Las mejores firmas madridistas del planeta

“Esta película debe reproducirse a todo volumen” era la advertencia al comienzo de El último vals, el aclamado documental de Martin Scorsese sobre el concierto de despedida de The Band. El grupo canadiense era lo que se ha dado en denominar una banda de culto, algo que se demostró porque en aquel recital fueron secundados sobre el escenario por músicos de la talla de Bob Dylan, Van Morrison, Eric Clapton, Muddy Waters o Ringo Starr, entre muchos otros. Aquella actuación fue un festejo honesto, en el que representantes de distintos estilos musicales rendían tributo a unos colegas a los que reconocían una influencia que no siempre se reflejó entre el gran público o los medios especializados. Una celebración para la historia.

Y una suerte de ruidoso homenaje muy parecido está viviendo el Madrid de los jerarcas. Desahuciado para el asalto a los grandes títulos por los principales expertos futbolísticos hace solo unos meses, el equipo con el que no se contaba sigue firmando gestas mientras avanza en su proceso regenerativo hacia una nueva era. La comparación bien podría haber sido con El último baile de los Chicago Bulls del 97. Pero por un lado ya se ha hecho muchas veces (imitaciones con mal resultado final, por cierto) y por otro, el Michael Jordan y el Phil Jackson del Madrid legendario ya no están en el proyecto. Cristiano y Zidane, además de Ramos o Varane, han dado paso a otros. La segunda generación dorada del Madrid ya recibió sus honores en Kiev en 2018, momento tras el cual se deshizo y empezó la travesía hacia una nueva etapa, en un viaje que aún no ha llegado a su fin.

Real Madrid Kiev 2018

Las renovaciones con sagas tan gloriosas son procesos complicados. Nunca sabes bien cuándo se agotan y es verdaderamente complicado encontrar el momento exacto para darse el adiós, como lo es encontrar el instante óptimo para vender un valor bursátil obteniendo el máximo beneficio o el segundo preciso para dejar de cocinar un plato y servirlo así en su punto óptimo. La tendencia natural es aferrarse al recuerdo. Llegar a hacerse una foto con un gran trofeo es algo excepcional, entraña una dificultad altísima, pero coleccionar una galería de estas instantáneas es algo absolutamente insólito. Deshacerte demasiado pronto de este tipo de jugadores implica grandes riesgos. Porque el talento que se va puede seguir brillando en otra parte. Hacerlo cuando ya es tarde provoca aún más desasosiego, pues existen altas probabilidades de llenar de máculas la imagen de un tótem y de piedras los bolsillos del equipo. Bien lo saben Isco, Marcelo o Gareth Bale.

Las renovaciones con sagas tan gloriosas son procesos complicados. Nunca sabes bien cuándo se agotan y es verdaderamente complicado encontrar el momento exacto para darse el adiós, como lo es encontrar el instante óptimo para vender un valor bursátil obteniendo el máximo beneficio o el segundo preciso para dejar de cocinar un plato y servirlo así en su punto óptimo

El Madrid ha ido avanzando para dar relevo a una escuadra que ha alcanzado cotas muy complicadas de replicar. La mitad de su once titular ya no es el de las 4 de 5 Champions, aunque varios de los que sobreviven mantienen un papel capital en el presente del proyecto. Es difícil criticar a Ancelotti por vivir colgado de Benzema o la CMK, aunque lo que quizás se le pide es que no abuse de ellos y que les vaya dosificando, entre otras cosas para alargar su vida útil. La brillantez de estas cuatro piezas ha sido tal que ha ido ahuyentando a otros talentos, que incapaces de competir, buscaron fortuna lejos del Paseo de la Castellana. Ødegaard, Kovacic, Ceballos, Llorente, Morata y un largo etcétera se rindieron tras entender que competir ante jugadores de esta talla implica calidad, pero sobre todo una perseverancia poco frecuente entre los futbolistas. La estrella de estos cuatro, últimos vestigios junto a Carvajal (pésima temporada la suya) de la era jerárquica que resisten, declina por una mera cuestión de edad. Habiendo ganado tanto y figurando sus rúbricas en algunas de las páginas más brillantes del libro de historia del Real Madrid y, por ende, del fútbol mundial, que este último vals tuviera un final feliz sería un magnífico colofón para ellos y el mejor aprendizaje para la generación a la que legarán su testigo. Militao, Mendy, Courtois, Valverde o Vinícius son alumnos aplicados que aún no han conseguido la meta final de cualquiera que defienda la camiseta del tres veces campeón de Europa: ganar los títulos más grandes para darle de comer a la bestia insaciable que es la leyenda blanca.

 

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“El Eintracht es mejor que el Chelsea” (Jota Jordi)

 

Buenos días. Decía Huxley que las caricaturas y las parodias son las críticas más penetrantes. Cabe entonces colegir que Xavi Hernández se protege de la crítica a través del desmantelamiento de cualquier posible parodia de su persona. ¿Cómo parodiar a quien ya es una parodia? ¿Cómo caricaturizar a quien abraza su propia caricatura para convertirse desacomplejadamente en ella?

Es imposible que Xavi Hernández no sepa que es universalmente conocido como El Jardiner. Su propensión a culpar de la altura y/o mal estado del césped de todas las malas actuaciones de su equipo, manifestada ya en su época de jugador, es legendaria. Es la excusa que le ha hecho famoso, además de su gran calidad como jugador y las buenas maneras que también apunta en el banquillo. En la propia Galerna le inventamos una parodia que escribía personalísimas crónicas de los partidos.

Nos gustaría recuperar el personaje, pero sucede que Xavi es ya imparodiable. Nos ha desactivado a punta de ser su propia parodia. Por la presente presentamos bandera blanca de rendición. Si no nos entendéis, sabed que ayer, en la rueda de prensa posterior al insatisfactorio empate del Barça ante el Eintracht, en la ida de Cuartos del Trofeo de Consolación de Hermanos Medianos (gracias al tuitero @litrosdalcohol por esta inspiración), soltó no menos de seis (¡seis!) veces que la culpa había sido del césped.

Eso sí que es un sextete.

