Las mejores firmas madridistas del planeta

El grupo de investigación criminal de los Mossos d’Esquadra incautó ayer en las oficinas del Camp Nou varias cajas con objetos valiosos en el marco de la Operación Bypass Gástrico. Según el juez instructor, Laporta estaría almacenando piezas de colección con un alto valor para venderlas en Wallapop y de este modo obtener más dinero para adelgazar la deuda y seguir fichando a futbolistas que toquen mucho el balón sin llegar a meter gol.

Tras analizar el contenido de las cajas, lo más sorprendente es la presencia de la única filmación futbolística que Alberto Cosín no ha visto. Se trata de una película de los hermanos Lumière que recoge apenas unos minutos de un encuentro amistoso entre el F. C. Villaconejos y el San Martín de la Vega C. de F. jugado en un melonar al Sureste de Madrid hacia el año 1898. Este incunable memorístico cosiniano tiene un valor incalculable para los coleccionistas, y en una subasta podría venderse por un importe similar al presupuesto semanal que Laporta destina a fiestas, es decir, varias decenas de millones de euros.

¡Exclusiva! ¡Exclusiva! ¡Paren las rotativas! Aunque considerando que las rotativas llevan paradas unos cuantos años, quizás sea el momento idóneo para ponerlas en marcha otra vez y empapelar el mundo con esta noticia. El caso es que La Galerna ha vuelto a dar un golpe de efecto periodístico. Procedemos a reclamar el título autoadjudicado de mejor periodismo deportivo del mundo. Y seguimos la estela de otros hitos logrados por este medio de comunicación, como la entrevista a las vacas de Setién o a la prima de Monchi, cumbres históricas de la prensa escrita tanto en fondo, como en forma.

Como ya has leído en el titular, lo que hemos descubierto es que Batman, el caballero oscuro, el superhéroe que mantiene Gotham a salvo de toda suerte de apocalipsis, existe en la vida real. Y que su identidad no es otra que la del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Hemos acumulado tal cantidad de pruebas que la conclusión no admite refutación posible: Florentino Pérez es Batman.

La primera pista ha estado ahí, a plena vista para todos desde hace años, como si nuestro caballero blanco deseara que alguien descubriera su secreto. Observa atentamente la rúbrica del presidente Pérez. Donde debería haber una efe o una pe, lo que encontramos son las icónicas orejas puntiagudas del traje de Batman. Florentino ha querido siempre que sepamos que es un superhéroe.

Firma Florentino Pérez Batman

De sobra conocida es la tapadera que se creó Batman. Se presentaba como un acaudalado hombre de negocios de día, tan rico que no cabía la posibilidad de imaginarlo disfrazándose y persiguiendo malhechores tras el crepúsculo. En el caso del señor Pérez, estamos ante la 13ª fortuna personal más grande de España según el ranking de 2022 de Forbes. Este paralelismo no puede ser fruto de la casualidad.

Otra coincidencia nada accidental. ¿Quién es el principal enemigo de Batman? A poco que conozcas un poco la mitología que crearon Bob Kane y Bill Finger sabrás que es el Joker, conocido en Latinoamérica como ‘el guasón’. ¿Y cómo llaman a Joan Laporta? ¡Exacto! Nuestro particular guasón vive en Barcelona y algunas de sus ocurrencias en los últimos años han estado a punto de matarnos de risa. Poco me faltó para ahogarme entre risotadas gigantes cuando abrazó a un maniquí ataviado con la indumentaria de Messi. O, más recientemente, cuando adjudicó el supuesto éxito de la selección española a Xavi y al Barça. Sin duda, se trataba de un plan absolutamente premeditado para mermar a base de mortíferas carcajadas la población madridista.

Joker Laporta

Seguimos con similitudes. Batman tiene una guarida secreta; la batcueva. Se emplaza bajo la mansión de la familia Wayne, construida bajo tierra. Por su parte, el presidente del Madrid también está construyendo hacia abajo un refugio, aunque hay que admitir que no está demasiado oculto. Como ocurre con el murciélago, el señor Pérez también ha creado para él un uniforme perfectamente reconocible, en su caso con un traje lila marino, camisa azul cielo y corbata azul marino. El presidente, como Homer Simpson, Pedro Picapiedra o Batman, siempre viste exactamente igual.

Florentino Pérez ha demostrado ya que es el héroe que el Madrid se merece. Por eso llevan años persiguiéndole mediáticamente, porque él puede resistirlo. Porque no es un héroe. Es un guardián silencioso, un protector vigilante. Un caballero blanco.

Hasta aquí esta exhaustiva investigación en la que hemos concluido, sin dejar espacio a la duda, que Florentino Pérez es Batman. Señores gerifaltes galernautas, desempolven sus mejores corbatas, camisas y zapatos castellanos para recoger un merecidísimo premio Pullitzer.

 

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Buenos días, amigos. En 1968, los Beatles lo petaron con Hey Jude, un himno destinado a convertirse en uno de los grandes clásicos de los Fab Four merced a su melodía irresistible, sus arreglos de piano y percusión y su imparable, eterna coda final.  Ese nah-nah-nah-narananah que todos hemos coreado en el coche con los niños (al menos todos aquellos que tengan coche y tengan niños) es más grande que la vida, más inolvidable que la silla de Alaba, más tarareable que las mocitas y más eterno que el mismísimo fútbol (de hecho, dura casi más) aunque no tan eterno como el Madrid (ya dijo Valdano que creía en la eternidad del Madrid más que en la eternidad del balompié. Habrá que preguntar a Valdano cuánto cree en la eternidad de Hey Jude). Lo único que distingue la coda final de Hey Jude del Real Madrid es que la primera hace un fade out y luego acaba. Ninguna de las dos cosas entra en los planes del Real Madrid, obviamente, pero el paralelismo está servido.

Hey Jude es tan descomunal que le perdonamos la ausencia de la preceptiva coma del vocativo, que nunca se ha escrito en este caso. Solo se nos ocurren otras dos palabras de ánimo en que proceda omitirla, a pesar de que sobre el papel debería incluirse: Hala Madrid, precisamente. ¿Coincidencia? No lo creemos.

La letra de esta canción incomparable ha estado siempre sujeta a múltiples especulaciones. Una de las más célebres atribuye a Paul McCartney la intención de consolar a Julian Lennon tras el divorcio de John y Cynthia, sus padres. Según esta versión de los hechos, Paul habría optado por cambiar el título original (Hey, Jules) por el conocido Hey Jude. Siempre hemos encontrado insatisfactoria la hipótesis. ¿Qué sentido habría tenido ese cambio, siendo además Julian (Jules) alguien tan importante como —supuestamente— el destinatario del mensaje? ¿Por qué pasar a llamarlo Jude? Si un amigo os dedicara una canción específicamente a vosotros, ¿pasaría a llamaros José Luis siendo vosotros Arturo o Doña Águeda?

¿No será que el mensaje, en realidad, no buscaba dirigirse a ningún Julian (o Jules) sino a alguien llamado realmente Jude? ¿No es esta una hipótesis más natural?

Portada Marca

Impresionante (si bien no sorprendente, estando como estamos ante un genio siempre adelantado a su tiempo) la visión profética de McCartney al anticiparse casi cincuenta y cinco años al momento en que el verdadero Jude (sí: Jude Bellingham) necesitaba su aliento y su consejo. El primer verso de dicho consejo es suficientemente explícito:

Hey Jude, don't make it bad.

Don´t make it bad, Jude. No la cagues. No te vayas al City ni al Liverpool ni a ningún petroestado real o potencial. No la cagues y firma con el único que te garantiza la gloria deportiva, que es lo que anhelas por encima de todo. No te dejes deslumbrar por el brillo del vil metal y sigue fiel a la que parece tu idea inicial, es decir, transitar la senda de los dos británicos que te precedieron en el desenlace de la Orejona. Don´t make it bad, a lo que añade Take a sad song and make it better en clara alusión al himno del Centenario de Plácido Domingo, majestuosa canción pero con un punto plomizo que Jude sin duda será capaz (ya McCartney lo intuía) de tornar tan alegre y pinturera como su deslumbrante juego de fintas y controles orientados.

A partir de este punto, la letra nos desorienta pasando a referirse al empeño de lograr el amor de una mujer. ¿Qué tiene esto que ver con lo que nos ocupa?

Remember to let her into your heart.
Then you can start to make it better.
Hey Jude, don't be afraid.
You were made to go out and get her.

Un momento. A ver si lo que va a suceder es que la capacidad profética de McCartney no se circunscribe a la portada de Marca de finales de casi cincuenta y cinco años más tarde, sino que alcanza a las del resto de periódicos.

Portada Sport

Va ser eso, no cabe la menor duda. Son versos hechos ya a la medida no de Jude Bellingham sino de Ferran Torres, de quien no se puede negar que en cuanto a let her into his heart (siendo her la hija de cierto técnico) ha empezado to make it better. Todo le ha empezado a ir mejor desde que dejó de estar afraid y consiguió get her. Escalofriantes las dotes de pitoniso de Macca (hablamos de Sir Paul, no de McManaman) cuando recomienda a Ferran to let her into his skin para empezar a prosperar. Dicho y hecho.

The minute you let her under your skin,
then you begin to make it better.

Descomunal Sir Paul. Qué manera de atinar. ¿Será por ventura que el resto de la letra es alusiva al resto de las portadas de finales de diciembre de tantísimos años más tarde?

