Las mejores firmas madridistas del planeta

Florentino compareció el domingo ante la asamblea de compromisarios del Madrid y habló de muchas cosas, pero principalmente, de la Superliga. Más que eso, habló del fútbol. De su presente pero, sobre todo, de su futuro. Ante los socios, en particular ante los compromisarios, se ve siempre al Florentino más solemne, al más patricio e institucional. Los socios compromisarios representan el núcleo de la vieja fórmula de organización del club. Son la Asamblea de los Quinientos de la democracia ateniense en que se constituye todavía el Madrid y, por tanto, el símbolo de su pureza clásica y patriarcal. Por eso, cuando se dirige a ellos, Florentino parece el Secretario General del Partido Comunista Chino hablándole al Politburó. El mensaje es eminentemente interno. Sin embargo, como en el Madrid todo tiene vocación universal, Pérez se pronuncia urbi et orbi. Florentino, aquí, se dirige a la Historia, le habla a ella, al porvenir. En sus alocuciones marca el rumbo de la nave para los próximos cinco o diez años.

Por eso es interesante fijarse en lo que dice aunque, en eso, Florentino Pérez también es un hombre de otro tiempo, puesto que siempre que habla lo hace con sustancia. Repitió ideas fundamentales sobre las que desde el principio, mayo de 2021, ha ido articulando su revolución: el fútbol es un fenómeno en decadencia que necesita ser revitalizado, los ingresos que genera son insuficientes para mantener el negocio tal cual lo conocemos hoy en día, éstos podrían multiplicarse si los órganos reguladores dejaran de parasitar a clubes y futbolistas, que se encuentran atrapados en estructuras obsoletas cuya ambigüedad ampara situaciones de corrupción y malversación; que el juego ya no cautiva el interés de las nuevas generaciones y que los citados órganos reguladores están vendidos a intereses espurios que consagran una desigualdad competitiva que amenaza con destruir la equidad y el futuro del negocio.

Florentino asamblea socios

Bueno. Yo, que me confieso florentinista de la vieja guardia, de la hornada del 2000, quisiera discrepar de algunas de estas ideas. Al menos, de algunas de sus expresiones. A veces se confunde disentir con enmendar la plana. Que Dios me confunda si me atrevo a enmendarle la plana a Florentino Pérez. Pero, en mi opinión, el presidente es un prócer empeñado en una revolución equivocada. Que el fútbol necesita una cirugía de hierro con urgencia en sus superestructuras administrativas lo prueba el hecho de que se juegue el Mundial de Qatar. Esa cuestión es irrefutable y ahí tiene toda la razón del mundo. Otra cosa es dónde se ponga la diana, y con qué medios. La cuestión de fondo es, ¿se debe transformar el fútbol para adaptarlo a la mentalidad de este siglo?

Dice el presidente: “el fútbol está enfermo. Los jóvenes se interesan cada vez menos por el fútbol. Las nuevas generaciones se centran más en las plataformas, las redes sociales y otros deportes. Los jóvenes demandan un producto de calidad que, hoy en día, no ofrece el fútbol. La UEFA incrementa el número de partidos intrascendentes en la Champions en detrimento de jugadores y clubes, lo que aumenta la decadencia del fútbol. Es imprescindible ofrecer a los aficionados partidos de una gran calidad. La UEFA va en una línea equivocada”.

En realidad, lo que está enfermo no es sólo el fútbol, sino todo el mundo occidental, lo que antaño se conocía como “la civilización”. Occidente hace tiempo que se vendió a las petromonarquías teocráticas del Golfo Pérsico

Aquí está la médula del pensamiento de Florentino y merece la pena pararse a echarle un vistazo. Que el fútbol está enfermo, repito, lo demuestra la manera en que el mundo asistirá sin cargo ni escrúpulo de conciencia alguno a la Copa del Mundo que Qatar organizará en un par de meses: un Mundial comprado con dinero lleno de sangre y que se disputará en estadios levantados sobre miles de cadáveres de esclavos que no le importan una mierda a nadie, y que trabajaban allí por cuatro duros sin ningún derecho, tratados como pura escoria. Pero, en realidad, lo que está enfermo no es sólo el fútbol, sino todo el mundo occidental, lo que antaño se conocía como “la civilización”. Occidente hace tiempo que se vendió a las petromonarquías teocráticas del Golfo Pérsico. El fútbol, como parte sustancial del modo de vida y de la cultura contemporánea occidental, ha ido detrás inevitablemente, desfilando al paso que marcaba el oro negro, a la par que la Fórmula 1, las motos, el Louvre, la República Francesa y tantas entidades, instituciones, Estados y organizaciones públicas y privadas.

Así que desviándonos de la cuestión patológica, que es más amplia, ¿qué le pasa específicamente al mundo? Pues que ofrece, según Pérez, un “producto de mala calidad” por culpa del amontonamiento de partidos irrelevantes. Por demás, como decía aquél, los órganos reguladores, por poner el caso, la LFP, en España, y la UEFA, en Europa, hacen perder ingentes cantidades de dinero a los clubes por una administración, en teoría, manifiestamente mejorable, de los derechos de explotación audiovisual de las competiciones. ¿Mejorable, con respecto a qué? La respuesta parece venir de los EEUU: con respecto a la gestión, por ejemplo, de la NFL, cuyos clubes, por lo que sea, están por delante de todos los clubes de fútbol europeos en la lista Forbes.