@elchiringuitotv 😵‍💫 ha vuelto #xavi #barca #eintracht #tiktokdeportes #uel #europaleague #barcelona #futbol ♬ sonido original - El Chiringuito TV

Ya lo veis, amics. Que la culpa es del césped, que la culpa es del césped, que la culpa es del césped, que la culpa es del césped, que la culpa es del césped y que la culpa es del césped. Seis veces, seis. El subrayado paródico es de tal nivel que nos marea. Y lo mejor es que el tipo, en su devoción por ese pretexto, arrastra consigo a toda la institución, aunque esto es de aplicación general: esta gente abraza sus mantras y va a muerte con ellos en tropel, todos epígonos del Jardiner por excelencia, aventajados discípulos de jardinería del curso por entregas del Dr. Hernández. Hasta Laporta, que presuntamente está por encima en el organigrama, le sigue en la estrategia como un gregario más.

Eric García césped Eintracht Ferran cesped Eintracht Laporta césped seco

Hay que reconocerles mérito. El modo en que esta gente hace suyas las consignas que conforman la propaganda global que se gastan no tiene parangón en la historia del género humano. Son un bloque granítico, sin fisuras, especialmente cuando se trata de proferir sandeces exculpatorias. O cuando se trata de atribuirse artificialmente méritos que supuestamente les adornan en comparación con el Madrid (todo es una obsesiva comparación con el Madrid). El nuevo mantra es que el Eintracht de Frankfurt es mejor que el Chelsea.

 

Habéis leído bien. El Eintracht de Frankfurt es mejor que el Chelsea. No os extrañe que esta sentencia desquiciada haga también fortuna en el culerío y empiecen a predicar al unísono, también, esta buena nueva. Ahora que se aproxima el Domingo de Ramos, imaginamos a Jota Jordi entrando en Jerusalén a lomos de un jumento mientras la multitud culé, enfervorizada, canta “El Eintracht es mejor que el Chelsea” en lugar de “Hosanna”.

@elchiringuitotv La frase más viral de Jota Jordi que ha reventado Internet. #viral #ElChiringuito #Barcelona ♬ sonido original - El Chiringuito TV

Jota Jordi, por supuesto, es también imparodiable. Se mimetiza con su propia parodia y es ella misma. La equivalencia es absoluta. Es rigurosamente imposible que este señor crea de verdad lo que dice. Nadie en su sano juicio puede opinar que el Eintracht es mejor que el Chelsea, por la misma razón por la que nadie puede aseverar en serio que Chiquetete es mejor que Mozart.

Y sin embargo ahí está Jota Jordi vendiendo su moto, y no tengáis duda de que será secundado por muchos. Son así. Cualquier mamarrachada argumental puede hacer fortuna entre ellos cuando se trata de escurrir el bulto de sus propias responsabilidades y fracasos.

La culpa fue del césped y el Eintracht es mejor que el Chelsea. Este es el glorioso díptico que nos deja la mañana culeresca. Aprendedlo bien y recitadlo como una letanía fundamental, aunque nada de esto aparezca en las portadas de la prensa cataculé para explicar el tropezón. Igual mañana sí se hacen eco y comulgan con el díptico sin el menor rubor.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

La prensa madrileña, por su parte, alaba (David) al Madrid y a Benzema. Sin reservas además. La prensa presuntamente madridista es lo que tiene: el Madrid tiene que ganar 1-3 a domicilio al vigente campeón de Europa para que la prensa presuntamente madridista trate al Madrid medianamente bien.

A nosotros nos da completamente igual la prensa. Hemos venido hoy al portanálisis a decirnos que las portadas no nos importan. Nos importa el Madrid, esa constante en nuestras vidas que nunca deja ni dejará de hacernos felices.

Pasad un buen día.

PD: Según Orwell, “el verdadero totalitarismo parece exactamente una parodia de sí mismo”.

Portada As Portada Marca

Visitar la Galería de los Uffizi es como ir al Museo Bernabéu: hay grandeza por todas partes. En ambos lugares puede darte un empacho de gloria, lo que algunos llaman el “Síndrome de Stendhal”, que es un sofoco que te viene al cuerpo cuando tratas de asimilar de golpe el “Tondo Doni” de Miguel Ángel, el “Baco” de Caravaggio y el Díptico de los Duques de Urbino; todo al mismo tiempo.

Recuerdo la última vez que visité el Museo Bernabéu. El tour, como muchos de ustedes saben, incluye los vestuarios. Al atravesarlos, una señora que iba delante de mí exclamó extasiada que “¡aquí huele a hombre!”. A la buena mujer le dio un “stendhalazo” de órdago, no cabe duda. A mí más bien me olía a Copas de Europa, pero supongo que el Bernabéu es como una especie de test de Roschach en el que uno ve (o más bien huele) lo que más anhela su subconsciente.

Visitar la Galería de los Uffizi es como ir al Museo Bernabéu: hay grandeza por todas partes

En el Bernabéu uno se ciega con el triunfo. Hay trofeos incontables y recuerdos de enorme valor, pero, al final, los ojos siempre se van hacia esa vitrina mágica de 13 copones tan grandes como la vida. De igual manera que en los Uffizi siempre acabas viendo lo que más brilla y de lo que habla todo el mundo, lo cual, en el fondo, es una lástima, porque a menudo se pasan por alto discretos destellos de belleza.

En los Uffizi hay que andarse con ojo. Si uno se descuida puede acabar topándose con “El Nacimiento de Venus” de Botticelli, que es un cuadro muy culé, como casi todo lo que pintó Botticelli salvo el “Venus y Marte” de la National Gallery de Londres, pero de eso ya hablaremos otro día. Al “Nacimiento de Venus” es mejor pasarlo por alto. Hágame caso y déjeselo a esos enormes grupos de turistas que siempre se arraciman en torno al lienzo (y, de paso, fíjese cómo muchos de ellos llevan camisetas de Leo Messi).

En los Uffizi hay muchas joyas ocultas que merecen nuestro tiempo tanto o más que Botticelli. Una de ellas es “La Virgen de las Arpías”, de Andrea del Sarto. Una pintura de una perfección sobrenatural.

