Buenos días, amigos. Es oficial: Florentino, JAS y Juni Calafat han vuelto a acertar. Endrick es el hombre de moda en Brasil. Acaba de ganar el campeonato nacional siendo el hombre clave de su equipo, anotando seis goles en ocho partidos y dejando boquiabiertos tanto a los aficionados locales, que han tenido la suerte de verlo en directo, como a los que desde el otro lado del océano nos conformamos con consumir ávidamente sus highlights.
En efecto, amigos. Tras Valverde, Camavinga, Vinicius, Rodrygo, Bellingham y tantas otros, una nueva promesa del fútbol mundial llegará pronto a Valdebebas, y ya nos relamemos de gusto. Qué bestialidad de jugador, amigos. Tiene una finura inusitada en el regate, un remate homérico, una velocidad desbordante y una potencia a prueba de bombas. Este último detalle es muy importante, ya que va a jugar la liga Negreira 2.0, donde no pitarían la mitad de las faltas que se cometan sobre él ni sacarían la mitad de tarjetas que sus marcadores merecerían. El Madrid ha fichado el antídoto perfecto contra eso: ya que no nos van a pitar las faltas, que no consigan tumbarnos cuando nos las hagan. Es la única manera de sobrevivir a los investigados por la Guardia Civil Clos Gómez, Sánchez Martínez, Jaime Latre y Hernández Hernández, que siguen mandando sobre el VAR y arbitrando como si no estuvieran siendo investigados por la Guardia Civil, así como a otros colegiados que a buen seguro serán investigados también algún día, como por ejemplo Soto-Habéis-Tenido-90-Minutos-Para-Marcar-Un-Gol-Grado, que es quien con todo descaro nos ha adjudicado el CTA para el partido de mañana ante el Betis.
As, por cierto, le dedica también un recuadro a Pellegrini, técnico que es del Betis y fue del Madrid, donde el chileno se lamenta de no haber ganado aquella liga de cuyo puntaje (más de cien puntos) tanto presumió, pero que no fue suficiente para hacerse con el campeonato. Por lo que sea. Ay, ingeniero, ingeniero. ¿Aún te preguntas por qué tantísimos puntos no fueron suficientes? Habrá que preguntar por ahí, a ver si alguien lo sabe.
Marca no trae el fútbol como argumento principal del día, sino el golf. Y no es que le hayan preparado un mandoble retrospectivo a Bale, ni que le hayan reinventado una hernia, sino que Jon Rahm ha firmado por 520 millones por el Liv Golf, o sea, que los saudíes se lo han comprado para su campeonato. Las cosas de este mundo, amigos, se dividen entre las que ya ha comprado algún país del Golfo y las que se preparan para ser compradas por algún país del Golfo. Ni siquiera tú, querido lector, que te las prometes muy tranquilo en tu piso de Coslada, quedas fuera de esta regla. Queda por saber si un jeque va a comprar el equipo de tu barrio para hacerte jugar ahí, o si te va a importar directamente a sus áridos parajes. Ganarás más dinero, y a lo mejor (pero sólo a lo mejor) eso es lo que importa.
Os dejamos con la prensa cataculé, que está a sus cositas.
Pasad un buen día.
No sé ustedes, pero yo vivo con el temor constante de ser tildado de “oficialista”, que es, como muchos saben, la forma despectiva con que se denomina a los madridistas que nunca ponen pegas a lo que hace la directiva del club.
El oficialismo madridista equivale a borreguismo mental. No al nivel de la revista “Relevo”, que acaba de nombrar a Pedri el mejor asistente sin asistencias de La Liga, pero casi. A mí lo de Pedri, por cierto, me hace mucha ilusión, porque entiendo que abre la posibilidad a que “Relevo” me nombre “Pichichi” en mayo si para entonces mantengo mi actual ritmo goleador en la competición, que es idéntico al de asistencias dadas por Pedri hasta la fecha. Cero.
Pero me estoy desviando de la cuestión: les decía que vivo con un temor constante a ser tildado de “oficialista” por las masas merengues. En mis pesadillas, paseo tranquilamente por la calle cantando motetes a Florentino cuando, de pronto, surge el Látigo Serrano de detrás de un buzón acompañado de una horda de tuiteros con la foto de Sergio Ramos en el perfil (no el Sergio Ramos de la Décima, sino el que lleva la camiseta de la selección) y me persiguen Chamartín arriba arrojándome pipas.
De modo que para conjurar mis temores he decidido avinagrar mi madridismo y proceder a escribir un artículo donde critico al club sin tapujos. Reconozco que no es tarea fácil, porque cuando el equipo va líder en Liga y en Champions a pesar de estar más diezmado que la Brigada Ligera tras la carga de Balaclava, resulta complicado encontrar un motivo de queja. Pero, en fin, los humanos madridistas somos muy de eso: de aburrirnos cuando las cosas no van mal; así que nos vemos en la necesidad inventar toda clase de problemas para echar la tarde dando con la solución.
Vivo con el temor constante de ser tildado de “oficialista”. De modo que para conjurar mis temores he decidido avinagrar mi madridismo y proceder a escribir un artículo donde critico al club sin tapujos
Estaba a punto de tirar la toalla con este artículo y proceder a enumerar las cien razones por las que Pedri debería optar al trofeo Zamora 23/24 para la revista “Relevo”, cuando, de pronto, aparece Ermenegildo Zegna. Él y su diseño para los trajes de la plantilla del Real Madrid.
No conozco al tal Ermenegildo Zegna, pero sospecho que es una mezcla entre culé, frentealetista y suscriptor a Superdeporte; pues solo alguien semejante podría pretender que los jugadores del Madrid vistan de esa forma en público. No es admisible, y en este punto los oficialistas, piperos, vinagres y demás clanes merengues debemos mostrar un frente unido. Decía Renoir que la belleza perdura mientras que el dolor pasa. Pues bien: Ermenegildo Zegna ha logrado convertir el dolor en algo perdurable gracias a sus trajes para la plantilla.
