Las mejores firmas madridistas del planeta

Lunin: NOTABLE. Seguro casi siempre y brillante en varios tiros lejanos. ¿Algo blando en el intrascendente último gol?

Carvajal: NOTABLE. Gran gol y enorme trascendencia en el juego, casi impropia de un simple lateral derecho.

Mendy: APROBADO. A nadie encandila pero con él ganas. Es el primo aburrido que sin embargo te arregla la caldera.

Rüdiger: SOBRESALIENTE. Nadie le tose y además se descuelga, en ataque, con pases de valor gol.

Tchouaméni: APROBADO. Con autoridad como central.

Camavinga: NOTABLE. Su único lunar es una tarjeta evitable. Cada día añade más jerarquía a la exuberancia.

Kroos: NOTABLE. Valga la redundancia.

Valverde: NOTABLE. Trabajo extenuante y por doquier.

Brahim: SOBRESALIENTE. Viva Marruecos.

Vinícius: SOBRESALIENTE. Bigoleador y pesadilla. Está en modo estrella mundial, o sea, precisa y exactamente lo que es.

Rodrygo: APROBADO. En su línea reciente. No se le puede reprochar nada en actitud y juego, pero no tiene acierto en el momento final.

Modric: APROBADO. Minutos de calidad.

Nacho: APROBADO. Solvente en el rato que tuvo.

Lucas V: sin calificar.

Fran García: sin calificar.

Güler: NOTABLE. Aún estamos colgados de ese larguero.

Ancelotti: NOTABLE. Hay que darle crédito por el dinamismo y los automatismos del equipo.

 

Getty Images

Arbitró Juan Martínez Munuera, del comité valenciano. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.

Actuación bastante deficiente del de Benidorm, sobre todo en la primera parte. Más pendiente de lo que hacía Vinicius cuando caía al suelo y en las celebraciones de los goles.

El gremio arbitral tiene el ego subido desde hace eones y vigila y sanciona mucho más las protestas que las entradas peligrosas que pueden causar una desgracia a los jugadores.

En el 4' Herrando realizó una entrada durísima y con riesgo de lesión a Rodrygo. Le dio con la planta entre el gemelo y el tendón. Una acción de roja que se saldó sin amarilla y sin revisión del VAR. Lamentables los colegiados.

Unos minutos más tarde, el de Benidorm se tragó un derribo de Unai a Vinicius en el área rojilla cuando se desentiende totalmente del balón. Penalti al limbo.

A lo largo del partido se mostró reacio a sacar tarjetas, como una que perdonó a Torró sobre Vinicius y otra en los últimos minutos del choque, también sobre el brasileño, por parte de Iker.

Herrando finalmente fue amonestado por una entrada a Brahim y también Lucas por patada por detrás a Camavinga. A ellos se unieron el propio francés por pisotón fuerte a Moi, Unai por derribo a Vinicius y el brasileño por protestar.

Además, se pidió penalti por una mano de Mendy, que no fue, y por una caída de Budimir en forcejeo con Camavinga, que tampoco era nada.

En el 88' se anuló un tanto de Lucas por claro fuera de juego.

Martínez Munuera, HORROROSO. Rematadamente mal en connivencia con su colega del VAR, que está para mostrar atención en acciones como la de Herrando y preservar la integridad de los futbolistas.

 

Getty Images

En una de las actuaciones más completas de la temporada, el Madrid conquistó el Sadar con un Vinícius estelar. Ni la más que previsible derrota del Atleti ante el Barça parece amenazar su firme marcha en pos de la liga.

Ancelotti optó por un once bastante estándar, banqueando a Nacho para dar entrada a Tchouaméni en el centro de la defensa y dejando así hueco a un Camavinga que parece asentarse en la posición de medio centro. Güler aguardaba una oportunidad en el banquillo a pesar de su fugaz y bella aparición ante el Celta, con Brahim de media punta a la hora del cous cous.

A los 3 minutos, Vinícius presionó con fe a Catena y le robó el balón, para batir con calma suprema a Herrera. Las cosas se ponían de cara para el Madrid nada más empezar, pero no tardarían mucho en volver a equilibrarse en un córner. Budimir remataba con todo a favor e igualaba las cosas en un comienzo trepidante del partido: antes del minuto de Juanito, Vinícius casi vuelve a desequilibrar tras un gran pase de Rüdiger, pero esta vez estuvo más acertado el excelente Herrera. Ni Hemingway conoció una Pamplona más intensa que la de estos primeros diez minutos. Frenético inicio para las almas y los culos, sin oportunidad de tomar asiento.

Vini gol Sadar

El Madrid dominaba. Rodrygo chutó desde la esquina exigiendo lo mejor de Herrera, pero un chut lejano hizo lo propio de Lunin a renglón seguido.

A los 17 minutos, una jugada de manual del Madrid por la izquierda desembocó en un nuevo desempate. Brahim puso un espléndido balón liftado para el desmarque de Valverde, que de espaldas a puerta efectuó una gran dejada sobre la llegada de Carvajal. Con el exterior, en un gesto técnico de loable pragmatismo, el capitán Carvajal la ponía en la escuadra sin permitir al cronista recuperar al resuello, siquiera para consignar una jugada fronteriza de Vini en área rojilla. A todo esto, Munuera cumplía con lo esperado ignorando faltas de manual sobre Brahim y Vini, no fuera a ser que tuviera que sacar tarjeta por las mismas.

El Madrid jugaba francamente bien, aunque alguna incursión aventurada de Vini, que a veces hace la guerra por su cuenta, desembocara en algún contragolpe amenazante de los de Arrasate. Las piezas blancas se mostraban bien engrasadas, con un Carvajal indetectable que en ocasiones jugaba casi de mediocentro. Gran dinamismo blanco en esos minutos, con constantes permutas de posición en el juego ofensivo para buscar espacios. En estas disquisiciones tácticas andaba el cronista cuando Vinicius rozó el poste desde lejos.

Vini Brahim

El Madrid ejercía un mando despótico del partido, pero Lunin hubo de volver a lucirse en otro chut osasunista, volviendo a atajarla en el rechace tras el correspondiente saque de esquina. Como para sacudirse el espejismo, un contragolpe modélico del Madrid acabó con un tiro en semifallo que resolvieron entre Herrera y el larguero.

Y con estas sensaciones nos fuimos al descanso, no sin que antes Munuera pudiera amonestar gratuitamente a Vinicius. Dentro del odio generalizado que le tienen los colegiados al brasileño, el tal Martínez constituye un ejemplar muy destacado. Cómo le gusta regañarle, tanto más cuantas más faltas reciba.

Prosiguió el Madrid con el buen tono del primer tiempo al comienzo del segundo, apoyado en el buen hacer de todos, en particular Brahim y Camavinga, aunque este último sigue con la asignatura pendiente de no saber medirse en algunas jugadas y ver demasiadas tarjetas en un sistema deseoso de mostrarlas al Madrid. Esmerados en evitar un correcalles que tal vez no le convenía, los de Carletto ralentizaron algo el ritmo. Las razones para obrar así se rubricaron cuando un saque de puerta de Lunin posibilitó el que Valverde peinara el balón en el medio campo (haciéndose daño en el choque de cabezas) para que Brahim se plantara solo ante Herrera y marcara.

Carvajal Brahim Valverder

No quedaría ahí la cosa. Un nuevo pase en profundidad de un Rüdiger desatado lo volvió a tocar Valverde para que Vinícius se internara y, con sutileza infinita, tocara para que el balón entrara llorando. Es un genio. Apártense, ámenle u ódienle más fuerte. A elegir. Casi vuelve a marcar de inmediato tras controlar de forma soberbia otro balón largo.

Seguía el festival, ya con Modric y Nacho en el campo. Casi marca Rodrygo tras estelar combinación con Vini, con quién si no, pero Herrera volvió a demostrar su inmensa categoría sacándola con el brazo izquierdo.

Presionaba con orgullo y líneas altas Osasuna, pero la diferencia de calidad permitía intuir una ampliación de la diferencia. Sustituyó Ancelotti a Vini, que no podrá jugar ante el Athletic, para que se llevara el aplauso (es un decir) del respetable, y entró Güler, que esta vez no marcaría pero mandaría el balón al larguero desde el centro del campo. Es evidente que tiene algo muy especial.

