (Cartagena) rumbo a Roma, sorteando mil dificultades que incluyen el cruce de los Pirineos, ataques furtivos de tribus Galas, el cruce de los Alpes en pleno invierno, y enfrentamientos con las legiones que le salieron al paso, en batallas memorables como las del río Tesino, Trebia y el lago Trasimeno. Tras dos años de contienda, ambos ejércitos se enfrentan a cara o cruz en la gran batalla de Cannae, el dos de agosto del 216 aC. Allí Roma sufre la que quizás haya sido su derrota más trágica, atendiendo a las consecuencias que pudo tener en su propia supervivencia como civilización.
Desbordadas por la estrategia púnica, pese a disponer del doble de efectivos, las legiones romanas son arrasadas, dejando vía libre a Aníbal, quien pronto alcanza la capital de la Res Publica sin más oposición para someterla que sus murallas. Es en esos momentos donde, desde lo alto de estas, atisbando a su pie la caballería del enemigo, sus ciudadanos gritan “¡Hannibal ad portas! ¡Hannibal ad portas!”, dejando perenne el pánico que se siente instantes antes de ser conquistados.
Desbordadas por la estrategia púnica, las legiones romanas son arrasadas, dejando vía libre a Aníbal, quien pronto alcanza la capital de la Res Publica sin más oposición para someterla que sus murallas. Es en esos momentos donde, desde lo alto de estas, sus ciudadanos gritan “¡Hannibal ad portas!”, dejando perenne el pánico que se siente instantes antes de ser conquistados
Tras una epopeya sólo comparable a las de Alejandro, Julio César, Pizarro o Hernán-Cortés, Aníbal está a un paso de cambiar el curso de la Historia. Ha logrado lo que nadie pudo imaginar, disponer del tiempo, el espacio, los medios, el conocimiento, y hasta la ayuda de los dioses en momentos decisivos, para herir de muerte a su enemigo. Sin embargo, cuando aparentemente sólo queda lo más fácil, no supo rematar a una civilización que se desangraba por todas sus costuras. Muchos son los historiadores que se preguntan por qué no dio el paso definitivo. Quizás consideraba insuficientes sus medios para un largo asedio ante el tamaño descomunal de las murallas, quizás los dos años de contienda le estaban pasando factura, quizás pensó que sólo conquistando antes el sur de Italia podría asediar la gran urbe, quizás temía por la llegada de suministros y refuerzos desde Cartago donde ciertos aristócratas como Hannón el Grande veían con recelo el imparable ascenso del joven general… Sólo él lo sabe. Murió dejando espacio para la especulación de quienes jugamos a reinterpretar la Historia. Lo único cierto es que no lo hizo y, 14 años después, Aníbal vería cómo su enemigo había resucitado gracias a otro joven general, Escipión el Africano, quien le derrotaría en Zama en lo que fue la crónica de una muerte anunciada del imperio cartaginés.
Gracias a su estrategia, Guardiola tuvo al Madrid donde Aníbal tuvo a Roma tras Cannae, y la prueba es que ambos hubieran firmado esa situación al inicio de sus campañas sin dudarlo… Craso error
El 4 de mayo, cuando flotaba por Concha Espina tras la épica victoria contra el artificial City de Guardiola, no pude evitar recordar a Aníbal y su cruel destino. Ese “morir en la orilla” o “engordar para morir” que tan sabiamente apunta el refranero nacional y que Maharbal, comandante al mando de la temible caballería númida al servicio de Aníbal, definió con una sentencia que perdura hasta nuestros días. “Sabes vencer, Aníbal, pero no sabes sacar provecho de tus victorias”. Qué gran reflexión. A los puntos, Guardiola había sabido vencer. Con el tiempo reglamentario cumplido y la victoria inglesa ondeando en el marcador del Bernabéu, no hubiera sido injusto que pasara el City a la final por mucho que me doliera reconocerlo. Siempre por delante en la eliminatoria, Pep tenía el jaque mate a tiro, con dos goles de ventaja, el Madrid desconcertado y Grealish inventándose ocasiones que, de no mediar la punta de los tacos de Courtois o la pierna de Mendy, hubieran subido el 6-2 al marcador global. Gracias a su estrategia, Guardiola tenía al Madrid donde Aníbal tuvo a Roma tras Cannae, y la prueba es que ambos hubieran firmado esa situación al inicio de sus campañas sin dudarlo… Craso error.
Pero la Historia se escribe en renglones torcidos y no es la primera vez, ni será la última, que pierde un partido o una guerra quien tiene todo a su favor. Ya lo vimos en la final de la UCL de 1999 entre United y Bayern donde el equipo alemán ganaba 1-0 en el minuto 90 y acabó perdiendo sin llegar ni a la prórroga; o en la batalla de Farsalia donde Pompeyo, con muchos más efectivos que Julio César y un apoyo mayoritario del Senado, fue derrotado, días antes de que Ptolomeo XIII entregara su cabeza al propio César en una bandeja de plata para lograr un apoyo que nunca se produjo. La pregunta sería, pues, ¿por qué? La diosa fortuna, que ayuda, también se persigue, siendo un recurso demasiado fácil para servir de respuesta a todas las preguntas, además de reflejar una de las muchas diferencias entre mi admirado Aníbal y mi despreciado Guardiola. Mientras el primero se ofendería si alguien acudiera a ésta para justificar lo acontecido frente a Escipión, el segundo la usa sin pudor en su particular reconstrucción de los hechos cuando tercia una derrota.
Sin entrar en tácticas deportivas, ni en estrategias militares, pues daría para un libro más que un artículo, hay elementos comunes a todos los escenarios en los que nadie hubiera apostado por el vencedor.
Nadie logra una hazaña si no creyó antes que fuera factible. Ni Aníbal en Cannae, ni Escipión en Zama, ni por supuesto el Madrid ante el City. Esa fuerza mental ni es fácil, ni es común. ¿Cuántas veces sabemos que un jugador es mejor, pero preferimos a otro en nuestro equipo? En deportes individuales se aprecia muy bien, siendo Nadal, quizás, el mejor ejemplo. Para tener su palmarés se necesita su calidad, claro, pero otros con tanta calidad como él no lo tienen… No, no es sólo eso, es su mentalidad la que le ha permitido ser, quizás, el mejor tenista de la Historia. Sin embargo, en deportes colectivos la ecuación se complica porque la gestión de un grupo no es sólo una suma de gestiones individuales.
Si algo demostró esta Champions es que el Madrid como colectivo ha sido mentalmente muy superior a sus rivales en los momentos decisivos, especialmente en la zona Cesarini. Ha sabido sufrir y reponerse a numerosas adversidades en todas y cada una de las eliminatorias e, incluso, en la fase previa. Empezó perdiendo contra la supuesta cenicienta del grupo, acabó ganando al Inter en los minutos finales, remontó milagrosamente contra el PSG, remató al Chelsea cuando éste le pagaba con su misma moneda, destrozó años de inversión millonaria en el City en sólo cinco minutos y, hasta en la final, supo vencer a un Liverpool que pudo haberse adelantado primero y empatado después. Pudo, sí, pero no lo hizo.
