Las mejores firmas madridistas del planeta

Si alguien afirma que el transcurso del tiempo modifica los hábitos comunes y que las costumbres van variando con cada época, muy probablemente será despachado con una mirada de desdén como castigo por resaltar semejante obviedad. Quizá si eres Bob Dylan puedas aspirar a que te regalen un premio Nobel de Literatura por una afirmación similar, pero en cualquier otra tesitura lo más factible es obtener como respuesta una risita de indisimulada condescendencia. Ha descubierto la pólvora el tío este, murmurarán puñados de cejas arqueadas.

Y sin embargo, una cosa es saber algo y otra tomar enteramente conciencia de ello. Uno, rutinariamente inmerso en el marasmo de la cotidianeidad, solo se percata de manera auténtica de cuánto han cambiado los tiempos cuando hace el esfuerzo de echar la vista atrás. Es entonces cuando la observación distraída deja paso al asombro. Los motivos por los que se mira al pasado son siempre de lo más variopintos, y a menudo fruto de la casualidad. No se trata ahora de enumerar toda la diversidad de posibles magdalenas de Proust; al fin y al cabo, esto pretendía ser una columna de basket.

No puedo evitar señalar a la inestabilidad televisiva como el tronco de todas las desgracias

Como aficionado al baloncesto, la causa de mi arranque personal de nostalgia se debió a la fiesta de la Copa del Rey. Por más que pueda parecer un tópico, resulta necesario insistir una vez más en la bendición que esta competición supone para el deporte de la canasta, que recibe siquiera por unos días una porción mayor de la acostumbrada en el reparto de los focos. Precisamente esta condición excepcional, excepción y no norma, es la que me hizo reflexionar acerca del peso mediático del basket en nuestro país. Yo no viví el legendario oasis de los ochenta, tras esa explosión post Los Ángeles 84 a la que tanto aluden los hinchas más veteranos, con baloncestistas rivalizando en popularidad con sus homólogos del balompié, con seguimiento amplio de las televisiones a muchísimos equipos, con horas infinitas de carruseles en las radios… No obstante, sí puedo recordar —de momento, sin que me arda la sangre— lo que un castizo llamaría el estado de las cosas en aquellos noventa y primeros dos mil, con encuentros en abierto en varias etapas, con multitud de reportajes y resúmenes… Sin alardes desmesurados, el baloncesto patrio aún se hallaba presente en la conversación y poseía su hueco; uno no solo conocía a un puñado de jugadores de casi todos los equipos punteros, es que incluso se podía permitir esbozar una media sonrisa cada vez que el locutor Pedro Barthe gemía cuando el Madrid le clavaba un triple al Barça o al Joventut. Puede parecer una anécdota menor, pero cualquier pareja sabe que no existe mayor prueba de intimidad que el compartir bromas privadas. En definitiva, la comparativa con el nivel de afición al basket actualmente existente en España, exceptuando núcleos muy concretos y chispazos coyunturales como la Copa del Rey, produce un prurito de desazón.

Sabonis Joventut

Llegados a este punto, emerge la pregunta que Vargas Llosa le lanzó al pobre Zavalita en Conversación en la Catedral acerca del momento exacto en el que se jodió el Perú. Cada uno tendrá su teoría sobre el particular y casi ninguna estará equivocada del todo: ya dijo Josep Carner que la verdad es una pero suele aparecer rota en mil pedazos. Por mi parte, no puedo evitar señalar a la inestabilidad televisiva como el tronco de todas las desgracias. El hecho de que en lugar de un horario identificable y rotundo haya que hacerse un Excel a la hora de seguir las múltiples competiciones sin saber a qué atenerse, jugando ora tres jueves, ora un lunes, ora un sábado, ora dos miércoles, supone un violento torpedo a la fidelización. Por supuesto, la cuestión pecuniaria de los derechos de emisión constituye otro factor decisivo. Soy consciente de que los productos hay que pagarlos; ahora bien, los partidarios del supuesto mimo que los canales de pago ofrecen al baloncesto también deben asumir las consecuencias mediáticas de su decisión: se elige ser nicho en lugar de tener vocación más abierta, y ahí están los datos de las audiencias. Un amigo un poco entusiasta me insistía siempre en que los mejores años del Madrid de Laso narrados en abierto por un Andrés Montes hubieran hecho del basket el deporte rey en España; es probable que fuese un exceso, pero me temo que a este paso nunca nos encontraremos en disposición de saberlo a ciencia cierta.

Euroliga 2018

Por último, hay que señalar el saqueo perenne que la NBA lleva a cabo sin recato con cualquier talento que pueda representar un banderín de enganche para la hinchada. Si ya resulta algo difícil la identificación al cambiar las plantillas cada dos por tres tras la temporada, la paciencia se pone a prueba hasta límites insospechados cuando cualquier día te pueden desmontar el equipo de un plumazo o llevarse a tus perlas más prometedoras. Por si fuera poco, todo ello no como justo castigo por una mala gestión, sino precisamente por todo lo contrario. Se me ocurren pocos incentivos más perversos, que además reconfiguran la sociología del aficionado y hasta su forma de amar: se deja de apoyar a los clubes para hacer lo propio con jugadores individuales. En otras palabras, se pasa de un mínimo esbozo de filiación comunitaria a la pura idolatría.