El que casi marca, también, es Rodrygo tras gran slalom, pero Herrera impidió la manita. Le habría venido bien a título individual, pero colectivamente no importaba: el Madrid apesta a campeón a despecho del tanto postrero de Osasuna y de la corrupción del sistema.

 

Getty Images

Vamos a Pamplona en un partido crucial para el objetivo del título de liga. Vamos a un campo difícil, con un ambiente muy hostil hacia el Real Madrid (que se lo pregunten al gran Paco Buyo, por ejemplo). Sin embargo, vivimos la mayor racha sin perder contra Osasuna en la liga, 17 partidos nada menos. No perdemos ante los rojillos desde 2011, que nos ganaron 1-0 en El Sadar. Pero el madridismo, aun con la mirada en la tierra de los Sanfermines, tiene la mente puesta en Manchester, en el equipo del crédito sin fin, en el club matriz del Girona, en el vigente Campeón de Europa y en el dirigido por el mayor derramador de colonia que en el orbe ha existido.

La eliminatoria es brava donde las haya, el rival, de campanillas y, para más dificultad, jugamos la ida en casa. Los cuartos de final es una eliminatoria que históricamente se le da muy bien al Real Madrid, de hecho, ha pasado a semifinales en las últimas once ocasiones que ha jugado esta fase y no pierde en cuartos de final desde aquella infausta ocasión de 2004 en que el Mónaco de Fernando Morientes nos mandó casa en el Estadio Louis II de la capital monegasca.

El madridismo, aun con la mirada en la tierra de los Sanfermines, tiene la mente puesta en Manchester, en el equipo del crédito sin fin

Además, tenemos un equipazo. La cara de Beguristain cuando ha salido la papeleta de su equipo emparejado con el nuestro ha sido un libro de poemas. No nos querían ni en pintura, es más, ninguno de los siete posibles rivales querían a los blancos. Imagino la cara de alivio de los directivos cuando salió nuestra bola. Y esto es así porque el Real Madrid, aparte de tener una verdadero equipazo que puede competirle a cualquier equipo del mundo con garantías (que si todo sale según lo previsto, la temporada que viene puede rayar la ilegalidad) tiene un comportamiento místico en la mejor competición del mundo.

El Manchester City en siete puntos

El Real Madrid de la Copa de Europa (ya saben mi resistencia al nuevo nombre) es otro equipo, distinto del de las competiciones nacionales (aquí no hay negreirato, negreiras ni gaitas) con un gen competitivo apabullante. La Copa de Europa está en nuestro ADN, en nuestro ser. Los niños, cuando llegan a Valdebebas, saben que lo más importante en este club es ganar la orejona. Se lo graban a fuego los entrenadores y los veteranos, lo viven desde el primer día de entrenamiento. El espíritu campeón del Real Madrid en esta competición es conocido por todos, admirado por todos y temido por todos, lo que hace pensar que podemos pasar la eliminatoria, claro que sí.

Ahora vamos con el nuevo capítulo de la ya afamada serie “El delito nuestro de cada día del FC Negreilona”. Cómo será la cosa, que el responsable económico del club ha dimitido. Uno más, un directivo más, un responsable más que se baja del barco. A este paso, no va a quedar ni barco.

Cómo será la cosa, que el responsable económico del club ha dimitido. Uno más, un directivo más, un responsable más que se baja del barco. A este paso, no va a quedar ni barco

Por otro lado, La Audiencia Provincial de Barcelona ha ratificado que el FC Negreilona no puede figurar como perjudicado en la causa, ya que está investigado por los mismos delitos que los otros imputados. La Audiencia ha sido demoledora cuando dice que “La cuestión no es si un investigado/encausado puede, a su vez, ejercer la acusación particular, sino si un investigado puede ejercer la acusación contra otro investigado respecto del mismo delito que se atribuye al primero”. Para entendernos, los cachondos del Negreilona querían, aunque hayan pagado durante décadas al vicepresidente de los árbitros, ser las víctimas de sus propios pagos. Un dislate, vaya… “he robado el banco, pero acuso a mi cómplice porque soy la víctima”.

La verdad es que cuando salió la noticia de que se habían intentado personar como acusación particular las risas entre los que entendemos más o menos de Derecho se oyeron hasta en Sebastopol. Además, la propia Audiencia regaña al club catalán cuando dice que la intención “plantea más una estrategia de defensa al intentar diluir su responsabilidad en la de otros”, vamos, que pretendían engañar al personal. Con trampas, como siempre.

Todo lo que nos robaron

No quiero acabar el artículo sin hacer una mención importante sobre el racismo asqueroso que, desde ciertos sitios, se está aplicando a Vinicius Junior. Uno de los mejores jugadores del mundo, uno de los pocos jugadores de la liga española que da espectáculo en los partidos y que siempre encara, siempre lucha y siempre intenta la filigrana ganadora, uno de los jugadores más admirados del globo, comete el gran pecado de ser del Real Madrid.

Ser del Real Madrid es una profesión de riesgo para ciertas aficiones, un acicate para hacer aflorar el odio, la envidia y la insidia de algunos “aficionados” al fútbol que vierten todas sus frustraciones, recuerden el artículo que publiqué en este prestigioso medio en el afirmé (y afirmo) que el antimadridista no es más que un madridista frustrado, que maldice al padre, abuelo o tío que le hizo de un equipo distinto del Real Madrid.

Pues resulta que en Barcelona y en las inmediaciones del Wanda, la semana en la que sus equipos se jugaban el tipo en Europa, estos seres inmundos se han dedicado a insultar gravemente a nuestro jugador. Fíjense, se juegan la vida y están pensando en el Real Madrid, patético. Pues bien, el Real Madrid, con gran acierto desde mi humilde opinión, ha denunciado a la Fiscalía estas acciones para que investigue y acuse a los responsables, como deber ser.

Por último, celebrar con ilusión y mucho cariño la magnífica Gala de entrega de los II Premios La Galerna, que se celebró el lunes pasado con un éxito atronador de crítica y público. La organización fue perfecta y lo pasamos en grande. Que se repita todos los años.

Ahora, como ya saben, unos datos del partido y, como siempre les digo, ser del Real Madrid es lo mejor que puede ser una persona en la vida… ¡Hala Madrid!

No se nos da mal Osasuna

 

Aparte del dato de la racha sin perder en liga contra los rojillos, El Real Madrid sólo ha perdido 1 de los últimos 23 partidos oficiales jugados contra Osasuna y sólo uno de los últimos 21 partidos de liga disputados.

 

Muchos goleadores

 

En total, 76 jugadores del R. Madrid han marcado a Osasuna en liga y 85 en partido oficial.

 

Cuidado con Martínez Munuera

 

La Federación y el CTA siguen empeñados en que haya liga hasta el final. Supongo que después del sorteo de Champions será más flagrante la persecución al Real Madrid para que no se pueda preparar en condiciones la eliminatoria. Quieren a toda costa que se reduzca la diferencia entre Real Madrid y Barcelona y por eso nos meten al valenciano Martínez Munuera, que fue el nefasto árbitro del R. Madrid-Sevilla de la liga 2020/21 que propició con sus decisiones que el Real Madrid no ganara esa edición. Ya saben, la película que se emitirá en Pamplona el sábado podría llamarse perfectamente “Atraco a las 16:15”. Veremos.

 

Camavinga, centenario

 

Nuestro Eduardo puede jugar su partido de competición española nº 100 con el Real Madrid. Un niño ya centenario en España.

Camavinga Osasuna

10 Últimos partidos de liga frente a Osasuna

 

7 victorias, 3 empates, 21 goles a favor (2,1 goles por partido) y 4 en contra.

Goleadores: Lucas Vázquez y Vinicius (3) Isco, Marco Asensio y Bellingham (2), Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Rodrygo, Jovic, Militao, Casemiro, Alaba, Fede Valverde y Joselu (1).

Asistentes: Benzema y Fede Valverde (3), Vinicius y Casemiro (2), Kroos, Cristiano Ronaldo, Isco, Bale, Carvajal, Vinicius, Álvaro Rodríguez y Alaba (1).

