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Fantantonio: “El Madrid, como Belmonte, es hermosura entre tanta bajeza”

Fantantonio: “El Madrid, como Belmonte, es hermosura entre tanta bajeza”

Escrito por: Jesús Bengoechea8 agosto, 2022
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El 21 de mayo de 2015 vio la luz La Galerna y con ella el primer texto de Antonio Valderrama, más conocido como Fantantonio. Es el más leal de los colaboradores de esta casa, amén de uno de los más brillantes (algunos dicen que el más brillante, directamente, y no es ningún desatino). Rara vez ha faltado a su cita semanal con el lector desde aquella ya lejana fecha. Ahora escribe los martes, que no se lo merecen pero lo trincan puntualmente, como hacía Di Stéfano con todas las distinciones que recibió. Su escritura es continuo hallazgo, resplandor incontenible, luz que restalla. Su erudición —casi borgiana, inaudita en un hombre de su todavía corta edad— llena sin abrumar. Su prosa cuaja siempre. Es un genio cuando escribe sobre fútbol, metáfora de la vida misma, o cuando escribe sobre Belmonte, como ha hecho ahora en La Hora Azul.

La hora azul

¿Qué es La hora azul?

Es un libro en donde novelo las últimas veinticuatro horas de la vida del gran mito de la tauromaquia, don Juan Belmonte, a modo de dietario personal.

Es decir, que en el libro es el propio Belmonte el que habla al lector en primera persona.

Efectivamente. Por eso, más que una novela, es lo que los franceses llamarían una nouvelle, una novelita corta. A partir de todos los datos que he recopilado sobre lo que hizo Belmonte a lo largo de aquel domingo 8 de abril de 1962 y, también, a partir de todo lo que he leído sobre su personalidad, psicología y forma de pensar, he recreado libremente unos hechos y les he puesto su voz. Belmonte escribe en un cuadernito lo que hace, sueña, ve y piensa, y ese cuadernito es esta novela que ahora presento.

¿Por qué Belmonte como tema de un nuevo libro?

Porque me parece un personaje verdaderamente fascinante, no sólo como torero, sino como personalidad. Era un hombre misterioso, contradictorio, ciclotímico, bohemio. Hijo de un quincallero que tenía a todos sus hermanos pequeños viviendo en hospicios y que aprendió a torear a la luz de un candil de noche en el campo, junto al Guadalquivir, que cruzaba nadando para alcanzar el sitio donde apartaban a los toros que se iban a lidiar en Sevilla. ¡Como para no parecerme interesante! Tenía un aura muy literaria que Chaves Nogales supo ver muy bien, por eso nos regaló aquella biografía novelada suya que más bien es novela de aventuras, retrato costumbrista e inmersión en aquella época. Que es una época de transformaciones monstruosas en España y en el mundo.

Belmonte me parece un personaje verdaderamente fascinante, no sólo como torero, sino como personalidad. Era un hombre misterioso, contradictorio, ciclotímico, bohemio

Es la época, por ejemplo, en la que nace el Real Madrid.  

Eso es. El mundo está cambiando a toda velocidad y Belmonte representa, con Joselito, la apoteosis de una tauromaquia nueva, como arte y como negocio, justo en los albores de la sociedad de masas. El libro de Chaves, que es una de las joyas de la literatura en español de todos los tiempos, despierta una curiosidad voraz en mí y quise saber mucho más sobre Juan, sobre José, sobre aquellos dos héroes antiguos, héroes de tragedia griega.

¿La hora azul es, pues, una especie de epílogo de la obra de Chaves?

Quien lo ha leído me dice que sí. Dios me libre de compararme con un maestro pero por supuesto la influencia de ese libro en la concepción de este proyecto es decisiva. Yo creo que mi libro tiene personalidad propia porque es una introspección en la vejez y en la muerte de alguien que vivía mucho, según lo que han escrito de él, mirándose por dentro. Pero lo que me movió definitivamente a escribir La hora azul y además a hacerlo como si fuera una suerte de testamento belmontino fue la noticia que sacó ABC hace unos años del hallazgo de una carta del pintor Andrés Martínez de León a un amigo mexicano en la que le contaba los pormenores de la muerte de Belmonte.

Belmonte

Para los lectores galernautas que no lo sepan, Belmonte se suicida.