No conozco al tal Ermenegildo Zegna, pero sospecho que es una mezcla entre culé, frentealetista y suscriptor a Superdeporte
El nuevo “outfit” de paisano de nuestros jugadores es adjetivable de forma consonante: un horror y un error. No entiendo qué tenía de malo el estilismo anterior de traje y corbata. Croacia ha transmitido al mundo dos grandes tesoros: Luka Modric y la corbata (que viene del término “hrvatska”, un pañuelo blanco que solían llevar al cuello los mercenarios dálmatas en el siglo XVII), carece de sentido que el Real Madrid renuncie voluntariamente a lucir uno de ellos. El descenso de la escalerilla del avión de nuestros jugadores impecablemente trajeados formaba parte de la dirección artística de las noches europeas. Una plantilla madridista vestida de señor Lobo, con gafas de sol y cara de masticar cristales en el desayuno tenía la capacidad de preacojonar a cualquier equipo rival. Pero ahora me los imagino bajando del avión con los atuendos de Zegna y me parecen presos recién liberados de Guantánamo.
No entiendo cómo a Florentino Pérez le han podido meter semejante gol. Me consta que el presidente es hombre de buen gusto y sensibilidad más bien conservadora, tal y como delata su diálogo con Vinicius antes de una final europea:
—Ya sabes lo que tienes que hacer ahora…
—Sí, presi, marcar muchos goles.
—No, quitarte esos pendientes.
Lo que haga cada jugador del Madrid con su estética en sus ratos libres es cosa suya, pero cuando representa al club más laureado del mundo debe cuidar su aspecto. Vinicius con pendientes se parece a Celia Cruz y si abusa de su lucimiento, corre el riesgo de que en los próximos partidos los defensas del equipo contrario se lo imaginen con peluca y vestido de lamé, agitando unas maracas al ritmo de “La negra tiene tumabo”, y le pierdan todo el respeto.
No entiendo qUé tenía de malo el estilismo anterior de traje y corbata. Croacia ha transmitido al mundo dos grandes tesoros: Luka Modric y la corbata, carece de sentido que el Real Madrid renuncie voluntariamente a lucir uno de ellos
Hace tiempo era habitual ver a los entrenadores en la banda vestidos de chándal, costumbre que, por fortuna, en el Madrid ya no se estila. En eso Ancelotti merece todos nuestros respetos. Un entrenador del Real Madrid no debe dirigir al equipo en un Old Trafford, un Anfield, un Santiago Bernabéu o un Allianz Arena en chándal porque eso le da aspecto como de padre divorciado vagando por los pasillos del Pryca un sábado por la mañana. El chándal, admitámoslo sin ambages, es poco aconsejable lucirlo en público salvo que seas Andrey Lunin.
Lunin es, con gran diferencia, el más elegante de los jugadores del Real Madrid. Solo alguien con un gusto exquisito tiene el valor de casarse en chándal como él hizo. No tengo pruebas, pero apostaría mi cuota de autónomo a que para estar por casa y bajar a por el pan Lunin viste el uniforme completo de los Fusileros Reales Escoceses, con falda y colbac de piel de oso incluidos, que, como todo el mundo sabe, es el uniforme más incómodo del mundo militar. A un tipo como Lunin hay que vestirle con traje y corbata fina cuando viaja con el equipo para que todo el mundo tiemble al sentir la presencia acerada del discípulo aventajado de Courtois. Si a Lunin le ponemos la chaqueta de Zegna, esa con las rayas naranjas en la pechera y que es más fea que la tapicería de un autobús, a lo más que puede aspirar es a vender pastis de azuquitar en una sesión de DJ Pepo.
Cuenta la leyenda que la costumbre de llevar traje y corbata la impuso lord Brummel en el siglo XIX, quien conocía más de cien formas de anudarla. Lord Brummel se limpiaba cada día los zapatos con champán, que es lo mismo que hace Toni Kroos con sus botas: las frota con Dom Pérignon antes de cada partido y así da esas asistencias (asistencias de verdad, no como las de Pedri) que chisporrotean como burbujas duradas. “¡Hermanos, venid a beber estrellas!”, se dice que exclamó el fraile dom Pérignon tras inventar el espumoso que lleva su nombre; e igual es por eso que de las puntas de las botas de Kroos salen disparadas chispas, cometas y meteoros.
En el caso del Real Madrid, hay una regla infalible para saber si una equipación es bella y elegante. Basta con contemplarla y hacerse una simple pregunta: “¿cómo le sentaría esto a Toni Kroos?”
Volviendo a Lord Brummel, fue él quien dijo que el hombre elegante es aquel que pasa desapercibido. Con los trajes de Zegna para el Madrid tal aspiración es imposible, pues cualquiera que se ponga esas pintas se convierte de inmediato en sospechoso ante Guardia Civil, Policía Nacional y demás fuerzas de seguridad del estado. Comprendan el drama, queridos lectores: un Arda Güller, un Nico Paz o incluso un Camavinga vestido con la nueva equipación de Zegna da la impresión de célibe involuntario. Como madridistas, no debemos consentirlo. La cara de Güller combinada con el traje de Zegna da como resultado un ser absolutamente collejable.
Habrá quien opine que exagero, que, al fin y al cabo, sobre gustos no hay nada escrito. Gran error. No nos engañemos: la belleza es relativa, pero la fealdad es universal. El gran humanista florentino León Bautista Alberti escribió que “son muchos los que sostienen que nuestras ideas sobre la belleza cambian de acuerdo con el gusto de cada individuo y no dependen de ninguna regla artística. Uno de los errores más extendidos del ignorante es afirmar que no existe todo aquello que no conoce.”
En el caso del Real Madrid, hay una regla infalible para saber si una equipación es bella y elegante. Basta con contemplarla y hacerse una simple pregunta: “¿cómo le sentaría esto a Toni Kroos?”.
Ahora observen la foto de Kroos con el atuendo de Zegna y juzguen ustedes mismos.
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Una tarde cualquiera de 2021, probablemente una tarde de logros de objetivos empresariales y deportivos, si tiramos de estadística, Florentino Pérez se adentra en su despacho de la T4, se sienta en su silla de piel negra y ojea su móvil por debajo de las gafas. Escucha un ruido, eleva la mirada levemente y observa unos zapatos negros en frente de su mesa, seguidos de unos calcetines oscuros, un pantalón de corte antiguo, un chaquetón, la cara de Santiago Bernabéu y un sombrero.
—¡Dios Santo!, ¡qué susto! —exclama el actual presidente.