Tarjetas: Nacho (3), Camavinga (2), Sergio Ramos, Modric, James, Militao, Carvajal, Dani Ceballos, Vinicius, Tchouaméni y Rüdiger (1).

Expulsados: Ninguno.

Primer tiempo: 8 goles. Segundo tiempo: 13 goles.

Gol más tempranero: Bellingham (minuto 9).

Gol postrero: Lucas Vázquez (minuto 96).

El R. Madrid ha remontado una vez para ganar el partido y no le remontaron.

Mayor goleada, 7 de octubre de 2023, R. Madrid-Osasuna, 4-0, goles de Bellingham (2), Vinicius y Joselu.

Ningún gol de penalti marcado (4 fallados) y ninguno recibido.

Un doblete o más (Bellingham).

Partido con más goles (5): 9 de febrero de 2020, Osasuna-R Madrid, 1-4, goles de Isco, Sergio Ramos, Lucas Vázquez y Jovic.

El R. Madrid ha marcado en 8 de los 10 últimos partidos jugados frente a Osasuna en liga.

 

Getty Images.

Quisiera aprovechar la inigualable tribuna que graciosamente me ofrece la Galerna para anunciar solemnemente una candidatura alternativa a la actual presidencia del Real Madrid en 2025, año electoral en nuestro Club.

La principal línea a seguir en mi proyecto es la continuista. De hecho, aunque aún no lo sepan, la absoluta totalidad de directivos actuales del Real Madrid están integrados en ella, comenzando por su presidente, Florentino Pérez. Tan es así, que, en caso de resultar elegido, mi segunda decisión sería dimitir y nombrar presidente al propio Florentino Pérez. No se me ocurre nadie más competente para el cargo, pues sobradas son las muestras y, por qué no, lecciones, que nos ha dado de excelencia en la gestión y en la toma de decisiones.

Florentino y JAS

Mi candidatura no tiene planificación económica, deportiva ni social, pues todas están referidas a las del actual presidente. Mi proyecto sólo tiene un punto de actuación, dejando en manos de experiencia contrastada el resto de las cuestiones relativas al Club. El único aspecto sobre el que intervendría sería el relativo a la comunicación y postura institucional del club. La actitud del Real Madrid en materia de comunicación me resulta incomprensible, pues prácticamente cada día nos desayunamos con una nueva provocación, cuando no abierto insulto, procedente de un club, un medio de comunicación o una institución deportiva ante los que el silencio despreciativo ha dejado de resultar válido. Ha llegado el momento de poner pie en pared y responder.

A la espera de una respuesta de los interesados, la idea es la creación de la figura de un portavoz oficial, que recaería en don José Mario dos Santos Mourinho Félix o, de rechazar este el cargo, en don Álvaro Arbeloa Coca, que combinaría esta responsabilidad con la que ya ostenta como entrenador de las categorías inferiores del Real Madrid. Nadie encuentro más capacitado que cualquiera de los dos referidos para defender aquello que le es legítimo al club.

A quien necesita el Barça es a Mourinho

ivimos tiempos nefandos en los que, más que nunca, los mediocres medran a base de atacar al que destaca. El Real Madrid es excelencia y universalidad, es decir, nada más opuesto a la mediocridad y aldeanismo que empiezan, ay, a resultar normativas en España. La excelencia sólo se logra a base de exigencia, y el Madrid es el club más autoexigente del mundo. Sólo cuando nos exigimos a nosotros mismos nos ganamos el derecho a exigir a los demás, y el mejor club del mundo exige que el resto de actores e instituciones del fútbol español lo sean consigo mismos.

La principal línea a seguir en mi proyecto es la continuista. De hecho, aunque aún no lo sepan, la absoluta totalidad de directivos actuales del Real Madrid están integrados en ella, comenzando por su presidente, Florentino Pérez. Tan es así, que, en caso de resultar elegido, mi segunda decisión sería dimitir y nombrar presidente al propio Florentino Pérez

No es aceptable una liga gestionada como una satrapía, una federación anquilosada y oscurantista, un órgano regulador de los árbitros opaco y, conforme ha dicho la justicia, corrupto, como tampoco lo es una prensa deportiva que hace lo posible por ocultar cualquier escándalo a cambio de no se sabe qué beneficio. En ningún país con mínimas pretensiones de seriedad se permitiría competir a un club que ha pagado durante años al jefe de los árbitros. Es más, en ningún país con mínimas pretensiones de seriedad se permitiría la inexistencia de consecuencias a conductas tan graves. El Real Madrid es objeto de constantes faltas de respeto, y la figura del portavoz, sobre cuya creación pivota mi candidatura, es capital para denunciar, todos los días, si es necesario, esas faltas de respeto. Los tan cacareados vídeos de Real Madrid Televisión no hacen justicia a la podredumbre moral e institucional que nos rodea, por lo que es perentorio empezar a dar la, me repele el concepto, la batalla del relato.

Creo haber expuesto de manera más o menos clara el planteamiento sobre el que baso mi candidatura, si bien no quisiera terminar estas líneas sin dejar claro que ni siquiera yo votaré mi propia candidatura, sino la de Florentino Pérez. ¿Para qué votar continuismo de algo pudiendo votar ese algo mismo?

Buenos días, queridos galernautas. El título del portanálisis de la jornada busca hermanar en un solo sintagma dos lugares: aquel donde nos sitúa la realidad cotidiana que nos toca hoy, y aquel otro adonde nos conduce la obsesión de mañana.

La mente debe estar en el partido ante Osasuna de las 16:15, aunque inevitablemente anticipará el resultado del bombo europeo. Son dos partidos en uno y eso siempre es peliagudo. Es como jugar contra un equipo ficticio que se llamara Osasuna City, nombre pintoresco por cuanto Osasuna no es ninguna ciudad. Ya sabréis que Michael Robinson la buscó, infructuosamente, en los mapas durante días después de firmar su contrato con los rojillos.

Los periódicos del día están mucho más en City que en Osasuna. Marca abre con una cita apócrifa, más bien raruna, de los dirigentes del club mancuniano presentes en el sorteo al saber que les tocaba de nuevo el Madrid. Nos la creemos. Es el tercer año consecutivo que nos vemos las caras, con una clasificación para cada uno en las dos previas. Si uno es capaz de pasar por alto el desagrado de jugar contra el consentido máximo del sistema, el petroclub con 115 irregularidades financieras por siempre impunes, lo cierto es que se tratará de dos partidos de fútbol muy disfrutables, el primero en Madrid y el segundo en Manchester.

Marca ilustra el anuncio del enfrentamiento con una foto de Vinícius y Haaland, que muy bien podrían ser las dos máximas estrellas de cada escuadra con permiso de Bellingham y De Bruyne. Bellingham y Haaland son íntimos amigos desde sus tiempos en el Dortmund, que por cierto será el rival del Atleti, el más favorecido del sorteo. Flota en el aire la idea de que, considerando que Gil Marín se ha convertido en hombre fuerte de la UEFA, esta Champions podría estar "peligrosamente preparada" para convertirse en la primera de los rojiblancos (donde las dan las toman, Cholo).

As también prefiere destacar el glamour de la Champions por encima del pan y la mantequilla negreiriles de la liga de Tebas, que es lo que está en juego hoy. En sus bajos plasma el rotativo madrileño declaraciones de Luis de la Fuente, señor calvo con gafas que a la sazón es seleccionador de España, asegurando que Brahim "renunció a ir con España". El hombre que no llama sino que convoca (según sus propias palabras, desmentidas por cientos de llamadas a los chicos de la Masía que le gustan) ha caído en el descrédito más absoluto permitiendo que uno de los futbolistas más talentosos de cuantos eran seleccionables ya no lo sea.

"Aún no lo asimilo", dice Cubarsí en el frontispicio de Mundo Deportivo. Se refiere a su convocatoria con España, llevada a cabo por el señor calvo y con gafas, que no llama sino que convoca, al que antes aludíamos. Tanta sorpresa por parte de Cubarsí no puede ser fingida. Seguro que no sabía nada. Pero vamos, segurísimo. Si queréis os lo miramos.