Virgen de las Arpías

Recordaba ayer a Andrea del Sarto y su Virgen de las Arpías mientras gozaba con el triunfo del Madrid ante el Chelsea. Lo que vimos sobre el césped no fue un equipo: fue una galería de arte. Un furor manierista, como manierista era Parmigianino, quien pintó la “Madona dal Collo Lungo” (Virgen del Cuello Largo). Thibaout Courtois es el Portero del Brazo “Longo”, elástico y serpentino. Manierista. Igual que Fede Valverde, a quien solo le falta una coraza para ser el Cosme I de Médici pintado por Bronzino. Valverde galopa por el césped con tanta furia como si se lanzara contra los franceses en la batalla de Montemurio. Tras aquel triunfo, el emperador Carlos V otorgó a Cosme de Médici el ducado de Toscana, así que igual después del partido de ayer el César Carletto finalmente corona a Valverde con la titularidad indiscutible. Ojalá.

Courtois Chelsea

Contra tales obras de arte Tuchel no tenía ninguna posibilidad. Tuchel tiene cara de santo románico y dan ganas de colocarlo en una jamba del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela. Ayer lo intentó todo, incluso encomendarse a Mateo Kovacic, que —y esto es rigurosamente cierto— siempre sale al campo con una estampita de san Antonio de Padua en las espinilleras. Pero ni por esas, porque al croata anagógico, a Lukita de Saint Denis, lo tenemos nosotros. Y también la furia manierista, y contra eso no hay nada que hacer.

Contra tales obras de arte Tuchel no tenía ninguna posibilidad. Tuchel tiene cara de santo románico y dan ganas de colocarlo en una jamba del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela

Andrea del Sarto lo sabía muy bien cuando pintó La Virgen de las Arpías. Ese lienzo es una prefiguración madridista. Se supone que representa a la Virgen sobre un pedestal decorado con relieves de arpías y rodeada por san Juan y san Francisco. En realidad, no son arpías, son langostas, criaturas diabólicas que surgirán de los infiernos en el Fin de los Tiempos hasta que su pozo de maldad sea sellado por la Madre de Dios. De ahí la presencia de san Juan en el cuadro, quien describe este hecho en el capítulo IX del Apocalipsis. Junto a san Juan está san Francisco, porque el cuadro fue hecho para una congregación franciscana y porque, además, el verdadero nombre de pila del santo de Asís era Giovanni (Francisco es un mote, “francesco”, diminutivo de “franco” que era como se conocía a su padre, de origen francés).

El san Francisco de la Virgen de las Arpías tiene la misma cara que Karim Benzema, y eso no puede ser casual, como tampoco puede serlo que gire la cabeza como si fuera a meter un gol de remate o que tenga la pierna flexionada hacia atrás, como preparando un tiro a puerta. San Francisco recibió los estigmas en manos y pies como prueba de santidad, y yo, cada día que pasa, estoy más convencido de que Benzema oculta un estigma milagroso bajo su mano vendada como prueba de que a Dios, como no podía ser de otra forma, le gusta el buen fútbol. Benzema es un cuarto de santo porque en vez de cuatro llagas solo tiene una. Tampoco puede ser casualidad que san Juan se parezca a Fede Valverde, a quien, por cierto, últimamente dan por llamarlo “el Águila”, que es, por otro lado, el símbolo de san Juan evangelista… ¿También casualidad?

Fede Valverde Chelsea

¿Y acaso es casualidad también que la Virgen de las Arpías vista de blanco, rosa, amarillo y azul; colores todos ellos que en diversas ocasiones han adornado la camiseta del Real Madrid? No, imposible. Demasiadas casualidades. Solo hay una explicación: Andrea del Sarto, autor del lienzo, era madridista.

Pero apártense que me vengo arriba. Voy aún más lejos y aseguro que Andrea del Sarto no solo era madridista. Andrea del Sarto era ni más ni menos que Karim Benzema.

Cada día que pasa, estoy más convencido de que Benzema oculta un estigma milagroso bajo su mano vendada como prueba de que a Dios, como no podía ser de otra forma, le gusta el buen fútbol

A Andrea del Sarto lo llamaban Andrea “senza errori”, Andrea sin errores, porque según Giorgio Vasari, su discípulo y biógrafo, sus pinturas eran “absolutamente perfectas en todos los aspectos.” Su apellido, “del Sarto”, significa “del sastre” porque esa era la profesión de su padre, igual que Karim Benzema, que le hace un traje a cualquier defensa que intenta detenerlo. Pero Karim Benzema, el Grandioso Karino, también hace joyería, ¿o no es acaso pura labor de orfebre aquel regate en el filo del área del Vicente Calderón? Andrea del Sarto, por cierto, se formó también como maestro joyero.

Benzema Chelsea

Del Sarto era un pintor magnífico y hoy sería inmensamente célebre de no haber tenido la mala suerte de coincidir en la misma época con tres titanes, Miguel Ángel, Rafael y Leonardo; que sofocaron su fama de manera injusta. Incluso el propio Vasari dice que a Del Sarto le faltaba “fuego y ambición”, lo cual me recuerda a cuando el diario Marca llamaba “Benze-ná” a Karino en primera plana o a cuando los piperos le gritaban “Benzemalo” desde la grada. Durante una época, Karino fue considerado la pata coja de la BBC, lo cual es hoy difícil de asimilar.

A pesar de lo dicho por Vasari, la obra de Andrea del Sarto es, precisamente, un compendio de Miguel Ángel, de Rafael y de Leonardo. Tenía del Del Sarto lo mejor de los tres genios y supo combinarlo como nadie en un catálogo de una belleza difícil de igualar por un simple mortal. En Karim está lo mejor de los genios del fútbol, desde Di Stefano hasta Cristiano Ronaldo.

Karino es Leonardo, es Miguel Ángel y es casi Rafael, Karino es manierista e infinito, Karino se desliza sobre el césped como un pincel sobre un lienzo, Karino es potencia y sutileza, Karino es elegancia y “sprezzatura”. Todo lo que hace lo hace bien y lo hace bonito

Andrea del Sarto condensó todo su genio en la Virgen de las Arpías. De igual modo que ayer contra el Chelsea Karim Benzema dio un recital del catálogo de su grandeza. Todas las cosas que hizo Karino en Stamford Bridge fueron, parafraseando a Vasari, “absolutamente perfectas en todos los aspectos”. Porque Karino es el Príncipe de los Intangibles, Karino es Leonardo, es Miguel Ángel y es casi Rafael, Karino es manierista e infinito, Karino se desliza sobre el césped como un pincel sobre un lienzo, Karino es potencia y sutileza, Karino es elegancia y “sprezzatura”. Todo lo que hace lo hace bien y lo hace bonito.

