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Lesiones que truncaron una carrera

Lesiones que truncaron una carrera

Escrito por: Alberto Cosín9 enero, 2021
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Las lesiones o las enfermedades son el mayor temor de un futbolista. Les impide realizar su trabajo y son momentos muy duros en lo físico, anímico y psicológico. Pero hay casos que van más allá cuando las lesiones son muy graves o hay problemas en las recuperaciones que no marchan como se esperaba. En la historia del Real Madrid ha habido varios futbolistas que tuvieron que decir adiós al fútbol tras una lesión, o casos en los que las secuelas sufridas fueron tan importantes que no lograron volver a ser los mismos el resto de su carrera.

Juan Petit

Juan Petit, era el hermano mayor del magnífico y grandioso René Petit. Juan, a diferencia de su hermano, nació en Irún, aunque tenía la nacionalidad francesa. Se desempeñaba como interior izquierdo y su compañero y periodista Eduardo Teus lo definió así: “Delantero de larga zancada, que metía el pase maravillosamente. Y remataba duramente con la izquierda”. Educado junto a su hermano en el Colegio de El Pilar, con 18 años llegó al Madrid F.C. La gran competencia en el puesto le dejaba fuera del once en los grandes partidos y era más habitual verle disputar encuentros amistosos o Campeonato de Reservas. Sin embargo, en 1917 fue importante en las semifinales de Copa marcando en la ida ante el FC España. Los merengues se acabaron llevando el título ante el Arenas en una primavera en la que Juan iba y venía de Francia al estar inmerso en el servicio militar. En el mes de junio una noticia publicada en Madrid-Sport hablaba sobre el mayor de los Petit, que había sido herido leve por la coz de un caballo mientras hacía unas prácticas. Poco después fue llamado a filas por el ejército francés para la Gran Guerra. Juan Petit estuvo combatiendo en las trincheras y el gas mostaza le dejó gravemente herido. Nunca más volvió a jugar con el Madrid y prácticamente dejó el fútbol en activo salvo para jugar algún amistoso con el Real Unión y dos partidos de la Copa de 1920.

Las dos primeras ligas del club merengue tuvieron lugar en plena República española en 1932 y 1933. Era el equipo de los Zamora, Quincoces, Luis Regueiro, Hilario u Olivares. Sin embargo, en la media había dos jugadores que eran básicos para el buen funcionamiento del equipo por su trabajo y fuerza. Sus nombres: Manuel Ateca y Desiderio Esparza. Ambos tuvieron dos lesiones muy graves cuando jugaban en la entidad de Chamartín.

Real Madrid Ateca

Ateca, titular en la primera Liga en el mediocampo junto a Leoncito y Prats disputó once choques de la competición hasta el partido frente al Español en Sarriá. En la ciudad catalana se fracturó la tibia y peroné. Así contaba el propio jugador en Mundo Deportivo cómo se lesionó: “Me produje la fractura por no ceder córner y de una manera que aún no puedo explicarme. De momento no sentí dolor alguno; pero cuando traté de incorporarme, precisamente con la pierna fracturada, esta doblose y no respondió al esfuerzo”. Un mes más tarde, aún convaleciente, fue en camilla a esperar la llegada de sus compañeros en la Estación del Norte tras cantar el alirón en Les Corts. En 1933 pudo volver a jugar, aunque pronto se vio que su nivel no era el de antaño. Disputó varios amistosos y el club le dio la baja en verano tras un regalo de 3.000 pesetas. Se marchó al Nacional de Madrid donde tampoco recuperó las sensaciones de 1932 y se retiró con 29 años.

Por su parte, Desiderio Esparza, había fichado por los blancos en 1927 con 22 años procedente del Tolosa. En la primera Liga fue el primer recambio para el trío titular del mediocampo y llegó a actuar en seis partidos, uno de ellos el de Les Corts que certificó el título. En los años anteriores fue indiscutible y se le pudo ver en el once de las finales de Copa perdidas contra el Español en 1929 y el Athletic en 1930, siempre con sus dos socios Prats y Peña. Un serio problema de tobillo le llevó por la calle de la amargura la temporada 1932-1933 y apenas pudo disputar algunos amistosos. Por ello en verano y en consenso con el club fue dado de baja con 5.000 pesetas de obsequio. Decidió retirarse con 27 años y montó un bar que frecuentaban jugadores merengues, no sin antes declarar en el diario El Siglo Futuro que “estaría a disposición del Madrid F.C. por si este le necesitaba”.

