Eduardo Camavinga es un futbolista generacional que además es el niño de nuestros ojos. El madridismo le quiere y él no deja de dar motivos para ello.
Camavinga hace sencillo lo complejo y esa genialidad en lo ordinario nace de lo extraordinario que es todo lo que rodea a Eduardo.
¿Te atreves a comprobar cuánto sabes de Camavinga?
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Buenos días, amigos. Ayer dedicábamos esta sección de nuestros desvelos al infortunio de la impresora de Miguel Ángel Gil Marín, que se quedó sin tinta justo cuando el ínclito dirigente colchonero se aprestaba a emitir un comunicado iracundo a cuenta del atraco manifiesto que su equipo sufrió ante el Barça el pasado domingo.
Qué lástima, de verdad. La impresora funcionó de maravilla cuando se trató de hacer constar el desagrado por presuntos robos a manos del Real Madrid (en realidad, una clarísima expulsión de Correa y una discutibilísima expulsión supuestamente perdonada a Ceballos), pero se atoró cuando se trataba de quejarse por el expolio culé. La tinta del victimismo se agotó. De hecho, solo hay suministro suficiente de dicha tinta si el rival es el odiado oponente blanco. Si te esquilma el Barça, al fin y al cabo, te está esquilmando el enemigo de tu enemigo, y lo que toca entonces es que el Cholo se prodigue en carantoñas con Xavi y felicite a los culés porque esta liga que van a ganar no tiene nada que ver con la putrefacción del sistema, no oiga, no, ni mucho menos.
Es más: ¿putrefacción? ¿Qué putrefacción?
Nuestra sección de hoy, antes de que echemos un vistazo a las primeras planas del día, va dedicada a la némesis de Gil Marín en el seno de la propia cúpula directiva del Wanda, es decir, para nuestro admirado Enrique Cerezo, Henry Cherrytree para sus amigos angloparlantes (hola, Andy). Gil Marín y Mr. Cherrytree se llevan a matar, pero coinciden en lo esencial, es decir, que el Barça no amerita queja alguna porque dichas quejas hay que reservarlas para los vikingos, dado que eso y no otra cosa es lo que demanda la masa social colchonera, al parecer. Bueno, también coinciden en que ambos se compraron el Atleti por sendos euros, delito que ha prescrito como lo han hecho los manejos de Negreira.
Nos desayunamos hoy (es un decir, porque la escritura de este portanálisis nos priva con frecuencia de desayunar como Dios manda) con unas inenarrables declaraciones de Cherrytree respecto al mal llamado Caso Negreira, BarçaGate para los bien informados.
¿Cómo os quedáis, amigos? Si nosotros lo hemos leído, vosotros también. No nos parece que sea pediros una solidaridad excesiva. Enrique Cerezo dice que “hasta que no se demuestre, de verdad, lo que hay, todo son suposiciones”. Se ha equivocado en el final de la palabra, D. Enrique: todo son SUPOSITORIOS. Los que el Barça ha introducido por Detroit a todos los participantes de la liga durante dos décadas.
A todos, D. Enrique, a usted también, no olvide las veces en que el Atleti quedó segundo, solo por detrás de quien pagaba al segundo de los árbitros para asegurarse arbitrajes favorables. ¿Para qué otra cosa, si no, pagaban al sujeto, D. Enrique? ¿Qué coño es lo que hay que demostrar, y mucho menos demostrar “de verdad”, como usted dice? Al Barça le han pillado con un alijo de droga tan abundante que el indicio sólo puede conducir a la culpa del narcotráfico. ¿Qué quiere usted? ¿Vídeos de la cadena de distribución de la farlopa?
Se enreda D. Enrique en la trampa para incautos de la dificultad que presenta la tarea de comprar partidos. Primero, esperemos que no lo sepa por experiencia, y que D. Enrique se haya contentado hasta la fecha con la no menos aparatosa tarea de comprar clubes (por un euro). Segundo, habrá que recalcar, una vez más y hasta la extenuación, que nadie acusa al Barça de ir individualmente, árbitro por árbitro, pagando a los colegiados en busca de un determinado marcador. Dejen ya de hacerse los tontos, todos ustedes y en particular Mr. Cherrytree. No se acusa al Barça del engorro de ir por las esquinas ofreciendo pasta a los trencillas, sino de algo mucho más contundente y efectivo: comprar a Negreira (y, con él, muy posiblemente a Arminio) para que ellos hicieran uso de su poder como jefes de los árbitros a fin de condicionar arbitrajes favorables al cliente.
¿Hasta cuándo habrá que repetir esto ante sujetos que fingen no entenderlo?
Por lo demás, hoy hay portadas y son estas. Pasad un buen día.
Después de la faena de aliño ejercida contra el Celta en el Bernabéu, toca jugar entre semana un partido de liga (cosas de un mundial a mitad de temporada) contra el Girona, equipo que se encuentra en la zona cómoda de la tabla y sin peligro eventual de descenso.
Pero lo último del asunto que nos quita el sueño a todos los aficionados al fútbol es la declaración del ministro de Cultura y Deporte de España, Sr. D. Miquel Octavi Iceta i Llorens, catalán, presidente del PSC, visitante asiduo del palco del Camp Nou y culé de toda la vida. Este señor, que es la máxima autoridad el deporte en España, se ha descolgado diciendo que “no sigue el caso Negreira de cerca”. Pues digo yo que como vive en Madrid y la cosa está en Barcelona, normal no seguirla de cerca, pues las dos ciudades están separadas por más de 600 kilómetros.
Iceta, culé de toda la vida, dice que no sigue el caso Negreira de cerca. Como vive en Madrid y la cosa está en Barcelona, normal no seguirla de cerca, pues las dos ciudades están separadas por más de 600 kilómetros
A mi personalmente no me extraña lo que ha dicho Iceta, personaje que es funcionario del PSC desde al menos 1986 (que yo sepa) y hombre de confianza del que fue Ministro de Defensa y Vicepresidente del Gobierno de España Narcis Serra, que ha pasado por todos los cargos habidos y por haber dentro de la organización, que ha sido concejal, jefe del departamento de análisis del Gabinete de la Presidencia del Gobierno y subdirector del propio Gabinete, que en su día saltó al ruedo de la política general ostentando cargos como diputado nacional, parlamentario catalán y Ministro de España. En una palabra, no ha dado un palo al agua en su vida fuera de la política.
Es un político profesional, de esos que no tienen ni puñetera idea de lo que pasa fuera de los entresijos de conspiraciones, navajazos y demás zarandajas partidistas, que no sabe lo que pasa en la calle, que no sabe lo que piensa la gente que le vota y que le paga bien, que, posiblemente, el caso del FC Negreilona le importe un bledo porque él, a sus 62 años de edad, lo único en lo que piensa es en asegurarse una cómoda jubilación. Y si hay que ponerse de perfil en el escándalo más importante de la democracia española, se pone, no vaya a ser que los amigos de Esquerra Republicana de Catalunya se enfaden y pidan su cabeza, como ya han pedido otras cabezas que, por cierto, se las han servido en bandeja de plata.