Si no querías Cubarsí, toma tres tazas. No digamos que no sea un jugador prometedor, pero el entramado a través del cual el Barça maneja a agentes y seleccionadores para incrementar la cotización de sus futbolistas con llamadas precoces a la selección es un espectáculo que queda a un paso de resultar obsceno.

El Barça, por cierto, se verá las caras con Mbappé en cuartos de Champions, donde nunca debería estar una entidad que se ha comprado el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años.

Pero nosotros a lo nuestro. A ganar a Osasuna esta tarde a partir de las cuatro y cuarto.

Pasad un buen día.

 

 

Todavía recuerdo aquellos tiempos en los que encontraba madridistas que decían preferir ganar una Champions con el Madrid que un Mundial con España. No entendía nada. Para mí un Mundial con tu país era lo más grande que se podía conseguir en el mundo del fútbol.

Pues cómo cambian las cosas.

El episodio Brahim ha sido la gota que ha colmado mi copa. Todos sabemos que, si el malagueño hubiera jugado en el FC Barcelona, habría sido llamado a filas desde hace tiempo.

Si esto lo unimos con los numerosos casos de favoritismo de la RFEF al Barca en los últimos años, con un poco de licor Negreira, y con el antimadridismo de los medios mainstream comprados por el dinero de Tebas, por muy madridista que seas, muy español te tienes que sentir para beberte este cocktail.

Recordemos que los personajes de la RFEF que nos arbitran en el campo y desde el VAR son los mismos que se encuentran en investigación judicial por haber beneficiado a nuestro ya no tan eterno rival y habernos perjudicado a nosotros.

Así que… que me perdonen Carvajal y Pepelu, pero reconozco que he pasado de la desafección al rechazo, de la indiferencia a contar los días para que eliminen a España de la Eurocopa. Ya no diré “nos” eliminen, porque “esta España no es mi España”.

Nunca mi equipo había estado tan por encima de mi país en la jerarquía de mis afectos.

Lo siento, pero los sentimientos no se eligen, los sentimientos se tienen.

Adiós, España.

Según consta en los escritos, fue Anaxácoras, un filósofo otomano de la escuela presocrática, la primera persona que planteó el dilema de la cuadratura del círculo, en torno al año 430 a. C. Anaxácoras se encontraba entonces encarcelado por asebeia, es decir, por irreverencia hacia los dioses del Estado, ya que aseguraba que el sol no era más que una roca incandescente, y que el brillo de la luna era un simple efecto del reflejo de la luz solar. Durante su cautiverio planteó un problema aparentemente simple; dado un círculo, construir un cuadrado que tenga la misma área, usando una regla y un compás. El enigma fue pasando por los escritorios de algunas de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad a lo largo de los siglos. Pensadores tan formidables como Aristóteles o Arquímedes no fueron capaces de encontrar una solución, hasta que en 1882 Carl Louis Ferdinand von Lindemann demostró que no es posible ni rectificar la circunferencia, ni cuadrar el círculo. Por lo tanto, pedirle a alguien, por brillante que fuera el individuo, que lo hiciera era enfrentarle a una tarea condenada al fracaso desde su origen.

Cuadratura del círculo

Al Madrid le llevan pidiendo que cuadre el círculo toda la vida. Habituados a verle protagonizar las mayores hazañas deportivas en el pasado y el presente, lo que se le exigía y se le exige son imposibles, en una condena preventiva que conduce inevitablemente a la frustración. Creo que fue Manolo Lama el que una vez se puso a enumerar todos los títulos que no había ganado el 14 veces campeón de Europa durante la presidencia de Florentino Pérez para intentar insinuar su fracaso, o al menos mitigar la sensación de rotundo éxito. No se está pidiendo que el Madrid venza, se clama por una excelencia perpetua e inquebrantable, que no se da en el deporte, ni tampoco en la vida. Que gane siempre, que brille en minuto de cada partido y de cada competición, y que no se queje nunca, incluso cuando se topa con un sinfín de condicionantes federativos, arbitrales y mediáticos en contra. No se contempla protesta alguna por el hecho de que su gran rival disponga de un abismo en cuanto a saldo arbitral y cuando se ha constatado que el colectivo que debería impartir justicia deportiva le masacraba, como parte de un sistema perfectamente diseñado para su perjuicio.

Al Madrid le llevan pidiendo que cuadre el círculo toda la vida. Habituados a verle protagonizar las mayores hazañas deportivas en el pasado y el presente, lo que se le exigía y se le exige son imposibles, en una condena preventiva que conduce inevitablemente a la frustración

Por supuesto, en muchas ocasiones no se ha alcanzado a superar todos esos corruptos obstáculos en Liga, teniendo que recurrir al consuelo del oasis, al maná sanador que es la Champions League. Pero la mejor y más difícil de ganar competición del planeta es un ocho mil hasta para aquel que más veces ha clavado su bandera en la cima. Como consecuencia, la sensación de desazón se ha convertido en una constante en un buen número de temporadas. Privando del Madrid de buena parte del éxito local se ha intentado minimizar el impacto de las gestas de una generación que ha hecho historia continental. Solo con lo que ahora sabemos podemos explicar que jugadores cómo Cristiano Ronaldo se fueran del Real Madrid con más Copas de Europa que Ligas españolas en su palmarés. De hecho, el portugués solo ganó dos veces el torneo de la regularidad en España y levantó el doble de Champions con la camiseta del Madrid. No es una anécdota, es un síntoma de lo que ha ocurrido todos estos años de corrupción deportiva y sistémica.

Cristiano con la Champions

Hay quien sostiene que es precisamente esa exigencia que alcanza cortas absurdas lo que hace que el Real Madrid siga manteniendo un nivel de éxito inimitable. La costumbre de nadar siempre contracorriente hace que los músculos se desarrollen más y, cuando toca desenvolverse en un entorno sin estos escollos, como el europeo, se catapulta el rendimiento del equipo. Como una especie de entrenamiento en altitud y condiciones más adversas, para exhibirse cuando el entorno se normaliza. Ni siquiera entraré a juzgar esta posibilidad; la sola idea de que un club tenga que competir en circunstancias diferentes, en un ecosistema diseñado para ser hostil con él y amable con sus rivales, atenta contra los principios más básicos del deporte.

La costumbre de nadar siempre contracorriente hace que los músculos se desarrollen más y, cuando toca desenvolverse en un entorno sin estos escollos, como el europeo, se catapulta el rendimiento del equipo

Lo más preocupante es que no detectamos cambios significativos en el hábitat nacional. La ‘gilmanzanada’ de Valencia no es más que un capítulo más en una sucesión gigantesca de episodios similares, aunque normalmente no tan descarados. Huyendo del sambenito de madridista, que sin duda ha privado al árbitro español más reconocido a nivel internacional de pitar numerosos clásicos, derbis y finales coperas, el extremeño cometió una injusticia a sabiendas. Todos saben qué carril hay que seguir para que el CTA te premie con los grandes partidos. Es la senda que transitaban los Iturraldes, Clos o Hdez. Hdez., equivocándose siempre a favor y en contra de los mismos y arbitrando una y otra vez los encuentros más destacados en España, mientras sus carreras internacionales eran muy modestas por su evidente falta de nivel. Seguimos esperando transformaciones, una limpieza radical que haga que podamos volver a confiar en la credibilidad de las competiciones nacionales. Mientras no ocurra y a riesgo de que nos llamen otra vez conspiranoicos a pesar de los 7,4 millones de pruebas, seguiremos dudando, y será siempre una duda razonable.

 

Getty Images.

En septiembre me instalé en la casa desde la que escribo estas líneas, y entre la mudanza, la constitución de los nuevos hábitos comunes a todo cambio de coordenadas, el ir acostumbrándome a las manías de mis nuevos compañeros de piso y de paso enseñarles las mías he obviado un trámite tan aburrido como necesario, a saber, cultivar la relación con el vecino. No sólo no he hecho el menor esfuerzo por conocerle, es que ninguno de los dos sentimos siquiera pudor por disimular que nos es indiferente caernos bien, resultarnos mínimamente simpáticos.