Mario Inchausti

Tras la Guerra Civil el club se intentó reconstruir deportivamente y muchos jugadores fueron llegando a la capital. En la primavera de 1941, la directiva buscó un portero más para el plantel de cara a la Copa que se celebraba al terminar la Liga. El elegido fue Mario Inchausti: un portero nacido en Cuba que había cuajado un gran curso en el Real Betis en Segunda división y al que los verdiblancos dejaron en libertad. El Real Madrid le pagó al cubano 50.000 pesetas por su fichaje y se puso en el marco en la eliminatoria contra el Celta de 1/8 donde no se pudo pasar. Una lesión de rodilla marcaría su trayectoria. En marzo de 1942 regresó para actuar en algún amistoso, pero ya no volvería a ponerse en un partido oficial. Al término de esa campaña finalizó contrato con el Real Madrid y retornó al Real Zaragoza en una segunda etapa que no tuvo final feliz. Entrenó durante tres meses pero no alcanzó el nivel pre-lesión y se retiró con apenas 26 años.

Nazario Belmar

Nazario Belmar, fue un interior izquierdo fino en su juego que suministraba grandes balones a Barinaga y Pruden, los grandes artilleros de los años 40. El alicantino aterrizó en el Real Madrid con 22 años y sus dos primeras campañas fueron notables. Luego bajó su rendimiento, pero tras una cesión al Sabadell regresó con fuerza para ser básico en el título de Copa logrado en 1946. En 1947 también era fijo para Albéniz hasta que llegó la vuelta de octavos de Copa contra el Real Betis. Una dura entrada del bético Mariano acabó con Belmar en el suelo con la rodilla destrozada: rotura de menisco, ligamento cruzado y ligamento lateral. Cuatro operaciones y renqueante para siempre. Tenía 27 años y en las siguientes tres temporadas apenas pudo jugar uno, tres y tres amistosos respectivamente. Con 30 años y tras casi tres campañas en blanco donde el club le respetó el contrato puso fin a su carrera deportiva.

José Bañón

A mediados del siglo pasado y a la vez que el gran arquero de los 40, José Bañón, colgaba los guantes, llegaba a la casa blanca, Juanito Alonso. Ambos tuvieron un mal y precipitado final de sus carreras.

Tras una búsqueda de varios años, el Real Madrid encontró en 1943 a un digno sucesor de Zamora en el marco capitalino. José Bañón, era un guardameta alicantino ágil, valiente, espectacular en sus intervenciones y muy plástico. Con el famoso trío formado por él en la portería y Clemente y Corona en la zaga llegaron los dos grandes trofeos de la década en el conjunto blanco: las Copas de 1946 y 1947. Por su gran papel recibió la llamada de la Selección, donde en su único partido también tuvo la mala suerte de lesionarse. Pero fue en febrero de 1949 cuando un balonazo terminó con sus esperanzas de seguir en activo. En un choque liguero contra el Sevilla en el nuevo Chamartín recibe de Herrera un balonazo muy fuerte en el pecho que le forzó a ser sustituido. Es el mes de febrero y sigue jugando aunque con alguna molestia. Una fuerte gripe casi le impide disputar el Trofeo Teresa Herrera en junio de 1949, pero al final se pone bajo el marco en el que sería su último partido contra el Racing de París. A la vuelta de Coruña se le realizan unos chequeos médicos que determinan que sufre una grave afección pulmonar que le obliga a retirarse con 27 años y sin haber alcanzado el cénit de su trayectoria.

