Las mejores firmas madridistas del planeta

El Real Madrid conquistó el pasado sábado en Rabat el Mundial de Clubes. Tras este título volvió a resurgir el asunto de cuántos títulos oficiales ha conseguido el equipo blanco a lo largo de su historia.

Depende de la fuente que se consulte, incluida la del propio club en su página web, bailan los números. En varios lugares se hace referencia a 99 títulos y en otros a 100. En este caso, el trofeo de la discordia es la Copa Iberoamericana. Pero, ¿y los títulos regionales? ¿Por qué no se cuentan? Con todos ellos la cifra total es de 126, por lo que hace ya bastantes años que se superó la célebre barrera de los 100.

El Real Madrid acumula en su palmarés:

35 Ligas

14 Copas de Europa

19 Copas de España

1 Copa de la Liga

12 Supercopas de España

5 Supercopas de Europa

2 Copas de la UEFA

3 Copas Intercontinentales

5 Mundiales de Clubes

2 Copas Latinas

1 Copa Eva Duarte

1 Copa Iberoamericana

18 Campeonatos Regionales Centro

5 Campeonatos Mancomunados

3 Copas Federación Centro

La Copa Iberoamericana fue un torneo creado en 1993 por la Real Federación Española de Fútbol y la CONMEBOL que lo cuentan en sus estadísticas como oficial. No así la UEFA por no participar en la organización. Hace unos años, Luis Javier Bravo Mayor, uno de los mejores investigadores españoles, realizó un exhaustivo artículo en CIHEFE hablando del asunto. También el reputado historiador Vicente Calatrava, otro miembro de CIHEFE (Centro de Investigaciones de Historia y Estadística del Fútbol Español), le otorga oficialidad en su magnífico libro ‘Historia y estadística del fútbol español’.

Copa Iberoamericana

El torneo enfrentaba al campeón de la Copa de Oro (la disputaban el vencedor de la Copa Conmebol, Copa Máster de Supercopa, Supercopa Sudamericana y Copa Libertadores) y de la Copa del Rey de España y estaba patrocinada por Iberia. El presidente de la CONMEBOL, el Dr. Nicolás Leoz, y el de la RFEF, D. Ángel María Villar, firmaron el acuerdo el 4 de julio de 1993 en Guayaquil (Ecuador). Como explica Luis Javier Bravo esta resolución constaba de seis puntos y en 1994 se midieron los campeones vigentes Boca Juniors y el Real Madrid. Todos los detalles de ambos partidos celebrados en el Santiago Bernabéu y La Bombonera fueron detallados en la revista oficial de la CONMEBOL número 35. El cuadro dirigido por Vicente del Bosque venció por un global de 4-3 (3-1 en Madrid y 2-1 en Buenos Aires) levantando el trofeo en la capital argentina. Fue la única edición que se disputó al no lograr una gran repercusión ni ser un éxito en lo económico.

El palmarés blanco contado al detalle y de manera minuciosa tiene un balance total de 126 títulos oficiales a lo largo de su historia

La otra gran controversia viene por la exclusión del palmarés oficial desde hace muchos años de los torneos regionales, unas competiciones que se celebraron durante los primeros 40 años del siglo XX en España y que en su época gozaron de enorme prestigio.

Trofeo Torneos Regionales

Trofeo Campeonatos Regionales

Los campeonatos tenían carácter oficial al ser organizados por las distintas federaciones regionales de España y, además, servían como previa clasificatoria para la Copa. En cada región el número de participantes fue en aumento con el paso de las temporadas y se crearon divisiones. Hasta 1925 solo el campeón regional de cada federación entraba a formar parte de los equipos que luchaban por la Copa. No fue hasta 1926 cuando se permitió acceder también a subcampeones regionales y en 1928 a terceros clasificados.

La creación de la Liga en 1928 fue el principio del fin para los torneos regionales, que se fueron quedando sin fechas para su celebración. En la década de los 30, en un último intento de supervivencia, se organizaron los Campeonatos Mancomunados, uniéndose varias federaciones cercanas para que el torneo tuviera más categoría y los partidos enfrentasen a equipos de distintas regiones españolas.

El Real Madrid, desde 1903 a 1931, fue campeón en 18 ocasiones. En cuanto a los Campeonatos Mancomunados ganó consecutivamente todos entre 1932 y 1936 para llegar a los cinco entorchados.

Trofeo Torneos Mancomunados

Trofeo Campeonatos Mancomunados

Por último, la Copa Federación Centro (en los 40 también llamada Copa Presidente de la Federación Castellana) fue el segundo torneo en importancia organizado por la Federación Castellana de Fútbol tras el Campeonato Regional. El sistema de la competición era el del formato copero por eliminación y se disputó en 14 ediciones. El equipo merengue obtuvo los trofeos en 1923, 1928 y 1943.

Copa Presidente

Copa Federación Centro (Copa Presidente)

Por tanto, el palmarés blanco contado al detalle y de manera minuciosa tiene un balance total de 126 títulos oficiales a lo largo de su historia.

