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Decir adiós

Decir adiós

Escrito por: Antonio Valderrama23 agosto, 2022
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Ahora que se ha ido Casemiro recuerdo muy vivamente una jugada en concreto. Era el último minuto del Barcelona 1 Real Madrid 1 de principios de diciembre del año 2016. El Madrid acababa de empatar hacía un momento con un cabezazo napoleónico de Sergio Ramos. El Barcelona, volcado al ataque, logró desubicar a Keylor Navas en uno de sus pelotazos al cogollo del área. El balón salió rebotado hacia un lado y allí, sin portero, Sergi Roberto creo que fue, Busquets o alguno de estos, lo picó de vuelta a portería con una parábola sutil y altísima. No había portero. La pelota fue cayendo con alevosía sobre la melé de tipos de blanco y azulgrana que se fundían en un trazo impresionista sobre la mancha verde del césped del Camp Nou. A medida que bajaba, la bola cobraba velocidad dirigiéndose en picado hacia la línea de gol, donde no había nadie. A cámara lenta, la jugada parecía una broma, como una acción de rugby. En el instante definitivo, un cuerpo sólido se desprendió de la masa que forcejeaba en el área. Iba de blanco y volaba de espaldas. Con un frentazo poderoso despejó lo que era ya el 2-1 anticlimático que probablemente hubiera puesto en entredicho la victoria final del Madrid de Zidane en aquel campeonato nacional de Liga de la temporada 2016-2017. Ese Deus ex machina era Casemiro, que había salido al campo cojeando cinco minutos antes de que Ramos metiera el gol.

Casemiro Barcelona 1 Real Madrid 1 2016

Yo pensaba en Casemiro como en algo que iba a estar siempre ahí. Tenía en mi imaginación la cualidad perenne de los cimientos del Bernabéu o del blanco de la camiseta. Hasta me había hecho a la idea de que algún día se irían Modric o Benzema, pero no Casemiro. Pues Casemiro tiene sólo 30 años y es cimiento. O era. Ahora resulta que se ha ido y además lo ha hecho en un pispás, sin que lo viéramos venir. Seguramente sea lo mejor. Las despedidas son la cosa más difícil del mundo, tanto que conviene no dilatarlas, hacerlas en corto y por derecho. Para que duelan menos.

La culpa es mía por encariñarme. Convertirse en adulto no es dejar de sentir el Madrid como un amigo, como algo propio. Al contrario. Hacerse viejo es caminar con un peso más grande cada día sobre la espalda: el peso muerto del pasado, que tiene el sabor amargo de la bilis negra de la melancolía, que era uno de los cuatro humores de Hipócrates. Ante la taquilla vacía de Casemiro yo juro como Francisco de Borja ante el ataúd abierto de Isabel de Portugal: no encariñarme más con futbolista que se me pueda ir.

Yo pensaba en Casemiro como en algo que iba a estar siempre ahí. Ahora resulta que se ha ido y además lo ha hecho en un pispás, sin que lo viéramos venir. Seguramente sea lo mejor. Las despedidas son la cosa más difícil del mundo, tanto que conviene no dilatarlas, hacerlas en corto y por derecho. Para que duelan menos

Casemiro se va al Manchester United en busca de nuevos retos. Lo puedo entender. Jugar en el Madrid de los jerarcas, siendo uno de ellos, es como mirar la Tierra desde la Luna. Se contempla el abismo desde arriba del todo. Por encima ya no hay nada ni nadie, tan sólo Dios. En el Madrid ha ganado cinco Copas de Europa formando el triunvirato más poderoso que el mundo ha visto desde la Conferencia de Yalta. Su Big Three con Modric y Kroos ha tiranizado este juego. Juntos han reducido la indescriptible complejidad del fútbol (que es la de la vida) a una sencillez elemental y prístina: todas las innumerables combinaciones posibles, todas las líneas de pase que se puedan imaginar, todas las triangulaciones, paredes y asociaciones; todos los movimientos de ruptura y de apoyo, todos los repliegues y todos los contragolpes, todas las fases de dominio que se puedan concebir, todas las aperturas ajedrecísticas, todo el infinito borgiano que contiene la regulación del tráfico del fútbol en la zona medular que ellos han ocupado durante un lustro largo, han sido sojuzgadas, sometidas por estos tres jugadores. De modo que ese caudal salvaje ha terminado obedeciendo las simples reglas de un lenguaje que ellos han inventado y codificado, el lenguaje de la victoria y de la sumisión absoluta. El lenguaje de Casemiro, Kroos y Modric, el lenguaje de los antiguos patriarcas cuyas efigies advierten del peligro a los hombres todavía desde las cúpulas de las iglesias bizantinas.