Hay que señalar el saqueo perenne que la NBA lleva a cabo sin recato con cualquier talento que pueda representar un banderín de enganche para la hinchada

Los temperamentos menos proclives a la fustigación que lean este texto argüirán, muy probablemente sudando a estas alturas, que si la ristra de problemas e incomodidades es tan grande acaso no tiene demasiado sentido continuar sufriendo. Especialmente ahora, añadirán, que el Barcelona se erige como dominador de las competiciones nacionales, con sangre en el ojo tras largos años de humillaciones, construidos en torno al renegado más talentoso de Europa y dirigidos por un genio táctico e iracundo a un tris de entrar en trance de pura rabia cuando sus pupilos dejan respirar un instante a nuestros chicos. Quizá, concluirán, sea el instante propicio para dar un paso al lado, descansar, y dejar cocerse a ese bello deporte en el guiso de la asobalización al que irremediablemente parece abocado.

Quiá.

Doncic

Basta con observar un segundo los rostros en la derrota del domingo de Tavares, de Rudy, de Laso, de Taylor, del imberbe Abalde, de ese dolorosísimo Llull crepuscular, para disipar todas esas zarandajas. El deporte europeo, a diferencia de su reflejo norteamericano, aún no está impregnado del todo del paradigma del homo economicus, too many drugs, muy poco espíritu. E incluso aunque el estado vegetativo del baloncesto no NBA tenga carácter irreversible, el Madrid está obligado a lamerse las heridas, a rehacerse y a superar todas las dificultades anteriormente mencionadas y cualquier otra que se presente. Y sin duda, antes o después, es lo que hará. Porque puede que los tiempos estén en constante cambio, pero la esencia irredenta del Madrid siempre permanece. Y es esta inmanencia la que nos permite reconocerlo idéntico, a través de o por encima de la nostalgia, como ese íntimo acompañante vital que a la larga nunca nos falla.

 

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Toda derrota, como se sabe, es un pequeño apocalipsis para el madridista. Si se trata de la Copa de Europa las cosas adquieren la dimensión de un crimen pasional. Ha pasado una semana desde el PSG 1 - 0 Real Madrid y a Dios gracias el equipo de Ancelotti sacó adelante con buena cara el inmediato partido en casa frente al Alavés. De las conclusiones que en frío se pueden extraer del partido del Madrid en París del martes pasado la más importante a mi juicio es la de la velocidad, que es el concepto que ha marcado la degeneración del dominio español sobre los demás clubes europeos. La pérdida, en este caso, de velocidad en todos los niveles del juego, la ausencia de velocidad tanto de pensamiento como de piernas, circunstancias que suelen ir unidas. Si el Madrid perdió en París fue fundamentalmente porque parecía que había dos de azul por cada uno de blanco y el regusto fue semejante al que dejó lo del Chelsea de no hace tanto, una mezcla indefinible entre impotencia, frustración y amargura.

Kroos Chelsea

La velocidad es importante en la vida, aunque no siempre. Si uno está corriendo un encierro en San Fermín, por ejemplo, o huyendo de los Dominican Don´t Play, tener velocidad o no tenerla puede ser la diferencia entre acabar con el torso como un coladero o mantener intactas todas las partes del cuerpo. Los futuristas afirmaban que la velocidad era una nueva belleza que enriquecía desde la revolución industrial “la magnificencia del mundo”: la velocidad era la lanza con la que el hombre del futuro atravesaría todas las capas de la tierra. La familia de Marinetti era lombarda, por eso en el fútbol fue el Milan de Sacchi el que estableció un nuevo paradigma dejando claro que la velocidad es la ventaja tecnológica decisiva. Quien además logra combinarla con la precisión tiene entonces la llave del tesoro, aunque eso es tan difícil que se requiere contar con futbolistas excepcionales. Los tuvo el Barcelona con Guardiola. Los tuvo el Madrid de Zidane. Ambos equipos han escrito la historia de este juego en lo que va de siglo.

La conclusión más importante del partido del Madrid en París es la pérdida de velocidad en todos los niveles del juego

Pero el fútbol del Madrid en 2022 es un fútbol paquidérmico, lento, pesado. El PSG, con centrocampistas muy inferiores a Kroos, a Modric y a Casemiro, se impuso sin embargo en esa faja del campo que inclina los partidos. Lo hizo por pura superioridad física, por su capacidad para elevar el ritmo de los choques, de las transiciones, de la presión. La CMK es el caparazón de la testudo que obliga, por inercia, a jugar al Madrid al paso de una formación tortuga. En la Liga sirve porque la diferencia entre esos tres con respecto a todos los demás es cósmica, pero en Europa la cosa ya no alcanza, parecen la caballería polaca lanzándose a pecho descubierto contra los panzers alemanes. Sin un exocuerpo que los acompañe, que los ponga en la órbita del ritmo actual, este triunvirato de jerarcas absolutos, los mejores centrocampistas de la historia del club, sólo pueden aspirar a controlar el juego metiéndolo en formol. Puede funcionar a veces porque son buenísimos, pero como plan para las grandes ocasiones requiere un cúmulo de circunstancias y, sobre todo, un aparato táctico a su alrededor que debe estar muy sincronizado, más afinado que un stradivarius. Zidane lo consiguió el año pasado y llevó al Madrid de vuelta a semifinales, pero la cosa tiene un punto cada vez más evidente de agonía, de finitud.