Buenos días, amigos. Nos hallamos henchidos de gozo y no nos duele en prendas reconocerlo. El Real Madrid nos hace felices y queremos proclamarlo a los cuatro vientos, queremos que se note, tenemos el corazón contento y lleno de alegría. Este fin de semana, el Castilla ganó en Córdoba, el Madrid femenino consiguió su duodécima victoria consecutiva en Liga F (podéis leer aquí la crónica de Fernando Alcalá-Zamora), el equipo de baloncesto venció al Murcia y, ya lo sabéis, los de Ancelotti obtuvieron su octavo Mundial de Clubes. Bendito Real Madrid.

Papá, ¿por qué somos del Real Madrid? Realmente esta pregunta no tiene cabida, a menos que el hijo sea poco espabilado.

El mundo lo conforman dos tipos de personas: los del Madrid y todos los demás. Para este segundo subconjunto menos afortunado, su leitmotiv consiste en aguardar ansiosos a que los blancos se la peguen, lo que además de mezquino es igual de inteligente que vanagloriarse de ser feliz todos los 29 de febrero. Guasch lo explica de manera prístina en su artículo de hoy en La Galerna.

Estos buscadores del fracaso madridista andan con la cantinela de que si el Mundial de Clubes es un titulito, que si los rivales eran equipitos, que si el Sol es importante para la vida pero, que si el agua no es tan necesaria, y sandeces por el estilo. Cosas de la amargura. Mas no hay mejor manera de ponderar los éxitos que la reacción furibunda de los antis. Algo así como una prueba de alergia.

Somos campeones del mundo (otra vez) y eso les duele. Infravalorar un título que cuesta ganar tres años linda con la indigencia intelectual. Para obtener un Mundial de Clubes es necesario realizar una campaña liguera que permita clasificarse para la Champions; al año siguiente, es condición sine qua non ganar la Copa de Europa —no vale la Europa League, por si alguno se ha despistado—; y en la tercera campaña hay que derrotar a los campeones de otros continentes.

No deja de ser curioso que muchos de quienes desprestigian el Mundial no se cansen nunca de alabar a otros equipos, como por ejemplo del Barça, que guarda en sus vitrinas la nada desdeñable cifra de 3 entorchados mundiales. Por ponerlo en contexto, son la mitad de los que ha ganado Toni Kroos. Por seguir con el paralelismo, y con el único objeto de comparar magnitudes, el club azulgrana ha ganado las mismas Champions y Supercopas de Europa que el ocho alemán del Real Madrid, cinco.

Este nuevo éxito madridista lleva a Marca a rendirse a la evidencia y afirmar que los blancos se hallan en el Olimpo, hogar de los dioses griegos, algunos de los cuales eran muy madridistas, como el hermético Hermes Courtois o Atenea del Castillo. Aunque también había alguno del Barça, como Poseidón.

Portada Marca

“14 de 15 finales internacionales ganadas desde 2014”, subtitula. Son matemáticas, irrebatible. También irrefutable: “Cinco Copas de Europa, cinco Mundiales y cuatro Supercopas de Europa, la inigualable racha de títulos desde la final de Lisboa. Le ‘siguen’ Sevilla y Chelsea, con cuatro; PSG y City están a cero”.

Bien Marca por recoger la realidad, una realidad ocurrida fuera de España, lugar donde, a pesar del éxito internacional en torneos de más prestigio, el equipo instalado en el Olimpo y alguno de sus dioses tienen que aguantar persecuciones y portadas como algunas de las perpetradas por el propio Marca. Paradojas.

Portada As

La victoria en el Mundial de Clubes también nos pone a 100, y nos referimos al estado de ánimo más que al centenar de títulos madridistas que sirven de titular del diario As, porque en esto no hay unanimidad debido a una Copa Iberia que no termina de aterrizar como oficial o no oficial.

As dice que el Madrid amplía la ventaja (en cuanto a número de títulos) en su cara a cara con el Barcelona, que lleva 97. En cuanto a este “cara a cara”, léase de nuevo el sexto párrafo del presente Portanálisis en el que se compraba la magnitud del Real Madrid y Barcelona valiéndonos para ello de la figura de Toni Kroos. Por decirlo de otra manera, no se puede decir que dos personas están prácticamente igual de viajadas porque ambas atesoren casi cien viajes si una de ellas ha viajado preferentemente a la panadería de la esquina y la otra acumula primordialmente periplos internacionales.

Los culés, mientras tanto, se creen invencibles. Sí, de verdad, que lo dice Sport.

Portada Sport

Una portada así apenas 48 hora después de que el Madrid se proclamase campeón del mundo es la explicación perfecta del ADN Barça.

Pasad un buen día y disfrutad del Madrid, de este bendito Real Madrid.

Portada Mundo Deportivo

El Madrid prolonga su racha inmaculada

 

El Real Madrid femenino venció con agonía (1-0) al Sporting de Huelva gracias a un gol de Caroline Møller. Tras diecinueve días en los que las blancas han disputado seis partidos de Liga F sin descanso, el equipo de Alberto Toril llega al parón FIFA con un récord de equipo grande: todo victorias, prolongando ya a 12 las jornadas consecutivas sumando de tres en tres.

 

Un deporte como el fútbol nunca podrá aburrir mientras siga manteniendo viva la llama de lo inexplicable. No importa la profundidad del conocimiento que se tenga sobre un equipo o sobre una competición, ni el número de horas viendo el balón rodar. Hay partidos en los que la lógica, sin más, queda en suspenso y lo que sucede en el rectángulo de césped escapa a la interpretación de la mente humana. La tarde de domingo en el estadio Alfredo Di Stéfano, en la que el Real Madrid recibió al Sporting de Huelva, deberá ser incluida en ese cajón.