NFL

De este razonamiento se deducen varias cosas. En primer lugar, que sobran partidos “intrascendentes” y faltan “más Madrid-Chelsea o Madrid-Liverpool”, enfrentamientos que, según Florentino, la gente no se cansaría nunca de ver, como no se cansaban de ver los partidos entre Nadal y Federer, por ejemplo. Esto, a prior, está muy bien, pero luego casa mal con la impavidez con la que los clubes, el Madrid el primero, asisten al incremento notable del calendario internacional y las “fechas FIFA”, cada vez más absurdas y cada vez más monstruosas. Ceferin y Nasser son dos tipejos luciferinos, pero en la FIFA mandan otros y es la FIFA la que ha puesto una Copa del Mundo aberrante en medio de la temporada, por primera vez en la Historia. Y es la FIFA la que tenía pensado convertir el Mundialito en una Copa del Mundo de clubes en toda regla, con más de veinte participantes. Algo que el COVID ha frenado, en principio, pero que, si se piensa, es la estación final de un trayecto que comenzó con la aniquilación de la vieja Copa Intercontinental, a partido único, algo en lo que tampoco el Madrid, ni ningún otro, dijo ni pío.

Por no hablar del concepto de “calidad” en sí mismo. ¿Es mejorable, en términos estrictamente dramáticos, es decir de show, de espectáculo, de emoción y juego, la Copa de Europa que ganó el Madrid entre febrero y mayo de este año? Honestamente, no lo creo, pero todo eso, aunque se pueda medir en audiencia, no se puede cuantificar en datos: el impacto es generacional, y la cuenta de resultados la compondrán los niños del futuro que quedaron enganchados a este deporte a lo largo de aquella serie de noches irrepetibles. A lo mejor el problema es que el fútbol, en cuanto a industria, ha tocado techo. O sea, que ha dado de sí, salvando todo lo que se pueda salvar en relación con un mayor o menor control de los derechos televisivos por parte de los clubes en sus propias ligas, y en las competiciones internacionales, todo lo que podía dar como negocio.

Rodrygo City

¿Y si ha llegado la hora del decrecimiento? En el capitalismo contemporáneo, no crecer es ya decrecer. Pero conviene preguntarse, ¿crecer, para qué? Hasta ahora los grandes saltos cualitativos y cuantitativos en lo referente al poder adquisitivo de los clubes devino en avances y mejoras del juego. Eso parece, en mi opinión, haber llegado también a un límite: en el futuro se jugará, igual que pasa en todas las épocas, de forma distinta, pero no creo que “mejor”. Pasa un poco como en las grandes pruebas del atletismo. Se ha llegado a un punto de perfección física y técnica en la preparación y alimentación de los deportistas que sólo se puede ir más allá mediante las drogas, y la legalización del dopping no parece que esté encima de la mesa. Si se quiere quitar cuotas de poder a FIFA, UEFA y LFP para que los clubes ganen más dinero y puedan competir en igualdad de condiciones con clubes financieramente dopados por Estados que están fuera de la órbita “civilizada” de Europa y Occidente, ¿qué se va a hacer con ese dinero? Teorías hay muchas pero la realidad ha demostrado en estos últimos veranos que los clubes con dinero ilimitado lo único que hacen, a la postre, es multiplicar exponencialmente las nóminas de sus grandes estrellas, sin más. Es decir, sin ningún tipo de retorno en cuanto a títulos y reputación deportiva. Messi y Mbappé son el más claro ejemplo. Al revés: esta nueva situación lo único que ha logrado es emancipar a los futbolistas todavía más de sus clubes. Los contratos son papel mojado y las estrellas, déspotas en potencia capaces de mercadear hasta el límite de lo disparatado, consiguiendo con ello grandísimas cuotas de influencia en la dirección técnica de sus equipos. Lo que, volviendo al tema de Florentino y la “calidad”, no aumenta el nivel colectivo de los equipos, sino más bien todo lo contrario.

En el futuro se jugará, igual que pasa en todas las épocas, de forma distinta, pero no creo que “mejor”

Si el fútbol ha tocado techo, tampoco hay que pensar en dejarlo todo como está. Para mí es evidente que los clubes deben doblarle la mano a la UEFA, a la LFP y a la FIFA, con varios objetos: limitar hasta lo razonable la participación de sus jugadores en los torneos de selecciones, transformar esos organismos en verdaderos entes organizadores cuyas reglas, movidas por la equidad y la búsqueda de la igualdad, en pro del espectáculo y la salud de los futbolistas, garanticen la posibilidad de que cada cual, según sus méritos y posibilidades, pueda alcanzar la cima del fútbol; limpiar de intervenciones geopolíticas espurias los estamentos del fútbol europeo y mundial, impidiendo que existan clubes que son de facto agencias de blanqueo y publicidad de regímenes siniestros con intereses bastardos en sociedades libres, etc. No creo que sea fácil abordar ni junto, ni por separado, cada una de estas cuestiones, pero creo que son puntos de partida hacia los que dirigir una revolución. Quizá, en el fondo, se trate no de perseguir incansablemente “nuevos mercados”, sino de preservar un nicho, hasta ahora nada modesto, que ha permitido llegar a la industria balompédica a ser lo que es, un negocio de masas, precisamente porque era una pasión popular.