Es notorio comprobar que el amigo Iceta no terminó sus estudios universitarios por dedicarse a la política. Es el típico fontanero que se ha dedicado toda su santa vida a medrar, a trepar, a espantar a codazos a sus potenciadles adversarios (al suelo, que viene los nuestros) y a asegurar su propia poltrona desde la que vivir como un ministro. La forzada ignorancia del asunto que nos ocupa es de una extraordinaria gravedad. No puede pasarse por alto esta desidia ministril ante el asunto de corrupción más importante de la historia de España.
Como dijo nuestro querido Jesús, puede que sea un gandul, pero lo que yo creo es que no puede seguir un día más en el cargo. Este señor no puede seguir un día más representándome en el Gobierno de mi país, porque si este iletrado (no es un insulto, por Dios, es una definición) que ni siquiera fue capaz de acabar sus estudios, no sigue de cerca la compra generalizada del sistema arbitral durante más de dos décadas con la intención (conseguida) de adulterar la competición, si este señor no toma de una santa vez cartas en el asunto después de las palmarias y contundentes pruebas indiciarias de corrupción y de manipulación que todos los días se ponen delante de nuestros ojos a través de algunos medios de comunicación y que unos pocos locos estamos denunciando a diario por todos los medios que están a nuestro alcance, si no hace nada, repito, no es digno de ser ministro de mi país, no es digno de seguir un día más al frente del Ministerio del Deporte. No es digno de ser político ni representante de nadie.
Señor Iceta, por favor, márchese, dimita, tenga un retiro digno, seguro que ha podido ahorrar en su vida labor… digo política y puede marcharse con tranquilidad financiera
Señor Iceta, por favor, márchese, dimita, tenga un retiro digno, seguro que ha podido ahorrar en su vida labor… digo política y puede marcharse con tranquilidad financiera. Y si no tiene el cuajo y la vergüenza de marcharse, por favor, señor presidente del Gobierno, césele, usted tiene la facultad constitucional de proponer al Rey el nombramiento y cese de los miembros del Gobierno. Hágalo, por España. Haga algo de una santa vez por España.
Ni que decir tiene que, si no pasa nada desde el Gobierno, si no se toman medidas contra esta tropelía, este servidor de ustedes no piensa votar al partido/s que sustenta/n al Gobierno en su vida, y recomendará a todo el que le quiera escuchar que no lo haga. Voten lo que quieran, faltaría más, pero no a estos señores, señoras y señoros, por favor. Ahora, como siempre, unos datos del partido y ¡hala Madrid!
El equipo catalán es de los nuevos en la máxima categoría del fútbol español, puesto que, con esta, sólo ha jugado tres temporadas en la élite futbolística nacional. Real Madrid y Girona han jugado 5 partidos de liga, con un balance de 2 victorias, 1 empate y 2 derrotas, con 13 goles a favor y 9 en contra.
Cristiano Ronaldo llegó a marcar un póker al Girona en liga en un 6-3 en el Bernabéu, y Benzema un doblete en un 1-3 de liga.
En tan sólo 5 partidos de liga jugados contra el Girona, el Real Madrid ha sufrido 2 expulsiones, Sergio Ramos y Kroos.
1.- El Girona Fútbol Club jugó por primera vez en Primera División en la temporada 2017/18. Actualmente es el 47º en la clasificación histórica del campeonato con 127 puntos.
2.- La actual es la 3ª temporada del Girona en Primera División.
3.- El último ascenso del Girona a Primera División ha sido esta temporada
4.- El Girona finalizó la temporada pasada en el puesto 6º de la Liga de Segunda División, con 68 puntos.
5.- Sus últimos 5 partidos de liga los ha saldado con 2 victorias, 2 empates y 1 derrota.
6.- El Girona, en sus últimos 5 partidos como local en liga, ha ganado 4 y ha perdido 1.
7.- Los goleadores del Girona al Real Madrid en liga son: Stuani (5), Portu (2), Juanpe y Borja García (1).
8.- Michel Sánchez se ha enfrentado como entrenador en 3 ocasiones al Real Madrid (1 con el Rayo Vallecano, 1 con el Huesca y 1 con el Girona), empatando uno y perdiendo 2.
10.- Los goleadores del Girona esta temporada son: Stuani, Castellanos (8), Riquelme (5), Arnau, Iván martín, Tsygankov (3), Samu Sáiz, Romeu, David López, Herrera (2), Renier, Toni Villa, Borja García, Javi Hernández, Aleix García y Miguel Gutiérrez (1).
11.- Actualmente, el Girona está en el puesto 10º de la Liga con 38 puntos.
6 victorias, 3 empates, 1 derrota, 21 goles favor (2,1 por partido) y 4 en contra.
Goleadores: Marco Asensio (6), Benzema (5), Vinicius, Militao (2), Modric, Fede Valverde, Álvaro Rodríguez, Araújo (p.p.), Rodrygo, Lucas Vázquez y Pau Torres (p.p.) (1).
Asistentes: Vinicius (4), Rodrygo, Tchouaméni, Marco Asensio (2), Camavinga, Hazard, Álvaro Rodríguez, Modric, Fede Valverde, Nacho y Dani Ceballos (1).
Tarjetas: Nacho (4), Vinicius, Modric, Dani Ceballos (2), Mariano, Camavinga, Militao, Rodrygo y Carvajal (1).
Expulsados: Ninguno.
Primer tiempo, 11 goles; 2º tiempo: 10 goles.
Gol tempranero: Benzema (minuto 8).
Gol postrero: Marco Asensio (minuto 93).
El Real Madrid ha remontado una vez para ganar el partido y le han remontado una vez.
Mayor goleada: 2 de abril de 2023, R. Madrid-Valladolid, 6-0, goles de Benzema (3), Rodrygo, Marco Asensio y Lucas Vázquez.
4 goles de penalti marcados, ninguno recibido y 1 fallado (Marco Asensio).
1 hat trick (Benzema).
2 dobletes o más (Benzema).
Partido con más goles (6): 2 de abril de 2023, R. Madrid-Valladolid, 6-0, goles de Benzema (3), Rodrygo, Marco Asensio y Lucas Vázquez.
El Real Madrid ha marcado gol en 8 de los últimos 10 partidos de liga jugados.
