Las mejores firmas madridistas del planeta

Tuvo mérito el encuentro del Real Madrid en Múnich. Pero ameritar no es el mismo verbo que ganar. El equipo compitió como se compite en Champions. Realizó una primera mitad de altos vuelos, una oda al fútbol salvaje y entrópico, adelantándose por tres veces ante el conjunto alemán en su estadio. Y sucumbió —principalmente y con matices— porque el Bayern es mejor conjunto.

A estas alturas, los problemas están identificados, lo cual no significa que sean sencillos de resolver. El Madrid que vimos anoche, el competitivo, solo aparece en Champions. Un lastre crónico en forma de lesiones —que no afecta a otros grandes equipos de igual manera— provoca que la plantilla nunca esté en disposición de mostrar todo su potencial, que es mucho, a pesar de contar con asimetrías y falta de jugadores de toque en el centro del campo. ¿Qué plantilla no tiene carencias?

También parece evidente la dificultad de ensamblar un equipo que funcione con todos los que tienen que jugar a la vez sobre el campo. Se yerran demasiadas ocasiones claras de gol si tenemos en cuenta los jugadores que se disponen en ataque. Se conceden numerosas oportunidades, pero ahí no podemos decir, por diferentes motivos, que se cuente con una zaga insuperable.

Se depende en exceso de algunos aspectos: la presencia del mejor portero de la historia, un buen —o al menos un— Tchouaméni, el acierto goleador de quien normalmente lo ha tenido o de no regalar tantos al rival.

Dicho esto, hoy queda un día menos para volver a ganar otra Champions. La crítica es necesaria, pero esto es el Madrid, y la fuerza para dar la vuelta a la situación está dentro de él mismo, en su propia constitución. Hay quien no parece recordar, a pesar de lo tozudo de la realidad y la historia, que el Madrid siempre se levanta, siempre vuelve, solo es cuestión de tiempo y trabajo.

Además, en estos momentos, parecen caer en el olvido los motivos para el optimismo de cara al futuro. Son necesarios cambios de calado, pero la base es mejor de lo que muchos piensan. Güler ha dado el paso para ser diferencial en Champions y su techo parece aún lejano. Arbeloa ha inyectado nutrientes de la cantera que refuerzan el conjunto, a la par que ha mejorado el ambiente general. Thiago es el mejor ejemplo.

La cosa no fue tan desastrosa cuando hasta Marca tilda de injusticia la eliminación del Real Madrid. «El Madrid se despide de la Champions con honor». En nuestra crónica de anoche hablábamos de «Cruel destino de un Madrid digno».

El Madrid contó con posibilidades reales de pasar hasta el final. ¿Fue determinante la expulsión de Camavinga? Para este portanalista, sí. Pero jamás podrá saberse qué habría ocurrido si el francés hubiese seguido en el campo, porque también es cierto que el Bayern ya había disfrutado de ocasiones como las de los dos últimos goles, la diferencia es que no las había materializado.

Una expulsión, la de Eduardo, tan rigurosa como «inexplicable», según declaró Arbeloa con posterioridad. Alberto Cosín afirmó en su crónica arbitral que cuesta creer que en Europa el jugador de un equipo local hubiese visto esa segunda amarilla.

La crítica a Camavinga viene más por la acumulación de desconexiones o faltas de concentración que por la gravedad de la acción en sí. No obstante, las dificultades del francés para mantener los cinco sentidos durante todos los minutos del partido y la incapacidad para ponderar riesgos no parece discutible. Como tampoco lo es su excelsa calidad.

Para As sí fue determinante la actuación de Slavko Vinčić y titula «Hasta que el árbitro quiso». Por muchos errores que cometiese el Madrid en la eliminatoria, hay dos hechos incontrovertibles: Tchouaméni no debió perderse este partido y Camavinga no debió ser expulsado. Los madridistas somos críticos, pero no podemos olvidarnos de estos dos condicionantes.

Como bien apunta Quillo Barrios en el vídeo que os dejamos abajo, es obligado resaltar cómo hoy tanto As como Marca señalan el arbitraje como determinante para el resultado de la eliminatoria cuando en España han callado y callan ante el sinfín de corruptelas y tropelías vistas cada jornada. Aquí se ha silenciado el caso Barça-Negreira, la conexión de árbitros actuales con el hijo del exvicepresidente arbitral. A Mbappé le han partido una ceja, las imágenes con la sangre se han ocultado y no hay portadas contra el estamento arbitral. La explicación es clara, de la UEFA no llega dinero en forma de publicidad institucional.

 

La prensa culé vive en su particular universo, no es nuevo. De la vergonzosa vergüenza del indignado Laporta de Mundo Deportivo al barriobajero «¡A la calle!» de Sport. Este último diario se refiere al Madrid como desastre. Quizá habría que recordarle que desastre no es caer en Múnich peleando hasta el 94, desastre es tener que celebrar las derrotas ajenas para justificar la miseria propia. También afirma que el Madrid «cayó tras probar su propia medicina». No sabíamos que la expulsión, llamémosla peculiar, del mediocentro fuera la medicina del Madrid.

Estamos jodidos, amigos, lo estamos porque hemos perdido y queremos ganar siempre. Además, lo estamos por la crueldad con que se produjo la derrota tras hacer frente a un Bayern estupendo. La prueba de la competitividad del Madrid es que bien pudo derribar a los bávaros. Nos duele también por Álvaro Arbeloa. Creemos que no es el responsable y merecería una oportunidad.

También es cierto que este club no se detiene nunca y hay cambios —no pequeños— que son inaplazables.

Cabeza alta y a levantarse, que somos el Madrid.

Pasad un buen día.

Lunin: suspenso. Si bien es cierto que realizó intervenciones meritorias, transmitió mucha inseguridad, sobre todo por alto. Y encajó cuatro goles.

Trent: notable. Creó peligro y evitó alguna oportunidad clara del Bayern.

Militao: aprobado. Solvente en el juego aéreo.

Rüdiger: bien. Achicó agua como pudo.

Mendy: bien. Le hicieron un penalti no señalado. Cometió algún error, pero defendió. Deseamos que mañana no anuncien que se ha lesionado.

Valverde: bien alto. Acertado en muchos momentos y omnipresente.

Güler: sobresaliente. Marcó dos goles. Uno oportunista y otro sublime de falta. Fue el mejor del Madrid.

Bellingham: bien alto. Empujó, compitió, se dejó el alma, pero no fue decisivo.

Brahim: aprobado. Se vio obligado a redoblar esfuerzos en defensa.

Mbappé: bien. Marcó, pero también erró oportunidades claras

Vinícius: aprobado. Al igual que Kylian, aportó, sin embargo falló goles cantados.

Camavinga: suspenso. La expulsión fue de chiste, pero su actitud, temeraria.

Thiago: sin tiempo.

Mastantuono: sin tiempo.

Arbeloa: aprobado. No conseguir el objetivo condiciona la nota. El planteamiento que diseñó no sirvió para superar la eliminatoria, se vino abajo merced a errores propios y a un Bayern superior.

 

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Arbitró el esloveno Slavko Vinčić. En el VAR estuvo el neerlandés Pol van Boekel.

Caserillo caserillo en las faltas y sobre todo en el listón de las cartulinas.

La expulsión de Camavinga fue clave. El francés compró papeletas, pero en Europa a un equipo de casa esa segunda amarilla cuesta creer que se le hubiera sacado. Al final, también expulsó a Güler por protestar tras terminar el partido.

En la primera parte se reclamaron dos penaltis. Uno por sujetar Tah a Mendy en el 22', que en muchas Ligas es penalti, pero en la Champions no. Y en el otro área una mano de Mendy que no era punible.

Los bávaros también reclamaron una falta a Pavlovic en el tercer gol blanco, pero pareció poca cosa.

En el apartado de tarjetas fueron amonestados Militao por una falta a Kane, Pavlovic y Rüdiger por protestas y la primera a Camavinga por un agarrón a Musiala. No las vieron y lo merecieron Kane por un golpe en la cara a Militao y Musiala por un codazo a Arda.

Vinčić, DEFICIENTE

 

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El día comenzó con la tristísima noticia del fallecimiento de D. José Emilio Santamaría. Maravillosa persona, leyenda del Real Madrid y precursor del defensa moderno. En ese orden. El Allianz guardó un minuto de silencio conmovedor en su memoria salpicado con la mala educación de unos cuantos maleducados.

El destino quiso que hoy también se jugara el Madrid su continuidad en Champions. No lo tenía fácil, había que remontar en Alemania y contra el Bayern. Además, el equipo blanco nunca había superado una eliminatoria de Copa de Europa después de haber perdido el partido de ida en el Bernabéu. En esta ocasión, tampoco. Le esperaba un cruel final tras un digno partido.

Durante los días previos y ante la baja de Tchouaméni, la principal duda de la alineación blanca era la titularidad bien de Camavinga, bien de Thiago Pitarch. Como es lógico, Arbeloa no optó por ninguno de los dos y dispuso un once arriesgado con más lanzas que escudos. «Hay que ir a marcar goles», decía el técnico en la previa. Valverde, Güler, Bellingham, Brahim, Mbappé y Vini por delante de los cuatro defensas, a saber: Trent, Rüdiger, Militao y un Mendy a quien no desenvolvieron del plástico de burbujas hasta 5 minutos antes del calentamiento.

El partido comenzó con un tiro de cámara un tanto extraño y un regalo de Neuer al jugador más preciso de este Madrid, Güler, quien no lo desaprovechó y a puerta vacía empató la eliminatoria antes del primer minuto. 0-1.

No tardó el Madrid en devolver el obsequio. A los siete minutos, córner botado por Kimmich, Lunin no se supo imponer y gol de Pavlović. 1-1.

El Bayern dominó durante los siguientes minutos mientras Neuer seguía dando muestras de que no era su mejor día con los pies. Tampoco anduvo fino Militao en el 14', cuando él mismo se vio obligado a reparar un grosero error propio. Al Madrid no le duraba el balón, no era capaz de superar la presión bávara.

Cinco minutos después, Vini sirvió con mucho peligro a Kylian, pero el francés resbaló y desaprovechó una oportunidad muy clara.

Mendy abandonó posiciones de retaguardia para introducirse en área rival. Fue agarrado hasta el derribo. Penalti al limbo. Nuestro querido Toño Lahoz comentó: «Acción de fútbol».

Después de un nuevo despiste aéreo, Lunin reaccionó bien a un chut seco de Kimmich.

Al filo de la media hora, falta en la frontal a favor del Madrid. Trent y Arda junto al balón. Lanzó el turco y la encajó milimétricamente en la escuadra. Golazo perfecto. 1-2 y de nuevo empatada la eliminatoria.

En el 37’, gol de Kane. Otro jarro de agua fría. Qué fácil le llegaban al Madrid y qué sencillo le anotaban gol.

El Madrid respondió con una cabalgada de Jude que acabó con un peligroso centro de Trent que se paseó por el área pequeña sin que nadie lo empujara a gol. Instantes después, Vini al larguero. El Bayern también concedía ocasiones y los blancos debían aprovecharlas.

El Madrid se aplicó y a la siguiente sí anotó Mbappé a pase de Vini. Valdano recordó a aquellos que afirman que el 7 y el 10 no se entienden. 2-3. Partido frenético.

Primera parte épica con tres goles al Bayern en su campo. En el debe, la endeblez defensiva y los errores propios. 45 minutos por delante para decidir la eliminatoria que en el descanso se encontraba como antes de disputarse la ida.

Lo peligroso del Bayern para el Madrid era que jugaban muy bien y hacia adelante. Lo peligroso del Bayern para el propio Bayern, lo mismo. Había que aprovecharlo si no cambiaban de estrategia.

El partido se reanudó con otro episodio no recomendable para el sistema cardiovascular. Luis Díaz remató con peligro y Jude envió a córner in extremis. A Lunin no lo dejaban espacio y tampoco sabía imponerse. Cada córner era un calvario. El ucraniano alternaba intervenciones de mérito con un juego aéreo muy mejorable, algo que no es nuevo para los aficionados.

Toño seguía justificando al colegiado, incluso cuando reconocía que se había equivocado. Slavko Vinčić señaló una falta inexistente a Jude que frenó un peligroso contragolpe. «Hay que naturalizar los errores», apostilló Lahoz. Cuando son contra el Madrid, claro.

La Champions no se puede ganar sin los once jugadores con los cinco sentidos al 100% en el partido

En el 54' Neuer salvó el cuarto apartando el balón chutado por Kylian como quien se quita de en medio una mosca de más de 20 cm de diámetro a 100 Km/h. Segundos después, Mbappé no aprovechó una oportunidad en la que Vini se encontraba en mejor posición.

A falta de media hora, Musiala y Camavinga se preparaban para salir. El del Bayern sustituyó a Gnabry mientras que el madridista entró en lugar de Brahim. Thiago esperaba en el banquillo.

Lo siguiente fue una acción defensiva sublime de Trent que abortó una ocasión inmejorable de Luis Díaz. En el otro lado del campo, Mbappé para Vini y el brasileño a la grada desde cerca.

Valverde probó fortuna desde la frontal, pero al verse obligado a chutar con la izquierda no imprimió la potencia habitual a su disparo y Neuer blocó. Dos minutos después, parada de Lunin a Olise. Si bien es cierto que el balón parecía que se marchaba por encima del larguero.

Un codazo a Güler supuso amarilla para Rüdiger. Son estas cosas que ocurren cuando arbitran al Real Madrid. Los dos centrales con tarjeta.

Mbappé se coló hasta el fondo de la de la despensa, mas su pase atrás no lo remató Vini. Ahí había estado el cuarto, al menos, por quinta vez. Ojalá no echáramos de menos estas oportunidades después, pensábamos, pero en el fondo sabíamos que sí lo haríamos. Upamecano marró un cabezazo en boca de gol varias jugadas más tarde.

Quedaba cuarto de hora para el 90' y estábamos más nerviosos que Drácula en una central fotovoltaica. Camavinga vio la primera amarilla tras defender mal. Y Vini no logró controlar un balón que lo habría dejado cara a cara con el meta rival.

No transcurrió mucho tiempo hasta que Camavinga vio la segunda, muy rigurosa a la par que evitable. La Champions no se puede ganar sin los once jugadores con los cinco sentidos al 100% en el partido.

El Bayern no tardó en aprovechar la superioridad. Chut de Luis Díaz que rozó en Militao y 3-3.

Arbeloa retiró a Trent y a Güler e introdujo a Thiago y Mastantuono. Solo quedaba apelar al milagro. Pero el milagro no se presenta todos los días.

Por si quedaba un resquicio, Olise clavó el cuarto en el 94.

Un digno Madrid fue eliminado por un Bayern superior.

 

Getty Images

He pasado la mañana en RMTV hablando de Pepe Santamaría, aún con el corazón encogido por la pérdida del héroe que se convirtió en amigo, adornando mi vida con generosidad que nunca terminaré de agradecer. Cuenta Victorio Calero desde Múnich que habrá minuto de silencio en su honor, que su rostro lo presidirá desde el videomarcador y que los jugadores intentarán ganar en homenaje al mito. Hay concomitancias extrañamente conmovedoras en este tributo.

El héroe por antonomasia en la historia muniquesa es Franz Beckenbauer, quien tenía por modelo a Pepe Santamaría. Al káiser, con ocasión de un premio, le felicitaron por haber sido el primer defensa del fútbol de élite que se esmeraba en sacar el balón jugado desde atrás, en contraposición al visceral y clásico patadón.

—Muchas gracias —respondió—, pero el primer central que tuvo esa vocación fue José Emilio Santamaría. Jugando así logró cuatro Copas de Europa con el Real Madrid.

Así que Santamaría era el ídolo de un ídolo (gracias, Esteva), el jugador favorito de tu jugador favorito, o tal vez, como ya han pasado muchos años aunque la longevidad de Pepe nos hacía olvidarlo, ya sea el jugador favorito del jugador favorito del… Las generaciones pasarán, pero la leyenda seguirá para siempre. No puede ser casualidad que la primera señal de respeto tras su muerte le llegue a Pepe en el estadio que encumbró al káiser.

Tengo una historia. Su proverbial modestia me desautorizó para contarla durante su vida, pero ahora me parece obligatorio dejar que se sepa. Es el testimonio de una era en la que los hombres se regían por otros códigos. Hubo un tiempo en que la vida y el fútbol fueron lugares edificantes. La escena pudo ser como la cuento o parecida a como la cuento, y el escenario algún evento donde coincidieron dos colosos de la historia blanca. Acababa de morir Paco Gento, Presidente de Honor del club por entonces, y los dos grandes candidatos a sucederle se encontraban como lo que eran: dos amigos, dos madridistas, dos caballeros.

—¿Qué vamos a hacer con esto, Amancio? —preguntó tal vez Pepe.

—Me parece claro —respondió el eterno extremo—. Tu palmarés supera al mío. Si me preguntan, diré que es tu turno.

—Si me preguntan, yo diré que es el tuyo —repuso Pepe—. Yo soy ya nonagenario, y es un cargo que, aunque honorífico, comporta responsabilidades y actividad.

La mira de su amigo se nubló, si bien no dejó de sonreír, o así me lo imagino yo.

—Tú serás nonagenario, pero lo que no conoces son las noticias sobre mi salud. Te cuento.

Y Amancio le contó a Pepe cómo la biología no respeta necesariamente ninguna prelación por razón de edad. Ni siquiera en eso nos es inteligible. El káiser se fue mucho antes que su maestro, y Amancio se iría también antes que el 5, que aguantaría más que nadie. Yo me figuro que Pepe le miró entonces con ese azul acuoso de hombre bueno con el que todo lo dignificaba.

—Pues entonces con más razón, Amancio —contestó al fin—. Con más razón.

Donde están ahora Pepe y Amancio no hay edad ni hay cáncer, y podemos tener tantos Presidentes de Honor como queramos. De hecho, ambos ejercen simultáneamente el cargo, ya, con un tal Alfredo y un tal Paco. La modestia incorregible del recién llegado le hará más llevadero el protagonismo si el cargo, por fin, se comparte. “Lo importante es el equipo”.

Lo fácil sería pedir que su ejemplo nos acompañe esta noche, en el Allianz, allá donde dicen que arden los árboles. No estará de más, pero donde realmente necesitamos a Pepe es solo en el resto de nuestras vidas. La mía fue tocada por su luz, y ojalá nunca se reponga del deslumbramiento.

 

Fotografías: La Galerna y Getty Images

Con ocasión del fallecimiento de de D. José Emilio Santamaría, reflotamos el presente artículo publicado el 3 de junio de 2019.

 

Ya llevábamos tres. Eso hacía que todos lo rivales aspiraran a derribar al campeón como una ambición irrenunciable. El Stade Reims (que ya había sido rival en la Primera, antes de que les “quitáramos” a Kopa) se presentaba como un adversario de entidad. Todos querían ganar al ogro, siendo el ogro nosotros.

Pero volvimos a conjurarnos en torno al espíritu ganador de un equipo que además había contagiado en esa pasión ganadora a la directiva y la masa social. Cada uno velaba por su misión, si bien todos tenían siempre presente que debían ayudar al compañero en el cumplimiento de la suya.

El partido fue difícil pero nos impusimos con dos goles de Mateos y Di Stéfano. Logramos mantener la puerta a cero, lo cual me complació mucho. Nuestro objetivo siempre, en la defensa, era lograr que no nos generaran más de diez llegadas, a ser posible con poco peligro. Aunque Domínguez tuvo que intervenir en un par de ocasiones, con sendas buenas manos, logramos cumplir ese cometido.

La anécdota más comentada del partido fue el penalti de Mateos. Acababa contrato y se estaba jugando su continuidad. A pesar de que ya había marcado el primer gol en una jugada espléndida, cuando el árbitro pitó penalti pidió ejecutarlo. Alfredo era el lanzador habitual pero, consciente de las circunstancias, dejó que fuese Mateos quien tirara, con la mala fortuna que el arquero francés adivinó la trayectoria y atajó la pelota. Creo que fueron los nervios, pues estaba en entredicho su continuidad.

Mateos quedó destrozado. Todos tratábamos de animarlo porque lloraba como un niño. Al final, tras la victoria, con todo, se alegró vivamente.

Otra anécdota fue la lesión del propio Kopa. Era un partido muy especial para él por jugar contra su ex-equipo. Era un futbolista extraordinario y un caballero. Jugó gran parte del partido lesionado, dado que no por entonces aún no se podían hacer cambios. El entrenador, Carniglia, nos indicó que cargáramos el juego hacia el otro lado, aunque aun así Kopa tuvo que intervenir con lesión y todo.

Claro que pensábamos en ir a por la Quinta en cuánto ganamos la Cuarta. Pero éramos muy conscientes de que el camino era muy difícil aunque nuestro exitoso recorrido en los años previos lo hiciera parecer fácil. Primero había que ganar la Liga local y después superar cinco eliminatorias antes de la Final. Pero por supuesto que no sólo llegaríamos a disputar una quinta Final consecutiva y a ganarla, sino que aquel partido en Glasgow, el de la Quinta, aquel 7-3, fue algo realmente especial. Todas las Copas de Europa fueron especiales, pero ninguna tuvo la euforia de la Quinta, que yo también tendría la suerte de vivir un año más tarde.

 

ÍNDICE, ASÍ VIVÍ

Así viví la Primera: Paco Gento

Así viví la Segunda: Andrés Amorós

Así viví la Tercera: José Emilio Santamaría

Así viví la Cuarta: José Emilio Santamaría

Así viví la Quinta: Canario

Así viví la Quinta: Luis Miguel Beneyto

Así viví la Sexta: “Pirri”

Así viví la Sexta: José Araquistain

Así viví la Séptima: Pedja Mijatovic

Así viví la Octava: Steve McManaman

Así viví la Novena: Roberto Carlos

Así viví la Novena: Luís Alberto de Cuenca

Así viví la Décima: Juanma Rodríguez

Así viví la Décima: Vicente Ruiz

Así viví la Undécima: Álvaro Arbeloa

Así viví la Duodécima: Antonio Esteva

Así viví la Decimotercera: Jesús Bengoechea

Con ocasión del fallecimiento de de D. José Emilio Santamaría, reflotamos el presente artículo publicado el 28 de mayo de 2020.

 

La Tercera Copa de Europa, jugada en el estadio Heysel de Bruselas el 28 de mayo de 1958, fue la primera que yo gané sobre el campo. En la Final de la Segunda, que se disputó en el Bernabéu, yo ya estaba fichado, pero tuve que asistir al partido en la grada porque mi inscripción no llegó a tiempo.

Teníamos un gran equipo que había jugado bien todo el año. Era como digo mi primer año y me había adaptado bien a mis compañeros. Teníamos confianza.

 

 

Hay una anécdota que siempre recordaré. En el Milan jugaba un uruguayo, Schiaffino, un centrocampista muy fino que fue de hecho el autor del gol con el que ellos se adelantaron en el marcador. Había sido jugador de Peñarol, mi rival deportivo en Uruguay, dado que yo por supuesto jugué en Nacional de Montevideo. Terminó el partido con nuestra victoria y le busqué para saludarle como a los demás. Al fin y al cabo, y aunque rivales deportivos en Uruguay, éramos también compañeros de selección. Pero no lo encontré. Se había ido del campo. Disgustado por la derrota,  no había sido capaz de esperar para darnos un abrazo. De manera que disfruté doblemente: por el triunfo y porque la anécdota demostraba que la diferencia de categoría entre un club y otro había vuelto a quedar patente, esta vez en Europa.

 

Santamaría y Schiaffino

 

El partido fue bonito y muy parejo, con muchas alternativas en el marcador. Al final nos impusimos en la prórroga, por esas cosas de la confianza ciega en la victoria que caracterizan al Madrid. Antes de la prórroga, los goles se sucedieron de manera muy rápida y a partir del minuto sesenta. Se adelantan, empata Di Stéfano, se vuelven a adelantar, empata Rial. Rial fue un jugador excepcional, además de una excelente persona. Sus pases eran prodigiosos. Fue el que mejor supo aprovechar la velocidad de Gento, que en nuestro juego era una variable esencial. El gol en la prórroga, de hecho, lo marca el propio Gento.

Rial había sido compañero mío en Nacional. Había jugado en Colombia también, donde había adquirido su enorme calidad técnica. Jugaba siempre con la cabeza levantada.

Paco Gento tuvo una trayectoria maravillosa en el Madrid. Un hombre muy callado, muy prudente, con unas condiciones increíbles para el juego. Sus carreras destrozaban las defensas contrarias.

En la Final de Bruselas triunfó nuestro sistema de juego, que era claro y definido. Procurábamos que el rival nos tirara muy pocas veces a puerta. Aprovechábamos la velocidad de Gento (junto al trabajo de Alfredo y los pases de Rial) para lanzar contragolpes mortales. La velocidad siempre fue un elemento crucial en nuestro juego. Agotábamos al contrario.

 

Además conformábamos un buen grupo humano. El ambiente en el vestuario es muy importante. Todo el criticismo que hubiera entre nosotros era siempre constructivo. Éramos una piña. Estábamos constantemente animando al compañero, ayudándolo para que pudiera cumplir con su misión y pudiéramos hacer algo grande por el club, como así fue.

Yo, desde la parte de atrás, hablaba mucho a mis compañeros. Los orientaba, los dirigía. En el medio campo empezó Muñoz y después Santisteban, futbolistas con estilos diferentes. Arriba, a los ya mencionados Gento, Di Stéfano y Rial se unían Kopa y Mateos, aportación al equipo de la cantera y de la ciudad de Madrid y dotado de un gran oportunismo goleador. A la gente, hoy, le puede chocar que jugáramos con cinco delanteros, pero hay que recalcar que todos defendían, empezando con Alfredo. Ahí nadie estaba quieto nunca, no parábamos. Todos nos ayudábamos constantemente.

La celebración de la Tercera fue maravillosa. Hablando de celebraciones, recuerdo que en la Quinta quisimos salir a celebrarlo por Glasgow pero Bernabéu no nos dejó, porque había que estar absolutamente presentables al día siguiente para ofrecer la Copa a los madrileños en el clásico desfile por las calles de la ciudad. Nos tuvimos que quedar en el hotel, como ya contó Canário en esta misma sección. ¿Y qué hicimos? Hablamos con dos vigilantes para ver qué nos podían traer. Aparecieron con jugo de naranja y galletas María.

Fueron años fantásticos. Aquellas Copas de Europa no eran solo para mayor gloria del Real Madrid, sino en nombre de España también.

 

 

ÍNDICE, ASÍ VIVÍ

Así viví la Primera: Paco Gento

Así viví la Segunda: Andrés Amorós

Así viví la Tercera: José Emilio Santamaría

Así viví la Cuarta: José Emilio Santamaría

Así viví la Quinta: Canario

Así viví la Quinta: Luis Miguel Beneyto

Así viví la Sexta: “Pirri”

Así viví la Sexta: José Araquistain

Así viví la Séptima: Pedja Mijatovic

Así viví la Octava: Steve McManaman

Así viví la Novena: Roberto Carlos

Así viví la Novena: Luís Alberto de Cuenca

Así viví la Décima: Juanma Rodríguez

Así viví la Décima: Vicente Ruiz

Así viví la Undécima: Álvaro Arbeloa

Así viví la Duodécima: Antonio Esteva

Así viví la Decimotercera: Jesús Bengoechea

 

Buenos días, amigos. Hoy es un día tristísimo, ha fallecido José Emilio Santamaría, nuestro queridísimo Pepe. Una leyenda del fútbol mundial, del Real Madrid y una persona extraordinaria. Desde el portanálisis queremos enviar nuestro más sentido pésame a sus familiares y seres queridos. El madridismo está de luto.

En otras condiciones, estaríamos celebrando la tradicional eliminación primaveral del Barça en Champions. Cuatro ganó Pepe, que fue uno de los nexos entre el Madrid de las cinco seguidas con Di Stéfano y el Madrid Yeyé.

Lo cierto es que hoy no tenemos ganas de sacar a relucir el carácter habitualmente cáustico de esta sección, ni de celebrar realmente nada. Pepe fue un hombre venerado y además muy querido en esta casa. Recibió el Premio Paco Gento de La Galerna en la primera edición de nuestros galardones.

Hemos perdido a un mito absoluto del fútbol mundial. Nosotros aquí, en La Galerna, hemos perdido también un amigo.

Esta noche, los de Arbeloa se juegan en el Allianz la continuidad en la Champions. A buen seguro que Pepe, desde el Cielo, animará con el alma. Todos lo haremos para que el Madrid responda y esté a la altura.

A lo largo del día, os ofreceremos diferentes homenajes a Santamaría.

Os dejamos con las portadas.

Descansa en paz, amigo.

Con todo el cariño, le dedico la muerte de este toro a todos los madridistas que dicen que lo que tiene que hacer el Real Madrid es jugar mejor al fútbol en lugar de quejarse de los árbitros. Va por ustedes.

Y es que ya tenemos otra liga lista para grabar el nombre del ganador en la peana del trofeo. Otra liga esculpida en el mural de la corrupción arbitral en España. Cuando todo esto termine, me propongo hacer una cronología del Negreirato con los detalles que expondré aquí sucintamente, para cuestionar con rigor científico la legitimidad de cada uno de los 23 títulos obtenidos por ese club del que usted me habla durante la era de la corrupción en el CTA (1990 - pongan aquí la fecha del futuro en la que suceda el evento).

Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte VIII

La RFEF vive en la corrupción como la lombriz en la tierra. Todos sus presidentes desde 1975 (se dice pronto) han sido imputados o condenados por delitos como malversación o corrupción. Sólo se salvan un par de interinos que en apenas unos meses no tuvieron tiempo de llegar al banquillo, mientras sus jefes salían por piernas. En su escaso honor hay que decir que lo intentaron. Uno de ellos, cesó a varios ejecutivos por instrucciones de Tebas, prolongó lo que pudo su mandato para seguir trincando los 715.000 euros que se puso de salario, y dejó adjudicado el VAR a Mediapro, el SAOT a Hawk-Eye y algunas obras. No le dio tiempo a más, aunque intentó enchufar an Isaac Fouto, paisano y eterno aspirante a vivir del cuento, lo que habría supuesto la autodestrucción de la RFEF por exceso de golfos.

No recuerdo ninguna jugada VAR de milímetros que nos haya favorecido. Sí recuerdo muchas que nos han perjudicado. Resuena el eco de aquella frase en mi memoria: “Os puedo ayudar con el VAR”

Sería infantil proponer la retirada de los veintitrés títulos obtenidos durante el contrato Barça - Negreira cuyo objeto fue “que no se tomaran decisiones en su contra”. En algunas temporadas tendremos que conceder que el Barcelona fue superior y que probablemente no necesitó ni asesorías, ni informes, ni “neutralidad coacheada”.

Aunque nunca fue de mi gusto la propuesta de Guardiola, el Barcelona mostró un dominio incontestable tanto en la docena de partidos en que exhibieron un juego trepidante como en los que mataron de aburrimiento al rival para ganar a la remanguillé mientras escondían el balón durante 85 minutos. La posesión estéril elevada a principio elemental de la termodinámica en el laboratorio de Pep, ¿recuerdan? Afortunadamente, no hay mal que cien años dure.

Así, por encima y en orden cronológico inverso, les anticipo dos títulos obtenidos ilegítimamente, advirtiéndoles antes de un par de premisas:

-Voy a considerar, que es mucho considerar, que el Barcelona ha tenido un saldo cero en estas temporadas. Es decir, que, pagando por neutralidad, efectivamente la hayan tenido. Por tanto, daré por buenos los puntos que obtuvo. Para compensar ese mentiroso balance, consideraré también cero los beneficios que el Real Madrid pudiera haber obtenido. Como ven, les concedo un handicap para que puedan comprobar que ni siquiera robando les ha resultado fácil ganar títulos. Les ha hecho falta muchísima “neutralidad”. Despejemos sólo esas dos variables sabiendo que se trata de magnitudes diferentes, a efectos de limpiar de ruido el cálculo. Me centraré exclusivamente en los atracos prevaricadores del CTA contra nuestro equipo y su impacto en la clasificación.

La liga 25/26 se saldará con una diferencia de unos diez puntos al final. Ignoraré si acaban siendo quince, porque el Real Madrid lleva un mes regalando partidos a sus rivales y puede que continúe haciéndolo, teniendo en cuenta que medio equipo jugará en selecciones que aspiran al título en el mundial.

Veamos.

Sí, fue sangrante. Todo

-Real Madrid-Girona: dos penaltis no pitados, uno por codazo en la cara a Mbappé en el 87’ y otro por un placaje al francés en una internada en el área en el minuto 71. Dos puntos perdidos.

-Rayo Vallecano-Real Madrid: tres agarrones claros dentro del área no pitados (incluido uno a Mbappé en la última jugada del partido). Dos puntos perdidos.

-Girona-Real Madrid: penalti claro no pitado a Rodrygo. Dos puntos perdidos.

-Osasuna-Real Madrid: recuerden el pisotón residual de Courtois a Muriqui, que se agarra la tibia a la altura de la rodilla, agonizando, cuando le habían rozado en la bota y con el balón fuera de distancia para ser jugado. Penalti VAR. Gol anulado por el VAR a Mbappé por milímetros. Gol de Osasuna en probable fuera de juego en el 90’ tras recuperar la pelota en falta sobre Rodrygo. Tres puntos perdidos.

No recuerdo ninguna jugada VAR de milímetros que nos haya favorecido. Sí recuerdo muchas que nos han perjudicado. Resuena el eco de aquella frase en mi memoria: “Os puedo ayudar con el VAR”.

Negreira ya sale sin calentar

Si el complejo HBS (con Oscar Lago en la producción)/VAR (con Mediapro) / CTA (con los sospechosos habituales) hubiera actuado con verdadera neutralidad, esta temporada deberíamos haber sumado 9 puntos más, para sorpresa de nadie.

El Método Negreira incorporó desde 2018 el VAR como herramienta de manipulación tecnológica, controlada por Mediapro, que ya editaba la señal de televisión. Ellos eran los que mostraban u ocultaban en exclusividad lo que querían / no querían que viéramos tanto nosotros como el VAR. A partir de 2025, la producción de TV la realiza HBS, pero con los mismos empleados de Mediapro, incluyendo al culé independentista Óscar Lago. ¿Qué podría salir mal?

Óscar Lago VAR

Los nueve puntos podrían haber sido doce, quince, dieciocho, si los jugadores hubieran mostrado el compromiso exigible para enfundarse la camiseta blanca, de acuerdo, pero esa es otra historia de la que hablaremos en su momento. ¿Se imaginan llegar al Camp Nou empatados a puntos? Si Tebas no tuviera ese odio visceral a Florentino Pérez, este año habría sucedido.

Vamos con la liga 24/25. El Barcelona la ganó con 88 puntos. El Real Madrid sumó 84. El VAR tuvo 189 intervenciones esa temporada, de las cuales 16 perjudicaron al Real Madrid. 8 fueron goles anulados. Récord absoluto en una liga. El Real Madrid tiene otro récord, el de goles anulados en LaLiga desde el inicio del VAR: 39, Atlético y Villarreal, 21 y 20. Barcelona, 16. ¿Se dan cuenta de lo que digo de los milímetros, sabiendo por Clos Gómez que una mano humana ajusta los muñecos en el VAR? Otro saldo estadístico anómalo. ¿Hay algo en la MLN que no lo sea?

A partir de 2025, la producción de TV la realiza HBS, pero con los mismos empleados de Mediapro, incluyendo al culé independentista Óscar Lago. ¿Qué podría salir mal?

Las actuaciones delictivas del CTA se concentraron en el que a partir de ahora llamaremos el Febrero Negro o Negreiro. En la primera quincena y en tres lugares diferentes, el CTA supo que era el momento de impartir lo que pactaron con el Barcelona que sería “la neutralidad”. En aquel momento, eliminar la diferencia de 7 puntos con la que el Real Madrid se presentó el 1 de febrero en Cornellá tras una buena racha de resultados. Los siguientes tres partidos eran claves.

1 de febrero de 2025. Espanyol-Real Madrid. 62’ Entrada de último hombre de Carlos Romero sobre Mbappé, por detrás, sin opción de jugar el balón. Pisotón en el gemelo. La expulsión del defensor habría supuesto la victoria en aquel partido. De entrada, Romero fue el jugador que nos metió el gol del 1-0 en el 90’. Además, se nos había anulado un gol legal a Vini en el 21’ por una falta previa inventada por el árbitro, en un forcejeo entre Mbappé y Pol Lozano, que se dejó caer después de agarrar por el cuello al francés. Hubo otras muestras de “neutralidad” arbitral aquel día, como un penalti escamoteado por mano de Jofre en su área. Tres puntos al limbo.

El 3 de febrero el club emitió un comunicado oficial quejándose del nivel arbitral y de una liga manipulada y adulterada. Creen que tuvo efecto? Claro que lo tuvo. Vean:

8 de febrero. Real Madrid - Atlético. 1-0 en el 90’ que De Burgos Bengoechea no pudo consentir desde el VAR. Soto Grado, obediente sobre el césped, pitó un increíble penalti de Tchouameni sobre Lino, tras un levísimo contacto ya con el balón fuera de la jugada. Lino hace la croqueta. Se levanta porque ve opciones de que el balón regrese. Cuando ya está seguro de que no, cae de nuevo en posición fetal, transido de dolor, en una actuación a la altura de Tom Cruise. Dos puntos al saco del CTA.

Hoy, cambio de líder. Y ya, 14 partidos a Jude

15 de Febrero. El Sadar. Osasuna - Real Madrid. En el minuto 38 Munuera Montero pita penalti VAR por un pisotón de Camavinga a Budimir, posterior al chut del delantero. que no cogió puerta. ¿Residual? No para Trujillo Suárez, prevaricador élite del VAR cuando hay un equipo blanco en el campo. Trujillo se abstuvo en cambio de intervenir en cuatro jugadas, algunas clarísimas, en área pamplonica.

Así fue como nos birlaron la liga de 2025. No hace falta llevar al Real Madrid a puestos de descenso. Basta con alterar el resultado lo justo, en el momento exacto, con jugadas interpretables que hasta permitan pedir perdón posteriormente y reconocer el error, ya con el muerto en el hoyo. ¿Quién se consuela en la derrota cuando el verdugo es sancionado? Todo es un circo, una simulación, un truco de ilusionismo. El delito ocurrió, tú lo viste, pero te lo taparán con cualquier distracción.

¿Se imaginan llegar al Camp Nou empatados a puntos? Si Tebas no tuviera ese odio visceral a Florentino Pérez, este año habría sucedido

Quiero ver brotes verdes. Quiero imaginarme a Ceferin realmente molesto con Louzán por no haberle transferido la información que le pidió sobre el caso Negreira. Quiero creer que Santiago Siguero seguirá escandalizándose en Marca, quiero creer que el nieto atlético de Matías Prats seguirá manteniendo su trabajo en la tele. Quiero creer que el Barcelona será descendido a segunda y desposeído de títulos. Yo les diré cuáles. Quiero creer que estará tres años fuera de Europa. Y también quiero creer que se les podrá meter mano a LaLiga y la RFEF para erradicar la corrupción, o al menos evitar la llegada al pobre fútbol español de delincuentes y buscavidas. Señor, dame paciencia… ¡pero dámela ya!

 

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Hace cuatro años, Karim Benzema nos regaló una de las más bellas descripciones del madridismo que se hayan hecho nunca: «Vamos a hacer una cosa mágica, que es ganar». Con su poesía y aire de místico sufí, el mejor nueve de la historia del club se refería a remontarle la eliminatoria de semifinales de aquella Copa de Europa al Manchester City de Pep Guardiola. En aquella ocasión el resultado adverso era el mismo que, mañana, el Madrid afrontará en el Allianz Arena ante el Bayern de Múnich: habiendo perdido por un gol de diferencia en el partido de ida y no contando ya el valor doble de los goles en campo contrario, el desafío resulta ser el mismo: meter dos goles más que el contrario.

Y misma es la camiseta, aunque no mismos los jugadores.

Benzema cosa mágica

El escudo sí que es también el mismo. y la Historia, en todo caso y como decía Machado, no está escrita. Por mala que haya sido hasta hoy la temporada, y por malos que hayan sido los resultados desde el día ya lejanos de la final de Londres: hombres del Real, «¡qué importa un día!» Ni el pasado ha muerto ni está el mañana, ni el ayer, escrito.

Por lo tanto, y en tanto que once tipos vestidos de blanco salten al césped de un campo de fútbol en Baviera, hoy es siempre todavía. Y el eco de las hazañas hechas por esa camiseta en ese campo, y en tantos otros campos en los que se juega y se presencia el fútbol en Europa y en todo el mundo, sigue retumbando. Retumba más en las cabezas de los otros que en las propias. Son vestigios de apariciones sobrenaturales y reliquias de sucesos extraordinarios que, aunque el madridista los haya naturalizado y los considere parte del paisaje, siguen siendo inexplicables para un porcentaje muy amplio de la población mundial. Que los sufrieron y los vieron desde fuera igual que los esclavos del Antiguo Egipto veían el poder de los faraones: como lo inevitable.

No digo que el Madrid de Arbeloa, como el cadáver del Cid montado sobre la grupa de su caballo Babieca, tenga también que ganar batallas después de muerto, sino que aún se debe creer que el Madrid está vivo. y que todavía es un dios del fútbol que como el Dios ibero del poema, «dueño de fortuna y de pobreza, ventura y malandanza», es, sobre la mar, camino.

el eco de las hazañas hechas por esa camiseta en ese campo, y en tantos otros campos en los que se juega y se presencia el fútbol en Europa y en todo el mundo, sigue retumbando

Al fin y al cabo tan sólo se trata de subvertir las leyes de la razón y de la lógica, poner patas arriba el mundo y negar las fundadas razones de la estadística. ¿Acaso no es esa, exactamente, la naturaleza misma del fenómeno llamado Real Madrid? El phainómenon de los filósofos griegos era, literalmente, lo que brilla, lo que se muestra. Y como recordaban las palabras de Benzema, el Madrid es, fundamentalmente, hacer: acción.

Casi nadie nunca remonta una eliminatoria de esta magnitud habiendo perdido el primer partido y además, en casa. Casi nunca, tampoco, se da el milagro de jugar bien y de ganar en el Día D y la Hora H cuando en todo el año se ha dado lástima y pena y vergüenza. Pero tampoco es verosímil creer que se pueden ganar nueve finales seguidas, y es el Madrid quien ha atentado ya, con su inverosímil poder de taumaturgia, contra las normas elementales de la probabilidad y contra los procesos de la estocástica.

El Madrid, además, llega en la mejor disposición de ánimo imaginable, muerto en vida y sin miedo ni esperanza: teniendo en cuenta que muchas veces sus erupciones volcánicas vienen precedidas por esa actividad stromboliana que consiste en tirar ligas y copas de manera miserable y hundir al hincha en una depresión profunda, el momento se presume ideal para llevar a cabo la quijotada prodigiosa.

Joselu, Vini, Brahim, Camavinga y Nacho

Los argumentos para creer en una noche de grandeza en Alemania son libres, como el miedo. Cada uno tiene los suyos. En realidad, son los de siempre: sacar en procesión a Mendy, abrirle a Valverde la puerta de toriles y que Vinicius, por la izquierda, despierte en las habitaciones más íntimas de la sangre del Bayern los fantasmas de la danza con la muerte que hace veinte años bailaron, en las ruinas del Olympiastadion, Zidane y Roberto Carlos. Es posible también creer en el sortilegio de la amistad o perseverar en el método del caos; o que Camavinga puede ser un buen jugador de fútbol, pues ya decía Camacho que el secreto, en el fondo, está en el blanco de la camiseta del Madrid: que agranda.

 

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