Por las pocas veces que he coincidido con él deduzco que es un señor huraño, con tendencia a la melancolía, acastillado en unos hábitos y una rutina ya incorregibles y con una nada subrepticia muy mala hostia. Esto último no se debe al ejercicio de la observación sino al testimonio de mis compañeros, quienes desde bien pronto me advirtieron de que el hombre se la tiene jurada a los inquilinos de este piso —a mí también, a pesar de mi completa inocencia—, por desavenencias en el pasado relacionadas con montar fiestas y escandaleras algún sábado tonto antes de mi llegada. En fin, cosas de chavales, las nuestras, y cosas de adultos serios, las suyas.

En septiembre me instalé en la casa desde la que escribo estas líneas y he obviado un trámite tan aburrido como necesario, a saber, cultivar la relación con el vecino

La única interacción que hemos tenido más allá de los burocráticos buenos días buenas tardes del rellano ocurrió una tarde de enero, cuando vino a recriminarnos con cierta hostilidad no sé qué historias sobre una plaza de garaje y sólo me halló a mí en el piso. La historia a mí ni me iba ni me venía, pues el coche al que se refería no era mío sino de un compañero, y así se lo expliqué, templado y comprensivo con su situación, pero advirtiéndole de mi incapacidad para hacer mucho más que trasladar al dueño del auto sus lamentos. Fue inútil, el tenaz vecino no atendía a razones y ahí seguía, erre que erre, que si estaba harto, que si no era la primera ni la segunda vez que nos lo decía, que si así no se podía seguir y tres o cuatro lugares comunes más que daban forma a una letanía francamente bien estructurada en cuanto a forma y fondo.

Jack Nicholson vecino

Desde entonces yo adivinaba en él cierta animadversión hacia mí, en ningún caso correspondida. Más si cabe cuando un día me descubrió en actitud cariñosa hacia su hija, un poco más joven que yo y que gracias a Dios no ha heredado el carácter paterno. La chica y yo nos sonreímos cada vez que coincidimos en el rellano, nos preguntamos qué tal, yo le sostengo la puerta del ascensor y ella me da las gracias. Tampoco mucho más, entre nosotros existe una relación más cercana a la cordialidad que al tonteo. En una de esas el padre un día nos pilló, y aprovechó el momento de incomodidad para fulminarme con una mirada de “este cabrón no solo ocupa mi plaza de garaje y me chulea, sino que encima se quiere beneficiar a la santa de mi hija”.

Pues bien, hace unos días sucedió algo mágico. Como vivimos salón con salón y se escucha prácticamente todo, pude adivinar cómo ambos calcábamos rutina de noche de domingo de fútbol. En este caso se enfrentaban Real Madrid y Sevilla en el anteriormente conocido como el partido del Plus, es decir, el de las nueve de la noche. Está muy bien el partido del domingo a las 21:00 porque te sientas frente a la tele con la desesperación de saber que del resultado dependerá tu estado anímico del lunes y casi que de la semana entera si no hay Champions de por medio. Y así afronté yo el duelo, que no mis compañeros, pues, excepto a uno, que es abonado al Bernabéu, al resto les gusta el fútbol de aquella manera, como al que dice que le gusta viajar o la música. Desde luego su forma de acercarse al fútbol no coincide con la mía, que organizo mi semana en función de los partidos del Madrid. Es lo mínimo que se le puede exigir a cualquier aficionado de su equipo si quiere recibir la condición de tal.

El caso es que el partido avanzaba y con él un 0-0 como un castillo, fiel a la sanísima costumbre del Madrid de dejarse puntos los días menos pensados y dar picante así a una liga necesitada de emociones y relevancia social. Andaba yo pensando en eso, en el compromiso admirable de mi equipo con el campeonato doméstico y con la sociedad, cuando a Modric le dio por soltar un zurriagazo poco antes del descuento y amarrar así los tres puntitos. Joder, qué grito liberador pegamos el vecino y yo, cada uno desde nuestros correspondientes y colindantes salones. Al berrido de gooooool inicial le sucedieron en ambos domicilios los clásicos gritos de “vamos”, “joder”, “hostia” y el resto de cosas indescifrables que se dicen cuando tu equipo mete el gol de la victoria a partir del 80. Golpes en el mobiliario, exabruptos, insultos porque sí, frases que mejor que la Fiscalía no escuche nunca.

Alzamiento de Modric

La escena se produjo un domingo, y no fue el lunes ni tampoco el martes sino el miércoles cuando sucedió lo inevitable. El azar o las prisas o quizá la suma de ambas nos hicieron coincidir a los dos vecinos en el rellano de nuevo, pero esta vez todo era distinto. Desde el gol de Modric algo había nacido ahí, un vínculo silencioso, inesperado y precisamente hermoso por ello, porque ambos ignorábamos en el otro su condición de primero futbolero y luego madridista.

Nos dimos unos buenos días sinceros, reconociéndonos cómplices, hermanados en la fe blanca, él con un aire de pero qué estúpidos y orgullosos hemos sido todo este tiempo y yo con un aún estamos a tiempo de todo tatuado en la frente y mi sonrisa más estúpida del catálogo, más si cabe que las que le dedico a su hija.

Qué grito liberador pegamos el vecino y yo tras el gol de Modric al Sevilla, cada uno desde nuestros correspondientes y colindantes salones. Al berrido de gooooool inicial le sucedieron en ambos domicilios los clásicos gritos de “vamos” y el resto de cosas indescifrables que se dicen cuando tu equipo mete el gol de la victoria a partir del 80. Golpes en el mobiliario, exabruptos, insultos porque sí, frases que mejor que la Fiscalía no escuche nunca

Encima el muñidor de la nueva amistad tuvo que ser precisamente Modric, que si hay un jugador por el que te vas a alegrar de verdad de que le pasen estas cosas es él. Porque el gol llega a ser en propia o de penalti o de Ferland Mendy y ahí queda la cosa, en simpática coincidencia, pero no, lo tuvo que meter Luka Modric, quizá el más querido entre todos los integrantes del martirologio blanco. El croata tiene esa insólita virtud, la de hacernos mejores personas al resto. Cuando uno ve a Modric feliz, las tiranteces y preocupaciones superficiales pasan a un segundo plano, y uno acaba reconciliándose con quien haga falta.

Me quedé con ganas de hablarle de algo frívolo, de soltarle un caray Ancelotti qué tarde hace los cambios siempre o de compartir con él cómo de imprescindible me parece Fede Valverde en este equipo, pero no me atreví, sospecho que aún paralizado por la emoción del inesperado reencuentro. Siento que algo cercano a la ilusión está empezando a brotar en cada uno de nosotros. No veo el día de volver a coincidir tontamente en el ascensor.  Por alguna extraña razón intuyo que si antes quisiera castrarme con sus propias manos ahora me elegiría entre un millón como yerno y compañero de sofá los días de partido.

Lo que ha unido Luka que no lo separe la vecina.

 

Getty Images.

Ángel María Villar

 

Como en los días anteriores, el alguacil gigantón al que todos llamaban Bull acalló el bullicio de los periodistas y curiosos:

—¡En pie! Preside la sesión el honorable juez Aguilar.

El público congregado tomó asiento y guardó silencio mientras el juez revisaba los papeles que tenía sobre la mesa. Tras unos breves segundos, levantó la cabeza, divisó a Joan Laporta frente a él, junto al abogado de la defensa, y no pudo disimular una mueca de fastidio.

—Acérquense las partes, por favor.

Tanto el fiscal Jaime Estuardo como el señor Scotto, abogado de la defensa, se acercaron a la mesa del juez, pero este último no pudo evitar que Joan Laporta lo acompañara.

—He dicho las partes, retírese usted, por favor —dijo Aguilar señalando a Laporta con el mentón.

El abogado defensor le conminó a que hiciera caso a “su señoría, por favor, Jan”. Laporta, poco habituado en su vida a que le negaran algo, se resistió y fue el propio Scotto quien tuvo que sujetarle los brazos para que cesara el recital de aspavientos. Finalmente, y a regañadientes, el presidente del Barça volvió a su asiento cagándose en algo que no reproduciremos aquí, no por pudor, sino porque no sabríamos decir si lo pronunció en catalán, en español o en la lengua de los orcos.