El Real volvía a pisar su casa como el soldado que vuelve a casa tras unas semanas entre trincheras: con la ropa hecha jirones y la cara arrugada, pero dispuesto a soportar un día más de fatiga por pura inercia antes de tirarse a la cama. La plantilla de Alberto Toril había despachado al Alavés, al Athletic Club, a la Real Sociedad, al Valencia y al Granadilla Tenerife para confirmar su candidatura al subcampeonato de liga. A lo largo de ese camino, las madridistas han ido afinando su instinto goleador, perfeccionando su capacidad de supervivencia, y encontrando nuevas soluciones para escapar de callejones sin salida.

Weir Huelva

Ante el Valencia, el Madrid mostró la calidad y variedad de su arsenal con una exhibición de principio a fin en la que Caroline Weir firmó tres de los seis goles de su equipo. Planteado un choque con casi todo de cara, la maquinaria blanca pasa por encima de su rival sin despeinarse. Tres días después, en Tenerife, el escenario en el que sobrevivir fue diametralmente opuesto: golpes en forma de gol recibidos a destiempo, campo casi impracticable y sensación de maleficio sobre las de Toril. Y sin embargo, con el pitido final, la victoria siguió sonriendo al Real gracias a un cabezazo de Sandie Toletti.

A estas alturas de la película, tras 18 jornadas y 11 victorias consecutivas —el último tropiezo fue la derrota ante el Barcelona a comienzos de noviembre— para los rivales este Real Madrid debe empezar a recordar al protagonista de una gran saga de acción. Podrán idearse mil trampas imaginativas y sin escapatoria aparente, pero en la pantalla de créditos, tras la escena final, todos sabemos quién seguirá con vida. En esas llegó la visita a Madrid del equipo onubense, última prueba antes del descanso de selecciones, y bastaron quince minutos para que todas las sospechas volvieran a quedar confirmadas: los tres puntos sólo podrían caer del lado madridista, tal era la superioridad y la claridad de las ocasiones de gol.

Volvió a ganar el Real Madrid, rey de la lógica, y también del caos

El Real Madrid, con sus jugadoras más en forma reunidas sobre el terreno de juego, necesitaba paciencia, algo de fortuna y mantener la caminata a su ritmo entrenado. La victoria sería tan inevitable como la gota de lluvia que acaba en el océano. Una a una, fueron chutando a puerta Weir, Esther González, Athenea del Castillo, Claudia Zornoza o Rocío Gálvez; y en cada ocasión algo se interpuso entre sus intentos y la red: una pierna, un mal golpeo o, más a menudo, la intervención de la guardameta Zala Meršnik.

Cuando el cronómetro superó la hora de juego, el parque de bolas en el que el Madrid había convertido sus partidos de Liga F fue transformándose en algo más siniestro y bien conocido para los aficionados madridistas: un partido cerrado de LaLiga. Las jugadas rápidas se tornaron en combinaciones asfixiantes, el paso de los minutos fue obligando al Sporting a guarnecerse tras su muralla, y la portera eslovena empezó a rascar segundos a cada saque de puerta. Por entonces, hasta el sol había abandonado Valdebebas y la expresiva cara de Athenea —más reflejo del alma que ninguna— lo decía todo: el fútbol feliz era ya fútbol desquiciado.

Athenea del Castillo Sporting Huelva

El partido llamado a resolverse con facilidad acabó convertido en un duelo imposible de ganar. Por algo este meritorio Sporting de Huelva, que temporada tras temporada sigue dando esquinazo al descenso, es el indiscutible rey de los empates. En busca de soluciones remotas, Alberto Toril había sacrificado a Esther para intentar que entre Maite Oroz y Weir se sacaran un conejo de la chistera en la frontal. No surtió efecto, del mismo modo que no lo hicieron ni los centros al área ni las combinaciones rasas por los flancos.

Se aproximaba el descuento; 2+2 ya no daba como resultado 4. La única escapatoria para el Real era ya evidente: dejarse llevar, arrojarse al vacío, aceptar la física cuántica. En el 85:05 Kenti Robles dejó su sitio a Caroline Møller, movimiento con el que, de una tacada, la línea defensiva quedó convertida en un espantapájaros y la delantera, en un after. 65 segundos después, llegados al 86:10 de reloj, la fantástica Toletti sirvió un centro envenenado al área entre portera y centrales. Y allí, inesperada, en su segundo contacto con la balón, la infrautilizada danesa vino a recordar que lo inexplicable es parte indisociable del fútbol. El cuero tocó la red; volvió a ganar el Real, rey de la lógica, y también del caos.

Real Madrid Femenino Sporting de Huelva

Sólo tiene gracia si pierde el Madrid

 

Y no me refiero al Mundial de Clubes, última estación del conejil sufrimiento antimadridista.  Rabat fue el último ejemplo, nada más. Me divierte leer y escuchar a esa deliciosa tropa que vive ansiosa por ver cómo se la pegan los blancos. Es superior a sus fuerzas. Vive malos tiempos, en realidad toda su vida, pero es indesmayable. Últimamente me pone ella más que otra cosa. Acompaña un huevo la tropa.