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Ahora que el mundo se está rindiendo por fin, con justicia, a Eduardo Camavinga, yo me acuerdo de los hacedores del premio The Golden Boy. Los premios individuales, en el fútbol, son, de principio, una estupidez, teniendo en cuenta que el fútbol es, en esencia, un juego colectivo. No obstante en los últimos años la cuestión está degenerando, como todo lo que rodea esta industria: cada vez más banal, cada vez más insufrible. Entre la UEFA, la FIFA y los community managers de los clubes se está hollywoodizando todo que da miedo pensarlo, como si por sí mismo el fútbol no tuviera solera europea suficiente como para que tengamos que asistir a la emulación constante de la NBA. Emulación chufla y barata, naturalmente, porque eso es lo que ocurre cuando se injerta algo artificial en una tradición rica, vieja y plena como es la del añejo balompié.
ntre la UEFA, la FIFA y los community managers de los clubes se está hollywoodizando todo que da miedo pensarlo, como si por sí mismo el fútbol no tuviera solera europea suficiente como para que tengamos que asistir a la emulación constante de la NBA
El caso es que ahora que se está llegando a algo parecido a un consenso, más allá del madridismo, en torno a la fabulosa realidad que es ya Camavinga, recuerdo mucho el premio Golden Boy y en particular a sus dos últimos ganadores: Pedri y Gavi, Gavi y Pedri, los pizpiretos Zipi y Zape del Barcelona de Javi, como lo pronuncia con gracia Carletto. Pedri, Gavi y Xavi, en Barcelona todo es así de cuqui, de informal, de cercano. De guay. Tanto que si me dicen que el primero que se puso una camiseta debajo de una chaqueta americana fue un licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas por la Pompeu Fabra, me lo creo.
El Golden Boy es algo así como el Balón de Oro del fútbol primavera. Lo entrega Tuttosport y cuentan los votos de periodistas acreditados por los principales periódicos de información deportiva de Europa. Quien lo gana es, por lo general, un tipo que está rompiendo el techo, un futbolista de extraordinario potencial. Desde Van der Vaart, que ganó el primero en 2003, la lista incluye a casi todos los jugadores más significativos del siglo XXI: Rooney, Messi, Agüero, Mbappé y Haaland. También lo han ganado unos cuantos de esos meteoros fugaces que cruzan el firmamento del fútbol deslumbrando por un segundo, apuntando maravillosas ensoñaciones que poco después se quedan en nada: Pato, Martial, Renato Sancheso o Joao Félix, por ejemplo. Españoles lo han ganado cuatro, el primero Fábregas. Después vino Isco y, finalmente, Pedri y Gavi, que son además los dos últimos ganadores.
El fútbol, como todo relato de promisión, necesita renovar continuamente su cuota de superhéroes. Todo se hace viejo muy rápido, todo pasa constantemente de moda, todo ha de empezar otra vez: se buscan con obsesión las figuras que reemplacen a los antiguos dioses, el nuevo Pelé, el nuevo Maradona, el nuevo Zidane. Las masas se habitúan a las mismas caras y a los mismos nombres y eso es un riesgo que la industria, por lo demás, no puede plantearse de ninguna manera. En la base del capitalismo que vivimos está el deseo permanente de satisfacer el ansia de novedad, y cuando las novedades no existen hay que inventarlas. Es el caso de Pedri y de Gavi.
En la base del capitalismo que vivimos está el deseo permanente de satisfacer el ansia de novedad, y cuando las novedades no existen hay que inventarlas. Es el caso de Pedri y de Gavi
Hablo de ellos porque mientras recibían los galardones y la atención y mientras que sobre ellos se fijaba hasta el aburrimiento la mirada del mundo, en Francia maduraba un verdadero golden boy que el Madrid hizo por fichar el último día del mercado en el que supuestamente iba a venir Mbappé. Mbappé no vino y tampoco hizo falta. Florentino cerró la contratación de un mediocampista prometedor que apenas llegaba a los veinte años por menos de cuarenta millones, que en este escenario hiperinflacionista resulta hasta una ganga. A nadie hizo mucha ilusión pues, al fin y al cabo, las masas esperaban al nuevo redentor. Por si fuera poco en Rennes decían que Camavinga era muy bueno pero también muy irregular, además de que su posición en el campo no estaba muy clara. ¿Era mediapunta? ¿volante, carrilero, medio de contención, mediocentro? Nadie lo sabía a ciencia cierta, ni siquiera los que viven de decir que pasan sus sábados por la noche viendo la Ligue 1. En los mentideros se torcía el gesto: justo eso era lo que necesitaba un equipo cascado y que depende para marcar de un señor de casi 40, se decía con sorna, ¡otro todocampista!
Al otro lado del celuloide, ese mismo verano, el mundo babeaba con Pedri. Reconozco que vi casi todos los partidos de España en aquella Eurocopa extraña que se jugó en muchos sitios a la vez. Quería saber quién era ese Pedri y por qué, en teoría, era tan bueno. Luis Enrique le había dado la batuta de su selección, como se decía antes, y el chico, sin haber hecho nada todavía en el fútbol de clubes, saltó a los campos con el 10 de los líderes, con la vitola del regista.
Vi casi todos los partidos de España y supe que no me hacía falta ver ninguno más. Pedri, que es un excelente pelotero, me pareció como salido de un laboratorio. Una oveja Dolly. Sus gestos, su manera de correr, de pisar la pelota, de pasarla en corto, incluso de chutar, me parecieron viejísimos: los había visto muchas veces antes a futbolistas mucho mejores que él. En Pedri no vi nada fuera de lugar, todo estaba exactamente donde tenía que estar, y esa es la cuestión fundamental: Pedri es aburridísimo, un pastiche, algo clónico y predecible. De Pedri necesitan sacar como sea un nuevo Iniesta, aunque entre ambos medie la misma distancia que separa la realidad del sueño.
Gavi es un rottweiler de fútbol tan insulso que necesita martirizar los tobillos ajenos para sentir que su presencia en el campo tiene sentido
Qué decir de Gavi. Gavi es un rottweiler de fútbol tan insulso que necesita martirizar los tobillos ajenos para sentir que su presencia en el campo tiene sentido. Una cosa sí que es clara: al menos Gavi, con sus carreras hechas de espasmos, al menos no es Celades y a un equipo abúlico hecho al ritmo trotón del anciano Busquets, le da vida y energía. Con eso suele bastar en la Liga española. Todo lo demás lo ponen los complacientes rivales y un videoarbitraje amañado.
Pero el Golden Boy es otra cosa. Se supone que con ese premio se está señalizando el camino del futuro, la pista de despegue del juego para el siguiente lustro o quizá década. En esa pista, Camavinga, ni siquiera nunca nominado, va montado en un cazabombardero. Camavinga es diferente, su planta de negro broncíneo se eleva sobre la pelota con el autoritarismo de los caudillos. Ángel del Riego, en El Confidencial, habla de “la tradición sísmica” que, en el Madrid, arranca en Di Stéfano y llega hasta Casemiro pasando por Hierro, Redondo y Ramos. Es todo lo contrario al “wokismo” panenkita que despacha en serie jugadores, sistemas e ideas, como si fueran unidades de producción. Pedri es el ejemplo de esa mentalidad endeble y absurda que idolatra fotocopias enalteciéndolas como si fueran realidades originalísimas. Mientras todos los tontos miraban el dedo, allá arriba, en la Luna, Camavinga se estaba construyendo una estación espacial.
