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Javier Aznar: "Hemos vuelto al zidanes y pavones"

Javier Aznar: "Hemos vuelto al zidanes y pavones"

Escrito por: Jesús Bengoechea20 noviembre, 2020
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Javier Aznar es muchas cosas. Estudió Empresariales pero lo dejó todo por las musas, aunque como se verá no se da por ello mucho crédito. Es el autor de libros tan recomendables como Dónde vamos a bailar esta noche, transidos de una mirada penetrante y a la vez lúdica de la realidad más mundana. Es además responsable de un estupendo podcast, del que nos hablará. Pero es también, del mismo modo que Graham Chapman pasará a la historia como el autor del sketch del loro de Monty Python, la pluma que trazó los hilarantes hallazgos contenidos en aquel (sí, AQUEL) artículo sobre Fabio Coentrao. De igual manera que Charada es la mejor película de Hitchcock que Hitchcock nunca dirigió, AQUEL artículo sobre Fabio Coentrao es el mejor texto de La Galerna que nunca (maldición) salió en La Galerna.

De manera que nos reunimos vía Skype con Javier teniendo muy presente que skype rima con hype. Ningún hype más justificado, si lo hubiere, que el de Javier, y así lo atestiguamos tanto Jesús Bengoechea como nuestro colaborador y enchufado (reconocido por él mismo) su sobrino Gonzalo Gómez Bengoechea, a la sazón amigo de Javier. 

-Nuestra intención es aplicar tu idea de que esto sea más una charla que una entrevista. Así que, de entrada, me gustaría preguntarte por esa filosofía que tienes al respecto, y que es la que aplicas en tu maravilloso podcast Hotel Jorge Juan.

-Mi sensación es, a veces, que las entrevistas se quedan cortas. En las presentaciones de mis libros yo notaba que, por mi manera de ser, ya que soy una persona tímida, cuando comenzaba a romper el hielo, ya tocaba a su fin el encuentro. El podcast te permite, además, sentir la voz de esa persona, que tú notes en que momento se emociona, lo cual otorga más personalidad al encuentro. Tiene una frase Salvador Paniker que me gusta mucho, y que dice que cuando tú entrevistas a alguien esa persona se está reduciendo a tus límites intelectuales. Y a mí no me gusta que sea el entrevistador el que marque por dónde ir, intento que el protagonista sea la otra persona. Poner el foco en ella o en él. Que disponga de su tiempo para explayarse y que pueda, incluso, dudar. Parece que no hay tiempo para dudar hoy en día, siempre hay que tener una respuesta inmediata. Me gusta mucho cuando la gente me dice que en el podcast se “oye” a la otra persona cómo si estuviera pensando. Esos silencios maquinando, buscando la palabra adecuada. Y esos aspectos en la entrevista al uso se pierden.

-Aunque hay un modelo en que el entrevistador asume la iniciativa, que podríamos llamar “el de Jesús Hermida”, hay otros que sostienen que el buen entrevistador es como el buen árbitro, que si lo hace bien no se nota su presencia.

-A mí me gusta que sea la otra persona la que tenga el protagonismo, pero que las dos partes aporten. Que no todo sean preguntas por parte del entrevistador, que también contribuya con respuestas, comentarios… porque así es la vida normal, así es una conversación normal. Cuando quedas con una persona conocida ese es el ritmo. El modo interrogatorio, de extraer las verdades del entrevistado, nunca me ha gustado.

-Luego está el caso contrario que es el de Garci, que no te deja preguntarle, porque va enlazando un tema con otro. -Cuando le entrevistamos, mandamos a cuatro redactores y aun así no había manera de meter baza. Se puso a hablar de fútbol ruso o de fútbol brasileño de los años sesenta… es que es tremendo lo que sabe de fútbol Garci. No sé si mucha gente lo sabe.

-Él ha visto mucho y luego, aparte, es de los que disfruta viendo fútbol. Él es del Atleti pero, de algún modo, es un semimadridista. Garci, además, tiene esa facilidad para transmitir entusiasmo.

-De todas las charlas que has tenido en tu podcast, ¿cuáles son tus favoritas, aparte de tu excelsa conversación con Gonzalo Gómez Bengoechea? 

-(Risas). No me quedo con una en concreto sino con momentos. Con alguna respuesta ingeniosa de Eduardo Sacheri, con esa complicidad que tengo con Jabois, con la brillantez de Héctor Abad Faciolince, con Karina Sainz Borgo y Leti Vila-Sanjuán que son dos chicas que me encanta su forma de ver la vida… Sí que me gustaría destacar a esas personas que son más desconocidas como Eloy Martínez de la Pera, que vino a hablar de Balenciaga y del Thyssen, un tipo con una cultura vastísima. O Diego Garrocho que es profesor de ética. Que son tipos sin redes sociales, o sin mucho peso en ellas, y me alegra que la gente las pueda descubrir.

-Quiero hablar de tu artículo de Coentrao. Te habrán preguntado cien mil veces por ese artículo, pero creo que inventaste casi un género. ¿Te dabas cuenta mientras lo escribías de que estabas haciendo algo muy especial?

