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The Golden Boy

The Golden Boy

Escrito por: Antonio Valderrama25 abril, 2023
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Ahora que el mundo se está rindiendo por fin, con justicia, a Eduardo Camavinga, yo me acuerdo de los hacedores del premio The Golden Boy. Los premios individuales, en el fútbol, son, de principio, una estupidez, teniendo en cuenta que el fútbol es, en esencia, un juego colectivo. No obstante en los últimos años la cuestión está degenerando, como todo lo que rodea esta industria: cada vez más banal, cada vez más insufrible. Entre la UEFA, la FIFA y los community managers de los clubes se está hollywoodizando todo que da miedo pensarlo, como si por sí mismo el fútbol no tuviera solera europea suficiente como para que tengamos que asistir a la emulación constante de la NBA. Emulación chufla y barata, naturalmente, porque eso es lo que ocurre cuando se injerta algo artificial en una tradición rica, vieja y plena como es la del añejo balompié.

ntre la UEFA, la FIFA y los community managers de los clubes se está hollywoodizando todo que da miedo pensarlo, como si por sí mismo el fútbol no tuviera solera europea suficiente como para que tengamos que asistir a la emulación constante de la NBA

El caso es que ahora que se está llegando a algo parecido a un consenso, más allá del madridismo, en torno a la fabulosa realidad que es ya Camavinga, recuerdo mucho el premio Golden Boy y en particular a sus dos últimos ganadores: Pedri y Gavi, Gavi y Pedri, los pizpiretos Zipi y Zape del Barcelona de Javi, como lo pronuncia con gracia Carletto. Pedri, Gavi y Xavi, en Barcelona todo es así de cuqui, de informal, de cercano. De guay. Tanto que si me dicen que el primero que se puso una camiseta debajo de una chaqueta americana fue un licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas por la Pompeu Fabra, me lo creo.

Gavi y Pedri

El Golden Boy es algo así como el Balón de Oro del fútbol primavera. Lo entrega Tuttosport y cuentan los votos de periodistas acreditados por los principales periódicos de información deportiva de Europa. Quien lo gana es, por lo general, un tipo que está rompiendo el techo, un futbolista de extraordinario potencial. Desde Van der Vaart, que ganó el primero en 2003, la lista incluye a casi todos los jugadores más significativos del siglo XXI: Rooney, Messi, Agüero, Mbappé y Haaland. También lo han ganado unos cuantos de esos meteoros fugaces que cruzan el firmamento del fútbol deslumbrando por un segundo, apuntando maravillosas ensoñaciones que poco después se quedan en nada: Pato, Martial, Renato Sancheso o Joao Félix, por ejemplo. Españoles lo han ganado cuatro, el primero Fábregas. Después vino Isco y, finalmente, Pedri y Gavi, que son además los dos últimos ganadores.

El fútbol, como todo relato de promisión, necesita renovar continuamente su cuota de superhéroes. Todo se hace viejo muy rápido, todo pasa constantemente de moda, todo ha de empezar otra vez: se buscan con obsesión las figuras que reemplacen a los antiguos dioses, el nuevo Pelé, el nuevo Maradona, el nuevo Zidane. Las masas se habitúan a las mismas caras y a los mismos nombres y eso es un riesgo que la industria, por lo demás, no puede plantearse de ninguna manera. En la base del capitalismo que vivimos está el deseo permanente de satisfacer el ansia de novedad, y cuando las novedades no existen hay que inventarlas. Es el caso de Pedri y de Gavi.