Si algo demostró esta Champions es que el Madrid como colectivo ha sido mentalmente muy superior a sus rivales en los momentos decisivos, especialmente en la zona Cesarini. Ha sabido sufrir y reponerse a numerosas adversidades en todas y cada una de las eliminatorias e, incluso, en la fase previa
Recuerdo el partido en el Bernabéu contra el City donde todo el estadio rugió al oír que daban 6 minutos de descuento. Como muchos, estaba más convencido de pasar con 0-1 que con el 0-0, porque el escenario inicial había cambiado. Ya no había tácticas (sorry, Pep, se deshizo tu tela de araña que aburre a las ovejas), sólo había épica e instinto y, ahí, el Madrid sí era claramente superior a su rival porque, mientras el equipo inglés tenía a su líder en el banquillo, el Madrid los tenía en el campo. Sólo había que marcar un gol y el castillo de arena de Guardiola se desharía; todos lo sabíamos, incluso él. Basta ver su parálisis desde el 1-1, cuando aún tenía todo en su mano. Lo difícil no era meter tres, era meter el primero. Lo hablamos en las gradas, se palpaba en el ambiente. Con el empate de Rodrygo, el árbitro suspendió el partido de fútbol y dio inicio al partido psicológico. El Madrid creía en el milagro porque su técnico creía, sus jugadores creían y el estadio creía. Esa fe irracional transformó las montañas inglesas en volcanes, abriendo un espacio imposible para que Rodrygo Alonso Santillana, rematara desde el cielo entre dos centrales que le sacan una cabeza cada uno, con un testarazo que ya es historia viva del madridismo. Suerte, dicen.
El Madrid ha pasado por diversas fases de miedo en esta Champions. La primera fue en la ida contra el PSG y en la vuelta hasta el primer gol. Se notaba el miedo en unos jugadores irreconocibles, incapaces de dar dos pases seguidos. Fueron 150 minutos de miedo a perder en los que encajamos “sólo” dos goles, gracias un portentoso Thibaut Courtois que nos sacó muchas castañas del fuego. Sin embargo, en los pocos minutos que el miedo cambió de bando, fue tan tremendo el descalabro parisino, que les cayeron tres como pudieron ser cinco. La segunda vez fue en la vuelta contra el Chelsea. Tras un primer partido memorable, su gol al poco del comienzo en el Bernabéu, tras un fallo defensivo un tanto naif, instaló el miedo en los jugadores y el equipo londinense con valentía y oficio, supo sacar partido. Al igual que contra el PSG, fue meter el primer gol —un gol eterno— en ese partido y trasladar todo ese miedo a un rival que no supo gestionarlo, ni de lejos, como el Madrid.
Contra el City fue una eliminatoria diferente. Nadie tuvo miedo a la ida, y a la vuelta todo se concentró en el tramo final. Tras el golazo de Mahrez, y a medida que avanzaban los minutos, el Madrid empezó a temer por la derrota. Esta vez fue la retaguardia quien, con dos acciones salvadoras, devolvió la confianza al equipo, trasladando el miedo al rival que literalmente desapareció del campo. El afán de Guardiola por tener jugadores dóciles tampoco ayuda en esas situaciones, en contraposición al agrado de la afición merengue por jugadores con carácter desde la época de Bernabéu. Y por terminar la concatenación de hechos, en la final, más allá de los nervios, no vi miedo en ningún equipo, lo cual dice mucho de sus dos entrenadores y, por extensión, de quienes los contrataron y de a quienes entrenan, a la altura de unos clubs tan históricos como a los que representan.
hay elementos comunes a todos los escenarios en los que nadie hubiera apostado por el vencedor: El primero es el convencimiento. El segundo es el miedo.
Hay más factores, sin duda, pero me quedo con estos dos. ¿Y la calidad? Sí, claro, como el valor en el ejército, se presupone. Nadie llega a eliminatorias de UCL sin ella. ¿Y la suerte? Si a estas alturas te lo preguntas, vuelve a la casilla de salida. ¿Y el esfuerzo? Véase comentario respecto a la calidad. Muchos son los factores que intervinieron para que Frodo lograra fundir el anillo en la lava del Monte del Destino, pero por encima de todos destacan su convencimiento de estar haciendo lo correcto y su gestión del miedo, porque el miedo lo tenemos todos, lo que nos diferencia es cómo lo gestionamos.
Guardiola ad portas quedará en nuestra memoria como Aníbal sitiando Roma, como símbolo de lo que pudo no ser y no fue o, mejor dicho, sí fue, pero no para ellos. Las guerras, como los títulos, se ganan, no se compiten. Ambos pagaron su gran error, viendo como su odiado rival se alzaba con la victoria final. Pero no hay odio sin admiración o, cuando menos, reconocimiento, porque la altura de tu enemigo marca la tuya propia. Por eso este título quasi imposible sabe tan dulce y, por eso, es una gesta que pasará de generación en generación. Hablaremos a nuestros nietos de las remontadas imposibles de la 14 en el Bernabéu como mi abuelo me habló de las noches europeas del Madrid de Di Stefano o mi padre del miedo escénico de las dos UEFAs. Y si ellos quieren, cuando ya no estemos, harán lo propio.
Historia que tú hiciste, historia por hacer.
¹ ahora o nunca
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Buenos días, amigos. Esta sección de La Galerna está frecuentemente transida de ironía y sarcasmo con todo lo relativo al FC Barcelona y, muy en particular, con sus terminales mediáticas. De ahí que no quepa descartar que algunos lectores hayan pinchado en el portanálisis de hoy animados por el habitual animus iocandi, descontando que en su título se escondería alguna maldad con doble fondo y triple intención satírica. El Barça, más en concreto el Barça actual, daría para ello.
Nada más lejos de la realidad, sin embargo. Hoy decimos Visca Barça sin el mejor asomo de ironía, porque nos parece que hoy vemos el fruto de una iniciativa absolutamente loable por parte del adversario catalán.
Sí, amigos, hoy no queda sino rendirse a la evidencia y aplaudir la celebración del partido para recaudar fondos para la investigación de la ELA que ha organizado el Barça, y que tendrá lugar esta noche en el Nou Camp. Aparte de los alicientes estrictamente futbolísticos, que Sport glosa en su portada, está la objetiva bondad de la causa, a la que La Galerna se une con entusiasmo invitando a todo el que pueda a que acuda al estadio y/o done para dicha causa, al frente de la cual está un hombre ejemplar que vive en sus carnes la enfermedad: Juan Carlos Unzué.
Unzué, que podría haberse quedado en casa lamentando su mala suerte, ha decidido invertir su tiempo en el activismo anti-ELA. Ha decidido convertirse en la cabeza más visible a nivel nacional de un movimiento de apoyo y solidaridad a cuantos sufren la dolencia, con la investigación para el logro de una cura, hoy inexistente, como telón de fondo. Esa cura probablemente no llegue a tiempo para el propio Juan Carlos, pero sí (ojalá) lo hará para otros, y eso anima al que fuese portero y segundo entrenador del Barça. Su empeño, valentía y desprendimiento nos admira y conmueve, como no podía ser de otro modo, y desde aquí solo podemos unirnos a su cruzada sin reservas. Para rubricar nuestro compromiso, titulamos hoy esta sección como jamás pensamos que un día haríamos. Visca Barça, sí, y alabados sean hoy tanto Laporta y su junta directiva como sus contrapartes en el City, que han hecho posible el magno evento de hoy en la Ciudad Condal.
Pasando por encima del discutible juego de palabras —que probablemente habrá que disculpar puesto que es efectivo en la tarea de poner el foco de atención sobre la enfermedad motoneuronal—, ponderamos también como merece la portada de Mundo Deportivo. Se reiteran también los atractivos futbolísticos del choque, aunque nosotros nos quedamos con la fotografía inferior del propio Unzué rodeado de miembros del vestuario culé con la bufanda oficial del encuentro.
