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Luis Alberto de Cuenca: "El Madrid es Homero y el Barça Proust, o sea, un coñazo"

Luis Alberto de Cuenca: "El Madrid es Homero y el Barça Proust, o sea, un coñazo"

Escrito por: Jesús Bengoechea14 marzo, 2018
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Aquellos viejos tiempos del fútbol en España,

cuando un pase genial de Di Stéfano a Puskas

borraba de un plumazo todos tus sinsabores

de niño solitario, bulímico y neurótico

Tiempos en los que hubieses dado tu alma a cambio

de un balón. Horas muertas corriendo por el césped

imitando a tus ídolos, soñando con jugadas

imposibles que siempre terminaban en gol.

Tardes de los domingos marcadas por el fútbol

que sonaba en la radio. Tardes en que las cosas

eran mucho más dulces si tu equipo ganaba

y mucho más amargas si tu equipo perdía.

Qué te queda de aquello. Viejas alineaciones

que repetir delante de los viejos amigos,

y un nudo en la garganta cuando alguien te recuerda

los años que han pasado.

 

En la vida se puede ser un señor sin por ello renunciar a un punto subversivo, o quizá sea sólo que es precisamente el ser un caballero lo que constituye un paradigma punk en los tiempos que corren. También, en la vida, es posible haber sido Secretario de Estado de Cultura, Premio Nacional de Poesía, académico de la Real Academia de la Historia, filólogo, traductor, ensayista, columnista, crítico, editor literario e investigador, entre otras cosas. Nos citamos en El Espejo, frente a la Biblioteca Nacional cuyo patronato preside: es el sitio donde hay que citarse con los intelectuales aunque sea para hablar de fútbol (resulta que terminamos hablando de muchas cosas más). Es posible que el dandismo exacerbado del local le confiera la suficiente dignidad pasada de moda como para constituir también el cuartel general de la lucha contra la corrección política que nuestro protagonista abraza con entusiasmo. Le llevo una copia de mi libro y el tío me obliga a dedicársela. “Pon la fecha, por favor”. Un (repito) Premio Nacional de Poesía. Lo del pájaro y las escopetas (o lo de Chendo con el túnel a Maradona, que me perdone Chendo) ya no sirven ni un minuto más como metáfora del cambio inesperado de papeles.

P: En una entrevista decías que tu madridismo viene del hecho de haber sido un niño disciplinado que aceptaba las “consignas paternas”.

R: Así es. Uno se hace de un equipo por lo que ve en casa, y a mí mi padre me inculcó un madridismo acendrado y muy profundo. No sectario pero sí profundo. Me uncí a ese delicioso yugo que es el madridismo. Me hice del Madrid no porque viviera una Copa de Europa detrás de otra entre mis 5 y mis 11 años de vida, no por el éxito, sino porque en mi casa se vivían los colores blancos. Mi padre y yo jugábamos al fútbol con botones en un tablero de madera, y los botones buenos eran siempre los blancos, que encarnaban al Madrid.

P: ¿Cómo era ese juego? ¿Puedes explicarlo un poco mejor?

R: Se jugaba con botones (once contra once) que impulsábamos con una ficha plana, haciendo palanca por debajo e impulsándolos. Había botones mejores y peores. Algunas superficies se deslizaban mejor que otras, dependiendo de si eran botones de abrigo, de americana… Mi padre había guardado desde su infancia aquellas piezas de abrigo o pantalón con los que él mismo había jugado, y que representaban a futbolistas del club blanco de los años treinta, como Luis Regueiro y otros ilustres. Mis amigos me preguntaban: “¿Juegas al fútbol con chapas?” Y yo respondía: “No, juego con botones”. Muy poca gente de mi generación jugaba así. Mucha más en la de mi padre. En la vuestra ya nadie, claro.

P: No, yo soy de una generación eminentemente de chapas, mucho más vulgar.