En la base del capitalismo que vivimos está el deseo permanente de satisfacer el ansia de novedad, y cuando las novedades no existen hay que inventarlas. Es el caso de Pedri y de Gavi

Hablo de ellos porque mientras recibían los galardones y la atención y mientras que sobre ellos se fijaba hasta el aburrimiento la mirada del mundo, en Francia maduraba un verdadero golden boy que el Madrid hizo por fichar el último día del mercado en el que supuestamente iba a venir Mbappé. Mbappé no vino y tampoco hizo falta. Florentino cerró la contratación de un mediocampista prometedor que apenas llegaba a los veinte años por menos de cuarenta millones, que en este escenario hiperinflacionista resulta hasta una ganga. A nadie hizo mucha ilusión pues, al fin y al cabo, las masas esperaban al nuevo redentor. Por si fuera poco en Rennes decían que Camavinga era muy bueno pero también muy irregular, además de que su posición en el campo no estaba muy clara. ¿Era mediapunta? ¿volante, carrilero, medio de contención, mediocentro? Nadie lo sabía a ciencia cierta, ni siquiera los que viven de decir que pasan sus sábados por la noche viendo la Ligue 1. En los mentideros se torcía el gesto: justo eso era lo que necesitaba un equipo cascado y que depende para marcar de un señor de casi 40, se decía con sorna, ¡otro todocampista!

Camavinga Florentino presentación

Al otro lado del celuloide, ese mismo verano, el mundo babeaba con Pedri. Reconozco que vi casi todos los partidos de España en aquella Eurocopa extraña que se jugó en muchos sitios a la vez. Quería saber quién era ese Pedri y por qué, en teoría, era tan bueno. Luis Enrique le había dado la batuta de su selección, como se decía antes, y el chico, sin haber hecho nada todavía en el fútbol de clubes, saltó a los campos con el 10 de los líderes, con la vitola del regista.

Vi casi todos los partidos de España y supe que no me hacía falta ver ninguno más. Pedri, que es un excelente pelotero, me pareció como salido de un laboratorio. Una oveja Dolly. Sus gestos, su manera de correr, de pisar la pelota, de pasarla en corto, incluso de chutar, me parecieron viejísimos: los había visto muchas veces antes a futbolistas mucho mejores que él. En Pedri no vi nada fuera de lugar, todo estaba exactamente donde tenía que estar, y esa es la cuestión fundamental: Pedri es aburridísimo, un pastiche, algo clónico y predecible. De Pedri necesitan sacar como sea un nuevo Iniesta, aunque entre ambos medie la misma distancia que separa la realidad del sueño.

Gavi es un rottweiler de fútbol tan insulso que necesita martirizar los tobillos ajenos para sentir que su presencia en el campo tiene sentido

Qué decir de Gavi. Gavi es un rottweiler de fútbol tan insulso que necesita martirizar los tobillos ajenos para sentir que su presencia en el campo tiene sentido. Una cosa sí que es clara: al menos Gavi, con sus carreras hechas de espasmos, al menos no es Celades y a un equipo abúlico hecho al ritmo trotón del anciano Busquets, le da vida y energía. Con eso suele bastar en la Liga española. Todo lo demás lo ponen los complacientes rivales y un videoarbitraje amañado.

Camavinga Chelsea

Pero el Golden Boy es otra cosa. Se supone que con ese premio se está señalizando el camino del futuro, la pista de despegue del juego para el siguiente lustro o quizá década. En esa pista, Camavinga, ni siquiera nunca nominado, va montado en un cazabombardero. Camavinga es diferente, su planta de negro broncíneo se eleva sobre la pelota con el autoritarismo de los caudillos. Ángel del Riego, en El Confidencial, habla de “la tradición sísmica” que, en el Madrid, arranca en Di Stéfano y llega hasta Casemiro pasando por Hierro, Redondo y Ramos. Es todo lo contrario al “wokismo” panenkita que despacha en serie jugadores, sistemas e ideas, como si fueran unidades de producción. Pedri es el ejemplo de esa mentalidad endeble y absurda que idolatra fotocopias enalteciéndolas como si fueran realidades originalísimas. Mientras todos los tontos miraban el dedo, allá arriba, en la Luna, Camavinga se estaba construyendo una estación espacial.