Más de 3.000 personas padecen ELA en España, apenas el 34% de las cuales superan los cuatro años de vida más allá del diagnóstico. Aunque el Congreso aprobó ayudas, no se han hecho efectivas, y la inmensa mayoría de los afectados no se pueden costear los gastos derivados del cuidado al enfermo, que son onerosos, particularmente en las fases finales. Por el momento, la ELA no tiene remedio.
Por el momento. Unzué y otros muchos se han propuesto que eso cambie, y todo lo que pueda hacerse en ese sentido cuenta con nuestro apoyo más absoluto.
Visca Barça.
Pasad un buen día.
Por fortuna , la estadística indica que no son frecuentes, pero de vez en cuando los accidentes de avión se convierten en luctuosas noticias que nos conmueven y nos recuerdan que no existe la seguridad absoluta, al 100 por 100. Las carreteras siguen siendo escenario de múltiples accidentes de tráfico, cada vez menos, por fortuna. De vez en cuando un tren descarrila. El azar y el error humano se confabulan para que el progreso no sea totalmente indoloro. Y sin embargo, a nadie se le ocurre renegar y prescindir de todos estos medios de locomoción, y pedir que volvamos a la edad de los carromatos y del caballo como principal alternativa de transporte. Prescindir de aviones coches o trenes, de la rueda, por ir hasta el origen de todo , no se le ocurre ni al que decidió asar la manteca. Y sin embargo, los fallos del VAR, que no provocan derramamientos de sangre ni tragedias que no vayan más allá del cabreo deportivo , conducen a los talibanes del pasado a exigir su retirada y a volver a la Edad de Piedra del fútbol por el prurito de conservar no sé qué pureza ancestral. Otra vez a expensas del inevitable error humano.
Quiero el VAR, exijo el VAR. Igual que quiero seguir viajando en avión aun a riesgo de que alguna vez me toque a mí la china. Pero reniego de sus actuales pilotos. Hay que cambiar a toda la tripulación. A los árbitros que, pese a los intentos de cambio, aún permanecen bajo las sombras de un viejo régimen en el que un club, el más grande, era el apestado, y las estadísticas chirriaban, con ejemplos como los casi dos años sin penaltis ni expulsiones en contra de un Barcelona aún sin palancas. O esa temporada en la que al Madrid no le pitaron ningún penalti a favor los árbitros de campo.
Quiero el VAR. Y que Roures y Mediapro desaparezcan del fútbol, de su dominio y monopolio de las imágenes. Exijo frescura, revolución, nuevos rostros en el poder judicial futbolístico
No quiero que ese colectivo sea el que mantenga la potestad de decidir y, en ocasiones, de renegar de lo que ven nuestros ojos, como en aquella mano del rojiblanco Felipe en un derbi que decidió el destino de una liga manchada también por otras decisiones con las que nos obligaron a tomar la pastilla roja de Matrix y nos quisieron convencer de que nuestros ojos nos engañaban. Aquella liga perdida en 2021 por decisiones ante el Sevilla, el Alavés, el Getafe, o tantas otras. Hay que buscar nuevos jueces.
Y qué decir de esas líneas imposibles que nos convencen de que Odriozola tiene un pie que se estira como el chicle, que Mariano estaba donde no estaba cuando le anularon un gol en Getafe o que Lucas Vázquez aparecía en posiciones diferentes, frame arriba frame abajo, el otro día en Elche.
El Madrid ha ganado dos de las últimas tres ligas pero este año debería ir a por la cuarta consecutiva. No le dejaron hacer el triplete liguero. Quiero nuevos profesionales que se encarguen de decidir, que lo hagan con rapidez, que no rompan el ritmo de los partidos. Y nuevos realizadores que no parezcan más forofos que Gaspart o Laporta. Y que Roures y Mediapro desaparezcan del fútbol, de su dominio y monopolio de las imágenes. Exijo frescura, revolución, nuevos rostros en el poder judicial futbolístico . Pero exijo también que continúe el VAR. Hasta ahí podríamos llegar. Por cierto. El árbitro de VAR avisó de la clara mano de Tapia en el Celta Real Madrid a Gil Manzano. ¿Cambia la inercia y ya no nos obligarán a tragar la pastilla de Matrix?
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Artículos anteriores de la serie:
El ser humano es extraordinario. Extraordinariamente diverso, y esto incluye por supuesto al madridismo. Tras la marcha de Casemiro al Manchester United, mientras que a algunos de nosotros no nos queda sino un hueco vacío donde antes teníamos el corazón, un irreductible grupo de madridistas conserva la entereza necesaria (motivada por la ira o la impotencia de su marcha, quiero imaginar) para no contentarse únicamente con criticar su salida, algo que puedo llegar a considerar entendible, sino para pronosticar todo tipo de malos augurios. Quizá sea el estado de felicidad permanente en el que me encuentro tras la consecución (y sobre todo la forma de obtenerla) de la decimocuarta el que me impide sumarme al grupo de agoreros, pero lo cierto es que soy incapaz de ver con tanta negatividad como sí tristeza la salida de nuestro Casemito.
El principal mal augurio que he contemplado repetido constantemente en las redes, como si de papagayos se compusiera parte de nuestra afición, es el mantra basado en la comparación de la salida de Casemiro con la de Makélélé. Aunque pudieran tener un rol similar como sostén y ancla de sus respectivos equipos, la salida de Case no puede producirse en unas circunstancias más diferentes que aquellas en las que se produjo la del mediocentro francés. Cuando Claude fue vendido por el Real Madrid aquel verano de 2003, la política de fichajes era radicalmente distinta a la que impera hoy en las oficinas blancas. El Real Madrid se encontraba inmerso en la creación de los Galácticos y se utilizó su venta para acometer la llegada del que sería el último de los mismos: David Beckham. No hubo, sin embargo, una gran preocupación por incluir en la plantilla a alguien de un perfil similar al del jugador de origen congoleño que pudiera realizar esa función de recuperador de balones incombustible y acabamos viendo como incluso el propio David acabó ocupando la posición de mediocentro (aunque en un doble pivote) para formar un once con jugadores de inmensa calidad pero tremendamente descompensado.
En el caso que nos atañe ahora, en cambio, el club ha hecho bien los deberes y ha sabido cubrirse las espaldas antes de que se produjera la salida del mito brasileño, no sólo fichando a Tchouaméni (mediocentro titular de Francia y el mejor recuperador de balones de Europa), sino con la llegada de Camavinga el año anterior, que también podría jugar en esa posición. Incluso Valverde ha jugado y cumplido sobradamente en la posición de Casemiro y podría ser una solución interesante (aunque su mejor posición sea la de interior) si las circunstancias lo precisan. De una manera u otra, la salida de Casemiro está más que cubierta y pese a lo emblemático que es y su peso en el vestuario, a nivel puramente deportivo no debería ser excesivamente traumática.