Juanito Alonso

Juanito Alonso fue el gran arquero de los años 50. El portero de las primeras Copas de Europa y toda una leyenda del club. Un guardameta que brillaba por su sobriedad, su templanza y su seguridad. Un cerrojo que fue clave en varias eliminatorias europeas. Sin embargo, las lesiones le impidieron poder retirarse jugando y en el momento que él hubiera deseado. La primera de ellas también fue una enfermedad pulmonar que le tuvo apartado casi un año de los terrenos de juego. La afección no revestía mucha gravedad pero un lío con el permiso de la mutualidad deportiva que no daba el visto bueno a su vuelta retrasó en meses su regreso. Para cuando lo hizo la mala fortuna se volvió a cebar con el vasco. En un derbi el 21 de febrero de 1960 contra el Atleti se puso de nuevo en la portería, pero en un choque con Adelardo se fracturó la clavícula. Ayudado por los masajistas Legido y Benedicto abandonó el campo y ya no jugaría ningún partido oficial más con el Real Madrid. Sí volvió para actuar en su partido homenaje contra River en 1961 y luego intentó, sin demasiado éxito, jugar en el Plus Ultra la temporada 1961-1962.

Compañero de Juanito Alonso fue Chus Herrera. Hijo del excelente jugador de los años 30 y 40 Herrerita y sobrino del exmadridista Chus Alonso, una cruel enfermedad le dejó sin fútbol y sin vida. Extremo diestro ágil, habilidoso y con un guante en su pierna derecha estaba destinado a ser una de las grandes estrellas del fútbol español en los años 60. Bernabéu lo firmó del Real Oviedo y aunque siempre tuvo gran competencia en su puesto con jugadores de talla mundial como Kopa o Canario, a principios de los 60 comenzaba a hacerse con un hueco en el once. Titular y anotador en la vuelta de la Copa Intercontinental de 1960, empezó a encontrarse mal en noviembre y tuvo que parar. En junio de 1961 fue operado de un sarcoma y el club blanco le cedió a la Real Sociedad para que recuperase el ritmo competitivo. Pero nada más acabar el curso empeora de forma muy grave al conocerse que padecía un cáncer. A los 24 años y en su Asturias natal falleció el 20 de octubre de 1962. Una muerte que conmocionó a todos sus compañeros del Real Madrid y al fútbol español.

Francisco Ballester

Tampoco le sonrió la fortuna a Francisco Ballester una década después en el equipo merengue. La parcela técnica del club buscaba un sustituto para el lateral derecho ye-yé, Antonio Calpe. El elegido fue un joven del Elche que había sido internacional con Kubala y destacaba por su físico, por su fuerza y por su capacidad ofensiva para subir la banda. Cinco millones y un contrato de cuatro años fue el montante de una operación que se hizo efectiva en la primavera de 1970. La Copa aún se jugaba tras el campeonato doméstico y Muñoz hizo debutar a Ballester contra el Castellón jugando los 90 minutos. También salió de inicio frente a la UD Las Palmas en la ida de octavos, pero es en ese choque ante los canarios en el Insular cuando comenzó el infortunio del valenciano.

Una grave lesión de rodilla le obligó a pasar por el quirófano. El doctor blanco era López Quiles, que contaba con el beneplácito del club pero no con la entera confianza entre los jugadores y exjugadores, ya que en el pasado no tuvo éxito con otros lesionados. Con Ballester le fue muy mal. La operación no tiene buenos resultados y Ballester acude al doctor Cabot, una eminencia en la época en cuestión de rodillas. El tema es muy complejo y no hay muchos avances. En ese momento Di Stéfano aconseja a Ballester que visite en Lyon al doctor Trillart y el lateral diestro inicia una recuperación interminable que le tiene dos temporadas en blanco. Para la temporada 1972-1973 el Real Madrid decide bajarlo al filial para ver si poco a poco recupera la forma. Pero en el recién fundado Castilla apenas juega. La última opción blanca es cederlo al Onteniente para el curso 1973-1974 donde juega ocho partidos. En verano, al terminar su contrato no se le renueva y queda libre. Vuelve a su Xátiva natal para jugar en el Olimpic de Tercera División donde actúa de central o medio porque ha perdido velocidad. Tiene 27 años y juega con asiduidad y regularidad. Sin embargo, unas molestias en el bajo vientre unos meses más tarde le hicieron acudir al médico que le detectó un seminoma. Tuvo que dejar la práctica activa del fútbol y fallecería con 30 años en 1977.

En la temporada 1985-1986, en plena Quinta del Buitre, concurrieron en el vestuario merengue tres futbolistas con trascendentales problemas en sus carreras, que les obligaron a dejar el fútbol en activo (Antonio Maceda y Jorge Valdano), o con importantes consecuencias para su posterior rendimiento, como fue el caso de Francisco Bonet.