Ese es Karim Benzemá. Puro milagro blanco. Karino “senza errori”.

 

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La primera noticia que tuvimos de él fue que era la enésima joven promesa del fútbol europeo. Un chaval que se estaba inflando a meter goles en una liga menor, la francesa, donde los millones cataríes aún no habían parido al PSG. Por aquel entonces era su equipo, el Olympique de Lyon, el que tiranizaba la competición.

Su historia tenía resabios zidanescos. Un francés argelino, tímido hasta que entraba en contacto con la hierba y con el balón, con algo de perpetua vindicación de sí mismo. Un jugador que desplegaba su excelencia como pelea contra un mundo que le miraba con ojeriza por lo que era, antes incluso de saber quién era.

También de eso habíamos conocido algunos fogonazos unos años antes. No hacía tanto que Nicolas Anelka había paseado su enfado con el universo por Madrid y había decidido (bendito sea su odio) que la mejor manera de demostrar indiferencia era meterle dos goles al Bayern. Visto con perspectiva, podemos decir que Karim coqueteó demasiado con ese paralelismo, porque alternó su esplendor en la hierba con episodios propios de un niñato de barriada que cree que la vida es jugar al GTA. Recordemos que incluso llegó a estar desterrado de su selección nacional.

Un jugador que desplegaba su excelencia como pelea contra un mundo que le miraba con ojeriza por lo que era, antes incluso de saber quién era

Sería imposible enumerar la cantidad de delanteros que no sobrevivieron al peso de la expectativa, del precedente y del barrio. Con los que traía puestos encima, Karim Benzema tenía todas las papeletas para fracasar. Y no solo en el Real Madrid, sino en general en el fútbol y en la vida, aunque el Bernabéu haya sido la máquina de triturar talento más perfeccionada que haya inventado el hombre: quien consiga someterla no necesita demostrarle nada más a nadie nunca. Tal es la amplitud del arco argumental del 9 del Madrid.

Empezó con una presentación multitudinaria. Era el verano de la segunda venida de Florentino, y Benzema era parte de la promesa renovada. El presidente iba a fichar a Balones de Oro, porque un vicio no se abandona de la noche a la mañana, pero también aspiraba a que maceraran en casa. Y ahí se estableció otro listón perverso por el que en realidad ya habíamos pasado también, como sabemos quienes vimos jugar a Robinho en Cádiz.

Presentación Benzema Real Madrid

Para colmo, se encontró en la delantera con un jugador que había conectado con la grada. Higuaín había sido un meritorio emotivo en la liga más loca de la historia de las ligas. El argentino tenía cosas muy del agrado del madridismo, donde el carácter se valora por encima de otras virtudes. En el credo vikingo, la calidad se compra y la técnica se entrena, pero el carácter se tiene que traer de casa. Y lo que el joven Karim mostraba era una personalidad poco dada a la tensión en el campo, que contrastaba con el hambre canina de su rival por el puesto. Ahora habrá que ponerlo por escrito para hacerlo explícito, porque resulta inverosímil: a Karim Benzema lo teníamos por un indolente.

Se convirtió en el escudero de Cristiano Ronaldo y en el Espíritu Santo de la BBC. Nunca sabremos cuánto le dejó a deber el portugués de todos sus récords. Porque Cristiano siguió siendo un titán en la Juve y seguirá marcando goles hasta en los amistosos de veteranos, pero su brillo máximo sucedió con Karim escoltándole.

Fue un Madrid tan extraño que el 7 casi siempre hacía de 9, el 9 casi siempre hacía de 10 y el 11 hacía lo que le daba la gana. Y cada uno de los tres hizo cosas memorables, pero ninguna será tan recordada por los madridistas como la jugada que cerró por derribo el Calderón. Para los amantes de los datos y las estadísticas habrá que consignar que no fue ni un gol ni una asistencia. Pero cambió el destino de un partido y una competición que iban camino de hundirse en el Manzanares.

Él nunca lo necesitó, pero a nosotros nos ha costado toda una vida entender quién era de verdad Karim Benzema

Y llegamos al día en que esa sociedad extraña se devoró a sí misma. Sucedió en Kiev, porque antes también sucedían cosas hermosas allí y volverán a suceder algún día. Karim abrió la cuenta e hizo el gol feo más bonito del mundo. Luego entró Bale, que venía cabreado con todos, y se comió lo que quedaba del rival con una de sus apariciones apoteósicas. Y Cristiano iba camino de su parte del festín cuando un aficionado saltó al campo y le dejó con las ganas y más atormentado de lo que ya estaba normalmente.

Lo que vino después fue la ducha de agua fría. En vez de un estallido de alegría, dos de las estrellas del equipo hablaban sobre el césped de sus decepciones y sus disgustos, aún cubiertos de sudor. Sin embargo, nadie recordará qué dijo esa noche Benzema, seguramente porque no podía añadir nada que no se le viera en la cara.

Benzema Kiev

La consecuencia fue que Cristiano se fue con sus humores a otra parte y a sus dos acompañantes les cayó la responsabilidad de suplir ese hueco gigantesco. Una misión imposible, sobre todo porque estaba basada en un equívoco. Nunca quisimos al portugués tanto como él creía que se merecía y su liderazgo en las estadísticas nunca se tradujo en uno moral. Él mantenía el vigor, pero la sangre se bombeaba desde otra parte, que podemos situar entre Camas y el centro del campo. Tener a Cristiano era como tener una erección, que es indudablemente algo estupendo pero que mejora cuando el corazón la acompaña.

Y se fueron varios más. Bale se dedicó a sus cosas, que puntualmente pueden incluir meter algún gol. Ramos midió mal sus fuerzas dentro y fuera del campo. Y Karim, barbado y medio manco como Cervantes, escribió sus mejores páginas en una madurez esplendorosa que nadie esperaba, menos él mismo.

Hoy el 9 del Madrid no necesita medir su hambre contra el de un Higuaín, ni su olfato contra el de un Cristiano, ni su providencialismo con el de un Bale, ni su liderazgo con quienes le precedieron como capitán del Real Madrid. Ni su calidad o su talento con cualquier otro jugador, haya ganado o no el Balón de Oro.