El principal mal augurio que he contemplado repetido constantemente es el mantra basado en la comparación de la salida de Casemiro con la de Makélélé. Aunque pudieran tener un rol similar, la salida de Case no puede producirse en unas circunstancias más diferentes que aquellas en las que se produjo la del mediocentro francés
Este punto nos emplaza a otro debate que está surgiendo desde las profundidades del madridismo y no es otro que la asunción de que Camavinga no sólo es pivote sino que además es mejor que Tchoauméni en dicha posición. Por fortuna, vengo a arrojar algo de luz sobre este asunto para que los sumergidos puedan alcanzar la superficie. Camavinga no es pivote. Camavinga no es interior. Camavinga es Camavinga. Un jugador tan único como extraordinario. Un jugador tan sumamente completo que en una misma jugada completa puedes ver en él reflejados a Redondo, Seedorf y Karembeu. Es inútil querer encorsetar en una posición o rol a un jugador tan especial, indómito y salvaje como él. No importa en qué posición del campo lo coloques, pues en cuánto empiece el partido va a aparecer en cualquier parte del mismo. Va a recuperar, va a ofrecerse, va a conducir, va a pasar en corto y en largo… Lo único que tiene que hacer el entrenador (aparte de crearle automatismos con sus compañeros) es ponerle de titular y despreocuparse del resultado. De cualquier forma, Ancelotti es un entrenador de jerarquías y sabe que se han gastado 80 millones este verano en Tchouaméni (80, todavía no 100, que les veo venir) precisamente para ocupar la posición de pivote, pero eso no impide que, cuando jueguen juntos Aurélien y Eduardo, los veamos formando un doble pivote en bloque defensivo, en lugar de uno u otro como pivote puro porque al final del día la cabra tira al monte y eso de las posiciones muchas veces solo dura lo que tarda el colegiado en marcar con su silbato el inicio del partido.
Otro de los mantras repetidos es el de la similitud con la salida de Xabi Alonso en 2015. Ya saben, mismo entrenador en su segunda temporada, salida del mediocentro tolosarra en la fase final del mercado estival, ausencia de rotaciones a lo largo de la temporada y de títulos al final de la misma por la caída física del equipo. Sin embargo, también en esta ocasión es sencillo encontrar diferencias entre ambas ventas y plantillas. La principal de ellas es el fondo de armario actual con el que cuenta el míster italiano. Quizá la delantera se pueda estar quedando algo coja ante la situación de incertidumbre con el futuro de Asensio, el rendimiento dubitativo de Hazard y el pasotismo de Mariano, pero tanto en la defensa, como sobre todo en el mediocampo, nuestro entrenador va a tener gran variedad de opciones para mover la maquinaria. Y de hecho, ya ha comenzado a hacerlo, pues en prácticamente todos los partidos disputados hasta la fecha, los siete centrocampistas de los que disponía han gozado de minutos. En 2015, en cambio, Ancelotti únicamente utilizaba en el centro del campo a Kroos, Modric, James e Isco y no tenía en su haber el abanico de posibilidades del que dispone ahora.
Pintus y las rotaciones de Ancelotti sumadas a la presencia de auténticas bestias físicas como Valverde, Camavinga o Tchouaméni hace difícil presagiar que el equipo se vaya a volver a desmoronar físicamente (y si lo hace, dudo que sea por el centro del campo)
En pleno 2022, Carletto parece más concienciado de lo que nunca ha estado en toda su carrera de la necesidad de hacer rotaciones y no sólo se debe a que quizá sea la plantilla más completa que ha tenido, o en la que ha contado con un mayor número de jugadores, sino también a la permanente sombra que le acompaña y que no pertenece a otro que al sargento Pintus, especialista en poner y mantener a tono a los futbolistas para que alcancen su mejor rendimiento cuando se juegan las noches importantes. Ya hace tiempo que se viene hablando de un plan específico que han confeccionado conjuntamente entrenador y preparador físico pensando en esta temporada tan especial que se encuentra dividida en dos partes por la celebración del mundial de Catar. El caso es que estamos viendo desde el minuto 1 de temporada a un Carlo entregado como nunca a la religión de las rotaciones y abonado a la oración de los 5 cambios por partidos (algunos incluso antes del 70). Esta filosofía sumada a la presencia de auténticas bestias físicas como Valverde, Camavinga o Tchouaméni hace difícil presagiar que el equipo se vaya a volver a desmoronar físicamente (y si lo hace, dudo que sea por el centro del campo).
No encuentro por tanto ningún síntoma de debilidad en el centro del campo de la plantilla más allá del vacío que pueda dejar en sus compañeros una persona tan absolutamente excepcional como es Carlos Henrique Casemiro. Como él mismo dijo en su despedida: “El Madrid va a seguir ganando más allá de los jugadores. Siempre.” Decía esto justo después de deshacerse en elogios hacia Fede Valverde especialmente y hacia Camavinga y Tchouaméni. Estimo que se puede confiar en la valoración de estos centrocampistas que nos hace el mismo hombre que ha jugado con los dos mejores de su época formando ese célebre “triángulo de las Bermudas” que ya es historia absoluta del fútbol mundial.
Solo resta agradecer con todo el corazón el legado de Casemiro y la huella imborrable que nos deja a todos los aficionados. Porque Case no ha sido simplemente el mejor centrocampista defensivo de nuestra historia. No ha sido un profesional intachable y un trabajador incansable. No ha sido ese jugador que se paraba a saludar a cada trabajador del club y siempre tenía un momento y una sonrisa para cada uno. No ha sido ese compañero que guardaba las espaldas de los suyos, se dejaba todo cuanto tenía en el verde y salía a dar la cara cuando más se le necesitaba. No ha sido una auténtica leyenda del deporte dentro y fuera del campo. No, amigos. Carlos Henrique ha sido incluso más.
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Buenos días. “Siempre serás uno de los nuestros”. Son palabras de Florentino Pérez ayer en el acto institucional de homenaje y despedida a Casemiro. El Real Madrid volvió a estar a la altura y organizó el acto que había que organizar. Casemiro también estuvo a la altura, el paulista tiene el peso y el cuajo de un personaje de Scorsese y, como toda roca, se derritió cuando el calor del madridismo le tocó tan de cerca, de manera que le costó comenzar a hablar, imposibilitado por la emoción. Llora el Madrid, como titula Marca.
Florentino Pérez tampoco fue ajeno al ambiente y a punto estuvo de asomársele alguna lagrima, no recordamos haberle visto tan emocionado en un evento de este tipo. No escatimó en reconocimiento al brasileño, de quien dijo que gracias a jugadores como él el Madrid logra retos aparentemente imposibles. No dudó en afirmar que Casemiro es uno de los mitos del club, Casemito. “Hemos compartido momentos de los más importantes de nuestras vidas”, le espetó el presidente. Casi nada.
También reconoció con sinceridad que no esperaba vivir ese momento, tal vez porque pensase lo mismo que Antonio Valderrama, Fantantonio, quien ha dejado escrito en su artículo de hoy en La Galerna que creía que Casemiro era algo que iba a estar siempre ahí. Pero la vida es aquello que sucede mientras se yerran pronósticos.
Quien no pudo sellar por completo su lagrimal fue Ancelotti, que lució ojos brillantes por culpa de la humedad. Carletto es otro personaje de Scorsese de manual, vive con una tranquilidad propia de quien sabe que todo va a salir bien, o de quien sabe que va a salir mal, pero ante la imposibilidad de evitarlo no se preocupa en exceso.