Mientras todos los tontos miraban el dedo, allá arriba, en la Luna, Camavinga se estaba construyendo una estación espacial
Todos son sorpresas y parabienes ahora con Camavinga. Este verano el Madrid hizo de nuevo una prospección en el pozo de petróleo nubio que tiene Francia y se trajo a Tchouaméni, de quien los entendidos aseguraban que era el bueno de verdad, mucho más que Eduardo. Se pagaron 50 millones de euros más y para Deschamps, con Francia, Aurelio es sistema y Eduardo, un simple recurso. Sin embargo Camavinga fue capaz de quitarse de encima la maldición del sophomore justo cuando parecía ahogarse en todas las arenas movedizas que los listos habían dibujado para él: de su indefinición táctica sacó un manantial interminable de instrumentos con los que ofrecerle soluciones a Ancelotti a medida que del once titular se iban cayendo laterales izquierdos, centrales, mediocentros y delanteros. Creció cuando llovían balas y no flores: de 5 en Anfield y de 3 en el Camp Nou y en Londres, con todo tipo de situaciones en las eliminatorias, a favor y en contra. Al tiempo, los golden boys eran incapaces de llevar al Barcelona por segundo año consecutivo más allá de la liguilla previa de la Copa de Europa, y luego hacían el ridículo en la segunda división europea sin oler siquiera actuaciones como las de aquel primer Vinicius de fuego en 2019, cuando logró que un muerto tuviera una erección (casualidad o no, el mejor Ajax en veinte años no remontó una eliminatoria de Copa de Europa ante el peor Madrid de la década hasta que el niño brasileño que no sabía controlar la pelota se tuvo que retirar lesionado del campo).
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Sí, un poquito más abajo les hablo de la desternillante actualidad. Déjenme disfrutar del gran momento de este finde: la visita del gran Francesco Totti al Real Madrid.
El llamado Emperador de Roma estuvo en el partido con el Celta y en Valdebebas. Se abrazó a Carletto y los muchachos y dejó algo extraordinario: habló muy bien del Madrid. Del que enfrentó en su época y del de ahora.
Recordó aquella noche en que el Bernabéu se levantó a aplaudirle y dijo que sí, que el Madrid es el otro equipo de su vida y, desde luego, el más grande. Disfrutó como un niño exponiéndose a que le llamaran facha como poco. ¡El Madrid es el mejor! ¡Facha!
Muy de agradecer su valentía. Que viniendo de un romano, oigan, valentía pata negra. Pónganse, póngase la entrevista que concedió a la tele del club: parece un alienígena. Sí, sí. Muchos otros grandísimos jugadores se expresan parecido. El alemán Matthäus dijo el otro día que le enloquece el fútbol porque le permite ver goles como el segundo del Madrid en Londres. Nuestros bobos de guardia lo sufrieron, ¡jaaaaaaja! En fin…
Totti dijo que el Madrid es el otro equipo de su vida y, desde luego, el más grande. Disfrutó como un niño exponiéndose a que le llamaran facha como poco. ¡El Madrid es el mejor! ¡Facha!
Y bueno, el Madrid ganó su partido y lidera la clasificación de equipos fuera del Negreirísmo y Asociados, 19 concretamente. Le saca cinco puntos al Atleti que perdió en Barcelona. Era inevitable. De ganar hubiera favorecido al Madrid, bien que remotamente, y ante eso… En cualquier otro escenario, el Madrid líder destacado u octavo de la clasificación, el tiro de Griezmann al minuto va dentro. Esta vez, no. ¡El Madrid lo disfrutaría! 1-0 y ‘pa’ casa.
No me dirán que es normal que el Atleti, del que veníamos leyendo y escuchando que jugaba como los ángeles, no metiera un triste gol allí donde el penoso Real Madrid hizo cuatro la última vez que apareció y dos la penúltima. Uno le anuló el Señor Rayas, recordarán. Perdió el Atleti porque lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.
Eso sí y vamos a la risa total. Ha dado juego lo de Busquets acabando el partido. Penalti, no penalti. Me desternilla el debate bajo el común denominador de si la mano está o no en posición natural. Hombre, desde la de Alaba en Villarreal, un tío que resbala y le da a la pelota que pasaba por allí, me rendí. Se ha recordado aquella de Militao ante el Sevilla que costó quizá una Liga, la de Muniain ante el propio Barça media hora antes de que acabara marcando el Athletic, esas cosas.
Son ganas de pasar el rato.
Esto tiene una sola posición natural: el Barça juega con red. Te impide caer y ante la duda, pro Barça. Como no hace nada incluso titulé un artículo con eso, excuso insistir en lo mismo. La cosa no es si fue o no penalti de Busquets, sino que siendo protagonista un jugador azulgrana, eso no es, fue ni será penalti.
La cosa no es si fue o no penalti de Busquets, sino que siendo protagonista un jugador azulgrana, eso no es, fue ni será penalti
Por cierto. A un seguidor del Atleti le arrebataron una bandera con el escudo de su equipo sobre la bandera de España y fue expulsado de su localidad. Como se ha comentado lo justito me apetece dejar aquí constancia de otro acto de xenofobia, exclusión, supremacismo y tal por los de siempre en mi tierra. Habrá más.
Y mañana martes, Girona-Real Madrid, 19:30. Por cierto y hablando de horarios. City y United disputarán la copa inglesa el sábado 3 de junio. Siete días antes de la final de la Champions que podría disputar el equipo azul. Aquí la final será el 6 de mayo. Tres días antes de la semifinal ida de la Champions. No sé si ellos son más listos. O más cuidadosos. O las dos cosas. Lo que sí sospecho es que nosotros somos gilipollas.
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Carlos Clos Gómez, nacido en Zaragoza el 30 de junio de 1972, lo que hace que peine 50 años a la entrega de este artículo. Clos Gómez es el actual responsable del VAR en la liga española, el que decide el trencilla o extrencilla que se sienta en la sala VOR en todos los encuentros. En una palabra, el Negreira del VAR. Su trayectoria como árbitro fue brillante en el ámbito nacional y más brillante en el internacional. A lo largo de este artículo la desgranaremos, así como el trato que dio tanto al Real Madrid como al FC Negreilona en su largo recorrido silbatil.
Nuestro querido Carlos comenzó en el fútbol sala con sólo 25 añitos, en 1987, y tras una sola temporada decidió que lo suyo eran los espacios grandes, por lo que se pasó al fútbol 11. Ascendió y ascendió hasta llegar a Segunda B en la temporada 1997/98, donde sólo estuvo cuatro campañas, ya que en 2001 llegó a Segunda División, categoría en la que estuvo cinco temporadas. En la 2006/07 ascendió a primera y, a los tres meses de anular TRES goles al Real Madrid en un partido contra el At. Madrid en el que expulsó al bueno de Van Nistelrooy (duro y carnicero defensa donde los haya) en 2009 le concedieron la escarapela FIFA como árbitro internacional.