R: Yo era de chapas para jugar a la vuelta ciclista. Vivía en la calle Jorge Juan y me iba al Retiro a disputar el Tour de Francia con mis chapas. Pero en el fútbol reinaba el botón.

P: Has dicho, como de pasada, algo que parece fácil pero seguramente no lo es. Que te inculcaron un madridismo “profundo pero no sectario”. Supongo que la profundidad te puede llevar al sectarismo con alguna facilidad. ¿Dónde está el punto de equilibrio para lograr esa combinación?

R: Se nace con el gen del sectarismo, o con su contrario. No está en mi ADN el ser sectario. En todos los cargos que he ocupado, a la hora de hacer un nombramiento, siempre he tratado de pensar en la persona idónea, no en alguien afecto a un determinado vínculo ideológico. Y esto se lleva al fútbol. Si el Madrid pierde por sus propios deméritos, me parece absurdo, por ejemplo, decir que lo ha hecho por el árbitro. Para mí no tiene ningún mérito no ser sectario. Se es o no es.

P: Hace poco entrevistábamos a tu amigo José Luis Garci y nos hablaba de la necesidad de apreciar el buen fútbol más allá de quién lo practique, es decir, superando el forofismo. ¿Estás también en esa línea?

R: Sí, aunque es cierto que la deriva independentista del Barcelona me ha movido, por ejemplo, a desear rabiosamente que pierda ante el Chelsea. El Chelsea encarna mucho mejor los valores de España que el Barça. También te digo que el fútbol, si no tomas partido por ningún equipo, se sigue con menos interés. Se ve con más vivacidad si tu corazón está con alguno de los dos contendientes.

P: Tienes un precioso poema llamado Political incorrectness, que Loquillo convirtió en canción. ¿Hay incorrección política en el hecho de ser del Madrid? 

R: Creo que todavía no, pero nunca se sabe hasta dónde puede llegar el totalitarismo de la corrección política. Supera los grandes totalitarismos del siglo XX en términos de privación de libertad.

P: ¿La gente del Madrid es mayoritariamente de derechas?

R: Existe esa percepción pero lo desmiente la realidad. El madridismo es transversal. Alfredo Pérez Rubalcaba y Jaime Lissavetzky, compañeros míos del colegio, por cierto, son del PSOE. Si nos vamos más a la izquierda siguen los ejemplos. Mi buen amigo el poeta Luis García Montero, que fue candidato de Izquierda Unida, es un gran madridista. Errejón también es vikingo. Se dice y es mentira que el Madrid fue el equipo del régimen, cuando éste fue el Athletic de Bilbao. Luego Franco se subió al carro de los triunfos del Madrid, pero eso es otra cosa. En cultura (y el fútbol, el deporte, son cultura) no hay ideología, hay calidad. El Madrid ha puesto muchísima calidad en la historia del fútbol mundial. A eso hay que atender.

P: Has dicho en alguna entrevista que sueles ver el fútbol muy tranquilo.

R: Bueno, lo veo tranquilo pero si hay que berrear se berrea. Pregúntale a mi mujer: no le gusta el fútbol pero termina contagiada.

P: ¿Sufres si pierde el Madrid?

R: Me da un bajonazo que dura cinco minutos. Nada más. Cuando era niño sí me deprimía bastante. Todo era más llevadero si tu equipo ganaba y más triste si perdía, como decía mi poema (ver encabezamiento). De adultos, nos sucede sobre todo cuando el equipo ha peleado y lo ha hecho bien pero no ha obtenido recompensa. Eso es muy frustrante.

P: Hablabas de la deriva independentista del Barça. ¿Cómo crees que se siente un señor de Ciudad Real o de Huesca, que ha sido del Barcelona de siempre, ante esa realidad?

R: Yo imagino que continuarán haciendo oídos sordos al aspecto político y fijándose sólo en lo que ocurre sobre el campo, aunque sospecho que habrá habido bajas entre los seguidores culés por este motivo. Lo que pasa es que los fans recientes, captados por el buen desempeño futbolístico, compensarán probablemente estas bajas.