Casemiro también aseguró que no se iba por dinero, lo recoge As en su portada, que de haber sido así lo habría hecho hace al menos cuatro años. Que vaya a cobrar más en el Manchester United no es incompatible con esta afirmación, aunque David Oller afirmaba ayer que lo que realmente llevó a Case a tomar la decisión de cambiar de aires fue el miedo a defraudar al madridismo, por eso ha preferido irse en lo más alto, para no dar al futuro la opción de que ocurra. Casemiro lo llamó final de ciclo, y afirmó que lo sintió cuando terminó la final de París. Casemiro, historia ya hecha, enmendando la plana al himno de Jabois, como escribió ayer Jesús Bengoechea.
Realmente no parece que el motivo de su marcha sea lo más importante. Lo principal es que el Madrid sigue entero y a velocidad de crucero porque se ha preocupado de ir alimentando la sala de máquinas con Valverdes, Camavingas y Tchouaménis, entre otros. Lo importante es que se ha ido bien, sin echar un pulso al club. Tampoco el club le ha hecho la vida imposible para que se fuese, como sucede en otros lares.
Otros lares donde siguen a vueltas con lo mismo, intentando colocar como sea a tipos como Frenkie de Jong y Aubameyang, hace dos días ídolos que llegaban al Barça para encumbrarlo a lo más alto y que su único pecado está siendo respetar sus contratos. Que Lewandowski y Ansu Fati sean dos grandes jugadores les sirve para ponerlos muy grandes y delante de todo, en un vano intento de ocultar la miseria.
Miseria que es común en otros lugares como el Atlético de Madrid, es alarmante que siga habiendo seguidores, y personas en general, que justifiquen a los delincuentes neonazis del Frente Atlético. En este sentido, aplaudimos la valentía de Iñako Díaz-Guerra.
Gonzalo miró un poco para otro lado, sin embargo, más allá de reconocer que el Frente tiene mucho poder en el club, palabras textuales, afirmó que lo que le preocupaba es “estar en esta situación en la jornada dos”. A nosotros sinceramente nos preocupa más que un club alberge a agrupaciones violentas con delitos de sangre. Agosto de 2022.
https://twitter.com/ElGolazoDeGol/status/1561704742417354754?s=20&t=HPG9dtLibb0Um_ftmllMbQ
Donde no deja de haber miseria moral es en todo lo que rodea al Mundial de Catar. Suma y sigue.
Nos despedimos recordando la anécdota que nos relató Míchel cuando le entrevistamos: «El doctor Herrador me dijo una frase maravillosa: "Míchel, a todo le sobra siempre un año"». Casemiro es sabio.
Pasad un buen día.
Como toda tecnología, el VAR puede aplicarse bien o mal. Por lo general, el propósito de las tecnologías es mejorar algo ya existente, optimizando su funcionamiento. Todo lo que no sea eso es un sin sentido. Y ese debería ser justamente el propósito del VAR: facilitar la toma de decisiones a los árbitros para lograr que sean lo más justas posibles.
A partir de aquí, tenemos el curioso caso de la liga española, donde el VAR se ha planteado con una serie de obtusos protocolos, con componendas entre árbitros de salas, de campo, comités e incluso con una parte de la prensa bramando contra el actual sistema y reclamando el antiguo. Eso que algunos llaman la salsa del fútbol y que consistía en “disfrutar” de groseros errores de los árbitros, por incompetencia o por prevaricación, quien sabe.
Dicho lo anterior, con el VAR, al igual que con casi todo, es tan sencillo como observar cómo funciona en otros países. El modelo de Estados Unidos es el más avanzado y llevan usando la tecnología muchos años. Allí lo que prima es el espectáculo y por tanto se trata de que todo sea por y para el mismo.
En este caso, la idea sería incorporar a los árbitros como parte del espectáculo y grabar todas las conversaciones que tienen entre sí con los linieres, cuarto árbitro y sala VOR, en su caso. Los aficionados podrían escucharlas, mejorando la transparencia y pudiendo asimismo entender mejor lo que ha sucedido.
En el caso de decisiones drásticas como señalar un penalti tras ver la imagen o una expulsión o cualquier otra acción relevante, el árbitro se dirigiría al estadio y comunicaría su decisión y el por qué. Por ejemplo, tal jugador salta con las manos abiertas y eso está tipificado como penalti. En Estados Unidos, en la liga de fútbol americano, ocurre algo similar.
Por otra parte, todo lo que ve el árbitro en el monitor deberían verlo los aficionados, en sus casas y en el videomarcador. Así, junto con el audio, se tendría la información completa y podría incluso entenderse la decisión final del árbitro.
Hacer del fútbol un deporte menos avanzado que otros no tiene sentido. Todo lo que no sea avanzar será una oportunidad perdida para mejorar un deporte que se está quedando atrás con respecto a otros espectáculos y deportes
Otra medida que facilitaría mucho su uso sería una reclamación por equipo en cada parte, para revisar una acción concreta. Y aunque se supone que en la sala VOR ya se revisa todo por defecto, obligaría a parar el partido y a que el árbitro de campo la revisase. Nuevamente, este modelo lleva funcionando con éxito años en el fútbol americano.
El objetivo es que la tecnología ayude a tomar decisiones y que sea más sencillo disfrutar el deporte para todos. Creo que el ejemplo del tenis es patente. En determinados torneos se sabe automáticamente si la pelota ha salido o no. Y en todo caso, los jugadores disponen de varias oportunidades por set para reclamarlo.
Si el objetivo es evitar injusticias y mejorar el espectáculo, se debe revisar toda aquella jugada susceptible de perjudicar a un equipo, sin protocolos que valgan y sin interpretaciones posibles. Todo lo demás pone en duda el uso partidista de la tecnología.
Hacer del fútbol un deporte menos avanzado que otros no tiene sentido. Todo lo que no sea avanzar será una oportunidad perdida para mejorar un deporte que se está quedando atrás con respecto a otros espectáculos y deportes.
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Ahora que se ha ido Casemiro recuerdo muy vivamente una jugada en concreto. Era el último minuto del Barcelona 1 Real Madrid 1 de principios de diciembre del año 2016. El Madrid acababa de empatar hacía un momento con un cabezazo napoleónico de Sergio Ramos. El Barcelona, volcado al ataque, logró desubicar a Keylor Navas en uno de sus pelotazos al cogollo del área. El balón salió rebotado hacia un lado y allí, sin portero, Sergi Roberto creo que fue, Busquets o alguno de estos, lo picó de vuelta a portería con una parábola sutil y altísima. No había portero. La pelota fue cayendo con alevosía sobre la melé de tipos de blanco y azulgrana que se fundían en un trazo impresionista sobre la mancha verde del césped del Camp Nou. A medida que bajaba, la bola cobraba velocidad dirigiéndose en picado hacia la línea de gol, donde no había nadie. A cámara lenta, la jugada parecía una broma, como una acción de rugby. En el instante definitivo, un cuerpo sólido se desprendió de la masa que forcejeaba en el área. Iba de blanco y volaba de espaldas. Con un frentazo poderoso despejó lo que era ya el 2-1 anticlimático que probablemente hubiera puesto en entredicho la victoria final del Madrid de Zidane en aquel campeonato nacional de Liga de la temporada 2016-2017. Ese Deus ex machina era Casemiro, que había salido al campo cojeando cinco minutos antes de que Ramos metiera el gol.