Francisco Bonet

En orden cronológico el primer damnificado fue Bonet, un central contundente, veloz, ligero y notable rematador de cabeza. Llegado del Elche en 1982, con rapidez se gana un hueco en la titularidad y eso le lleva a la internacionalidad. Pero casi al término de la primera campaña de blanco una terrible entrada de Migueli en la final de Copa le causa una lesión muy severa: rotura de ligamento lateral interno, rotura de menisco externo y desgarro de la cápsula posterior de la pierna izquierda. Tuvo que pasar por el quirófano y en unas declaraciones posteriores comentó que “no quiero pensar que la entrada fuera intencionada, pero tengo mi opinión y me la reservo”.

Tras varios meses de baja volvió a jugar en noviembre de 1983, pero otra lesión al inicio de la temporada 1984-1985 fue la puntilla. Ante el Racing en el Bernabéu sufrió una doble fractura de tibia y peroné en la pierna derecha. Se perdió todo el curso e inició motivado la posterior campaña, pero las sensaciones no eran del todo buenas y decidió jugar con el Castilla en Segunda para recuperar la forma poco a poco. En el filial disputa ocho partidos y con el primer equipo también dos de Copa de la Liga frente al Barça. Ahí pondría punto final a su etapa merengue. En el verano de 1986 está cerca de retirarse pero al final acepta una oferta del Mallorca por recomendación de Mendoza. Permanece dos años en el cuadro bermellón hasta que en la segunda temporada otra lesión de menisco le convence de que lo mejor es dejar de sufrir y retirarse. Tenía 28 años y nunca había recuperado el nivel anterior a la patada de Migueli.

Antonio Maceda

En 1985 en uno de los mejores mercados de fichajes de la historia del club blanco, el presidente Ramón Mendoza trajo de una tacada a Gordillo, Hugo Sánchez y Maceda. El central rubio llegó para reforzar la zaga pero tampoco le acompañó la fortuna. Todo transcurrió de forma ideal en su primer año hasta que llegó el mes de febrero y el duelo ante el Sevilla en la jornada 26 de Liga. En ese partido se lesiona aunque fuerza y también actúa de forma vital en el encuentro decisivo para el Campeonato contra el Barcelona dos jornadas más tarde en el que marca un tanto. El 11 de marzo se opera del menisco, regresa ante el Celta y se le puede ver en la vuelta de la final de la Copa de la UEFA. Pero el Mundial de México será su tumba deportiva tras un golpe en un entreno con Calderé. Allí arriesgó al límite con la rodilla y al regresar a España se realiza una artroscopia, pero la recuperación no termina de completarse. La temporada 1986-1987 se la pasa en blanco y retorna al quirófano.

Tras casi dos años se viste de corto para dos partidos de Liga y un amistoso a la finalización del curso 1987-1988. El Real Madrid le renueva por un año y tiene minutos en la pretemporada realizada en los Países Bajos. Pero esas dos actuaciones ante equipos neerlandeses serán las últimas de su vida deportiva. La rodilla vuelve a dar problemas y las molestias no desaparecen. En verano de 1988 el central valenciano toma la decisión de retirarse con 31 años y una pensión de invalidez concedida para el resto de su vida.

Jorge Valdano

Por último Jorge Valdano, firmado desde el Real Zaragoza en 1984, era un delantero habilidoso, astuto y escurridizo con buena eficacia de cara a gol. En sus dos primeras campañas como madridista cuajó a un gran nivel y fue muy importante en la consecución de las dos Copas de la UEFA o en la primera Liga de la Quinta donde logró 16 dianas. En 1986, volvió como campeón del mundo del Mundial de México e inició el curso 1986-1987, el que a la postre sería el último activo de su trayectoria. El argentino tenía una hepatitis que ya existía cuando firmó por los madridistas. Sin embargo, esta enfermedad le obligó a renunciar al fútbol. En marzo de 1987 tras un choque de ¼ de la Copa de Europa contra el Estrella Roja, el presidente Mendoza le dio un ultimátum: “Hasta que no te cures, no vuelves a jugar”. Y Valdano luchó durante quince meses sin fortuna. En 1988 y con 32 años colgó las botas.