Florentino habla, con razón, de quienes han encarecido el fútbol hasta convertirlo en un artículo de lujo. Pero sólo hay que darse una vuelta por la tienda del Bernabéu y mirar los precios de camisetas, polos, sudaderas y gorras, para darse cuenta de que el Madrid forma parte de lo mismo. Si el fútbol pierde su raíz popular, en el fondo, está perdido. ¿Quiere Florentino cambiar sustancialmente las reglas y códigos de un juego eminentemente antiguo, imbricado en la mente tribal y en liturgias y ceremoniales ancestrales de los hombres, para adaptarlo a una generación incapaz de concentrarse en algo y que ha perdido el interés por las historias secuenciales? Entonces el fútbol será un soccer donde todo el tiempo pasarán cosas, plagado de estímulos, donde pasa algo entre un montón de anuncios, como en los sports americanos que tanto dinero generan. Pero ya no será fútbol.

 

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Una vez superada la hecatombe que supuso empatar un partido tras seis victorias en Liga (19 de 21 puntos posibles conseguidos), dos de dos en Champions y la Supercopa de Europa, creo que es momento de analizar un poco más en profundidad lo que pudo fallar ante Osasuna en el Bernabéu. Es un hecho que Benzema no está en su mejor momento —lo que no significa que muestre ese nivel calamitoso que muchos le quieren endosar— y que la baja de Courtois resta cierta garantía en la portería (aunque no estoy seguro de que el belga hubiese podido evitar el tremendo gol de Kike García).

Fue un encuentro ramplón de todos los futbolistas de Ancelotti. Todos a medio gas, todos aparentemente sin chispa, pagando quizás el exceso de viajes, kilómetros y minutos con sus selecciones. Era un partido propicio para tropezar, después de un parón, sin Courtois ni Modric y ante un equipo muy bien trabajado y ordenado. Estaba escrito. Ni siquiera el claro penalti sobre Benzema pudo desobedecer al destino. La baja del croata es preocupante. No porque sufra una leve lesión muscular con 37 años, sino porque el rendimiento del resto de centrocampistas se ve diezmado sin su líder.

La baja del croata es preocupante. No porque sufra una leve lesión muscular con 37 años, sino porque el rendimiento del resto de centrocampistas se ve diezmado sin su líder

Se pudo comprobar ayer de forma clarividente. Conste que no quiero focalizar el tropiezo en el centro del campo blanco porque, como he dicho antes, ningún jugador se salva ante Osasuna, pero sí me llamó la atención que Ancelotti sustituyera a los tres creadores de juego que iniciaron el partido. El único que ofreció un nivel acorde a lo que suele ser habitual en él fue Toni Kroos. Intentó distribuir juego con criterio, siempre bien colocado en el césped, aunque eché en falta que lo intentara más desde fuera del área dada la férrea estructura defensiva rojilla y el gran disparo lejano del alemán.

Kroos y Ancelotti

En realidad, los que me decepcionaron fueron Tchouaméni y Ceballos. Arriesgaron poco en general con el balón en los pies en fase ofensiva y el sevillano estuvo más preocupado de recuperar el esférico que de crear juego y buscar el pase vertical en tres cuartos de cancha. Ayer, el escenario era propicio para que el andaluz luciese galones, diese un paso adelante e, incluso, pudiese entrar en el pensamiento de Luis Enrique de cara a Catar. Pero nada de eso. Ni medio atisbo del futbolista imaginativo y diferencial que había brillado en encuentros en los que había disfrutado de una cantidad de minutos muy inferior a la de ayer. Su actuación influyó decisivamente en la escasez de fluidez del juego madridista toda vez que era el futbolista más parecido a Modric que había ayer sobre el nuevo tapete verde del Bernabéu.

Con el pivote francés ocurrió algo similar. Estuvo incisivo en la búsqueda del remate de cabeza pero mucho menos acertado con el balón en el pie. Sin embargo, no creo que lo de ayer suponga un paso atrás en su progresión ni denote falta de calidad, de eso ya ha demostrado que tiene de sobra. Como personalidad. El ecosistema creado ayer en el Bernabéu fue el propicio para que las carencias se impusieran a los aciertos. Repito, ese fue el clima generalizado en la plantilla blanca.

Que Ancelotti decidiese cambiar a los tres centrocampistas por los que había apostado en el once titular dice mucho de lo que necesitaba el equipo y que no fueron capaces de aportar los de la medular

Ancelotti veía peligroso el desarrollo del partido y decidió introducir jugadores con pegada y gol en detrimento del resto de las piezas del equipo. Asensio tampoco aportó ni en la creación del juego ni de cara a portería. Camavinga sí me pareció con más presencia, tocó mucho balón y siempre estuvo presto a la recuperación. Mostró el jugador que lleva dentro y que no había aparecido en muchos encuentros de lo que llevamos de temporada. Que el entrenador italiano decidiese cambiar a los tres centrocampistas por los que había apostado en el once titular dice mucho de lo que necesitaba el equipo y que no fueron capaces de aportar los de la medular.