¿Hora del relevo de la CMK?

El mismo martes por la mañana pasó por Twitter un vídeo del gol de Marcelo al PSG en la ida del último enfrentamiento en eliminatorias entre los dos equipos, febrero del 2018. El vídeo es especialmente bueno porque muestra toda la secuencia del gol, desde su génesis hasta que Marcelo recorre la banda celebrándolo. Es un gol que resume la apabullante superioridad que había alcanzado aquel equipo que por entonces era bicampeón de Europa y que caminaba hasta su tercer título consecutivo: Bale y Asensio, los dos desde la derecha, hacen bascular a todo el Madrid pivotando sobre Kroos y Modric y haciendo verdad lo de Arquímedes: dame un punto de apoyo y moveré el mundo. Es una secuencia preciosa, el Madrid se balancea como una ola de espuma blanca, elegante y afilada. Reducen al PSG a la nada, liliputienses persiguiendo sombras, enanitos azules impotentes. Es la jugada de la Decimotercera, el Madrid vence así al Bayern en semifinales y desnuda al Liverpool de Klopp en la final con el mismo compás que parece lento pero que no lo es, que es rapidísimo y sobre todo que tiene esa cosa que tenía el Barcelona de Guardiola de jibarizar el alma del contrario, que ve pasar la realidad ante sus ojos con la misma capacidad que tiene la vaca de parar el tren que pasa a trescientos kilómetros por hora delante de su cara. Un tren que parece congelarse en su movimiento pero que va a toda pastilla, esa es la magia. La jugada, en la izquierda, acelera. No lo hace de forma impactante, no hay ningún tío que salga corriendo. Entre Marcelo, Asensio y Kroos centrifugan el dispositivo defensivo del rival intercambiándose las posiciones, trazando desmarques diagonales, rompiendo por dentro y llevando la pelota hasta las barbas del portero como lo haría un equipo de adultos burlándose de un equipo de niños.

https://twitter.com/MediaVarArchivo/status/1493274982343921673?s=20&t=F_Qd5Y4tHoWj5FHSj4GtaQ

Todo lo contrario ocurrió en el Parque de los Príncipes. Los jugadores eran prácticamente los mismos. Sucedía que la CMK, con cuatro años más que entonces, trataba de conservar el aliento bajándole el diapasón al equipo. Asensio ya no podía ejercer de engarce precioso entre el rombo central y las bandas; no existía un imán en punta que fijase la atención de los defensas del PSG, como entonces hacía Ronaldo, y Vinícius, desconectado del motor del equipo, parecía un torero detrás del Telón de Acero. La clave, como entonces, era la velocidad. El Madrid carecía de ella y por lo tanto la precisión perdía asimismo su cualidad diferencial. De hecho, suele pasar que cuando un equipo es superado en intensidad, cuando no puede desasirse del control por parte del adversario y cuando el balón no le dura demasiado en su poder, lo primero que se le escapa volando es la precisión en los pases, condición sine qua non de manejar un partido. Con la pérdida de precisión viene la desesperación, individual y luego colectiva.

El Madrid carecía de velocidad y por lo tanto la precisión perdía asimismo su cualidad diferencial

El PSG sometió al Madrid por gegenpressing, que es más o menos por lo mismo por lo que el Madrid no pudo meterle mano al Chelsea en mayo del año pasado, en semifinales. Es la razón que explica el desplome del fútbol español con respecto al inglés en los últimos tres años. Los últimos tres campeones de la Liga española, Barcelona (2019), Real Madrid (2020) y Atlético de Madrid (2021) fueron eliminados de la Copa de Europa por un equipo inglés en la temporada en que campeonaron aquí. Mientras España bajaba el nivel y se “sudamericanizaba”, Inglaterra imponía por fin el “estilo Premier” refinado, eso sí, con lo mejor que el capital americano y arábigo ha sido capaz de comprar en Italia, en Francia, en Alemania, en Brasil, Argentina y por supuesto, en la propia España. Klopp, Guardiola, Tuchel, Emery, Sarri o Conte han multiplicado el “capital humano” de la liga inglesa que ya habían cimentado antes Mourinho, Ancelotti, Wenger y Ferguson. Al mismo tiempo, España perdía a Cristiano Ronaldo y a Messi, perdía la hegemonía que ambos representaban, perdía el combate universal a muerte que alimentó la imaginación y la potencia narrativa del campeonato español durante diez años. Todo esto tenía que notarse de alguna manera.

