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El enigma Benzema

El enigma Benzema

Escrito por: Athos Dumas21 diciembre, 2022
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Karim Benzema cumplió 35 años el pasado 19 de diciembre y se autorregaló su despedida como jugador de la selección nacional francesa.

Una decisión, sin duda, más que meditada y cuyo anuncio no fue casual, ya que se produjo, a través de sus redes sociales, apenas veinte horas después de la derrota de su selección en el infame mundial de Qatar.

Acaso se olía (o tenía convicción) Benzema que Didier Deschamps iba a seguir como seleccionador galo, tapando una vez más la posible llegada al puesto de Zinedine Zidane; acaso puede que también su nivel de hartura o hartazgo sobre su figura en torno al equipo del gallo ya habría sobrepasado cualquier límite aceptable para él.

Extraño caso el de Karim con su selección, sobre todo comparándolo con su impecable trayectoria en el Real Madrid, donde ha disputado 617 partidos, anotando 329 goles y regalando 160 asistencias, con cero polémicas en trece temporadas y media (apenas seis tarjetas amarillas, una cada dos temporadas, y sin haber sido expulsado jamás, tampoco en el Olympique de Lyon ni en su selección nacional).

Precisamente, nada más producirse el parón de la Liga por el mundial de Qatar, Benzema se dio un baño de masas en el estadio Parc OIympique Lyonnais (o Groupama Stadium), de Lyon, totalmente abarrotado, ofreciendo al público del club de sus inicios (y de su población de origen) su reciente Ballon d’Or conquistado por goleada unas semanas antes.

Se da la enorme paradoja que hay entre la adoración que le profesan en Lyon y en muchos rincones de Francia, siendo el ídolo de cientos de miles de jóvenes de origen magrebí o del resto del continente africano, y su siempre polémica presencia en la selección de Francia, empezando por su no inclusión por parte de Raymond Domenech en la lista definitiva que fue en 2010 a Sudáfrica, supuestamente por su mediocre rendimiento en su primera temporada como jugador del Real Madrid (intervino en treinta y tres partidos, anotando nueve goles y seis asistencias), y eso a pesar de haber debutado en la absoluta en 2007, a sus diecinueve años, y tras haber preferido jugar con Francia antes que con la selección argelina, origen de sus padres.

La historia de Karim como “bleu” nunca fue demasiado exitosa. Sus pasos por las Eurocopas de 2008 y 2012 (en esta última, ya a las órdenes de Laurent Blanc) fueron sin pena ni gloria, y en 2014, recién proclamado campeón de Europa con el Madrid, Deschamps lo incorporó a la lista de los veintitrés elegidos para el Mundial de Brasil como una de las figuras estelares de su selección. Allí fue sin duda uno de los mejores, con tres goles marcados en cinco partidos, que llevaron a Francia hasta los cuartos de final, en donde la Alemania liderada por Toni Kroos dio buena cuenta de los galos.

Ya por entonces era el delantero centro indiscutible del cuadro merengue, tras haber superado, siempre sin rechistar y sin un solo reproche ni una sola mueca, la competencia con el Pipa Higuaín (con algún episodio célebre como el de la comparación que hizo Mourinho de Karim con un gato, apodo en su origen despectivo, pero que ya hoy en día está plenamente aceptado y adoptado por el propio Benzema), y con temporadas más que notables, con cincuenta partidos y unos veinticinco goles de promedio (con un máximo de treinta y dos tantos en la inolvidable temporada de los récords, la 2011-2012), además de haberse convertido en un impagable socio de Cristiano Ronaldo, que ya se hinchaba a marcar goles gracias en buena parte al trabajo y a la magia de Karim.

Cristiano Ronaldo Benzema Real Madrid Liverpool

Hasta el mes de diciembre de 2015, todo sonreía para Benzema en su selección, ya que con veintiocho años ya había jugado en ochenta y una ocasiones en ella, con veintisiete goles aportados más dieciocho asistencias, cifras algo inferiores a las que accedía vestido de blanco, pero bastante notables, jugando en punta muchas veces junto a Griezmann y a Giroud. El 11 de dicho mes, Benzema fue oficialmente apartado de la selección por el llamado “affaire Valbuena”, hasta que el juez decidiera su resolución.