Partidos como los de ayer son los que hacen sobrevolar la oscura sombra de Modric y su hipotética retirada. La sensación de orfandad sigue presente a pesar de la llegada de promesas y, a saber, la más que posible incorporación de Bellingham para la temporada próxima. Él parece ser el eslabón que engrasa la maquinaria del centro del campo blanco. Cuando él no está, se nota. El equipo le necesita tanto cuando juega en transición como en ataque posicional. Da sentido y criterio a todo. Tener a otro Modric cuando él no esté va a ser imposible. Uno así solo aparece una vez cada década. Lo único que queda esperar es que, en los entrenamientos, imparta clases a los más jóvenes y que aprendan del maestro croata para los años venideros.

 

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Cuando uno se mete en un callejón sin salida, tiene que escapar de él sin ayuda de nadie. Por ello rechacé el cable que me tiró Jesús Bengoechea en la presentación de ‘Fondo blanco’ cuando, ante la sorpresa de los allí convocados, pronuncié: “No pasa nada si se acaba el fútbol en unos años”. Jesús, siempre con su actitud paternal, intentó sacarme del lío: “¿Lo piensas de verdad?”. Pude aprovechar su flotador en mitad de la inmensidad de mi sentencia y confesar que quizás había ido demasiado lejos, que había sido una exageración propia de la intensidad del momento, pero decidí seguir nadando mar adentro hasta que tuviera fuerzas. Y aquí quiero seguir dando brazadas.

La frase fue pronunciada mientras reflexionábamos sobre el futuro del fútbol ante la falta de interés en el juego de las nuevas generaciones, víctimas y/o beneficiarios de miles de estímulos al alcance del dedo. Se habló de la Superliga y de buscar fórmulas más atractivas en las retransmisiones televisivas para engatusar a los jóvenes. Y ahí llegó una idea que me arrolló sin tiempo para contrastarla conmigo mismo: “No pasa nada si se acaba el fútbol en unos años”. Ante la oportunidad de Jesús para que reculara, abundé que el fútbol tiene un siglo y medio de vida, la mitad aproximadamente como deporte de masas, y que, si acaba desapareciendo por el desinterés de las próximas generaciones, será porque su tiempo se ha agotado como acabó para otros entretenimientos del pasado. Vivimos en el país de los toros, y seguramente los aficionados a la tauromaquía no podrían imaginar hace un siglo que dejaría de ser un espectáculo de masas.

“No pasa nada si se acaba el fútbol en unos años”. Si acaba desapareciendo por el desinterés de las próximas generaciones, será porque su tiempo se ha agotado como acabó para otros entretenimientos del pasado

El fútbol, en la actualidad, lo sigue siendo, a pesar de la enfermedad que padece. Es un deporte que permite ser aficionado sin ver los partidos, escuchándolos en la radio si acaso, consultando los resúmenes e informándose a través de las tertulias. Me atrevería a decir que la mayoría de los que se autodenominan aficionados, la mayoría de los que mantienen conversaciones sobre fútbol en el trabajo, en el bar o en el gimnasio, no ven los partidos. Incluso los que lo ponen en la tele acaban bajando la mirada a su móvil para, en el mejor de los casos, es decir, en el más relacionado con el juego que están observando, leer en Twitter cómo otros están interpretando el partido. En un mundo con tantos estímulos ociosos, cuesta mantener la atención en un juego que puede resumir 90 minutos en 90 segundos.

Recordatorio de una asamblea

Ayer, tras la intervención de Florentino Pérez en la asamblea, Guille Ortiz compartió en Twitter un fragmento de un texto del periodista estadounidense David Halberstam, fallecido en 2007, en el que analizaba que los problemas del fútbol son las propias reglas, que benefician la labor defensiva por encima de la ofensiva, lo cual minimiza la acción creativa de los jugadores artistas. Quizás convendría plantear reformas al propio juego y no, o no solo, al modelo de competición (esto daría para otro artículo), que sería como poner neumáticos nuevos a un coche con el motor gripado.

Quizás convendría plantear reformas al propio juego y no, o no solo, al modelo de competición (esto daría para otro artículo), que sería como poner neumáticos nuevos a un coche con el motor gripado

El fútbol necesita ser más atractivo para ojos acostumbrados a deslizar su dedo al modo de emperadores romanos si no los cautivan en tres segundos. Si no lo consigue, en unos años (¿diez? ¿veinte? ¿treinta?), habrá que admitir que el fútbol es un espectáculo del pasado que disfrutaron varias generaciones, felicitarnos por haber sido unos testigos privilegiados y recurrir a lo que dijo Valdano en el documental ‘La leyenda blanca’, pues las palabras sobrevivirán al balón: “Creo más en la eternidad del Real Madrid que en la eternidad del fútbol”. Ya me dirán si con este comodín retórico he salido del callejón.

 

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Hablemos de Amancio

El Madrid siempre te da salida. Si llega la petardá, y llegó, ofrece argumentos para la distracción y esas cosas. Era el finde perfecto. Arranque en la asamblea, videos lacrimógenos, copas a mansalva, el estadio, la cosa de la Superliga…

En el primer toro, orejas y rabo. Y seguía. Un equipo volvía al Bernabéu y el otro, al Wizink. El  ambientillo era perfecto… y de pronto fue el Castilla y le metieron cuatro en Alcorcón —no es el primero, les suena, ¿eh?, en Alcorcón, cuatro— y luego Osasuna se llevó un punto del Bernabéu. Ya lo hizo el pasado curso. Hay equipos que se acostumbran. Recuerden que el Betis se presentó y la última vez que había perdido chez blanca jugaban Rogelio y Demetrio. El Madrid ganaba Champions como churros, pero no al Betis. Estaría bien que Osasuna puntuara nueve años seguidos y el Madrid ganara otras cinco orejonas, ¿verdad?