Él nunca lo necesitó, pero a nosotros nos ha costado toda una vida entender quién era de verdad Karim Benzema.

Benzema dedo erecto

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Si hace doce años nos hubieran dicho que algunas de las principales virtudes que Benzema terminaría explotando en el futuro iban a ser la presión sobre el portero y los defensas rivales, y la picardía para robar el balón cerca del gol, habríamos acusado a nuestro interlocutor de haber bebido. Y sin embargo es así. No puede ser casualidad. Es una técnica ensayada, perfeccionada con el tiempo y cimentada sobre una combinación inopinada de astucia y capacidad física. Ha aprendido, además, a hacerlo en ocasiones solemnes. Empezó robándole la cartera a Ulrich en las semifinales contra el Bayern en la antesala de la XIII, para repetir la faena pocas semanas después en Kiev ante Karius. A Donnarumma le afanó el cuero gracias a un taimado baile de voy y vengo, merced al cual una eliminatoria que estaba perdida desde el realismo y desde los méritos desembocó en milagro. Por último —pero sólo de momento—, ayer puso su fe en sacar petróleo de un rechace en largo de Militao para presionar a Mendy, hacer inútil el intento de Rüdiger por solventar la cagada y mandarla a donde debería estar el destino de la eliminatoria.

Benzema se ha imbuido de leyenda, definitivamente

La cosa, claro, no quedó ahí. Ese fue sólo el colofón. Autoexigente como es (tampoco la autoexigencia parecía adornarle como una de sus virtudes en aquellos tiempos en que se antojaba un superclase latente en un cuerpo pertrechado de cierta indolencia), reconoció en las declaraciones posteriores al partido que ese gol le había servido para resarcirse de un fallo ante Mendy en la primera parte. Ahí falló, sí, pero es que ya antes había puesto Stamford Bridge patas arriba con dos goles propios del Balón de Oro que el próximo año también ganará Messi.

Primero, inició la jugada con un pase sublime a Vinícius, le siguió, se desmarcó, esperó el centro de su compañero —que no era el más ortodoxo, por cuanto un centro raso habría sido una opción más plausible— y convirtió su remate en bomba inteligente con un sofisticado giro del cuello. A renglón seguido —como lo reseño yo, sin cambiar de párrafo—, otro movimiento mayestático de cuello, sabio, leve, sublime, redirigió un centro de Modric hasta el punto en que Mendy no habría llegado ni en todos los años que aún le puedan quedar al mundo por disfrutar de este genio.

Benzema segundo gol Chelsea

La novedad habría movido a cronista algo más singular a designar como hombre del partido a Valverde, dado que su aparición en el once supuso un bálsamo revitalizante. Ancelotti apostó por él con todo el tino, y haría muy bien en mantener su fe en el Pájaro, a quien ya apodan Halcón. Tampoco habría sido del todo descabellado optar por la solidez de nuestro Mendy o de Casemiro. Sin embargo, el inevitable Man of the Match es Benzema, que volvió a convertir una cita de su equipo con la historia en una reivindicación suprema de su propia trayectoria. Solo en su caso (y en el de Modric) hemos visto a un jugador no ya mantener su rendimiento, sino multiplicarlo exponencialmente bien entrado en la treintena. Se ha imbuido de leyenda, definitivamente.

Benzema volvió a convertir una cita de su equipo con la historia en una reivindicación suprema de su propia trayectoria

Aquello de la BBC quedó también en la historia. Quién nos iba a decir que la posteridad iba a distribuir estos papeles. Cristiano, la máquina descomunal que no quiso ser enteramente nuestro, a quien admiraremos siempre un punto más de lo que lo queremos. Bale, el hombre a quien solo la perspectiva del tiempo pondrá en su lugar. Y por último está Benzema, que a la postre puede ser el que ascienda más alto en el pabellón de los afectos del madridismo. Desembarazado de la sombra de los otros dos (uno por partida, otro por incomparecencia o lo que sea), se convirtió en la gran figura del equipo en el logro de una Liga (la del confinamiento) y ahora puede que de dos. No conforme con eso, ahora no va a parar hasta lograr que haya una Champions, en este caso la XIV, que se recuerde como “la de Benzema”.  De momento lleva dos hat tricks consecutivos, y no en fase de grupos sino en eliminatorias y ante petrorrivales bien acreditados. Puede conseguirlo, porque además de ser un completo genio se le intuye testarudo.

Otra cualidad impredecible hace doce años, cuando solo unos pocos (Florentino entre ellos) se maliciaban la dimensión del mito.

 

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Buenos días. Chelsea (actual campeón de Europa), 1-Real Madrid, 3. Y gracias. Gracias para el Chelsea, claro. Primera victoria madridistas sobre el equipo azulón. Podéis leer aquí la acertada crónica de Andrés Torres. El Madrid lo ha vuelto a hacer, sí, lo ha vuelto a hacer porque en realidad nunca ha dejado de hacerlo, lo que ocurre es que muchos lo olvidan, o lo olvidamos, y dejan de creerlo, o dejamos de creerlo, con frecuencia. El Madrid es el equipo que gana, no el equipo que puede ganar. La diferencia es grande, hay escuadras aduladas hasta el rubor por los “entendidos”, como el Manchester City, o que infunden un miedo atroz antes al comienzo de cada edición de la Champions, como el PSG, que sin embargo, a diferencia del Madrid, zozobran todos los años irremisiblemente en la Copa de Europa. Entre ambos equipos suman las mismas Champions que el Atleti.

El fútbol no es un plano en Autocad del esquema eléctrico de un Tesla, como nos venden los analistas modernos, quienes reducen por complejidad este santo deporte sustituyendo el espíritu del mismo por flechas de colores. Confunden el ser con el estar.

El martes, el entrenador que inventó el fútbol y el entrenador con inmunidad mediática para perpetrar lo que le plazca nos deleitaron con un magnífico partido sin apenas ocasiones en el que lo más destacable, según los comentarios a pie de campo de Movistar, fue que Guardiola demostró su enorme sabiduría futbolística al utilizar un iPad para dar instrucciones a un futbolista suplente del City que se disponía a incorporarse al encuentro. Ayer, el entrenador caduco, el que no sabe, el que no tiene capacidad para dirigir al Madrid y más le valdría estar tumbado al sol de la Toscana le pintó la cara a Tuchel. Touché.