A partir de ese momento, hubo una auténtica cacería mediática por parte no solo del seleccionador, sino también del presidente de la FFF, Noël le Graët, y llegó incluso a instancias gubernamentales, con declaraciones fuera de lugar de ministros e incluso filtraciones desde la Presidencia de la República, que demonizaron al delantero lyonnais bastantes meses antes de producirse el juicio, dando por supuesta la culpabilidad de Benzema y, en consecuencia, su destierro más absoluto del entorno de los “bleus”.

Debieron de ser aquellos unos momentos muy duros para el francés, que, no obstante, y de forma inmediata, recibió por parte del Real Madrid (a base de comunicados oficiales y en las redes sociales), un apoyo incondicional. Benzema, al menos de puertas afuera, jamás se quejó ni se lamentó por aquellos feroces ataques desde el mismo centro del establishment de la República Francesa.

Se centró más que nunca en su equipo y, con la ayuda inestimable de Zinedine Zidane entre otros, pudo jugar y entrenar única y exclusivamente para el club que le pagaba: fueron los años inolvidables de las tres Champions logradas consecutivamente. Lo cierto es que bajó algo su producción en forma de goles y asistencias (en particular, en su año valle 2017-2018, donde fue muy criticado al aportar tan solo doce goles y once asistencias, si bien, por ejemplo, fue decisivo en los dos partidos de semifinales ante el Bayern o abriendo el marcador en Kiev ante el Liverpool, en el partido que supuso traer la Decimotercera), con respecto a temporadas anteriores. Todavía, durante ese trienio glorioso, y en particular en la 2016-2017, Benzema tuvo que aguantar muchas tardes en el Bernabéu de silbidos, de murmullos y run-run, con cientos de piperos reclamando la titularidad de Álvaro Morata (uno de los líderes de aquella famosa “segunda unidad” de Zidane) en lugar del galo. Como siempre, Benzema contestó con su silencio, con su trabajo y jamás se le vio una sola mala cara ni un gesto de tristeza ni de desdén.

hubo una auténtica cacería  por parte no solo del seleccionador, sino también del presidente de la FFF, Noël le Graët, y llegó incluso a instancias gubernamentales, con declaraciones fuera de lugar de ministros e incluso filtraciones desde la Presidencia de la República, que demonizaron al delantero lyonnais bastantes meses antes de producirse el juicio, dando por supuesta la culpabilidad de Benzema y, en consecuencia, su destierro más absoluto del entorno de los “bleus”

El tren de la selección había partido de la estación, y Karim se perdió, mientras tanto, la Eurocopa de 2016, disputada en Francia (en la que los anfitriones perdieron la final ante la Portugal de Cristiano), y, sobre todo, el Mundial de Rusia 2018, en el que sin duda Didier Deschamps pudo sacar pecho al ganar la Copa del Mundo, con una selección de titanes físicos (Pogba, Kanté, Matuidi) y con Griezmann y Mbappé como matadores. Deschamps y muchos medios franceses presumieron de no haber tenido que volver a llamar a Benzema, por aquel entonces ya cuádruple campeón de Europa de clubes (más que ningún francés, tan solo empatado con Varane), y titular indiscutible en las 4 ocasiones. Es más, sacaron pecho por haber logrado su segunda estrella mundial con Olivier Giroud de titular, un ariete que no marcó ni un solo gol en tierras rusas.

Llegó el final terrible de la primavera de 2018 para el madridismo, con los adioses dolorosos de Cristiano, en primer lugar, y de Zidane, unos días más tarde. Todo el mundo pensaba que llegaba por fin el momento de que Gareth Bale tomase el liderato del grupo, habiendo estado a la sombra (con grandes cifras y, sobre todo, actuaciones memorables en partidos decisivos) de CR7 durante cinco años. Todos sabemos que no fue así. Y, aunque la temporada 2018-2019 fue quizás la peor que recuerdan los madridistas en décadas, fue Karim Benzema el que dio un paso al frente, y acabó con cifras de sus mejores momentos, logrando treinta goles en cincuenta y tres partidos, que contribuyeron enormemente a que el descarrilamiento del equipo no fuese de aúpa, y al menos se pudo garantizar la tercera plaza en la competición liguera, tras sendas debacles en Copa del Rey ante el Barcelona y, sobre todo, ante el Ajax en Copa de Europa.