Amancio. Delantero integral. Extremo, interior. Creaba y definía. Pase o gol. Personalidad, talento, liderazgo. Pegamento entre el Madrid que se iba, el de Alfredo, y el que llegaba: el Ye-yé. Gol en La Sexta. Y en Antena 3 y La 1

Amancio hizo el saque de honor y fue aclamado, como por la mañana, para saludar su nombramiento, Presidente de Honor del Real Madrid. Cargo único en el mundo. Como único fue él, gallego y sabio. Créanme los jóvenes: se habla de que si el mejor futbolista español de siempre fue éste o aquél. Difícil consenso. Yo, y Guardiola, ¡jajaja!, decimos que Raúl. Los hay que Iniesta… Los más abuelos recuerdan a Luisito Suárez. Sí, créanme, con ellos está Amancio, ¡qué fenómeno!

Delantero integral. Extremo, interior. Creaba y definía. Pase o gol. Personalidad, talento, liderazgo. Pegamento entre el Madrid que se iba, el de Alfredo, y el que llegaba: el Ye-yé. Gol en La Sexta. Y en Antena 3 y La 1. Metió goles en todas partes, jugó siempre como los ángeles. Fue un mago y sigue siendo lo de siempre, buena gente. El Madrid ha tenido pues tres presidentes honorarios: Di Stéfano, Gento y Amancio ahora. Da pereza hablar del partido de Liga, ¿eh? Felicidades, genio.

Pero de lo de ayer algo habrá que decir, claro. Petardá de un Madrid espeso que malogró incluso un penalti. Sergio Herrera le paró dos Benzema en siete minutos el curso pasado y esta vez desvió la pelota al larguero con la mirada. Hay días que no estás y ayer no estuvo ni el gran Monsieur ni el Madrid. Estas cosas pasan.

Benzema fallo penalti Osasuna

No se me azoren con Haaland, porfa.

Total, que el baloncesto y las chicas, 0-3 en Bilbao, evitaron que octubre empezara de tal manera que obligara al Rey a pronunciar otro discurso en 3 de octubre llamando al orden, las buenas costumbres, todo eso.

Esta vez sí jugó mal el Madrid. Y no, no se me azoren con Haaland, porfa. Y es curioso. Una vez sí jugó mal y lo que leí y escuché fue que si el virus FIFA, que si la mala confianza, que si poco interés y fuego. No se dejen engañar: al fútbol se juega bien o mal y el Madrid, ayer, jugó mal. Y su rival, bien. Es fácil. A menudo sucede que, si juntas ambas cosas, empate y listo.

No se dejen engañar: al fútbol se juega bien o mal y el Madrid, ayer, jugó mal. Y su rival, bien. Es fácil. A menudo sucede que si juntas ambas cosas, empate y listo

No se me azoren con Haaland, porfa.

Sobre lo de Florentino y la Superliga, y puesto que firmo todo lo dicho en La Galerna, sólo un apuntito. Ha quedado como momento estelar lo de Nadal y Federer, las veces que se han enfrentado. Hojarasca. Lo fundamental ha pasado de puntillas. Florentino acierta cuando dice que el fútbol está malito. La realidad es la que es y los números, tozudos.

Florentino asamblea socios

Poca bola le han dado a esto, lo mollar. Para resumir: en España vamos a vivir diez meses —ya van tres— con una sola gran incógnita. Si la Liga la ganará el Madrid o el Barcelona. En Francia y Alemania es más sencillo. PSG y Bayern. Y si la pierden tras haber ganado ocho o diez, el próximo curso recuperarán el ritmo. Italia es una cosita. Sano aquí el torneo llamado Premier. Una Liga de verdad, en todos los aspectos, entre las cinco principales. Miau.

Sobre los torneos europeos, Cruyff lo dejó dicho: “los bueno empieza en cuartos”. ¿Ustedes saben cuándo se juega la Conference? ¿Se llenan los estadios en la Europa League? Lo último que recuerdo al respecto fue el Camp Nou la noche del Eintracht. De alemanes, digo.

Lo fundamental ha pasado de puntillas. Florentino acierta cuando dice que el fútbol está malito. La realidad es la que es y los números, tozudos

Que la cosa da para pensarlo es evidente. Tiene tela, por supuesto. Como todo gran cambio. Y además lo quiere el Madrid. Es una tara importante. Dios y el Tribunal de Luxemburgo dirán, pero no pueden discutirse la realidad y los números, tan tozudos. El fútbol no va bien. Ustedes verán…

¿Haaland? Un monstruo. Pero este no era el año para traerlo al Madrid. No se me azoren. Serenidad.

 

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Buenos días. Vaya por delante la expresión de nuestro horror y nuestras más sentidas condolencias por la tragedia acaecida en Indonesia. A los aficionados al fútbol que ya peinamos alguna cana este espanto nos retrotrae a las grandes catástrofes de estadio de los ochenta, como la de Heysel, cuando murieron 39 aficionados italianos en una avalancha. Sucedió antes de la final de la Copa de Europa entre la Juventus y el Liverpool e, inconcebiblemente, el partido se disputó. Ganó la Juve merced a un penalti inexistente y a todo el mundo le pareció bien. Fue macabro. El fútbol, a veces, no tiene corazón.