Fíjense que si no juega el Madrid, el gallinero está más o menos controlado. Anoche mismamente: un Villarreal-Barça no es un Villarreal-Real Madrid. Hay paz y armonía, da gusto. No hablemos de un Inter-Bolonia, un Bayern-Schalke. Pero aparece el Madrid y es la locura. Da igual la competición. La cosa empieza en los torneos de verano y se desparrama todo el año. Ni 4-3-3 ni 5-5-7 ni posesión ni césped alto o bajo ni ese o aquel fichaje. Ni siquiera el VAR: nada. Con el Madrid de por medio esto sólo tiene gracia si pierde. 1-0 vale.

Sólo había una excitación: que perdiera el Madrid. Si ganaba, la crónica estaba escrita, jugaban contra flautistas. Sólo había una escapatoria, que el Madrid palmara. Crisis, fracaso, vergüenza, demolición, caos y tal

¿Qué interés tenía, madridistas al margen, obviamente, la cita marroquí? Mérito no reconocerían ninguno, luego sólo había una excitación: que perdiera el Madrid. Si ganaba, la crónica estaba escrita, jugaban contra flautistas. Sólo había una escapatoria y era eso, que el Madrid palmara. Crisis, fracaso, vergüenza, demolición, caos y tal.

El plan se empezó a torcer cuando eliminaron al Flamengo. De pronto, los hinchas de este histórico club brasileño se multiplicaron aquí: lo gafaron. Era razonable a priori, mejor ponerte en manos de unos brasileños que en árabes y egipcios. Pero resultó que los árabes tumbaron a la gran esperanza antiblanca. Pintaba fatal. Se confirmó…

Benzema y Rüdiger Mundial de Clubes

Y no, no es cosa del Mundial de Clubes. El Madrid lo ganó por octava vez porque antes conquistó la 14. ¿Qué pasó entonces? La primera gracia que se esperaba fue que entre Messi, Neymar y Mbappé, sobre todo él, sacaran al Madrid de Europa en el primer cruce. Miau. Tras el 1-3 en Londres, ‘chez’  Chelsea, la tropa no esperaba gran cosa y apenas pió: como son gafes, ya digo, el asunto llegó a ponerse 0-3. Si llegan a gritar ¡huele a remontada! gana el Madrid 8-0. Total, marramiáu.

No desmayaron. Guardiola los pondría en su sitio. Fue duro. 2-0, 4-2, 0-1… Estaba hecho. Al final, gracia ninguna. Siguen insistiendo en cómo un equipo tan grande, con un entrenador tan grande y unos jeques tan grandes pudo perder una eliminatoria que en el minuto 90 y muchos dominaba por dos goles. Requetemiáu. En ninguna de aquellas eliminatorias vieron gracia alguna. Ni siquiera en la silla de Alaba. Solo lamento y malas caras.

El inminente nuevo Liverpool-Real Madrid, y todo partido hasta junio, sólo tendrá gracia si pierde el Real. Si gana, ya está explicado: el equipo de Klopp está muy mal, como la mayoría de los que se enfrentan al Madrid desde la Primera, y no había nada que hacer

Llegó la final y ahí pasó algo insólito: tengo espías en la tropa y del Liverpool no esperaban nada. Sabían que ganaba el Madrid. Otra vez sin gracia. Pero es cierto que metieron poco ruido, a lo sumo aquello de cómo no se juega en el Bernabéu… Vieron el partido sin esperanza: fue el date-por-jodido químicamente puro. Además marcó Vinicius.

Así, el inminente nuevo Liverpool-Real Madrid, y todo partido hasta junio, sólo tendrá gracia si pierde el Real. Si gana, ya está explicado: el equipo de Klopp está muy mal, como la mayoría de los que se enfrentan al Madrid desde la Primera, y no había nada que hacer.

Lo de Rabat, además y ya es el colmo, acabó con Vinicius MVP y sin episodio alguno que recordara lo que vive aquí el muchacho. Que el miércoles será baja ante el Elche por acumulación de amonestaciones. Estupendo: a los violentos, provocadores y tal hay que perseguirlos. No jugará Vinicius: eso sí que no tiene gracia.

 

Getty Images.

Uno podría pensar que, cuando se despierta una mañana de domingo como campeón de Europa o del mundo, la satisfacción va a dejar alguna huella visible, más allá de la inevitable sonrisilla de regocijo con la que afrontar los quehaceres. Partidario como soy del fútbol como territorio de lo íntimo, celebro la demostración de altura moral que proporciona la templanza; no obstante, habrán de reconocer que posee un punto de excentricidad. Tampoco se trata de pasarle el parche por la cara al churrero o al quiosquero, desde luego, pero insisto en que a veces me asombra la sencillez con la que la mayoría del madridismo asume la victoria como su estado natural, casi obligatorio. De inmediato me viene a la mente aquella frase de Glenn Gould: “La finalidad del arte no es la descarga momentánea de un poco de adrenalina, sino la construcción, durante toda la vida, de un estado de sosiego y admiración”. Sin saberlo, el genio canadiense describió perfectamente lo que es el Madrid.