Fin del mejor centro del campo de la historia

Juntos, los tres redujeron casi a cero la incertidumbre, que es la fuerza principal que determina el orden de las cosas y la lógica de los acontecimientos. Juntos domesticaron el espacio-tiempo y ejecutaron la gran partitura del Madrid campeón a un compás inalcanzable para nadie, un compás aún más totalitario y despótico que el que tocaron Xavi, Busquets e Iniesta en el Barcelona de Guardiola.

Casemiro se va al Manchester United en busca de nuevos retos. Lo puedo entender. Jugar en el Madrid de los jerarcas, siendo uno de ellos, es como mirar la Tierra desde la Luna. Se contempla el abismo desde arriba del todo. Por encima ya no hay nada ni nadie, tan sólo Dios

Aunque me duele, entiendo que se haya ido. Podía haberse quedado y heredar el club. Casemiro era San Pedro: sobre él, que es roca, han levantado la iglesia del mejor Madrid de siempre Zidane y Ancelotti. Llamar a Casemiro el mejor volante tapón del mundo, como hace Valdano, me parece incluso quedarse corto. Casemiro ha sido más. Ha sido un caudillo en la caseta, la máxima representación del orden natural dentro del campo. Cuando se fue Ramos yo dije que Casemiro iba para capitán: se ha ido antes de tiempo, pero el brazalete estaba hecho para él, a la medida de su brazo enérgico. Casemiro era la ley y el orden.

La ley, el ordem e progresso, como reza la bandera brasileña. No era sólo un tapón, el dique de contención y la última línea de defensa de la civilización. Opacadas sus condiciones puramente técnicas por la presencia a su lado de dos virtuosos como Kroos y como Modric, casi siempre se ha olvidado esa faceta suya a la hora de analizar su aportación al diapasón del equipo. Pero de la bota de Casemiro han salido muchas veces esas roscas de media distancia que adivinaban la trayectoria del desmarque de los delanteros, casi siempre en momentos trascendentales, en eliminatorias, finales y partidos perros. Cuando el rival emparedaba a los pasadores del Madrid, a los encargados de descerrajar la caja fuerte, emergía Casemiro para trazar un puente aéreo entre el pantano y la cabeza o la bota de Cristiano, Bale o Benzema, que sacaba al Real del apuro y empujaba los partidos cuesta abajo.

Casemiro City

Su principal cualidad, por supuesto, era la de hacerles presente a los adversarios la muralla china que tenían que atravesar si querían meterle un gol al Madrid. Con Casemiro en el campo había la garantía de que los otros tendrían que sudar. Cuando saltó en Dortmund la primera vez fue como un paracaidista tirándose tras las líneas enemigas con el objetivo de dinamitar él solo el puente que los borussios tenían que cruzar para echar al Madrid de la eliminatoria. Lo hizo. Casemiro era un soldado que iba a los córners a favor como Shaquille O´Neal a por los rebotes. En los balones rifados en las zonas calientes, sobre todo cuando el reloj marcaba la hora de la verdad, se comportaba como la pantera que saca de la charca al cocodrilo de un bocado en el pescuezo. En todos y cada uno de los partidos que jugó con la camiseta del Madrid encarnó la jerarquía de la camiseta, el estatus y el prestigio de un club concebido para dominar con puño de hierro a todo el reino animal. Por eso era de los jugadores más odiados por los antis. Por eso hoy hay media España feliz.