Clos Gómez arbitró 34 partidos oficiales al Real Madrid, con un balance para los blancos de 20 victorias, 7 empates y 7 derrotas. Esto significa que en el 41,18% de los partidos el equipo de Concha Espina no consiguió la victoria, en más de 4 de cada 10 partidos arbitrados por este personaje, dato curioso teniendo en cuenta que en el período entre la temporada 2006/07 y la temporada 2016/17, intervalo en el que nuestro querido Carlos estuvo en primera división, el Real Madrid disputó 610 partidos oficiales y sólo obtuvo un resultado no favorable en 185 encuentros (un 30,33%). Por tanto, con Clos Gómez al chifle, el Real Madrid tuvo CASI ONCE puntos porcentuales más de empates y derrotas que con el resto de trencillas del orbe, repito, una mera casualidad, faltaría más.
Con Clos Gómez al chifle, el Real Madrid tuvo CASI ONCE puntos porcentuales más de empates y derrotas que con el resto de trencillas del orbe, repito, una mera casualidad, faltaría más
Además, en esos encuentros, sacó nada más y nada menos que 103 tarjetas amarillas al Real Madrid, exactamente 3,02 tarjetas por partido. Si vamos al período de referencia y quitamos esas tarjetas, el Real Madrid sufrió 1360 amonestaciones, lo que significa que le sacaron 2,23 por partido. CASI UN TERCIO MENOS. Además, expulsó a 8 jugadores blancos, o sea, en el 23,53% de los partidos que pitó el aragonés, el equipo blanco tuvo que jugar con un jugador menos en el campo. Fíjense, queridos lectores que, quitando los partidos arbitrados por Carlos, en ese período de tiempo el Real Madrid sufrió 77 expulsiones, esto es tuvo un jugador menos en el 12,62% de los partidos… 12 PUNTOS MENOS. Teniendo en cuenta que el Real Madrid es un equipo meramente atacante y que es de los que más faltas sufren en el campo, esto es un verdadero dislate, sobre todo cuando lo comparemos con el trato que hizo este hombre al FC Negreilona.
Al FC Negreilona arbitró 34 partidos, con un balance de 26 victorias, 5 empates y una sola derrota, precisamente un 3-1 en Copa del Betis en el Villamarín pero… después de un 5-0 en la ida del FC Negreilona, por lo que la derrota es absolutamente testimonial sin consecuencias. En orden a las tarjetas amarillas, Clos Gómez sacó 54 tarjetas a los del Espai, lo que significa una dureza de 1,69 por partido, esto es, CASI LA MITAD de las que le sacó al Madrid, pero es que sólo sufrieron los Negreira Boys DOS EXPULSIONES en los 32 encuentros en los que los Mascherano, Luis Suárez, Puyol, Piqué, Busquets y compañía campaban por sus respetos en el césped patrio. DOS EXPULSIONES… Cuidado, no se vaya a enfadar don José María Enríquez y me mande a la nevera.
Clos Gómez expulsó a 8 jugadores blancos, o sea, en el 23,53% de los partidos que pitó el aragonés, el equipo blanco tuvo que jugar con un jugador menos en el campo
Nuestro ínclito silbante dirigió tres finales de competición española, que, como todos sabemos, se conceden por los méritos arbitrales conseguidos en el campo (ejem). Fueron, a saber, la final de la Supercopa de 2012/13, en la que el Barcelona ganó al Real Madrid 3-2, menos mal que en la vuelta, Cristiano e Higuaín vacunaron a los culés. Después arbitró la final de Copa entre el Real Madrid y el At. Madrid de 2013, en la que nos pegó un arbitraje de los suyos (expulsando a Sergio Ramos y a Mourinho) para acabar sucumbiendo en la prórroga por 2-1 y, para terminar, la final de Copa de 2017 entre el Barcelona y el Alavés, sí, ese encuentro en el que el FC Negreilona tuvo la información del trencilla meses antes de disputarse por obra y gracia de nuestro amigo Negreirita. Tres finales para un árbitro que en el plano internacional tuvo el siguiente palmarés. Veamos.
En partidos de selecciones nacionales, Clos Gómez participa en un total de 30 encuentros, de los cuales, 25 como cuarto árbitro (vamos, viajecito, dieta y a pastar) y CUATRO como árbitro principal. Nunca en Mundiales o Eurocopas como árbitro principal y, como encuentros más significativos, podemos señalar un amistoso Francia-Paraguay, amén de unos grandiosos Grecia-Croacia, Lituania-Eslovaquia, un amistoso Portugal-Bulgaria y un Lituania-Estonia. Nunca arbitró un partido de fase de grupos ni de eliminatorias principales de Copa de Europa en los 24 en los que participó (3 de cuarto árbitro) siendo algunos de sus grandes encuentros un Lille-Gent de Europa League o un Odense-Panathinaikos de fase previa de Copa de Europa.
En una palabra, el referente del VAR en España, el máximo responsable de que se haga justicia en la sala VOR fue un mediocre colegiado, ascendido y ascendido por sus favores al estamento arbitral y por su tremendo trato de favor al FC NEGREILONA y sus desmanes contra el Real Madrid. Un santo de los de verdad, este Clos Gómez.
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Al monólogo de Laporta le faltaba una banda sonora, el taburete del show ya lo tenía. Si se hubiera escuchado “Dame veneno que quiero morir, dame veneno…” y hubiera salido acompañado por Negreira, ambos con gafas de sol, y una copa de Soberano en la mano, las camisas con chorreras y chaquetillas cantosas a mí me hubieran ganado. Nos hubieran contado sus chascarrillos entre lingotazos, uno con su cigarrillo y el otro con el mondadientes explicándonos operaciones financieras chuscas, informes para insomnes, cajeros para noctámbulos y otras disciplinas para tunantes de vida disoluta. Todo muy torrentiano. Serían un singular remedo de Faemino y Cansado y se les hubiera agradecido la puesta en escena porque “el chiste, claro, es para reírse” o como también decía el dúo humorístico: “Esto lo hacemos por la pasta”.
En su encíclica nada ortodoxa mantuvo, eso sí, el pacato Laporta la llama del victimismo secular marca de la casa que une muchísimo a sus feligreses. Invocas al maligno (Florentino) un par de veces, recuperas los grandes éxitos de Franco (no Battiato) y buscas el centro de gravedad sin caerte, envuelto en la estelada o la senyera, según fluctúe la bolsa. Y después de predicar en el desierto te vas a comer más feliz que Xavi acariciando la hierba en la campiña inglesa. Y es que el “cap” de la “cosa nostra” mantuvo el semblante hierático, incluso, cuando dijo que los informes tenían hasta ilustraciones, “muy cuquis” le faltó añadir. Torero el tío, quizá más picador a la vieja usanza que matador.