Yo pensaba en Casemiro como en algo que iba a estar siempre ahí. Tenía en mi imaginación la cualidad perenne de los cimientos del Bernabéu o del blanco de la camiseta. Hasta me había hecho a la idea de que algún día se irían Modric o Benzema, pero no Casemiro. Pues Casemiro tiene sólo 30 años y es cimiento. O era. Ahora resulta que se ha ido y además lo ha hecho en un pispás, sin que lo viéramos venir. Seguramente sea lo mejor. Las despedidas son la cosa más difícil del mundo, tanto que conviene no dilatarlas, hacerlas en corto y por derecho. Para que duelan menos.
La culpa es mía por encariñarme. Convertirse en adulto no es dejar de sentir el Madrid como un amigo, como algo propio. Al contrario. Hacerse viejo es caminar con un peso más grande cada día sobre la espalda: el peso muerto del pasado, que tiene el sabor amargo de la bilis negra de la melancolía, que era uno de los cuatro humores de Hipócrates. Ante la taquilla vacía de Casemiro yo juro como Francisco de Borja ante el ataúd abierto de Isabel de Portugal: no encariñarme más con futbolista que se me pueda ir.
Yo pensaba en Casemiro como en algo que iba a estar siempre ahí. Ahora resulta que se ha ido y además lo ha hecho en un pispás, sin que lo viéramos venir. Seguramente sea lo mejor. Las despedidas son la cosa más difícil del mundo, tanto que conviene no dilatarlas, hacerlas en corto y por derecho. Para que duelan menos
Casemiro se va al Manchester United en busca de nuevos retos. Lo puedo entender. Jugar en el Madrid de los jerarcas, siendo uno de ellos, es como mirar la Tierra desde la Luna. Se contempla el abismo desde arriba del todo. Por encima ya no hay nada ni nadie, tan sólo Dios. En el Madrid ha ganado cinco Copas de Europa formando el triunvirato más poderoso que el mundo ha visto desde la Conferencia de Yalta. Su Big Three con Modric y Kroos ha tiranizado este juego. Juntos han reducido la indescriptible complejidad del fútbol (que es la de la vida) a una sencillez elemental y prístina: todas las innumerables combinaciones posibles, todas las líneas de pase que se puedan imaginar, todas las triangulaciones, paredes y asociaciones; todos los movimientos de ruptura y de apoyo, todos los repliegues y todos los contragolpes, todas las fases de dominio que se puedan concebir, todas las aperturas ajedrecísticas, todo el infinito borgiano que contiene la regulación del tráfico del fútbol en la zona medular que ellos han ocupado durante un lustro largo, han sido sojuzgadas, sometidas por estos tres jugadores. De modo que ese caudal salvaje ha terminado obedeciendo las simples reglas de un lenguaje que ellos han inventado y codificado, el lenguaje de la victoria y de la sumisión absoluta. El lenguaje de Casemiro, Kroos y Modric, el lenguaje de los antiguos patriarcas cuyas efigies advierten del peligro a los hombres todavía desde las cúpulas de las iglesias bizantinas.
Juntos, los tres redujeron casi a cero la incertidumbre, que es la fuerza principal que determina el orden de las cosas y la lógica de los acontecimientos. Juntos domesticaron el espacio-tiempo y ejecutaron la gran partitura del Madrid campeón a un compás inalcanzable para nadie, un compás aún más totalitario y despótico que el que tocaron Xavi, Busquets e Iniesta en el Barcelona de Guardiola.
Casemiro se va al Manchester United en busca de nuevos retos. Lo puedo entender. Jugar en el Madrid de los jerarcas, siendo uno de ellos, es como mirar la Tierra desde la Luna. Se contempla el abismo desde arriba del todo. Por encima ya no hay nada ni nadie, tan sólo Dios
Aunque me duele, entiendo que se haya ido. Podía haberse quedado y heredar el club. Casemiro era San Pedro: sobre él, que es roca, han levantado la iglesia del mejor Madrid de siempre Zidane y Ancelotti. Llamar a Casemiro el mejor volante tapón del mundo, como hace Valdano, me parece incluso quedarse corto. Casemiro ha sido más. Ha sido un caudillo en la caseta, la máxima representación del orden natural dentro del campo. Cuando se fue Ramos yo dije que Casemiro iba para capitán: se ha ido antes de tiempo, pero el brazalete estaba hecho para él, a la medida de su brazo enérgico. Casemiro era la ley y el orden.
La ley, el ordem e progresso, como reza la bandera brasileña. No era sólo un tapón, el dique de contención y la última línea de defensa de la civilización. Opacadas sus condiciones puramente técnicas por la presencia a su lado de dos virtuosos como Kroos y como Modric, casi siempre se ha olvidado esa faceta suya a la hora de analizar su aportación al diapasón del equipo. Pero de la bota de Casemiro han salido muchas veces esas roscas de media distancia que adivinaban la trayectoria del desmarque de los delanteros, casi siempre en momentos trascendentales, en eliminatorias, finales y partidos perros. Cuando el rival emparedaba a los pasadores del Madrid, a los encargados de descerrajar la caja fuerte, emergía Casemiro para trazar un puente aéreo entre el pantano y la cabeza o la bota de Cristiano, Bale o Benzema, que sacaba al Real del apuro y empujaba los partidos cuesta abajo.
Su principal cualidad, por supuesto, era la de hacerles presente a los adversarios la muralla china que tenían que atravesar si querían meterle un gol al Madrid. Con Casemiro en el campo había la garantía de que los otros tendrían que sudar. Cuando saltó en Dortmund la primera vez fue como un paracaidista tirándose tras las líneas enemigas con el objetivo de dinamitar él solo el puente que los borussios tenían que cruzar para echar al Madrid de la eliminatoria. Lo hizo. Casemiro era un soldado que iba a los córners a favor como Shaquille O´Neal a por los rebotes. En los balones rifados en las zonas calientes, sobre todo cuando el reloj marcaba la hora de la verdad, se comportaba como la pantera que saca de la charca al cocodrilo de un bocado en el pescuezo. En todos y cada uno de los partidos que jugó con la camiseta del Madrid encarnó la jerarquía de la camiseta, el estatus y el prestigio de un club concebido para dominar con puño de hierro a todo el reino animal. Por eso era de los jugadores más odiados por los antis. Por eso hoy hay media España feliz.
Casemiro forma parte del once histórico del Madrid. Sus partidos junto a Modric y Kroos ya están en la sala privada de cine que tiene Dios en el limbo, donde se entretiene con las creaciones del hombre que más cerca han estado de la eternidad
Que se vaya a Inglaterra por menos de lo que allí han pagado por Maguire o Cucurella es otra de las servidumbres que nos hace tragar el tiempo. El Manchester United ha comprado a un precio ridículo un porcentaje monstruoso de grandeza, de ese carisma que da vida a los muertos en tiempos difíciles. Casemiro tejía una tela de araña delante de los centrales y detrás de las cabezas pensantes, especialmente en los días en los que o se ganaba o el mundo se acababa. Era la sombra pegadiza del gigante, el bochorno que paraliza y la ola que de improviso se suma al ataque y mete ese gol. En la Liga del Coronavirus que Zidane le arañó a la Historia Casemiro fue el segundo máximo goleador del equipo por detrás del 9 titular. Casemiro forma parte del once histórico del Madrid. Sus partidos junto a Modric y Kroos ya están en la sala privada de cine que tiene Dios en el limbo, donde se entretiene con las creaciones del hombre que más cerca han estado de la eternidad. También están en la película de nuestra memoria, esa en la que para siempre guardaremos la mejor época de nuestras vidas y a la que siempre podremos volver para darles vida a las partículas de luz del carrusel de nuestros recuerdos. Abriremos la cajita y con la música no bailará la figurita de la bailarina de Degas sino que se erguirá otra vez Casemiro como en todas esas noches en las que el Madrid refundó el mundo. Será otra vez ese gigante mulato vestido de un blanco nieve del Kilimanjaro y estará otra vez de pie como siempre, luchando con el escudo en la mano en la playa de Maratón, protegiendo de nuestros enemigos, con esa sonrisa tropical inalterable suya, todo lo que hemos amado.