Valverde Vini

Por otro lado, la incesante convivencia con el triunfo provoca consecuencias insospechadas en un sector de la afición. Algo que a menudo se traduce en ridículas discusiones bizantinas que cualquier profesional consideraría como sugestivas de frenopático. Ayer, sin haber acabado el partido, había hinchas que conversaban acerca de si cambiaban ganar el mundialito -nótese que el diminutivo para referirse al título aparece o desaparece en función de quién es el vencedor- por la eliminatoria contra el Liverpool o por la Copa del Rey. Es cierto que el juego del “qué prefieres” constituye un simple divertimento habitual en multitud de cenas y botellones adolescentes; sin embargo, en este caso permite efectuar dos lecturas muy interesantes acerca de la psique del madridista que lo practica. En primer lugar, implica la admisión tácita de cierta proporción de victorias como patrimonio indubitable, con el cual se permiten mercadear de igual forma que un latifundista intercambia unas tierras por otras. En segunda instancia, revela una especie de creencia inconsciente en algún tipo de karma; al fin y al cabo, uno solo se plantea la sandez de qué trofeo escoger a partir de la creencia más o menos subconsciente de que ganarlos todos resulta excesivo, incluso para el Madrid.

Valverde celebración bebé

Más allá de todas estas reflexiones, habrá quien argumente el conocido estribillo: nunca hay que alegrarse demasiado, ni hacia dentro ni hacia fuera, porque el fútbol per se no es tan importante. Cualquier otro día me encantaría responder a estos pretendidos estoicos acerca de si, desde su morigerado pedestal, la búsqueda de la felicidad en las pequeñas cosas supone un objetivo vital adecuado para dar sentido a una existencia; de ser así, les pediría que me detallasen sus aficiones particulares, por comparar un poco y, quién sabe, acaso por partirnos la caja con su altivez previa. Pero, sin que sirva de precedente, hoy confesaré estar parcialmente de acuerdo con ellos.

Valverde Rüdiger

En efecto, en ocasiones hay cosas más importantes que el fútbol, y hasta que el Madrid. Un ejemplo muy concreto fueron los tweets que Mina Bonino escribió durante la disputa de la final, en los que explicaba el calvario que tanto ella como su marido han sufrido durante las últimas semanas, y que probablemente influyó en el discreto rendimiento ofrecido por Fede tras el Mundial de Catar. Hace ya muchos años que Jorge Valdano popularizó en España aquello del fútbol como un estado de ánimo; y si en la plantilla actual del Madrid hay un jugador que encarna dicho enunciado, ese es Valverde. El propio centrocampista reconoció en otra ocasión, en los meses más duros de la pandemia, que sus circunstancias personales afectaron decisivamente a su juego. Su sinceridad no solo le honra, sino que regala al hincha un par de lecciones muy estimables.

Abrazo Valverde Ancelotti

Por una parte, que los futbolistas son personas con altibajos para cuyo enjuiciamiento, si se desea ser ecuánime, resulta necesaria una perspectiva más amplia en el tiempo. Y por otra, que hay que valorar los triunfos de manera individual, uno a uno, sin considerarlos una dádiva inevitable o una mercancía con la que se puede juguetear para conseguir otras, a priori más atractivas. Como la pareja ha podido comprobar en sus propias carnes, la vida no ofrece garantías a nadie. El mismo cronista que preveía aprovechar la gracia sempruniana para titular con un "Federico Valverde se despide de ustedes" se verá obligado, tras la actuación del Pajarito en Marruecos, a modificarlo por un “Federico Valverde se presenta de nuevo ante ustedes”. En un Madrid dividido no ya entre veteranos y noveles sino entre los que la piden al pie y los que la piden al espacio, el concurso de este Valverde tiene visos de relevancia capital. Diré más: el sueño uruguayo acerca de la capitanía blanca no es ninguna entelequia. Ojalá lo veamos. Mientras tanto, háganme caso y alégrense, sea con euforia o con sosiego. Somos campeones del mundo y, si Dios quiere, pronto habrá un madridista más para celebrarlo.

 

Getty Images

1. Dos Champions, una Liga, una Copa del Rey, una Supercopa de España, dos Supercopas de Europa y dos Mundiales de Clubes, el último conseguido brillantemente hace pocas horas. Nueve títulos para un hombre 10, un entrenador que representa todas aquellas virtudes que han hecho del Real Madrid el mejor equipo de la historia.

Larga vida, Ancelotti.

Ancelotti Mundial

2. Ya se conoce la terna de candidatos a The Best: Benzema, Messi y Mbappé. A partir de ahora comienza el debate estéril, el que llevará a radicalizar las posiciones sin escuchar al contrario, sin analizar lo sucedido en el terreno de juego. Por una vez, y espero que sirva de precedente para otros premios, me gustaría huir de este sinsentido, ser lo más objetivo posible y no dejarme llevar por forofismos.

Vamos allá:

La Champions de Karim (pieza indiscutible de la que ya es la mejor Champions de la historia) es irrepetible, digamos, por hilar un poco más fino, que su majestuosa actuación se mea (con perdón) en la de cualquier competidor. Que le den el The Best, la Torre Eiffel y una de las Torres Picasso. La gloria eterna ya se la ganó en la Decimocuarta.

Ya ven, a veces ser objetivo no es tan difícil.

Benzema PSG

3. El fuera de juego semiautomático, el que se empleó en el Mundial de Qatar y en el Mundial de Clubes que acabamos de disfrutar, es un gran invento. Y mejorará todavía más cuando se convierta en automático. Da igual que sea por medio cuerpo o por una uña: es o no es.