El Madrid ayer mandó hasta cuando no tuvo el balón. Aún estábamos acomodándonos en el sofá y al loco de Vini se le ocurrió estrellar un balón en el travesaño. ¡Eso no estaba en el guion! —exclamaron los expertos—. No pasa nada —prosiguieron— el Chelsea sabe cifrar los pases, manejan el intercambio posicional con un timing perfecto. Pero no. No fue así. De hecho, no habíamos dado cuenta de la primera copa de vino y Benzema ya había marcado el primer gol, un chutazo con el empeine de la cabeza, una volea con la testa, y sin tiempo para recuperar asiento tras abrazarnos con nuestros congéneres, ponía el 0-2 con un cabezazo a contrapié a pase formidable de Luka Modric.

Todos los esquemas rotos. Y sin penaltis.

Carvajal pudo marcar el tercero. Y poco antes del descanso Benzema también, pero lo pospuso para el comienzo de la segunda parte. Mendy se sumó al club de víctimas del francés, que, al igual que le sucede a Modric, comprende el juego con un grado de profundidad tal que es capaz de predecir los movimientos de los rivales con un alto porcentaje de acierto. Es sabiduría, no casualidad. Es conocimiento, no un regalo.

Dijo al finalizar el encuentro Ancelotti que Benzema es como el vino, cada día mejor. Ancelotti, como maestro artesano, sabe de lo que habla. Otro que mejora como el vino es Courtois, protagonista de nuevo tras completar un excelente partido. Realizó una parada a chut de Azpilicueta, otro buen vino, que aparecerá en las antologías de este deporte. Inconmensurable el belga.

Los madridistas volvimos a disfrutar como críos. Los expertos, panenkitas y demás fauna del fútbol actual justificarán la victoria diciendo que el Madrid solo tiene a Benzema y a Courtois y que por eso gana. Curiosamente los mismos expertos que apearon a Karim del podio del Balón de Oro o que relegaron a Thibaut más allá del décimo puesto en el ranking de mejores porteros del mundo. Por supuesto, se olvidarán del excelso encuentro de Fede Valverde, del dominio de la situación de Casemiro, del acierto de Ancelotti, etc.

Dentro de la prensa española, tenemos que hacer mención especial a Marca, que se ha descolgado con este portadón:

Portada Marca

“Big Ben”, colosal Benzema, diseminando goles y juego con la cadencia de un reloj. A siete goles de ser el segundo máximo goleador histórico del Real Madrid. Quienes vieron jugar a don Alfredo aseguran que, salvando las distancias, es lo más parecido a él que han visto. Digno heredero de su número 9. Sus detractores se han quedado sin excusas, ni estadísticas ni futbolísticas. No quedan filetes empanados en la pollería, señores.

Portada As

As elige la misma foto de Karim para ilustrar su portada y titula: “El rey de Europa”. Exacto. Y destacan que el planteamiento de Ancelotti anuló al Chelsea. Bien por reconocer a Carlo lo que es de Carlo, no solo darle palos cuando (también) los merece.

Y las portadas culés demuestran el baño del Madrid al Chelsea de la manera en la que lo hacen cuando es irrebatible y no les queda ni una excusa a la que agarrarse.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Es decir, informando de la victoria de manera aséptica. Sport no se ha atrevido a realizar ni un comentario supremacista ni ha corrido a perseguir familiares de Clément Turpin, colegiado del encuentro. Se limitan a reflejar que un hat trick de Benzema acerca al Madrid a las semifinales.

La única concesión al culerismo de Mundo Deportivo ha sido colocar un fondo de luto negro al 1-3 madridista.

Amigos, sabemos que los cuartos de final de la Champions no tiene tanto glamour como la Europa League. Sabemos que un regate de Pedri es mejor que la carrera futbolística de Luka Modric. Sabemos que Benzema no es Pedri y que el hecho de que Karim sea el único jugador junto a Cristiano capaz de enlazar dos hat tricks en Copa de Europa es una nimiedad frente al gol del canario contra el Sevilla. Pero convendréis con nosotros que ganar al Chelsea, actual campeón de la Champions, en casa no está nada mal.

Disfrutad de este magnífico día.

Courtois (9)

Sabemos que no necesita que se lo diga nadie, pero es el mejor portero del mundo. Inmune a los pitos o presión ambiental alguna. Fenomenal juego de pies. Estratosférico paradón a Azpilicueta. Nada pudo hacer en el gol.

Carvajal (5)

Pelea como un jabato, pero le cuesta. De menos a más. Algún pase temerario en el primer tiempo nos pudo causar un disgusto.

Militao (6)

Mermado por un golpe y condicionado por una amarilla que le impedirá estar en el Bernabéu. Menos exuberante que otras veces.

Alaba (8)

Disciplinado, enérgico y siempre bien colocado. Líder.

Mendy (8)

Sangre de hielo. Cerró su banda. Como siempre.

Casemiro (9)

El mejor Casemiro de la temporada. Implacable al quite. Decisivo en defensa.

Kroos (6)

Trató de aportar criterio y organización al juego. Sufrió con el brío inglés.

Modric (7)

No se arruga el pequeño croata que sirvió un delicado centro a Karim para que anotar el segundo.

Valverde (9)

Debe ser titular. Está en todas partes y en todas partes lo hace bien. En plenitud.

Benzema (10)

Once goles en Europa esta temporada. Dos hat tricks consecutivos en Champions. La reserva espiritual del Madrid.

Vinícius (7)

Menos eléctrico que otras veces, pero tomando siempre buenas decisiones. Se apagó en el segundo tiempo.

Nacho (6)

Le costó entrar en el partido en lugar del lesionado Militao y batirse el cobre con el fornido Lukaku. Cumplió.

Camavinga (7)

El Madrid necesitaba brío, energía y dinamismo. Y Camavinga se lo dio.

Bale (-)

Trotó por Londres de nuevo

Ceballos (-)

Sin tiempo

Ancelotti (9)

El toque de Carlo a la alineación fue suficiente para una exhibición del Madrid. Valverde debe ser titular. Aplauso para un convaleciente Carlo que aguantó chicle a chicle bajo la lluvia londinense como un jabato.