Se pega un tiro en su finca de Utrera justo antes de cumplir 70 años. Aquella carta de Martínez de León es un lamento crepuscular. Describe cómo los funerales por el ídolo muerto pasan casi desapercibidos en una Sevilla ya embriagada por completo por el fútbol. ¡Qué diferencia con el entierro de Joselito, cuarenta años antes! Uno había muerto con 25 años cumplimentando la “muerte heroica” de manual, en el cénit de su gloria, joven, en combate con el toro, que es el animal totémico de los españoles, y el otro muere por su propia mano ya viejo, lleno de achaques, en la soledad de su despacho, tras haber gozado de una vida plena de reconocimiento a la que sin embargo le faltó ese instante dramático para el que viven al final todos los artistas. Ese contraste es una fuerza que intento aprovechar en La hora azul. En esa carta también se menciona el último amor de Belmonte. Aquello me decidió a rendirle tributo en su última hora a aquel hombre icónico componiendo de alguna manera una elegía por el mundo que desaparecía con él.

¿Por qué devolver a la actualidad de 2022 a un torero muerto hace 60 años y además en su último día?

Me obsesiona ese instante decisivo que es el momento en que alguien muere o decide qué va a morir o sabe que va a morir. La hora de la verdad como se dice en los toros. Belmonte encarna una España que precedió y configuró por ejemplo el país en el que nacieron y vivieron mis abuelos. Su muerte es el final de muchas cosas y toda la última jornada de su vida tiene un halo de misticismo que recuerda a la vida y muerte de muchos santos místicos o de los grandes estoicos. Es sobre todo la antítesis de una vida de triunfo y popularidad como fue la suya a lo largo de su juventud. Cuando muere el antiguo ídolo está solo y prácticamente olvidado, como un trasto viejo. Ese año el Madrid ya ha ganado 5 Copas de Europa, el fútbol es el principal espectáculo de masas y no los toros. Hasta Hemingway, que glosó la Edad de Oro de la tauromaquia, se había quitado de en medio después de volver a España y escribir sobre los nuevos toreros y los nuevos toros que se lidiaban, todos tan diferentes a lo que fue Belmonte. Envejecía y sabía que le aguardaban dolores y amarguras en un mundo desconocido donde ya no había ninguna posibilidad de grandeza. Belmonte, que era un hombre que tenía tendencia a la extravagancia y un temperamento saturnal, siempre había aspirado a un cierto tipo de ideal heroico o literario, y con su edad era ya un fantasma en ese lugar en el que vivía.  Además muere con un acto soberano de su propia voluntad, que es un gesto también clásicamente español, el “irse como uno quiere” como última libertad que uno puede concederse. Por eso no me resistí a escribir sobre él precisamente en su última hora.

Escribir sobre el Madrid es tan excitante como hacerlo sobre Homero o sobre cualquier héroe antiguo o moderno. En la España y en el mundo de hoy, el Madrid es la certeza de que hay algo más grande y más hermoso que la bajeza que impregna y alcanza todo lo que nos rodea

¿Era un fin de raza? 

A esas alturas lo era. De él decían cuando empezó que había que verlo pronto en los ruedos porque por su forma de torear lo iba a matar un toro en cualquier momento. Y resultó que a quien mató un toro fue a Joselito, que tenía un conocimiento enciclopédico de los toros. Llegó a los 70 sin saber muy bien cómo y a su alrededor todo era ya distinto. La España de la Edad de Plata de la cultura, que empieza cuando él nace, que es cuando perdemos lo que nos queda de las colonias ultramarinas, muere en la Guerra Civil. Todas esas grandes figuras con las que vivió y se codeó, los intelectuales del 98, los modernistas, los novecentistas, Sánchez Mejías, Joselito, Unamuno y Valle-Inclán, que lo invitaban a comer en El Retiro cuando era novillero y que dijeron de él que sólo le faltaba morir en la plaza…no había nadie ya de todo ese mundo y él estaba vivo como una pieza de museo.

Belmonte era una figura trágica y alguna vez has escrito que el Madrid es una tragedia griega.

¡Es que lo es! Escribir sobre el Madrid es tan excitante como hacerlo sobre Homero o sobre cualquier héroe antiguo o moderno. En la España y en el mundo de hoy, el Madrid es la certeza de que hay algo más grande y más hermoso que la bajeza que impregna y alcanza todo lo que nos rodea. Creo que por eso la gente vendía hasta el colchón por ver en su momento torear a Joselito y a Belmonte, porque es tener delante una puerta abierta a otra vida más bella y superior, aunque sea por un par de horas.