Hay dos futbolistas en el Madrid que se antojan imprescindibles: para competir contra el PSG: Vinícius y Valverde

En estas condiciones hay dos futbolistas en el Madrid que se antojan imprescindibles: para competir contra el PSG: Vinícius y Valverde, la doble uve de velocidad y de vértigo, una auténtica pastilla de viagra para el cuerpo anciano de un equipo oxidado por el peso de los años. Podría haber más: Camavinga o Ceballos son centrocampistas por hacer, mediohombres, pero que corren tanto como Paredes o Verratti, pero tampoco conviene elucubrar. Los que tienen posibilidades reales de cambiar las cosas en la vuelta, sin Casemiro, son los dos primeros, sobre todo Valverde, que dispararía a Vinicius sobre todo vinculándolo al equipo, pues en París era un islote a la deriva en medio del océano. Con Valverde el Madrid se ensancha y respira, abre los pulmones y desplaza la orilla del mar hasta donde está Vinicius, que en París estaba obligado a tirarse al vacío cada vez que Kroos, para tomar oxígeno, le enviaba un melonazo al cielo. La baja de Casemiro puede ser una oportunidad y Carletto sabe convertir las amenazas en oportunidades: me viene a la cabeza su planteamiento en la vuelta de cuartos ante el Atlético, 2015, sin Modric, ni Bale, subiendo a Ramos al puesto de 5. En marzo de 2022 tendrá que afrontar una circunstancia parecida, reinventar el centro del campo. Los riesgos son enormes porque Neymar y Mbappé tendrán praderas fordianas a la espalda de los carrileros del Madrid, obligados, qué menos, a intentar invocar a los ecos espectrales del Santiago Bernabéu. Pero la ganancia, por supuesto, también es enorme.

 

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Kylian, ten piedad

 

Si será tremendo el Madrid que entre charla y charla con Putin apareció Macron para pedirle a Kylian que se quede en París. También lo hizo Anita Hidalgo, la gaditana alcaldesa de la ciudad.

¿Si me imagino a Sánchez y a Almeida…? Bueno, Almeida mediante la cosa sería que terciara para que se arreglen Simeone y Joao Félix. Cada uno tiene su pedrada, todas respetables. ¿Sánchez? Está tardando en poner el Falcon a disposición, ahí no sería ‘ná’ ver bajar a Kylian del Falcon decorado para la ocasión con un escudo del Madrid en la puerta. Y en tierra, una brigada de peñistas, hembras y machos, presentando armas. Bien enfilados, escrupulosamente limpios al mando del Buitre. Sonarían La Marsellesa y las Mocitas Madrileñas. Jo, es que lo veo.

Si será tremendo el Madrid que entre charla y charla con Putin apareció Macron para pedirle a Kylian que se quede en París

Total, que Francia aprieta y no se descarta un comunicado del coro del Moulin Rouge a pachas con el responsable de los ferrocarriles franceses, el comité de empresa del Louvre, una portada de Charlie Hebdo… Mbappé, cuestión de estado en la République. Mayormente porque le metió un gol al Madrid. El Madrid desquicia, ‘quícir’.

A mí me fascina el teléfono el muchacho. Guasap del jeque va, guasap del presidente viene. Guasap de Florentino, de Benzema, súmenle los de la familia, su señora madre que es de armas tomar por lo visto: “¿Vienes a comer, enfant?” Y así todo el día. Ese teléfono deberá guardarse en la sala de trofeos del Madrid, llegado el caso.

Mbappé teléfono

¿El enfant? Debe pensar lo que yo, que ya podría ser la Champions como la Europa League, que en una semana sales de dudas. En ocho días, la ida y la vuelta, te liberas. Muy divertido eso de que cómo le recibirá el Bernabéu. Si hubiera sentido del humor colgaban esta pancarta: Kylian, ten piedad.

Estas situaciones, y casi todas en la vida, hay que tratar de vivirlas entre risas. Servidor en situación parecida agradecería que me recibieran así, reinando el cachondeo. Tristes, ‘enfadaos’ y coñazos, esos tipos que se ponen trascendentales hasta para explicar un 4-2-4, ‘go home’ o como se diga en francés. Alegría. ¡Pues cómo le van a recibir! Con el culito apretao, como debe ser.

Ya hablaremos de aquí a entonces, pero les adelanto lo que creo fundamental. Entre el 0-0 que se cantaba y el 1-0 final va poca diferencia. Sí, claro. Mejor ganar que otra cosa, lo de perder y dar saltos de alegría, el Barça, que para eso es un ser superior, él sí. No. La eliminatoria tiene una sola duda: si el Madrid será el Madrid y no la sombra que fue en París. Del PSG no espero un partido malo, hay que ponerse siempre en lo peor. Un PSG tipo Brasil de Pelé. Lo que sí espero es un partido del Madrid bueno. Y si eso sucede, y por qué no, cualquier cosa será posible.