 

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Arbitró el francés Clément Turpin. En el VAR estuvo su compatriota Jerome Brisard.

Partido sin demasiados problemas para ser unos cuartos de final de la Champions League. Permitió alguna entrada de más sin amonestar y es su pequeño lunar en el choque. Por ejemplo, Christensen se ganó una amarilla antes de irse cambiado al descanso y Mount o Azpilicueta debieron verla por sendos lances con Carvajal al que dieron un manotazo en el pecho y un codazo en las costillas respectivamente.

Los que sí fueron amonestados de forma justa en apenas dos minutos fueron Militao por derribar a Havertz en el 16' y Rudiger por hacer lo propio a Valverde en el 18'. En ambas acciones no tenían opción de jugar el cuero.

La única jugada en el área digna de reseñar fue un lance no punible entre Havertz y Militao donde el alemán buscó más dejarse caer antes de cualquier contacto.

Turpin, BIEN.

 

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Pudo ser el London Calling de The Clash o quizás los susurros de SARS-COV 2 en el organismo de Carletto durante los últimos días. Quizás los fastos de la Champions o el aroma del cuero rodando por el viejo continente. Tal vez el olor a sangre que desataba la ira asesina de los vikingos asolando las costas europeas.

El caso es que Ancelotti, probablemente escaldado por el can-can que nos bailó el PSG en París, introdujo por fin una variante táctica. No fue una revolución. Tampoco hacía falta. Apenas un mero retoque. El detallito. El ajuste. El once ideal. El acabose de lo pusilánime. La descarga eléctrica. Esta noche en Stamford Bridge el Pajarito voló tan alto que acabo siendo halcón, milenario si me apuran, supersónico Valverde en todas las zonas del campo.

Box to box and side to side. It´s here, it´s there, it´s fucking everywhere.

Valverde Chelsea

Saltaban los jugadores al campo con Carlo envuelto en su elegante gabán transalpino, cuando la llovizna londinense hizo acto de presencia para desgracia de un convaleciente Ancelotti en una escena digna del más afilado humor británico.

Pocas bromas por el contrario reservaba un Chelsea que tardó apenas 30 segundos en asustar al madridismo entre los iracundos aspavienten constantes del germano Tuchel en la banda, contrarrestados por la parsimonia en el mascar chewing gum del viejo Carletto.

Medio minuto por tanto tardaron en demostrar los blues su capacidad de golpear con saña tras pérdida de balón del rival. Frente a Pajarito Valverde y un Casemiro Octopus resucitado rebañando cada balón en la medular, se oponía un Ngolo Kanté que desatara nuestras peores pesadillas la temporada pasada. Un choque con Kroos, que voló como un crash test dummie, nos recordó viejos demonios y fantasmas de aquella fatídica eliminatoria.

Pero los sueños, pesadillas incluidas, sueños son. A los nueve minutos, un robo de Fede permitió a Karim ponerse el bombín y convertir, taconazo mediante, un prometedor contraataque en una oportunidad de oro para Vini, que recortó a Thiago Silva (que podría ser su padre) para estrellar el balón en el larguero.

A pesar de que la Traitor´s Gate de la Torre de Londres queda cerca, el que avisa no es traidor. A los veinte minutos, una pared de Karim con el propio Vini, permitió al carioca avanzar con ventaja hasta la esquina del área grande, la jugada que tantas veces le hemos visto malograr perdida en cabriolas y bicicletas. No esta vez. No con este sabio Vini que sirvió un centro tenso perfecto que Benzema, con una torsión de cuello digna de un miura, empitonó violento con la testa al fondo de la red.

Benzema

No se había repuesto del gol el Chelsea cuando el Madrid golpeaba de nuevo apenas tres minutos después. Un tan delicado como ponzoñoso centro de Luka Modric al corazón del área acabó de nuevo con una lección de cómo cambiar la dirección de un esférico con la cabeza dentro del área de Karim. La tete de Benzema, encore une fois, hacía el segundo.

0-2 a los 23 minutos.

El Madrid, desmelenado cual Boris Johnson de fiesta en el número 10 de Downing Street, enseñaba la puerta del Brexit al campeón de Europa.

Nada enturbiaba el ánimo del rey de la competición, más allá del Militao amonestao —que acarrea suspensión— tras resbalarse después de un irregular pase atrás de Carvajal y derribar a un contrario a los 13 minutos. Courtois, otrora arquero blue abucheado por Stamford Bridge en toda ocasión pertinente, respondió a los pitos como quien se toma una pinta en el pub tras una dura jornada de trabajo: con otro de los paradones a los que ya nos tiene acostumbrados.

El Madrid, desmelenado cual Boris Johnson de fiesta en el número 10 de Downing Street, enseñaba la puerta del Brexit al campeón de Europa

Para el belga es rutina y además no sería su mejor parada del encuentro.

La lluvia arreciaba en Londres. Un empleado del club ofrecía abrigo extra a Ancelotti. Carletto, pandémico pero bravo, rechazaba el ofrecimiento. Con otro chicle basta.

El Chelsea, precisamente, trataba de estirarse. Pudieron amenazar los blues con un pase horizontal esquizofrénico de Carvajal que no pudieron robar por un pelo los ingleses. Un instante después, por el mismo pelo no podía rematar con potencia el Pitbull de Leganés tras recibir un pase interior de Valverde tras poderosa arrancada del lateral derecho blanco. El balón se paseó en el área.

El Madrid se gustaba, pero no todo podían ser buenas noticias. En una jugada aislada al filo del descanso, el talentoso Havertz, el hombre más peligroso del Chelsea, se adelantaba a Carvajal y remataba, también de cabeza, para anotar el tanto del honor de los locales y, entonces, meter a su equipo en el partido; una lástima para los méritos de uno y otro hasta el momento.

Máxime si un minuto después, en el 41, Benzema no falla el más fácil de todos sus remates victoriosos durante el primer periodo tras recibir un centro de Vini, que mordió un defensa, y despisto al genio de la lámpara, Karim.