Esta temporada que terminó en mayo pasado, en París, sí que fue, desde luego, una epopeya. 

Fue una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida, además en un año en el que no me esperaba que el Madrid rindiera así en absoluto, ni de lejos. Estaba muy deprimido por la salida de Zidane, muy triste sobre todo por la manera en que se había ido, y en general me parecía que afrontábamos una temporada incierta en la que los grandes dragones del petróleo y la corrupción UEFA semejaban más grandes que nunca. Pero el Madrid del maravilloso Carlo y sus maravillosos veteranos y noveles los mató a todos realizando además proezas que rinden tributo al espíritu histórico del club. Creo que la 14 es una redención del fútbol, un regalo que ha limpiado a modo de lluvia el barro de la vileza en que han convertido el negocio.

Todo el tiempo del mundo

Qué esperas, pues, de esta nueva temporada.

Disfrutar. Una cosa que me ha enseñado el Madrid es que esa circularidad que los castizos expresan con aquello de “él Madrid siempre vuelve” es verdad y es eterna. En los momentos en los que por alguna razón he sentido más desapego emocional el Madrid ha llevado a cabo uno de sus prodigios. Ya no tiene sentido ni lógica sulfurarse porque no viene éste o que si Florentino aquello. El Madrid es la Historia, y la Historia no se ha acabado, refutando a Fukuyama. Me da pena Mbappé por que no sabe lo que se está perdiendo.

El Madrid del maravilloso Carlo y sus maravillosos veteranos y noveles los mató a todos realizando además proezas que rinden tributo al espíritu histórico del club. Creo que la 14 es una redención del fútbol, un regalo que ha limpiado a modo de lluvia el barro de la vileza en que han convertido el negocio

El fútbol sucede a los toros como la mayor obsesión popular de los españoles. En términos futbolísticos, ¿es posible comparar a Belmonte con algún virtuoso del balón?

Diría que con Zidane, por esa cualidad prácticamente taumatúrgica de convertir un instante en poesía inolvidable, en un conjunto escultórico eterno porque se fija en la memoria de los hombres para el resto de sus vidas. Por ejemplo, Joselito sería Cristiano Ronaldo, por lo obsesivo de su ambición por ser el mejor, por ser el primer gran torero que lo sacrifica todo por estar preparado para la lidia, por su afán de gestionar todo lo relacionado con el toreo según su inteligencia natural y su punto de vista. Fue uno de esos hombres dotados de una capacidad asombrosa de intuir el futuro, como Santiago Bernabéu. Por eso como él concibió plazas de toros monumentales donde pudiera entrar mucha más gente por mucho menos dinero, así el pueblo podría disfrutar del espectáculo y los toreros serían económicamente independientes de quienes hasta entonces habían gestionado el negocio. Eso es lo que hace luego Bernabéu en cuanto llega a la presidencia de, Madrid y esa es la base de la autonomía del club todavía hoy, de ahí el Nuevo Bernabéu que está levantando Florentino. Belmonte tenía, por todo lo que he leído sobre él, ese ensimismamiento místico de Zidane, esa cosa sufí de comportarse en ocasiones como si una voz interior les hablara y tomaran decisiones incomprensibles para los demás guiados únicamente por su espíritu. Era un artista que inaugura el linaje de toreros estéticos que, aprovechando la revolución técnica de Joselito, cambia la tauromaquia desde entonces.

Dónde es posible hacerse con un ejemplar de La hora azul, y hasta cuándo.

Pues hay un crowdfunding en marcha en la página de Verkami, que es una plataforma española que ayuda a cualquiera que quiera sacar adelante algún proyecto. Ahí se puede elegir alguna de las recompensas que he puesto a disposición del que quiera colaborar y ayudar a conseguir el objetivo, que es costear la primera edición, unos 200 ejemplares. Se pueden adquirir ejemplares junto con libros como el de Chaves Nogales o la biografía de Joselito que escribió Paco Aguado. Creo que no hace falta ser taurino para acercarse a estas figuras tan interesantes. Ojalá mi libro no sólo entretenga a quienes apuesten por él sino que contribuya a recuperar el brillo de un personaje tan literario como el de Juan Belmonte en la España de nuestro tiempo.

 

Entrevista: Jesús Bengoechea.

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