—Tranquilo, Florentino, tranquilo.
—Don Santiago. Pero, ¿cómo puede ser?... ¿Estoy muerto?
—Podría ser, pero no. Simplemente he venido a comentarte una cosa —replica Bernabéu con campechanía.
Florentino se ajusta las gafas con las dos manos, se recoloca la corbata, traga saliva y se seca el sudor. Hacía demasiados años que no se ponía nervioso al hablar con alguien o con lo que fuera aquello. ¿Su obsesión con Santiago Bernabéu le había vuelto loco? ¿Le había dado un ictus? Dudaba entre seguir hablando con él o irse a urgencias.
Mientras divagaba, el ente se sienta en una silla y coloca el sombrero a la izquierda.
—Llámalo una iluminación. Te estás haciendo mayor y te toca hablar con el Señor y me ha elegido a mí. Creo que va siendo hora de premiarte por todo lo que has hecho por nuestro club. La Ciudad Deportiva, a la cual debes ponerle tu nombre de una maldita vez; el Nuevo Bernabéu, al que, por cierto, ten cuidado con esas lamas que te han diseñado; todos los títulos y los grandes jugadores, pero, sobre todo, haber mantenido esa ética y esos valores que tanto me costaron implantar y que otros han intentado profanar. Eso es lo que más valoro.
—Muchas gracias, don Santiago, pero no necesito premios. El premio ha sido permitirme cumplir mi mayor sueño: seguir sus pasos. No necesito más.
—Déjate de humildad, que sé que no eres tan humilde. Te conozco desde pequeñito. Dime qué quieres.
Florentino consigue sacar algo de cordura para pensar a la vez que sigue valorando ir a Urgencias.
—Si tuviese que pedir le pediría poder adquirir al jugador perfecto. Antes de dejar la presidencia me gustaría poder fichar el jugador que no tenga ninguna debilidad, que sea fuerte y veloz, hábil y que meta goles, que defienda y tenga capacidad de sacrificio. Un todocampista como don Alfredo pero que tenga la planta y la elegancia de Zidane. Que no tenga miedo al contacto pero que sepa cuidar la pelota. Un jugador que sea madridista y lleve los valores blancos en sus genes. Un líder carismático que cuide a su compañeros, solidario y empático, que acate las órdenes de los entrenadores y que ponga al equipo por encima de su ego. Que sonría a la prensa y eleve la marca del Real Madrid. Con una cabeza bien amueblada y una familia fiable y unida.
—¿Sólo eso? Por supuesto que se te concederá ese deseo. Pero sabes que la perfección no existe, por lo que habrá que ponerle algún defecto.
—¿Qué defecto? No quiero a un jugador que vuelva a tener debilidad por las noches madrileñas —declara Florentino recordando pasados oscuros.
—No, no, tranquilo. Será inglés y hablará español fatal. Ese será su defecto. Lo ficharás en 2023, costará mucho menos de lo que su talento atesora y cambiará el rumbo de la Historia del club como hicieron Alfredo, Zidane y Cristiano, entre otros.
—¿Y cómo sabré quién es?
—Lo sabrás, no te preocupes. Pero…
—¿Otro pero, don Santiago?
—Sí. Tendrás que renunciar a Mbappé.
Florentino mira hacia abajo, duda, se retuerce sin cambiar el rictus. Vuelve a tragar saliva.
—Lo haré. Pero me gustaría saber por qué. Mbappé y ese jugador que me concederás podrían marca la Historia del futbol mundial para siempre.
—Sabes bien por qué quiero que renuncies al francés. Te lo dicen los ecos de tu mente, ese runrún que intentas ignorar pero que sabes que está ahí. Aun así, cuando fiches a nuestro jugador te irás dando cuenta.
—En realidad es un buen chico pero, si no consideras que sea lo correcto, no lo ficharé.
—Bueno venga, lo dicho, me voy que tengo prisa. Tengo que ganarme las alas de nuevo y hablar con Laporta sobre demasiadas cosas.
—¿Laporta? —salta Florentino.
—Sí, Laporta, sí. El Señor es demasiado misericordioso y su voluntad inquebrantable —afirma Don Santiago con cierta resignación.
Bernabéu se da la vuelta con lentitud y se coloca con aplomo el sombrero. Camina con seguridad hacia la salida.
—Una última cosa, don Santiago.
El ente se para. Y mira hacia atrás sin apenas girar la cabeza.
—¿Qué tal lo he hecho?
—Bien, hijo mío, muy bien. Ya me has superado —contesta el histórico mandatario.
Florentino se estremece en su interior y se le humedecen los ojos por primera vez en nueve años. Don Santiago desaparece.
El presidente se intenta recomponer levantándose y quitándose la chaqueta. Ha sudado más en esos cinco minutos que aquella noche del fichaje de Ronaldo Nazario encerrado con Valdano. Mira por la ventana. Llaman a la puerta, se asoma Fayza Lamari.
—¿Fayza? —pregunta en alto alucinando.
Fayza entra sin pedir permiso, es una Fayza diferente, camina como si fuese un hombre, lleva una gabardina dos tallas mayor y su mirada es perturbadora y frenética.
—Presidente, tengo una oferta mejor que la que le acaba de ofrecer ese impostor de Santiago Bernabéu.
Florentino se sorprende. ¿Cómo sabe que acaba de ver a Santiago? Su voz es más aguda y altisonante. Fayza se acerca rápidamente a la mesa y pone las manos sobre ella con cierta violencia.
—Te puedo conceder a ese jugador perfecto que te ha otorgado Santiago pero sin renunciar a Mbappé. ¿Por qué renunciar a la excelencia? ¿No crees que el verdadero Santiago nunca renunciaría a ella?
—¿A qué precio, Fayza?
—A ninguno. Bueno, todo tiene un precio, pero es ínfimo para lo que puedes llegar a ganar. Solo sería sentarse y hablarlo —contesta sudorosa la supuesta Fayza mientras lanza una sonrisa maquiavélica.
Florentino duda.
Abre los ojos. Está en su casa. Se ha debido de quedar dormido en el sillón del salón viendo el resumen del Real Madrid-Nápoles. Le duelen las cervicales. Piensa en Bellingham y sus quince goles. Piensa en Endrick, Rodrygo y Vinicius.
Piensa en Mbappé.
