Para Dña. Carmen Martí, centenaria madre de nuestro editor Jesús Bengoechea.
A menudo surge en el chat privado de La Galerna un debate sobre películas de cine. Algunos de los miembros, los más jóvenes, hablan del cine actual, incluso de mediocridades como “Babylon” o ciertas obras de Wes Anderson.
Los más veteranos, como quien les narra, hablamos de los clásicos, sobre todo americanos, de los años 30, 40 y 50, lamentando que el cine bueno, “el de verdad”, llegó a su fin a principios de los años 60 y que ya, salvo contadísimas excepciones, no se producen obras maestras en el celuloide.
Surgió la pasada semana en nuestra tertulia un film excepcional, único, maravilloso, una película de 1946 que arrasó en los premios Oscar de entonces: un chef d’oeuvre indiscutible de William Wyler, con un título madridista como pocos: “Los mejores años de nuestra vida”.
Viene a cuento porque en estos momentos, y ya desde hace casi 10 años, los madridistas, sabiéndolo o sin saberlo, disfrutándolo o sin saberlo disfrutar, que hay de todo en nuestro entorno, estamos viviendo los mejores años de nuestras vidas como amantes del Real Madrid.
Los que no vivimos la Edad de Oro de las 5 Copas de Europa consecutivas hemos gozado de enormes y numerosos momentos en nuestra pasión futbolera, con fútbol de salón exquisito como, por ejemplo, los años de la Quinta del Buitre, en los que cada domingo hacíamos apuestas sobre cuántos goles le iban a caer a nuestro rival de esa jornada.
Desde hace casi 10 años, los madridistas, sabiéndolo o sin saberlo, disfrutándolo o sin saberlo disfrutar, estamos viviendo los mejores años de nuestras vidas como amantes del Real Madrid
Pero el periodo que abarca desde 2014 hasta el actual ha sido increíble, único: hemos dejado boquiabierto a todo el planeta y también hemos cerrado bocas por millares. Hemos asistido a los mejores años de Cristiano Ronaldo, a la progresiva madurez de jugadores fabulosos como Ramos, Marcelo, Casemiro, Isco, Bale, Varane o Keylor Navas. Hemos visto in situ la fabricación en nuestras propias instalaciones de dos balones de oro como Luka Modric y Karim Benzema. Hemos tenido la inmensa suerte de que Toni Kroos dejase su prometedora carrera en el Bayern para darnos inmensas lecciones de maestría en nuestra casa. Varios canteranos de pura cepa como Carvajal y Nacho ya tienen en su palmarés 5 Champions, tantas como el gran Paolo Maldini.
Y a esta fiesta, que dura ya 9 años hasta ahora, se han incorporado el mejor guardameta del mundo, Courtois, un defensa de leyenda como David Alaba, y varios jóvenes de fabuloso talento desde distintos puntos de la Tierra como Valverde, Vinicius, Militao, Rodrygo o Camavinga, todos ellos decisivos en la conquista de la Champions más abracadabrante de todos los tiempos.
La película de Wyler mantiene, a los 77 años de su estreno, una frescura inaudita, es una narración a la vez sencilla, moderna, directa y honesta. Se trata de la historia de tres militares que regresan a casa tras vivir en primera fila los horrores de la Segunda Guerra Mundial: un sargento (Fredric March) que se reencuentra con su mujer (Mirna Loy) y su hija (Teresa Wright) y que vuelve a su puesto de trabajo en un banco, donde no acaba de reubicarse en la vida civil; un soldado (Dana Andrews) que vuelve con su esposa (Virginia Mayo), que descubre que ya no es querido, y que, además, es incapaz de encontrar un empleo; y otro soldado que ha perdido las manos, aunque maneja extraordinariamente bien unos ganchos de hierro que las sustituyen —un fabuloso Howard Russell, actor no profesional que se llevó dos premios Oscar por el mismo papel, el de mejor secundario y uno honorífico por mantener la moral entre las tropas norteamericanas, hito jamás igualado hasta la fecha, como las 3 Champions seguidas bajo el mando de Zidane—, que no sabe qué hacer con su vida al haber sufrido su grave invalidez, y eso a pesar de que su novia (Cathy O’Donnell) mantiene su amor incondicional hacia él. Un reparto descomunal a la altura de un largometraje de excepción, una deliciosa ración de caviar de exquisita calidad.
No descubriremos la trama de la película, pero sí diremos que es todo un canto a la esperanza, al esfuerzo, al amor a la vida, al hecho de reinventarse y de negarse a morder el polvo, un canto a la lucha constante y a la negación de la derrota, una oda para poder eliminar la desesperación y la toxicidad en las vidas. Rendirse no es una opción para ninguno de los tres militares, pese a todas las dificultades que impone para ellos el regreso a la vida “normal”.
En definitiva, como en el símil madridista, poder superar las fases de las lesiones, las bajas de compañeros de primer nivel que se van del equipo (Cristiano, Xabi Alonso, Khedira, Di María, Pepe), la reconstrucción del armazón principal, la progresiva adaptación de los nuevos futbolistas que se incorporan, tras pasar sinsabores y alegrías, rachas algo depresivas junto a momentos eufóricos, pero siempre con el objetivo de ir superando obstáculos y mirando hacia adelante.
William Wyler arrasó con los Oscar, su película se adjudicó 7 estatuillas de las más importantes (película, director, actor principal, Fredric March, actor secundario, guion, montaje, banda sonora), batiendo a todos los PSG, Chelsea, City, Bayern y Liverpool de entonces: compitiendo nada más y nada menos con “Enrique V” (Laurence Olivier), “Breve encuentro” (David Lean), “Encadenados” (Alfred Hitchcock), “Forajidos” (Robert Siodmak) o “Qué bello es vivir” (Frank Capra), es decir, disputando los galardones con auténticas joyas cinematográficas de primerísimo nivel.