Si se hubiera escuchado “Dame veneno que quiero morir, dame veneno…” y Laporta hubiera salido acompañado por Negreira, ambos con gafas de sol, y una copa de Soberano en la mano, las camisas con chorreras y chaquetillas cantosas a mí me hubieran ganado
El padre putativo del barcelonismo es un funambulista al que es cuestión de tiempo que pierda el paso en el alambre. La caída, en cualquier caso, no será grave porque hay lugares en los que se nace cuesta arriba y, otros, en los que caes de píe. Cuestión de redes, aunque sean clientelares. Se sabe que hay repúblicas de siete segundos que sacan en procesión pagana a quienes trincan de lo público, familias del 3% a las que se les agradecen los servicios prestados y se sube a los altares porque su corruptela tiene acento del terruño. Disfunción ésta de invocar a los corruptos que no puede explicar ni la inteligencia artificial ni La Moreneta, llegados a otras instancias superiores.
Sin ir más lejos, la portavoz del Gobierno catalán a la que, hasta el día de autos, no se le conocían declaraciones sobre la presencia en nómina del vicepresidente de los árbitros en el club catalán, tuvo a bien, sin embargo, salir a denunciar el vídeo de memoria histórica de Real Madrid TV. Sin duda, son un clan y puede estar orgulloso Pujol y sus vástagos del trabajo realizado. Para completar el programa de variedades no faltó un cameo del “mocito feliz” del independentismo catalán, Carles Puigdemont, necesitado como está el hombre de un foco que le dé luz en su larga noche centroeuropea. El show tiene mucho de ópera bufa, aunque siguiendo el libreto, aún faltaría un obispo por decir algo…
En esta ocasión, la táctica del calamar le salió bien a medias. El pretendido ardid fue momentáneo y no borra el rastro de lo enjundioso: los pagos al vicepresidente de los árbitros. Pero hete aquí que la pieza en blanco y negro muestra brazos en alto, recalificaciones y agasajos a la autoridad que hace trizas un relato maniqueo repetido en el tiempo y que, sin duda, ha escocido tanto como la victoria ante el Chelsea.
Pillados financiando la “dolce vita” del vicepresidente de los árbitros y un séquito por desenmascarar, con un palanquista empresario que produce, a su vez, parte del espectáculo de la liga patria mientras liga su buena ventura a la ruleta futbolera, es decir, la pela al color blaugrana, no hay día tranquilo que no aflore un “fiambre” o haya un altercado en el club. Habrá, por lo tanto, que silenciar cualquier atisbo de crítica interna y, lo que es más difícil, acabar con la externa. Así, por ejemplo, se puede apagar el ruido ambiente del cántico “corrupción en la Federación” durante un partido y aquí no pasa nada. Silencio ensordecedor, perdón por el oxímoron y por la rima.
Pillados financiando la “dolce vita” del vicepresidente de los árbitros y un séquito por desenmascarar, con un palanquista empresario que produce, a su vez, parte del espectáculo de la liga patria mientras liga su buena ventura a la ruleta futbolera, es decir, la pela al color blaugrana, no hay día tranquilo que no aflore un “fiambre” o haya un altercado en el club
En España, parte de los negocios no tienen colisión ética hasta que un juez dice lo contrario y cuando lo dice, a destiempo, el negocio ya dio pingües beneficios y lo heredó el hijo. Aquí la corrupción, como los cargos políticos, pasan de generación a generación, cual familia siciliana. En España en cualquier frontispicio de lo público bien podríamos tallar lo que dejó escrito Galdós: “La lógica española no puede fallar. El pillo delante del honrado, el ignorante encima del entendido; el funcionario probo debajo, siempre debajo”.
Nos encontramos, así, con una Federación que no quiso investigar en tiempo y forma y a una justicia deportiva que ni está ni se le espera. Tres años y prescriben los delitos y ponemos a un zorro (exdirectivo del Barça) a cuidar del gallinero para que todo parezca un accidente. En “Uno de los nuestros”, Ray Liotta teorizaba sobre la mafia: “Cuando era pequeño, mi padre me dijo que se puede llegar lejos con una palabra amable. Pero yo aprendí que se puede llegar más lejos con una palabra amable y una pistola”.
En este espectáculo de variedades, el único sheriff que puede interrumpir que siga el juego sucio es Ceferin y su barba de tres días. Un jinete pálido, a lomos de la UEFA, que quizá llegue donde la desidia o una presunta prevaricación deportiva española dejó abierta la gatera. Laporta, no obstante, aún guarda un par de ases en la manga. Camelar a Ceferin con alguna proposición deshonesta y lograr cambiar al sujeto de la foto en el cartel de “Se busca” y, donde no llegue la prescripción de los delitos, quizá poner en marcha una plañidera amnistía. ¿Que dicen que no? Cosas más extrañas se han visto. “¡Qué va, qué va, qué va! ¡Yo leo a Kierkegaard!
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La actualidad ha vuelto a poner sobre la mesa el viejo y manido debate del equipo del régimen. Más allá del amasijo de falsedades reiteradas y de medias verdades —a menudo peor que las mentiras— que poco a poco se consigue desentrañar, lo cierto es que hay mucho desconocimiento acerca de las vicisitudes del club durante esos años, y también durante los inmediatamente anteriores, correspondientes al conflicto previo. La Galerna ha tratado de arrojar luz al respecto en numerosos artículos, si bien aún permanecen algunos interrogantes, sobre todo concernientes al negro trienio de la Guerra Civil. Quizá sea oportuno recordar brevemente varios nombres propios, protagonistas de la gestión del Madrid en aquellos años turbulentos.
Rafael Sánchez-Guerra, concejal del Ayuntamiento de Madrid por la coalición republicano-socialista, vicesecretario de Presidencia de la República y correligionario de Niceto Alcalá Zamora, ganó las elecciones a la presidencia del Madrid en mayo de 1935. Sus esfuerzos en la defensa de los intereses del club, cuando salvó la expropiación del campo de Chamartín por parte del ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto, fueron recompensados por los socios merengues. Hay cierto consenso acerca de que la máxima de “un socio madridista, un voto” se inició bajo su mandato. El estallido de la Guerra Civil hizo que la Junta directiva fuese sustituida por un Comité el 4 de agosto de 1936, previa negociación entre los socios y la Federación Deportiva Obrera —organismo del Frente Popular dedicado a incautar instituciones deportivas—.