Portada As

Pero vamos, clavado. Palabras de consuelo a Karim Benzema, aunque (sin duda por descuido) le siga llamando Jude. El autor del clásico se solidariza ahora con el dolor del francés, ninguneado por algún malaje que no puede ser sino Deschamps.

And anytime you feel the pain, hey Jude, refrain.
Don't carry the world upon your shoulders.
For well you know that it's a fool who plays it cool
by making his world a little colder.

Exacto. ¿Qué es Didier sino un fool que juega a hacerse el cool castigando al Balón de Oro con su frialdad, hasta el punto de ponerlo en el avión de vuelta a Madrid? Visionario el beatle, hasta el punto en que no quepa descartar que Let it be esté dedicada, asimismo, a Karim Benzema en la hora aciaga de tener que encajar la existencia del zampabollos de Deschamps.

La canción vuelve a continuación a lanzar un mensaje de empoderamiento a Jude Bellingham, rogándole que no espere que otro le saque las castañas del fuego cuando ya esté en el club blanco, dado que la asunción de toda la responsabilidad es propia de cada futbolista del soñado equipo de Concha Espina.

You're waiting for someone to perform with.
And don't you know that it's just you, hey Jude, you'll do,
the movement you need is on your shoulder.

Esa mención al hombro (shoulder) vuelve a dejarnos perplejos, pero del estupor pasamos a la admiración cuando nos echamos a los ojos la última de las portadas del día, la de Mundo Deportivo, en la que aparece Busquets... (sí, amigos, sí)... echándose la mano claramente al hombro en busca del movement que precisa el Barça para salir de la ruina económica y deportiva en que se encuentra.

Portada Mundo Deportivo

A partir de ahí, vuelven las referencias a la novia del Yernísimo antes de fundirnos con la coda final , ese nah-nah-nah-narananah que simboliza el perpetuo trajín del mundo del fútbol, ese que Sir Paul plasma en esta tonada, mostrando preclaras aptitudes para la videncia.

Hey Jude, don't make it bad.
Take a sad song and make it better.
Remember to let her under your skin,
then you'll begin to make it
Better better better better better better, oh.
Na na na nananana, nannana, hey Jude...
(repeat X number of times, fade)

Y tal.
Pasad un buen día, amigos.

 

"Ceballos no ha jugado los minutos que merecía con sus entrenamientos".
Carlo Ancelotti, abril de 2022

 

La reanudación de la temporada de clubes tras el abrupto parón provocado por el Mundial de Catar va a exigir al Real Madrid dar lo mejor de sí mismo durante un atípico mes de enero que se antoja vital para el devenir de la segunda mitad del curso de los de Ancelotti. No sólo porque está obligado a mantener el alto ritmo de puntuación que, hasta ahora, ha exhibido en la Liga, sino porque a las posibles eliminatorias a partido único en la Copa del Rey se sumarán la disputa de la Supercopa de España y el viaje a Marruecos para intentar hacerse con su quinto Mundial de Clubes días antes de encerrarse en un cuarto con la hidra de tres cabezas que es el Liverpool de Klopp en los octavos de final de la Champions League. Una cronoescalada de cinco puertos con final en alto para la que el técnico italiano tendrá que confiar en varios de los menos habituales. Y ahí es donde Dani Ceballos puede y debe dar un paso adelante para sumar y, de paso, ayudarse a sí mismo a definir su futuro.

Ancelotti Ceballos

Hasta que Modrić, Tchouaméni y Camavinga se reincorporen a la dinámica del equipo después de sus días de vacaciones, Ancelotti únicamente podrá contar con Kroos, Fede Valverde y Ceballos como centrocampistas puros del primer equipo. Porque, aunque en su etapa en el Bayern ocupó posiciones de mediocentro o interior en muchos partidos, desde su llegada a Chamartín Alaba sólo ha jugado como central o lateral zurdo y parece poco probable que 'Carletto' vaya a sacarle del centro de la zaga. Es por eso que con Kroos jugando, presumiblemente, como pivote en la base y con Fede Valverde actuando con libertad en todo el carril derecho, el talentoso futbolista sevillano deberá ser capaz de generar ventajas desde la banda izquierda formando triángulos con Mendy y con quien juegue como extremo zurdo hasta el regreso de Vinícius (¿quizá Hazard?), ser un socio para Benzema en el último tercio del campo y ayudar en fase defensiva gracias a la intensidad y la concentración de la que suele hacer gala cada vez que salta al césped. Es decir, Ceballos está obligado a darle al Madrid respuestas y soluciones a partir del control de la posesión frente a equipos que, como el Girona o el Cádiz, se encierran atrás esperando una contra.

Dani Ceballos puede y debe dar un paso adelante para sumar y, de paso, ayudarse a sí mismo a definir su futuro

No es ningún secreto que su calidad con el balón, su imaginación y su capacidad para poner ese talento al servicio del colectivo han hecho de Ceballos un jugador muy del gusto de Ancelotti, su gran valedor para que ni el verano pasado ni este último abandonara el Santiago Bernabéu. Sin embargo, a pesar de que una vez recuperado de la grave lesión de ligamentos que sufrió en los Juegos Olímpicos de Tokio su final de temporada fue bastante notable, sumando minutos en momentos clave e incluso titularidades en partidos de Liga —por ejemplo, su actuación en el triunfo ante Osasuna en la jornada 33 de Liga fue sobresaliente—, su protagonismo en este primer tramo de la temporada ha ido de más a menos. En las cuatro primeras jornadas de Liga entró en el último cuarto de hora con el objetivo de aportar frescura y pulmones y conservar el resultado, mientras que en la victoria frente al Mallorca Ancelotti apostó por él como titular, repitiendo tres semanas después ante Osasuna. En cambio, en una espesa noche de todo el equipo justo después de los compromisos de las selecciones, fue sustituido en el descanso y no volvería a jugar hasta el 2 de noviembre, cuando salió en la última media hora de la victoria contra el Celtic de Glasgow en Champions, competición en la que únicamente había disputado cinco minutos a mediados de septiembre. Entre medias, una rotura fibrilar en el bíceps femoral justo antes de medirse al Shakhtar Donetsk le impidió participar en siete partidos durante el comprimido mes de octubre y con la que dijo adiós a las escasas opciones que aún tenía de estar en Catar.

Caballos Mallorca

Es difícil calibrar cómo mezclarán las piezas de este inédito centro del campo que, en teoría, deberán formar Kroos, Valverde y Ceballos en el encuentro liguero frente al Valladolid, pero lo que es indiscutible es que el sevillano afronta unos meses fundamentales para determinar el rumbo de su carrera. No sólo porque si su último semestre del curso fuera bueno se le volverían a abrir las puertas de la Selección de la mano de Luis de la Fuente, que como responsable de las categorías inferiores siempre ha confiado en su fútbol técnico y elegante. Sino porque, aunque ahora parece una hipótesis remota, el Real Madrid podría plantearse la renovación de un contrato que expira en el mes de junio si Ceballos consigue convertirse en una pieza útil en la rotación de Ancelotti, más aún teniendo en cuenta que Kroos sigue meditando su posible retirada a final de temporada, que Modrić, en unos meses, cumplirá 38 años y que el precio que se va a pagar por futbolistas como Bellingham o Enzo Pérez va a ser superior a los cien millones de euros. Por eso, si consigue transformarse en una cola de león parecida a lo que Kovačić o James Rodríguez fueron en la temporada 2016-17 el Real Madrid tendrá más posibilidades de volver a pelear por todos los títulos. El reto, para ambos, es mayúsculo.

 

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Buenos días, amigos. Como escribió ayer Tomás Guasch en La Galerna, tenemos ganas de Zorrilla, muchas ganas de Zorrilla. Afortunadamente apenas restan tres días para que el Madrid visite el estadio que porta el nombre del dramaturgo vallisoletano cuyo segundo apellido era Moral, por si algún despistado cultural se había ofendido con el primero.

El viernes 30 vuelve a jugar el equipo de Ancelotti en competición oficial, que al fin y al cabo es lo que nos apasiona, porque la vida sin pasiones es menos vida. La vida sin el Madrid es posesión sin victoria. Así que nos asomamos a las portadas con ganas de que nos cuenten cómo se presenta este reinicio liguero después de semanas de travesía por el desierto.

Portada Marca

Ojeamos la portada de Marca y parece que seguimos en periodo sabático, el propio de rumores de fichajes, porque lo más destacado es que el Atlético se fija en Borja Iglesias. Pues muy bien. Dicen que el bético llegaría al Atleti en enero si Joao Félix se marchase. El fichaje de Joao por el Atleti siempre fue un misterio, proporcionar al Cholo un jugador así es como darle un micrófono a un mudo.

Marca hoy se ha levantado poseído por el espíritu de Lopera y también resalta que 17.000 personas acudieron al entreno (sic) del Betis. Muy interesante también este dato. Casi tan ilusionante como la proliferación del término “entreno” en lugar de “entrenamiento”.

En la parte superior Marca nos recuerda que el Madrid no se olvida de Fran García, ahora en el Rayo, para el lateral izquierdo.

Portada As

Precisamente otro lateral izquierdo es portada de As. En concreto Alphonso Davies, del Bayern Munich. Y curiosamente también anda el rayo involucrado, aunque en esta ocasión no es el equipo de Fran García, sino el propio Alphonso, que corre mucho y por eso se refieren a él de este modo.