—Miren, señores —dijo el juez en voz baja—, y se lo digo sobre todo a usted —señaló a Scotto—, las dos sesiones anteriores han sido muy incómodas para mí, en especial por ese señor de ahí, que no deja de ser un acusado. Ya sé que es abogado y que dice que el Barça tiene derecho a personarse como perjudicado, como solicitó por medio de una instancia repleta de ridiculeces, pero lo cierto es que contamina, altera el buen desarrollo de las vistas, por lo que le pido que lo convenza para que se siente en el banquillo de los acusados y deje que la sesión se desarrolle sin interrupciones.

—Veré qué puedo hacer —murmuró Scotto, el cual, en el fondo, estaba convencido de que era lo mejor también para sí mismo, para evitar presiones y condicionamientos.

—Se lo agradezco —respondió cortésmente Estuardo.

Llevó unos cinco minutos convencer a Laporta de que debía ir al banquillo de los acusados, “¡es un ultraje!”, “¡esto es una petición de Florentino, que controla la Justicia, como todo el mundo sabe!”, “que no, que no me muevo”, mas, tras el apercibimiento por parte del juez de que añadiría a sus posibles penas una condena por desacato, optó por levantarse con gran estruendo y cambiar de sitio, “pero porque yo quiero, ¡no porque sus jefes lo hayan pactado en el palco del Bernabéu!”.

El siguiente problema fue encontrarle acomodo, porque los dos sitios libres en el banco de acusados estaban junto a Sandro Rosell. Ambos se miraron con un asco indisimulado y negando con la cabeza, como si en ese momento un tacto rectal les hiciera más ilusión que estar hombro con hombro. La solución la encontró Javier Enríquez, quien propuso a Rosell que se cambiaran de sitio, de modo que el “co-co” (conductor y coach) pudiera separar a los dos viejos rivales. El otro asiento libre era el de Enríquez Negreira, cuya consabida incontinencia urinaria hacía que se presentara siempre a la sesión unos minutos más tarde.

Negreira apareció en la sala mientras se producían todos estos movimientos de banquillo dignos de los mejores tiempos de George Karl. El exvice del CTA esperó a que se reubicaran todos en el banquillo y mientras tanto se acomodó la camisa por dentro de los pantalones con poca elegancia, de hecho, metió medio antebrazo en su entrepierna. Una vez terminó, se olió la palma de la mano, hizo una mueca de desagrado y finalmente tomó asiento apoyándose con esa misma mano sobre el hombro y la chepa de su hijo. “Gracias, Javi”, dijo mientras se la secaba.

—La defensa llama a declarar a Ángel María Villar —pronunció Scotto una vez que los acusados lograron acomodo.

Se abrieron las puertas y entró un Villar algo avejentado para los que hacía tiempo que no lo veían. Estaba visiblemente delgado, con los mofletes algo flácidos y quedaba poco de aquella mata de pelos ensortijados que lucía como futbolista o en sus primeros años como presidente de la Federación Española de Fútbol.

Ángel María Villar

—Gracias por su asistencia, señor Villar —comenzó Scotto—. Durante las sesiones previas, hemos tenido la ocasión de escuchar al actual vicepresidente de los árbitros, el señor Medina Cantalejo, y a su sucesor en la presidencia, don Luis Rubiales, sobre las funciones, prácticamente nulas e inexistentes, del señor Enríquez Negreira, aquí presente —lo señaló con el brazo extendido—. La acusación ha montado una película que me atrevería a catalogar de terror sobre la labor del exvicepresidente de los árbitros, una mano oculta para nombrar árbitros o bajarlos de categoría. Usted, que fue presidente de la Federación durante los años investigados por la supuesta trama, ¿qué puede decirnos al respecto?

—Mire, señor Scotto, todo esto ha hecho mucho daño a la imagen del “fúrbo” y nos duele profundamente a los que hemos dedicado toda nuestra vida a ello. Enríquez Negreira no tenía el poder que se le quiere atribuir, no designaba árbitros, era solo uno de los ocho responsables del Comité de Árbitros que tenía competencias sobre ascensos y descensos. Tampoco proponía a los árbitros a la FIFA para internacionales porque de eso me encargaba yo directamente. Yo no creo que Negreira fuese un corrupto porque, además, no se ha demostrado.

—Así lo cree la defensa, señor Villar. Entonces, en su opinión, o, mejor dicho, pues no le pido su opinión, sino su conocimiento de treinta años al frente de la Federación Española de Fútbol, ¿el arbitraje español está bajo sospecha, o cree que debe estarlo durante ese período de tiempo?

—¡En absoluto! Como le decía, esto hace mucho daño al “fúrgol” español, a los propios “clús”, además, en un estamento como es el arbitraje, que es el estamento netamente federativo, con gente muy preparada y donde creo sinceramente que no hay un corrupto, con un nivel extraordinario, gente disciplinada… Le confieso mi tristeza, sobre todo por Victoriano Sánchez Arminio, que ha sido el mejor presidente de la historia del CTA, un hombre querido por los suyos, una autoridad que mejoró el arbitraje español.

—Con todo lo que nos ha dicho, ¿qué explicación tienen los pagos que realizaba el Fútbol Club Barcelona al señor Negreira?

—No tengo ni idea, sería una frivolidad opinar, pero sí le digo que, si lo hubiéramos sabido Victoriano o yo, no dura ni un minuto en el comité. ¡Ni un minuto! —respondió con vehemencia—. ¿Pero cómo iba a saberlo? ¿Le pongo un detective? Yo creo que el pago de un “clú de frúmbol” no es correcto, pero lo tendrá que decidir un juez, y eso no significa que el pago influya en el árbitro, porque estos son independientes donde deben serlo, en el césped, porque son grandes profesionales.

—Nos ha quedado clarísimo, señor Villar, muchas gracias por sus contundentes explicaciones —afirmó Scotto—. No haré más preguntas, señoría.

La abogada Luisa Ramírez se dio cuenta de un hecho que, a buen seguro, había pasado desapercibido para la mayoría de los asistentes. Durante las declaraciones de los días previos, Negreira se había mostrado algo despistado, incluso ido. Por momentos dormitaba en su asiento y parecía estar allí de cuerpo presente, pero ausente, como si la cosa no fuera con él. Sin embargo, durante la declaración de Ángel Villar, estuvo pendiente de cada una de sus palabras, miraba fijamente al antiguo jefe de su jefe con una sonrisa siniestra, incluso se le intuía un cierto brillo en la mirada. Finalizada la declaración, Negreira agachó levemente la cabeza hacia el hombro izquierdo y volvió a perder la vista en objetos ajenos a los interrogatorios, como la pata de una silla o el cuaderno de notas de algún periodista.

El fiscal se puso en pie y se acercó al asiento de los testigos:

—Con la venia, señoría —se acercó mucho al vasco, hasta casi tocar el micrófono—. Su honestidad nos maravilla, señor Villar.

—Gracias —respondió el expresidente federativo con cierta desconfianza.

—Así que, a usted, Negreira no le habría durado ni un minuto, lo cual le honra. Perdón, perdón, perdón (pronunció con aire teatral), le honraría si fuera cierto, ¡porque le duró veinticinco años! ¡Veinticinco años bajo su dependencia! ¡Y todo ello mientras cobraba de un club de fútbol la mayor parte del tiempo! ¡Y usted no movió un solo dedo para atajarlo!

—¡Protesto! —exclamó Scotto—. ¡Está acusando de complicidad a mi testigo!

—No acuso de nada, señoría, simplemente le manifiesto mi incredulidad y si me deja desarrollar mi argumentación, entenderá por qué.

—No se admite la protesta, prosiga —concluyó el juez Aguilar.

—Gracias. Señor Villar, ¿usted sabe qué sueldo cobraba el señor Enríquez Negreira del Comité Técnico de Árbitros? Puesto que era un puesto bajo su competencia, debería saberlo, ¿no?

—Hasta donde yo sé, el señor Enríquez Negreira cobraba solo las dietas por su asistencia a las reuniones del comité, y aparte, los gastos de desplazamiento.

—¿Me está diciendo que no tenía ningún sueldo?

—Así es —respondió Villar.