Muy divertido eso de que cómo recibirá el Bernabéu a Mbappé. Si hubiera sentido del humor colgaban esta pancarta: Kylian, ten piedad

Y otra: entiendo la táctica, la estrategia, todas esas historias que explican los entrenadores para convencernos de que saben cosas que los demás no imaginamos. Inventando creen que justifican sus sueldos. Pero que al Madrid le fue históricamente bien cuando salió a por uvas no admite discusión. Al Madrid se le imagina y tolera perder sangrando, hacerlo conejilmente, pues no. Algo así pasó en la final de baloncesto. Tras un buen primer cuarto, servidor esperaba un Madrid desatado. Pues tampoco. Cosas.

A todo esto, la Liga continúa jugándose y el Madrid recuperó al Sevilla los dos puntos que se dejó en Villarreal. Otra vez seis. Y ahora, a Vallecas. Y luego, la Real en casa, visita a Mallorca y el Barça. Todo eso hasta el 20 de marzo. Cuatro jornadas como muy decisivas: si suma de 10 puntos para arriba, vayan vallando la Cibeles. Si es que queda alguien al mando, claro.

Aubameyang, tres

Goles. O dos, que andan discutiendo sobre si fue gol suyo o de Pedri. Un tipo con gol, el muchacho del abuelo abulense. Buen delantero. Y el fútbol: un tío que no valía para el Arsenal sí vale para el Barça. El fútbol.

Frivolité de Suárez

El golazo del uruguayo en Pamplona certifica que los delanteros nunca mueren. A Hugo Sánchez le pones hoy un rato y te marca de chilena, seguro. Razas aparte son. Ganó el Atleti, despejó fantasmas.

Darder

Darder y el Athletic

El Espanyol estuvo a segundos de sumar cuatro puntos, cuatro, ante Barcelona y Sevilla. Al mando del chico Darder, un exquisito. Quizá el MVP de la jornada. Jugó y marcó. La segunda parte del Athletic en su derby fue de MVP colectivo. ¡Qué manera de ganar!

La foto: si Marco sonríe…

Al Madrid le va bien. Como ante el Granada, un zapatazo suyo abrió el marcador para un Madrid al que le empezaban a entrar las prisas. ¿Que mandó callar? Sí: un minuto después de arreglar un error con un golazo. A mí me pareció lo destacable. Quizá me equivoco…

Mira, chato (X)

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Buenos días, amics. La primavera se acerca a pasos agigantados, incluso no se descarta que en algún Corte Inglés ya lo sea, o que sea verano, incluso. Y una de las consecuencias de la llegada de esta estación es la floración, cuyo paso previo es la proliferación de capullos. Por lo tanto, no se preocupen si ven más de los habituales.

Ayer no fue un buen día en baloncesto, el Madrid perdió la final de la Copa del Rey frente al Barcelona. El comienzo del partido fue bueno, con una espléndida defensa que permitió llegar al final del primer cuarto con un 19-5 a favor. Pero el Barça se fue acercando hasta que consumó la remontada en el último cuarto.

Como es habitual, hubo decisiones arbitrales surrealistas, varias con Mirotic de por medio, para no perder las costumbres. Con independencia de ellas y de su importancia en el resultado final —pitaron una falta de Deck a Mirotic con empate a falta de 33 segundos bochornosa, entre otras cosas—, el Madrid se quedó solo en 59 puntos y cometió errores que no puede cometer si quiere ganar al Barça. Podéis leer aquí la crónica de la final de José Luis Llorente Gento.

En fútbol la cosa fue mejor, el Madrid amplió su ventaja a 6 puntos porque el Sevilla empató frente al Espanyol y, además, pierde a Koundé y Ocampos para el derbi frente al Betis, como indica Marca en su portada.

Portada Marca

Sin embargo, la portada de los de Gallardo es para el cuarto clasificado —empatado a puntos con el quinto—, un equipo que lucha por clasificarse para la Champions y que no es otro que el inigualable, el maravilloso, el precursor del futbol moderno, el Barça de Xavi Hernández.

En el Barraco (Ávila) no escasean las cabras, la ganadería caprina es una actividad económica a tener en cuenta en la zona y tal vez de ahí, de la observación del comportamiento de la cabra en el monte debido al origen abulense de Aubameyang, provénganle al gabonés las dotes físicas que le capacitan para realizar cabriolas como la de fotografía que ilustra la primera plana de Marca. Portada que, todo sea dicho, les ha quedado bastante culé. A pesar de ese “El Madrid se escapa”, el aficionado madridista que dando un paseo matinal se tope con un quiosco y observe el Marca, hoy no se sentirá tentado a adquirirlo.

Quien posiblemente sí compre el Marca de hoy es el hincha atlético o el seguidor del Valencia. El seguidor medio del Atleti porque es como el tipo pusilánime que presume de las hazañas de su cuñado —ya que él no tiene nada de lo que presumir—, que no es otro que el Barça, el clásico fanfarrón vedehúmos. Por lo que a un buen atlético le encantará esta portada que rebosa culerío por arriba, con el baloncesto, y por abajo, con el fútbol.