Sin noticias tampoco de la vuelta del fútbol.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

En los diarios catalanes tampoco encontramos novedades de interés, ver sus portadas es como acudir el último día a las rebajas y volver a toparse con las mismas prendas que no se han vendido durante la temporada.

Sabéis que el rasgo distintivo de Sport es publicar cinco de cada siete días de la semana la fotografía y el nombre de un futbolista que no pertenece al Barça afirmando que es el objetivo, o está fichado, o ha llegado a un acuerdo, o ha elegido, o se incorporará casi seguro, si quieres te lo miro, al club que preside Laporta. Hoy toda Moukoko. Mañana puedes ser tú, no pierdas la esperanza.

Aunque debemos confesar que sí nos ha llamado la atención ver a Dembélé troncharse de risa al leer un titular en el cual se le menciona: “Dembélé, máxima implicación”. Felicitamos a Sport por trolearse a sí mismos.

Dembélé, máxima implicación

Hay un asunto que no viene en las portadas, pero ayer causó estupor en el madridismo. En el madridismo y en cualquier ser humano con un funcionamiento cerebral no aleatorio ni afectado por algún problema incapacitante.

Ranking UEFA

Sí, amigos, para la UEFA y su ranking de 2022 el Real Madrid se encuentra en el 6º lugar.

Liverpool, 0 - Real Madrid, 1: La Decimocuarta ya está en casa

¿El Madrid eliminó a Chelsea y PSG en la pasada edición de la Champions, a la sazón máxima competición de la UEFA? Sí. Pues los colocamos justo por encima del equipo blanco, debieron de pensar. ¿El Barça es un equipo que se caracteriza en los últimos años por caer eliminado en la Europa League? Sí. Pues lo ordenamos inmediatamente después del campeón de la Champions.

Realmente daría igual quiénes son los tres primeros clasificados, podrían ser el Carabanchel, el Atleti y el Venta de Baños y no cambiaría mucho las cosas, pero resulta que el tercer equipo es el Liverpool, quien entendemos que se encuentra en ese lugar porque durante la última final de la Copa de Europa que perdió con el Madrid creó muchas ocasiones de gol que en un hecho cruel y sin precedentes en el fútbol Courtois se dedicó a abortar sin tener en cuenta ni la posesión ni la decencia. En segunda posición se encuentra en Bayer. Merecido, aquel 2-8 debe tener recompensa. Y el primero está el City, lógicamente, porque nunca ha ganado una UEFA Champions League y esto es un ranking de la UEFA.

Habrá quien alegue que se trata de una clasificación sobre el desempeño de los equipos durante las competiciones europeas de los últimos cinco años que otorga una serie de puntos en función de sus victorias, logros, etc., y es por tanto un resultado matemático y no fruto de una decisión de los sabios que rigen el fútbol de nuestro continente.

Perfecto, pero un método para ordenar por méritos a los equipos participantes en una competición que da como resultado que el campeón de la misma en cinco de las últimas nueve ediciones acabe en sexto lugar no es un método adecuado y es necesario replanteárselo. Si se tiene un mínimo de decencia intelectual, claro. Y de la otra.

Se nos ocurre una manera mejor para dirimir quién es el mejor club de Europa: el que gane la Champions. Suena raro, tal vez revolucionario, habrá quien no lo entienda, pero creemos que podría funcionar.

Pasad un buen día.

Con el fin del mundial catarí regresa de golpe la realidad. La Liga, por fin. El pan nuestro de cada día, el alimento de la imaginación para la clase servil. Al contrario de lo que sucede, por ejemplo, con las vacaciones, una ruptura de la servidumbre, un tiempo de expansión, para nosotros, los espectadores, el mundial ha sido una prolongación de las cadenas: un mes de vulgaridad que ha interrumpido nuestro goce (muchas veces sádico, pero ésa es otra cuestión) madridista cotidiano. Este fin de semana, con el partido de Valladolid, nosotros regresamos a nuestro territorio, recuperamos las referencias que nos ayudan a transitar por el mundo semana a semana, las rutinas de los días de los partidos, las previas, todo eso, el ceremonial que alegra nuestras vidas, sin importar demasiado que el viernes sea 30 de diciembre y el año se vaya a terminar.

Sin embargo los futbolistas son individuos que viven fuera de nuestro tiempo común y por lo tanto ajenos a sus reglas. Para ellos, el mes pasado en el Golfo Pérsico, lejos de los entrenamientos en Valdebebas, lejos de los viajes y de las concentraciones, lejos de la tensión permanente sostenida por la prensa, sí que ha sido una prueba: toda Copa del Mundo lo es, por más que se juegue en invierno o en verano. Lo es para todos, sobre todo para quienes, como la mayoría de los figurones de las selecciones modernas, viven todo el año a mucha distancia de las opiniones públicas de sus países, protegidos por el aura del prestigio. Este mundial, no obstante, ha sido una prueba de serias consecuencias para la camada de jóvenes talentos que maceran en Madrid, predestinados a gobernarlo todo.

Hay dos golden boys madridistas que vuelven de Catar con la divisa de la tragedia marcada a fuego en la piel del corazón. Rodrygo y Tchouaméni se han enfrentado allí con la selva oscura que los aguardaba a la mitad del camino del héroe

En particular, hay dos golden boys madridistas que vuelven de Catar con la divisa de la tragedia marcada a fuego en la piel del corazón. Rodrygo y Tchouaméni se han enfrentado allí con la selva oscura que los aguardaba a la mitad del camino del héroe. Ambos son niños nacidos bajo el signo de lo formidable. Desde muy pronto han destacado por encima de los demás, desde muy pronto están en el ojo del huracán, es decir, en el Madrid. Uno acaba de llegar y antes de ponerse por primera vez la camiseta blanca ya era titular en el centro del campo de la Francia campeona del mundo. El otro vino a España con la mayoría de edad recién estrenada y sin que al parecer tuviera mayor importancia. Desde el primer día empezó a meter goles con la sencillez y la facilidad de los elegidos, mostrando una extraordinaria inclinación a los grandes momentos: esas horas de la verdad que muchos fuoriclasse con nombres y trayectorias rimbombantes se llevan buscando toda la vida, sin encontrarlos, como si la Historia los rehuyera. No así Rodrygo, que desde el principio fue uno de esos a los que Napoleón habría preferido tener siempre consigo, por la buena estrella.

Siempre animamos al equipo

Rodrygo y Tchouaméni tuvieron que tirar en Catar penaltis decisivos para sus selecciones. Los fallaron. Uno, en cuartos de final, dejó tocada de muerte a Brasil, que lleva veinte años sin tocar la Copa del Mundo. El otro, en la tanda de penaltis decisiva, en la final, que sigue siendo el partido más importante de todos en la conciencia de toda la humanidad, hizo posible la victoria argentina. Los dos llevan recibiendo golpes mediáticos desde entonces, sobre todo Tchouaméni, con quien se están cebando los “cancheros” argentinos, especialistas por tradición nacional en humillar a los aparentemente frágiles (recuerdo a Simeone con Varane en Lisboa). Los dos demostraron agallas de gigantes y los dos descubrieron que todavía no lo son. A veces los talentos enormes se estrellan y no regresan jamás de estos escollos en el camino. A veces, de ellos salen batiendo las alas.

Los dos demostraron agallas de gigantes y los dos descubrieron que todavía no lo son. A veces los talentos enormes se estrellan y no regresan jamás de estos escollos en el camino. A veces, de ellos salen batiendo las alas

Ambos están ante la primera gran prueba de sus carreras, hasta ahora meteóricas y de progresión brillante y continua. Han probado dimensiones del estrés distintas a la del Madrid. Ambos, poco más que veinteañeros, tomaron una responsabilidad que correspondía a otros con más experiencia, oficio y nombre. Rodrygo tuvo el coraje que le faltó a Neymar, desde hace cinco años un mero spot publicitario, un torero de salón. Rodrygo asumió una decisión que en una nación como la brasileña es casi una cuestión de vida o muerte y el hecho de avanzar sin miedo hacia el borde del precipicio lo dice todo de su propia naturaleza. La principal cualidad de un futbolista del Real Madrid, si se puede hacer antropología de esto, es que no se esconde jamás, tenga el color de piel que tenga, le rece al Dios que le rece o sea del país que sea.

Tchouaméni

Tchouaméni parece un futbolista alemán en lugar de un africano de la Francofonía. Su rostro es el del bronce yoruba de Ife: impenetrable, hierático, con el porte altanero de los reyes nubios, su cara de piedra no desvela ningún sentimiento, como si nos estuviera mirando a todos desde un sitio inalcanzable, mucho más allá del reino de los hombres. En su primer mundial ha sido imprescindible en todos los partidos, jugando toda la final hasta los penaltis. En el Madrid ha sido lo mismo desde que aterrizó en agosto, hasta el punto de que el club dejó ir a uno de los mejores jugadores de su historia, Casemiro, una vez se aseguró la presencia del niño gigante francés en su centro del campo. “El Dibu”, uno de esos antihéroes que emergen de las alcantarillas de todos los mundiales, consiguió confundirlo con su aspecto atrabiliario. Su penalti se convirtió en un duelo crepuscular entre negros morochos y delincuentes de la Pampa de cuento de Borges que ganó el que tenía más calle. Pero Tchouaméni tiene más futuro, de hecho es el dueño del futuro.