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Se ha ido Casemiro. Es un hecho. La fase de la negación ya está superada, ahora toca la aceptación. Y la despedida de hoy ayuda, sin duda, a superar esta fase. Tras una salida tan dramática para el corazón de los madridistas, lo justo era ahogar las penas en lágrimas, como las que han caído de los ojos de Ancelotti, que pierde un líder; las que han asomado de los de Florentino, que pierde un hijo, o como las que han caído —obvio— de las cuencas del protagonista de hoy, el propio jugador que se ha derrumbado apenas ha comenzado su discurso. El brasileño ya está en Mánchester y en un rato está previsto que acuda a Old Trafford para presenciar el United-Liverpool, un encuentro en el que su nuevo equipo ha de dar un paso adelante y evitar otro descalabro como el de hace unos días frente al Brentford. Su nuevo equipo, qué duro es escribirlo.
Justo para eso lo fichan, para dotar a ese conjunto de liderazgo, el que le sobra a Case, y por eso el futbolista acepta el reto. Ha formado parte de uno de los mejores centros del campo de la historia junto a Modric y Kroos, lo ha ganado todo y necesita nuevos retos, ser la piedra angular en la reconstrucción de un club legendario. No todo el mundo, cuando se retira, puede decir que ha vestido la camiseta del Real Madrid y del Manchester United, seguramente los dos equipos más importantes de la historia del balompié. Es comprensible que haya dado por finalizado su ciclo en el equipo blanco tras tantos títulos, entre ellos, cinco Copas de Europa. La Premier League es un destino siempre muy atractivo para cualquier jugador de fútbol.
No somos ingenuos, claro que no, y sabemos que esta salida también tiene un componente económico. Sobre esto quiero pasar de puntillas porque me aseguran que no ha sido el factor determinante a la hora de tomar la decisión. Casemiro cumplirá en febrero 31 años y el United le ha puesto sobre la mesa su último gran contrato que mejora el que tenía en el Real Madrid tanto en remuneración como en número de temporadas. Sabemos que los jugadores son conscientes de que sus carreras son relativamente cortas e intentan embolsarse lo máximo posible para afrontar el resto de su vida con total solvencia.
Pero el motivo principal por el que Casemiro tomó la decisión, hace algunas semanas, de abandonar el club de su vida es otro. El miedo. El pánico atroz que le atormentó durante la pasada temporada a defraudar a la afición del Bernabéu. A nadie se le escapa que el rendimiento del fenomenal centrocampista no tuvo continuidad el curso pasado. Comenzó pesado, cansado, sin velocidad y errático con el balón en los pies. Fallaba en lo que nunca había fallado. Y él era absolutamente consciente. Pero los grandes futbolistas, con una trayectoria tan extensa, tienen la experiencia suficiente como para no resultar ineficaces en los partidos grandes. Y ahí Casemiro siguió siendo fiable.
El motivo principal por el que Casemiro tomó la decisión, hace algunas semanas, de abandonar el club de su vida es otro. El miedo. El pánico atroz que le atormentó durante la pasada temporada a defraudar a la afición del Bernabéu
Pero también sabe que si el resultado final de la temporada hubiese sido otro, quizá el juicio de la afición al rendimiento colectivo e individual también habría variado. Lo ha dicho hoy en su despedida: “Venimos de ganar la Liga y la Champions y el Madrid te exige ganar todo de nuevo en la temporada que comienza”. Y eso no es fácil. Las épicas remontadas ante PSG, Chelsea y City se dieron… pero pudieron no darse. Todos los años no se puede ganar, ni siquiera el Real Madrid escapa a esa norma no escrita del deporte, y Casemiro temía que la grada —siempre exigente y sedienta de victorias— girara la cabeza hacia su número 14 si las cosas no marchaban bien en la 22/23. El brasileño se conoce a sí mismo mejor que nadie y sabe que ya ha jugado sus mejores partidos con la elástica blanca. Su amplia trayectoria en el club le ha hecho ser testigo de salidas de leyendas blancas que pudieron ser mejores y cuya relación con el respetable se enturbió en su etapa final por un rendimiento diezmado. Es importante elegir correctamente el momento de salir para que el tamaño de la leyenda no solo se mantenga sino que se pueda ver aumentado.
El soplo de aire fresco que ha traído Tchouaméni al centro del campo de Ancelotti, en cierto modo, también podría perjudicarle. El montante de la operación del francés fue muy importante y, ante el menor atisbo de titubeo en las actuaciones de Casemiro, la prensa apretaría apuntando al joven galo como sustituto inminente del paulista. Y eso es lo que la leyenda blanca no quería que llegase a suceder. A su modo de ver, era el momento de dejar el equipo tras una temporada triunfal en la que la comunión entre equipo y afición ha cimentado los grandes momentos y éxitos de los que hemos sido testigos en los últimos meses.
Su amplia trayectoria en el club le ha hecho ser testigo de salidas de leyendas blancas cuya relación con el respetable se enturbió en su etapa final por un rendimiento diezmado. Es importante elegir correctamente el momento de salir para que el tamaño de la leyenda no solo se mantenga sino que se pueda ver aumentado
Ese es el verdadero motivo por el que Casemiro ha decido abandonar ahora el Real Madrid. El punto de inflexión fue la final de París. Pensó que su etapa no podía tener un final más redondo que la Decimocuarta. Y probablemente no se equivocaba. Se marcha con honores, con el cariño, el respeto y el reconocimiento eterno de cuerpo técnico, Junta Directiva y afición. Se ha ganado el derecho a elegir su futuro tras tanto esfuerzo, dedicación y amor por el escudo. Duele, por prematuro e inesperado y porque, joder, el ‘Triángulo de las Bermudas’ estaba recién bautizado. Por fortuna, efímera solo ha sido la nomenclatura y no su coincidencia en el césped. Que te vaya bonito, Carlos Henrique, ojalá puedas ayudar a que el Manchester United vuelva a ser un rival digno en Europa y un firme candidato en la Premier. Y, si no puede ser de España, ojalá consigas hacerte con la Copa del Mundo que tanto deseas junto a Vinicius y Rodrygo. Gracias por todo, Case.
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Historia que tú hiciste,
historia ya hecha.
Hay que tener arrojo para enmendar la plana al himno de Jabois, pero no es menos cierto que Casemiro empieza desde hoy a entonar un himno propio. “La historia ya está hecha” fue no obstante la frase más repetida en la rueda de prensa de despedida del mito, junto con “Es un cambio de ciclo”. Casemiro ha hecho historia y de qué manera pero, aunque subrayó la historia por hacer que le queda a la institución, recalcó que su contribución a la misma está clausurada. Lo repitió con un aplomo que contrastaba con sus lágrimas un rato antes, en el acto con Florentino. Separó los conceptos tal como siega el centro del campo cuando el rival contragolpea. Es un hombre serio: cuando se llora, se llora; cuando se decide, se cierra la escotilla a los sollozos y a la historia por hacer que ya, para él, no existe.