Rafael Sánchez-Guerra permaneció en el Madrid asediado durante toda la Guerra Civil y, a pesar de que se le ofreció la huida de la capital en el avión en el que Segismundo Casado partía para Valencia, prefirió quedarse junto a su compañero Julián Besteiro. Ambos acabarían detenidos en los sótanos del ministerio de Hacienda en marzo de 1939. Juzgado por “crimen de auxilio a la rebelión militar”, fue condenado a cadena perpetua, aunque unos años después su pena fue conmutada —probablemente gracias a su amistad con la familia Barroso—. En 1946 pasó a Francia clandestinamente y lo nombraron ministro sin cartera del gobierno en el exilio presidido por José Giral.
Su vida tuvo un desenlace peliculero. Viudo desde finales de los cincuenta, Sánchez-Guerra regresó a España e ingresó, acaso por una promesa, en el convento de los Padres Dominicos de Villava (Navarra). Hasta su fallecimiento se dedicó a la escritura y la reflexión, recibiendo la visita de los jugadores del Real Madrid aprovechando un partido contra Osasuna, lo que supuso una de sus últimas alegrías.
La incautación del club del 4 de agosto de 1936 antes mencionada constituyó un proceso complejo (aquí detallado magistralmente por Juan Francisco Nieva Expósito). La Federación Deportiva Obrera negoció con el Madrid sustituir la junta directiva, ya bastante afín a la República, por un Comité en el que abundaban los socios izquierdistas. El Comité incluía entre otros a Leandro Sechí Andía —socio madridista y representante de Amigos de la Unión Soviética—, Alfonso Reyes —socio madridista y miembro de Izquierda Republicana—, Vicente Veres —socio madridista y de UGT—, Pablo Hernández Coronado —representante de la junta directiva anterior, mantenido en virtud de sus conocimientos técnicos—, y estaba presidido por Juan José Vallejo González. La prensa republicana, como el diario Informaciones, celebró en sus páginas el acuerdo entre el Madrid y el Frente Popular: “Habían corrido rumores alarmantes, ¿no? Pero no había caso. Un club democrático, como el Madrid, con un plantel de socios netamente republicanos de izquierda, no podía temer nada. La Federación Deportiva Obrera, que tiene un gran concepto de los principios deportivos, encontró justos los razonamientos de algunos socios, y juntos concibieron un plan, que ha sido puesto en práctica y aprobado, sin excepción alguna, por todos los sectores deportivos de Madrid. [5 DE AGOSTO DE 1936]
En la dirección del Comité, Juan José Vallejo intentó orientar la marcha del club en un sentido popular sin desvirtuar la estructura profesional del mismo, tal y como se había rubricado en el pacto. Así, el campo de Chamartín pasó a convertirse en centro deportivo para los ciudadanos y base de entrenamiento del Batallón Deportivo de Madrid. Además, se celebraron festivales deportivo-militares, y el propio Vallejo, según publicaba El Liberal el 11 de agosto, entregó en nombre del Madrid la cantidad de 5000 pesetas al gobierno de Giral. Hernández Coronado ejercía como asesor omnisciente, y valoró inscribir en octubre al Madrid en el campeonato catalán, algo que, aunque fue acogido entusiásticamente por el Sindicato de Futbolistas profesionales en pro de la buena solidaridad republicana, terminó siendo vetado por el F. C. Barcelona.
Se desconoce la fecha exacta, pero entre 1937 y 1938 Juan José Vallejo dejó paso al coronel Antonio Ortega Gutiérrez, del PCE, en la presidencia del club. Terminaba así una etapa de dirección de tintes anarcoides para iniciar una composición más jerárquica —no en vano Ortega era Director General de Seguridad del gobierno de Negrín—. Sus declaraciones al semanario Blanco y Negro eran prueba de una mentalidad prácticamente espartana: “La nueva práctica del deporte aplicada a la guerra ha evitado, en primer lugar, el preciosismo y la exhibición, y ha conseguido que los soldados, libres de antaños prejuicios, fortalezcan sus músculos, alimenten sus pulmones y posean una resistencia esencial hoy en cualquier clase de combate (…) El Madrid, y yo estimaré que así sea, debe conseguir el mayor campo deportivo de España, el más importante estadio. La ciudad, que se ha ganado heroicamente su capitalidad, debe tener todo aquello que poseen otras ciudades que han sido más frívolas con relación a la guerra”. Hernández Coronado continuaba con su papel de intendencia en la secretaría técnica, y, siguiendo las órdenes de Ortega, coordinó la gestación del Trofeo del Ejército del Centro. Del mismo modo, permaneció en su labor organizativa cuando Ortega fue relegado de su posición en la Dirección General de Seguridad y se le mandó de nuevo al frente de batalla.
El papel más oscuro de Ortega tuvo que ver con su supuesta implicación en la desaparición de Andreu Nin, auspiciada por la NKVD (policía secreta soviética). Independientemente de si intercedió o no en el asunto, Ortega fue apartado de sus responsabilidades tras triunfar la insurrección de Casado contra el gobierno de Negrín, con la que se intentaba finalizar la Guerra Civil por medio de un enjuague entre militares. Detenido el 13 de abril en Alicante mientras trataba de escapar, se le aplicó un consejo de guerra. Algunas crónicas señalan que el franquismo no le concedió siquiera el honor del fusilamiento y acabó asesinado por garrote vil, como correspondía a los delincuentes, si bien la familia de Ortega nos ha desmentido este extremo y aseguran que murió fusilado.
Estos tres ejemplos constituyen algunos de los puntales que soportaron el peso del club en una época turbulenta, en la que nadie sospechaba que en el futuro la institución alcanzaría la mayor de las excelencias. Resulta de justicia señalar que el mérito de un proyecto no solo pertenece a quien lo desarrolla en tiempos prósperos, sino también a quien permite su supervivencia en los instantes más aciagos. Y acallar, al mismo tiempo, a aquellos que pretenden reducir la realidad a un reparto de roles tan simplón como incierto.
Debemos comenzar reventando en mil pedazos el posible clickbait a base de declarar, como respuesta a la pregunta del título, que Camavinga debe jugar en el Real Madrid. Sí, ya sabemos que no es esa pregunta a la que el eventual lector desea hallar repuesta, pero al fin y el cabo ¿en qué consiste el clickbait sino en suscitar curiosidades que después son decepcionadas?
No está de más en todo caso recalcar, sin perjuicio de que después respondamos a la cuestión cuya respuesta ansía el visitante, que solo estamos medio en broma. Camavinga puede haber sido el fichaje más estratosférico realizado por el club desde Cristiano Ronaldo, por encima incluso de indiscutibles aciertos (por calidad y por coste) como Rodrygo, Militao o el mismísimo Vinicius. El Real Madrid está condenado a su bendición, es decir, obligado a hacer todo cuanto esté en su mano para que este fenómeno de la naturaleza, este prodigio físico y técnico, cubra vestido de blanco la totalidad de su carrera, ya sea jugando de lateral izquierdo, de medio centro o de portero-delantero.