Cabría esperar un Stamford Bridge en llamas y un Chelsea onfire en la reanudación tras ese gol postrero de Havertz, pero Benzema —¿quién si no?— amplió nada más comenzar el segundo tiempo su nómina de porteros damnificados por su malintencionada picardía. Mendy se unió al club de Karius y Donnarumma con un pase demencial a Rüdiger, que tampoco fue capaz de resolver la amenaza de Benzema ni de postularse a central del futuro para el Madrid.

Benzema Mendy gol

El más listo de la clase, Sir Karim, que camina de hat trick en hat trick en la Copa de Europa, once goles en esta Champions League, investido hoy como Lord londinense, aprovechó la confusión blue para robar, anotar el tercero y anestesiar a la hinchada de un equipazo pagado con petróleo de oligarca ruso.

El Madrid era un dandy. Tanto que podían escucharse los olés de los valientes madridistas presentes hoy en las gradas. Tamaño fue el escarnio que el cuadriculado técnico germano de los blues decidió levantar el castigo al desahuciado Lukaku.

Entretanto se acababa de lesionar Militao, malherido desde que recibiera una puñalada en las costillas digna de Jack The Ripper en el primer tiempo, entraba en su lugar Nacho y Courtois, lo decíamos en líneas precedentes, nos deleitaba con un vuelo sin motor para detener un trallazo a la escuadra del guerrero navarro Azpilicueta.

El factor Lukaku sembró cierto desconcierto hasta que Nacho se asentó en el partido.

Camavinga sustituía a Kroos para insuflar de oxígeno al equipo y hasta Bale acabaría trotando un ratito de nuevo en Londres.

El Madrid consumaba no sólo su venganza sino que derrotaba por primera vez a los ingleses.

A buen seguro que no será la última. The Pride of London fue Karim

 

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Se acabó. Me extingo. La vacuna y la fortaleza del querido viejo han hecho su labor. Quien os escribe es el último resto de Covid en el cuerpo de Carlo Ancelotti, que acaba de pasar el postrero test de antígenos con éxito y puede volar a Londres para dirigir in situ el encuentro ante el Chelsea.

Pero no estoy conjugando bien el verbo. “Acabamos de pasar”, debí decir. “Podemos volar”, debí consignar. Aún, en mi insignificancia biológica, formo parte de la anatomía del veterano entrenador italiano. Me agoto, pero aún estoy aquí, mientras Carlo prepara la maleta. Podría trepar venas arriba hasta refugiarme en la ceja enhiesta para ser el último resto en perecer. Pero ya no tengo fuerzas para trepar. Mi existencia se difumina. Me cago en el anticuerpo.

En el cielo de los virus recordaré a Carlo con mucho cariño. Tuvimos una buena convivencia. Procuré no ser excesivamente lesivo para su salud. ¿Quién querría hacer daño a un tipo como él? Además soy madridista, como todo virus de bien. Cuando se me asignó el destino Carletto, lo tomé como un absoluto privilegio. No olvidéis que este señor a quien ponéis a parir en Twitter (no habéis tenido piedad ni cuando por mi culpa languidecía entre mocos y toses) está ahora mismo en disposición de convertirse en el primer entrenador que gana cuatro Champions y la Liga de cinco países distintos. Los negacionistas de Carlo me parecéis tan estultos como mis propios negacionistas.

Ancelotti

Han sido en general días plácidos. Solo lo encontré nervioso cuando tuvo que conformarse (por mi culpa, ya lo sé, pero al menos le brindé inmunidad natural, ¿vosotros qué habéis hecho por él?) con ver el partido de Balaídos en la tele. Le tenía yo al pobre maltrecho y dolorido tirado en el sofá viendo las evoluciones —es un decir— de sus hombres. Os aseguro que aquel pico de fiebre en concreto no fue culpa mía. Qué partidito, madre mía. Ni probó los mentos. Todo el rato estuvo agarrado al teléfono dando instrucciones a Davide, que le escuchaba por el pinganillo. Tampoco es que le dijera muchas cosas. Nosotros mismos tenemos más variantes tácticas (Delta, Ómicron, etcétera) que toda la familia Ancelotti junta, lo sabemos. Tienen otras virtudes. Pero sí que hablaban. Traté de transmitir a Carlo, para que a su vez se lo transmitiera a Davide, lo que otros compañeros virus me han confiado, a saber, que hasta ellos encuentran dificultades para contagiar a Asensio por mor de la escasez de sangre. Traté de hacerle ver que debía sentarlo. Tardó en hacerme caso. En fin, el hecho es que vencimos, y esta vez no parece que pueda atribuirse a ningún comité de expertos. Si acaso el comité fue Modric, a quien vimos ejerciendo de entrenador en Vigo. Por fin ha llegado la autogestión que tantos éxitos nos deparó en el pasado, pensé para mis adentros víricos.

Nosotros mismos tenemos más variantes tácticas (Delta, Ómicron, etcétera) que toda la familia Ancelotti junta, lo sabemos

En los días que pasé con él, hallé un Carlo dubitativo. Tras atestiguar los sustos que nos propiciaba la presión alta, optó por el bloque bajo, y ahora parece que pretende volver a presionar arriba, con éxito bastante discutible. Es un grande con tribulaciones, y reconozco que yo no le he ayudado a resolverlas. Espero, ya que en aras de la salubridad debo desaparecer, que mi ausencia le brinde al menos la claridad mental suficiente para alinear a los once mejores esta noche. Sin mí se piensa mejor, quito tanta lucidez como olfato y gusto, incluido el futbolístico.

En el momento en que escribo estas notas agónicas, Carlo está ya en la puerta de embarque destino Heathrow. Noto cómo me voy diluyendo en sus arterias, y en un último estertor grito de vuestra parte el mensaje que espero tenga la fuerza suficiente para llegar a los oídos del amado viejo. Pon a Camavinga y a Valverde, carajo. Déjate de Asensio, por favor. No sé si mi voz, extremadamente débil ya a cuenta de mi inminente extinción, le llegará con suficiente potencia. Tampoco sé si, caso de oírme mientras se acomoda en su asiento del avión, me hará caso alguno. Solo soy el ultimo resto de un virus mortecino y el amado viejo es testarudo.

Me voy. Me extingo. Adiós, amigos. Hala Madrid, vamos con todo hoy. Me cago en el anticuerpo.

 

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