Aquí son más de 39. Más de 120 son las últimas estimaciones. La catástrofe es estremecedora y no es de extrañar que hoy todos los diarios deportivos españoles dividan sus portadas entre la actualidad futbolera (ya os lo contó ayer Ramón Álvarez de Mon: caraja mayúscula del Madrid a la vuelta del parón que no dio para doblegar a un Osasuna mucho más fresco) y el espanto asiático que nos ha zarandeado. Es lógico, aunque la estética de todas y cada una de esas primeras planas deje mucho que desear y de todas ellas emane un tufillo salomónico del que a pesar de todo cuesta culpar a sus directores porque ¿cómo hacerlo?

En fin. Estas son las cuatro portadas del día.

Portada Marca Portada As Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Del Madrid ya lo sabéis todo si leísteis a Ramón o a Alejandro de León. Otros análisis seguirán en esta vuestra página. El bajón de juego y de moral (al menos, esta última, para los aficionados) es considerable. Ningún futbolista del Madrid jugó realmente bien, todo hace indicar que a consecuencia del parón. Algunos jugadores parecían estar molidos ya desde el principio del choque, y decisiones de Ancelotti como quitar a Kroos cuando estaba siendo el mejor no contribuyeron a mejorar la cosa. Ceballos desaprovechó una ocasión para reivindicarse y Tchouaméni dio un paso atrás en su camino al estrellato que todos confiamos le espera. Benzema está en baja forma y marró un penalti. Vini y Rodrygo solo inquietaron a ráfagas. Rüdiger hizo un buen partido en general pero pudo hacer más en el gol de Osasuna y Mendy, que es un defensa colosal, rechina un poco cuando el partido demanda mayor intervención ofensiva por su banda (de hecho, Alaba finalizó el encuentro como lateral izquierdo a modo de prueba de esta realidad). Camavinga añadió frescura al salir desde el banquillo pero no fue suficiente ante un meritorio equipo pamplonica.

Aunque parece cundir un extraño pánico en las redes sociales (Twitter Madrid es siempre un hervidero donde se usa vinagre por aceite), no parece que un mal partido deba encender más alarmas de las estrictamente necesarias. Hay ajustes que deben hacerse, y es de esperar que el aterrizaje completo de los jugadores (físico y mental) tras sus periplos con sus selecciones termine de asentar la normalidad.

En todo caso, hay por delante un calendario que nos hará salir de dudas, y que se antoja esencial para llegar al mundial de los 6.500 esclavos muertos en las mejores condiciones competitivas posibles. Ocho partidos en lo que queda de mes, con momentos decisivos ya en el primer tramo del maratón. Ganando en Getafe y después el Clásico habremos dado un golpe moral a la Liga. Entre medias, vencer en los dos choques de Champions frente a Shakhtar nos dejaría clasificados para Octavos de Champions en octubre.

Por lo demás, alguna de las portadas hace alusión a la frase del día de ayer, la que pronunció Florentino Pérez en la Asamblea que aquí os glosó Jesús Bengoechea. “Igual hay que recordar al presidente de la ECA (Al-Khelaifi) quién es el Real Madrid”. Lo mismo dijo Florentino en relación a Ceferin en la anterior asamblea. “Igual hay que recordar al presidente de la UEFA quién es el Real Madrid”. Visto el histerismo con que Twitter Madrid ha encajado un simple empate (alguna vez tenía que suceder) que mantiene al equipo colíder en la Liga y cabe achacar al maldito parón en gran medida, igual hay que recordar al madridismo quién es el Real Madrid.

 

Pasad un buen día.

Queridos todos, vengo del futuro. Bajo mi brazo no traigo una botella de lejía, pues las cosas blancas que valen la pena resisten el amarilleo inherente al paso del tiempo, así como cualquier intento del milpesetas de turno de mancillarla con sus manos pringosas de roña. Tampoco traigo, como el alienígena que buscaba a su compañero Gurb, una garrafa de cinco litros de vino de mesa el Pentateuco. Traigo información, y lo que viene ahora os sorprenderá de verdad: vosotros me acompañáis. Todos los que vimos el partido Real Madrid – Osasuna nos asomamos al futuro y vimos lo que nos vamos a encontrar a partir del mes de diciembre. Vamos a ver más de dos tercios de los jugadores del primer equipo completamente agotados. Vamos a ver que dos terceras partes de la plantilla están exhaustos por haberse tenido que ir a jugar un mundial siniestro y corrupto, desgaste este que, oh, sorpresa, adivinad quién paga. Efectivamente, los tontos de siempre: los clubes, en nuestro caso, el Real Madrid. No es sólo la disposición de activos del club por parte de un tercero que los deteriora, que ya sería suficiente para denostar el mil veces maldito fútbol de selecciones, sino que nos deja huérfanos de lo que realmente importa.