Si el margen para el fuera de juego aumentase a un metro, el debate continuaría: nadie estaría contento con un fuera de juego de 101 centímetros. Todo lo que sea ayudar al colectivo arbitral, tan opaco en el 2023 como la Inquisición en el siglo XVI, será positivo para el espectador y la justicia en el deporte. Por cierto, hablando de justicia, ¿les he dicho ya, abandonando los forofismos, que es de justicia que Benzema se lleve el premio The Best?

Fuera de juego

4. Me llama mucho la atención, cuando se habla de los problemas en defensa, de la portería a cero, de los goles encajados o del pequeño bache de juego que está atravesando el Real Madrid, que nadie hable del factor Casemiro. Su salida se vivió, para mi sorpresa, con gran tranquilidad entre la afición madridista, como si sustituir al mejor centrocampista de la historia del Real Madrid fuese fácil. El fichaje de Tchouaméni, poseedor de un montón de virtudes que, perdonen mi atrevimiento, yo nunca he visto, no ha tapado (ni creo que lo haga nunca) el, al menos para mí, inmenso vacío que dejó el brasileño. Equilibrar ese centro del campo es prioritario si queremos terminar la temporada levantando más títulos.

Casemiro

5. Tengo la impresión, puede que equivocada ya que no pude disfrutar de aquella época iniciática, de que Twitter Madrid se ha convertido en lo que no hace tantos años criticaba. Lo que otrora fue un producto fresco, original y reivindicativo, un lugar de encuentro y libertad, una especie de movida madrileña surgida después de décadas de caspa y control de la información por los medios tradicionales, es ahora un lugar crispado, con famiglias y militancia cabezona, un conmigo o contra mí, sin matices. Puede que haya idealizado esa época, puede que nunca haya sido así y puede que la ilusión (la mía) vaya mermando con los años.

Twitter Real Madrid

6. Vinicius es un jugador superlativo, uno de los mayores talentos de las últimas décadas. Él siempre lo intenta: una vez, y otra, y otra más. No desfallece, no recula ni especula. Ese carácter tan madridista es su mayor virtud, rompe las defensas, abre hueco, desborda, llega a la cal, suelta el balón hacia atrás y, en muchas ocasiones, ¡no hay nadie! para rematar, el área está vacía.

Ayer vi una jugada de Endrick en la que hace un sombrero y luego una media chilena. Esa exquisitez, a pesar de que fue lo que más se destacó, no me pareció lo más importante. Sus movimientos antes del remate eran, vista la orfandad de Vinicius, lo destacable. Endrick acompañó al extremo, se fue moviendo por el área siguiendo la jugada, se echó atrás cuando preveía un pase a esa zona y adelante cuando vio el hueco hacia el que fue el balón. Esa virtud, esa colocación de delantero, de cazagoles, de estar atento a los rechaces, a los centros, la hemos perdido. Exceptuando a Benzema, que ya hemos dicho mil veces que no es un 9 al uso, nadie sigue a Vinicius, nadie se aprovecha del enorme desgaste que hace partido tras partido.

Endrick

7. Vamos a ganar esta Liga. Hay mil razones para hacerlo. A mí, así, a bote pronto, se me ocurren dos. Una por mi padre, que me dijo cuando era pequeño —él lo sabía entonces y ahora ya lo sé yo— que Di Stéfano es el mejor jugador de la historia del fútbol; y otra por mi sobrina, que a pesar de que mi cuñado suelta cuatro tacos cada cinco palabras, solo se permite utilizar una pequeña palabrota.

Sí, esa, la que resume todo.

Vamos a ganar esta Liga porque somos el puto Real Madrid.

 

Getty Images

No bien se apagaron los fastos marroquíes por el logro del Mundial de Clubes, e incluso cuando aún resonaban estos por los vomitorios del estadio Principe Moulay Abdellah de Rabat, Vinicius Jr., el provocador, el provocador de títulos como matizaba un tuitero, posteó una foto suya sosteniendo el trofeo individual como MVP del torneo bajo la leyenda Top of the World. Vinicius en la cumbre del mundo.

Vini Tuit Top of the world

Los emojis, esa seña de nuestro tiempo, son interesantes. El primero es algo confuso, se antoja una bruma de ensoñación, como dando a entender el cumplimiento de una fantasía, o acaso sea pura y simplemente una nube, la masa de vapor que se concentra en la atmósfera cuando estamos muy por encima del nivel del mar y de la chusma.

Los otros dos son elocuentes: una copa de campeón (lo que es, de Europa y del planeta, junto al resto de sus compañeros) y un corazón bien blanco. “My hands are of your color, but I’m ashamed to wear a heart so white”, escribió Shakespeare para que Javier Marías encabezara con la cita su extraordinaria novela. Vinicius, sin embargo, está lejos de avergonzarse de su blanco corazón, y si no vean este otro tuit, tan solo unos minutos más tarde.