Desde entonces, el fútbol y el liderato en el campo han sido los dominios de Benzema, cuya contribución en “la liga de la pandemia” fue decisiva, hasta la increíble temporada 2021-2022, con la enormidad de haber anotado cuarenta goles en cuarenta y seis partidos, aderezados con sus quince valiosas asistencias. El Balón de Oro más merecido en años se lo entregaron en octubre, hace un par de meses.

Pero antes, en mayo de 2021, había obtenido el perdón de las autoridades futbolísticas francesas. Seguramente, Le Graët y Deschamps, pese a que Benzema fue reconocido culpable de complicidad en el caso Valbuena, pensaron que las cifras de Benzema en el Madrid, su talento inconmensurable y su capacidad de liderazgo iban a ser muy necesarios para afrontar la Eurocopa de 2021 (ya que en 2020 no se pudo disputar por el COVID). Convocatoria pues, cinco años y medio después, cuando la mayoría de los madridistas habíamos podido disfrutar en exclusiva (y con los descansos correspondientes en los malditos “parones de selecciones”) del fútbol de Karim, que vivía una segunda juventud a sus treinta y tres años largos, lejos de los deterioros físicos de futbolistas contemporáneos, que acumulaban temporadas de sesenta partidos por su participación también con sus selecciones.

Pareció entonces que Benzema volvía a conseguir el cariño de casi todos los franceses (una buena parte de ellos siempre le dio la espalda, por motivos políticos, sociológicos, raciales o, simplemente, por no tararear “La Marsellesa” al principio de los partidos) por su actuación en la Eurocopa 2021, en la que fue con diferencia el mejor de los suyos (con sendos dobletes ante Portugal y ante Suiza), pero cuya actuación no fue suficiente, ya que Francia cayó por penaltis ante los helvéticos, en octavos de final. Meses después, volvió a ser la figura indiscutible durante la Nations League, en la que por fin consiguió un título de selecciones, con goles decisivos ante Bélgica en semifinal y ante España en la final.

Benzema y Mbappé con Francia

Fueron meses en los que diarios como L’Equipe empezaron a sacar pecho por él, reconociendo su inmensa calidad y relamiéndose de cara al mundial de Qatar 2022. En varias encuestas de entonces, su presencia en l’Equipe de France se votaba con una enorme aceptación mayoritaria. Además, se percibía una enorme complicidad y cariño entre Benzema y Mbappé, posiblemente los dos2 mejores jugadores del mundo a finales de 2021.

No se sabe cómo empezó a romperse de nuevo el idilio entre Benzema y su selección nacional. Puede que hubiese un ataque de celos por parte de Mbappé cuando el Real Madrid pasó por encima del PSG en el estadio Santiago Bernabéu en el mes de marzo de 2022, lo que supuso el punto final de los parisinos en su camino hacia la Copa de Europa, que jamás han conseguido. Mbappé hizo de todo, y todo bien, en la eliminatoria ante el Madrid, tanto en el Parque de los Príncipes como en el Bernabéu y, sin embargo (como en la reciente final de la Copa del Mundo en Qatar, ante Argentina), quedó fuera de la competición.

También puede que se rompiese algo entre la pareja Karim-Kylian una semana antes de la final de la Champions, el 21 de mayo, cuando Mbappé anunció su renovación por el PSG, traicionando al Real Madrid, faltando a su palabra con Florentino Pérez. Puede que Benzema se sintiese dolido incluso en mayor medida que la mayoría del madridismo, por la particular relación de amistad que había entre ambos jugadores.