-Qué va. Hace poco escribí en Líbero la trastienda de ese artículo. Cuando se lo mandé por mail a mi jefe, le dije “si te parece una locura, no lo publiques. Y te pido perdón por adelantado”. Varias veces me ha ocurrido que cuando he escrito algo que he considerado impublicable, que he pensado que se me ha ido la cabeza, luego ha sido lo que más éxito ha tenido. Me siento un poco como ese músico que le piden siempre que toque la misma canción. “Toca la de Coentrao” (risas). Pero me siento muy orgulloso de estar encasillado en mi papel junto a Coentrao. Es tan extraño y tan bizarro que define muy bien mi vida.

-Esa historia de Fabio ¿es la historia de tu amor por él, o utilizaste al portugués de modo utilitarista? ¿Hay amor ahí?

-Lo escribí en el autobús, volviendo del Bernabéu, después del Madrid-Atleti de Champions que ganamos con gol de Chicharito. Y justo ahí se me ocurrió. Me llegaban tantas historias raras de Coentrao, él es tan personaje... Lo del fumar, lo de que no tenía carnet de conducir y llegaba no se sabe muy bien cómo, que algunas veces se había quedado dormido, lo de las mechas rubias en 2017 que era absolutamente anacrónico, lo de que desaparecía de las concentraciones… Me encantaba que fuera tan excéntrico, pero que compaginara estas rarezas con picos de forma tan altos después de mucho tiempo sin jugar, aquello de salir en una eliminatoria de Champions contra el Atleti y hacerlo tan bien… Me parece un personaje fascinante. Uno de esos héroes de los que no se escriben canciones. Hay gente que entendió el artículo como una burla. Y no, era un elogio sincero. Efectivamente, respondiendo a tu pregunta, era amor.

Coentrao me parece un personaje fascinante. Uno de esos héroes de los que no se escriben canciones. Hay gente que entendió el artículo como una burla. Y no, era un elogio sincero. con fabio empezó todo.

-El artículo es maravilloso porque tiene cosas de Far West. De Western crepuscular. Eso de ir a buscar al héroe a pesar de que está acabadísimo, sin revólver, con un esquijama de estos del Oeste, rodeado de botellas de whisky, y lo despiertan arrojando sobre él un cubo de agua helada...

-Un poco esa era la idea, sí. Hay una referencia a Sin perdón que me gusta que hayas captado. Es el especialista, y da igual en qué estado penoso o etílico se encuentre porque borracho y cojo y viejo sigue disparando más rápido que los demás. Él repetía mucho “¡siete años y una renovación!”, como diciendo: mirad el tiempo que llevo aquí y no me han descubierto. Tenía el síndrome del impostor. Pero luego tuvo momentos de jugar muy bien, incluida una final de Champions por méritos propios. Y nadie se acuerda de él. Yo le pregunto a mis amigos por la alineación de la final de Lisboa y todo el mundo menciona a Marcelo, que fue suplente. Se le achacaba su pertenencia a eso que llamaron el “clan portugués”. Pero la gente fue muy injusta con él. Era un suplente muy honrado, con el que sabías que siempre podías contar

-Era esa combinación, tan contradictoria, de un jugador que podía ser tan competitivo en una final de la Copa de Europa pero que luego aparecía en el banquillo, vestido y con las botas puestas, cuando ni siquiera estaba convocado, para risas de todos sus compañeros y de Mourinho.

-Recuerdo a Zidane diciendo: no sé qué le pasa a Coentrao, está “de lo suyo”. Esas bajadas y subidas tan inexplicables. Esa inconsciencia de dónde estaba.

-¿Hay algún otro jugador sobre el que podrías haber escrito algo parecido? ¿Quizás Drenthe?

-Hay otros jugadores que me parecen fascinantes, como Cassano. Los veinte minutos que dio de un rendimiento óptimo en el Real Madrid me encantó verle jugar. Recuerdo un pase al hueco que le hace a Higuaín, contra el Atlético de Madrid, con los brazos como vendados porque se había hecho un tatuaje. Siempre había dicho que iba a ser Capello el que fuese capaz de resucitar el talento de Cassano, porque le conocía de la Roma. Yo me había montado mi película. O Gravesen, aunque Gravesen ya es demasiado mainstream por la gravesinha, pero recuerdo cuando llegó, fichado por Sacchi, en su primera etapa con Luxemburgo, que yo pensaba “este tipo está como una regadera”. Y efectivamente, era un personaje excéntrico a más no poder. Cuentan que, en una cena de una concentración, Capello le pilló haciendo una broma a Robinho, al que le puso el cuchillo en el cuello como si se lo fuera a rajar, y a Fabio le pareció demasiado inestable para tenerlo ahí. Esos personajes, en general, que el Madrid nos regala de vez en cuando, y que son un poco imprevisibles, pues me divierten mucho, por supuesto.

hay jugadores que me parecen fascinantes, como Cassano. Los veinte minutos que dio de un rendimiento óptimo en el Real Madrid me encan