Los que vimos el partido Real Madrid – Osasuna vimos lo que nos vamos a encontrar a partir del mes de diciembre. Vamos a ver que dos terceras partes de la plantilla están exhaustos por haberse tenido que ir a jugar un mundial siniestro y corrupto, desgaste este que, oh, sorpresa, adivinad quién paga

En diciembre, víspera de Navidad, mes de intercontinentales y/o mundialitos contra exóticas escuadras, desplazado a febrero este año, sinónimo de fichajes que van desde Savio o Marcelo hasta Gravesen, Cassano, Lucas Silva o Faubert, goles de aguanís al Vasco da Gama, Ronaldidades al Olimpia de Asunción, hat tricks de Cristiano o Bale o, incluso, genialidades de Anelka contra el Palmeiras, vamos a encontrarnos con la selección de Luis Enrique, el mejor humorista sieso desde que nos falta el gran Eugenio, jugando contra Alemania, Costa Rica y una Japón muy mermada desde la prematura retirada de Julian Ross. Gracias a Odín, no parece demasiado previsible la presencia de ningún madridista en esa selección del asturiano. Mientras tanto, Francia, liderada por Benzema, que se escribe con B de Balón de Oro, y soportada por nuestros pilares de ébano Tchouaméni, Mendy y Camavinga, se enfrentará a otros países que no vienen al caso, pero que supongo no distarán mucho de Syldavia, Freedonia y la revelación del torneo, el siempre animoso equipo dothraki.

Alaba rezando

Por culpa de semejantes duelos, los jugadores madridistas llegarán, en el mejor de los casos, agotados. En el escenario más pesimista, llegarán lesionados, pero es que, aunque vinieran intactos, atentos a los que tendrán que afrontar: en enero, la Supercopa de GeriRubi nos hará volver a Oriente poco después de que lo hagan los Reyes Magos, mientras que entre semana habrá que jugar la copa del Rey. En febrero, el mundialito de clubes antes referido, y al que tenemos acceso por ganar la Catorcena, también nos llevará a quién sabe dónde, pero también hay octavos de final de Champions League. Halagüeño, ¿verdad?

¿Qué pasaría si el Madrid subiera el sueldo a los jugadores que renuncian a sus selecciones?

Lo visto anoche ante el Osasuna, es decir, un equipo con una sustancial parte de sus jugadores bastante agotados enfrentándose siempre a rivales extramotivados a los que les va la temporada en ese partido, va a ser la reinvención del chiste del fantasma de las bragas rotas al lado de lo que nos vamos a encontrar a la vuelta del mundial sangriento, corrupto y repugnante. Con estos bueyes nos toca arar, queridos míos.

Concluyo dejando una pregunta que puede parecer una boutade: ¿qué pasaría si el Madrid subiera el sueldo a los jugadores que renuncian a sus selecciones?

 

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9 de 10 y Benzema en plan gato. Tiró el penalti con el cuerpo hacia atrás, como las faltas. Sabes que tiene que pasar en cualquier momento, pero cuando pasa te da rabia. No hubo manera de “rematar” al Osasuna más vistoso que vi jamás en el Bernabéu.

COSAS NEGATIVAS:

La realidad es que Benzema no está y que el único que en defensa aguanta el nivel del año pasado es Carvajal, aunque sea muy criticado. Jamás le vi centrar mejor que a sus 30.

¿El resto? El resto regular, salvo Camavinga que hizo todo lo que pudo en el tiempo que estuvo y que sacarle en el minuto 60 cada día funciona mejor. Luego volveré sobre él.

De Vinicius y Rodrygo cabe decir que no estuvieron TOP, como diría Mou, pero que cada día parece que están más cerca de marcar o de asistir en cada jugada. Conste que no sé si es cuestión de “feeling” o es que las estadísticas de los últimos 20 partidos que han jugado de blanco son arrolladoras. Se lo dejo a Mr. Chip, que ya es tarde.

Por último, me da pena decirlo porque juzgaré a dos que juegan poco. Ceballos sería suplente en el Betis, aunque sea muy juicioso en los entrenamientos y a Carletto le parta el corazón y Lunin canta un poco por alto. Ambos llevan menos de 500 minutos en 2 años pero, puff, creo que estoy en lo cierto.

Camavinga frente a Osasuna

COSAS POSITIVAS:

Solo Camavinga. No sé si este tío terminará jugando 700 partidos en el Madrid, si será leyenda o qué pasará con él, pero con 19 años ya sabe hacer todo lo que requiere su posición. Pierde algún balón, ok, tampoco pasa nada, ¿no?

El tipo defiende bien, mete muy bien la pierna, es físico, salta, sube, baja, regatea, chuta y encima tiene pinta de ser un tío cojonudo que acepta salir en el 60, aunque secretamente sabe que es mejor que cualquier centrocampista del Madrid, salvo Kroos y Modric. Veremos cuánto dura esa sonrisa.

 

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Arbitró Guillermo Cuadra Fernández del Comité Balear. En el VAR estuvo Estrada Fernández.

El del descalzaperros del Pizjuán hace unos meses volvió a pitar al Madrid. ¡Qué pereza! Insufrible. Verlo dirigir es un sindiós. No pita faltas claras, no se da cuenta de los córners y no ve los penaltis cristalinos.

En los primeros minutos dejó sin señalizar varias faltas sobre Vinicius, más tarde le tocó el turno a Rodrygo. Pero la primera amarilla para el Madrid que no falte. Fue a Ceballos por pisar a Torró en el 45'. El gol madridista, pese a las protestas rojillas, fue legal, ya que Rüdiger está bastante lejos del cuero.