Decíamos que al valencianista también le gustaría la portada de Marca. Seguro que ayer celebró en lo profundo de su ser la derrota por 1-4 que le infligió el Barça, con algunas decisiones arbitrales también bastante grotescas. Ved este fuera de juego, por ejemplo:

Fuera de juego Valencia Barça

Tras digerir estas imágenes, cualquiera podría pensar que la afición víctima del robo habríase encabritado y agarrado tremendo enfado. Pues naranjas de la china, porque del mismo modo que se acerca la primavera, que la velocidad de la luz en el vacío es 299.792.458 m·s-1 y que la primera amarilla de un partido es siempre para el Madrid, el Valencia solo pone el grito en el cielo cuando pierde contra nosotros, tenga o no tenga motivos para ello. Nos hemos ido ver la portada de Superdeporte por si había algún improperio de los que suelen dedicar al Madrid antes y después de perder contra él, y encontramos esto:

Portada Superdeporte

El valencianista medio, muy metido en su papel de valenciano e influido por el gran Chimo Bayo, ve las derrotas frente a Madrid y Barça y dice: exta sí, exta no, esta me gusta, me la como yo. Se zampa la del Barça sin decir ni mu y además le gusta, aunque le hayan tangado. Experimenta un éxtasis caprino similar al de Aubameyang cuando marca. Tras las derrotas frente al Madrid se queja hasta de los aciertos.

La portada de Marca es tan culé que es la misma que la de Mundo Deportivo. Mirad:

Portada Mundo Deportivo

Por lo tanto, no añadiremos más a lo dicho.

Portada Sport

La de Sport también es bastante parecida, aunque la maquetación es diferente y la foto de portada capta un instante diferente del vuelo cuasi caprino con el que Aubameyang celebró uno de sus goles.

No obstante, es normal que celebren por todo lo alto la victoria, porque gracias a ella pueden mantener la distancia de 15 puntos con el Madrid en Liga.

La verdad es que la foto es bastante representativa del Barça actual: está patas arriba y además lo celebran. Como una cabra.

Portada As

Nos despedimos con As, que opta por resaltar el primer ATP 500 que gana ese fabuloso tenista llamado Carlos Alcaraz, y que le sirve para entrar por primera vez en el Top-20. 18 añitos tiene. Menudo futuro le espera.

Pasad un buen día y no hagáis el cabra.

El Real Madrid tenía que subir un escalón más para conquistar la Copa y, desafortunadamente, sólo lo hizo en defensa. El ataque careció de la fluidez necesaria en la segunda parte, en la que aparecieron, además, errores en los tiros libres y fallos de comunicación que regalaron dos canastas de dos más uno a Jokubaitis. El comienzo fue fantástico, pero la carencia de un base nato y de un tirador puro, así como la ausencia de Causeur, lastraron la efectividad ofensiva ante un rival que mantuvo la calma y se superó con el paso de los minutos.

Por fin, el equipo de Laso mejoró el inicio de sus últimos enfrentamientos, consciente de que el Barça saldría con su nivel habitual de fuerza, rapidez y contacto. El planteamiento de Laso fue original y efectivo, con Tavares en el banquillo y un equipo preparado en defensa para contraerse y extenderse, así como para cambiar de defendidos en cualquier movimiento desfavorable. Con este planteamiento y el dominio en el rebote, el Barcelona se aturdió los primeros ocho minutos en los que sólo anotó una canasta.

El Real Madrid tenía que subir un escalón más para conquistar la Copa y, desafortunadamente, sólo lo hizo en defensa

El dinamismo madridista aún mejoró con la entrada en acción de Rudy Fernández, dando otra muestra de ser el mejor defensor español —al menos— de siempre, el mejor que uno haya visto por estos lares. Ante la sorpresa generalizada, el primer cuarto terminó con un inesperado 19-5.

El ritmo del partido se enlenteció poco a poco hasta convertir el segundo cuarto en un espeso pantano en el que primero se hundieron los azulgrana y después los madridistas, en los minutos previos al descanso. Cuando los jugadores se fueron a reposar y los entrenadores a pensar, el marcador era insólito para la ocasión y la calidad de los contendientes: 29-18

Tavares

El encuentro era tenso, durísimo, sin pausa ninguna ni tregua a la vista, con defensas muy cerradas, que sólo la inteligencia de Calathes y el talento individual de los blancos, alternativo, tenían la capacidad de romperlas. Era difícil adivinar cuál sería el destino del enfrentamiento, pues era inevitable que la ofensiva del Barça fluyera después de tantos minutos de sequía, y tampoco el Madrid pareció muy inspirado antes del descanso.

El Barcelona se acercó por su acierto en el triple y los fallos propios en el tiro libre

Si el partido fue duro en su primera mitad, se volvió diamantino en la segunda. Cada punto valía oro y muchos buscadores intentaban impedir que nadie lo consiguiera. Tras unos primeros minutos de aturdimiento madridista, el equipo se centró con las mismas armas que en el comienzo, aunque el Barcelona se acercó por su acierto en el triple y los fallos propios en el tiro libre. Jasikevicius y Laso jugaban al ajedrez, mientras sus piezas humanas se despellejaban en pos de la victoria

Y el Barcelona empató a falta de 8 minutos. Partido nuevo al que el Madrid llegaba más parado y con el peso de los tiros libres fallados. Mal panorama. Abalde se atascó, y con él, el juego estático de sus compañeros, así que el entrenador blanco buscó el ingenio de Heurtel, que cumplió en esta faceta, aunque hizo flojear la defensa. La igualdad siguió hasta el final, en el que el Madrid pagó los errores ya citados más arriba. Si queremos ver la cara positiva del partido, el Madrid ha jugado de tú a tú, aunque ha vuelto a perder por una acumulación de errores evitables. También, que el equipo mejorará cuando mejoren Deck y Thompkins, si bien, de forma nítida, las carencias irremediables se han vuelto a asomar. Compensarlas es la labor que tienen Laso y su equipo por delante.