Ese otro debate palidece ante lo imperioso de esta necesidad de presente y futuro. Camavinga está destinado a marcar una época, no solamente en el aspecto deportivo, sino también en el de la generación de ingresos. Es buenísimo, y es además profundamente vendible. Su carisma y estilo, una mezcla irresistible de naturalidad y frescura, constituyen una mina de oro para la mercadotecnia que, bien explotada, producirá réditos millonarios para el jugador. Si el club hace valer la importancia de su aportación (el jugador venderá mucho más luciendo la blanca que cualquier otra camiseta del planeta), también hará del futbolista un activo de primer orden.
Camavinga puede haber sido el fichaje más estratosférico realizado por el club desde Cristiano Ronaldo, por encima incluso de indiscutibles aciertos (por calidad y por coste) como Rodrygo, Militao o el mismísimo Vinicius
Tranquilo, lector. Llegamos con paso lento pero firme a la respuesta ansiada. Habiendo sido establecida como prioridad la pertinencia de que Eduardo complete toda su carrera en el club de Concha Espina, habrá que concluir que no puede pretenderse que desarrolle dicha carrera en una posición que no sea de su agrado. Si no es feliz en lo deportivo, no faltará el jeque que busque compensarle por el lado financiero llevándolo a su territorio. Así pues, a medio y largo plazo, Camavinga debe asentarse como centrocampista, que es según su propio testimonio la posición que le gusta. Y debe hacerlo, además, flanqueado por Tchouaméni en un 4-2-3-1 al que el Real Madrid está destinado por confección de plantilla, tarde o temprano.
Tan cierto es lo que aducimos como que no corre prisa alguna el ponerlo en práctica. Camavinga tiene tanta calidad que se ha adaptado muy bien a las necesidades del equipo, asentándose como lateral izquierdo con unas prestaciones inalcanzables para cualquier otro, como volvió a verse ante el Celta. Está redefiniendo el concepto mismo de lateral izquierdo. Nadie sabía, hasta la fecha, que el fútbol de un equipo pudiera construirse desde esa posición, que la manija pudiera llevarse partiendo desde ahí. Por muy revolucionaria que esté siendo su aportación al puesto, no obstante, no debe consolidarse ahí más allá de la presente temporada. Al fin y al cabo, los grandes genios vanguardistas se distinguen por abrir caminos que luego abandonan, desentendiéndose de autopistas creativas que ellos mismos asfaltaron para buscar, incansables, senderos que satisfagan sus ansias personales.
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Buenos días, galernautas. ¿Recordáis los megapifostios recientemente montados por el Atlético de Madrid a cuenta de una expulsión clarísima de Savic y del presunto escamoteo de una discutibilísima expulsión de Ceballos, correspondiendo ambas jugadas a sendos derbis contra el Real Madrid? Resulta que ayer, frente al Barça, se le birló un penalti como la catedral de Colonia (o sea, como Bodo Illgner) y, cuando nadie esperaba que emitiera un iracundo comunicado como el de aquellos dos días, nadie tuvo toda la razón.
Ayer no hubo comunicado ni nada similar, amigos. Se conoce que al bueno de Gil Marín se le acabó la tinta de la impresora y, visto que la letra salía difuminada, casi ilegible, optaron por abortar la misión, sustituyendo todo por unas moderadísimas quejas sobre el césped (si llega a pasarles eso contra el Madrid, se comen al árbitro) y unas declaraciones versallescas del Cholo Simeone alabando al Barça y pseudodisculpándose por haber reclamado en caliente el correspondiente penalti. Penalti, por cierto, idéntico al que sí se pitó a Militao en la 20/21 contra el Sevilla que terminaría dando la liga a los colchoneros (a Felipe, por lo que sea, esa misma campaña no se lo señalaron en el derbi); mano exactamente igual a la que hace pocas jornadas le costó la anulación de un gol contra el Barça al Athletic de Bilbao. El negreirato está vivo, amigos, vivérrimo, pero el Atleti solo saca los cañones gordos cuando se siente perjudicado por el Madrid, que es lo que reporta a su cúpula réditos sociológicos en una masa social ampliamente conocida por su aborrecimiento a lo blanco como primer rasgo distintivo.
Así que ayer ni comunicado ni nada. ¿Cómo quejarnos de lo que nos hace la némesis del verdadero enemigo, que lo seguirá siendo por mucho que el Barça se compre las ligas al por mayor pagando a la cúpula del estamento arbitral?
Se ve que a la prensa se le quedó también sin tinta el cartucho del color con el que se resaltan las barrabasadas arbitrales, porque la jugada no aparece en ninguna (repetimos: en ninguna) de las cuatro primeras planas de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Comencemos por el máximo exponente de la Central Lechera, el diario madridista por antonomasia.
Ferran Torres, el yernísimo, ocupa la primera plana de un diario para el que el negreirato ha caído ya en el olvido, por más que esté haya sido capaz de sobrevivir a Negreira, como indican todas las evidencias. Si Marca da su portada a Ferran cuando por su churrigol de ayer, no queremos ni pensar cuántas portadas laudatorias le dará al campeón de la Negreileague cuando el campeonato se certifique matemáticamente. España tiene un próximo campeón que está en serio riesgo de no poder jugar en Europa por haber adquirido pagando el favor de los colegiados, y al parecer esto le parece fenomenal al primer diario deportivo del país. Algún día hablaremos de lo fascinante que resulta ver cómo el mismo grupo que edita un diario generalista que encabeza la guerra contra el negreirato tiene también un diario deportivo que básicamente celebra los triunfos de los Negreira boys como si aquí no hubiera pasado nada. Deben de pensar que el que lee sobre deportes no tiene los dos dedos de frente que en cambio sí le sobran a los que buscan información general.
El hecho es que el club que ha urdido la trampa más escandalosa y duradera de la historia del deporte va a ganar una liga que no debería ni estarse jugando, y que puede contar con el universo Marca dentro de su corte de palmeros para celebrar cuando el alirón sea definitivo.
Si Marca celebra pasando por alto la jugada referida, imaginad la algarabía de la prensa cataculé. En Sport aparece Ferran Torres con una indescriptible mueca de euforia cuasiobscena, mientras Mundo Deportivo divide su primera plana entre la victoria culé por 1-0 (hace poco decía Xavi que un buen catalán no se conforma con ganar con ese guarismo, mientras que ayer entonó la oda más pasional al unocerismo) y el Conde de Godó, torneo marca de la casa como el propio diario, que se adjudicó el grandioso Alcaraz, a la sazón gran madridista. Vayan a él nuestros parabienes.
Y solo nos queda As en este aciago recorrido. El diario de Prisa es hoy el único que se ofrece al lector en clave madridista. Camavinga es el jugador de moda, el nuevo ídolo, como reza As, y nos unimos sin cortapisas al amor que el Bernabéu le profesa. Hoy, en esta vuestra página madridista predilecta, encontraréis también un texto de Genaro Desailly que de una vez por todas, por fin, aclara dónde debe jugar Camavinga.
Pasad un buen día.