Dos de los casos más sonados en las últimas décadas de jugadores del Real Madrid a los que se les truncó la carrera de blanco son Álvaro Benito y Rubén de la Red. Dos canteranos con dolencias diferentes. Al salmantino le martirizaron las lesiones, mientras que el madrileño fue por problemas cardiacos.

Álvaro Benito

El zurdo, de la misma generación que Raúl o Guti aterrizó en la capital con apenas 14 años procedente del Real Ávila. En la cantera blanca fue dando pasos agigantados hasta que debutó de la mano de Valdano el 3 de septiembre de 1995 contra el Rayo Vallecano. Más tarde Fabio Capello le dio gran confianza en aquel imponente Madrid de los Mijatovic, Seedorf o Suker de la temporada 1996-1997, pero en el mes de noviembre en un partido con la sub-21 ante Eslovaquia le llegó la desgracia. La temible triada que Álvaro explicó así: “Corría por la banda y choqué con un rival, a nivel del hombro, y al frenar, justo, sentí el dolor en la pierna izquierda”.

La recuperación fue larga, tortuosa y no con el éxito esperado. Nueve operaciones, trabajo de diez horas al día, rehabilitación en las vacaciones con los fisios del club, etc. La primera operación no fue bien y tuvo varias recaídas serias. Pero pudo jugar algunos partidos en el curso 1997-1998, primero en el Real Madrid B y también en el Tenerife. A toda esta mala fortuna se unió un accidente de tráfico en el año 2000 que le produjo una rotura del ligamento cruzado, un esguince del ligamento lateral interno y una fractura de peroné. Aun con tantos daños y secuelas, volvió a vestirse de corto en las filas del filial blanco en la temporada 2001-2002 y un año después firmó por el Getafe, donde se lesionó en el mes de diciembre de un menisco. Esta fue la última parada del salmantino, que dijo adiós al fútbol en 2003 con 26 años.

Rubén de la Red

En el caso del medio madrileño, llegó a La Fábrica en edad benjamín, aunque se marchó al Móstoles para luego regresar con 14 años. A los técnicos del club ya les maravilló desde su etapa en juveniles y la oportunidad de debutar en el primer equipo de forma oficial le llegó en un choque contra el Athletic en septiembre de 2005 en la etapa Luxemburgo. Volvió de forma habitual al Castilla y en el mercado de invierno de 2007 estuvo cerca de ir cedido al Real Zaragoza. Sin embargo, se quedó y tuvo minutos por parte de Capello en aquella Liga histórica para la entidad de la campaña 2006-2007. En verano finalmente se decidió que saliese para jugar minutos con asiduidad en Primera y firmó por el Getafe. En el club azulino fue uno de los mejores centrocampistas del campeonato y el premio fue que Luis Aragonés le llevó a la Euro’2008, donde España conquistó el título.

Su vuelta para el curso 2008-2009 creó mucha expectación en el Real Madrid y en los aficionados pero apenas pudo actuar en diez partidos. El 30 de octubre de 2008, en el duelo de ida de 1/16 de Copa contra el Real Unión, sufrió un desvanecimiento en pleno partido por un síncope. Tras un día hospitalizado es dado de alta y comienzan un sinfín de pruebas para conocer la causa del desmayo. Se anuncia su baja indefinida y en abril de 2009, mientras le realizan una biopsia, hay una complicación que obliga a internarlo en la UCI. No hay garantías suficientes para que vuelva a la práctica del fútbol y el club blanco, por sus problemas cardiacos, no lo inscribe para el siguiente curso. Finalmente, De la Red, con 25 años, anuncia su retirada en noviembre de 2010, justo dos años después de su desmayo.

 

Fotografías: Getty Images

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4 comentarios en: Lesiones que truncaron una carrera

  1. Hay que ser muy bisoño para ver la entrada de Migueli y pensar que no tuvo intención de hacer mucho daño. De hecho, no fue ni siquiera una entrada, fue directamente una patada a la altura de la rodilla.

    1. Seguro que la entrada de Migueli fue con objetivo de hacer daño. También hay que reconocer que en aquellos tiempos ese tipo de comportamientos en el campo era más habitual y consentido. Migueli sería uno de los defensas más duros, pero había otros, incluso en el Real Madrid.

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