La vendetta, ya bien de Deschamps, o de Lloris, o de Griezmann, o de Mbappé, o del propio Giroud, que veía sin duda peligrar el papel protagonista que sí que lució en Rusia 2018, o bien de todos a la vez, en una versión a la francesa de la magna obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna (Fontaine des Moutons, podría ser la traducción), estaba a punto de cocinarse

También se dice que, cuando se incorporó Karim a su selección, tras conquistar la Decimocuarta en Saint Denis, Deschamps pidió al resto de seleccionados un aplauso para el lionés y – según se ve claramente en un vídeo redifundido recientemente – el capitán Hugo Lloris y el colchonero Antoine Griezmann, ambos pesos pesados del vestuario bleu, pusieron “caritas”, mostrando poco respeto y aún menos ganas de felicitar al quíntuple ganador de la Champions.

Más cosas sucedieron después del verano. Pese a que Benzema iba a ser teóricamente indiscutible titular en Qatar, se dice – y conociendo al personajillo mediocre de Deschamps, es más que probable – que el seleccionador francés se molestó (o se rebotó, o se rebrincó) porque Benzema no se acordó de él a la hora de recibir el Balón de Oro en París, en el mes de octubre. Es creíble, dada la catadura moral del elemento en cuestión. Todos sabemos que el Balón de Oro fue conquistado en un 99% por los méritos adquiridos vistiendo la elástica merengue.

Karim padeció varias lesiones durante los meses de septiembre y de octubre, sufriendo incluso críticas de bastantes madridistas (que sin duda no recordaban el absoluto e innegable compromiso con su club en todas las ocasiones durante más de trece años, y su dedo meñique derecho semi destrozado da buena fe de ello) porque pensaban que se estaba reservando única y exclusivamente para lo de Qatar.

La vendetta, ya bien de Deschamps, o de Lloris, o de Griezmann, o de Mbappé, o del propio Giroud, que veía sin duda peligrar el papel protagonista que sí que lució en Rusia 2018, o bien de todos a la vez, en una versión a la francesa de la magna obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna (Fontaine des Moutons, podría ser la traducción), estaba a punto de cocinarse.

Tan solo faltaba encontrar una pequeña excusa, un ligero motivo para “limpiar” a Benzema de la concentración. Y el día llegó: unas molestias de Karim, una microrrotura, un diagnóstico quién sabe si precipitado por parte del médico francés, Frank Le Gall. Muy grave desde luego no debía de ser ya que, como se ha visto posteriormente, nuestro ariete al cabo de pocos días entrenaba con cierta normalidad, e incluso jugó un amistoso contra el Leganés, mientras su selección aún no había jugado los cuartos de final ante Inglaterra.

Las respuestas agrias, ácidas y con su particular punto de “mala uva” francesa (recuerden que este autor es medio francés, y sabe de lo que habla) de Deschamps, antes y después de la semifinal ante Marruecos, y antes de la final contra Argentina, no dejaban lugar a ninguna duda: mostrando cero cariño, cero empatía, cero ganas de volver al asunto, y con ninguna intención de dar explicaciones. Frialdad absoluta, glacial, que recordaba, como una gota de agua se parece a otra, a sus discursos de finales de 2015, cuando Deschamps, apoyado por el capo de la FFF, Le Graët, decidieron enviar al destierro absoluto a Karim Benzema, tal y como hizo el faraón Seti I con Moisés en la película de Cecil B. de Mille.

La grandeur francesa quiso maquillar estos sucesivos desplantes y estas faltas absolutas de educación: Macron lo quiso llevar en su avión presidencial para presenciar la final, junto a glorias del pasado o jugadores descartados por estar lesionados, como Pogba y Kanté. La FFF hizo gestiones al respecto para convencer a nuestro Balón de Oro. La prensa española publicó que el Real Madrid, como no podía ser de otra forma, le daba permiso a su capitán para volar a Doha.

Florentino Benzema

Pero ya eran demasiadas heridas, demasiados desplantes, demasiado dolor, en definitiva. Y demasiado hastío. Karim dijo “hasta aquí hemos llegado”, ya había tenido que aguantar, durante el mundial, lo supuestamente felices y aliviados que estaban en la concentración francesa sin su presencia, según contaban L’Equipe, y Le Parisien y RMC y todos los medios afines al establishment. Benzema volvía a no ser uno de ellos, un apestado, un leproso, un meteco, una molestia, en definitiva. Deschamps quería demostrar que, por segunda vez, podía llevar a su selección a lo más alto, que podía ser el primer seleccionador de la historia en ganar dos títulos consecutivos de campeón del mundo, sin Benzema, con sus ideas, con su Giroud y con su Dembélé.