Todo en el acto fue ejemplar: la emoción contenida del propio Florentino, que en todo momento dejó claro que para él ha sido un futbolista especial; las palabras siempre modélicas, cuidadosamente escogidas por el protagonista; hasta la prensa agasajó a la leyenda con palabras de afecto y consideración
Todo en el acto fue ejemplar: la emoción contenida del propio Florentino, que en todo momento dejó claro que para él ha sido un futbolista especial; las palabras siempre modélicas, cuidadosamente escogidas por el protagonista; hasta la prensa (con la excepción de un cantamañanas a quien Case puso elegantemente en su sitio) agasajó a la leyenda con palabras de afecto y consideración. Quien es ejemplar suele recoger ejemplaridad. Casemiro ha sido un referente no en el sentido de constituirse en espejo en el que mirarse, sino en el de instar a todos a ser como él. Su conducta no invitaba a seguir su ejemplo, sino que impelía a hacerlo. Puso el listón de la ética de trabajo y de la ayuda al compañero a una altura inasequible para el resto, pero que indudablemente elevó el patrón moral del vestuario y de la institución. Si el Madrid ha ganado tanto ha sido por tener un vestuario sano, y si se ha tenido un vestuario sano es porque este hombre formaba parte de él, entre otras cosas. La excelencia futbolística viene de fábrica, se le supone a la gente en el Madrid como el valor en el ejército, pero la ejemplaridad colectiva se pule día a día. El Madrid ya solo ficha buenas personas porque no podía traer a nadie indigno de Casemiro, y este factor ha sido esencial en tantos logros. Bernabéu miraba “a la jeta” de los futbolistas antes de ficharlos. Al gran patriarca blanco le habría encantado la “jeta” de este brasileño que surgió de las favelas. Al nuevo gran patriarca, el que hoy ha estado más cerca de llorar de lo que le recordamos en mucho tiempo, se nota que le gusta también.
Casemiro se nos va al Mansteriunaichi en busca de “nuevos retos”, en determinación que se antoja enormemente inteligente. Dice mucho de su notable intuición. La tarea de hacerle olvidar es imposible; la de seguir jugando y ganando sin él, con otros jugadores, sí se antoja viable mirando la plantilla, cosa que el propio interesado no se ha cansado de recalcar, con tanto señorío como razón.
Bernabéu miraba “a la jeta” de los futbolistas antes de ficharlos. Al gran patriarca blanco le habría encantado la “jeta” de este brasileño que surgió de las favelas. Al nuevo gran patriarca, el que hoy ha estado más cerca de llorar de lo que le recordamos en mucho tiempo, se nota que le gusta también
A nuestras vidas les sucede ahora como al Madrid. Una vez más el Madrid refleja nuestra existencia. Tenemos por delante historia(s) por hacer, pero no podremos dejar de mirar retrospectivamente, con un temblor sagrado, a la historia ya hecha por un hombre de una pieza y un futbolista descomunal.
No tardes en volver, gigante.
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Es una de mis expresiones favoritas. Se trata de una interjección que expresa una impresión súbita o un sentimiento profundo como asombro y sorpresa, entre otros. Es muy rotunda.
Anoche grité ¡sapristi! dos veces. La primera cuando después de escuchar que Reinaldo es Passarrella; Witsel, Beckenbauer; Morata y Félix, la reencarnación del Torpedo Müller, uno el Torpedo y el otro Müller, fue el Villarreal y no les hizo otro 1-4 de milagro. ‘Sospendente’, sí.
El final fue la mar de ejemplar con unos tipos insultando al visitante Gerard Moreno por celebrar su gol y al local Hermoso porque pasaba por allí. Segunda jornada. Espanta pensar que podría pasar la 18… Hay gente que igual insulta a Peter Federico, negro, que a Gerard, blanco, que a uno de los suyos. También blanco, pero si fuera verde le faltarían lo mismo.
Hay gente que igual insulta a Peter Federico, negro, que a Gerard, blanco, que a uno de los suyos
El otro ¡sapristi! me llegó durante el Real Sociedad-Barcelona. Lo seguía con el rabillo del ojo y me pilló atento cuando el buen Dembélé le sacudió un codazo a un contrario. Sin la pelota en juego en plan feroz, tú o yo. El día viernes, el buen Lejeune (Rayo) fue invitado a salir por codear al prójimo. No le valió que disputaran la bola. Ya, ya: igual de feo está, pero este acusado siempre podrá tratar de escabullirse diciendo que iba a por ella, que no vio al adversario, que le deslumbró el sol. Pero sin bola volando… En fin.
Sufrí una descarga, breve eso sí: la primera jornada echaron a Busquets y ahora iban a hacerlo con Dembélé. ¡A roja por jornada, el Barça! Para eso no ha puesto Roures pasta ni Tebas habilitado palancas. No. No había acabado mi inquietante reflexión cuando el árbitro, asesorado por el VAR y un satélite de la OTAN que pasaba por allí, concluyó que no, que el sacudidor seguía en el partido y el sacudido, también. Faltaba más.
El árbitro, asesorado por el VAR y un satélite de la OTAN que pasaba por allí, concluyó que no, que el sacudidor seguía en el partido y el sacudido, también. Faltaba más
La cara del señor Alguacil, entrenador de la Real, explicaba al final lo sabido: lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Ya lo dijo Guerrita, excelso torero. A mí me gustan los toros. Y el vermú. Y las señoras, sobre todo la mía. Y un cigarro puro. Y la ducha fría, también en invierno. Y más cosas. Una, otear el futuro en cosas futbolísticas y acierto mucho. Hace nada les escribí que para ganarle esta Liga al Barcelona será menester sumar más de 110 puntos. Anoeta no me deja mentir. ¿Soy un visionario, quizá un genio? No. No. Es el conocimiento del paño y los personajes. 110 puntos.
¿Si el Madrid, u otros, pueden sumarlos? Pueden, claro. Les va a costar, tendrán poco margen de error. Pero por poder… Ya ven que no les he hablado sobre Casemiro, que acaba de cerrar como Dios manda su enorme etapa blanca en plan merecidísimo adiós. En La Galerna se ha glosado magníficamente el episodio que deja un lunar negro, según mi leal saber y entender. No, el United no le dobla la ficha. Por esa teoría estaría cobrando aquí unos 6 millones. Hablan de 11,12 allí, el doble de 6. Esto sí me lo creo. Que Casemiro, hace un año renovado, cobrara dos kilos más que Mariano y cuatro menos que Kroos, oigan…
La diferencia si la buscan está en los años de contrato. Cuatro seguros y uno opcional allí, por lo visto muy cumplible. ¡No iba a pagar por jugar en Old Trafford! Pero nada fundamental los dineros. Se va porque quiere probar fuera. Porque es un tipo peculiar. ¿Por Tchouaméni? Pues tampoco creo. Claro que le hubiera llegado el relevo, con el francés u otro. La vida. Pero ahora y por ahora, no. Casemiro era titular en el Madrid y en la selección de Brasil. Quiere otra cosa, pura apuesta personal. Hay gente que su zona de confort entiende que es su talento. Que le vaya de cine.
Y bueno sí, goleó el Madrid en Vigo. Jugó mucho rato la mar de bien, dio la imagen de equipo sólido, resultón, pero eso no es la noticia. Lo es que suma ya 6 puntos y está a 104 de los 110. Muy excitante.
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