—¿Y no se preguntó en todo este tiempo de qué manera percibía sus emolumentos el señor Negreira? Usted sabía el nivel de vida que llevaba, el negocio que regentaba con su pareja… ¿pensó que todo eso se pagaba con unas dietas unos pocos días al año?

Villar balbuceó algo parecido a un “no sé, no lo pensé”. El fiscal se puso muy cerca de Villar, de tal modo que limitaba su campo de visión. Villar se echó a su derecha varias veces tratando de ver las indicaciones que le daba el abogado defensor, pero Estuardo se dio cuenta y se movió para tapar la visión directa del testigo. Villar se inclinó, Estuardo lo imitó… Hubo un momento en que ambos estaban más inclinados que Michael Jackson y sus bailarines durante el Smooth criminal.

—¡Protesto, señoría, está intimidando al testigo de la defensa! —Scotto trató de socorrerlo con una tímida queja.

—Señoría, estoy evitando que la defensa pase algún tipo de consigna al testigo.

—No se admite, prosiga.

Del banquillo de los acusados se escuchó un nuevo “¡intolerapla!”.

—Voy a tratar de ayudarle, señor Villar —prosiguió Estuardo—. Año 2006, 113.159 euros. Año 2007, 197.648 euros. Año 2008, 201.515 euros. Año 2009, aquí hay que reconocer que el señor Laporta estaba satisfecho con el servicio y lo subió a 364.954 euros. Me voy más adelante, otro presidente también muy satisfecho, el señor Rosell, tanto que en 2011 le pagó 777.607 euros. 2016, el señor Bartomeu: ¡891.150 euros! Está todo en el informe de la Agencia Tributaria. Son años enteros, entiendo que a usted no le duraría ni un minuto, pero lo cierto es que fueron años y años enteros.

Pagos FC Barcelona a Negreira

—Todo eso no demuestra nada —replicó Villar—, no hay ninguna prueba de que se compraran árbitros.

—Es evidente, señor Villar. Si un árbitro cobra más de doscientos mil euros anuales, es imposible que Negreira pudiera comprar árbitros a base de repartir los doscientos, trescientos mil euros anuales que le pagaba el Fútbol Club Barcelona. Ni siquiera en los años que cobró más de seiscientos mil euros lo veo viable, porque no se compraron árbitros, se trataba de comprar el sistema. Con estos pagos, el Barcelona trataba de controlar al responsable de que los árbitros permanecieran en Primera o bajaran a Segunda, al lugarteniente de Sánchez Arminio, el brazo derecho que puntuaba a los árbitros y los llamaba durante la temporada para decirles en qué posición se encontraban.

—Insisto, no podrá demostrar que se compraron árbitros —rebatió Villar—, y Enríquez Negreira no tenía ese poder.

—¡Pero es que eso da lo mismo, señor Villar! El mero hecho del pago con ánimo de influir en la competición ya es constitutivo de delito, da igual si se consumó o no. Durante los registros en la sede de la Federación Española de Fútbol han aparecido actas firmadas por el señor Enríquez Negreira (Estuardo mostró aparatosamente a toda la audiencia uno de estos documentos) en las que se fijaban los criterios de puntuación de los árbitros de Primera, Segunda y Segunda B, es decir, los parámetros bajo los cuales se decidiría la continuidad de estos en la élite o su descenso, y con ello, la pérdida de más de la mitad de sus retribuciones.

Acta Junta Directiva CTA 2010-2011

—Pero eso no demuestra nada, el acta lo firmaban otros responsables del Comité de Árbitros y, además, eso no quiere decir que José María fuera el que luego puntuaba a los colegiados, o el que realizaba sus valoraciones.

—¿Podría indicarnos, si es tan amable, quién era Raúl Massó y qué funciones desempeñaba?

—Creo que fue el secretario general del Comité Técnico de “álbitros” con Sánchez Arminio.

—Así es —respondió Estuardo—. En su declaración a la Guardia Civil, Raúl Massó aseguró que el señor Enríquez Negreira revisaba los informes arbitrales y que, cuando había discrepancias sobre las puntuaciones otorgadas a los árbitros, llamaba a los informadores del Comité para, llamémoslo de una manera suave, coordinar las calificaciones otorgadas. ¡El dedo corrector! También afirmó en sede judicial que el señor Enríquez Negreira llamaba a los árbitros para indicarles su puesto en la clasificación de la temporada, y que al final de la misma, siguiendo instrucciones de Victoriano Sánchez Arminio, comunicaba directamente los ascensos y descensos. Señor Villar, Enríquez Negreira no pintaba nada, pero intervenía en la designación de los árbitros que intervenían en los partidos de Primera División, en la revisión de las actas arbitrales, en la puntuación de los árbitros y en su adscripción a unas y otras categorías (incluyendo la internacional), de forma que las decisiones del órgano en el que estaba integrado tenían repercusiones económicas y deportivas relevantes para los mismos, ¡era un servicio integral de control del arbitraje!

—No estoy de acuerdo. Y no estoy de acuerdo, además, con que cuestione la figura de quien, como ya le he dicho, ha sido el mejor presidente de los árbitros que ha habido nunca en este país. Alguien que, además, no se encuentra entre nosotros por desgracia. Descansa en paz, Victoriano.

Miró de manera metafórica al cielo, pero se encontró con el mismo lamparón de orines y cagarrutas de paloma que Medina Cantalejo en su declaración.

—Victoriano Sánchez Arminio, ese insigne prohombre cántabro —prosiguió Estuardo con sarcasmo—. El hombre que tenía bajo su mano a todo el arbitraje, el mismo que, junto al señor Negreira, premiaba a los que se equivocaban sistemáticamente a favor del Fútbol Club Barcelona y castigaba a los que en algún momento erraron y beneficiaron al Real Madrid. Señor Villar, puesto que usted dio nombre a una palabra, ¿sabe en qué consistía el llamado “Villarato”?

—Eso fue un invento de un periodista madrileño, Alfredo Relaño. Madrileño y muy madridista. Ya hablé alguna vez con él y le dije que estaba siendo injusto conmigo.

—Ya. Muy “injusto” todo. A partir de 2004, cuando usted renueva su cargo en unas elecciones en las que el apoyo del Fútbol Club Barcelona fue fundamental para que su rival quedara sin opciones, el llamado saldo arbitral se dispara en favor de este mismo club.

—Pero eso no tiene relación alguna con Negreira, puesto que los pagos venían de antes.

—Le agradezco que reconozca que los pagos pudieron influir, señor Villar, quizás en su intento de exculparse está reconociendo que hubo un delito y de más larga duración. El apoyo del Fútbol Club Barcelona fue premiado por usted con una vicepresidencia en la Federación para don Joan Gaspart, alias “perjudicaré deportivamente al Real Madrid hasta que me muera”. Y volvió a premiarlo al llevarlo con usted a la UEFA al puesto de, ni más ni menos, ¡responsable del Comité de Competición de los campeonatos europeos como la Champions!

—¡Protesto! —interrumpió Scotto, quien quiso cortar el ritmo del interrogatorio porque veía que su testigo, que nunca fue el mejor orador del mundo, estaba cerca de cagarla.

—¿Con qué motivo? —inquirió el juez.

—Eeeh… sus acusaciones no tienen nada que ver con el asunto juzgado en esta sala.

—Señoría, si se me permite —respondió Estuardo—, trato de demostrar los reiterados intentos de control del arbitraje y las instituciones federativas por parte del Fútbol Club Barcelona.

El juez Aguilar permaneció callado unos instantes, como si analizara lo que ambos abogados planteaban, y finalmente sentenció:

—Limítese a ceñirse al caso, por favor.

—Así lo haré —aseguró Estuardo—. El saldo arbitral fue explicado por el vicepresidente del Fútbol Club Barcelona, Alfons Godall, en 2006, cuando dijo (Estuardo abrió un dossier por una página que tenía marcada con un post-it), cito textualmente: “pasamos una época de buena relación con la Federación Española, de buenas relaciones con las entidades donde se cuece, digamos, los comités de árbitros, la competición”, y que “todo ello nos ayudó”, “cuestiones como el saldo arbitral, la diferencia entre lances favorables y desfavorables con los rivales”. El vicepresidente reconocía en 2006 que el alejamiento del club de estos comités les estaba perjudicando, ¡justo en los dos años en que el Barça había dejado de pagar a Negreira! ¿Cree usted que por ese motivo se reanudaron los pagos a las empresas del señor Negreira?