Tanto a Tochouaméni como a Rodrygo les va a venir bien este encontronazo. Los héroes necesitan tropezar en su camino

Tanto a él como a Rodrygo les va a venir bien este encontronazo. Los héroes necesitan tropezar en su camino. Toda la brillante camada de noveles excepcionales que ya están ocupando los puestos de mando en el Real Madrid de Carlo Ancelotti ha cuajado un mundial regular. Con Vinicius, Tite tuvo miedo. Miedo de que el mundo viera, por supuesto, que ya es más jugador de lo que Neymar será jamás. Aherrojado a semejante titiritero, Vini sólo pudo ser una comparsa. Su cambio ante Croacia dejó manca a Brasil. Los croatas pudieron respirar, estirarse y golpear. A Valverde le tocó viajar con una selección de zombis y Camavinga sigue sumergido en el marasmo del sophomore, esa maldición de los talentos generacionales que los condena a vagar un tiempo por un desierto de melancolía e indefinición tras romper el techo en su año rookie. Para todos, el mundial ha sido una pausa conveniente, un recordatorio de que son mortales y de que la juventud casi siempre va demasiado rápido. Les ha ofrecido conocimientos prolépticos interesantes: pueden ser como Luka Modric o pueden ser como Neymar. Lo único bueno que ha tenido este campeonato es que caer en mitad de la temporada apenas habrá tiempo para las dudas: todos, Camavinga, Rodrygo, Tchouaméni, Vinicius y Valverde, tienen desde el sábado la oportunidad de continuar donde lo dejaron y comprobar que, en efecto, el fútbol es una sucesión de segundas oportunidades.

 

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Siguiendo la estela marcada por Pablo Rivas, Hank nos ofrece un nuevo ejercicio futbolístico-cinematográfico en el que se establecen paralelismos entre películas y clubes.

 

Buenos días, galernautas. Para este nuevo episodio de cine y clubes, hemos decidido tirar de un director que acostumbra a no dejar indiferente a prácticamente nadie con sus películas: Christopher Nolan. Director británico que se ha ganado un nombre a base de realizar películas que no sólo suelen dar un gran rendimiento económico sino que en muchos casos crea la necesidad de revisionarlas para captar todos los matices.

 

The dark knight rises – FC Barcelona

 

“Si mencionas al diablo… se te puede aparecer”.

 

The dark knight rises

No es casualidad que haya elegido esta película para representar al FC Barcelona, pues no en vano es mi película menos preferida del director británico. Vamos, que es la peor que ha hecho, en mi opinión (y con muchos cuerpos de diferencia sobre la siguiente, además). Mas no ocupa el lugar que ahora contemplan ustedes por mis preferencias cinematográficas, sino por cómo el villano de la película, Bane, interpretado por el gran Tom Hardy, es capaz de manipular el relato a su antojo y convencer a la población criminal de Gotham de que su discurso apocalíptico es la mejor solución a sus problemas. Así es, queridos galernautas, los mismos criminales que en la anterior e infinitamente superior película de la saga (The dark knight) decidían no seguirle el macabro juego al maníaco y esquizofrénico Joker, caracterizado por un inmenso Heath Ledger (que Dios lo tenga en su gloria) en aquella fantástica y tensa escena de los barcos que nos demostró que incluso en la peor calaña de Gotham aún residían la esperanza y un último resquicio de humanidad, en esta ocasión deciden atender a la demente verborrea de Bane y llegar a la conclusión de que es una idea fantástica volar por los aires la ciudad en la que habitan (con ellos dentro, esta parte es la mejor de todas) en la que probablemente es la mayor y más doliente patada que han asestado los hermanos Nolan a un guion. Pero así fue.

El mismo tortazo se ha llevado el pobre Barcelona en Champions que el que se pegó en su día The dark knight rises en los premios de la industria

Bane les vendió la anarquía y destrucción de su ciudad y sociedad y los criminales se lanzaron de cabeza a abrazar semejantes ideales de la misma manera que los culés, que al parecer no habían tenido suficiente con su anterior villano y presidente, Bartomeu, se arrojaron a los brazos de las palancas que elocuentemente su flamante nuevo presidente, Joan Laporta, les vendía como si de la panacea se tratase. A Bane le bastó con una carta (confesión) escrita por el comisario Gordon (aunque la podría haber escrito cualquiera, tal y como la presenta el villano) para volver a la gente a su causa, mientras que Joan no tiró de carta sino de pancarta para convencer al público blaugrana de que su candidatura era la mejor de todas.  Pancarta, abrazo a un maniquí inerte y palancas.

Podrían haber sido estas últimas quizá no la panacea, pero sí alguna especie de cura, o al menos un tratamiento paliativo, para la economía del FC Barcelona, si por lo menos se hubiesen destinado esos ingresos al alivio de sus deudas, pero el particular Joker de los culés, Joan, convenció a sus adeptos más acérrimos, sin esfuerzo aparente, de que la mejor manera de acabar con sus deudas era gastando más aún en fichajes y agrandando esa deuda mientras el aficionado culé medio asentía desnortado y aplaudía hasta que le doliesen las manos. La base del argumento era que fichando mejores jugadores llegarían más ingresos tanto por lo que generan estos jugadores como por lo que se ingresaría por ganar más títulos. Algo así como aquello que comentó nuestro expresidente Mariano Rajoy de que “cuanto peor, mejor para todos…” pero explicado de una forma más bonita y con muchos más fuegos artificiales. En fin, el mismo tortazo se ha llevado el pobre Barcelona en Champions que el que se pegó en su día The dark knight rises en los premios de la industria…

 

Atlético de Madrid – Interstellar

 

“La ley de Murphy no significa que vaya a pasar algo malo, sino que si algo puede pasar, pasará”.

 

Interstellar

Nota del autor: Podría centrar la correlación en los eternos descuentos vividos en el Metropolitano, esos que duran tanto como un segundo en el planeta de agua que visitan Cooper y el resto de protagonistas (ya saben, una hora en ese planeta equivalen a siete años en el nuestro), pero resulta una comparativa tan evidente que he preferido buscar otros aspectos.

Interstellar es una película ciertamente fascinante. Es un film que suele dividir al espectador, al que, si le llega al corazón, la convierte automáticamente en una de sus películas favoritas. Si, por el contrario, no le toca la patata de la forma adecuada, le acabará pareciendo una película fallida. Con buenas intenciones, sí, pero fallida. Y es que Interstellar fue el gran intento de Christopher Nolan de llegar a la luna. De colocar su bandera en el Everest para posteriormente contemplar el horizonte satisfecho y extender las manos mientras tocaba las nubes y el cielo con sus dedos. De la misma manera que le ocurre actualmente al Atleti con Simeone, si en algo falló el director londinense fue en la comunicación. En su discurso.

Porque Interstellar, como el Atleti, parecía que lo tenía absolutamente todo para triunfar: un director tan aclamado y reconocido mundialmente como el Cholo en el mundo del fútbol y un reparto tan estelar como extenso que parecía irrepetible. Algunos lectores no lo recordarán, pero hasta hace no mucho venía imperando por la prensa la irrefutable verdad de que el Atlético tenía la mejor plantilla de la liga española. En Interstellar, en cambio, sí que estaba un Matthew McConaughey que entre 2012 y 2014 venía en modo “mejor actor del mundo”, ese estatus que también han tenido otros actores como Kevin Spacey (1995-1999), Russell Crowe (1999-2001) o Daniel Day-Lewis cada vez que le da por levantarse del sofá y abandonar su retiro temporal. Pero ni siquiera tener al mejor salva a uno cuando la narrativa falla.

Cuando uno fuerza tanto algo, acaba resultando difícil que sea creíble y eso es lo que les acabó pasando y pesando tanto a Nolan en Interstellar como al Cholo Simeone

Se suele echar en cara a Nolan esa tendencia a sobreexplicar sus películas, pero en esta en concreto, su gran error fue tratar de abarcar más allá de donde debía con demasiados personajes. Si la película se hubiera centrado a nivel emocional únicamente en la relación de Cooper con su hija Murph (el que debió ser el principal motor afectivo de la película) seguramente el resultado habría sido más satisfactorio y la unanimidad en torno a esta obra habría sido casi total, pero en lugar de eso, Nolan desvió el tiro en mitad del film hacia el personaje de Anne Hathaway, que también venía enrachada por aquella época, pero que ni siquiera en ese estado pudo sostener ese discurso cholista por lo fallido que defendía al amor como una ciencia tan inequívoca y exacta como las leyes de la física.

Ver a Hathaway perdida en dicha tesitura, soltando más que interpretando aquellos diálogos que ni ella misma parecía creerse, fue tan triste como contemplar al pobre Joao Félix en el Civitas desperdiciando su inmenso talento ofensivo, desorientado en medio de ese laberíntico y defensivo entramado táctico que promueve Diego Simeone. Caso similar al de Jessica Chastain, a la que le sobra talento pero le faltaron escenas para terminar de romper la película como apuntaba en los vídeos que le manda a su padre durante su larga odisea. Un poco como lo que le ha sucedido a Simeone con Marcos Llorente, que venía de dar un rendimiento sobresaliente como centrocampista llegador/segundo delantero, pero al que ha acabado por desperdiciar a base de colocarlo de lateral o carrilero. Al final, cuando uno fuerza tanto algo, acaba resultando difícil que sea creíble y eso es lo que les acabó pasando y pesando tanto al director inglés como al entrenador argentino.