Mientras todos los tontos miraban el dedo, allá arriba, en la Luna, Camavinga se estaba construyendo una estación espacial

Todos son sorpresas y parabienes ahora con Camavinga. Este verano el Madrid hizo de nuevo una prospección en el pozo de petróleo nubio que tiene Francia y se trajo a Tchouaméni, de quien los entendidos aseguraban que era el bueno de verdad, mucho más que Eduardo. Se pagaron 50 millones de euros más y para Deschamps, con Francia, Aurelio es sistema y Eduardo, un simple recurso. Sin embargo Camavinga fue capaz de quitarse de encima la maldición del sophomore justo cuando parecía ahogarse en todas las arenas movedizas que los listos habían dibujado para él: de su indefinición táctica sacó un manantial interminable de instrumentos con los que ofrecerle soluciones a Ancelotti a medida que del once titular se iban cayendo laterales izquierdos, centrales, mediocentros y delanteros. Creció cuando llovían balas y no flores: de 5 en Anfield y de 3 en el Camp Nou y en Londres, con todo tipo de situaciones en las eliminatorias, a favor y en contra. Al tiempo, los golden boys eran incapaces de llevar al Barcelona por segundo año consecutivo más allá de la liguilla previa de la Copa de Europa, y luego hacían el ridículo en la segunda división europea sin oler siquiera actuaciones como las de aquel primer Vinicius de fuego en 2019, cuando logró que un muerto tuviera una erección (casualidad o no, el mejor Ajax en veinte años no remontó una eliminatoria de Copa de Europa ante el peor Madrid de la década hasta que el niño brasileño que no sabía controlar la pelota se tuvo que retirar lesionado del campo).

 

Getty Images.

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

3 comentarios en: The Golden Boy

  1. Bueno, yo creo que el madridismo siempre ha confiado en Camavinga. De hecho a muchos ya nos pareció injusto el Golden Boy, a pesar de que el francés ha aumentado su rendimiento considerablemente esta temporada. Yo no voy a decir que Gavi y Pedri son malos jugadores porque no es verdad. Son muy buenos los dos, sin embargo siempre he comentado que ninguno me parece un crack de talla mundial. Desde luego no para estar entre los diez mejores del mundo, algo que sí opino de Camavinga, Vinicius, Valverde e incluso Rodrygo. En cuanto a lo de Tchouameni repito lo que dije ayer, es un futbolista sensacional. Puede que no tenga la brillantez de Camavinga en el desborde y en las acciones individuales pero tácticamente y físicamente es un portento. Me recuerda al Militao de la primera temporada. Un potencial enorme y una aclimatación lenta. Yo lo veo, sin duda, como titular indiscutible el año que viene, ya con Kroos apareciendo mucho menos desde el inicio. Un mediocampo con Tchouameni de medio centro defensivo y con Camavinga y Bellingham de volantes sería algo digno de ver. No se me ocurre un centro del campo mejor.

  2. No hay que romperse la cabeza para darse cuenta, de que los dos frikis barcelonistas hayan recibido el premio al "niño de Oro", en vez del portento de Camavinga, es la confirmación pura y dura de que la guerra de la agitación y la propaganda, el llamado RELATO lo van ganando por goleada, lo cual a medio plazo también tiene sus virtudes en el plano deportivo, para nosotros pero esta es otra historia

  3. A Eduardo Camavinga ya algunos se lo pedíamos a Florentino en cuanto le vimos un par de partidos en el Rennes. El pasado año ya comenté aquí que su fútbol de tantos quilates me recordaba al de Clarence Seedorf. Hoy, le veo como una mezcla de Fernando Redondo y Clarence Seedorf, con más energía que el primero y mejor pase que el segundo.
    Puede jugar en cualquier puesto -lo acaba de decir el propio Ancelotti-. Sólo me falta verle jugar bien de portero para decir que va a ser el Di Stéfano del próximo Real Madrid. Un verdadero superclase.

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