Tuit Vini ser del Madrid

Donde Shakespeare se abochornaba, Vini se jacta. Corazón tan blanco, y a muchísima honra. “Qué bonito es ser del Real Madrid”, sentencia, aparejando el verbo ser en este contexto una doble condición contractual y hooliganística. Vini es un forofo del Madrid como haya pocos: de otro modo, no se explica que su paso por el matadero de los maffeos y raíllos y el desuello de las copes y radiomarcas, sin una especial defensa pública ni de sus compañeros ni de la institución, no le hayan movido ya a hacer el petate y buscar la protección de la Premier. Este tío es más madridista que usted y que yo, y además juega como le da la gana. Supongo que es posible ser madridista y no querer a Vini como un hijo o hermano, pero solo lo es desde la asunción dolorida de que en el madridismo cabe todo.

Entre nuevos corazones blancos Vini celebra: “8 Mundiales para el Madrid y 8 títulos para mí”. Sí, amigos, quién lo iba a decir. No lo parece porque la abnegación de Sísifo se le supone, pero el chico ya ha ganado casi todo con el mejor club del mundo (club que acaba de reverdecer esta condición), y lo ha hecho con un protagonismo indiscutible en todos y cada uno de esos trofeos, entre ellos una Champions con gol en la Final y un par de Ligas hercúleas, una batiéndose el cobre contra el coronavirus y el confinamiento, otra a despecho de alejos, paulistas y sus cómplices por dejación de funciones del estamento. Ya tiene un historial extraordinario quien parece condenado a empezar de nuevo continuamente, a justificarse no se sabe por qué de manera perenne, a ser fostiado sin remisión y poner la otra mejilla con una sonrisa que tiene que cuidar hasta el extremo, porque ha de ser lo suficientemente contenida para no ser tenida por burlona pero lo suficientemente franca para que no la motejen de sarcasmo. “¡Por mas y más!”, concluye, estremeciéndonos en su inconformismo quintaesencialmente vikingo. Ya es una estrella, un Top5 global, le pese a quien le pese, y lo demostró en la Final goleando, asistiendo, inventando regates como el que culmina con la ayuda de Ceballos en su segundo tanto, usando el exterior como si Modric se hubiera criado en las favelas.

Vini Jr., en la cumbre del mundo. Pasen y...

 

Getty Images

Buenos días, campeones del mundo. Con ánimo de hacerles a ustedes mejores personas este domingo, convendría ir pidiendo perdón por la circunstancia por la que les hemos dado los buenos días. Esto de ganar lo que oficialmente parece llamarse Mundial de Clubes queda pomposo y hasta ridículo cuando los que saben de esto -los hacedores del fútbol con mayúsculas y de la opinión que merece ser pública, legítima y vinculante- afirman que se llama más bien mundialito, trofeo de la galleta, tómbola, verbena, titulillo y hasta pachanga.

Artículo Sport

Lo nuestro debería ser, invariablemente, pedir disculpas por los títulos conseguidos, cuando no directamente avergonzarnos, pues ya nos dirán ustedes qué mérito tiene haber ganado, sin ir más lejos, a un equipo saudí en una dizque final "disputada" en Rabat en la que hasta a Vinicius le dejaron jugar, animándole incluso desde la grada. Eso no es una final ni es nada. Eso fue una pantomima, un simulacro, charada y mcguffin.

Portada Sport 12-02-23

No hubo rival, como bien nos dice Sport desde arriba a la derecha. El Madrid ganó a nadie. Podría ser incluso que los tres goles recibidos hayan sido obra propia sin que nuestros ojos, cegados por el forofismo mesetario que nos caracteriza, hayan podido apreciar esa deshonrosa circunstancia, porque ya se sabe que nosotros lo vemos todo blanco -¿qué me pasa, doctor?- en lo que viene siendo una ceguera de la que solo cabría curarse leyendo la prensa culé, tan colorida ella, tan veraz, tan coherente, atinada y lúcida. Aprendamos a ver con ella, amics. No desestimemos la oportunidad que nos brindan sus portadas pasadas, presentes y futuras que, como fantasmas benefactores, se nos brindan a ciegos tan contumaces como nosotros.

Portada Sport Mundial 2015Portada Mundo Deportivo Mundial 2015

Corría el año 2015 de nuestra era (culé) y por aquellos venturosos días ganaba el Barcelona lo que sí era un Mundial en condiciones. Allí sí hubo rival y allí sí hubo un campeón como D1os manda. "Reyes del mundo", rezaba la prensa libre, porque para ser rey hace falta no solo reinar, sino que los demás estén convencidos de que efectivamente eres el rey, lo que precisa de un sostenido ejercicio de sana educación comunitaria que algunos ciegos llamarían propaganda, cuando no deshonra, falta de moral o cruda estulticia.

Pero nosotros necesitamos aprender a ver más allá del blanco que nos ciega, y para eso lo primero es asumir que la victoria de ayer ante el Al Hilal roza con la derrota, no solo por la nula enjundia del rival, caso de que lo haya habido, sino porque el camino que nos condujo hasta Rabat merece ser borrado de la historia de este deporte al que solo se debe jugar como dicen arriba a la derecha. Así que eso que algunos de ustedes llaman épica, en realidad se llama suerte, flor, culo y cosas menos edificantes. Eso de haber ganado al PSG, al Chelsea, al City y al Liverpool para conseguir otra Champions constituye una ofensa sin precedentes y no un mérito, sobre todo por las formas en las que sucedió, por sus maneras deshonrosas, por la ausencia de estilo, por el no merecimiento. Porque el merecimiento lo es todo, niños. Y porque lo que signifique merecimiento lo dicen los que no ven en blanco, que lo merecen todo cuando lo merecen y merecen aún más cuando no lo merecen, pues para eso ponen los significados a bailar la sardana en perfecta armonía con los significantes que a ellos les salen de los valors.