 

Memento – Real Madrid

 

“No me acuerdo de olvidarte”.

 

Memento Nolan

Llegamos a la que quizás es la película más redonda de Chris, no en su forma, pues esa sería Tenet, sino en sus intenciones y resultado final. Sin embargo, lo que llama a hermanar a esta señora película con el club vikingo no es otra cosa que su premisa: un hombre que, desde que sufrió un ataque tras el cuál falleció su mujer, quedó incapacitado para generar nuevos recuerdos. De manera que cada poco tiempo, su cerebro sufre un reinicio y no recuerda nada más posterior a lo que sucedió aquella fatídica noche. Así a bote pronto puede sonar incoherente que esta circunstancia pueda ser relacionada de alguna manera con el Real Madrid, pero resulta tremendamente curioso comprobar cómo este trastorno que sufre el personaje le permite no alejarse en ningún momento de su objetivo vital: vengarse del asesino de su mujer sin dejar de buscarlo hasta encontrarlo.

En primer lugar, esa falta de memoria a corto plazo se asemeja al club al que no apoyamos sino vivimos desde el momento en el que acabamos de levantar una orejona y tanto a aficionados como a jugadores sólo nos sale no regodearnos en lo conseguido sino imaginar cómo será levantar la siguiente. Puedo aseverar, sin temor alguno a equivocarme, que la mayoría de los madridistas tenemos grabado a fuego ese momento en el que, recién sacada una Champions del horno, Carvajal y Nacho, como si fueran Merry y Pippin jugando con los cohetes de Gandalf en El señor de los anillos, se comentan el uno al otro que muy bonita y bien ganada esta copa, sí, pero que hay que ir ya a por otra.

Esta incapacidad para recordar tanto lo bueno como la malo es una característica que comparten club y afición como si de un solo ente se trataran

Esta incapacidad para recordar tanto lo bueno como la malo es una característica que comparten club y afición como si de un solo ente se trataran. No en vano se ha visto en el Bernabéu pitar a auténticas leyendas como Cristiano o Zidane porque un día o dos no le salían bien las cosas. En cuanto al club, esa pérdida de memoria a corto plazo ha impedido que las malas sensaciones enraizasen en el grupo cuando se estaba realizando una mala temporada y es la que ha llevado al Real Madrid a imponerse en Europa cuando la liga estaba ya prácticamente perdida en diciembre o cuando se enfrentaba a rivales supuestamente superiores a los merengues por sensaciones o rendimiento actual. Las consecuciones de las séptima, octava, undécima o decimotercera no hacen más que fortalecer esta tesis.

Porque el Madrid, como Lenny en Memento, no permite que la memoria le distraiga de su objetivo. Cada año, sin importar lo que haya sucedido el anterior, se fija la Champions entre ceja y ceja y no la pierde de vista ni por un segundo durante la temporada. Y al Madrid, como a Lenny en Memento, el buenismo y la inocencia le hacen ser un continuo blanco para que personajes de moral reprobable se aprovechen de ellos. Si en la película de Nolan son personajes con intereses cruzados los que se aprovechan del trastorno y las buenas intenciones de Leonard, en España no son pocos los buitres que gorronean alrededor del club blanco, sacando tajada de la desventaja competitiva en la que parte el mismo en forma de arbitrajes y campañas de desprestigio orquestadas por la prensa. No hay más que ver el caso Vinicius, sin ir más lejos, puesto en el ojo del huracán tanto por los medios deportivos, como por los colegiados y rivales. La falta de respuesta, benevolencia o inacción de Lenny y el Madrid ante estos desafueros a menudo suelen ser confundidas con cobardía o debilidad y tienden a ser motivo de subestimación, pero nada más lejos de la realidad. Pocas cosas hay tan peligrosas en este mundo como alguien que tiene absolutamente claro lo que quiere conseguir sin importar lo que cueste. Y el Real Madrid no se cansa de demostrarlo año tras año.

 

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El liderazgo emerge como una fuerza etérea de dudoso origen que impregna a los liderados y les infunde fuerza y confianza para conseguir la hazaña. Pocas personas pueden ejercer el liderazgo de forma idónea ya que es un atributo que ya está ahí antes de nacer y se ejercita desde el primer lloro hasta que la Parca decida. No todos pueden liderar y no todos lo hacen de la forma correcta. El liderazgo requiere de carisma, solidaridad, talento y muchos otros atributos que no todos llegan a alcanzar con plenitud.

En la época napoleónica se enfrentaron dos líderes en busca del dominio mundial de los océanos: Horatio Nelson por parte de la Inglaterra de Jorge III y Pierre Villeneuve en el lado de la Francia de Napoleón. España también era poseedora de grandes comandantes marinos como Churruca, Gravina o Alcalá-Galiano , pero sus paupérrimos líderes nacionales habían sucumbido ante el Corso. Villeneuve, un capitán que había ascendido gracias a sus amistades y a la imperiosa necesidad de oficiales tras la Revolución francesa era un vicealmirante errático, individualista y con falta de talento. Conocido por su terrible gestión de las maniobras previas antes de la batalla de Trafalgar y de la terrible derrota en el estrecho de Gibraltar. Napoleón llego a decir de él: “Le falta determinación y no tiene coraje moral”. En frente, el gran comandante Nelson, dotado de un talento sobrenatural y valentía admirable, lideró a Inglaterra en las guerras Napoleónicas,  era seguido por sus subalternos con admiración plena y destrozó estratégicamente a Villeneuve. El inglés murió en Trafalgar y subió al Olimpo de la memoria británica y el francés sobrevivió pero más tarde se suicidó o puede que “le suicidaran” unos años después. En los liderazgos franceses e ingleses se ha construido gran parte de la Historia contemporánea mundial y europea, para bien o para mal. Y desde Napoleón y en general, los líderes ingleses han brillado más que los franceses.

 

We shall never surrender.

 

El talento de Jude Bellingham es ya archiconocido por el mundo futbolístico y más aún tras el mundial. Pero de lo que vamos a hablar hoy es de liderazgo y este chico de Birmingham ha nacido para capitanear a un buen puñado de marineros y crear una flota invencible. Los regates, las bicicletas, los goles, las carreras son una parte importante del espectáculo, pero en los gestos está la clave. No había podido analizar ni sus gestos ni su comportamiento durante su etapa en Dortmund, solo me había dado tiempo a valorar sus atributos meramente futbolísticos. Pero en el mundial he podido anotar un buen número de acciones donde queda demostrada su categoría como futuro líder del fútbol europeo. Un chaval de 19 años que se acerca a Harry Kane tras el penalti errado, le abraza, le agarra la cabeza y le mira con esa determinación, es un futbolista que ha nacido para comandar un regimiento y dominarlos a todos. En cada partido ha dejado algún detalle como levantar a veteranos del suelo, palmas y ánimos, reprimendas, esfuerzos en defensa y en ataque. Gestos que solo emergen de los elegidos y que muy pocos se pueden permitir antes de los 25 años. Elegante, nada estridente, sin llamar la atención, sin polémica, con muchos kilogramos de carisma. Como Luka Modric.

Bellingham y Harry Kane

En el otro lado del canal de la Mancha hay otro líder, el más talentoso y determinante de todos. No podemos decir que sea un Villeneuve, aunque me haya permitido el símil, porque es uno de los mayores portentos futbolísticos que ha nacido en las últimas décadas y el marino era un mediocre pero, en mi humilde opinión, su liderazgo no es pleno ya que impresiona que sus compañeros no darían la vida por él. Cuando eres una bestia futbolística pero lideras desde el individualismo puedes ganar muchas batallas pero perderás muchas guerras. Y eso es lo que le está pasando a Kylian Mbappé. El francés lidera desde el apabullamiento al rival pero impresiona que sus compañeros no reman ni al ritmo ni en la dirección que el establece. Es un liderazgo parecido al de Cristiano Ronaldo. El individuo por encima del grupo. Hasta la fecha, el francés contribuye a generar grupos dentro de las plantillas, “o ellos o yo”, no cohesiona a los equipos si no que incrementa su toxicidad y dentro del campo juega a ganar él solo el partido. Durante el mundial, no lo he visto en ningún momento bajar a apoyar a sus compañeros o luchar para recuperar un balón aunque sea de forma representativa. No lo vi ni en el Bernabéu cuando Karim Benzema y los suyos decidieron decir su última palabra, ni con Francia en los peores momentos contra Inglaterra y contra Argentina. Sí, en efecto, marcó un hat-trick en la final pero nunca lideró ese partido desde el espíritu. Tchouaméni capitaneó más. Sus compañeros no creen en él como líder, mientras que los jugadores croatas sí creen en Modric, los argentinos creían en Maradona (lo de Messi da para otro artículo sobre liderazgo), los franceses en Zidane o los madridistas en Benzema, Casemiro, Modric o Sergio Ramos.

El Real Madrid no debe dejar pasar la oportunidad con su Nelson, capaz de liderar y luchar codo con codo con sus compañeros, de levantarlos, de abrazarlos, de emitir esa fuerza etérea que impregna a sus soldados

Y esto, añadido a otros factores importantes, es por lo que no quiero a Kylian en el Real Madrid. Aunque creo que como rival lo sufriremos mucho y que nos podemos exponer a su dictadura durante unos cuantos años, su falta de ascendencia sobre los compañeros y su individualismo dentro y fuera del campo me crean rechazo. Mbappé no defendería a Vinicius de las patadas ni le marcaría el territorio a Milner tras su entrada a Benzema. Hay líderes que lo ganaron todo de esa forma menos altruista, como Michael Jordan, pero Jordan era Jordan, rodeado de jugadores que aceptaron su rol y tragaban su constante toxicidad. También tenemos el caso de Kobe Bryant, con un liderazgo individualista en su primera etapa y que fue aprendiendo hasta convertirse en un jugador más cercano y colectivista. Pregúntenselo a Pau Gasol. Y puede que Kylian cambie pero veo un perfil más cercano a su ídolo Cristiano, cuyo egoísmo le funcionó al lado de la CMK y compañía pero que le ha destrozado en el final de su carrera.

Mbappé mundial Catar Francia

El Real Madrid no debe dejar pasar la oportunidad con su Nelson, capaz de liderar y luchar codo con codo con sus compañeros, de levantarlos, de abrazarlos, de emitir esa fuerza etérea que impregna a sus soldados. Jude es un jugador con un aura especial, con mirada y sonrisa de genio, como su admirado Zidane. En una época en la que el histórico liderazgo inglés flaquea: la apuesta debe ser inglesa.

 

Hey Jude

don’t make it bad.

 

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Con ganas de Zorrilla

 

Sí, sí, sí. Estoy con ganas de Zorrilla. Con muchísimas ganas. ¿Les suena? Ya. La ocurrencia no es mía. Podría serlo, pero no. El copyright pertenece a la gente de las redes del Real Valladolid, tipos con ingenio. Con motivo de la visita de la Real Sociedad a Pucela, octubre pasado, la mañana del partido escribieron este tuit: “¿También os habéis levantado con ganas de Zorrilla?”.

Se armó un escándalo. Los absurdos guardianes de no sé qué carajo bramaron. Ganas de Zorrilla, ¡a la hoguera con ellos! El club acabó borrando el mensaje. Fue lo único mal hecho en este episodio: ganaron los majaderos. Y no digo otra cosa porque estamos en las fechas que estamos. Un amigo lo guardó, ahí lo tienen.

¿Qué el estadio se llama Zorrilla, en honor a don José? Ya. Éste y el de antes. ‘Quícir’: usted puede preguntar si se han levantado con ganas de Bernabéu, pero no de Zorrilla. Me apetece homenajear a aquellos artistas aprovechando por donde pasa el Pisuerga, fíjense. Afirmativo: tengo muchas ganas de Zorrilla, de fútbol. De normalidad.

Los absurdos guardianes de no sé qué carajo bramaron. Ganas de Zorrilla, ¡a la hoguera con ellos! El club acabó borrando el mensaje. Fue lo único mal hecho en este episodio: ganaron los majaderos

Será el viernes a las nueve y media de la noche. 30 de diciembre, estadio de la Pulmonía. Tiene arte. El riesgo de partido bastante bajo cero es grande, pero la superanormalidad reinante —el tiempo no es una excepción— anima a pensar que igual se juega con 24 grados a la sombra. Puede ser. Lo normal es que calentitos sólo estén los del VAR, Dios nos proteja.

¿Qué pasará? Pues ni idea. Vamos a abrir un melón raro. Primera vez que todos los equipos se encuentran en la tesitura de arrancar después de mes y medio largo silbando. Unos anduvieron por Catar, otros por el Caribe y el resto, en sus pueblos o desaparecidos. El Madrid acabó raro. Antes de ganar por 2-1 al Cádiz en la despedida empató en casa con el Girona (1-1) y palmó en Vallecas (3-2) en plan tenemos la cabeza donde tenemos.

Cádiz Real Madrid gol Kroos

El Valladolid se despidió con 17 puntos, seis más que el descenso, y cinco jornadas por delante para sumar los 20 en la primera manga: 20 en cada una serían 40 y la permanencia, en el bote. O sea que recibir al Madrid le supone más ganas de divertirse que agobios pensando en la clasificación. Están cumpliendo y bien. Pacheta es un tipo sabio.

Viernes 30. Muchas ganas de Zorrilla, sí

El Madrid arranca como segundo. Tras zumbarle a Barça (3-1), Elche (0-3) y Sevilla (3-1) se atocinó y los azulgrana le superaron en la tabla por dos puntos. Cedió cinco lamentables. Es probable que de no haber ganando el clásico, su final hubiese sido otro, más metido y atento. En fin…

Game over. Sí, claro. El Madrid es mejor que el líder y en un torneo largo debería superarle de 10 veces, 9. Si sale la bola tonta supondrá que Xavi y sus soldados —todos, jaja— lo habrán hecho muy bien y Carletto y los suyos, muy mal. Me sorprendería, pero puede pasar, claro. El fútbol es sorpresa. Fíjense el mundial: íbamos a enseñar al mundo cómo se juega al fútbol y lo hicimos. Pero sólo le ganamos a Costa Rica. De paliza, eso sí.

Viernes 30. Muchas ganas de Zorrilla, sí.

 

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Siempre aprecié como oro en paño las conversaciones con George Karl. Y, desde que fui invitado por J. Bengoechea a involucrarme en La Galerna, sentí el contagio de su fiebre por personajes madridistas. Entrevistas largas, amables, profundas y anecdóticas a la vez. Coincidentes o divergentes expresiones del espíritu del Real Madrid, manifestado en su capilaridad infinita a través del entendimiento y sentimiento de cada cual. George ocupa una posición única, una perspectiva de años y de experiencia en el país que vio nacer y crecer al baloncesto. Un sabio con un currículum de extensión y riqueza sobresalientes que cubre sus palabras con el peso específico de una mente preclara. No hablo en vano ni halago a un amigo: en el mes de septiembre, George Matthew Karl entró a formar parte del Salón de la Fama de Springfield, al que sólo tienen acceso los eximios. Invitados por él, mi excompañero Quique Villalobos y quien esto escribe vivimos junto al galardonado momentos conmovedores. En especial, cuando en su discurso citó su etapa como madridista que detalla en esta conversación vibrante y sincera.

Aun con la relevancia de los méritos citados, en mi deseo de entrevistarlo pesaba mucho más lo personal. Las vivencias compartidas con George están incrustadas en mi memoria con un brillo inextinguible. Desde el principio, el Coach ganó nuestra confianza por su conocimiento y su personalidad. Un hombre exigente, familiar, abierto a una experiencia emocionante, trágica, desconcertante, en la que descubrió nuestro deporte y nuestro país. Las costumbres, la comida, la lengua que no pudo aprender. Su pretensión de integración habla de una humildad proverbial, quizás aprendida en una vida con tantos vaivenes.

Por encima de todo, George Karl comprendió al instante la grandeza del Real Madrid y la vocación madridista de unos jugadores que sentíamos el club en las entrañas. Su actitud cautivó nuestra admiración, que devino en amistad gracias a su empeño en que así fuera. Un hombre que mostró coraje y gallardía continuos por más que su devenir madridista distara de lo que soñó. Y, si no me creen, sigan leyendo…

George Karl entrevista

 

Entrenador, ¿tú eres consciente de cuánto se te quiere en Madrid?

Bueno, es mutuo. (Se pone de pie y por primera vez vemos que lleva puesta su camiseta del Madrid, cuyo escudo nos muestra desatando nuestros aplausos). Hay muchas historias respecto a mi estancia en el Real, dividida como recordaréis en dos períodos (89/90 y la mitad de la temporada 91/92), que reflejan hasta qué punto significó mucho para mí. Fue un tiempo de aprendizaje, muy duro en algunos momentos, pero que sin duda estableció los cimientos del entrenador en el que yo me convertiría. Crecí como técnico allí. Llegué siendo un entrenador joven, con un ego fuera de control en algunos aspectos. Era un tipo bastante desagradable en ocasiones. Llegué allí con mi familia y todo era nuevo para nosotros, en un país diferente. Era un reto, sobre todo por el idioma. Me hizo darme cuenta de que necesitaba convertirme en un tipo emocionalmente más estable y equilibrado. No solo por mí, sino también por mi familia. Y para ello tuve que superar anímicamente muchas dificultades. Para empezar, en mi primer mes allí, Drazen (Petrovic) se va a Portland. Y dos meses después, por supuesto, ocurrió lo de Fernando.

Llegaremos a ese punto, pero antes me gustaría comenzar por el verdadero comienzo, que no es ese momento en el tiempo, frente a lo que mucha gente cree. Porque en 1971 ya estuviste en Madrid, para disputar un partido como jugador y contra el Real. Fue en diciembre de 1971, en el mítico Torneo de Navidad que ganaste jugando como base del equipo de la Universidad de Carolina del Norte. Por cierto, te manda recuerdos Vicente Ramos, base con el que te las tuviste tiesas en aquel partido. ¿Qué recuerdo tienes de aquello?

 

¡Un recuerdo buenísimo porque ganamos, a pesar de que no fue un partido fácil! (77-83). Digamos que nosotros éramos estudiantes de universidad y ellos eran hombres. Ellos eran más físicos, en efecto. En aquel Madrid contra el que jugué no solo estaba Ramos, sino también Clifford (Luyk), que acabaría siendo mi segundo entrenador y Wayne (Brabender), que sería quien me relevaría en el banquillo veinte años después. Hay muchas conexiones futuras en aquel partido del 71. Por eso llevo ese recuerdo tan cerca del corazón. Por otro lado, jamás olvidaré el humo que había en el pabellón.

Claro. Entonces estaba permitido fumar en casi todas partes, algo impensable hoy.

Eso es. ¡Recuerdo también que después del partido fuimos a una misa católica! (Imaginamos que era la Misa del Gallo, tratándose como se trataba del día de Nochebuena). No recuerdo dónde estaba la iglesia. Coach (Dean) Smith iba con nosotros. Jugamos tres torneos aquel diciembre y ganamos los tres. Pero aquella Nochebuena en Madrid fue especial. También recuerdo, cómo olvidarlo, que después de la misa fuimos a una fiesta, sabe Dios en qué hotel. Nos subimos a un ascensor seis o siete tíos y el ascensor ¡se desplomó! (Risas). No nos ocurrió nada pero pasamos mucho miedo.

(Risa). Te llevaron a misa a las doce de la noche, te hicieron jugar en un pabellón repleto de humo, casi te conducen a la muerte en un ascensor, y aun así casi veinte años después aceptarías la propuesta de ir a entrenar en esa ciudad loca. ¡Ciertamente estaba en tu camino entrenar a los blancos!

Me sentí muy honrado cuando, en el 89, recibí la propuesta. En su nivel universitario en USA, la Universidad de Carolina del Norte tenía la máxima exigencia, y al Madrid le distinguía la misma exigencia en el baloncesto europeo. Yo sabia que el Madrid era el equivalente europeo a los Lakers o los a Celtics, o lo que los Yankees serían en baseball. Esa exigencia propia del campeón era algo que a mí me hacía disfrutar mucho, y aunque no llegamos a campeonar cuando yo estuve allí (ya hemos dicho que las circunstancias fueron muy difíciles), quedé muy feliz al ver en los años siguientes que el equipo que yo dejé sí fue capaz de conquistar títulos.

George Karl entrevista

Dices que no ganaste títulos en tu tiempo en el Madrid pero sí ganaste, ya como entrenador, en tu segunda temporada, el Torneo de Navidad con los blancos, el mismo que disputaste como jugador con North Carolina.

Es verdad. De hecho, me pregunto si no seré el único que ha logrado el Torneo de Navidad como entrenador y como jugador, curiosamente. (Nota: no lo es, también Lolo Sainz, Clifford Luyk y Wayne Brabender lo lograron desempeñando ambos cometidos, pero sí es el único que lo consiguió con dos equipos distintos). Pero lo que más recuerdo de mis primeros tiempos en España, ya entrenando al Real, es la pasión, el entusiasmo. Jugábamos duro. Esto puede sonar extraño, pero siempre he pensado que jugar duro es un talento, no es solo una actitud, especialmente a un nivel profesional. Mis jugadores siempre jugaban duro. Eran (erais, Joe) tipos enfadados. Y fíjate que ese no era el caso en Yugoslavia, Francia o Italia por entonces. Por entonces no sabía que España iba a convertirse en el equipazo que desafiaría a nuestros jugadores de la NBA, pero ya aprecié que había una intensidad especial en el baloncestista español. No lo he sentido en ningún otro país. Las cosas se podían volver locas por momentos, pero yo gozaba mucho de esa intensidad. ¡Yo mismo me vuelvo loco también en algunos momentos!

¿Qué te sorprendió más de aquel equipo cuando empezaste a entrenarlo en el 89? ¿Qué te parecimos?

Me sorprendió lo que he dicho, y también la gran calidad que había. Recuerdo que el primer partido que jugamos lo hicimos sin los americanos, y que era en una cancha ahí arriba, en el País Vasco. Yo sabia que podíamos ser muy buenos. El Barça tenía a Epi, el Joventut tenía a Montero y Villacampa. Eran excelentes equipos. Recuerdo jugar contra Aíto, que era el entrenador de España en muchos aspectos. Pensé que el baloncesto español era un buen cruce entre el baloncesto universitario en USA y la NBA. Tuve que adaptarme al formato de partido, 40 minutos separados en dos tiempos, y a reglas diferentes en cuanto a los tiempos muertos también. Tenía que aprender. Tenía que acostumbrarme también a atacar defensas en zona, cosa no permitida en el baloncesto del cual venía yo. Es lo que decía antes: ¡tuve que crecer! Tuve que madurar. Y ese aprendizaje fue un pilar en los cimientos de mi carrera futura. Mi carrera, de hecho, no hizo sino crecer de un modo muy positivo desde el momento en que abandoné el Madrid. Y es lógico, porque esa temporada en España me hizo aprender mucho sobre mí mismo, como persona, y sobre mi persona dentro del mundo del baloncesto. Porque claro, yo no dominaba el español, y cuando tienes esa barrera idiomática tienes que aprender a escuchar mejor. Eso te obliga a hacer más preguntas, a centrarte más en las conversaciones. Eso te hace crecer.

Una de las cosas que me vienen a la mente  es que comíamos siempre juntos en los viajes, ¿te acuerdas?

¡Y con un poco de vino! (Risas). Todavía recuerdo las cosas que me hacíais comer. ¿Cómo era aquello con huevos revueltos? ¿O eran huevos fritos encima de algo?

Creo que te refieres a revueltos de gambas y trigueros, y a huevos rotos con jamón. 

Yo qué sé, pero ¡estaba bueno!

George Karl entrevista

 

Tengo un recuerdo imborrable de un día en que estábamos tomando un café en un pequeño pueblo del interior de España, y se nos acercaron unos niños a pedirnos autógrafos. Me dijiste que, a través de los ojos de esos niños, comprendiste lo importante que el Real Madrid es en España.

El Real Madrid es en España una institución más importante de lo que cualquier entidad deportiva profesional representa en Estados Unidos. Aquellos niños de los que hablas plasmaban en sus caras todo el amor y la devoción que el Real Madrid, tanto en fútbol como en baloncesto, suscitan en vuestro país. En América tenemos algo de eso, pero los fans estadounidenses son un poco más volubles. Los seguidores del Madrid son más leales, más apasionados, que nada que yo haya visto en mi país. Mira cómo eran los Madrid-Barça. Puf. Eso es llevar la rivalidad a un nivel superior.

Ha llegado el momento de hablar del día que murió Fernando. ¿Te sientes con fuerzas?

George Karl entrevista

 

(Resopla). Mira, si excluyes el nacimiento de mis hijos, aquellos tres días tras la muerte de Fernando son los más emotivos e intensos de mi vida. Mi hijo Coby tenía una relación muy especial con Fernando. Cuando él entrenaba, Coby andaba por ahí y le cogía los rebotes para que Fernando siguiera lanzando. El día del accidente, estábamos todos, Coby también, en el pabellón, esperando para el partido. Fernando no iba a jugar ese encuentro porque tenía problemas en el tendón de Aquiles, pero tenía que venir al pabellón a entrenar en todo caso. Unos y otros nos fuimos enterando de lo que había pasado. Yo no sabía qué hacer. Los jugadores os empezasteis a marchar en diferentes direcciones, supongo que la mayoría al hospital, pero yo no sabía ni siquiera dónde estaba el hospital, así que no tenía ni idea de adónde ir. Me enteré unos minutos después de que había muerto. Y esa noche… (Hace una pausa y vemos cómo traga saliva en Denver). Esa noche fue la primera vez en que tuve que explicar a Coby que alguien había muerto. A día de hoy Coby, que entonces tenía seis o siete años, recuerda perfectamente ese momento.

¿Te acuerdas también del día siguiente?

Claro. Por la mañana tuvimos un encuentro, todos, en el Pabellón. Antonio (Martín) estaba allí junto a sus hermanos, y diría que también su madre. La familia me llevó a un rincón apartado y me dijo cuánto me respetaba y me quería Fernando. Y yo sabía que le caía bien, pero no que se sentía conectado a mí de una manera tan poderosa, no lo supe hasta ese día. Era una habitación pequeña en el pabellón (probablemente en el palco) y la escena duró unos veinte minutos. Clifford vino luego y me habló del funeral, que iba a ser esa noche a las ocho. Yo era un americano recién llegado a Madrid, y como no sabía orientarme por la ciudad pensé que no iba a encontrar el lugar del funeral y no fui, aunque luego supe cómo había sido. Supe que al final la gente había empezado a corear “Fernando está aquí” (Nota: la entrevista es en inglés pero George repite esto en castellano, al igual que la palabra "palacio", que usa para referirse al pabellón).

George Karl entrevista

Allí no estuviste, pero sí al día siguiente en el pabellón donde estaba el féretro y donde tantas personas vinieron a expresar sus condolencias y su respeto a Fernando, con la delegación del Barça al frente.

¿Cuánta gente vino? Sabe Dios. Recuerdo unos veinte autobuses de equipos de la liga.  No sabíamos cómo sacar el féretro del Palacio, ¿te acuerdas?, hasta que espontáneamente jugadores de diferentes equipos lo subieron por las escaleras y lo sacaron al exterior. Era como una película. Alguien tendría que rodarla. Ahí nos subimos en nuestros autobuses y fuimos al cementerio. Yo me asomaba por la ventana y veía a fans siguiéndonos en nuestro camino para dar sepulcro a Fernando. Y no sé si te acuerdas, Joe, pero los autobuses no podían entrar dentro del cementerio porque el arco era demasiado bajo, de manera que todo el mundo descendió de los autobuses, con sus trajes y sus vestidos negros tan impecables, y se adentró entre las tumbas bajo una lluvia fina.