P: Defendiste a Mourinho. Dijiste: “Le dio a la caballerosidad del Madrid una dimensión moderna”. ¿Incluso con su political incorrectness?

R: A mi me cayó muy bien Mourinho porque nos devolvió la dignidad perdida. Hubo un momento en que el Madrid se arrastraba por el campo en los enfrentamientos contra el Barça, y con él reaccionamos a eso. Estábamos impotentes ante el Barça hasta que, con él, dejamos de estarlo. Yo le estoy agradecido por lo que hizo por el Madrid. La chulería de Mou, su desparpajo, me caía simpática aunque sé que muchos, incluido mi amigo Garci, no le pueden ni ver.

P: Hablas de cómo Mourinho saca al equipo de la impotencia ante el Barça y quizá valga la pena recordar, para bien o para mal, dímelo tú, que él forma parte de esa impotencia al principio, ya que empieza por perder 5-0 en el Nou Camp.

R: En efecto, la famosa manita. Él forma parte de ese desastre y aun así consigue levantar los ánimos y los fundamentos futbolísticos del equipo. Es muy hábil psicológicamente. No sé si será muy culto, si habrá leído a Pessoa, aunque no me extrañaría que un hombre tan inteligente sea capaz de disfrutar con el arte y la literatura. No me sorprendería que fuera también un hombre muy cultivado.

P: Entre Mou y Zidane, ¿con cuál te quedas?

R: Me gusta más Mourinho por lo que acabo de explicar. Pero Zidane también me agrada. Me divierten sus ruedas de prensa, con ese español chapurreado a la francesa y su manejo de los vulgarismos en castellano. Tiene por lo demás una lógica aplastante. ¡Y cómo lleva los trajes! No hay un solo conde en Europa que lleve los trajes con el aplomo y la elegancia que luce Zidane. Tiene esa figura arcaica, como de cónsul romano. Y una cara que podría ser la de Jugurta, rey de los númidas. En el sitio de Numancia anduvo Jugurta con Escipión. Luego se pelearían, pero fueron aliados en la meseta soriana, así que tiene sentido esto de que Zidane parezca un poco romano y un poco númida.

Mou nos devolvió la dignidad perdida

P: Pero esas ruedas de prensa de Zidane, que dices que te gustan, son el extremo opuesto a las de Mourinho, que dices que te encantan.

R: Totalmente. Pero es que hay que adaptarse a lo mejor que te ofrece la vida con cada persona. Por eso me gustan las ruedas de prensa de ambos. Como diversión, quizá prefiera las de Zidane, pero es que Mourinho me resulta una personalidad arrebatadora.

P: ¿Tiene, como se dice, peor plantilla el Madrid este año que el año pasado?

R: No cabe duda de que se notan las salidas de Morata y James, pero yo siempre confío en la segunda unidad del Madrid. Se ha visto ante el PSG.

P: Tú has dicho: “Me gustaría que mis poemas se leyeran en estadios de fútbol”.

R: Es que la poesía no es una cosa para que la disfruten cuatro amigos en una habitación. Está hecha para comunicarse con los demás, de modo que el poeta es un portavoz de la comunidad. Qué mejor lugar que un estadio para llenarlo y leer poesía. Se hizo en la Unión Soviética con Yevgeny Yevtushenko, por ejemplo, y funcionó. Aunque es verdad que hay muchos poetas que son herméticos, que practican la incomunicación por sistema, porque creen que dando la espalda a la sociedad se forjan como poetas. Opino todo lo contrario. Opina que la poesía es dar voz a la gente.

P: ¿El fútbol sigue siendo algo intelectualmente despreciado?

R: Ya no tanto. Lo era mucho en el tardofranquismo, junto con los toros. Ambos tenían la consideración de una cosa plebeya que hacía manejables a las masas. Ahora hay muchos intelectuales que son muy futboleros, como