 

Fotografías: @RMBaloncesto

Aperitivo de gran sabor de boca a la hora del vermú. El Real Madrid infantil trae a casa la 8ª Minicopa Endesa de baloncesto (récord) en una matinal muy entretenida jugada ante el Cajasiete Canarias. El pabellón presentaba una gran entrada y el arbitraje corría a cargo de colegiados ACB.

Impresionaba tener enfrente a todo un portento físico, el chaval congoleño de 13 años, Lipasi, 2 metros de estatura y unos brazos interminables, que venía de recoger nada menos que 31 rebotes en la semifinal ante el València.

Tras un 19-6 inicial, con mención especial a Marcos Zurita, especialista como Juanma Iturriaga en bandejas al contraataque, los canarios infligieron un parcial de 0-15 que les puso por delante nada más empezar el segundo cuarto.

El puertorriqueño Felipe Quiñones clavó un triple imposible para frenar a los tinerfeños, y al poco le acompañó Max Haro para poner un 29-23 en el marcador. El ritmo, como suele pasar en estas categorías, era infernal, con ataques de apenas 12-15 segundos, mucha precipitación y escasas faltas cometidas. Babel Lipasi sujetaba a los suyos, reboteando sin piedad en la canasta contraria e intimidando a los blancos como 5 impenetrable. Intercambio de canastas antes del descanso para dejar un 35-31 que mostraba una cierta superioridad merengue.

Real Madrid baloncesto infantil

Quiñones empezó el tercer cuarto machacando con su tiro exterior, mientras que el Cajasiete se mantenía con vida merced a Lipasi y a la aportación anotadora de Pascua.

El roster de los de David Sánchez se veía superior a los isleños pero Lipasi —jugador a fichar de inmediato por el Madrid— seguía llevando todo el peso defensivo y ofensivo de su equipo. Partido igualado por entonces, con muchos nervios y fallos en el tiro por ambos bandos. Manu García y Quiñones mantenían una pequeña ventaja para los blancos antes de empezar el último cuarto.

Al Real Madrid le costaba un mundo anotar, debido sobre todo a la intimidación que suponía en cada ataque la presencia del congoleño. Apareció de nuevo la figura de Manu García en un 2+1 que cortaba la racha anotadora del Cajasiete. 51-50 a falta de 7 minutos para el final.

Cada balón dividido era peleado hasta la extenuación, el espectáculo era digno de ser contemplado por la garra de los dos finalistas.

Triunfo en la Minicopa ACB

Manu García siguió con su racha espectacular en tiros de dos, con un triple decisivo y un robo más asistencia a Quiñones que supuso un 61-54 a falta de poco más de tres minutos. Zurita anotó un triple tras una mala racha de tiro. Babel Lipasi ya llevaba 32 puntos anotados, más una veintena de rebotes.

Nuevo triple del Madrid y la resistencia canaria —representada por Lipasi, jugador excepcional en todas sus facetas— ya acababa por doblar la rodilla ante el mejor juego de equipo de los madridistas, con mención especial para Zurita, Manu, Quiñones y Max Haro, estupendamente dirigidos por el joven entrenador David Sánchez. Resultado final 73-66.

De nuevo, la cantera merengue se lleva un título, y además prestigioso, no en vano alguno de los ganadores de esta copa en años anteriores ya están jugando en la NBA (el gran Luka Doncic y Garuba), o forman parte de la plantilla del primer equipo, como Juan Núñez.

La opinión es subjetiva por definición, y la elección del mejor jugador del partido en un deporte colectivo como el fútbol no es un juicio apodíctico, sino más bien asertórico. Por no entrar en detalles acerca de la capacidad valorativa, tino y estado general de quien lo emite, en este caso, servidor.

Tras esta digresión pedante, comunico a ustedes por medio de estas líneas dos cosas: primera, que el artículo no va a mejorar, como sí hizo el Madrid ayer tras el descanso; y segunda, que destaco como Man of the match del Real Madrid-Alavés a Vinícius José Paixão de Oliveira Júnior, conocido futbolísticamente como Vinícius Jr. o simplemente Vini.

Vinícius chuta frente al Alavés

Tras salir con vida del primer tiempo —yo, no el equipo, aunque también— y presenciar una buena —aunque solo sea por comparación— segunda parte, tres eran las opciones manejadas para el presente galardón.