Recuerdo el frío que hacía. Recuerdo también que llovía. 

Había tanta gente que nunca llegamos a donde tuvo lugar el descenso del féretro, sino que nos encontramos a la familia ya cuando volvían de hacerlo. Allí fue cuando nos fuimos al centro de la ciudad, otra vez en el autobús, para comer juntos en el hotel de concentración, ¿te acuerdas, Joe? En cierto punto algunos se fueron a sus habitaciones a descansar un poco, pero los demás nos quedamos contando historias de Fernando. Estaba Chechu. Estaba Quique (Villalobos). Estaba Clifford. Llorábamos. Chechu estaba enfadado (con el destino, supongo). Bebí muchas cervezas. Creo que es la primera y la última vez que me he emborrachado antes de un partido. Una pequeña siesta y nos fuimos a jugar.

Claro. ¡Porque jugábamos contra el Paok esa misma tarde en el Palacio!

Eso es. ¿Recuerdas el prepartido, con las ofrendas florales y la camiseta de Fernando encima de la silla? Yo pensaba: wow, algo muy especial está pasando aquí. Algo tremendamente poderoso. Total, que comienza el encuentro y jugamos de espanto.

Así fue, George. Pero algo pasó en el descanso, ¿te acuerdas? En el segundo tiempo entramos en una especie de trance.

Exacto. En el descanso os dije: “Chicos, cualquiera entendería que perdierais este partido. No habría nadie en el mundo que pudiera culparos por ello. Nadie excepto una persona: Fernando”. Y era así. Él, incluso en esas circunstancias, nos habría dicho que deberíamos ser capaces de superar lo sucedido y ganar. Íbamos perdiendo por quince o dieciséis puntos, pero los siete minutos que jugamos a la vuelta del descanso fueron los mejores que un equipo mío haya disputado jamás. Antonio (Martín) estuvo increíble. Acabamos ganando el partido, y la gente coreaba “¡Fernando está aquí! ¡Fernando está aquí!” Y los jugadores os subisteis a la grada y os abrazasteis a la gente, y trepasteis al palco donde estaba la madre de Fernando. Y la abrazasteis. He contado esta historia cien veces, y siempre que lo cuento alguien me dice que se debería hacer una película sobre esto.

La percepción de aquella tu primera temporada, cuando concluyó, fue que había sido un fracaso. Yo discrepé y discrepo profundamente. Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, veo que hicimos un gran esfuerzo. Lo intentamos de manera ejemplar en medio de la fatalidad. La marcha de Drazen. Lo de Fernando. La grave lesión de Chechu. Con todo, llegamos a la final de la Recopa ante la Knorr de Bolonia y a semifinales de Liga. ¿Qué opinas?

Como entrenador me sentí decepcionado porque no fui capaz de dar con el modo de ganar aquella Final. Pero, mirando atrás, queda la satisfacción retrospectiva de haber mantenido al equipo de una pieza y compitiendo a pesar de tantos acontecimientos negativos. Hicimos un buen trabajo. Y perdimos contra grandes equipos. Yo probablemente manejé a los medios de manera muy mejorable. Busqué más la confrontación de lo que debía haber hecho. Pero es lo que dices, se dieron cita muchas calamidades. Además de las que cuentas, tuvimos otras lesiones menores pero muy inoportunas que nos hicieron afrontar las semifinales ante Joventut con solo siete u ocho jugadores aptos.

“Chicos, cualquiera entendería que perdierais este partido. No habría nadie en el mundo que pudiera culparos por ello. Nadie excepto una persona: Fernando”

Esto no es parte de la entrevista, George. Solo un recuerdo que tengo. En el regreso de nuestra derrota estaba sentado en el aeropuerto triste y pensativo. Te acercaste y me diste el mejor consuelo posible: "Tienes", me dijiste, "que estar muy orgulloso de lo que has hecho estos años". 

Siempre te he tenido un gran respeto porque cuando fichamos a Mike Anderson me dijiste: "No necesitas un base. Yo soy el base". Y tenías razón. Lolo y Clifford te apoyaron y jugaste muy bien para nosotros. Quizá había otros jugadores con más talento, pero tú jugaste de la forma necesaria. Nos lideraste como hacía falta.

El presidente Mendoza no renovó tu contrato al término de aquella temporada, pero sin duda se arrepintió, porque un año más tarde te pidió que volvieras. Y aceptaste.

No solo el presidente me quería de vuelta, sino que me convertí en el punto en común para ambas candidaturas a la presidencia. (Risas, tras las que recordamos, en efecto, el debate electoral en Telemadrid en el que Alfonso Ussía anunció el acuerdo de su candidatura para el retorno de George, a lo que Mendoza respondió con un lacónico “Pero si a Karl también lo tengo firmado yo”. Más risas). Fue una gran etapa de mi vida, de verdad. Sigo teniendo esperanzas de que algún día podamos hacer un documental sobre mi estancia en Madrid.

El Real Madrid es en España una institución más importante de lo que cualquier entidad deportiva profesional representa en Estados Unidos. Aquellos niños de los que hablas plasmaban en sus caras todo el amor y la devoción que el Real Madrid, tanto en fútbol como en baloncesto, suscitan en vuestro país

Ojalá. Volviste un año después, como indicas, pero a mitad de temporada fuiste tú esta vez quien se marchó. ¿Por qué? Te queríamos. Nos rompiste el corazón. (Risas). Supongo que la oferta de los Seattle SuperSonics era irrechazable, aunque también que el maltrato de la prensa, del que antes hablabas, te ayudó a dar el paso.

Lo de la prensa influyó. Nos iba bien, yo había tomado la buena decisión de fichar a Ricky Brown y Mark Simpson, dos tipos con veteranía que nos estaban ayudando mucho, pero los medios no daban tregua. Recuerdo ir a comer con mi familia el día de Año Nuevo (92) y decirles “Bueno, acabaré el año y luego nos vamos”, porque estaba harto de los medios y tampoco me sentía inmensamente respaldado por el club. La cosa se adelantó porque recibí una oferta para ir a entrenar a Seattle. Para entonces ya me habían hablado de ir de asistente de KC Jones, aunque luego resultó que en realidad Jones no me quería. Pero Jones perdió siete partidos seguidos en todo caso, con lo que la oferta volvió a mí pero ahora para ser primer entrenador de los SuperSonics. Sentí que decir que no supondría perder mis opciones en la NBA. Sentí que tenía que irme. La razón no fue económica, porque estaba ganando más dinero en Madrid del que me ofrecían en Seattle. Era por no desligarme de la NBA.

Y bien que hiciste. Estaba clara que esa decisión estaba en tu camino, porque gracias a ella a la larga te convertirías en lo que eres, es decir, uno de los nueve únicos entrenadores de la NBA con más de mil victorias. En concreto, eres el sexto, con 1.175 si no recuerdo mal.

Es algo así. No me sé la cifra de memoria. (Risas).

Yo sabia que el Madrid era el equivalente europeo a los Lakers o los a Celtics, o lo que los Yankees serían en baseball. Esa exigencia propia del campeón era algo que a mí me hacía disfrutar mucho

En el 96, al frente precisamente de los SuperSonics de Seattle, rozaste el Anillo jugando los seis partidos de una apasionante final de la NBA ante los Bulls de tu amigo Jordan. ¿Es el logro de tu carrera que te da más orgullo?

Y jugamos bastante bien, además. Aquí en Denver llegamos a la Final de la Conference con los Lakers, ese fue otro gran momento. ¿Lamento no haber podido ganar el Anillo? Sí, claro. Pero también lamento no haber podido ganar la Copa de Europa. (Sonríe con melancolía).

Bueno, no la ganaste, pero pocos años después el equipo lo hizo. Ese logro es en parte tuyo también.

Bueno, sí puedo decir que justo antes de marcharme hice un informe en el que recomendaba al vicepresidente Mariano (Jaquotot) que fichara a Sabonis. “Si realmente quieres ganar en Europa, ficha a Sabonis”, le recomendé. Evidentemente, Arvydas fue esencial en el campeonato europeo que llegaría pronto. Creo que puedo pedir un poco de crédito por esto. (Se ríe mientras acerca el dedo índice al pulgar).

¿Qué significó para ti la entrada en el Hall of Fame?

Fue la culminación de mi carrera, y me encantó que Quique (Villalobos) y tú pudierais asistir. Y fue una buena ocasión para contar a todo el mundo lo importante que el Real Madrid ha sido para mí. Incluso me convertí en un fan del soccer (fútbol) gracias a mi estancia allí y a pesar de que, al igual que el de baloncesto, el equipo de fútbol no hizo gran cosa en mi época. (Risas). Me enorgulleció la victoria de España en el Mundial de 2010, jugaban distinto a otras selecciones. Tanto en fútbol como en baloncesto, soy un fiel seguidor del Real Madrid. Tengo la ilusión de que mi hijo Coby pueda algún día entrenar al equipo de baloncesto del Madrid.

Para despedirnos, ¿cuál sería tu mensaje para los seguidores merengues?

Que estoy orgulloso de haber entrenado a ese gran club durante dos años de mi vida. Orgulloso de ser madridista. Mi corazón, en muchos aspectos, sigue en Madrid.

Gracias, George. Esperamos verte pronto por aquí.

 

Entrevista: José Luis Llorente Gento, Jesús Bengoechea

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