Las mejores firmas madridistas del planeta

Tras la marcha de la leyenda, los amigos de fcQuiz no podían dejar pasar la oportunidad de preparar unas preguntas para comprobar vuestros conocimientos sobre el mago francés.

¿Cuánto sabes de Karim Benzema? ¡Demuéstralo!

Getty Images.

Buenos días, amigos. Hello, Bellingham; Goodbye, Messi.

Saludamos a Jude Bellingham, que llega al Madrid. O eso parece, porque aún no hay comunicado oficial del club blanco. Como canta McCartney en Hello, Goodbye: You say, “yes”, I say “no”, o al menos I (el Madrid) say “nothing”. No obstante, el Dortmund ha comunicado ya a la Bolsa de Fráncfort que el precio del traspaso es de 103 millones de euros más variables, lo podemos leer en la primera de As. De modo que vamos a tratarlo como un fichaje ya hecho, pero con la prudencia requerida.

Portada As

No sabemos si Bellingham es un hijo del rock and roll, pero As lo recibe con un Bienvenido. Magnífico, la educación es lo primero.

El periódico madrileño también destaca que el Madrid enfría la operación de Harry Kane por su edad y por su precio. Vaya usted a saber si es cierto, a menudo los caminos del Madrid son inescrutables.

Portada Marca

Marca sigue la estela de As (o viceversa), pero su bienvenida en es inglés, idioma natal de Jude, y si bien no lo recibe con el manido Hey Jude (sin coma del vocativo. Ay, Paul), lo hace con un Welcome anclado en el cogote de Bellingham. Welcome to the hotel Concha Espina. Hay un new kid in town.

La calidad del futbolista que llega del Dortmund es indiscutible. El juego de Jude es plástico, no en el sentido de material sintético, sino vistoso, bello, aunque sí es una síntesis de más virtudes, como la verticalidad, pero también el reparto de juego desde el inicio de la jugada, su capacidad defensiva, donde destaca el robo de balones, o su gran físico.

Aunque lo más importante de esta operación es que Bellingham ha elegido al Madrid cuando muchos equipos le habían ofrecido mucho más dinero. Hecho que habla muy bien de él, pero también del atractivo que sigue teniendo el Madrid para los jugadores, más allá de lo crematístico, donde los clubes estado no tienen rival.

No falta quien ha vuelto a acusar al Madrid de club estado por pagar 100 millones por un traspaso. Solo analizando el significado de “club estado” ya nos hacemos una idea de la capacidad intelectual de quien emite tal afirmación, aunque para quien no lo entienda, el Madrid invierte dinero procedente de los resultados de su explotación, mientras que un club estado sale al mercado con pasta ilimitada que no procede de la gestión del mismo, sino de un estado, normalmente una teocracia totalitaria sin respeto por los derechos humanos, que es inmensamente rico debido, habitualmente, a recursos energéticos naturales existentes en su territorio.

Bellingham, por tanto, es una esperanza para el fútbol, puede que no esté todo perdido, la joya del fútbol Europeo ha elegido al Real Madrid. Sabemos que no ocurre siempre, Mbappé o Haaland eligieron todo el oro del mundo, pero esta vez se ha impuesto el bien.

Aunque, como bien dice Paz en Twitter (@espuma_blanca), hasta que la web del Barça no confirme el fichaje de Bellingham por el Madrid no lo damos por oficial.

Yo hasta que no saque la web del Barça el fichaje de Bellingham por el Madrid no lo doy como oficial jajaja jajaja

— Paz (@estampa_blanca) June 8, 2023

Como ya imagináis, el tuit de Paz viene a colación del comunicado del FC Barcelona sobre la decisión de Leo Messi de irse a jugar al Inter de Miami.

El FC Barcelona comunica que un jugador que no es nuestro ha fichado por un club que no somos nosotros. Asimismo, se hace saber que seguimos explorando formas de hacer el ridículo (y de delinquir) nunca antes vistas por el ojo humano. https://t.co/flmONHiIac

— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) June 7, 2023

El ridículo del Barça alcanza cotas que parecían imposibles, como refleja el tuit de nuestro editor Jesús Bengoechea.

Dicen goodbye a Messi, pero Messi no se ha ido porque ya no estaba. Se despiden de un vecino que no vive en su portal. El comportamiento del FC Barcelona entra en el terreno de la enajenación mental, de la alteración psíquica, hecho que no impide que le peguen un palito a Leo: “El presidente Laporta entendió y respetó la decisión tomada por Messi de querer competir en un campeonato con menos exigencias y más alejado del foco y la presión a la que ha estado sometido en los últimos años”. Seguramente los innumerables (presuntos) delitos cometidos por el club y una situación financiera que no les permitiría fichar ni a Mariano sin la connivencia de La Liga hayan tenido nada que ver. Ya.

Los diarios culés van a rebufo, como no podía ser de otro modo, de su alipórico club, que para eso es el que manda, y publican el mismo periódico, pero con distinta cabecera, sobre Messi, ese futbolista que no es del Barça y se va a otro club que tampoco es el Barcelona.

Portada Mundo Deportivo Portada Sport

Messi se va a Miami. En su elección no se hallan trazas de cacahuetes, pero sí de ADN Barça, tanto tiempo en el club azulgrana le ha marcado y ahora elige el club de la ciudad donde se rodó “Corrupción en Miami”. Se marcha con Don Johnson y Philip Michael Tomas y se rumorea que entrenará bajo las órdenes del teniente Castillo.

Pasad un buen día.

Hace 30 años de la muerte de Dražen 'Mozart' Petrovic: 'Hubris y Némesis'

 

Así que pasen 30 años -que hoy pasan (de Dražen)- o incluso más de 30 años, 34 para ser exactos (de Fernando).

El 7 de junio de 1993, en la lluviosa autopista de Baviera, 'AutoBahn 9', y en fortuito accidente de tráfico (colisión a 180 km/h entre un camión atravesado y el automóvil 'Volkswagen Golf' que, mientras el jugador dormía, conducía su entonces novia, la modelo Klara Szalantzy-Bierhoff) desaparecía de este mundo, cerca de Ingolstadt, el llamado 'Mozart' del baloncesto europeo: Dražen Petrovic, yugoslavo y croata, nacido en Sibenik (Croacia), el 22.10.1964; 1,97 de altura. Posteriormente, Klara sería la esposa de Oliver Bierhoff, famoso jugador internacional y directivo  en el fútbol alemán y en el 'calcio'.

La nuestra es una historia que cabría resumir en 'pares de palabras' que cruzaron caminos entre agosto de 1986 y agosto de 1989 entre Madrid y Portland: Hubris ('Hybris') y Némesis. 'Soberbia y Maldición'. Dražen Petrovic y Fernando Martín. Bienvenidos -si se toman la molestia- a un paseo por el tiempo en ida y vuelta entre los años finales de la década de los 80 y varias semanas cenitales entre mayo y junio de 1993... que incluyeron, ese mismo 1993, el primer título de Liga ACB del Real Madrid de baloncesto desde 1986, tan poco antes de la llamada -y frustrada- 'Liga de Petrovic': 1989.

Algo más de tres años y medio antes de la muerte de Petrovic, el 3 de diciembre de 1989, el 'superpivot' madridista Fernando Martín Espina se había matado con un flamante 'Lancia Thema Motor Ferrari' en otro terrible accidente en la carretera de circunvalación M-30. No era éste el primer grave incidente de tráfico que Fernando sufría por esas inmediaciones: el 21.8.1985, FM ya había escapado por milagro a otro accidente que fue 'siniestro total' de un 'Mercedes Benz 450 SLC' que le había prestado Antonio Díaz-Miguel. El doctor Juan Antonio Corbalán fue el primero en atender a Fernando en esas otras horas nocturnas y siniestras de la noche del 21 de agosto de 1985.

Entonces, ese 21.08.1985, y en la salida de la calle Josefa Valcárcel para la carretera general N-II, nada lejos de donde se iba a producir el mortal episodio de 1989 que le costaría la vida a Fernando, el cochazo de Díaz-Miguel se salió de la calzada (¿por un reventón?) cuando iba guiado precisamente por Fernando Martín Espina, quien escapó prácticamente ileso, salvo una serie de cortes en los pies. El autor Carlos Vences, uno de los dos acompañantes que Fernando llevaba -según 'ABC'-, tuvo que abandonar el destrozado vehículo tras intervención de los bomberos, al igual que el propio Martín, quien tuvo que salir del destrozo descalzo, sin zapatos, ya que se le habían quedado empotrados en hierros retorcidos.

Según 'ABC' del 22.8.1985, Juan Corbalán se personó en el lugar de autos para ayudar a su gran compañero. Corbalán era la primera persona a la que había llamado Fernando Martín quien, en otro guiño del Destino, había sido el 'verdadero confidente' de Petrovic en los días y horas previos a la marcha de Petrovic a Portland.

Fernando Martin: 60 años de una lucha por sobrevivir

En esa jugarreta cósmica del Destino y el 'karma', confirmada a quien aquí firma por el propio Dražen Petrovic, Fernando Martín había recibido información privilegiada sobre la 'fuga' de Petrovic a Portland y a la NBA porque Dražen había preguntado y consultado a Fernando sobre la repercusión de los impuestos del Estado de Oregon en los contratos de los jugadores de la NBA con los Portland Trailblazers (Pacific Division); esos mismos Blazers en los que Fernando Martín Espina había jugado en 1986-87.

Antes de que todo se supiera y en plena tensión sobre el paradero de Dražen, aquellos mismos días de agosto de 1989, Fernando Martín dijo a Chechu Biriukov: "Este tío se ha fugado a Portland; se ha escapado, seguro". Fernando recordaba nítidamente las preguntas que Dražen le había hecho sobre los impuestos oregonianos.

No, no había tanta distancia entre  Dražen y 'SuperFernando' como insistían en pregonar 'gurús' periodísticos del calibre de Pedro J. Ramírez. Un día perdido del otoño de 1988, en el comienzo del runrún, del zumbido de la rivalidad ('buzz'), Fernando Martín aclaraba conceptos: "Si la gente, empezando por Pedro J, viera las discusiones que yo he tenido por conceptos del juego con Wayne Brabender, con Mirza Delibasic, auténticas peloteras, o incluso con Juanito Corbalán, igual no se escribirían tonterías. Lo que yo pienso es que el juego de este equipo del Real Madrid tiene que terminar en los pívots, está estructurado para eso... y otros no piensan igual en otros momentos, así que entonces..."

Fernando Martín había recibido información privilegiada sobre la 'fuga' de Petrovic a Portland. Fernando Martín dijo a Chechu Biriukov: "Este tío se ha fugado a Portland; se ha escapado, seguro". Fernando recordaba nítidamente las preguntas que Dražen le había hecho sobre los impuestos oregonianos.

Ya en Portland, en su alojamiento del (buen) Hotel Red Lion Lloyd Center, el 17 de agosto de 1989, Dražen Petrovic arrojó todas las caretas en una entrevista de impacto en el desaparecido 'Diario16' con quien aquí suscribe: "Tengo muchas ganas de jugar en la NBA y es el momento idóneo. No se trata de dinero. O doy el salto ahora o no lo doy nunca, quiero jugar en la NBA por encima de todo. Portland me ha ofrecido tres años de contrato y tiene un solo base en la plantilla (Terry Porter), con lo que en el primer año, y a poco que tenga suerte, voy a jugar un mínimo de 25-30 minutos por partido. El año que viene puede ser demasiado tarde, ya he dicho lo que tenía que decir y debo esperar a que se desarrollen los acontecimientos, pero creo que voy a jugar en Portland y que mi etapa en Madrid ha terminado".

Así, Dražen Petrovic no fue "el Di Stéfano del baloncesto español", como presagiaba Ramón Mendoza en el vuelo de vuelta desde Atenas de la memorable final de la Recopa de 1989... ni llegaría a sobrevivir a FM más allá de tres años y medio. Ese 7.6.1993 le iba a llegar su hora en aquella desgraciada, tenebrosa, bávara y bárbara 'AutoBahn 9'.

La NBA... y Neyro

Cuando Klara Szalantzy estrelló su 'Volkswagen Golf' en aquella desgraciada 'Autobahn 9', cerca de Ingolstadt, en término municipal del pueblo de Denkendorf (mientras la bolsa de Petrovic salía ominosamente por la cinta de equipajes en el vuelo de la Selección de Croacia de Polonia a Alemania), 'Mozart' Drazen acababa de rematar su mejor temporada en la NBA, donde había desembarcado en 1989, en Portland y desde el Real Madrid): 22,3 puntos y 3,5 asistencias por partido en los New Jersey Nets de 1992-93.