El segundo acto se inició con amarilla para Abde en una acción con Carvajal por lo mismo que la vio Ceballos. La jugada más polémica del partido fue el penalti a Benzema. David García no intenta jugar el balón y empuja al francés. Penalti y roja. Menos mal que Estrada Fernández estuvo al quite porque si es por el colegiado madrileño... Además, Kike García vio la amarilla por protestar. En el 82', se anuló un gol a Benzema por, según las líneas del VAR, fuera de juego por milímetros del delantero. Hay que ser muy muy creyente con este sistema.

Cuadra Fernández, CALAMITOSO e INSOPORTABLE.

Lunin: 5. Apenas tuvo trabajo y en el gol no pudo hacer nada.

Carvajal: 5. Pasó dificultades ante Abde.

Rüdiger: 5. A veces parece despistado, pero no tuvo grandes errores.

Alaba: 5,5. Acabó de lateral buscando la épica.

Mendy: 5. Impreciso en ataque.

Tchouaméni: 5. Partido algo gris. No tan exuberante como otras veces.

Kroos: 6. Buenos cambios de juego, pero al equipo le faltó ritmo para aprovecharlos.

Ceballos: 4. No jugó bien. Se le notó incómodo.

Rodrygo: 5. No estuvo al nivel de sus últimos partidos.

Vinicius: 6. Marcó un gol, pero no tuvo su mejor día.

Benzema: 4. Falló un penalti de nuevo ante Herrera. Estuvo bastante impreciso.

Militao: sin tiempo.

Mariano: sin tiempo.

Asensio: 5,5. Puso algún balón interesante.

Camavinga: 6. Le dio más energía al equipo.

Valverde: 6. Buscó situaciones de disparo, pero estuvo más lejos de la portería que en los últimos partidos.

Ancelotti: 5. Trató de reaccionar con los cambios, pero no le encontró el punto al partido.

 

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Cada partido después de un parón a beneficio de la UEFA o la FIFA suele derivar en problemas para los equipos que ceden a más futbolistas. Por eso no era complicado prever que no sería fácil derrotar a un Osasuna que ya empató en el Bernabéu la temporada pasada y que ha empezado la presente con la flecha para arriba.

Ancelotti dispuso algunos cambios lógicos. Rüdiger en el lugar de Militao y Ceballos en el de Modric eran los principales. Descansaba Valverde dando la banda a Rodrygo. Courtois era baja de última hora y dejaba la portería a Lunin. También se producía la vuelta de Benzema. El año pasado su ausencia habría sido un drama, pero Vinicius, Valverde y Rodrygo se han hecho mayores.

Empezó el partido con un Osasuna muy tranquilo. Tocaba y presionaba bien, aunque tampoco incomodaba al Madrid. El conjunto madridista por momentos se precipitaba en exceso y buscaba atajos hacia el gol sin mucho fundamento.

Cada partido después de un parón a beneficio de la UEFA o la FIFA suele derivar en problemas para los equipos que ceden a más futbolistas

En Osasuna Abde suponía el mayor peligro gracias a su gran capacidad de desborde. De sus botas empezaron a llegar algunas ocasiones para el conjunto visitante. La más clara fue para Nacho Vidal, pero su volea fue imprecisa.

En los últimos minutos el Madrid comenzó a apretar. Primero Vinicius hizo la del City en el Etihad. Su carrera dio paso un gran centro con el exterior y remate de volea precioso de Benzema. El balón rozó el palo. Muy poco después, en el 43, Vinicius buscó un centro cerrado con la suerte de que nadie lo tocó y se introdujo en la portería. A Vinicius le entran los goles hasta cuando no quiere. Una metáfora de su momento. Ya nada más ocurrió en una primera parte que discurrió en cuarta marcha.

Vinicius Osasuna

La segunda parte no pudo empezar peor. Kike García sorprendió con un remate de cabeza inesperado que sorprendió a Lunin. Poco después, Osasuna estuvo a punto de adelantarse tras otra ocasión. Ancelotti detectó relajación y ordenó dos cambios. Valverde y Camavinga por Tchouaméni y un desafortunado Ceballos.

Alaba tuvo una buena ocasión de falta, pero el disparo se marchó fuera. En el 60’ una buena combinación entre Benzema y Rodrygo dejó a éste último frente al portero visitante, pero en posición bastante forzada disparó muy alto.

Comenzaba a entrar la ansiedad porque el resultado no se resolvía en favor del Madrid. Ancelotti se hartó de la inoperancia ofensiva de Mendy y sacó a Militao para que Alaba subiese la banda. También salió Kroos para que jugara Asensio.

Pronto llegó una jugada que pudo ser decisiva. Penalti claro a Benzema de David García, que fue expulsado. No obstante, Benzema falló el tercero seguido ante el portero osasunista Sergio Herrera. Inexplicable.

Penalti Osasuna Benzema

Justo después Benzema marcó, pero el gol fue anulado por un ajustadísimo fuera de juego.

El Madrid atacaba ya sin freno porque el tiempo se echaba encima. Salió Mariano por Carvajal. Vinicius lo intentó, pero Herrera reaccionó bien. No estaba siendo el día.

La tuvo clarísima Mariano a centro de Valverde, pero su remate se marchó alto. También fue clarísima la de Benzema, pero seguía sin ser el día. Y así acabó un partido muy frustrante.

 

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