De ahí el mérito increíble de “Los mejores años de nuestras vidas”, que merece ser revisada cada poco tiempo, una historia en positivo que nos hace reconciliar con la vida, con la nobleza de la condición humana y con el mundo donde vivimos, un oasis de esperanza que nos permite seguir adelante, una motivación para despertarnos cada día, como el Real Madrid de nuestros amores.
Y, además, por si fuera poco, se trata de la película preferida de Doña Carmen Martí, a quien van dedicadas estas modestas líneas.
Ocho preguntas con cuatro posibles respuestas, tiempo limitado. Concéntrate, realiza el quizz de esta semana y demuestra que sabes todo lo que hay que saber sobre la participación del Real Madrid en el Mundial de Clubes.
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Buenos días. Estamos hasta las turmas, las yemas, los dídimos, los nísperos si se prefiere, amics. El clima abominable en torno a Vinícius en España—en realidad en torno al Real Madrid— es asfixiante. Tanto es así, que no faltan aficionados que proponen que el Madrid debería coger la puerta e irse, o incluso irse dejando la puerta donde está, pero marcharse de esta Liga fermentada en la que el equipo blanco tiene que soportar las continuas agresiones precisamente de aquellos que sobreviven gracias a vampirizarlo. Además de meretriz, aporta el lecho, que diría un relamido amante de los refranes.
Hay para quienes el odio, el acoso, el racismo y la violencia siempre son lacras condenables contra las que hay que luchar moral y legalmente para erradicarlas o al menos reducirlas al mínimo. Y hay para quienes no es así, por ejemplo, para Mónica Marchante.
El subconsciente (indio) le juega una mala pasada a MONICA MARCHANTE
"no me parece justo ni real decir que el problema con FICTI... Vinicius es un problema de racismo"pic.twitter.com/yyDOFQ9Mwv
— Rafa RNMJ Real Madrid (@RafaRNMJ) February 6, 2023
"No me parece justo ni real decir que el problema con FICTI... con Vinícius, es un problema de racismo porque no es un problema de racismo, es un problema de que hay un jugador que puntualmente ha generado este clima. Creo que él es muy responsable de lo que está ocurriendo". Nótese que al resto le parecen normales estas palabras, a tenor de su nula reacción. Odio y mentiras en cintas de vídeo (o discos curos), Mónica. El odio que aflora en ese Ficticius interruptus es revelador de tu naturaleza. El problema de culpabilizar a la víctima nos tememos que es innato y no tiene arreglo, pero la mentira de que no es un problema de racismo la podemos refutar con este otro vídeo.
Más insultos racistas a Vinicius en @LaLiga de @Tebasjavier Mallorca - Real Madrid#TodosSomosVini @CNN @TNTSportsBR pic.twitter.com/YklGSYcFHu
— RNMJ TV #7 Real Madrid (@rnmjtv7) February 5, 2023
EL Código Penal tampoco está por la labor de trivializar el racismo y tipifica el delito de odio, aunque según qué Fiscalía si es durante unos pocos segundos no pasa nada. Recordemos el Capítulo IV, Sección I, Artículo 510 del mismo que castiga estos delitos con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses:
Tampoco es cuestión de cargar (todas) las tintas sobre Mónica Marchante poque se nos acabaría el bolígrafo, son legión quienes no ven delito en llamar mono a Vinícius, quienes acusan, sin rubor alguno, de provocador al 20 madridista a pesar de observar en las cintas de vídeo cómo le patean, le golpean con el codo, le arrojan contra el suelo, cómo se acerca lo que parece ser un adulto de nombre Maffeo haciendo como que llora, cómo se acerca otro individuo, también al parecer adulto, llamado Raíllo, que le planta el escudo de la camiseta en la cara sin que el brasileño caiga en la provocación. Y después tienen las santas narices de mentir y decir o escribir que “desquiciaron” a Vinícius cuando mantuvo el tipo como probablemente ellos no habrían sido capaces de hacer. De hecho, algún aficionado a humillar mendigos sí se desquició en directo cuando le hicieron ver que su discurso sobre el extremo del Madrid era mentira.
También hay quienes utilizan el odio, el acoso, el racismo y la violencia para lucrarse sin mostrar remordimientos por lo que pueda ocurrirle a la víctima que ponen bajo el foco. Un día lo arrojan a las garras de las masas acéfalas y otro día señalan que Vinícius está siendo descuartizado por las alimañas a las que lo arrojaron.
“Acoso y derribo”, titula Marca sin que observemos que se les caiga la cara de vergüenza. Aseguran que el hecho de ser el jugador de Europa que más faltas recibe y que sufra cánticos racistas le pasa factura en su COMPORTAMIENTO y en su rendimiento. ¿En su comportamiento? ¿Nos podéis explicar, por favor, qué ha hecho “mal” Vinícius? Vinícius no ha cometido ningún delito de odio, aunque sí los ha sufrido; Vinícius no ha agredido físicamente a ningún rival, aunque él sí ha sido agredido; Vinícius no ha sido captado por las cámaras mofándose bobaliconamente de un contrario, aunque algún programa nocturno así lo afirme de manera recurrente y siempre sin NINGUNA prueba, pese a existir decenas de cámaras y micrófonos en cada partido.
También es cierto que no nos causa ninguna sorpresa este comportamiento vil, cada uno actúa como es y ya sabemos cómo son.
Lo que tampoco nos sorprende es la noticia recogida en el faldón de Marca, en el faldón de As, en el faldón de Mundo Deportivo y en el faldón de Sport, y que pese a lo cual no es un lío de faldas, sino de irregularidades financieras.
La Premier acusa al City de no respetar las reglas financieras. Sorpresa en el Molinón, gol en Las Gaunas. Una noticia tan increíble como aquella vez que tuvo problemas con la justicia ese vecino del ático que sin trabajar ni heredar vivía instalado en el lujo y la opulencia.
De confirmarse la acusación de la Premier, el City podría sufrir consecuencias graves, como ocurrió recientemente en Italia con la Juve. Aquí en España, por lo que sea, los responsables de vigilar el juego sucio financiero prefieren apalancarse en el sillón y ver la vida pasar. No esperéis que ocurra nada similar.