Entrenaba a aquellos Nets el hoy también fallecido Chuck Daly, entonces flamante técnico campeón olímpico con el primer -e irrepetible- 'Dream Team' de EE UU, en 1992, en los Juegos de Barcelona. En 1989 y 1990, Daly también había dirigido a los 'Bad Boys' de los Detroit Pistons (Isiah Thomas, Bill Laimbeer, Joe Dumars, Dennis Rodman, Vinnie Johnson) hasta dos títulos seguidos de la NBA.

Este de 1993 era un Drazen Petrovic en pleno conflicto moral con sus antiguos, viejos compañeros serbios de la ex Yugoslavia (a la cabeza, Vlade Divac), rumbo a cumplir 29 años en lo mejor de su carrera NBA... que parecía aprestarse a cerrar, como ahora vamos a ver. En su ciclo europeo profesional, Drazen, Brazen Drazen' (Descarado Drazen), promedió más de 30 puntos por partido, alzando dos Copas de Europa con Cibona de Zagreb: 1985 y 1986 más la Recopa de 1989 con el Real Madrid y otra Recopa anterior con KK (Kosarkaski Klub, 'Club Baloncesto') Cibona Zagreb (1987).

También justo estos días, el pasado 25 de mayo, se cumplieron nada menos que 34 años (Santa María Madre de Dios...) del escandaloso quinto partido de la Final ACB de 1989 que, en el Palau Blaugrana, cerró la llamada 'Liga de Petrovic'... con un tanteo de 96-85 a favor del Barcelona de Alejandro 'Aíto' García Reneses. Este 96-85 para el Barcelona llegó tras un surrealista 40-19 en faltas personales en contra del Real Madrid -'+40'...-, a las órdenes de los árbitros Juanjo Neyro (bilbaíno, también ya fallecido hoy, que mantenía cuitas personales con Drazen desde cierto escupitajo en Puerto Real, en 1986) y Paco Monjas.

Esta delirante noche 'del Palau', ningún jugador del Barça recibió cinco faltas personales, mientras sí caían eliminados por esas mismas 'cinco faltas' nada menos que seis madridistas: Petrovic, Biriukov, Johnny Rogers, Pep Cargol, Fernando y Antonio Martín. En ese 'infierno del Palau' -y sin Enríquez Negreira aún a la vista-, el Real Madrid de Lolo Sainz, flamante campeón de la Recopa de Europa 1989, en Atenas, cerró la Liga 'de Petrovic' con cuatro jugadores en pista: José Luis Llorente, Quique Villalobos y los 'juniors' Javi Pérez y el hoy fallecido Carlos García Ribas.

Aunque el Real Madrid aún vencía por 48-50 en el descanso de aquella noche 'de Walpurgis', en el ardiente Palau, el mejor resumen de lo que pasó después se halla en ciertas palabras -ya en frío, años después- del escolta moscovita Xoce 'Chechu' Biriukov Aguirregabiria: "Lo que había sucedido entre Petrovic y Neyro nos pasó factura a todos".

Como muy pocos desconocen, éste del 'infierno del Palau' fue el último partido de Drazen Petrovic en España como jugador 'de club'. El 16 de agosto de 1989, entre el calor húmedo del verano madrileño y en la T-1 del Aeropuerto de Barajas, Dražen Petrovic tomó un avión de American Airlines que hacía la ruta Madrid-Dallas/Fort Worth junto a su agente de entonces, el 'tiburón' estadounidense Warren LeGarie. El destino final de la entonces superestrella yugoslava (croata, nacido en Sibenik el 22-10-1964, siempre con Croacia integrada aún en Yugoslavia) no era Dallas: era... Portland, en el Estado Federal de Oregon, USA.

Tocata y fuga de Mozart

Eran los momentos iniciales de la 'tocata y fuga de Mozart'. Y en esos momentos, nadie en el club del Real Madrid que presidía Ramón Mendoza, estaba al tanto de que se estaba produciendo una 'fuga' en toda regla del jugador que había conmocionado en 1988-89 la Liga ACB, la Copa del Rey y la Recopa de Europa: tanto había conmocionado Dražen Petrovic casi cada competición en la que había intervenido (no los Juegos Olímpicos, donde 'su' Yugoslavia había perdido la final a manos de la URSS de Sabonis) que los Blazers de Portland, entonces presididos por el promotor judío oregoniano Harry Glickman, se pasaron el invierno y la primavera de 1988-89 mandando emisarios a Petrovic (Brad Greenberg, Morris 'Bucky' Buckwalter...) para atraerle definitivamente a Portland y a la NBA. Allí, los Trailblazers, los Blazers de Portland habían 'drafteado' a Dražen Petrovic en 1986, con el número 60: ese mismo año, y en ese mismo 'Draft', los Blazers de Glickman habían elegido con el número 24 a un tal Arvydas Romas Sabonis.

Pedro Ferrándiz, 'nuestro' Pedro, 'nuestro' Pizarrín', viajó para negociar con los americanos de Glickman y se fijó una vista judicial para el 24 de agosto de ese 1989 en el Juzgado de Multnomah County, en Portland, dirigida por un juez que era abonado de los Blazers.

Al fin, dada la determinación de Dražen y para ahorrarse conflictos, el Real Madrid aceptó una buena compensación de los Blazers -1.500.000 dólares, se dijo- y prefirió cortar por lo sano. Se abría un ciclo de gafes y maldiciones para la sección de baloncesto del Real Madrid, que sólo clausuraría la imponente aparición de Sabonis a partir de 1992-93.

El "Niñato"

Como 'flashback', y por contextualizar, el 13 de julio de 1986, en pleno Mundobasket de España, el último torneo que Fernando Martín jugó con la Selección española, el escolta internacional bilbaíno -entonces, madridista- Juan Manuel López Iturriaga (exacto: 'Palomero') escribió en 'El País' un antológico artículo titulado 'El Niñato', en el que podían leerse líneas como éstas: "Dražen Petrovic ha añadido en Tenerife, con su salida del campo dando cortes de mangas al público, después del partido Yugoslavia-Canadá, un eslabón más a su brillante carrera de actos antideportivos. Dražen Petrovic ha conseguido en poco más de dos años convertirse en epicentro de amenazas, promesas de linchamientos y antipatía generalizadas...  un individuo de la clase de Petrovic sólo puede inspirar un sentimiento: desprecio. Este desprecio es compartido por casi todos los jugadores que han tenido la desgracia de enfrentarse a semejante sujeto. Sabonis ha prometido volarle la cabeza en cuanto pueda... está cercano el día en que alguien le devuelva, aunque sea en mínima proporción, todo lo que él ha dado".

Iturriaga: “El Real Madrid vive buenos tiempos”

"...En cuanto a su faceta deportiva -empañada por su incalificable conducta- no hay que ser un lince para darse cuenta que es un superclase. Su dominio de los fundamentos básicos del baloncesto -bote, pase, tiro- le permite ser implacable en el juego. Su salto y rapidez de tiro, así como su estatura, le permite plantarse en posiciones cercanas al aro sin importarle la salida de pívots mucho más altos que él. Esto, añadido a su magnífico tiro lejano, hace de Petrovic el mejor jugador de ataque de Europa. En la otra parte del campo, nada más reseñable que sus continuas tretas para sacar de quicio a su atacante y lograr que esté más pendiente de evitar sus perrerías que de jugar al baloncesto. Si esto no fuera poco, cuenta con una habitual protección arbitral. No se sabe bien porqué, pero a Petrovic se le permiten cosas que a otros les causarían, si no la expulsión, sí un buen número de faltas. Sus zancadillas, escupitajos y todo tipo de payasadas pasan por delante de las narices de los árbitros con su total consentimiento".

Atenas-1989: 'Basket 16'

El 5 de marzo de 1989, en la revista 'Basket 16' (una idea de Pedro J. Ramírez para el Grupo 16, que se extinguiría en ese mismo verano de 1989), Dražen Petrovic había concedido también a quien aquí suscribe una entrevista/reportaje especial que se titulaba en portada, número 74 de 'Basket 16': 'Petrovic, el mago blanco', con Dražen haciendo filigranas bajo la mirada de Earvin 'Magic' Johnson, genio y líder supremo de aquellos Lakers del 'Showtime', enmarcado en un 'poster' tamaño natural; aquí ofrecemos la imagen de esa portada. A sólo diez días de la final de Recopa Real Madrid-Snaidero, del 14.3.89, en El Pireo, Atenas, el texto se titulaba en sí mismo: 'Dražen Petrovic, 12 días que estremecieron al mundo de la canasta'.

Y arrancaba así, con un punto de premonición: "Dražen Petrovic no conoció, ni conoce, a un ciudadano de Portland llamado John Reed, autor de 'Diez días que estremecieron al mundo'. La cosmogonía de Petrovic se ciñe a seres tales como Aíto García Reneses, Fernando Martín y Magic Johnson. Autor de 115 puntos que en doce días estremecieron al baloncesto europeo, este es el resultado no de un trabajo, sino de un delirio por el deporte y la victoria... 'Logra producir el ridículo mostrando los defectos y los vicios de los hombres comunes. Cada libro escrito por este hombre ha destruido una parte del saber que la Cristiandad había acumulado a lo largo de los siglos...' a lo largo de las páginas de 'El Nombre de la Rosa', Umberto Eco desarrolla decenas de paralelismos nunca tan válidos".

A esta entrevista, celebrada en las inmediaciones del Palacio madrileño de los Deportes, hoy WiZink Center, Dražen Petrovic llegaba en una punta soberbia de 'Hubris', 'arrogancia, soberbia, orgullo', que el genio de Sibenik intentaba maquillar con frases como 'El primero que habló mal de mí fue Aíto. Yo nunca fui contra él. Yo sólo jugar, meter puntos'. Pero Dražen ya confesaba: "Portland ya ha hablado conmigo en serio para jugar allí el próximo año".

Estos referidos 115 puntos en doce días agrupaban exhibiciones ante Cibona (espectacular alarde en semifinal de Recopa, 47 puntos de Dražen a su exequipo), al RAM Joventut (34 puntos)... o al Barcelona (34 tantos en un 87-94 de Liga regular que sellaba un provisional 5-0 para el Real Madrid ante el Barça en 1988-89). Tan 'cinco-cero' y tan tonante que Dražen Petrovic, en la noche del 18 de febrero de 1989, se despidió, en pleno túnel de vestuarios del Palau Blaugrana con gestos con la mano abierta y voces a pleno pulmón de este corte: "5-0, 5-0... Aíto, maricón". El firmante escribe algo de lo que fue testigo presencial. Así fue.

Antes de esta explosión era cuando Aíto -que había sido lo bastante reticente para que Petrovic NO fichara por 'su' Barcelona- se había quejado: "Petrovic tiene bula arbitral, hace lo que quiere, y hace 'pasos' frecuentes en los movimientos de tiro. Le dejan hacer lo que le da la gana". Juan Antonio San Epifanio, 'Epi', corroboraba las palabras de su entonces técnico: "Petrovic puede llegar a meterse e interrumpir en pleno lanzamiento de un tiro libre, pero aquí no pasa nada".

El 14 de marzo de 1989, el Real Madrid de Dražen Petrovic fulminò en Atenas a 'la' Snaidero de Caserta y de Oscar Schmidt (y de Ferdinando 'Nando' Gentile), con un 117-113, tras prórroga que valía al Real el titulo de Recopa. En 45 minutos en pista, Petrovic anotó 62 puntos a la llamada 'JuveCaserta' del excelente técnico Franco Marcelletti, con 18/30 en tiros de campo (8/16 en triples), 14/15 desde la personal… y sólo una asistencia. 44 puntos del gran Schmidt no salvaron a Caserta. Todo, entre gestos de impotencia de un Fernando Martín que, con protección en un dedo, se vio reducido  a 11 puntos (5/12 en tiros de campo, 1/5 en libres) y seis capturas: máximo reboteador madridista.

Pero una pérdida de balón de Petrovic, emperrado en 'uno contra todos', casi hace perder el partido al Real Madrid al fin de los primeros 40 minutos reglamentarios, con 102-102. Fue una pérdida atolondrada de 'Mozart' ante Sandro 'Sandrokan' Dell'Agnello, que dio paso a un lejano intento triple agónico y errante de Gentile (34 puntos ante la 'defensa' de Petrovic)... triple que, de entrar, habría costado la Recopa al Real Madrid. Ceñudo, Fernando Martín/FM se desesperaba con gestos irritados en la propia pista del Palacio de la Paz y la Amistad, en El Pireo.

Años después, el propio Chechu Biriukov Aguirregabiría (20 puntos en la finalísima de Atenas ante 'la' Snaidero) recordaría: "Dražen sólo sabía jugar de una manera: si la gente no lo recuerda, yo sí. Él también fallaba mogollón, jugaba sólo de esa manera, ‘yo hago, yo entro, yo tiro, yo meto'… que al principio te podía destrozar, pero que luego le cogían el truco, como ya se lo habían sabido ver en la Liga de Yugoslavia, y no encajaba con Fernando Martín, que nos equilibraba dentro de la zona y era otro ego importante".

Manuel, 'Lolo' Sainz Márquez, el entrenador de aquel Real Madrid, ha reconocido en diversas entrevistas: "Yo me sentí bastante responable de todo lo que pasó en la final de Atenas, porque yo le dije a Dražen que aquí se le había traído para ganar finales y partidos como éste, y que este momento era suyo".

Última entrevista en España, mayo de 1993:

"La final de la Recopa en Atenas, cuando ganamos al Snaidero de Caserta y anoté 62 puntos, el mejor de mis recuerdos como jugador del Real Madrid"

"En España hay poco dinero para mí, aunque será difícil que vuelva a la NBA"

"Me alegra mucho cada Liga que gane el Real Madrid, por la afición"

"Ha sido el mejor partido de mi vida... quizá. Bueno, no sé si este ha sido mi mejor partido, pero lo único que me importa aquí es el triunfo. Biriukov y Johnny Rogers (14 tantos) han ayudado mucho... El último balón lo perdí porque dudé si entrar a canasta o pasar a Biriukov. Todos han visto que la prórroga la jugué sin que esa pérdida afectara para nada a mi juego", soltó en Atenas, Palacio de la Paz y de la Amistad, un Petrovic calculador como pocas veces -y ya con un acuerdo verbal con Portland- antes de tenérselas tiesas con Fernando Martín en la caseta 'de la Paz y de la Amistad', con acusaciones que se oían desde la cerrada puerta del vestuario madridista.

Aquí, el mismísimo Mendoza tuvo que mediar entre palabras y acusaciones de los jugadores. El ambiente del avión 'charter' de vuelta Atenas-Madrid resultó sombrío; y más cuando Mendoza reclamó a Petrovic (al que en el mismo avíón pregonaba como el 'Di Stéfano del baloncesto en España') para que interviniera con José María García... desde la cabina del piloto del 'charter' de Iberia, sobre el Mar Mediterráneo.

Todo, entre corrillos y pequeñas conspiraciones de jugadores blancos agrupados en torno a un Fernando Martin/FM ceñudo, visiblemente molesto. En el invierno de 1988 a 89, el bloque liderado por FM, y que agrupaba a los grandes pesos del equipo, había conseguido vetar a Mendoza el fichaje del gran intimidador croata Stojan Vrankovic (2,17, luego a la NBA), que habían cerrado materialmente con el KK Zadar (adelanto incluido de 20.000 dólares) entre Pedro Ferrándiz y el propio Mendoza: era para que el gigante Vrankovic diera escolta (literalmente) a Dražen Petrovic.

Ferrándiz y Mendoza (aquello de 'Di Stéfano...') perdieron esa batalla, con Petrovic como víctima colateral. El 8.4.89, menos de un mes después de los sucesos de Atenas, el Barcelona de Aíto ('el e-qui-po', al fin) venció por 87-95 al Real en Madrid y se instaló en ventaja del campo para los 'playoffs': y eso, después de aquellos cinco triunfos madridistas, los del 5-0, final de Copa incluida: ahí, la Liga ACB se jugaba en dos fases antes de los playoffs.

La Final... y el final

Tras la Recopa y El Pireo, el Real Madrid 'de Petrovic' (y de Sainz, y de los hermanos Martín...) fue otro: minado, socavado, corroído. Como 'otros' fueron Fernando Martín y, sobre todo, un Petrovic que echó el candado a la bolsa de su iniciativa y agresividad… porque no quería problemas y porque ya cerraba sus cosas con los Blazers. Buckwalter había estado en Atenas, y con él ya negociaba Warren LeGarie, a calzón quitado, el nuevo agente del croata en relevo de José Antonio Arizaga, quien le había firmado el contrato inicial con  el Real Madrid en el otoño temprano de 1986.

Ni siquiera el 'Porsche' rojo que después utilizaron el hoy técnico Neven Spahija (gran amigo de Dražen), George Karl y Quique Villalobos sacaba a Petrovic de su aparente atonía, que escondía la decisión ya tomada de marcharse a la NBA y olvidarse de España, de Madrid, de los problemas de concepto y egos, del Barça, de Aíto, etc. Además, Petrovic, de 'Mozart' a 'Diablo', quería más dinero, qué demonios. El 'Demonio de Sibenik' pensaba que el contrato firmado en 1986 por 'Papá' Arízaga... se le había quedado corto, chico, pequeño...

Gana Aíto

Como en traducción anticipada de aquellos pensamientos de Chechu Biriukov, el Barça de Aíto había descifrado el genial jeroglífico del juego de Petrovic. García Reneses descubrió los planos y pasó a atacar frontalmente al Real Madrid de Lolo Sainz desde la organizada catedral de su juego interior, liderado nada menos que por Audie Norris, mas Steve Trumbo y Granville Waiters, dos 'rocas'.

En el perímetro, Aíto utilizaba munición perforante: Epi, Sibilio, Nacho Solozábal y Andrés Jiménez. El 8.4.1989, en Madrid/Palacio de los Deportes, con el 87-95 que devolvió al Barça el liderazgo y la ventaja del campo en la fase regular, ya de cara al playoff final, los tres pívots del Barça desbordaron a los madridistas por un abrumador 40-15 en anotación (Trumbo, 15; Norris, 13; Waiters, 12).

En el Real Madrid, hubo siete puntos para Romay, seis para Antonio Martín… y dos para Fernando Martín, con 25 para Petrovic y 26 para Birukov en ese partido vital que devolvió al Barça (dominador en rebotes, 27-25) la ventaja del campo tras aquel 5-0 inicial para el Madrid que Dražen Petrovic recordó en los insultos a Aíto del túnel del Palau Blaugrana, el 18 de febrero de ese mismo 1989:

Al fin, la 'Liga de Petrovic' se esfumó aquella noche fatídica en manos de Neyro y del Barça de Aíto. Fue el 25.5.1989, con el 96-85 definitivo para el Barça (3-2 en el total de la final), y con todo el quinteto titular del Madrid sentado. Juanjo Neyro y Paco Monjas decretaron 40 faltas personales contra el Real Madrid… y 20 contra el Barça: la mitad exacta. Lolo Sainz perdió por cinco faltas a… Petrovic (14 puntos, con un infame -para él- 4/11 en tiros de campo), Fernando y Antonio Martín, Rogers, Cargol y Biriukov, que, con 23 tantos (por 21 para Norris y Jiménez), fue el máximo anotador de ese partido final de Petrovic en la Liga española. Dražen se iba de España como máximo anotador de la Liga ACB 88-89, a media de 28 puntos por partido. Lolo Sainz también dijo adiós esa noche 'de Neyro' al banquillo del Real Madrid.

En tres o cuatro semanas más, Petrovic y LeGarie cerraron la negociación con los Blazers (4,4 millones de dólares por tres años, 530 millones de pesetas de aquel tiempo, más del doble de lo que Dražen ganaba en Madrid), después de que, durante el verano, el propio Dražen preguntara al mismísimo Fernando Martín cómo y cuántos eran aquellos impuestos de Oregon.

El 15 de agosto de 1989, Petrovic no se presentó a los reconocimientos de la plantilla madridista, ya a las órdenes de George Karl. Al día siguiente, 16 de agosto, junto a Renata, su novia de entonces, y una docena de maletas, Dražen emprendió viaje a Portland con American Airlines, desde Madrid y vía Dallas. Ni siquiera se enteró el técnico serbio Miroslav Vorgic, empleado del club madridista, acompañante, 'policía' o 'detective' que el Real Madrid había puesto a Dražen, y que quedó tan implacablemente burlado como si hubiese tratado de defender al de Sibenik 'uno contra uno' y con el balón en juego.

Intuyo que Dražen Petrovic no jugó en el Barcelona porque Aíto opinó contra el fichaje. Él pensaba que Dražen era de una individualidad ‘absorbente’

El 14.3.1989, la resaca de la memorable final de la Recopa y los desmesurados elogios a 'Mozart' de parte del presidente Mendoza (recordamos: "Dražen Petrovic va a ser para el baloncesto de España y del Real Madrid lo mismo que Di Stéfano fue para el fútbol") se confimaron simple antesala de la tempestad.

En 1988-89, el 'Porsche' de Dražen Petrovic pasó a las manos del técnico George Matthew Karl, quien antes de brillar en los banquillos NBA de Seattle y Denver se hizo cargo de la dirección técnica del Real Madrid tras la despedida de Lolo Sainz, 'a posteriori' de aquella debacle del Palau Blaugrana, ante el Barça de Aíto, Epi y Audie Norris.

George Karl entrevista

Arizaga

Años después, en 2014 y a quien suscribe, el propio José Antonio Arizaga contaría en 'AS' a quien suscribe: "Traer a Dražen fue la locura, mi gestión más difícil. Le dije a Novosel el interés que Dražen desataba en España. Estaban Barcelona y Real Madrid (N. B: que ya había tenido al 'Rey' bosnio Mirza Delibasic, otro 'crack' de la mejor Yugoslavia)". Arizaga relató: "Una ley impedía salir de Yugoslavia a ningún jugador con menos de 28 años. En aquel momento, en 1986, Petrovic tenía 22, iba a cumplir 23. Novosel me dijo dos cosas: Una: ‘En Yugoslavia, todo se puede arreglar con dinero’. Y otra: ‘Pero si sale Dražen, los demás de menos de 28 se van a cabrear y vamos a tener follón’...

Sigue Arizaga: "Puede imaginarse lo que hubo que sobornar, corromper y pagar para cambiar una ley en un caso como este. En fin... él, Petrovic, venía inicialmente para el Barcelona. Me lo había pedido un directivo al que hoy sigo respetando muchísimo: Salvador Alemany. Lo teníamos para el Barça. Íbamos a firmar contrato en Puerto Real, en el verano de 1986. Ahí, cuando dije a Alemany que lo teníamos todo listo, este pidió unos días. Al poco, me dio libertad para colocarlo. 'Cada club tiene sus cosas', me dijo. El Real Madrid seguía ahí y Ramón Mendoza aceptó. Intuyo que Dražen Petrovic no jugó en el Barcelona porque Aíto opinó contra el fichaje. Él pensaba que Dražen era de una individualidad ‘absorbente’. Ya en Madrid, Dražen no se portó bien conmigo".

("No ganaremos la Copa de Europa, 'Presi', mientras Petrovic esté enfrente de nosotros", había llegado a decir Sainz a Mendoza).

"Nunca dije que no jugaría en el Real Madrid y nunca dije que me llevara mal con el público madrileño. El Real Madrid cuenta con grandes jugadores como Corbalán e Iturriaga", dijo Petrovic cuando se comprometió formalmente con el Real, en octubre de 1986, dos años por delante de su incorporación real al plantel blanco. Cuando esa incorporación se produjo al fin, en 1988, Corbalán e Iturriaga desaparecieron 'ipso facto' de las filas blancas. Ahora sabemos algo más.

PORTLAND Y NEW JERSEY.- Dražen Petrovic jugó en Portland la temporada completa 1989-90, con medias de 7,6 puntos y 12,6 minutos por partido -'él'...- a través de 77 partidos en los que no había jugado ninguno como titular; 'él', Drazen. Y esto, a pesar de que aquellos Blazers de Adelman se plantaron en las 'NBA Finals' de 1990, que perdieron por 1-4 ante los Pistons de Chuck Daly.

Tras sólo 18 partidos en Portland, en 1990-91, un Petrovic descontento con Adelman -que no le hacía titular porque quería que Dražen defendiera 'como en NBA', negándole protagonismo en ataque, en un equipo con Porter, Drexler...- alentó y aceptó su traspaso a los New Jersey Nets que entonces entrenaba el veterano y respetado 'coach' Bill Fitch. El 'general manager' de aquellos Nets (hoy, trasladados a Brooklyn, todavía como 'Nets') era Willis Reed, un jugador/pívot de leyenda en la NBA con los New York Knicks, que hoy también ha dejado este mundo, tanto como Daly... o como Bill Fitch, también llamado 'Capitán Video'.

Renovado aquel viejo ímpetu de 'transgresor', y mientras rugía a partir de1991 la sangrienta guerra civil en Yugoslavia, Drazen Petrovic ya subió a media de 12,6 puntos en sus 43 partidos de la NBA 90-91 bajo órdenes de Fitch quien, impulsado por Reed, procedió a darle balón y titularidad de principio a fin de la campaña 1991-92. En 82 partidos de aquella 'regular season' 91-92, Petrovic devolvió la confianza de Fitch y Reed con media de 20,6 puntos y 44,4% en triples, todo decisivo para colocar a los Nets en los 'Playoffs' del Este en 1992. Aquí caerían en primera ronda ante Cleveland (1-3).

Tras la plata con Croacia en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Dražen Petrovic se puso a las órdenes de Chuck Daly en los Nets 1992-93. Reed había escogido a Daly, con todo su halo de títulos, en lugar de un Fitch algo caduco, ya más allá de los 70 años, casi como el propio Daly.

Un Dražen con 'new look', menos rizos, pero más corpulento, maduro y sólido de como Europa lo había contemplado, potente y bien adaptado a la NBA. A los tres años de llegar (ahí mantuvo algún brillante 'cara a cara' nada menos que con Michael Jordan), respondió de nuevo brillantemente a los designios y confianza de Reed y Daly en sus 70 partidos como titular, tras alguna pequeña lesión, sobre todo una persistente tendinitis en la rodilla izquierda.

Desde 1989, Dražen, al que Reed y Daly llamaban 'Petro', había ganado en EE UU nueve kilos de masa muscular, desde 88 kilogramos hasta 97. Todo, en promedio espectacular de 22,3 puntos por partido, más 44,9% en triples y 3,5 asistencias. Los Nets de Daly, de Derrick Coleman y de Petrovic -al que le quedaban, sin que lo supiera, unas pocas semanas de vida- volvieron a despedirse en primera ronda de 'Playoffs' del Este ante Cleveland Cavaliers, esta vez por un ajustadísimo 2-3. Y...

Último viaje a ESpaña: Almería y Sevilla

El 9 de mayo de 1993 se cerraba la temporada 1992-93 de los Nets con derrota definitiva por 99-89 frente a los Cavaliers en el Richfield Coliseum, en un área suburbial de Cleveland, 'in the middle of nowhere'. Un discreto partido con 11 puntos anotados como titular en 34 minutos (4/10 en tiros de campo) resultó ser la despedida de Dražen de la NBA... y de cualquier encuentro de club. En aquellos mismos Nets se firmó en aquellos 'Playoffs' de 1993 la jubilación de dos veteranos 'All Stars', el alero superclase Bernard King y el brillante base Mo Cheeks.

Prácticamente de inmediato y sin descanso, Dražen Petrovic se incorporó a la Selección de Croacia, la subcampeona olímpica en Barcelona que dirigía Mirko Novosel, aunque las órdenes las daba desde el banquillo Aleksandar, 'Aza', el hermano de Dražen.

Para participar en la fase final del Eurobasket de 1993, en la República Federal de Alemania, la Croacia de Novosel y los hermanos Petrovic necesitaba clasificarse previamente en un 'Pre Europeo' de 'pequeñas naciones' -las surgidas esencialmente de las rupturas en la Unión Soviética y los Balcanes, entre 1990 y 1991-, a disputar en Polonia (Wroclaw...). Hablamos de una Croacia con Dino Radja, Stojko Vrankovic, Toni Kukoc, Velimir Perasovic, Danko Cvjeticanin, Zan Tabak... Ellos sí iban a jugar el Eurobasket alemán.

Drazen Petrovic... no.

La preparación de Croacia para aquel Eurobasket alemán de 1993 (más el torneo previo en Polonia) incluía en ese mismo mes de mayo del 93 sendos partidos amistosos en Almería y Sevilla, contra un combinado universitario estadounidense y contra una Selección de jugadores de clubes andaluces.

Estos dos compromisos andaluces, sin Toni Kukoc ni Arijan Komazec en las filas croatas, se disputaron el sábado 22 y el lunes 24 de mayo de 1993. Y el encargado de organizar las actividades 'andaluzas' de aquella Selección croata subcampeona olímpica era... nada menos que José Antonio Arizaga.

"En España hay poco dinero para mí"

Aquel mayo de 1993, a impulso de la vieja amistad de los últimos años 80, el mismo Dražen Petrovic instó a ciertos contactos personales para mantener un encuentro con quien aquí suscribe entre Almería y Sevilla, aquel penúltimo fin de semana de mayo de 1993, en el que Petrovic, sin saberlo, se hallaba a sólo un par de semanas de despedirse de este mundo.

Al diario 'AS', antes de que lo adquiriera PRISA, le interesó sobremanera lo que Dražen Petrovic pudiera decir a quien aquí suscribe, a lo largo de aquel 'fin de semana andaluz'. Y el domingo 23 de mayo de 1993, el mismísimo Arvydas Romas Sabonis, uno de los rivales 'históricos' del propio Petrovic, capitaneaba a un Real Madrid que entrenaba Clifford Luyk hacia el mismo título de Liga ACB que el Real 'de Petrovic' no había podido cerrar en 1989, con un definitivo 78-69 en el quinto partido de la Final que sentenciaba el victorioso 3-2 del Real Madrid de Luyk y Sabonis ante el Joventut de Lolo Sainz. Esa misma tarde, el Sevilla de Maradona caía por 5-0 en el Estadio 'Santiago Bernabéu'' ante el Real Madrid de Benito Floro, el que iba a ser expoliado en Tenerife por Celino Gracia Redondo, como Floro nos recordaba hace muy pocos días en estas mismas páginas.

De aquellas últimas, finales ('Grand Finale'), sendas entrevistas de Dražen aún quedan testimonios, y no mucho más, en las páginas de papel de las ediciones de 'AS' de los días 23 y 24 de mayo de 1993. Fueron las últimas entrevistas personales -las 'finales'- que Dražen concedió en España a un medio español.

La perspectiva del tiempo -30 años han pasado- nos deja ahora con cierta sensación de asombro y sorpresa ante algunas de las cosas que decía un Petrovic que, asombrosamente, ofrecía toda la pinta de plantearse abandonar la NBA y unos Nets con los que cumplía contrato que no se había renovado. Petrovic quería irse de la NBA y regresar a Europa. ¿A Grecia, España...? Pues todo esto decía aquel Dražen Petrovic de mayo de 1993, entre Almería y Sevilla, dos semanas antes de perecer en la 'Zona Cero' de la desdichada 'Autobahn 9' de Baviera:

"Ficharía por el Barcelona sin ningún problema. No tengo reparos en que Aíto García Reneses (¡!)... sea el responsable del equipo, pero pienso que en España hay poco dinero para mí en estos momentos. El Madrid no tiene derecho de tanteo sobre mí, pero eso no quiere decir que no escuche sus ofertas. Creo que aún puedo jugar a mi mejor nivel durante los tres o cuatro próximos años. Existe sólo un 10% de posibilidades de que vuelva a la NBA, no se puede descartar... aunque sería más probable a un equipo que no fuera New Jersey".

"La final de la Recopa en Atenas, cuando ganamos al Snaidero de Caserta y anoté 62 puntos es el mejor de mis recuerdos como jugador del Real Madrid. Siempre tuve claro que esa era una temporada para cobrar experiencia con vistas al salto a la NBA... No me he vuelto a acordar del arbitraje de Neyro en Barcelona y no he vuelto a hablar con Ramón Mendoza (presidente del Real Madrid) desde que me fui, en el verano del 89. Pero no le guardo rencor y si tuviese que dialogar con él lo haría".

Así se autoanalizaba aquel Dražen Petrovic postrero, como un 'Billy The Kid' a la espera del 'sheriff' Pat Garrett: "El Petrovic de ahora es mejor defensor y más potente que aquel jugador que vieron en España... aunque los europeos lo pasan muy mal en Estados Unidos durante su primera temporada allí".

También daba pistas sobre el conflicto civil declarado en Yugoslavia; "El primer año, 1992, fue más duro... y ganamos la medalla de plata en Barcelona. No creo que ahora vayamos a pasarlo peor. Dejé de hablarme con Vlade Divac desde entonces y no hemos vuelto a conversar; después de haber jugado en la mejor Liga del mundo, éste es el mejor Petrovic de siempre".

Tras anotar 18 puntos (Danko Cvjeticanin, entonces en Estudiantes, 24) en Almería, en el 120-79 de los croatas al combinado universitario estadounidense, en la noche del sábado 22 de mayo de 1993, Dražen Petrovic y las estrellas croatas ya contemplaron por vía televisiva, en Sevilla, aquel primer título liguero del Real Madrid de Arvydas Sabonis.

La Liga del Madrid... y de Sabonis

Dražen compartía habitación en Andalucía con su gran amigo, el colosal pívot Stojan Vrankovic, que había estado bien cerca de acompañarle -incluso ya con contrato firmado- en el Real Madrid, siempre a partir de 1989. Entre 1990 y 1999, Vrankovic (2,18 de altura) tambíén jugó en la NBA, Celtics, Timberwolves, Clippers... con el paréntesis de cuatro años en Panathinaikós: 1992-96. Stojko Vrankovic cerró carrera profesional en Bolonia, entre 1999 y 2001.

La Liga 1992-93, segundo gran logro (tras la Copa de 1993, en otra final ante Joventut) del Real 'de Sabonis', no sentó especialmente bien al hipercompetitivo 'Mozart' de Sibenik, 'eterno rival' del 'zar' lituano. Claro: Dražen no había sido capaz de cerrar y alzar 'su' Liga 1988-89 con el Real Madrid. De hecho, Dražen Petrovic se había apostado en Almería aquel fin de semana de hace 30 años... 10.000 pesetas de aquel 1993 (como unos 60 euros de hoy) en favor del título del Joventut/'Marbella' que entrenaba un tal Lolo Sainz. Así analizó Petrovic aquella Liga del Real Madrid... 'de Sabonis':

"Me alegro mucho este título por la afición del Real Madrid, que no lo conseguía desde 1986. El Joventut ha estado defendiendo muy fuerte a Sabonis, que debe olvidarse más de los árbitros. ¿Qué significa eso de que Sabonis es 'masoquista'...? Aunque me ha sorprendido Lasa, Sabonis y Biriukov han llevado al Real Madrid a la gran reacción de la segunda parte. Sabonis ha sido el mejor jugador del partido, pero no sé si su condición física le permitiría soportar el ritmo de viajes y el calendario de la Liga en Estados Unidos".

Aquel día, 23.5.1993, con 68-57 para el Real Madrid, ya bien avanzada la segunda parte de la final ACB, Dražen Petrovic dijo 'finito' y se levantó justo después de que el base internacional verdinegro Tomás Jofresa apuntase, disparase... y fallase en un lanzamiento lejano, ya prácticamente a la desesperada. Resumió a quien aquí firma: "Cuando se juega tan bien como ha hecho hoy el Joventut en la primera parte, hay que llegar al descanso con diez puntos de renta, no con tres. Este Madrid de ahora es diferente al mío... en que tiene tres extranjeros".

Cuando, desde el Palacio de los Deportes madrileño se escuchaba a través del televisor del hotel el grito de 'Campeones, campeones...' de la afición madridista, un Dražen Petrovic con un puntito de añoranza apostilló... 'Oé, oé, oé'. Al momento y a una cuarta, le estalló la siguiente -y última- pregunta a 'Mozart': '¿Serías capaz de jugar en el Real Madrid con Sabonis y con Mendoza?'. Y la respuesta de Dražen, citando a Warren LeGarie, el agente que lo llevó hasta la NBA: "¿Cómo no? Estaría bien, pero es muy difícil... Warren puede disponer de más datos que yo".

Sólo dos semanas exactas después, Dražen Petrovic, el 'Mozart' del baloncesto europeo quedaba fulminado y engullido por la sórdida 'AutoBahn 9' de Baviera. Sus restos quedaron depositados en un panteón de la familia, en las coordenadas 45º50'22"N 15º59'00"E, en el Cementerio Mirogoj, en Zagreb. Aquí y así nos dejó 'Mozart' (con muchos 'Salieris') así que pasen 30 años... que han pasado.

Tres años y pico antes, en el otoño de 1989, a Fernando Martín, todo carisma y recién renovado por Ramón Mendoza en aquella misma temporada 88-89, no dejaban de martirizarle la espalda, el lumbago... y el tendón. Como unidos por mano fatídica, llegaron el domingo 3 de diciembre de 1989 y la M-30: siempre esa M-30, tan cerca de aquella calle Josefa Valcárcel del verano de 1985. "Me ha pillado un accidente en la M-30, hay muerto un jugador de baloncesto... y ese muerto tiene un cuerpo como el de Superman', dijo cierto fotógrafo, cuyo nombre se respeta, el fotógrafo al que le pilló el drama final de FM en la M-30.

Y esto fue lo que dijo Juan Corbalán (al que se le escapan lágrimas alguna vez que recuerda a Fernando y que acaba de estrenar un 'corto' documenta('Shooting for Mirza'), sobre Mirza Delibasic, otro genio irrepetible: "Fernando era alguien que quería vivir deprisa. Fernando Martín fue víctima de su propio éxito". Si eso lo dice el doctor Juan Antonio Corbalán, 'The Floor General', el mejor base europeo de todos los tiempos, poco más queda por añadir, doctor.

Pero todo esto ya fue otra historia. La nuestra se resume en dos palabras que cruzaron caminos entre 1986 y 1989, entre Madrid y Portland. Dražen y Fernando, 'Hubris y Némesis'. 'Némesis', 'maldición', la maldición de que tanto baloncesto fuera a morir con ellos.

Buenos días. Aún colea el adiós de Karim Benzema. Despedir a una figura de su dimensión no es despedir a cualquiera. Sin embargo, al mismo tiempo, estamos ya enfilados al pajiplantilleo del verano sin remisión, lo que nos deja entre dos aguas de muy diferente temperatura y densidad.

Para aquellos despistados, no familiarizados aún con el concepto de pajiplantilleo (porque de todo hay), reproducimos a continuación la definición del termino, acuñada ayer en esta misma sección.

El pajiplantilleo, para quien no lo sepa, es la ciencia onanística a partir de la cual cada madridista del orbe gesta una plantilla del Madrid para la temporada próxima, de preferencia valiéndose de un papel y un boli. Aunque no hay contraindicación en llevar a cabo esta práctica en cualquier estación del año, lo cierto es que el pajiplantilleo, como las bicicletas, es predominantemente para el verano.

Pero ya llegaremos al pajiplantilleo del día porque antes, como indicábamos, hemos de tratar aún el adiós del inimitable Karim, que nos ha abandonado dejando tanta pena en nuestros corazones que el consuelo será arduo durante mucho tiempo.

Karim se despidió en Valdebebas, en un acto emocionado y sobrio a la vez. Dio las gracias al madridismo (y el madridismo a él en la figura de Florentino) y se fotografió con todos sus trofeos, rodeado de muchos de sus compañeros más célebres. Esta despedida del astro francés no ha entusiasmado a todo el mundo. En general no ha gustado a parte de la prensa, quizá porque no hubo rueda de ídem. Por lo visto es tarea imposible hacer entender a según quién que cada uno se despide como le da la gana, como estima oportuno, como considera adecuado y, sobre todo y por encima de cualquier otro enfoque, como le brota de los mismísimos dídimos. No sabemos si nos estamos explicando con claridad.

Antonio Romero, de la Ser, empieza por reconocer eso mismo, es decir, que nada uno se despide como quiere pero.

El pero es la clave. Vivimos en un mundo de adversativas. Soy madridista PERO. Yo no soy racista PERO. Cada uno es libre PERO. No, oiga, si usted le va a poner un pero a continuación, no empiece por decir que cada uno es libre. La libertad no conoce esa conjunción y, de conocerla, se la pasaría por el arco del triunfo sin pero alguno.

Roberto Morales es otro que tiene serias objeciones a la despedida de Karim y la compara desfavorablemente con la de Joaquín, seguramente porque fue más lacrimógena y Pedrerol campaba en ella por sus respetos. Pretender que Joaquín y Benzema tengan que tener una despedida parecida seria como pretender que Joaquín y Benzema sean parecidos, y con eso intuimos que está dicho todo. Por lo demás, Benzema se va a jugar Arabia y Joaquín se va a su casa, lo que también da una medida del diferente tono de los actos.

El pajiplantilleo en cambio, por el momento, no conoce adversativas. Uno puede pajiplantillearse a voluntad, decidiendo fichajes para la temporada próxima, sin que por el momento exista el riesgo de que Antonio Romero te afee la conducta como si fuese un cura de los agustinos. Puedes soñar con Kane, Davies o Gvardiol sin que Roberto Morales te recrimine esos tactos nocturnos o el hecho de que no ofrezcas ruedas de prensa para detallar los pormenores de tu paroxismo. El pajiplantilleo es libre, hermanos, gocémoslo. Para pajiplantillear con Kane, por ejemplo, Marca ofrece hoy abundante material gráfico.

Cuentan que Diógenes fue una vez sorprendido en medio de la calle, dando rienda suelta a lo del pajiplantilleo. Un señor de Laerte le afeó su conducta y el gran filósofo respondió: “Pajiplantilleándome sacio mi sed de fichajes. Ojalá pudiera saciar mi hambre tocándome la barriga”.

Viva la iniciativa, viva el amor propio, viva el pajiplantilleo, que no precisa más que de la propia imaginación para brindar solaz al interesado. La propia mente, un trozo de papel, un lápiz y la autonomía suprema en el arte de la autosatisfacción. Recordad que es conveniente tener al menos dos buenos jugadores por puesto y que Lucas Vázquez sirve para casi todos.

Al fin y al cabo, para tener éxito en cualquier disciplina colectiva, nunca hay que dejar de entrenar en solitario. Son las conclusiones a las que han llegado unos suecos, deliciosamente casquivanos, que han decidido registrar el sexo como deporte y han organizado una suerte de olimpiada en su país, sobre camas de IKEA, es de suponer (o acaso en el interior de algún que otro Volvo).

Sí, amigos. Al parecer, la Federación Sueca del Sexo incluso ha organizado el primer Campeonato Europeo de Sexo, que si disputará en Gotemburgo el 8 de junio. Selva Lapiedra representará a España. No sabemos por qué en nuestros país casi todas las actrices de cine para adultos se apellidarán Lapiedra. Tal vez se trate de una familia de muy saludable vida horizontal, o tal vez todas las Lapiedra que conocemos solo tengan en común su propensión a pasar por la ídem. María Lapiedra, sin ir más lejos, fue novia de Jan Laporta, sin que por el momento haya emitido en público ninguna queja relativa a palancas.

El caso es que Dragan Bratych, presidente de la Federación Sueca de Sexo, y principal responsable de que Suecia se haya convertido en el primer país del mundo que registra el sexo como un deporte, ha realizado a Times of India unas jugosas (con perdón) declaraciones que constituyen la razón por la que hoy traemos este hito al portanálisis."Al igual que cualquier otro deporte", nos alecciona Bratych, "lograr los resultados deseados en el sexo requiere entrenamiento en solitario. Por lo tanto, es lógico que la gente también comience a competir en este aspecto".

¿Qué os decíamos sobre el pajiplantilleo? Pues básicamente lo mismo. Que hay que pajiplantillear en solitario para que luego, cuando haya que decidir entre Kane y Lautaro, no nos pille el toro sin haber hecho los deberes como Dios (es un decir) manda.

Las portadas de la prensa cataculé no dan hoy, como suele suceder, ni para media pajiplantilla, pero os las dejamos porque querréis verlas. Pajiplantillearse con Messi a estas alturas, tiene que estar catalogado como parafilia por la OMS, pero nosotros qué sabremos. Os dejamos con la mejor canción sobre pajiplantilleo jamás compuesta: Pictures of Lilly, de The Who.

Pasad un buen día.

 

Benzema se nos fue. Se quedó a vivir en una prórroga que dura un año, flotando en esa media hora desde que el speaker del Bernabéu anunció los seis minutos de añadido hasta que Vallejo se vistió de Templario de la Corona de Aragón, gol de penalti estando cojo de por medio. Ahí vive Karim, en el recuerdo de la histeria. Este año no ha sido más que el descuento de la prórroga. Quién quiere septiembres ni febreros cuando la primavera durará toda una vida.

Llegó con más pinta de personaje secundario de peli de Sorrentino que de nueve para una década. Fragmentos de belleza única entre la decadencia y la melancolía. Cuando el Madrid era el Imperio Romano languideciendo, refugiado en sus triunfos pasados, y en el reflejo del Tíber la gloria más cercana la encontraba en la volea de otro pelado francés.

En fin, maestro. Que te den lo que no pudimos darte, aunque nosotros te lo hayamos dado todo

Luego vendría La Décima, el pelado francés otra vez, ahora desde el banco, La Undécima, el Calderón. Y fue ahí, en la línea de cal del Manzanares, a la orillita de un continente y jubilando una catedral del fútbol, donde terminó de convencer hasta al más agnóstico. Ya no quedaba ni un iconoclasta sin comprender que sin estética no puede haber ética.

Benzema Calderón

Tuvo siempre Karim un ligero perfil trágico, con esa mirada perdida y con esa languidez tan suya con la que se abandonaba en el campo. Y sin embargo siempre fue nuestro favorito, el bueno, el que, preguntados por nuestro jugador fetiche, citábamos para demostrar que sabíamos de la pelota. Un Balón de Oro con aire de torero despechado, de mariachi borrachín desafinado. Y aun así no te hubiésemos cambiado por ninguno. La nostalgia hecha futbolista, vaya, y, al mismo tiempo, la virtud de ser salvaje y estético a la vez.

En fin, maestro. Que te den lo que no pudimos darte, aunque nosotros te lo hayamos dado todo. Con ese nuevo Bernabéu a puntito de estrenar. Con todas las luces que aquí dejaste encendidas. Yo no sé cómo vamos a apagarlas.

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Este es un artículo escrito y no publicado por Julián Carpintero en 2015. La vigencia que mantiene a día de hoy es sorprendente.

 

 Hace tan sólo unas semanas que Alberto Egea escribía lo siguiente en su perfil de Twitter: "Con una raqueta hubiera sido Federer, con un pincel Picasso y siendo un negro de 2'10 hablaríamos de 'Magic'. Pero eligió el balón". Y no podría tener más razón al hablar de Karim Benzema, el verso suelto del Real Madrid campeón que, sólo cuando este cuelgue las botas, comprenderá que ha estado años jugando a lo que el francés ha querido. Pero, claro, Benzema es tan sutil que el resto apenas sí nos hemos dado cuenta.

Pocas personas en todo el planeta serían capaces de definir con precisión lo que es Benzema, ya que encerrado en ese cuerpo de nadador al más puro estilo Mark Spitz vive un refinado violonchelista capaz de aparecer y desaparecer del campo de visión de los defensas rivales con un simple giro de cadera. Porque es tan etéreo que nadie sabe lo que es. No se le puede considerar un delantero al uso, pues cae con facilidad al círculo central para asociarse con sus compañeros como si del mejor pasador se tratara. Tampoco un mediapunta, esa posición que los italianos, con su habitual musicalidad para las palabras, han venido en llamar 'trequartista'. Y mucho menos un gato, por mucho que José Mourinho le confiriera atributos felinos en aquella célebre rueda de prensa. Quizá lo más acertado sea decir que Benzema y el fútbol son como una pareja de adolescentes enamorados a los que les aterra el compromiso por sus ansias de juventud: no les hace falta ponerse un nombre para saber lo que son. Y a ellos les basta.

Karim Benzema, el verso suelto del Real Madrid campeón que, sólo cuando este cuelgue las botas, comprenderá que ha estado años jugando a lo que el francés ha querido. Pero, claro, Benzema es tan sutil que el resto apenas sí nos hemos dado cuenta

Con una sonrisa que Da Vinci hubiera querido para su Gioconda, Benzema es un futbolista camaleónico. Su arrancada provoca la misma sacudida que la estampida de una manada de bisontes, potente y devastadora, emulando las carreras salvajes de su ídolo Ronaldo. Con sus controles, tan complejos como sofisticados, dibuja siluetas sólo al alcance de Baryshnikov, un arte que distinguió a su mentor y gran valedor, Zidane. Su mente bien podría ser la de Norman Foster, ya que posee la perspectiva de un arquitecto para proyectar combinaciones y desmarques que otros tardaríamos tres vidas en soñar. Pero es que el galo —con ele, no con t— es mucho más que eso. Es la imaginación necesaria para caracolear en una baldosa del área, la fuerza precisa para alojar un balón en la escuadra de Rulli gracias a un derechazo percutido con compás y la inteligencia para interpretar las necesidades de cada partido y retroceder un metro para que los dos pistones que corren por sus lados avancen veinte. Un elegido que parece vivir en la misma burbuja que Modrić, del que Guillermo Valverde dijo "no ser consciente de lo bueno que es, como esa chica guapa que no sabe que es guapa".

Benzema y Modric

Más de un lustro ha tardado la grada del Santiago Bernabéu en bendecir al '9' del 'gallo', un hombre que después de aparcar sus escarceos con Ferraris y señoritas de la vida alegre ha sabido susurrar a la pelota e hipnotizar a propios y extraños. A día de hoy parece casi una grosería pensar que en algún momento Benzema fuera suplente de Higuaín, Adebayor o Morata, todos ellos excepcionales futbolistas —que me perdone 'Chicharito'—, pero ninguno con la consideración de un jugador que, como sentenció Hughes, "entra en el área como si la acabaran de fregar", de puntillas, como si no quisiera que nadie se enfadara con él. Benzema es así, no busca los focos ni tan siquiera a la hora de celebrar sus goles, cuando le basta con lanzar un par de salvas con el rifle imaginario que sostiene entre sus manos.

No obstante, más allá de ser el ojito derecho de Florentino, probablemente su mayor mérito haya sido sobrevivir al bullicio que montan la ambición de Cristiano y el hambre de Bale, dos animales a los que Benzema no ha hecho otra cosa que ponerles delante de sus narices la zanahoria con el palo para que sean ellos los que corran. Pero Ancelotti, hombre de fútbol y el laconismo hecho carne, lo sabe y le valora en la medida en que se merece. Falcao, Cavani, Lewandowski, Agüero... ¿Qué más da? Si el mejor delantero (ahora sí) que el Real Madrid podría tener ya viste de blanco.

 

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El 6 de junio de 1998, tal día como hoy de hace 25 años, el Real Madrid terminaba la temporada 1997-98 con un encuentro amistoso disputado en La Rosaleda, Málaga, frente al Atlético de Madrid. El equipo blanco, dirigido en aquella ocasión por Toni Grande, se impuso 2-1 con tantos de Amavisca y Jaime. Ese día se despedía de los terrenos de juego como futbolista profesional Miguel Porlán Noguera, ‘Chendo’, el lateral derecho de la rodillera blanca. Cerraba una etapa de dieciséis temporadas y 497 partidos oficiales de blanco en los que hizo gala de una gran capacidad de trabajo y sacrificio.

Chendo colgaba las botas pero no dijo adiós al Real Madrid porque relevó a otro histórico, Ignacio Zoco, como delegado del primer equipo de fútbol. Y ahí sigue. Un cuarto de siglo después se mantiene en un puesto que le ha permitido superar los 45 años consecutivos al servicio de la institución deportiva más importante del mundo. Serán 46 a la vuelta del verano y sería muy bonito que se prolongara su vinculación con el Club hasta completar los cincuenta.

Zoco y Chendo

La despedida en Málaga de 1998, por lo tanto, no fue más que un punto y seguido a una carrera que se inició cuando llegó a la capital desde su Totana natal, sin haber cumplido todavía los dieciséis, para incorporarse a los juveniles del club blanco. Era septiembre de 1977. Para que nos hagamos una idea de lo que ha vivido Chendo en el Real Madrid es suficiente con echar un rápido vistazo a unos cuantos datos y apuntes que ponen en relieve la dimensión de su paso por la entidad, una trayectoria que sigue vigente. De hecho, muchos no habrán conocido un Real Madrid sin Chendo.

El 6 de junio de 1998, tal día como hoy de hace 25 años, el Real Madrid terminaba la temporada 1997-98 con un encuentro amistoso disputado en La Rosaleda, Málaga, frente al Atlético de Madrid

Cuando el novel Miguel Porlán llegó al Real Madrid el presidente era Don Santiago Bernabéu de Yeste. Acababa de celebrarse el homenaje a Manuel Velázquez y en la primera plantilla del conjunto blanco todavía jugaba uno de los ilustres del Madrid ‘yeyé’, José Martínez ‘Pirri’. Un joven Juan Gómez ‘Juanito’ acababa de incorporarse al equipo para triunfar con la elástica blanca. Las camisetas, por cierto, todavía no llevaban publicidad ni lucían logotipos de firmas comerciales. Y todavía no se jugaba con el inolvidable balón Tango de Adidas. Era otro fútbol.

Chendo joven

Chendo progresó como futbolista en las categorías inferiores para dar el salto al filial. Jugó la Recopa de Europa con el Castilla, debutó en Primera División con motivo de una de las huelgas que vivió el fútbol español a comienzos de los ochenta, subió al primer equipo con Alfredo Di Stéfano de entrenador y vivió la eclosión de la Quinta del Buitre, con cuyos componentes había llegado a coincidir en Segunda División. Fue uno de los protagonistas de las históricas noches de remontadas europeas de aquella década y ganó las dos Copas de la UEFA. Llegó a ser Internacional con la Selección de España, con la que disputaría dos Mundiales. Como defensa marcó a los mejores rivales de la época, dejando para la historia un inolvidable duelo con Diego Armando Maradona. Formó parte del equipo que encadenó las cinco Ligas consecutivas entre 1986 y 1990. Portó el brazalete de capitán. Jugó a las órdenes de técnicos tan dispares como Jorge Valdano o Fabio Capello. Se retiró levantando La Séptima. La Copa de Europa, a todo esto, había cambiado ya de formato y de nombre denominándose Champions League.Chendo selección española

Después, ya como delegado, ha estado a pie de campo en todos y cada uno de los partidos que ha jugado nuestro equipo durante los últimos veinticinco años, que se dice pronto. Ha visto cómo se ha incrementado el palmarés de un Club que, cuando él llegó, contaba con seis Copas de Europa en sus vitrinas y ahora expone catorce trofeos de la máxima competición continental en su museo. Vio cómo se ganaban Copas Intercontinentales, primero, y Mundiales de Clubes, después. Asistió a la llegada de los fichajes más mediáticos de principios de siglo y a los veranos con las giras internacionales. A la conquista de nuevos títulos que no se habían ganado antes, como las Supercopas de Europa, por parte de futbolistas que también se adjudicaban galardones individuales como los preciados Balones de Oro. En lo personal, también tuvo el privilegio de volver a jugar con el primer equipo a los 49 años en un amistoso disputado a favor de los afectados por el terremoto de Lorca.

Chendo Lorca

A lo largo de las campañas y de las temporadas Chendo ha acompañado en el banquillo a todos los entrenadores y técnicos que han ido pasando por la escuadra blanca. Ha visto cómo ha cambiado la fisonomía del Estadio Santiago Bernabéu. Vivió la reforma con motivo del Mundial 82, las obras de 1992 o la actual remodelación que está cambiando el aspecto del templo madridista. Pasó de entrenar en la antigua Ciudad Deportiva a ver cómo el conjunto blanco trabaja ahora en Valdebebas. También vio cómo cambiaba la moda y la estética alrededor del fútbol. Las clásicas botas negras, por ejemplo, pasaron a ser de colores llamativos. El propio Chendo fue uno de los innovadores en ese ámbito, puesto que llegó a lucir en algún partido unas botas en las que predominaba el material de color blanco. De un fútbol cuyos aficionados se informaban a través del papel de los periódicos y revistas hemos pasado a otro en el que la información digital está a la orden del día. El Club incluso cuenta con su propio canal de televisión. Qué diferente es todo a lo que había en septiembre de 1977…

El de Totana se jubilará después de toda una vida en el Madrid. Y la etiqueta de ‘One Club Man’ se le queda muy corta

A lo largo de los últimos 45 años Miguel Porlán ‘Chendo’ ha contemplado de todo en el Bernabéu y ha sido testigo, en primera persona, de cómo ha crecido y se ha modernizado la entidad. Si alguien ha visto lo que ha cambiado el mundo del fútbol y el Real Madrid a lo largo del último medio siglo, ha sido él. Dudo mucho que algún otro empleado lleve tanto tiempo en nómina del Club. El de Totana se jubilará después de toda una vida en el Madrid. Y la etiqueta de ‘One Club Man’ se le queda muy corta.

 

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En el ya lejano verano de 2009, hace 14 años, Florentino Pérez montó una verdadera revolución en el club, al que volvía después de su segundo advenimiento.

Fue el verano de Cristiano Ronaldo, primordialmente, pero también el de Kaká: dos figuras mundiales y ambos muy recientes balones de oro. También el de varios fichajes para “españolizar” al equipo, encabezados por el metrónomo Xabi Alonso, que vino acompañado por dos defensas internacionales, Albiol y el gran Álvaro Arbeloa (acierto pleno al fichar a los 3, que un año después se proclamaron campeones del mundo de selecciones en Sudáfrica con la selección española).

Benzema, Cristiano, Xabi Alonso, Kaka, Arbeloa, Garay, Granero y Albiol

Hubo un sexto fichaje: se trataba de la promesa más ilusionante del fútbol francés, un delantero de 21 años de edad, procedente del Olympique de Lyon, con 4 títulos conseguidos como campeón de la Ligue 1 a su joven edad. Karim Benzema. El presidente Pérez, enamorado de su juego, se desplazó personalmente al domicilio de Karim para formalizar su fichaje, quizás la única vez que hizo una gestión de fichaje tan personalizada.

14 años después, el domingo 4 de junio de 2023 por la mañana, saltó el bombazo que —casi— ningún madridista deseaba: se va Benzema del club, sin dejarnos tiempo para organizarle una despedida por todo lo alto en el Bernabéu. El anuncio apenas se hizo 6 horas antes del inicio del último partido de liga del francés. Y sorprendió con el pie cambiado a todo el mundo.

Florentino Pérez, enamorado de su juego, se desplazó personalmente al domicilio de Karim para formalizar su fichaje, quizás la única vez que hizo una gestión de fichaje tan personalizada

Quien les narra —como muestran decenas de escritos en La Galerna— profesa una enorme devoción por Karim Benzema desde el mismo momento en el que se anunció oficialmente su fichaje. Hay muestra gráfica de ello: por ejemplo, en la final de Kiev en 2018 ante el Liverpool, este escribidor no vio a ningún otro seguidor del Real Madrid luciendo una camiseta de Benzema, excepto a sí mismo.

Esa temporada, por cierto, fue de las más flojas del francés de origen argelino, con pocos goles (12, su segunda peor marca como madridista en 14 años), y cosechando bastantes pitos por parte de su propia afición, sobre todo en varios encuentros ligueros, donde su bagaje en 32 partidos fue tan solo de 5 tantos. Aun así, resultó ser más que decisivo en la vuelta de la semifinal ante el Bayern (2-2, con 2 goles suyos ante el alemán Ulreich) y en la mismísima final, donde su astucia permitió batir al meta Karius e inaugurar el marcador de la final.

Benzema Karius

Muchos compañeros de esta revista de Internet han rendido homenaje a Karim —con mucha más belleza que un servidor— y otros cuantos lo seguirán haciendo en los próximos días. Así pues, incidiré menos en loas poéticas y en aspectos sentimentales, destacando sobre todo la progresión que ha vivido Benzema en el transcurso de esta larga trayectoria, que ha terminado con 648 partidos disputados, siendo el quinto jugador en esta clasificación en los 121 años de historia del club, tan solo tras Raúl González (741), Iker Casillas (725), Manolo Sanchís (710) y Sergio Ramos (671), y siendo el extranjero que lidera dicho ranking, superando en más de 100 partidos al segundo, Marcelo Vieira (546).

Destaco sobre todo la progresión que ha vivido Benzema en el transcurso de su larga trayectoria, que ha terminado con 648 partidos disputados, el quinto jugador en los 121 años de historia del club, y el extranjero que lidera dicho ranking

Y es que los principios de Benzema en el club no fueron sencillos. Tardó algún tiempo en explotar y tuvo que competir duramente en sus inicios con Gonzalo Higuaín por la titularidad. En su primera campaña juntos, el Pipa goleó a Karim (29 goles a 9), aunque en la segunda temporada los números del lyonnais ya superaron a los del argentino nacido en Francia, ambos a las órdenes de Mourinho. Y la tendencia siguió así durante el trienio del entrenador portugués, pese a algunas críticas de este sobre el francés con su famosa frase “si no tienes perro para ir a cazar y tienes un gato, vas con él”, frase que espoleó a Karim para poco a poco desbancar a Higuaín, cosa que finalmente logró a mediados de su segunda campaña.

Benzema Mourinho

Pero Karim tenía otra baza, además de su producción goleadora, que ya superaba con facilidad los 25 goles al año (con un pico de 32 en la célebre Liga de los récords): las asistencias. Y es que se convirtió claramente en el mejor compañero de baile de Cristiano Ronaldo, con una media de 20 asistencias por año, la mayoría como obsequios para el crack de Madeira.

De ahí el título de este artículo. Benzema, sobre todo en las temporadas de Mourinho, era el gran actor de reparto, un secundario valiosísimo. Ya se sabe que, en muchísimas películas, son los grandes actores secundarios quienes salvan una producción. Karim sabía que el galán del film era otro, era el marciano portugués que marcaba cada año 50 goles. Y aceptó generosamente dicho rol.

En los premios Oscar, en toda su casi centenaria historia, ha habido 6 actores que han sido capaces de ganar la preciada estatuilla como actor principal y también como mejor actor secundario. En la mayoría de los casos, el primer Oscar que obtuvieron fue como actor de reparto, y años después les llegó la gloria absoluta como actores principales.

El gran Jack Lemmon ganó como secundario en 1955 (“Escala en Hawai”) y como protagonista 18 años después (“Salvad al tigre”). Robert de Niro hizo el mismo recorrido como secundario (“El Padrino 2ª parte”) en 1974 y logró el Oscar como actor principal en 1980 con “Toro Salvaje”. Denzel Washington, lo mismo: mejor actor de reparto en “Glory” (1990) y alcanzó su cima en 2002 con “Training Day”. También igualó dichos registros el hoy en día denostado Kevin Spacey, con “Sospechosos habituales” en 1995 y su protagonista en “American Beauty”, de 1999.

Jack Lemmon Salvad al tigre

Este fue el camino que tuvo que recorrer Karim Benzema, el mejor secundario entre 2009 y 2018 en el Real Madrid, el socio favorito de Cristiano, pero al que los periodistas en general (recordemos aquellos feos apodos de “BenzeMAL” “BenzeNÁ”, “Mesié Empané”, “El gato” como mote despectivo, o “BenzeMALO”), y muchos aficionados madridistas no lo supieron valorar en su momento. Recordemos que numerosos seguidores asiduos al Bernabéu casi exigían su suplencia y manifestaban su preferencia por Álvaro Morata como titular del equipo.

Su gloria (que ya de por sí debía de ser indiscutible, ya que había ya ganado en 2018 4 Copas de Europa, y siendo en las 4 finales titular indiscutible) definitiva se fraguó paradójicamente —o no tan paradójicamente— a partir de la salida de su mejor partner en el club, verano de 2018. Aquel verano negro (por las salidas de Cristiano y de Zinedine Zidane), casi todos pensaban que quien iba a tomar el relevo en el liderazgo de la delantera merengue iba a ser Gareth Bale; pocos pensaban en Karim.

Los periodistas en general y muchos aficionados madridistas no lo supieron valorar en su momento. Recordemos que numerosos seguidores asiduos al Bernabéu casi exigían su suplencia y manifestaban su preferencia por Álvaro Morata como titular del equipo

Lo cierto es que tras un annus horribilis 2018-19 del club (en el que Benzema volvió a marcar 30 goles, los mismos guarismos que 7 años antes), enseguida se vio que el francés iba a asumir el bastón de mando atacante del equipo. Lo reafirmó en la siguiente campaña, la de la Liga de la Pandemia, reconquistando el título tras el de 2017, y de ahí ya nadie le pudo quitar el protagonismo en el Madrid (con producciones cercanas a los 30 goles y más de 10 asistencias por año), con especial hincapié en la maravillosa temporada 2021-2022, con un récord de 44 goles y 15 asistencias en tan solo 46 partidos, con una lluvia de títulos, con liga incluida, y con su excepcional Champions League, la Decimocuarta, posiblemente la más bella e increíble aventura jamás contada desde que se creó la competición, allá por 1955.

Benzema Catorce

Obviamente, tras tan tremebundas estadísticas, llegó el 17 de octubre de 2022 (“le jour de gloire est arrivé”, como una de las estrofas de “La Marsellesa”) la noche en la que Karim obtuvo su particular Oscar al mejor actor protagonista: el célebre Balón de Oro, más merecido y más unánime de los últimos tiempos. En esta ocasión, no hubo la más mínima sombra de duda sobre qué jugador había hecho más méritos para levantar dicho galardón.

Benzema había culminado el mismo camino que en celuloide habían trazado antes que él actores excepcionales: Lemmon, De Niro, Washington, Spacey, que se habían esforzado durante años haciendo papeles de todo tipo, con variados registros (comedia, drama, acción). Benzema se había entregado durante años al equipo, a sus compañeros, abriendo espacios, efectuando desmarques, inventándose pases imposibles, cabeceando, disparando con ambas piernas desde todos los ángulos, produciendo jugadas imposibles como su célebre slalom en la línea de fondo en el viejo Calderón ante la presencia y los ojos atónitos de tres defensores de prestigio como Godín, Savic y Giménez.

Benzema había culminado el mismo camino que en celuloide habían trazado antes que él intérpretes excepcionales del cine: de actor de reparto a mejor actor principal

Benzema ha producido tantas obras maestras que muchas de ellas permanecerán hasta el fin de los tiempos en millones de mentes madridistas y también de muchos amantes del fútbol de calidad (“juego para los que saben de fútbol” como bien declaró varias veces), como lienzos velazqueños en el Museo del Prado o como vestigios mesopotámicos en el British Museum.

Aun nos queda por llorar su ausencia: en el mes de julio próximo ya no formará Karim parte de la expedición madridista para hacer la pretemporada. Una de mis hijas me recordada ayer que el coche que teníamos hace unos 10 años lo bautizó ella misma como “Benzema”, mientras derramaba unas lágrimas al enterarse de su adiós al Madrid.

Benzema ha producido tantas obras maestras que muchas de ellas permanecerán hasta el fin de los tiempos en millones de mentes madridistas y también de muchos amantes del fútbol de calidad (“juego para los que saben de fútbol” como bien declaró varias veces), como lienzos velazqueños en el Museo del Prado

Tengo claro que el próximo partido al que vaya al Bernabéu lo haré con la camiseta del 9 de Benzema, como en ciertas ocasiones señaladas (a veces me pongo dos, ambas con el 9, la otra está firmada por D. Alfredo, quien, por cierto, adoraba el talento del francés y así me lo hizo saber al menos en dos ocasiones). Va a ser un vacío imposible de cubrir, pero nos ha dejado tantos goles, tantos pases, tanto arte, en definitiva, que al añorarlo tendremos todos los que le adoramos un amplio catálogo de joyas futbolísticas por recordar.

 

P.D.: Para los curiosos amantes del cine, los otros 2 actores que han obtenido ambos galardones (actor principal y actor de reparto) han sido hasta ahora Jack Nicholson (2 como protagonista en “Alguien voló sobre el nido del cuco” en 1976 y en “Mejor… imposible” en 1998, y como secundario en “La fuerza del cariño” en 1984) y Gene Hackman (protagonista en 1971 por “French Connection” y secundario en 1992 por “Sin perdón”). Al contrario de los antes mencionados, estos dos gigantes del cine empezaron ganando como actores principales de sus películas.

 

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Buenos días, amigos. Miguel Hernández iba de su corazón a sus asuntos y nosotros hoy vamos del Corazón (de la 14) a los nuestros, que son las portadas, aunque para ser sinceros estamos todavía presos del ensalmo del prodigioso documental de Real Madrid TV, emitido ayer en primicia mundial.

A diferencia de lo mostrado en anteriores exponentes de la serie (“En el corazón de…” viene realizándose desde la Octava), este reportaje no se circunscribe a mostrarnos la intrahistoria de la Final, sino que se recrea en el prodigio de todo el camino a la misma, con las imponentes remontadas ante PSG, Chelsea y City. Si no lo habéis visto ya, esperad a la repetición al jueves (también en RMTV) o haceos invitar a casa del amigo que lo grabase. Seguro que no le importa soportaros con el culo en su sofá y apretándoos todas las aceitunas si eso implica volver a pasar por el trance emocional de repetir todos esos momentos.

Es un producto único, maravilloso. Alguien (no diremos quién para no desacreditarle ante las masas) sugería ayer en el consejo de redacción de La Galerna que era demasiado largo. Es un reportaje para mitómanos, y el auténtico mitómano no tiene suficiente con diez segundos de Lucas Vázquez cortándose las uñas de los pies antes de darse el último masaje previo a la Final, sino que quiere la secuencia completa de la pedicura del gallego.

El documental está tan cuajado de momentos inolvidables que, si queréis, podemos ser vuestro amigo el que os invita a verlo a su casa, convirtiéndoos en la excusa perfecta para verlo de nuevo. Es un compendio de todas las cosas buenas y edificantes de la vida, sencillamente: la fe, la amistad, la aventura. En definitiva, el Real Madrid.

Lo vamos a grabar en un pen drive y lo vamos a llevar colgado del cuello, como un escapulario que nos saque del Purgatorio el miércoles siguiente a nuestra muerte porque juega el Madrid en Champions.

Florentino cachondeándose con Courtois en el vestuario, tras la victoria en Saint Denis. “No has hecho nada del otro mundo. ¿Cuál es tu trabajo? Parar, ¿no? Pues has parado, ya está”. “Gracias por traerme aquí, Presi”.

Luka Modric hablando castellano como Fernando Lázaro Carreter. “Esta victoria tiene el rango de la Décima”.

Militão explicando a Florentino cómo siente él el Real Madrid.

El ambiente (documento impagable) que se vivía en el vestuario durante los minutos de retraso en el inicio de la Final, a causa de los incidentes de Saint Denis. Toni Kroos: “No importa, ganamos más tarde”.

El irresistible corolario final, a manera de epílogo, con las reacciones al gol de Vini frente al Liverpool en los rincones del planeta más dispersos, desde la India a Los Angeles, pasando por Senegal o Polonia. El Madrid es una fiebre global.

No os lo perdáis. Tampoco os perdáis hoy, a las 12AM, el homenaje a Karim Benzema en Valdebebas, retransmitido también por RMTV.

En fuerte contraste con este prodigio, están las portadas de la jornada.

Vamos con ellas, si es que encontramos fuerzas para desengancharnos de lo bueno y arrimarnos a… bueno, a lo de siempre. Se da por concluida la temporada futbolera y se abre la del pajiplantilleo.

El pajiplantilleo, para quien no lo sepa, es la ciencia onanística a partir de la cual cada madridista del orbe gesta una plantilla del Madrid para la temporada próxima, de preferencia valiéndose de un papel y un boli y, aunque no hay contraindicación en llevar a cabo esta práctica en cualquier estación del año, lo cierto es que el pajiplantilleo, como las bicicletas, es predominantemente para el verano.

Portada Marca

El pajiplantilleo de Marca tiene que ver con Davies, el soberbio lateral izquierdo del Bayern, por quien hay un interés del Madrid (esto os lo confirmamos nosotros) y acerca de quien no se niega a negociar el Bayern (esto os lo cuenta José Félix Díaz). La Galerna, en tanto en cuanto el jugador le encanta, lo incorpora con gusto a su pajiplantilla. Bellingham y Kane, mencionados asimismo en la primera plana marquista, son del gusto de nuestra redacción para iluminar nuestro vicio solitario.

Portada As

Chukwueze, en cambio, no estaba previsto en el catálogo, pero chico, a estas alturas no vamos a hacernos los estrechos y, si hay que hacer hueco para el último jugador que nos ha impresionado en el cara a cara (menudos dos golazos nos marcó en el último choque contra el Villarreal en el Bernabéu), pues se le hace.

Pero vamos, que os reiteramos: para gozar en soledad (o en compañía de otros), nada como En el Corazón de la 14.

La prensa cataculé sigue con sus cositas de Messi, las cuales, por desgracia para nosotros, nos tememos que son pura fantasía.

Pasad un buen día.

Portada Sport Portada Mundo Deportivo

Hace unos años el filósofo francés Jean Juan Palette-Cazajus definió «tradición» como «ilusión», o sea: «ilusión de perennizar y sacralizar cualquier producción histórica de la mente humana mediante la creencia de que su periódica repetición ritualizada podrá preservar una pureza originaria. O sea, ilusión de vencer o parar el tiempo. Ilusión de que uno pueda bañarse todas las veces que quiera en un mismo y eterno remanso del río de Heráclito».

Buscando entender por qué me siento tan mal hoy, después de que Benzema abandonara para siempre el Real Madrid, he llegado a la conclusión de que, para los aficionados, los futbolistas nos pertenecen, aunque, por desgracia, sólo por un tiempo limitado. He ahí la razón del desasosiego. Padecemos de esa irremediable, inevitable ilusión. Ese tiempo limitado puede, en ocasiones, dilatarse mucho: Benzema, por ejemplo, llevaba a nuestro lado catorce años, es decir, una década y media. Nosotros, sin embargo, nos engañamos creyendo que ese momento reducido es, en cambio, eterno, y más si se trata de catorce temporadas. ¡Las cosas que pasan en catorce años! Nos acostumbramos a tenerlos todo el rato en nuestro paisaje sentimental, nos habituamos a ellos; forman parte del decorado de nuestras vidas, incluso nos referimos a ellos como a parientes cercanos y comentamos su vida con naturalidad.

Benzema y Di María

Yo hablo con los míos de Karim como si lo conociera, como si fuera uno de mis compadres. En realidad, es mucho más que eso: a Karim lo he visto más veces, dos a la semana desde hace tanto, que a casi toda mi familia. Están ahí. Nos enamoramos de ellos como de las personas que subliman nuestra existencia, con la ilusión de detener el tiempo en un limbo perpetuo, en un presente continuo inalterable, que es la causa de una de las insatisfacciones antropológicas del hombre: conservar nuestro mundo sin mancha, sin cambio. En ese presente continuo habita la pureza originaria de la que hablaba Cazajus, que sólo existe en nuestros sueños y en la literatura. ¿Y qué es la literatura sino el lugar donde siguen vivos nuestros sueños? Cuando los futbolistas como Benzema se marchan de un día para otro de nuestras vidas, lo que se va es, en realidad, nuestra juventud. Hoy ya somos viejos.

Cuando los futbolistas como Benzema se marchan de un día para otro de nuestras vidas, lo que se va es, en realidad, nuestra juventud. Hoy ya somos viejos

Por eso nos cuesta tanto deshacernos de unos tíos a los que, en realidad, no hemos visto nunca. Da lo mismo, forman parte de nosotros: son nosotros. Don Draper, en Mad Men, describió la nostalgia, en uno de los capítulos más memorables de la televisión contemporánea, como el dolor de una vieja herida: una punzada en el corazón, delicada pero poderosa. El eco de una voz que amábamos y que dejamos de escuchar hace mucho tiempo y que nos llama desde una pared oculta dentro de nuestra memoria, desde un lugar inaccesible del pasado. El Madrid anunció de improviso, el domingo a media mañana, que Benzema se iba, que el partido con el Athletic de por la tarde iba a ser el último en el que se vistiera la camiseta blanca, el último en el que llevara el brazalete de capitán. La voz que nos reclamaba desde el pasado se hizo muy potente, derramando un chaparrón de recuerdos sobre nosotros, que estábamos por ahí, despreocupados y a la intemperie.

Y Benzema, como Casemiro el verano pasado, como Ramos el otro, se fue; como Modric y Kroos se irán, también. Se fue porque tenía que irse, se fue pues así es como tiene que ser, porque la misión del tiempo es la que lamenta en Twitter Pipanti, «arrebatarnos todas las cosas buenas». La nuestra, también, es la de oponernos a ello, la de negarlo. Por eso somos Sísifo y cargamos con la piedra del olvido, es decir, con la conciencia de nuestra muerte, montaña arriba, una y otra vez. Pero allí donde habita ese dolor dulce que es la nostalgia también reina, quizá con más poder, el recuerdo. Recordar es amar.

Casemiro y Benzema

La importancia de Karim Benzema en la historia del Real Madrid trasciende las cifras. No sólo es el que más copas ha ganado de blanco ni tampoco el símbolo de la etapa más brillante de la historia del club, pues esas son simples consideraciones, algo pomposas, buenas para los libros de oro y los discursos oficiales. Benzema ha sido un hito cultural, un fenómeno artístico que, desde la tradición, ha roto en otra concepción del fútbol (y de la vida, como sentó jurisprudencia el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía a cuenta de Curro Romero y un currista) que niega el futuro de los algoritmos vinculándose a la fuerza renovadora, eternamente joven, de las raíces.

Benzema se fue porque tenía que irse, se fue pues así es como tiene que ser, porque la misión del tiempo es la que lamenta en Twitter Pipanti, «arrebatarnos todas las cosas buenas»

Benzema era una capacidad de emocionar, un pellizco. Mientras el mundo entero achacaba las victorias del Madrid a magia, superstición o fatalismo, y en una época en la que la belleza del juego, según los entendidos, le correspondía a los equipos mecanizados dirigidos por sesudos analistas con gafas de pasta y gorra de béisbol, el Real contaba con Benzema para sublimar plásticamente el engrudo infumable de este juego: durante tres lustros ha ido dejando catedrales de arena fina de la playa en la orilla de la Liga, catedrales que se ha ido llevando el viento y la marea, monumentos efímeros que exigían la atención del que miraba y un cierto grado de conocimiento que él consignó con aquella frase memorable: yo juego para los que saben de fútbol. De conocimiento y de iniciación, por eso Benzema es la última etapa de la evolución de un sport con antecedentes de combate colectivo que nació en la Inglaterra de la revolución industrial hace casi doscientos años.

Benzema Chelsea

Cuando Florentino anunció su fichaje yo estaba terminando segundo de Periodismo en la Universidad de Sevilla, en la facultad de comunicación de La Cartuja. A un tiro de piedra de ella, Benzema levantó hace un mes su último título como madridista, una Copa del Rey, que fue también su primer título de blanco. La vida es un círculo. Antes de llegar, sólo por lo que se le había visto en vídeos, en Lyon, en el imaginario madridista tomó la forma de un híbrido formidable entre Zidane y Ronaldo Nazario, tal y como expresó con genialidad el llorado Van Palomaain. Todos los chavales quisieron hacerse la raspadura en el flequillo que llevaba él en su presentación. Su nombre tenía eurritmia, sonaba a la de estrella de los Lakers: Kareem, rápidamente españolizable en Karino, nombre de superhéroe, de personaje de cómic.

Benzema ha sido un hito cultural, un fenómeno artístico que, desde la tradición, ha roto en otra concepción del fútbol que niega el futuro de los algoritmos vinculándose a la fuerza renovadora, eternamente joven, de las raíces

Su despedida del Bernabéu evocó la de Zidane, que también era Zizou: siendo las carreras de ambos de todo menos intrascendentes, hasta el resultado de los dos partidos fue de un empate sin relevancia, como si el destino hubiera querido hacerse manifiesto para convencernos a los madridistas de que tenemos razón y todo forma parte de un plan preconcebido por una inteligencia superior.

Benzema Zidane

Para los griegos, a lo verdadero se llegaba a través de lo bello. De lo bello queda fuera lo falso, lo impostado. El fútbol de Benzema siempre fue bello porque fue verdad: su jugada en el córner del Calderón, en la vuelta de las semifinales de la Copa de Europa de 2017, es el ejemplo perfecto de que las «enigmáticas producciones cinéticas» (así define Cazajus la tauromaquia) en que Benzema basó desde el principio su manera de entender el fútbol, se llevaban a cabo siempre entre los pitones de la realidad. Skin in the game. En aquel instante, el Madrid estaba a un tris de perder una ventaja fabulosa de tres goles con la que había llegado cómodamente desde la ida. El estadio del Atlético de Madrid era una caldera en la que se asaba el campeón de Europa. Benzema pidió la pelota en el punto más desfavorable del terreno de juego, casi ya en la M30. Recibió de espaldas, encimado por cuatro agentes de la Historia que vestían de rojo y blanco. Logró traspasarlos con la porosidad de las grandes ideas, como si estuvieran hechos de papel. Fue verdad y fue belleza. Pero sobre todo, fue riesgo.

Benzema Calderón

Con Benzema se aquilata una genuina cultura islámica del fútbol, que nace con Zidane. En la danza sutil de sus tobillos, en su amagar permanente como forma de deslizarse sobre la superficie de la tierra, hay una poesía minimalista que esconde una fuerza terrible: la nube oscura que lleva dentro el rayo fulminante. El verdadero poder es el que no necesita exhibirse, el que derrota a los enemigos por sí mismo, antes de desencadenar el combate. Benzema llevaba dentro todo un alambique que depuraba y apartaba el zumo auténtico de las cosas, el verdadero juego, orientado hacia la percusión de las redes del contrario, pues un juego sólo puede cobrar vida si hay quien gana y hay quien pierde.

Cuando en 2018 Cristiano se fugó rumbo al olvido, Benzema saltó al campo en cada partido con el orgullo herido de los patriarcas. Se negó a que el Madrid, su Madrid, se rindiera a la mediocridad

Benzema fue siempre un ganador patanegra. Con todo el plano del campo en la cabeza como si fueran las nociones primigenias del bien que decía Platón, Benzema era capaz de abarcar todo el terreno de juego sabiendo por dónde respiraban los partidos, era un talento individual supremo al servicio de una causa comunitaria. El fútbol sólo se juega con inteligencia, por más que los alemanes del gegenpressing nos llenen cíclicamente de fondistas la semifinales de la Copa de Europa, y alguna vez que otra incluso la ganen. Así, labrando el terreno de la imaginación madridista que pertenecía a los juegos entre Roberto Carlos y Zidane, Benzema se formó de escudero de Cristiano hasta que el rey abdicó y en el trono, de pronto, lo que había era un cráter. Por el camino se había hecho un futbolista completo adquiriendo la listeza tenaz de Raúl en la persecución obsesiva de los rechaces; la facultad de volar por los aires y rematar lavadoras de Van Nistelrooy, Ramos y Cristiano; el cuerpeo de gladiador dentro del área con los centrales y todas aquellas suertes del oficio que desmentían recurrentemente su apariencia de poeta frágil, ensimismado y místico.

Benzema y Cristiano

Por eso no se quedó nunca en un esteta. Benzema era un canchero, un animal competitivo. Cuando en 2018 Cristiano se fugó rumbo al olvido, Benzema saltó al campo en cada partido con el orgullo herido de los patriarcas. Se negó a que el Madrid, su Madrid, se rindiera a la mediocridad. De aquella temporada infame el Real salió, sin saberlo, con un padre de familia empeñado en poner otra vez la corona de su escudo encima de la Copa de Europa. Sus cuatro últimas temporadas, ya como líder moral absoluto del grupo, no son las de un artista, sino las de un forjador de mundos. Son las de un Di Stéfano.

Sus cuatro últimas temporadas, ya como líder moral absoluto del grupo, no son las de un artista, sino las de un forjador de mundos. Son las de un Di Stéfano

Como cuentan de don Alfredo, Benzema acabó capitalizando el juego de equipo bajando muchas veces hasta casi la bombilla del área de Courtois. Así se iniciaban en numerosas ocasiones las jugadas que acaban en gol blanco. No hacía sin embargo nada que no estuviera ya en aquel cuerpo felino del esteta que llegó, tímido y risueño, desde Francia en 2009. El gol que cambia la mentalidad competitiva del Madrid contemporáneo, el 1-0 al Bayern de Guardiola en abril de 2014, en el Bernabéu, comienza con un robo precisamente suyo casi en las barbas de sus propios centrales. Benzema se anticipa silenciosamente y hace que a la gran maquinaria guardiolista se le salga la cadena. Entrega el balón a Alonso y este abre a banda izquierda, desde donde el Madrid de Ancelotti, todavía por hacer, crece como una ola, viniendo desde muy atrás, desde el fondo del tiempo. La ola rompe, treinta segundos después, contra la portería de Neuer, que era infranqueable: el que la termina dejando dentro, con esa suavidad mediterránea, arábiga, es Benzema. Las puertas de Lisboa, es decir, de La Décima, estaban abiertas. Las puertas del futuro estaban abiertas.

Benzema, Di Stéfano, Florentino

El fútbol de Benzema ha sido una teoría de líneas y de contralíneas, de curvas y de contracurvas, trazadas con «cadencia, hondura y armonía» que siempre tenían un sentido absoluto, un fin: el de acercar a su equipo al gol, a la portería rival. Nunca hubo nada superfluo en sus movimientos, por eso Benzema causaba una gran impresión en la percepción sensorial de los espectadores. Su juego era una epifanía, que en griego significa mostrarse, romper la superficie de las cosas y revelar algo profundo, un trozo de la verdad que para los antiguos sólo podía corresponder con la naturaleza de los dioses. Mourinho, que conoce a los hombres, lo vio rápidamente cuando llegó al Madrid y lo bautizó como El Gato, un apelativo del que los idiotas se aprovecharon para menospreciar a un chico francés sin padrinos en el hediondo entorno mediático que envuelve el fútbol. Pero lo del gato estaba muy bien puesto y, con los años, el pequeño felino se convirtió en una pantera hermosa y autoritaria que gobernó el juego del equipo más importante del mundo elevando la categoría de todos sus compañeros con una capacidad única en el fútbol moderno de interpretar las idas y venidas de los partidos como si dentro de ellos sonara una música que sólo él pudiera escuchar.

Su juego era una epifanía, que en griego significa mostrarse, romper la superficie de las cosas y revelar algo profundo, un trozo de la verdad que para los antiguos sólo podía corresponder con la naturaleza de los dioses

Al final de su carrera se hizo tan esencial como El Samurái de Melville, un fútbol de belleza mínima y absoluta al que este texto, tan largo y redundante, no rinde tributo. Pero a Benzema sólo se le puede llorar con el rumor, cual último deleite, de los «sublimes instrumentos de la secreta comitiva» con la que Alejandría, que somos nosotros, despide hoy a nuestro Antonio.

 

Getty Images.

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