—Pues mire usted, no lo sé —contestó Villar algo cabizbajo—, porque, como he asegurado en mi declaración, yo no podía haber sabido de esos pagos, tendría que haber contratado un detective, por lo menos.

—No me sea ingenuo, señor Villar. Usted sabe, como cualquier departamento de compliance de cualquier empresa, lo fácil que resulta acceder a la web del Registro Mercantil y solicitar los cargos y las participaciones de una persona física en una empresa o entidad. Si quiere, hacemos ahora mismo la prueba introduciendo los datos del señor Negreira, los de su hijo, o sus mismos datos, si lo prefiere.

—No, no es necesario, me lo creo —respondió Villar con la mirada huidiza.

—Así que prefiere quedar como torpe o ignorante que como cómplice.

—¡Protesto, señoría! Está acusando a mi testigo sin pruebas —exclamó Scotto.

—Se admite —dijo el juez—. Señor Estuardo, le recuerdo que el testigo no está acusado de nada, simplemente se ha prestado a testificar en esta causa.

—Entendido, disculpe —admitió Estuardo—. Señor Villar, además de las incoherencias en su declaración, usted apoyó los servicios de coaching arbitral que realizaba otro de los acusados, don Javier Enríquez Romero, hijo del señor Negreira.

—Bueno, no es que lo apoyara, el señor Negreira nos dijo que sería positivo para los “álbitros” recibir asesoramiento y yo conocía a su hijo porque trabajó durante unos años para nosotros en la Federación.

—¿Tampoco le parece extraño que el Fútbol Club Barcelona pagara cuantiosas sumas de dinero a la empresa del hijo de Negreira mientras este asesoraba a los árbitros, o los llevaba a los partidos?

—No lo sabía, lo desconocía. Solo le digo que conocía a Javi de su trabajo en la Federación y apoyé la propuesta de José María para que fuera contratado y prestara esos servicios.

En el banquillo de los acusados, Negreira miró a su hijo con orgullo y le dio unas palmadas sobre el muslo. Un intérprete de labios podría haber detectado un “buen trabajo, hijo” en la boca del anciano.

—Señor Villar, también ha asegurado en su declaración que los árbitros son independientes, que forman un colectivo honesto, que no se dejaban influir por los ataques de Sánchez Arminio contra el Real Madrid, o por las evaluaciones del señor Negreira.

—Así es.

—En ese caso, ¿podría decirnos qué cargo ocupaba el señor Juan Padrón en la Federación Española de Fútbol?

—Fue mi vicepresidente económico durante varios años.

—¿Podría explicarnos estas palabras del señor Padrón sobre el control del arbitraje? Aparecen en la parte de las escuchas en el caso Soule: “Si los árbitros no hacen lo que yo digo, los quito”. Si esto fuera así, no los veo tan independientes, más bien los veo como un colectivo fácilmente manipulable por parte de sus superiores. Por usted, por el señor Negreira, por Joan Gaspart…

Juan Padrón

—Ah, eso no tiene nada que ver con el control del arbitraje, esa frase se refiere a qué candidatura debían votar en las elecciones federativas.

—Luego los árbitros les apoyaban a ustedes, y ustedes devolvían el favor colocando a los árbitros afines, premiándolos durante su etapa en activo y posteriormente, asignándoles un cargo en los comités.

Antes de responder, el señor Villar miró a un individuo situado en la primera fila entre el público. Este hombre tenía el dedo índice sobre la boca.

—Por indicaciones de mi abogado, no voy a contestar nada que tenga que ver con el caso Soule —indicó Villar tras un prolongado silencio—, pues todavía se encuentra en espera de juicio.

—Cierto. Menos mal que este juicio que nos atañe se rige por la Hollywood Act y no por la justicia ordinaria española, y, por tanto, se resolverá rápidamente. Señor juez, señorías, miembros del jurado, quiero recordarles que el testigo está encausado desde 2017 en un caso de administración desleal, apropiación indebida, estafa, falsedad documental y corrupción entre particulares, entre otros delitos. No sé qué pretende la defensa hasta el momento presentando a testigos con semejantes historiales, pero creo que no favorecen en nada sus intereses. El señor Villar estuvo casi dos semanas en prisión preventiva en verano de 2017, junto a su hijo Gorka, un empresario que realizaba negocios sospechosos con la Federación de su padre. Todo muy endogámico en los estamentos federativos.

—No le consiento que meta a mi familia en esto —el tono de voz de Villar mostraba un cabreo importante.

—Yo no meto a su familia en asuntos turbios, señor Villar. Lo hizo usted. No haré más preguntas, señoría.

El juez Aguilar estaba perplejo con lo que escuchaba sesión tras sesión. Tomó notas en una libreta que había empezado a utilizar para no perderse en el caso. La abogada del Real Madrid alzó la mano y pidió su turno.

—Con la venia, señoría —Luisa Ramírez se puso en pie y se acercó al banco del expresidente de la Federación—. Señor Villar, supongo que usted está al tanto de que el señor Negreira, poco después de dejar su cargo como vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros en 2018, fue contratado por la Federación Catalana de Fútbol para realizar informes verbales de asesoramiento arbitral.

—Eso he leído en algún medio, sí.

—Sabrá entonces que fue contratado por Josep Contreras, amigo personal suyo, y directivo del Fútbol Club Barcelona por entonces. ¿Usted cree que con estos pagos se estaba comprando su silencio? Recuerde que cuando el Fútbol Club Barcelona cesó en los pagos, el señor Negreira amenazó al club con destapar todas las “irregularidades” cometidas.

Villar se mantenía en silencio. Miraba al individuo de la primera fila, que seguía con el mentón apoyado sobre su mano, si bien en esta ocasión tenía dos dedos sobre la boca.

—Por indicaciones de mi abogado, no voy a hablar del señor Contreras, puesto que también figura en el sumario del caso Soule, y no puedo pronunciarme sobre el mismo.

La abogada iba a continuar con su interrogatorio, pero el juez Aguilar creyó conveniente intervenir en ese instante para no ampliar el alcance de la causa:

—Señora Ramírez, en lugar de preguntar al señor Villar por las razones de dicha contratación, decidida por un tercero, le sugiero que llame a declarar a ese directivo del Barcelona y de la Federación Catalana, el tal… ¿Josep Contreras?

—Me temo que tal circunstancia no será posible, señoría, pues el señor Contreras falleció en diciembre de 2022.

El juez se llevó la mano a la frente, entornó los ojos y apuntó otro nombre en su libreta:

Notas juez

—El señor Contreras es una pieza clave de esta investigación, señoría —continuó Luisa Ramírez—. Parte del dinero abonado a las empresas del señor Negreira y de su hijo se quedó o volvió a una empresa del señor Contreras, Tresep 2014, y es uno de los argumentos que han utilizado algunos directivos del Fútbol Club Barcelona para afirmar que fueron estafados.

—No voy a decir nada sobre este punto —añadió Villar con una sonrisa cínica.

—En ese caso, no haré más preguntas, señoría —y volvió a su asiento.

El juez tomó algunas notas adicionales sobre el expediente, recogió sus papeles y finalmente, golpeó con el mazo:

—Se levanta la sesión.

Los asistentes comenzaron a levantarse, los abogados recogieron su documentación, los periodistas se pusieron a hablar por sus teléfonos móviles y mientras, Ángel María Villar se acercó al banquillo de los acusados, donde se dedicó a repartir abrazos y palmetazos en la espalda. Se escucharon varios “me alegro de verte”, un par de “qué bien te veo”, y bastantes “a ver si nos quitamos esta mierda de encima pronto”.

 

(Próximamente capítulo 5: “Puedo ayudaros con el VAR”).

 

Capítulos anteriores: Anatomía de un negreirato (Prólogo) 

Capítulos anteriores: Capítulo 1 (Los alegatos previos)

Capítulos anteriores: Capítulo 2 (Medina Cantalejo)

Capítulos anteriores: Capítulo 3 (Luis Rubiales)

 

Getty Images.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram