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Lorenzo Sanz: “Mi padre fue un visionario” 

Lorenzo Sanz: “Mi padre fue un visionario” 

Escrito por: Jesús Bengoechea22 junio, 2020
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Nos citamos con Lorenzo Sanz Durán en su local Crêpes and shakes, de Pozuelo, en un templado día del junio madrileño. Es una entrevista que tenía muchas ganas de hacer y que inevitablemente sugiere una continuidad con la que tuve el privilegio de hacer a su padre hace unos años. Citaré ese encuentro varias veces a lo largo de este, inevitablemente también. La familia Sanz vive aún un duelo en el que son acompañados por todo el madridismo, y el recuerdo emocionado del presidente surcará sus ojos en varios momentos. Pero Lorenzo Sanz Durán tiene muchas otras cosas que contar. 

-De todas las facetas que te adornan, tal vez la menos recordada es tu etapa como jugador del Madrid...

-Sí, porque fue breve y terminó para mí en una gran frustración. Tras formarme en la cantera, y pasar luego por la Universidad de Lafayette y por el Canoe, quería comerme el mundo y estaba convencido de que sería un gran jugador de baloncesto. Sucede que luego subes al primer equipo y, aunque aguanté dos años, en los que Obradovic no me dio muchos minutos, competía con gente como Bodiroga (la gran estrella), Mike Smith, Herreros y Angulo. Esos cuatro fantásticos aleros estaban por delante mía. Muy difícil. Ten en cuenta además que no había tantos partidos como ahora y por consiguiente no había tantas rotaciones. Ahora hay muchas más. Creo que hoy, con Pablo Laso, yo habría jugado mucho más. 

“Hoy, con Pablo Laso de entrenador, yo habría jugado mucho más” 

-Teniendo a tu padre como presidente, ¿tuviste que pelear continuamente por despejar las insistentes acusaciones de nepotismo?

-Puedo contar cosas que supe a posteriori y que desmienten esas acusaciones. Ferrándiz, tras hablar con los técnicos del Canoe, fue a mi padre para decirle que yo estaba para jugar en el primer equipo. Mi padre dijo que de ninguna manera, que bastante lío tenía ya con las cosas que le decían por el hecho de que mi hermano Fernando estuviera en el primer equipo de fútbol. 

-Entonces, ¿tu padre no quería que estuvieras en el primer equipo. 

-Al principio no. Pedro Ferrándiz lo puede corroborar. Le decía: “Pero es que tu hijo Lorenzo lo merece. Puede ayudar mucho en el primer equipo”. Fíjate hasta qué punto se negaba que tuvo que intervenir el mismísimo Saporta, que no estaba en el club pero seguía teniendo gran ascendencia en la toma de decisiones. Saporta me hizo llamar a su despacho en la calle Serrano. “Y que venga con su novia”, añadió. Luego he sabido que era algo muy típico suyo. Le gustaba conocer todo de los jugadores para calibrar si eran válidos para el Madrid. 

-¿Y es Saporta quien convence a tu padre de que merecías jugar con los mayores? 

-Así fue. Saporta le convenció. Y es así como jugué dos años con el primer equipo, al término de los cuales, desilusionado, dejo el baloncesto. 

-Pero ganasteis la Recopa. Y cuando jugaste, sí bien con pocos minutos, hiciste un papel más que digno. 

-Pero eso no impedía mi frustración. Yo aspiraba a ser muy bueno. 

-Entonces ¿no te retiras como jugador porque tu padre te ofrece llevar la sección de baloncesto? Son cosas independientes.

-No, no, son independientes. Primero pierdo la ilusión y me retiro, sin saber a qué voy a dedicarme. Me caso y me voy dos meses a Estados Unidos. Luego viene la oferta de mi padre. 

-¿Cómo surge esa idea? 

-La temporada 98/99 comienza con la estructura tal cual estaba en la sección, o mejor dicho con la falta de estructura. Estaba Clifford Luyk de entrenador y un directivo, Eduardo Peña Abizanda, como responsable de la sección. Era una gran persona, un caballero, pero su cargo no era el de un auténtico gestor. No era alguien que dijera “vamos a fichar a este”. 