Y entonces Benzema dijo que no. Que ya bastaba este juego. Y le dijo que no al propio Emmanuel Macron, sí, a aquel mismo que en el mes de mayo pasado estuvo llamando sin parar a Mbappé para que se quedara en el PSG, para que rompiera su palabra, para que destrozase su propio sueño de niño, y todo, supuestamente por “el bien de Francia”. Macron que, como tantos elementos ligados al gobierno francés, tiene encima de él la sombra de la sospecha por favores concedidos y aceptados del régimen qatarí. Al mismísimo presidente de su país. Le dijo que no, que “no estoy interesado”, como expresó en su Twitter de forma indirecta, pocas horas antes de la final. Que con su pan se lo comieran, en definitiva. Tan solo Tchouaméni y Camavinga, fieles a su capitán y a su club, y Marcus Thuram, tuvieron palabras agradables para Benzema.

ya eran demasiadas heridas, demasiados desplantes, demasiado dolor, en definitiva. Y demasiado hastío. Karim dijo “hasta aquí hemos llegado”, ya había tenido que aguantar, durante el mundial, lo supuestamente felices y aliviados que estaban en la concentración francesa sin su presencia, según contaban L’Equipe, y Le Parisien y RMC y todos los medios afines al establishment. Benzema volvía a no ser uno de ellos, un apestado, un leproso, un meteco, una molestia, en definitiva. Deschamps quería demostrar que, por segunda vez, podía llevar a su selección a lo más alto, que podía ser el primer seleccionador de la historia en ganar dos títulos consecutivos de campeón del mundo, sin Benzema, con sus ideas, con su Giroud y con su Dembélé

Y, apenas veinte horas después de la debacle francesa, personalizada en un técnico absurdo y ególatra que, incapaz de aceptar críticas, limpió también de su equipo a Benjamin Pavard, el mejor lateral derecho francés con diferencia (aún se está partiendo de la risa el Fideo Di María cuando recuerda el “marcaje” que le hizo Koundé en la final) y que no trajo a un sustituto para Lucas Hernández, lesionado a los diez minutos del primer partido ante Australia (pudiendo haber llamado a Ferland Mendy, por ejemplo, una muralla casi infranqueable en defensa). Se vio que a su hermano Theo los argentinos le hicieron traje tras traje, y no se atrevió a sustituir a Benzema por otro jugador, cuando tenía un absoluto déficit de centrocampistas, como se vio en la final. Apenas veinte horas después, decíamos, del Waterloo de su selección (ayudado, no lo olvidemos, por un sibilino arbitraje del polaco Marciniak, que se comió entre otras cosas un contraataque francés de 3 contra 1 en una decisión impregnada de prevaricación), Karim Benzema dejó de lado su pastel con treinta y cinco velas y envió, vía redes sociales, su particular respuesta a todo ese desbarajuste, a todo ese descalzaperros, quilombo o lupanar: au revoir, les bleus, mi camino con vosotros, bueno o malo, ya está hecho. Hasta aquí hemos llegado. Y allí os quedáis.

Ya se colmó el vaso y rebosó por todas partes. Sin duda, la leve esperanza que tenía de que fuese Zinedine Zidane el próximo seleccionador se diluyó. Y ya no estaba dispuesto a seguir aguantando los caprichos y los desplantes de Deschamps. Se centrará los últimos años de su carrera allá donde le quieren y donde se siento querido, valorado y apreciado. Gran noticia, en definitiva, para el Real Madrid, que dejará de temblar cada vez que aparezca en el horizonte un parón de selecciones. Enorme, Benzema, una vez más. Dignidad, capitanía y talento descomunal. Un Balón de Oro en todos los sentidos. Y lejos de la toxicidad de Deschamps. No se puede pedir más.

 

 

 

 

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