Casemiro forma parte del once histórico del Madrid. Sus partidos junto a Modric y Kroos ya están en la sala privada de cine que tiene Dios en el limbo, donde se entretiene con las creaciones del hombre que más cerca han estado de la eternidad

Que se vaya a Inglaterra por menos de lo que allí han pagado por Maguire o Cucurella es otra de las servidumbres que nos hace tragar el tiempo. El Manchester United ha comprado a un precio ridículo un porcentaje monstruoso de grandeza, de ese carisma que da vida a los muertos en tiempos difíciles. Casemiro tejía una tela de araña delante de los centrales y detrás de las cabezas pensantes, especialmente en los días en los que o se ganaba o el mundo se acababa. Era la sombra pegadiza del gigante, el bochorno que paraliza y la ola que de improviso se suma al ataque y mete ese gol. En la Liga del Coronavirus que Zidane le arañó a la Historia Casemiro fue el segundo máximo goleador del equipo por detrás del 9 titular. Casemiro forma parte del once histórico del Madrid. Sus partidos junto a Modric y Kroos ya están en la sala privada de cine que tiene Dios en el limbo, donde se entretiene con las creaciones del hombre que más cerca han estado de la eternidad. También están en la película de nuestra memoria, esa en la que para siempre guardaremos la mejor época de nuestras vidas y a la que siempre podremos volver para darles vida a las partículas de luz del carrusel de nuestros recuerdos. Abriremos la cajita y con la música no bailará la figurita de la bailarina de Degas sino que se erguirá otra vez Casemiro como en todas esas noches en las que el Madrid refundó el mundo. Será otra vez ese gigante mulato vestido de un blanco nieve del Kilimanjaro y estará otra vez de pie como siempre, luchando con el escudo en la mano en la playa de Maratón, protegiendo de nuestros enemigos, con esa sonrisa tropical inalterable suya, todo lo que hemos amado.

Celebremos lo más triste

Getty Images.

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

6 comentarios en: Decir adiós

  1. Que se vaya a Inglaterra por menos de lo que allí han pagado por Maguire o Cucurella es otra de las servidumbres que nos hace tragar el tiempo. El Manchester United ha comprado a un precio ridículo un porcentaje monstruoso de grandeza, de ese carisma que da vida a los muertos en tiempos difíciles.

    1. Tan sólo, apuntar que esa afirmación es falsa. Por Cucurella ha pagado el Chelsea 65,3 millones de €. Por Maguire, el ManU ha pagado 87 millones de €. El precio pagado por Casemiro ha sido de 65 + 15 millones de £. A la cotización de la £ (del día que se formalizó el fichaje) 1 £ = 1,18 €, son 76,7 + 17,7 = 94,4 kilitos de €.

      1. no se porque ,me lo cuenta usted a mí, mi comentario es la trascripción literal, de un párrafo de D. Antonio Valderrama. De todas maneras da igual, lo pagado por Cucurella, comparado con lo pagado por Casemiro es infinitamente más caro dada la diferencia brutal de calidad, no digamos nada de "tronco" Maguire 87 x según usted los 94 de Casemiro. No se si es usted consciente de que lo de Maguire es un robo y lo de Casemiro un regalo, vamos que le da la razón a D. Antonio sin darse cuenta, No tiene importancia, pero a nosotros comprar a Casemiro después de ganar 5 ligas de campeones de los 120-125 no baja

  2. No hay mejor despedida que este artículo. Casemiro tiene algo que no entra en las estadísticas ni en los análisis con flechitas: su capacidad para mantener la calma en momentos donde otros se evaporan. Su mentalidad conecta con la naturaleza del Madrid, por eso se ajustó al club como un guante. Sabe cuándo meterse en una melé y cuándo salir de ella para ganar un título. Pero no solo eso, también sabe sacrificarse para hacer mejores a los demás con un solo pase, sin adornos, sin ahorrar un esfuerzo, eligiendo casi siempre la mejor opción. Es ese tipo al que enviarías a desactivar la bomba en el último minuto. Gracias por todo, Casemiro.

  3. Maravilloso homenaje a Case. “Casemiro era un soldado que iba a los córers a favor como Shaquille O´Neal a por los rebotes….”
    Una genialidad. Felicidades.

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