-La sección estaba en un estado lamentable desde el punto de vista de títulos (en muchos años precedentes no se había logrado ni siquiera el subcampeonato) como de dotación financiera. ¿Era por la carencia de una estructura? 

-Yo creo que sí. Y mi padre también lo creía. Por eso en noviembre del 98 me ofrece llevar la gestión. Lo que queda de temporada lo dedico a hacerme con el puesto: ir a la ACB, conocer cómo funciona el mundillo de los agentes, jugadores... 

-O sea, la primera temporada que planificas es la 99/00, que a la postre terminaría siendo también la última. Con todos, ganas la ACB. Podríamos decir que es una carrera fugaz pero exitosa, ¿no? 

-Sin duda. 

-¿Te sentiste reivindicado después de todo el runrún de descalificaciones por nepotismo? 

-Desde luego. Así como la experiencia como jugador fue frustrante (porque tenía nivel pero el nivel Real Madrid era excesivo para mí) mi tiempo como directivo fue totalmente gratificante. Me encontraba en mi salsa. 

“Me sentí reivindicado al lograr la Liga ACB en mi primer año completo como director de la sección”

-¿Y a qué se debió tu éxito como directivo, aparte de los cruciales fichajes de Scariolo y Djordjevic?  ¿Qué medidas tomaste? 

-Reestructuré toda la sección. Luyk se quedó en el club como ojeador. Era una figura muy importante y de hecho ahí sigue. No teníamos ni siquiera un jefe de prensa ni una secretaria, y también los busqué. Traje a mi íntimo colaborador García Chapuli. Y llegó Scariolo en lugar de Luyk. 

-¿Y cómo fue el fichaje de Djordjevic? 

-Muy complicado. Me costó mucho. No renovaba por el Barça, con quienes acababa contrato, y nosotros nos interesamos por él. Pero su representante pedía un sueldo que no nos podíamos permitir, de modo que desistimos. Lo que sucede es que eso mismo le fue sucediendo con todos los clubes que se interesaron por sus servicios, con lo que poco a poco se le fue acabando el tiempo. Se le cerraba el mercado. Y, en el último momento, cuando ya no tenía más remedio que rebajar un poco sus pretensiones, volví a la carga y lo fiché. 

-¿Y de ahí el éxito deportivo.

-Así es, pero yo más que del éxito deportivo me enorgullezco de la eficacia estructural. Pusimos los cimientos para el buen funcionamiento de la sección.

-¿Cómo viviste aquel mítico quinto partido de la Final? Aquella victoria en casa del eterno rival. Djordjevic levantado los puños y siendo empujado a los vestuarios, que fue donde os entregaron la Copa. Los disturbios en la grada. 

-Yo estaba en el palco y, si te digo la verdad, de los disturbios apenas me enteré porque me pillaron primero saludando a las autoridades presentes, recabando sus felicitaciones, y luego corriendo en dirección al vestuario para celebrar con los míos. Recuerdo que, cuando enfilaba la salida del palco, Joan Gaspart me paró para felicitarme también. Muy caballeroso. 

-¿Estaba en la salida del palco? 

-Sí. Me extrañó.

-Solía desaparecer durante los partidos porque se ponía demasiado nervioso y no se controlaba. 

-Pues conmigo fue un señor, lo tengo que decir. Cuando llegué al vestuario, el júbilo era inenarrable. 

-¿Crees, visto el partido ahora, con la perspectiva del tiempo, que Djordjevic provocó al público con sus gestos? 

-Bueno, él se vio ganando el título en el pabellón del equipo donde había jugado, y donde finalmente no se había sentido valorado, y lo quiso celebrar diciendo “aquí estoy yo”. Era un ganador y un crack.

-¿Y cómo te quedas cuando, en el alborozo de la celebración en el vestuario, alguien te dice el trofeo os lo van a entregar allí mismo, en lugar de hacerlo en la cancha como es costumbre? 

-Recuerdo que Juan Martín Caño, el Presidente de la Federación Madrileña, me dijo que no podíamos con