A todo esto, el Madrid comienza mañana el Mundial de Clubes sin Courtois ni Benzema, las dos vigas maestras de la campaña pasada, pero al menos no jugará en el país de los raíllos, como ha escrito hoy Antonio Valderrama en La Galerna.
Pasad un buen día.
España, cuya historia como nación ha probado muchas veces que es capaz de ser sublime sin desmayo, también puede ser botarate y miserable hasta el delirio. Lo suele demostrar comportándose como el pueblo que indultó a Barrabás cada vez que por delante de las narices le pasa un cometa de luz cegadora. Esos cometas, en los últimos ochenta años, suelen surcar el cielo del Real Madrid, que es un accidente histórico, una excepcionalidad milagrosa en un país de pigmeos intelectuales con el alma sucia. Pensaba yo en Cristiano Ronaldo, del que he dicho aquí ya que Vinicius ha heredado no sólo la condición de jugador franquicia, sino la púrpura y el armiño que, con escupitajos, le reconocen los adversarios: porque se odia sin medida lo que se teme sin medida.
Pero también estuvo antes Zidane. Zidane aterrizó en el fútbol español una noche de verano en Valencia. Lo trataron como a un soldado americano que se perdiera en una incursión contra aldea controlada por el vietcong. Todo fueron parabienes para Albelda, el Maffeo de entonces, que se encargó de darle la bienvenida a España martirizándole los tobillos. No obstante con Cristiano la cosa subió de tono, en general, justo en la época en la que el equipo de moda por aquel entonces, el equipo de la España de los raíllos, introducía en el fútbol el aleccionamiento moral.
El país de los raíllos está lleno de teólogos y de doctores de la Iglesia. Desde Manolo Lama y Josep Pedrerol, que serían por así decirlo los jefes de esta curia de papanatas, hasta hormiguitas irrelevantes como un tal Liaño, fundador de una cosa que se llama El Desmarque que no vale ni para envolver pescado. Este Liaño se permite aconsejar al Madrid que enseñe modales a Vini, el día después del Mallorca 1 Real Madrid 0 en el que a Vinicius le hicieron (que el árbitro pitara) 10 de las 29 faltas señaladas al equipo local, una cada minuto y veinte segundos, más o menos. Es decir, una cacería, que si se quedara en la noble dureza en que está basado este juego inventado por los ingleses andando la mitad del siglo XIX sólo sería una anécdota. Lo de menos son, a estas alturas y en este momento de la película, las faltas, aunque Araujo, por ejemplo, en la Supercopa, y Paulista, el del Valencia, el jueves pasado, subieron tanto la apuesta hasta que ya se presienta en el ambiente que una lesión seria de Vinicius no está demasiado lejos.
En la España de los raíllo y de los maffeo, la presunción de culpabilidad la tiene la víctima
En la España de los raíllo y, no nos olvidemos, de los maffeo (no olvidemos a Maffeo, por el amor de Dios, que con tipos como éste empezó la purulenta degradación colectiva una noche entre semana del mes de abril del año pasado, también en Son Moix), la presunción de culpabilidad la tiene la víctima. Y esto es un hecho curiosísimo, habida cuenta de que desde hace tiempo se nos bombardea desde el bulldozer mediático, correa de transmisión del poder, con un feminismo articulado en torno a una ideología “de género” que consiste en esencia en todo lo contrario, o sea, en que la víctima, real o autoproclamada, siempre tenga la razón, independientemente de los hechos y de las pruebas. Esto, en el fútbol, no pasa, es decir, que pasa al contrario: Vinicius siempre tiene la culpa, le pase lo que le pase. “A lo mejor hay algo”, como dice este Maffeo que si Vinicius no hubiera nacido ni siquiera sería un entrecomillado perdido dentro de un tomo menor de la historia del fútbol en España.
Es curioso este fenómeno. Quizá, especulo, sea una válvula de escape social ante la presión propagandística de la entente público-privada que gobierna asfixiantemente cada centímetro de la vida pública en España. Al fin y al cabo, el fútbol es un espectáculo de seguimiento masivo, el espectáculo todavía más popular del país, y un espectáculo donde el hálito fétido de la masa es de gran interés controlarlo, manejarlo, dirigirlo, siempre también por los mismos que propalan las ideas que interesan a los poderosos en otros ámbitos.
El pueblo habla y lo que brama es repugnante. Pero precisamente por eso estamos en el país de los raíllos, que son indigentes morales, sintechos de una ética voluble y caprichosa gobernada por gente como un locutor al que le parecía gracioso humillar en directo a un mendigo. Como premio, no vayan a creer que le cancelaron contratos: lo tenemos hasta en la sopa, los niños de España, desde 2004 hasta hoy, o sea, veinte años, que se dice pronto, crecen jugando al FIFA con sus comentarios grotescos calando en sus tiernas mentes como una gota malaya. La gente va a pensar que la tengo tomada con MisterChip, pero es que el domingo, con los gritos de puto mono todavía resonando en el estadio del Mallorca, sólo se le ocurre decir que Vinicius “se pierde en gilipolleces, le comen la cabeza”. Esto con las imágenes de Raíllo metiéndole el escudito de su camiseta entre los labios, con la chulería del linchador enmascarado entre las multitudes, dando la vuelta por Twitter. La gente aplaudió a rabiar a quienes no pararon de burlarse en la cara de Vinicius todo el tiempo, pero eso no es nuevo: así ha sido siempre la España de los raíllo, un circo romano que al son de la caverna se transforma en una sobrecogedora letrina.