Portada Mundo Deportivo 12-02-23

Por tanto, celebrar, lo que se dice celebrar, es algo que solo debería estar permitido a aquellos que lo merecen, y no a nosotros, que alcanzamos nuestro título número 100 a fuerza de vaya usted a saber qué aborto de ovas y lamas, apenas bajel de escamas que sobre las ondas se mira. "¡Ay, mísero de mí!", deberíamos declamar lo que dure este domingo negro, precisamente por haber empezado tan blanco. Declamen ustedes por los pasillos de casa, declamen en la calle, en la panadería, en la churrería, en los parques, sobre todo en los parques, por si hubiera cerca niños desnortados que tiendan ya a la ceguera blanca y puedan ser aún rescatados para la causa de la visión.

Menos mal que este día puede acabar con lo blanco a 11 puntos de la luz y del color si la xavineta vence al submarino amarillo. Menos mal que aquello que la pachanga de la galleta ha obrado puede deshacerse con un nuevo baile culé: baile de fútbol, de goles, de puntos, de significados y de significantes, baile de portadas como pasquines ideológicos y hojas parroquiales. Menos mal que la prensa madrileña se viste hoy con sus mejores galas lecheras para confirmar lo que el sumo hacedor Pep nos enseñó hace ya tiempo, así que oremos, declamemos cual Segismundo y hagamos el salvífico acto de contrición de no querer ganar más títulos que los que merezcamos, es decir, ninguno.

Les dejamos con las portadas mesetarias del día, que invitamos a no mirar para no ser de nuevo tentados por la ceguera. Allá ustedes si se solazan en ellas como los impúdicos campeones del mundo que ahora son. Sabemos de sobra que algunos de ustedes, irredentos y ya condenados, osarán soltar un "hala Madrid".

Portada Marca 12-02-23Portada As 12-02-23

 

El Madrid es campeón del mundo por octava vez a despecho de la rareza intrínseca a estas citas intercontinentales. Suelen ser partidos deslavazados, anómalos, pero no exentos de espectacularidad. Este fue la mejor final del torneo que se recuerda, con un Madrid afanado en dar espectáculo aun descuidando su retaguardia, y con un equipo saudí que jugó y dejó jugar, a años luz de la canalla que los de Ancelotti enfrentan en el campeonato local con el beneplácito arbitral.

En este sentido, claro, el énfasis hay que ponerlo en Vinicius, gran protagonista del encuentro por jugar de miedo, como siempre, y por no hacer nada malo, como siempre. Marcó dos goles, el segundo en jugada sensacional con Ceballos, y asistió a Benzema con el exterior porque hay un punto de cruce de líneas paralelas en el infinito donde Vinicius es hasta Modric. Benzema aportó dicho gol y la capacidad asociativa de siempre en su retorno, y Valverde selló su mejoría con otro doblete, el segundo tras una gran jugada donde Tchouaméni saca magníficamente el balón y combina con Carvajal.

Vini Al Hilal

Jugadas tan meritorias como estas se dieron con asiduidad. Era un Madrid con necesidad de reivindicar su excelencia en el show-business, hasta el punto de desguarecer su seriedad balompédica, lastrada también por la falta de confianza colectiva ante la ausencia de Courtois. El espectáculo valió la pena, Toni Kroos se convirtió en el Paco Gento de los mundiales de clubes (seis tiene, sin que no ya ningún otro jugador sino ningún otro club le haga sombra) y el Madrid sigue siendo el pensamiento recurrente más alegre de sus fieles, la evidencia más aciaga de la mediocridad de sus odiadores.

Hala Madrid.

 

Getty Images

Lunin: 4. Debió hacer bastante más en el primer gol.

Carvajal: 6. Jugó mejor que últimamente y participó en el cuarto gol.

Rüdiger: 4. Los tres goles encajados le dejan en mal lugar.

Alaba: 4. Bien en la salida del balón, pero demasiado hueco a su espalda.

Camavinga: 4. Cometió errores con el balón poco típicos en él.

Tchouaméni: 5,5. Algo impreciso con balón, pero ganó bastante duelos.

Modric: 5,5. Se le nota con la gasolina algo justa.

Kroos: 7,5. Exhibición durante la primera media hora.

Valverde: 9. Partidazo. Dos goles y un gran despliegue.

Vinicius: 9,5. El mejor jugador del torneo junto a Valverde. Dos goles y una asistencia.

Benzema: 6,5. Gol y asistencia en los 60 minutos que jugó. Poco a poco mejorará su forma física.

Ceballos: 7. Su impacto fue muy positivo para el equipo.

Nacho: 5,5. Siempre atento.

Asensio: 5,5. No tuvo ocasión de ser demasiado relevante.

Rodrygo: 6. Muy fino siempre. Estuvo cerca del gol varias veces.

Vallejo: sin tiempo relevante.

Ancelotti: 6. La salida del equipo fue muy buena, pero debe trata de arreglar los problemas defensivos

 

Getty Images

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram