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Luis Suárez y el examen fallido de italiano

Luis Suárez y el examen fallido de italiano

Escrito por: Fred Gwynne27 septiembre, 2020
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Barcelona. Ciudad Deportiva.
15 septiembre de 2020. Despacho de Josep María Bartomeu.

Después de más de dos horas frente a frente y algún que otro mordisco producido por la tensión acumulada, Bartomeu y Luis Suárez seguían buscando, a pesar de las múltiples reticencias expresadas por el uruguayo a renunciar a un solo euro de su salario, una solución dialogada a sus problemas.

—Seamos serios, Luis, esto son negocios, tú quieres que te paguemos todo el dinero y yo quiero que te vayas del club para cuadrar el fair play financiero, nuestra única solución es que apruebes ese examen de italiano y te fiche la Juventus, allí apenas pagarás impuestos y ganarás más o menos lo mismo. Tienes que aprobar sea como sea.

—Ya, ya, si yo pienso lo mismo, Presi, pero es que a mí el italiano como que no, cuatro palabras, ya sabe: spaguetti, pizza, lasagna, mascarpone, cannelloni, tiramisú, panna cotta

—Sí, sí, esas te las sabes de memoria, así me vienes todos los veranos…

—No empiece, Presi.

—Vale, en fin, olvidemos viejas rencillas y al lío, tengo un plan para que apruebes, un sofisticado plan tecnológico. He pensado que tienes que ir al examen con un pequeño auricular inalámbrico en el oído, de esta manera estaremos continuamente en contacto, yo escucharé toda la conversación y te ayudaré con el traductor de Google. Nadie va a sospechar de ti, el auricular es de lo mejor del mercado, se conecta al móvil por Bluetooth, es diminuto y lo camuflarás perfectamente en tu oído, yo estaré en mi despacho con otro auricular igual, no te preocupes de nada, será pan comido.

—¿Y si me pillan?

—¿Cómo te van a pillar? Es imposible. ¿Quién va a pensar que Luis Suárez, una estrella mundial del fútbol, copia en un examen? Hazme caso, sigue mis instrucciones y en diez días estaremos firmando el contrato.

Luis Suárez.

 

Barcelona. 19 de septiembre de 2020.
Parque Natural Sierra de Collserola.

—¿Estás segura de que esa Máscara de Pestañas Scandaleyes Volume On Demand Waterproof no deja grumos, escamas ni manchas?

—Segurísima.

Rubia y Centella, las nuevas entrenadoras del F.C. Barcelona, se estaban preparando a conciencia para su primer día de trabajo con la plantilla. Se habían decidido, después de leer varios artículos de afamadas revistas de moda sobre “Casual Friday, cómo acertar en 2020 con tus looks de trabajo más informales”, por un chándal imitación piel de cocodrilo combinado con unos zapatos nude con tacón Stilletto, que hacían que su patas y pezuñas luciesen más largas y estilizadas.

—Estás guapísima, Centella, “Chándal y tacones: arreglá pero informal”, a ver qué entrenador lo supera.

Mugieron y rieron.

Rubia y Centella no improvisaban, eran grandes profesionales. Llevaban ocho portafolios llenos de ejercicios encaminados a batir el récord de su mentor en un partido. Querían conseguir dar los 1005 pases de Setién, pero en los primeros 45 minutos de un encuentro, eso daría confianza a los jugadores y reforzaría su liderazgo como entrenadoras. Su objetivo, inconfesable hasta que conociesen a fondo el enorme potencial de La Masía, era llegar a los 4.000 pases con un equipo de canteranos, a ser posible todos de Sabadell. Como era el primer día de trabajo decidieron empezar por algo sencillo: el Karramarro y el Bustamanto, dos ejercicios ya testados satisfactoriamente con su equipo de vacas en Liencres. El Bustamanto era el ejercicio estrella en la Liga más famosa de Cantabria: La Bustamante. Consistía en situar a dos jugadores frente a frente, a un metro más o menos de distancia, y darse pases cantando Dos hombres y un destino:

Por el amor de esa mujer ♫ ♪
Somos dos hombres con un mismo destino
Pero yo sé que ella me quiere a mí ♫
Y que juega contigo ♬

Por el amor de esa mujer
Somos dos hombres con un mismo destino ♫ ♪
Y aunque me digas que ella es para ti ♫
Y aunque seas mi amigo, lucharé…

Rubia y Centella.

Como buenas admiradoras del cantante, al que conocían desde hacía muchos años antes de que entrase en Operación Triunfo, sabían, porque él mismo se lo había confesado en una verbena en Reinosa, que la mujer de la canción, el amor que perseguían con ahínco los dos hombres, no era más que una metáfora del balón, la pelota de fútbol, deporte que Bustamante practicaba asiduamente y del que era un gran aficionado.

A la hora de confeccionar el ejercicio, decidieron que cantar a dúo, frente a frente, pasándose la pelota, reforzaría los lazos de amistad entre los jugadores y les daría un plus de complicidad, como si fuesen Butch Cassidy and the Sundance Kid a punto de saltar del acantilado.

Tuya, mía, tuya, mía, tuya, mía. Era la lucha de dos hombres y un balón. Tuya, mía, tuya, mía y así hasta el infinito. ¿Y cuál era la dificultad?: precisamente esa, la duración del infinito, el tiempo. Se trataba de aguantar dándose pases el mayor tiempo posible, hasta que el cuerpo dijese basta. Había que comer de pie e incluso dar cabezadas, pero sin parar de pasarse el balón y sin dejar de cantar. Conocía dos vacas de Torrelavega que habían conseguido estar siete días, cuatro horas y un minuto pasándose el balón. El único problema era ir al baño. Las vacas, levantaban el rabo, y lo hacían en el mismo prado, al fin y al cabo, era abono, pero con los jugadores tendrían que buscar otra opción.

Rubia y Centella se dieron cuatro lamidas de vaca y, antes de salir hacia la Ciudad Deportiva Joan Gamper, justo en el umbral del portón del prado de la sierra que habían alquilado, se abrazaron

El cangrejo, originariamente conocido como Karramarro, era un ejercicio importado de la frontera con Bizkaia que se realizaba, aunque esto no le daba ningún valor añadido, tocado con una de las afamadas Boinas Elosegui en la cabeza, los vascos son muy amantes de sus tradiciones y como buenos vecinos respetaban sus costumbres. Este era un ejercicio individual. Había que colocarse en una portería e ir dando toquecitos al balón, siempre en horizontal, de izquierda a derecha del campo y viceversa, hasta llegar a la portería contraria. El récord de Cantabria lo poseía Sultana, una vaca lebaniega que había conseguido dar 27.107 pases.

Rubia y Centella, con su portafolios de ejercicios y la ilusión por las nubes, se dieron cuatro lamidas de vaca y, antes de salir hacia la Ciudad Deportiva Joan Gamper, justo en el umbral del portón del prado de la sierra que habían alquilado, se abrazaron. Se veían guapísimas, el chándal leopardo infundía respeto y los tacones confianza. Nada podía salir mal.

—Rubia.

—Dime, Centella.

—Hazte así, tienes una brizna de hierba en el cuerno.

 

21 de septiembre 2020.
Perugia.
Università degli Studi di Perugia.
Barcelona.
Despacho de Josep María Bartomeu.

09:00h.

Luis Suárez estaba nervioso. El sudor le empapaba las manos y el bolígrafo se le había resbalado un par de veces.

—¿Presi? ¿Me oye, Presi? —musitó.

—Sí, perfectamente. ¿Dónde estás?

—No le oigo muy bien, Presi, hay alguna interferencia, ¿Me puede hablar un poco más despacio y más alto?

—QUE DÓN-DE ES-TÁS.

—Vale, así mucho mejor, estoy en la última fila de la clase donde vamos a hacer el examen, somos unas veinte personas, tengo el auricular en el oído y el teléfono en el bolsillo, todo va perfectamente, de momento puedo hablar en susurros. Le dejo…

Buon giorno a tutti. La prova scritta consisterà in due esercizi su situazioni quotidiane e la prova orale sarà una breve conversazione di 10 minuti. Hai l'esame sul tuo tavolo, puoi iniziare quando vuoi. Hanno un'ora di tempo. Benvenuto in Italia.

Suarez se ajustó con disimulo el auricular.