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Buenos días. Maccabi de levantar y tras preparar un café lo primero que hago es echar un vistazo a la portada de Marca. En ocasiones, el oficio de portanalista conlleva soportar los rigores del talento, y esta es una de ellas. Nottingham prisas, que ya se la enseño:
«Bryan de Múnich». Puff. Duro, eh. En Marca han hecho puente y han dejado la redacción en manos de un tuitero. El titular nos retrotrae a los equipos que adornaban las ligas de barrio, con partidos que se disputaban en campos de tierra con el balón-roca Mikasa tras dormir apenas un par de horas después de fiestas con duración de jornada laboral, o directamente de empalmada. Eran la verdadera selección natural, solo sobrevivieron los más duros. No era extraño encontrarse con clubes con denominaciones como Rayo Vaticano, Vodka Juniors, Aston Birra, Celta de Vino, Bayern de los Caídos, Steaua del Grifo, Schalke Temeto o los graciosillos de turno que se llamaban «Descansa».
Esperemos que ningún petroestado decida comprar el club de Nottingham, convenza a nuestro Jude a base de talonario y tengamos que asistir a una portada de Marca que rece «Bellingham Forest». Aunque realmente Jude ya superó esa prueba al decidir fichar por el Real Madrid.
Precisamente sobre Bellingham pudimos leer un titular de la SER algo surrealista.
Según The Times, los ingleses están mosqueados por la gestión que está haciendo Ancelotti con el cinco blanco. Es decir, quien usa al jugador gratis, Inglaterra, se mosquea porque, a su juicio, quien se lo presta sin contraprestación y paga su sueldo, el Real Madrid, administra sus servicios como estima oportuno.
Esto es como si tu cuñado se enfada contigo porque utilizas tu propio coche todos los días para ir a trabajar y entonces no puedes prestárselo cuando a él le apetezca para que luego te lo devuelta averiado y sin gasolina y te obligue a buscar un medio de transporte alternativo.
Nos quedamos atónitos, pero si rascamos un poco, vemos que detrás hay algo más:
Fijaos en la diferencia: en The Times hablan de preocupación por las patadas que recibe Bellingham y por la sobreexplotación y recuerdan la falta de protección arbitral. En la SER citan la noticia, pero ocultan lo de las patadas y falta de protección para culpar sólo a Ancelotti. pic.twitter.com/N6QRwTkN0f
— cabaislois (@cabaislois) December 6, 2023
Para la SER, las patadas que recibe Jude gracias al fantástico estamento arbitral que disfrutamos en España y el agotamiento producido por un calendario demencial carecen de importancia si lo comparamos con el hecho imperdonable de que Ancelotti decida alinear a su propio jugador en su propio equipo. Y que además opte porque sea titular siempre habida cuenta de que actualmente es el mejor futbolista del mundo. ¿A quién se le ocurre tamaña locura?
Esta misma frase fue la que dijimos cuando vinos la portada de la revista Time.
Messi, atleta de año. Jojojojojo. Perdonad que se los escape la risa. Atleta. Jojojojojo. Jojojojojojo. Además, ilustran la portada con un Messi que bien podría haberlo pintado Rubens, con aspecto de haberse comido de una sentada todos los bollos que engulló Cassano durante su estancia en la casa blanca.
Sugerimos ideas para Time: los hermanos Lumière, cineastas del año. Carmen Maura, actriz revelación. El Chopo Iribar, mejor portero joven de Europa. El FC Barcelona, club más limpio del planeta, ex aequo con el Manchester City.
La broma de Messi está yendo demasiado lejos. Hay que asumir que el tiempo pasa y Leo no es el mismo jugador de hace doce años. No pasa nada, de verdad.
Las portadas de la prensa afín al Barça son las esperadas: chanchullos y futuros fichajes.
Mundo deportivo opta por uno de los próximos chanchullos que realizarán Barça y Atleti con João Félix bajo la permisiva mirada de Tebas. Al final harán lo que quieran, sin importar fair play financiero, límite salarial ni nada.
Sport se inclina por uno de sus clásicos: lanzar al aire el nombre de un posible fichaje del Barça. Hoy le toca a Savinho, pero mañana podéis ser cualquiera de vosotros.
Además de sobre el Enríquez Imiento Club Negreilona, Sport habla del penoso Manchester Pity. «Emery gana la partida a Guardiola y supera al City en la tabla».
El genio «fragrante» de Santpedor ha reflexionado sobre lo difícil que es ganar cuatro Premiers seguidas en relación a las críticas recibidas de los expertos. Ha dicho que Neville y Micah Richards nunca lo han conseguido y que Jamie Carragher ni siquiera ha logrado una. A lo que el bueno de Jamie le ha respondido que probablemente habría ganado alguna si el Liverpool fuera propiedad de un estado y se hubiera saltado 115 las reglas del fair play financiero. A Pep le tienen calado.
Pasad un buen día, os dejamos con la portada de As.
Diciembre siempre ha sido un mes especial. Desde los romanos. Hasta que añadieron enero y febrero (según la tradición, el rey Numa Pompilio), el calendario comenzaba en marzo, y por ello diciembre justifica su nombre: proviene de decem, diez. Luego, digamos que nuestros antepasados estuvieron algo perezosos y ya no lo modificaron, aunque pasara a ser el duodécimo mes del almanaque. Pero lo que de verdad engarza esta historieta de romanos con nuestro Real Madrid es la celebración que festejaban por estas fechas, las Saturnales, origen de nuestra Navidad.
Más allá de mitos y leyendas (y es que cuando no estaban batallando, los romanos se lo montaban muy bien), estos festejos se basaban en un elemento que comparten las míticas remontadas del Real Madrid: todo se daba la vuelta (los esclavos disfrutaban como libertos por unos días) y cualquier cosa era posible. Así, no es de extrañar que en este mes los blancos protagonizaran dos de los partidos más icónicos y contrarios al más mínimo sentido de la razón: la remontada contra el Anderlecht y la propia frente al Borussia.
En diciembre, el Madrid protagonizó dos de los partidos más icónicos y contrarios al más mínimo sentido de la razón: la remontada contra el Anderlecht y la propia frente al Borussia
Por seguir el orden cronológico, la de los belgas supuso el nacimiento del miedo escénico, ese fenómeno de la naturaleza blanca que insufla una fuerza sobrenatural al Madrid y paraliza a rivales que hasta entonces parecían gigantes. El 12 de diciembre de 1984 se requerían al menos cuatro goles para superar los octavos de final de la Copa de la UEFA. Misión imposible sin la fe del ADN madridista. Pero con Camacho, Juanito y Santillana en tus filas era imposible no creer. Esos tenían más convicción que medio santoral. Y así fue. Tras una exhibición que resultó la consagración internacional de Butragueño, el Madrid de Amancio endosó un 6-1 de época con un Bernabéu incandescente.
Un año después, el Borussia de Mönchengladbach, muy temible por aquel entonces (lo entrenaba Heynckes) ganó a los blancos nada menos que por 5-1 en el partido de ida de octavos de la UEFA. El ridículo fue mayúsculo y creer en la remontada un ejercicio propio de cualquiera en disposición de necesitar ayuda psicológica. Pero, una vez más, el Madrid demostraría su gusto por bailar sobre el precipicio, por burlarse del peligro y sortear el miedo. En el Bernabéu, como en las Saturnales, todo iba a ser posible un 11 de diciembre de 1985. Fue un partido eléctrico y de viejos rockeros, con dobletes de Valdano y Santillana. “Yo estaba en las antípodas de Juanito, pero ese día interioricé el Bernabéu”, declaró el argentino sobre aquel encuentro.
Una de las principales características de los antiguos romanos era el respeto por las tradiciones. Concebían su personalidad como civilización como un cúmulo de valores de cuyo sostenimiento dependía de su fuerza y superioridad. Historia que tú hiciste, historia por hacer. ¿Les suena?
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El mes de diciembre empezó tan bien como acabó noviembre para el Real Madrid. El sábado pasado se lograron los tres puntos frente al Granada Club de Fútbol. El equipo nazarí llegaba al Santiago Bernabéu sumergido en una profunda crisis deportiva que le costó el puesto al entrenador Paco López. Estos partidos pueden ser trampas si resulta que el equipo contrario pone el autobús y cuelga del póster un muro de contención. Todos hemos asistido a partidos raros en los que en un saque de esquina te pueden facturar un gol y acabas empatando o perdiendo contra un rival muy menor. Por suerte, el Real Madrid no se confió en ningún momento y controló el partido en todo momento. Tal vez fuese el más cómodo de La Liga, mucho más que frente al Valencia Club de Fútbol pues, a pesar del resultado abultado, el conjunto ché creó más peligro.
Brahim Díaz abrió el marcador en el minuto 26. De nuevo dejó detalles de su calidad en una jugada de quilates en la que se abrió paso desde la derecha y trazó una pared de ensueño con Toni Kroos que vio el pase con claridad y puso un balón de dulce que el mediapunta recogió y en un solo toque colocó en el fondo de las redes. El malagueño hizo un partidazo demostrando que merece todos los minutos que pueda disputar esta temporada y que cuenta con fútbol suficiente en sus botas para permanecer muchos años en el Real Madrid. En el minuto 57, Rodrygo Goes cerró el marcador aprovechando un rechace de Jude Bellingham y con un tiro seco anotó el segundo. Carlo Ancelotti dio minutos de competición a Dani Ceballos y siguió metiendo en dinámica a los canteranos Nico Paz y Gonzalo García.
el lunes el Real Madrid confirmaba que carvajal tenía una lesión en el sóleo izquierdo y que ésta le tendría apartado de los terrenos de juego un mes. Y con esta última lesión de Carvajal, ya son ocho las bajas: Courtois , Militao , Camavinga, Tchouameni, Modric, Güler y Vinicius. Prácticamente, la alineación titular
La única mancha del encuentro resultó ser la lesión de Dani Carvajal. El internacional español no saltó al césped en la segunda parte y saltaron las alarmas. En un principio se pensaba que sufría molestias en el gemelo izquierdo fruto de alguna sobrecarga muscular y que mejor no tentar a la suerte. Sin embargo, el lunes el Real Madrid confirmaba que el lateral izquierdo tenía una lesión en el sóleo izquierdo y que ésta le tendría apartado de los terrenos de juego un mes. Y con esta última lesión de Carvajal, ya son ocho las bajas: Courtois , Militao , Camavinga, Tchouameni, Modric, Güler y Vinicius. Prácticamente, la alineación titular.
El Madrid sale a jugar contra todo pues no contentos con los contratiempos médicos, cada jornada el estamento arbitral nos pone a prueba con bochornosos arbitrajes. El último elemento fue González Fuertes. El colegiado del comité asturiano tendrá el dudoso honor de ser el primer árbitro en sacar tarjeta amarilla a Jude Bellingham por una inocente protesta en el minuto 21 y, no contento con esto, otra a Antonio Rüdiger por reírse del espectáculo dantesco. Con su habitual prepotencia, zanjaba una reacción futbolística con dos amonestaciones en un momento del encuentro en el que no había pasado nada reseñable que mereciera amarilla. Como viene siendo habitual, en un más que posible penalti en el 45’ sobre Bellingham realizado por el defensor Torrente no vio absolutamente nada. Es decir, en la primera ocasión, se atiza al Madrid. Y, por arte de birlibirloque, la justicia arbitral es ciega a entradas duras de los rivales. La quintaesencia de todo esto la vimos en Cádiz cuando Valverde vio la amarilla en el minuto 3 y el amigo Rubén Alcáraz acabó el encuentro impune tras haber repartido leña a diestro y siniestro. Es tal el hartazgo que la afición pitó al colegiado tanto en el descanso como al final del encuentro. El bajo nivel del arbitraje español es tal que no hay jornada en la que se salven de ser denunciada su ineptitud. Y luego se quejan de los vídeos de Real Madrid Televisión. Ver para creer.
Esta semana es bastante tranquila pues podemos concentrarnos en llegar descansados para el partido frente al Real Betis Balompié en el Benito Villamarín de Sevilla. En mi opinión, es el encuentro más complicado que tenemos de aquí a fin de año. La escuadra de Manuel Pellegrini es un equipo que juega fenomenal al fútbol y tiene suficientes recursos para ponernos en un aprieto. Seguir con pulso firme en este campeonato a pesar de todas las bajas dice mucho de este equipo. Encontrar un recambio que esté a la altura habla muy bien de la planificación deportiva y de los jugadores de esta plantilla que son inasequibles al desaliento. Desde el minuto uno de la temporada hemos sufrido bajas que a otros equipos arruinarían pero al Real Madrid parece que todo contratiempo le hace remar más fuerte contra la corriente. Somos el salmón que va remontando el río. Contra todo.
Parece ser que el Presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), Víctor Francos, se confiesa madridista. Todo indica que es un caso parecido al de Javier Tebas. Ambos mandatarios profesan públicamente el madridismo, y quién soy yo para negarlo. A falta de consenso sobre una prueba más concluyente, hay que dar por madridista a todo aquel que se considere tal. El madridismo es una cosa tan amplia, y caben en su interior tantas formas distintas de vivirlo, que recoge hasta versiones de madridismo lindantes con el antimadridismo. Algunos de los personajes que más daño han hecho al Madrid en las últimas décadas se reconocen seguidores del equipo blanco. Hasta Villar se hizo una foto luciendo (es un decir) la camiseta que según Bernabéu se puede manchar de barro y sudor, pero nunca de vergüenza. Afortunadamente, D. Santiago nunca vio esa foto.
Como ha sido dicho, no soy nadie para negar la adscripción sentimental de Víctor Francos a la religión deportiva que yo también profeso, pero sí me voy a permitir aventurar a qué facción del madridismo pertenece. D. Víctor Francos es un pipero de manual. Eso es lo que dan a entender sus pasmosas últimas declaraciones sobre el negreirato. Son declaraciones que revelan que Francos es el tipo de madridista que se va del estadio en el minuto 80 para no pillar atasco en la carretera de Alcobendas. Un madridista de los que ven el partido entero está ahora mismo dominado por la cólera que infunde el caso Negreira, y un madridista que está dominado por dicha cólera no habla del tema como habla Francos.
También es verdad que lo del madridismo es accesorio. No hace falta ser partidario del club de Concha Espina para que te lleven los siete males con el tema Negreira o, mejor dicho, con el BarçaGate. Basta con ser partidario del juego limpio y de la decencia. No sería de extrañar, sin perjuicio de que el piperismo juegue un papel, que los remilgos de nuestro protagonista con el mayor escándalo del fútbol español en su historia tengan algo que ver con la actual coyuntura política. Gusta sentir bien firme la poltrona bajo el propio culo, especialmente cuando acaba de estrenarse, lo que en términos prácticos se traduce en ponerse en los zapatos del jefe.
Francos ha declarado lo siguiente: “Me parece muy grave el caso Negreira, no es demostrable, pero no es ético hacerlo”. Son tres frases en una, y hay que abordarlas por partes para desentrañar el asunto.
“Me parece muy grave el caso Negreira”. Hasta aquí, todo bien. A toda persona amante del deporte limpio le parece muy grave el caso Negreira, y no digamos si además eres madridista, siendo el Real Madrid el principal damnificado por los pagos del Barcelona al número dos de los árbitros durante al menos dos décadas. Es en el resto de las pasmosas declaraciones de Francos donde la cosa comienza a precipitarse por la pendiente de lo irritante, cuando no de lo indigno.
“No es demostrable”, añade el presidente del CSD, en sorprendente cambio de juego. Esto nos produce perplejidad. ¿Por qué no es demostrable? O mejor: ¿qué exactamente se supone que no es demostrable? Buceando en sus palabras, encontramos que se refiere a la posibilidad de que árbitros concretos cobraran del Barça, en compras individuales de partidos. Ha sido dicho hasta la saciedad que -con independencia de que eso tal vez también ocurriera- no es eso lo que aquí se juzga. El Barça ideó un modo mucho menos aparatoso y que deja menos huellas de comprarse el estamento arbitral: comprarse a su cúpula, confiando en que esta lideraría a sus subordinados en un camino encaminado a satisfacer al cliente.
Entonces, si tenemos claro que lo que se juzga es eso, ¿a qué viene confundir de esta manera? Lo que se juzga no solo es demostrable, en contra de lo que dice Francos, sino que ya está perfectamente demostrado. No hace falta investigar más. Las pruebas del delito del Barça obran en poder de la agencia tributaria, y son las facturas por los pagos a Negreira, pagos para los que no existe más explicación que lo que salta a primera vista, por escandalosa que resulte.
¿qué exactamente se supone que no es demostrable? se refiere a la posibilidad de que árbitros concretos cobraran del Barça, en compras individuales de partidos. Ha sido dicho hasta la saciedad que no es eso lo que aquí se juzga. El Barça ideó un modo mucho menos aparatoso y que deja menos huellas de comprarse el estamento arbitral: comprarse a su cúpula
“No es demostrable pero no es ético hacerlo”, agrega Francos. Cabe preguntarse si está confundido, si confunde o si es una mezcla de ambas cosas. Este no es un debate ético. Plantearlo así es caer en la trampa de una cierta corriente de opinión culé. “Éticamente no estuvo bien, pero no se podrá demostrar que…”
¿Hasta cuándo estas retóricas de todo a cien? Pagar a la cúpula del estamento arbitral de la liga no es un acto poco decoroso (aunque también). Es un acto ilegal, a pesar de que las puertas giratorias Gobierno-Barça, y el uso que de las mismas hizo Albert Soler, lo hicieran prescribir. Eso no debe desviar el debate: seguimos hablando de un delito gravísimo. Hacer teatro o rodear al árbitro continuamente son actos de falta de ética deportiva. Comprar a los árbitros vía soborno de su cúpula es un acto criminal por el cual deberían pagar en el ámbito penal las personas físicas responsables, y en el ámbito deportivo la entidad con sanciones deportivas ejemplares tipo Moggigate (el gran escándalo del calcio queda en pañales en comparación con este). La ética es aquí secundaria. No desvíen el tiro. Esta treta nos la sabemos también.
De todos modos, el punto álgido del insulto a la inteligencia de las declaraciones del pseudoministro de deportes llega cuando abraza sin reparos el tópico de los tópicos, el estereotipo falaz por excelencia. “En cualquier caso, Real Madrid y Barcelona son los que menos se pueden quejar de según qué cosas”. Este argumento sobrepasa el piperío, llegando a rozar los límites del colchonerismo, sociológicamente hablando. Es en ese punto de sus manifestaciones donde concluimos sin sombra de duda que, pese a su presunto madridismo, al pseudoministro de deportes no le quita el sueño el que el Barça se haya comprado la competición desde sabe Dios cuándo. La vida es así: te estafan durante décadas y llega la máxima autoridad de tu país en materia deportiva para informarte, vía sus santísimos dídimos, ajenos a las aberraciones arbitrales a favor del Barça que gritan las estadísticas, que en realidad tú has estafado tanto como tu rival, y que te calles.
Hacer teatro o rodear al árbitro continuamente son actos de falta de ética deportiva. Comprar a los árbitros vía soborno de su cúpula es un acto criminal por el cual deberían pagar en el ámbito penal las personas físicas responsables, y en el ámbito deportivo la entidad con sanciones deportivas ejemplares tipo Moggigate. La ética es aquí secundaria
No sé ustedes, pero yo desde luego no me pienso callar. De hecho, acabo de empezar a hablar. Y lo que hoy corresponde decir es que no procede depositar la menor esperanza en este señor, se presente como madridista, rayista o del Peñarol de Montevideo. Solo es una mano de tantas, presta a empuñar la escoba para barrer la mierda debajo de la alfombra.
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Buenos días, amigos. No todos vosotros, nuestros amables lectores, sois españoles, pero sí una amplia mayoría, por lo que al saludo habitual con que solemos iniciar esta sección hoy añadiremos una adenda bien sencilla y sentida. Buenos días, amigos, y Feliz Día de la Constitución Española.
Es un día triste para felicitarnos unos a otros por la Constitución. Hay avatares políticos que no escapan a nadie y que no es nuestra misión analizar aquí. Sin embargo, no hace falta salir del ámbito estrictamente futbolístico para determinar que 2023, año que ya agoniza, lo hace junto al espíritu de la Constitución, que se supone que nos iguala a todos, personas físicas y jurídicas, ante la Ley.
¿Imagináis dónde estaría ahora (pongamos) el Betis si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora el Granada si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora el Cádiz si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora el Valencia si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora el Osasuna si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora el Sevilla si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora el Athletic Club si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora el Girona si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora la Real Sociedad si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
¿Imagináis dónde estaría ahora el Alavés si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
Podríamos seguir así durante largo rato, hasta llegar a la pregunta que más nos hiela la sangre en las venas: ¿Imagináis dónde estaría ahora el Real Madrid si se hubiera descubierto que pagó durante al menos dos décadas a un alto cargo de la cúpula arbitral?
Sí, amigos. La Constitución Española, que hoy celebramos, consagra la igualdad ante la Ley de todos, personas físicas o jurídicas. ¿Es o no es 2023, el año de Negreira, un momento especialmente agridulce para felicitarnos por ella?
Por lo demás, poco que comentar sobre las portadas del día. Nos solaza el gran momento de Rodrygo, estamos hartos de especulaciones sobre Mbappé y deseamos, aunque juegue en la entidad deportiva más indigna de la historia del fútbol, la mayor de las suertes a Ter Stegen en su operación.
Pasad un buen día.
El pasado domingo tuve la suerte de participar en la maratón de Valencia, uno de los recorridos más rápidos de Europa, que discurre por una ciudad en la que, pese a mis filias y fobias futboleras, sigo teniendo buenos amigos. Cuando escribí en esta misma web ¿Por qué nos odian tanto los valencianistas?, lo hice amparado en las ventajas del anonimato, conveniente en esta época del odio exacerbado y los haters que invaden las redes sociales con su agresividad y falta de humor. Una agresividad que en ocasiones se manifiesta más allá de las pantallas o el teclado y se desahoga en las gradas.
El caso es que, desde que me apunté al maratón hace meses, semanas después del lamentable episodio que vivió Vinícius en Mestalla, bromeé con mis amigos diciendo que pensaba correr con la camiseta de Vini. Alguno me dijo que se trataba de completar los 42 kilómetros a buen trote y no de esprintar doscientos metros huyendo de algún energúmeno, que por desgracia los hay. La mirada de mi mujer el día que fanfarroneé en voz alta con tal posibilidad me hizo descartar la misma.
Desde que me apunté al maratón de Valencia, semanas después del lamentable episodio que vivió Vinícius en Mestalla, bromeé con mis amigos diciendo que pensaba correr con la camiseta de Vini. Alguno me dijo que se trataba de completar los 42 kilómetros a buen trote y no de esprintar doscientos metros huyendo de algún energúmeno
Así que la siguiente opción pasó a ser una camiseta negra del Madrid con la que ya corrí el maratón de nuestra ciudad en 2012, apenas doce horas después de que Cristiano aplacara los ánimos del Camp Nou y nos pusiera en bandeja la Liga de Mou. El problema es que esa camiseta recuerda bastante a la de la Octava en París, frente a… exacto, así que opté también por descartarla.
Finalmente elegí una de tantas camisetas de corredor, una cualquiera. Pero a lo que no pude sustraerme fue a imprimir en mi espalda el hermoso mensaje que un amigo galernauta pronunció en cierta noche reciente en la que el Madrid goleaba 5-1 al Valencia: “Shavi k’udis ch’ama”. Un poco de pintura blanca, algo cutre, pero ahí quedó para pasear por las calles de Valencia.
—¿Qué significa ese mensaje? —me preguntó un corredor en la salida.
—Eeeeh… es un proverbio hindú —mentí—. “Un paso más en la dirección correcta”.
El tío me miró como diciendo: “ah, vale, tú sabrás”, nos deseamos suerte, y a eso de las nueve de la mañana arrancamos junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
El ambiente fue magnífico durante toda la carrera, y eso que a primera hora del día hacía un frío como el que deben sentir los colegiados de la sala VOR cuando esperan que les corrijan las líneas desde la sala anexa incomunicada e inexistente.
En aquel artículo que escribí hace casi tres años, lamentaba cómo se había deteriorado el ambiente para el madridismo en una ciudad que tradicionalmente nos había acogido muy bien. Era el lugar al que acudía el Real Madrid cuando nos cerraban el estadio y ahora esa visita nos da una pereza enorme. Una pena porque cada año va a peor. Y me gusta la ciudad y tengo buenos amigos allí. El sábado cumplí con una de las tradiciones y merendé una buena horchata con los correspondientes fartons de Daniel. El domingo cumplí con otra y me zampé una de tantas “la mejor paella de Valencia” con Angelito, Enrique y nuestras respectivas parejas mientras nos contaban la tradición sobre “tu parte” de la paella, comer directamente con la cuchara de la paella situada en el centro, y que todo lo que no fuera pollo, conejo y bachoquetas sobraba.
El ambiente fue magnífico durante toda la carrera, y eso que a primera hora hacía un frío como el que deben sentir los colegiados de la sala VOR cuando esperan que les corrijan las líneas desde la sala anexa incomunicada e inexistente
Salimos a buen ritmo, con grupos de música, percusionistas y rock por los altavoces cada pocos kilómetros. En el kilómetro 9 pusieron el 20 de abril del 90, que desde hace unos meses es para mí la canción de Negreira y Los CTAs Cortos. Ya soy incapaz de tararearla sin mi versión modificada: “Hola, Joan, cómo estás, ¿te sorprende que te escriba? Tanto tiempo no es normal”.
Ufff, estaba fatal, a ver si me concentraba en la carrera. Imposible porque en el kilómetro 15 pasábamos junto a Mestalla, así que tenía que dedicarle esta foto y el mensaje al autor de la idea, del que no diré el nombre, pero dejaré alguna pista: empieza por J y acaba por -ohn Falstaff.
Un valenciano me vio señalarme la espalda a la manera de Raúl y me preguntó por el significado de la frase:
—Eeeeh… es del farsi, del persa, significa “allá donde se celebran las gestas”.
Parece que le gustó porque repitió la frase “¡Shavi k’udis ch’ama en meta, campeón!”, exacto, tú lo has dicho, amigo, ¡suerte! El ambiente en las carreras suele ser una maravilla: buen rollo, ganas de apoyar a los sufridores del asfalto, casi todo son ánimos y gestos de apoyo y complicidad. Lo normal, lo que debería ocurrir también en las gradas de los estadios. Por cierto, chiste valenciano que me contó Juanra, otro amigo de la zona, sobre el estadio inconcluso del Nou Mestalla: “Tenemos el medio campo más caro del mundo”.
Cerca del cartel del medio maratón había una batukada, un grupo de unos percusionistas perfectamente sincronizados, excepto uno de ellos, que llegaba tarde a cada golpe del tambor. Es increíble, pero uno solo hace que todo el conjunto suene mal. Otro chico, algo mayor que el descoordinado, le decía que cogiera el ritmo, que igualara al resto, pero no había manera.
El ambiente en las carreras suele ser una maravilla: buen rollo, ganas de apoyar a los sufridores del asfalto, casi todo son ánimos y gestos de apoyo y complicidad. Lo normal, lo que debería ocurrir también en las gradas de los estadios
Llegué al kilómetro 30 bastante bien, a 5.10 de media, pero todo el que ha corrido un maratón sabe que la pelea empieza justamente ahí. Es como el minuto 80 en el Bernabéu, el momento del temblor de piernas y la fortaleza de carácter. Todo lo anterior es calentamiento. A partir del 32 empecé a tener algunos problemas en los isquios y tuve que parar a estirar varias veces. El apoyo del público fue espectacular: “Vamos, Rafa”, “No queda nada”.
Llegando al 35 se me quedó la pierna tan tiesa como a Torres en aquel ridículo sprint de la final de Sudáfrica. Un tío majísimo al que llamaré Toni para la ocasión me dijo: “Túmbate y te estiro, crack, venga, lo que necesites”. Llevaba una carraca en una mano y una cerveza en la otra, y le dije de coña: “No tendrás una cerveza de sobra”.
—Sí, claro, toma.
De repente vi que tenía una neverita portátil con un pack de seis al que le faltaban dos y ya estaba sacándome una cuando tuve que decirle:
—No, hombre, no, era broma, muchas gracias. Me esperan varios litros en meta, pero ahora no puedo.
Se rio, nos reímos, logré recomponerme, me dio una palmada de ánimo junto al mensaje y poco a poco comencé la carrera de nuevo. Con la velocidad de Umtiti en sus peores tiempos, pero al menos arranqué. Tenía en el estómago una mezcla de plátanos, geles con carbohidratos, bebidas isotónicas y guarrerías minerales varias que harían palidecer los batidos del mismísimo doctor Pruna, así que estaba como para tomarme una cerveza con Toni. Que me apetecía un huevo, todo sea dicho de paso.
Entre unas cosas y otras, y ayudado por los ánimos de tanta buena gente allí congregada, logré llegar a meta en tres horas y cincuenta y tres minutos. La entrada era magnífica, muy bonita, junto a los edificios diseñados por Calatrava “a la manera de Calatrava”. Los aplausos de la multitud congregada en el puente y en los aledaños de la carrera nos ayudaron a hacer algo parecido a un sprint final, un tanto penoso, con una zancada tan corta como las de Andújar Oliver en sus peores tiempos (¿acaso algunos no lo fueron?).
Me he reconciliado con Valencia. Parcialmente, no del todo. La gente estuvo espectacular, de buen humor, animosos, generosos… menos un par de imbéciles que protestaban porque ocupábamos media ciudad y la policía no les dejaba pasar a yo-qué-sé-qué. Pensé en las gradas de Mestalla y en la batukada. El percusionista de la batukada hacía que el conjunto chirriara. Igual que las decenas de “faltones” o fartons en unas gradas con cuarenta mil personas hacen que el conjunto suene lamentable. Bochornoso, como vimos hace unos meses.
Pero el que dirige la batukada puede tratar de corregir al que chirría o reírle las gracias y hacer que el resto lo imiten. Para los elementos discordantes va dedicada la frase que llevaba puesta en la camiseta.
Y no es un proverbio indio ni una sentencia en Farsi.
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Nico Paz ilusiona al madridismo, el joven y talentoso futbolista blanco acaba de completar una semana redonda tras su tanto clave al Nápoles en Champions y el golazo de volea con el Castilla al San Fernando.
¿Cuánto sabes sobre la penúltima esperanza blanca? Compruébalo respondiendo al cuestionario que han preparado los chicos de fcQuiz.
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