La gente aplaudió a rabiar a quienes no pararon de burlarse en la cara de Vinicius todo el tiempo, pero eso no es nuevo: así ha sido siempre la España de los raíllo, un circo romano que al son de la caverna se transforma en una sobrecogedora letrina
En un país así, la presencia de lo gigante, de lo sublime, sólo causa rechazo iracundo, pues precisamente lo magnífico, lo olímpico, en su manifestación total y luminosa, recuerda a los mezquinos qué pequeño lugar en toda la Creación ellos ocupan: un lugar cavernoso hasta el que sólo llega el reflejo deforme de lo superlativo. En un panorama semejante, Vinicius, como todos los gigantes, sólo puede abrirse paso como el gigante de Goya, causando pavor cuando en otros lugares todo es admiración y respeto. Los raíllos jamás podrán entender un fenómeno como Vinicius porque el asunto de fondo es el Madrid, su iluminación mística, su carácter providencial y la imposibilidad de clasificarlo con la simple etiqueta de equipo de fútbol o club deportivo. Del Madrid, como de Vinicius, los liliputienses comen todos de su cuerpo, seguramente movidos por la idea inconsciente de que pueden aprehenderse de sus cualidades mágicas tragándose su carne, devorándolos. Es una reacción primitiva, salvaje, pero inevitable, teniendo en cuenta la catadura moral promedio del paisanaje. Ante la representación de lo inefable cierran los ojos deslumbrados y sienten el miedo a lo desconocido. La única reacción del español raíllo ante la trascendencia y el éxtasis es el eructo indignado.
A Vinicius lo han llamado mono y negro de mierda en, al menos, tres estadios españoles desde que, ahí está el quid de la cuestión, empezó a enchufar todos los goles que antes, cuando media España raílla hacía un meme de él, tan sólo prometía. Aunque no es una cuestión de Barcelona o la afición del Atlético de Madrid. Un estandarte del Barcelona de Pep el Moralista (y por supuesto, de la tan querida y sagrada para todos Roja) llamó también mono a Marcelo, y aunque había imágenes de por medio todo Cristo hizo mutis por el foro y aquí hubo paz y después, naturalmente, mucha gloria. Pero, repito, no es una cuestión de un sitio u otro. Es una cacería colectiva.
Los raíllos jamás podrán entender un fenómeno como Vinicius porque el asunto de fondo es el Madrid, su iluminación mística, su carácter providencial y la imposibilidad de clasificarlo con la simple etiqueta de equipo de fútbol o club deportivo
La España de los raíllos es el pueblo aquel del que era sheriff Marlon Brando en La jauría humana (el nombre original de la película se ajusta mucho mejor a lo que estamos hablando: The Chase): un retablo pintado por Brueghel el Viejo o una secuencia sacada de El jardín de las delicias, del Bosco. Un sitio donde no hay una onza de vergüenza y donde hasta los dogmas venerados colectivamente como verdades reveladas en nuestro tiempo son violados integralmente por sus mismos prescriptores cuando se trata de legitimar cualquier cosa que atente contra Vinicius. No en tanto que negro, sino en tanto que líder indiscutible del Real Madrid del presente y, sobre todo, del Real Madrid del futuro.
Desde el teatro de varietés de Pedrerol se inventan supuestas chanzas del brasileño contra los jugadores del Mallorca, de las que no hay pruebas. Que son mentira lo delata además el hecho del clasismo: la estrella del Madrid, la que sea a la que le toca en suerte el tercio de varas en cada momento histórico, siempre, supuestamente, alude al dinero y a la fama de los adversarios, despreciándolos por ello, pero es de sabiduría antigua que normalmente el mentiroso achaca a su enemigo, con su fábula, los propios pecados y complejos que lo atormentan.
Vinicius siempre tiene la culpa, le pase lo que le pase. “A lo mejor hay algo”, como dice este Maffeo que si Vinicius no hubiera nacido ni siquiera sería un entrecomillado perdido dentro de un tomo menor de la historia del fútbol en España
Para un tipo apellidado Blázquez (ciento noventa mil seguidores en Twitter, escribidor en The Sportsman) la culpa por supuesto la tiene Vinicius, como las que van provocando por ahí por llevar la falda muy corta. Otro, un tal Casquero (escribidor en el AS, a cuyo director, por entonces, le hizo mucha gracia que nada más poner un pie en un campo de fútbol español a Vinicius le dieran un bocado en la coronilla, sin venir a cuento), cree que la foto de un chulángano de rojo y negro refregándole a Vinicius el escudo del Mallorca por la cara es “histórica”, lo que me vuelve a confirmar en mi idea de que en realidad el antimadridismo es lo que Nietzsche decía del cristianismo, una fe de los parias, de los débiles, de los tontos de la tierra.
Patadas se han pegado siempre y siempre se pegarán en el fútbol, pero el Barcelona de Guardiola trajo al césped la Moral, con mayúscula, o sea, un tipo de moral con ambición de ser dominante, absoluta. Si sólo fuera eso, como decía antes, se trataría, solamente, de jugar el mismo juego y de jugarlo mejor: dar tantas patadas como los demás y venderse como santos mártires después. El problema es que de Vinicius han colgado muñecos ahorcados en puentes de la ciudad de Madrid. A lo mejor no sólo se hacen imprescindibles Casemiros y Ramos que atropellen a los abusadores sobre el terreno, sino también desafiando a la masa retirando al equipo del campo para que el país de los raíllo reaccione de la única manera que su atrofiada sensibilidad, después de tantas décadas de abotargamiento teledirigido, puede ya: con un desplante público que haga a los fariseos tirarse de las luengas barbas.
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Era una apuesta segura. Como jugar a los 36 (37, incluyendo el 0) números de la ruleta francesa. La bolita nos da premio seguro.
Me refiero al aquelarre de Son Moix del pasado domingo. A esa visita a los más siniestros campos minados de Vietnam.
Era obvio, evidente, más que previsible.
Sabíamos que el siniestro Raíllo, ese lamentable personaje que mancilla el nombre de su club llevando el brazalete de capitán, iba a repartir estopa sobre Vinicius, iba a excitar al graderío con sus gesticulaciones, iba a azuzar al resto de sus compañeros contra nuestro brasileño favorito. Un tipo despreciable que se permite el lujo, con el compadreo indispensable de los medios de comunicación, de poner ejemplos de jugadores para los niños. El verdugo de turno pidiendo ejemplaridad. Un sarcasmo patético.
Sabíamos que su compinche Maffeo, jugador de tercer nivel, iba a sacar la guadaña cada vez que Vinicius tratase (una y otra vez, épico el carácter indomable del carioca) de burlar su lúgubre vigilancia por velocidad, por talento o por habilidad. O por todo a la vez.
El aquelarre de Son Moix del pasado domingo era obvio, evidente, más que previsible
Sabíamos que, como el año pasado, el público mallorquinista, o al menos una buena parte de él, calentado y enajenado por la prensa (por los Robertos Mateu de turno) y por sus propios jugadores, iba a dar una lección de impresentabilidad absoluta, en forma de insultos constantes (muchos de ellos asquerosamente racistas), de abucheos, de pitadas, de groserías sin fin.
También sabíamos que el colegiado, Hernandez Hernández, iba a ser, como de costumbre cuando juega el Real Madrid, totalmente permisivo ante la “intensidad” o “fogosidad” de los locales. Muy sibilinamente, como buen sicario del tinglado de Medina Cantalejo, no puso remedio a una cacería infame que empezó en el primer minuto, con el “recado” de un tal Dani Rodríguez al de siempre, a Vinicius Júnior.
De tal forma que, de los 100 minutos que teóricamente se jugaron (46 + 54), el tiempo real de juego fue apenas de 48, menos de la mitad del total, porque hubo 43 faltas señaladas (29 al Mallorca, 14 al Real Madrid), con interrupciones constantes, además de los numerosos fingimientos de los bermellones y de las pérdidas de tiempo del portero Rajkovic.
Se sabía pues a ciencia cierta y no cotizaba en las casas de apuestas que iba a pasar, por tanto, lo de Raíllo, lo de Maffeo (y lo de otros sicarios que siguieron las directrices del Vasco Aguirre, como Galarreta, como Costa y algunos más), lo de la caldera del estadio, convenientemente azuzada durante días por la complicidad de la prensa local y de la prensa nacional, lo del árbitro de la contienda. Era obvio, manifiesto, inequívoco.
La Liga, esa competición corrupta que presume de atizar dentro y fuera de nuestras fronteras al mejor representante del planeta fútbol en el planeta Tierra, el Real Madrid, que es incapaz de defender su producto, permitiendo que a su mayor figura joven del presente y del futuro (véase la clasificación del último Balón de Oro) le insulten, le vejen, le atropellen y le lastimen cada semana, también lo sabía.
Hay que parar esto de una vez por todas lo antes posible, y ya que no podemos esperar nada de la prensa, todo queda en manos de la propia Liga y de los árbitros
Es el enésimo episodio de este año, tras lo del Metropolitano, lo de Vallecas, lo del Cádiz en el Bernabéu, lo de Valladolid, lo de Villarreal. Mucha pseudodenuncia, Fiscalía incluida, algún endeble comunicado, y poco más. Luego, según pasa cada semana, se va olvidando el asunto y en el siguiente partido empieza de nuevo una guerra abierta contra Vinicius. Abierta y consentida. Y hasta aplaudida y jaleada en muchos medios de comunicación, donde se tira de las orejas al agredido y se ovaciona al agresor, dándole a este último foros radiofónicos y primeras planas en los libelos.
Algún día de estos, es de temer, puede que ocurra algo incluso más grave o incluso irreparable. Lo del infame muñeco colgado de un puente puede quedar en anécdota si nadie pone remedio a esta sinrazón absoluta. Hay que parar esto de una vez por todas lo antes posible, y ya que no podemos esperar nada de la prensa, todo queda en manos de la propia Liga y de los árbitros, que no deben permitir que a un jugador se le apalee desde el minuto uno, se le hagan 10 faltas en un partido y que, además, se le regañe sistemáticamente por protestar ante tales grados de violencia y de antideportividad que recibe constantemente.
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Lo del Madrid, mejorar, por decírselo corto, tiene arreglo. Lo de Vinicius, empiezo a dudarlo. Desde lo de Figo volviendo al Camp Nou no recuerdo cosa parecida en cuanto a la persecución de un rival. Falta el cochinillo, todo se andará.
La primera gran diferencia es que a Luis le pasaba sólo en aquel estadio. La segunda es lo que le pegan: Vinicius es el futbolista que más faltas recibe en las cinco grandes Ligas. Ayer, diez. Pitadas, ¿eh? Una cada nueve minutos. Será baja ante el Elche por acumulación de amonestaciones. Él. Vale.
En Palma volvieron a llamarle mono. Pasa cada dos por tres, pero ya sabemos, pues nos lo contó no sé qué fiscalía, que en un entorno de rivalidad futbolística, pelillos a la mar: archivado.
En un sector de población ha hecho carne la idea de que es él quien se lo busca, el provocador, luego el culpable. Que sí, que está mal pegarle, y por supuesto insultarle, pero algo habrá hecho. Un tipo al que nuestro fútbol recibió mordiéndole la cabeza en un duelo de filiales Madrid-Atleti. Llevaba media hora en España, pero ya había provocado. El mordedor siguió jugando.
Vinicius es el futbolista que más faltas recibe en las cinco grandes Ligas. Ayer, diez. Pitadas, ¿eh? Una cada nueve minutos. Será baja ante el Elche por acumulación de amonestaciones. Él. Vale
¿El rol del árbitro? Tancredismo. Desde aquel mordisco hasta ayer. No son faltas graves, no ha entrado la ambulancia de momento. ¿Fueron diez esta vez? OK. Mejor que veinte. Dribla, encara, se queja si le dan: lo dicho, culpa suya.
Servidor sigue pensando que la víctima es presentada como el culpable. Un porro difícil de superar en el fútbol y fuera. Quizá la cosa esa de que íbamos a fabricar trenes que no entrarían en los túneles cántabros. ¿Culpable? El que los construyó así en el siglo XIX. Hay que jorobarse.
No sé a usted, pero cada día me resulta más desagradable ver un partido del Madrid. Esperar a ver qué pasa con Vinicius cuando le llega la pelota me descentra. Me resulta eso, desagradable.
En Palma volvieron a llamarle mono. Pasa cada dos por tres, pero ya sabemos, pues nos lo contó no sé qué fiscalía, que en un entorno de rivalidad futbolística, pelillos a la mar: archivado
Pero vamos al equipo. Por una extraña razón, aquel arranque imperial, Supercopa de Europa más diez victorias y un empate en Liga se fue debilitando a medida que se acercaba el Mundial... y empezaban las lesiones. Y sigue. Ahora carece el Madrid de sostén colectivo y tampoco cuenta con tres/cuatro tíos en gran forma que te permiten trampear con su calidad, diría el gran Davor Suker.
‘Fúmbol es fúmbol’ explicó Boskov y hay que rendirse. Creo que existe un punto filipino en todo esto y sí, son las lesiones. Muchas. El Balón de Oro no ha jugado cinco partidos seguidos. ¿Qué era menester otro 9? O dos por si se lesionaban Benzema y su suplente. Alaba, Mendy, Carvajal, Lucas, Tchouaméni, a Valverde lo fulminó el Papu aquella noche ya lejana, el portero cae en un calentamiento, pero ya estuvo averiado. Al Barça le ganó el Madrid (3-1) con Lunin bajo palos. Lesión equivale a parón y pérdida de ritmo. Un continuo vuelta a empezar. Al Mundialito va con las serias dudas de su mejor central, Militao, y del propio Karim. Courtois, out.
Entre pitos y flautas, la Liga se le ha puesto chunga. Aplicar la palabra normal al Madrid es temerario, pero no así escribir que sus posibilidades campeoniles en este torneo son escasas. El líder es firme, el Madrid poco fiable y el entorno, el que es. Vamos a entrar ya en dinámica Champions y la tentación de centrar los esfuerzos en ella será razonable.
Muchos no quieren la Superliga porque la Liga sufriría. No podrían pegar e insultar a Vinicius
De la misma manera que veo la Liga muy lejos digo que si al Madrid deja de mirarle el tuerto no descarten la 15. En la necesidad de refuerzos no entro. Es así aunque los 8 puntos de ventaja, y 9 Champions, los llevara al Madrid. El club lo sabe. Vuelvo a lo de hace una semana. Ha acometido una renovación tremenda que seguirá.
Eso sí: en un ambiente muy desagradable. Propiciado por muchos que no quieren Superliga porque la Liga sufriría. No podrían pegar e insultar a Vinicius.
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Al margen de que la operación Bellingham sea exitosa o no, no entiendo por qué el Madrid no ha fichado ya, o al menos no tiene apalabrado, al centrocampista francés de 19 años de origen argelino Rayan Cherki. Si todavía no has visto jugar a Cherki, te recomiendo que vayas a YouTube. Quedarás impresionado.
Rayan Cherki ha destrozado todos los récords de precocidad en Europa. Juega en el primer equipo del Olympique de Lyon desde 2019. Debutó con sólo 16 años en la Ligue 1 francesa. En agosto de 2020 se convirtió en el debutante más joven de una semifinal de la historia de la Champions, ante el Bayern Munich, con apenas 17 años recién cumplidos. Tres días antes del partido todavía tenía 16.
Cherki es pura fantasía. Controla y avanza con el balón pegado a su pierna izquierda, pero tira córners faltas y penaltis con la derecha. Es un jugador totalmente ambidiestro, como existen pocos, y puede por tanto salir por los dos lados en el regate. Esto hace que el francés sea capaz de jugar en cualquier posición del centro del campo: derecha, centro o izquierda. Cherki sería la guinda de clase necesaria para un medio campo no exento de calidad, pero que tiene en la variable física su gran fortaleza.
Parece que el Madrid le sigue desde hace tiempo, después de que Zidane recomendara su fichaje en el pasado. El PSG ha intentado hacerse con él este mercado de invierno por algo más de 20 millones de euros, pero el propio presidente del Lyon ha confirmado que rechazaron la propuesta. El jugador termina contrato en 2024, por lo que el verano que viene será la última oportunidad del Lyon para sacar tajada. Además, el Madrid tiene una clara ventaja respecto al resto de rivales. Cherki manifestó en 2021 lo siguiente: “El camino perfecto sería el siguiente: hacer historia con el Lyon y luego hacerla con otros clubes. Es decir, hacer historia en el fútbol. Todos sabemos que el club de mis sueños es el Real Madrid. Unirse al club más grande del mundo sería genial. Esa es la ruta perfecta, la que tengo en la cabeza. Todas las mañanas me levanto para eso, para cumplir mis sueños".
Cherki es pura fantasía. Controla y avanza con el balón pegado a su pierna izquierda, pero tira córners faltas y penaltis con la derecha. Es un jugador totalmente ambidiestro, como existen pocos
En estas circunstancias, el posible traspaso en verano se situaría probablemente entre los 20 y 30 millones de euros. En una nueva coyuntura de alta inflación, en la que los clubes de la Premier están pagando cantidades desorbitadas por cualquier medianía, no podemos desaprovechar una oportunidad como esta. Estamos hablando de una inversión limitada y por tanto un riesgo reducido, en contraste con el enorme potencial del jugador. Estas son las oportunidades que no podemos desperdiciar si queremos competir con los clubes estado. Estas son las inversiones que nos pueden permitir competir con los clubes dopados. Obviamente puede salir mal, pero el coste de equivocarse es pequeño. Tenemos que aprovechar la voluntad de aquellos grandes jugadores que quieren venir a nuestro club sacrificando dinero. El poder de atracción de nuestra Historia versus los petrodólares, esta es gran nuestra ventaja competitiva en estos momentos y hay que aprovecharla.
Aunque se especuló sobre el interés del Madrid por Cherki en el pasado, no se ha vuelto a hablar ni se ha filtrado nada de esta potencial operación de cara a la temporada que viene. Probablemente en este enfriamiento haya influido el hecho de que el jugador realizara una temporada 2021-2022 discreta. En cualquier caso, es algo normal en futbolistas tan jóvenes y esto no debe ser un impedimento. Espero que Florentino y JAS hayan decidido moverse en secreto porque no quieren que este fichaje pueda perjudicar la operación de Bellingham. Si el inglés no viene, con más motivo hay que ir a por él. Y si viene y Modric y Kroos continúan un año más, deberíamos al menos asegurarnos a Cherki de cara a la temporada 24-25.
En resumen, esta operación se adecúa por completo a la estrategia del club de fichar talento joven a precio razonable. Y en este caso, más que razonable. Cherki es un jugador ambidiestro con potencial para convertirse en un crack mundial, que puede jugar en cualquier posición del centro del campo, insultantemente joven y que además es madridista. Y se lo quitamos al PSG… Florentino, así se las ponían a Felipe II. Fíchalo.
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Hace mucho tiempo que el fútbol profesional en España dejó de ser un deporte para convertirse en foro para dar voz a mediocres y fracasados que convierten en verdades absolutas los improperios y sansiroladas que expelen, envenenados de odio, mientras abominan del que destaca. En cierto modo, no deja de ser un reflejo de la sociedad española.
No debería escapársele a nadie que en cada jornada de liga hay por lo menos cinco partidos cuyo número de espectadores en televisión es, como mucho, el mismo que personas hay en el estadio correspondiente. Igualmente, es bastante habitual que nos percatemos, no sin sorpresa, que los equipos contendientes están en primera división. En esencia, son partidos sin ningún fuste y que tienen interés sólo para las aficiones de las escuadras en liza.
Tenga todo lo antedicho y cuanto se va a decir a continuación el máximo respeto por las localidades y aficiones de esos equipos, a excepción de aquéllas que aprovechan la visibilidad que les otorga jugar contra el Real Madrid para convertir la visita del mejor club deportivo de la Historia en un festival de odio y violencia, tanto verbal como, a veces, física.
Hace mucho tiempo que el fútbol profesional en España dejó de ser un deporte para convertirse en foro para dar voz a mediocres y fracasados que convierten en verdades absolutas los improperios y sansiroladas que expelen, envenenados de odio, mientras abominan del que destaca
No es de recibo continuar en una competición en la que se permite a un equipo arruinado vender las joyas de la abuela para poder fichar, con la peculiaridad de que esa abuela aún está viva. El Real Madrid se vio en una situación análoga allá por 1999, sin liquidez suficiente para pagar las nóminas. La solución adoptada fue mucho más pegada al terreno que las abstrusas palancas empleadas por algunos equipos, sino que consistió en vender los derechos de un jugador de la primera plantilla, Clarence Seedorf, al Inter de Milán, que pagó 24 millones de euros al cambio. Es curioso que, 24 años después, en un fútbol más profesionalizado y, sobre todo, muchísimo más regulado, se den por buenos datos financieros basados en castillos en el aire, método este contrario a cualquier criterio contable mínimamente riguroso. Si el principal benefactor de esta competición en cuanto a derechos de televisión, fuente principal de financiación de los clubes, no lo olvidemos, es avalista de uno de ellos, estamos ante un conflicto de interés se mire por donde se mire. ¿Para esto sirve la profesionalización y regulación de la Liga?
Tampoco es de recibo dejar que campen a sus anchas jugadores como Maffeo, Raíllo, Iván Alejo, Koke o Fali, mediocres en el mejor de los casos, pero que se erigen en figuras para su afición por el mero hecho de conducirse con violencia contra un contrario. Esa violencia no sólo no es atajada por el organismo competente, que debería velar por la preservación de los activos de equipos que, les guste o no, aún constituyen uno de los escasos reclamos de la Liga en el mercado extranjero. La referida violencia tampoco es censurada por los medios de comunicación, que ven en sus polémicas una fuente inagotable de clics, de comentarios realizados por usuarios cuya bajeza intelectual sólo se ve superada por la inquina que muestran con la ortografía y la sintaxis, y que además sirve para rellenar horas de tertulias que, salvo excepciones, demuestran estar hechas a la medida del perfil de usuario referido. La ignominia referida completa el círculo cuando los periodistas aplauden a los jugadores marrulleros catalogándolos como especialistas en el “otro fútbol” o “cancheros.
Pese a lo mucho que hace el Real Madrid por mantener el escaso valor que queda a esta liga devaluada y, digámoslo sin paños calientes, corrupta, ha llegado el momento de salir de donde no se nos quiere
Resulta inaceptable que la Liga designe unos árbitros que, lejos de impartir justicia, se muestran permisivos ante quienes emplean la antes referida violencia, especialmente intensa contra un jugador que, por mucho que les repela, es una de las grandes estrellas de esa Liga y del fútbol mundial, siendo uno de los acicates que quedan para que el público global se enganche a sus partidos. Eso sí, el provocador es el jugador que protesta porque recibe una falta cada 10 minutos y que se rebela ante el indeseable que le insulta, le pone el escudo en la cara y, en cada lance, deja un poquito la pierna por si pudiera golpear algo, lo que sea.
Por todo lo anterior, es palmario que, pese a lo mucho que hace el Real Madrid por mantener el escaso valor que queda a esta liga devaluada y, digámoslo sin paños calientes, corrupta, ha llegado el momento de salir de donde no se nos quiere. Urge la Superliga, urge cambiar los Rayo-Cádiz o Sevilla-Mallorca por Borussia Dortmund-Juventus o Manchester City-Bayern de Múnich, abandonando así la corrupción y mediocridad para abrazar un modelo de deporte de verdadera élite y realmente rentable.
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Buenos días, amigos. A estas horas ya sabéis que el Madrid cayó 1-0 en Mallorca en un partido del que diríamos que los de Ancelotti jugaron muy mal si el partido se hubiese jugado de verdad. En lugar de eso, asistimos a un carrusel de faltas del Mallorca, envalentonado por su tempranero y afortunado gol, que convirtieron el partido en injugado, si cabe la palabra.
38 minutos de juego efectivo. No es de extrañar que la crónica de Andrés Torres fuese más corta de lo habitual. Bastante hizo nuestro brillante cronista, que ayer no sacó palabras sino petróleo, con cumplir con su cometido sin desistir. Y el responsable de semejante ignominia tiene nombre y apellidos, o mejor apellido, aunque lo tenga por duplicado.
Hernández Hernández consintió el antifútbol mallorquín sin mostrar tarjetas por la reiteración en la faltas. 29 señaló, un cuasirécord, al cuadro insular. En el tintero quedaron todas las que el Mallorca cometió sin que fueran indicadas, porque generalmente el célebre colegiado marcaba la falta a la tercera patada de las que invariablemente recibía cualquier jugador blanco en cuanto entraba en contacto con el balón. No hubo partido. Esta es la Liga de Tebas, la del antibalompié. Una Liga cuyas estrellas mediáticas son tipos marginales y arrabaleros como Maffeo o Raíllo, ayer empeñados en sacar de quicio a Vinicius con provocaciones de las que la prensa acusa al propio Vinicius, que tuvo un comportamiento absolutamente ejemplar en medio de la escabechina.
Maffeo y Raíllo, la dupla chuscomalota de Javier Aguirre, son las grandes estrellas de la Liga de Tebas y Roures.
Enhorabuena a todos.
Decíamos que el Madrid sufrió 29 faltas señaladas, amén de las no señaladas.
El dato lo daba Quillo Barrios en su cuenta de twitter nada más terminar el partido, pero lo completaba con una comparativa estremecedora. En su último choque ante el Barça, los hombres de Javier Aguirre cometieron 9.
Aquí hay un patrón. Es evidente que los rivales del Real Madrid no se emplean con la misma intensidad que cuando juegan contra el Barcelona. ¿Consecuencia de la propia grandeza del Madrid, que convierte el ganar a los blancos en el sueño de la temporada de absolutamente todos? Sin duda. ¿Algo que haya que callarse, haciendo como que no nos damos cuenta? Pues tampoco. Añade un penalti fallado, cuando el partido podía haber conocido un punto de inflexión, un autogol, y la lesión de Courtois en el calentamiento, y ahora cuéntanos cómo se sale de esa madriguera.
El Madrid jugó mal. Muy mal si se quiere. Pero no somos honestamente capaces de decir qué habría que haber hecho para jugar mejor en un partido injugado. Si el rival quiere cortar el juego con faltas continuas y el árbitro no pone fin a esa situación, ¿hay algo que pueda hacerse? Ni Ancelotti ni confección de plantilla ni leches. Este antipartido lo hubiese perdido exactamente igual la Francia de Zidane en el Mundial del 98. Al Madrid, en una tesitura como esta, no cabe pedirle que juegue bien, ni que juegue. Cabe pedirle que deje de ser el pardillo de la clase y que reaccione, desde el campo y los despachos, ante la infraliga que le toca jugar mientras el Barcelona se pasea versallescamente por esos campos de España.
Dice Marca que “Maffeo y Raíllo desquiciaron a Vinicius”.
Es mentira.
Repetimos: es mentira.
Vinicius abordó con profesionalidad intachable el rosario de patadas y provocaciones (las cámaras captaron y ofrecieron al fin algunas de ellas) del dúo de la alpargata. Además, los micrófonos de DAZN volvieron a captar insultos racistas en las gradas, aunque Marca, tan célere cuando se trata de denunciar el racismo contra cualquier jugador de color que no sea Vinicius, no lo recoja. El único gesto de Vini a las vejaciones de esa gentuza en la grada fue señalarse el escudo del Real Madrid sobre su pecho. Vinicius es un ejemplo absoluto de contención, mientras la danza de las hienas se desboca a su alrededor.
Ya está bien. Esto es un asco. No sabemos ya cómo decirlo.
As recoge en portada el dato de las 29 faltas, 10 (insistimos: señaladas) sobre Vini. Combinemos esto con el dato anterior. En su último partido contra los de Xavi, los de Aguirre cometieron 9 faltas en total. Es decir, ayer al Mallorca le pitaron más faltas solo sobre Vinicius que las que hizo contra todo el Barça.
Como cabía esperar, hay euforia grosera al otro lado del puente aéreo. Son ocho puntos. Muchos. ¿Demasiados como para pensar en recortar terreno y acabar ganando la Liga? No lo sabemos. No lo sabemos y casi no nos importa. La pestilencia de la competición, tal y como funciona ahora mismo, nos conduce directos al rincón del vómito sin ganas de levantar la cabeza y pensar. Preferiríamos asumir que no vamos a ganar esta Liga a cambio de que la próxima no sea así. Nosotros solo somos La Galerna. Pedimos al Real Madrid que utilice todos los dispositivos a su alcance para contrarrestar el hedor.
Pasad un buen día.
Arbitró Alejandro Hernández Hernández del Comité canario. En el VAR estuvo Ricardo de Burgos Bengoetxea.
El canario siguió de cerca el juego e intentó dar ritmo dentro de lo que dejó el Mallorca con sus numerosas faltas. Y falló de forma considerable en no amonestar, al menos, por reiteración a Maffeo y Dani Rodríguez.
Las dos únicas amarillas fueron para el Real Madrid en la primera parte: Vini por un leve pisotón a Maffeo en el 44' y Ceballos con el tiempo terminado por protestar al colegiado.
En la segunda parte desenfundó más tarjetas. Tarde. Costa en el 60' por derribar a Rodrygo en el 60', Amath por patada a Vini en el 71', Ruiz de Galarreta en el 79 por agarrón a Modric, Maffeo por golpe a Vinicius en el 86' en el Mallorca y Raillo por obstrucción a Rüdiger en el 91'. Valverde en el 63' por entrada a Kang, Modric por zancadilla a Costa en el 80' y Mariano en el 89' por empujón a Antonio Sánchez en el Real Madrid.
En el 60' decretó un justo penalti por derribo de Rajkovic a Vinicius en el área pequeña.
Hernández Hernández, MAL.