Podría haber elegido a Marco Asensio, su nuevo golazo desobstruyó el encuentro y quién sabe si tal vez sin él se hubiese terminado ganando. Se trató de un gol que poco tuvo que ver con nada salvo con la capacidad salvaje de Marco para golpear con fuerza y precisión el balón, de ahí que la responsabilidad y el mérito sean absolutamente suyos. Asensio recuerda en un aspecto a Martín Vázquez: su carácter poco ardiente lastra cualidades futbolísticas que habrían brillado más de haber poseído un temperamento más entusiasta. Pero, como decía Camacho: “Esto es como si mi abuela fuera mi abuelo, pues sería todo al revés: mi abuelo sería mi abuela y mi abuela, mi abuelo”.

Podría haber elegido a Marco Asensio. También podría haber optado por Modric y Valverde como Men of the match

También podría haber optado por Modric y Valverde como Men of the match. Ancelotti alineó a Fede en lugar de Kroos, un solo cambio en el once que puede parecer poco, pero para un Carletto que tiene más inercia que un Seat 1500 cargado de melones descendiendo Despeñaperros no es poco. Parafraseando a Mariano Rajoy, podría afirmarse que un cambio para Ancelotti no es cosa menor. Dicho de otra manera: es cosa mayor. La jugada le salió bien a Carlo, principalmente porque se ganó 3-0. El empuje vertical continuo de Valverde unido a la segunda parte meritoria de Modric —casi asistencia sin tocar el balón incluida— fueron el motor de la mejoría madridista.

Valverde frente al Alavés

Sin embargo, el elegido para el galardón galernauta que señala el Man of the match es Vinícius. El espíritu irredento del brasileño es digno de elogio. Tras una primera mitad de temporada majestuosa, el rendimiento de Vini mermó, quizá por agotamiento, quizá porque nadie es capaz de mantener el máximo nivel siempre. Lo que no disminuyó —ni ha disminuido nunca— es su propósito de participar, de hacer, de luchar y de arriesgarse.

Vinícius lleva varios partidos chocando contra los rivales porque no le salen los regates, chocando contra los árbitros porque no le señalan las faltas y chocando con el gol porque la pelota no entra. La primera parte del Real Madrid-Alavés no fue diferente, pero en la segunda mitad volvimos a ver al Vinícius que se mete al Madrid en la mochila y lo lleva en volandas monte arriba contra viento y marea y, en no pocas ocasiones, contra la propia apatía del equipo.

Aunque tal vez el principal motivo para nombrar a Vinícius Man of the match sea que gracias a su gol, la exquisitez de Benzema que alberga la jugada previa, la más bella del encuentro, no caerá en el olvido.

 

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Buenos días. Dicen que nunca segundas partes fueron buenas. También dicen que el origen escrito de esta expresión proviene de, precisamente, la segunda parte del Quijote. El guasón de don Miguel de Cervantes se autoparodió y escribió por boca del bachiller Sansón Carrasco: —Sí promete —respondió Sansón—, pero dice que no ha hallado ni sabe quién la tiene, y, así, estamos en duda si saldrá o no, y así por esto como porque algunos dicen: «Nunca segundas partes fueron buenas», y otros: «De las cosas de don Quijote bastan las escritas», se duda que no ha de haber segunda parte. Pues bien, este Madrid de Ancelotti no está de acuerdo con la expresión y ha decidido que segundas partes siempre fueron buenas.

La primera parte del Real Madrid-Alavés fue otra apología del sopor, un homenaje al Día del Éter, aquel que es considerado como el del nacimiento de la anestesia. Los blancos salieron más despiertos que en los últimos encuentros, con más ganas, pero el ímpetu apenas duró unos minutos, lo que tardó en hacer efecto el éter y adormecer al equipo. Como el éter es etéreo (no estéreo, eso son los pitos, ojo) se propagó a las gradas y anestesió a los aficionados que asistían como un ejército de maniquíes al soporífero encuentro que estaban presenciando.

Bien es cierto que los partidos duran noventa minutos, que los equipos pequeños en el Bernabéu se cierran y obligan a una labor de desgaste al Madrid que a menudo comienza a dar sus frutos en el último cuarto del encuentro, pero también que la paciencia del hincha es finita.

El comienzo de la segunda parte no auguraba una mejora considerable y la anestesia comenzaba a dejar de hacer efecto, por lo que la granda empezó a mostrar su disconformidad con el juego del equipo. Así, entre pitos y flautas —y tras un error grosero que casi supone un gol en contra—, Asensio sacudió otro zambombazo a la escuadra y despertó al paciente, al equipo médico y a todo el madridismo con su jarabe de gol, como dice Marca en su portada de hoy. Marco vive un momento paradójico en el que desespera al aficionado y a la vez desatasca los partidos que parecen irresolubles. La zurda de Asensio tiene la capacidad de hacer que llueva en el desierto, aunque el conjunto no termina de saciar la sed del aficionado.

Portada Marca

Tras ese despertar, el Madrid mejoró de la mano de la sutilidad contundente de Modric y la contundencia sutil de Valverde. Vinícius se sumó a la fiesta y, cuando nos quisimos dar cuenta, el partido terminó con un resultado de 3-0. Se volvió a cumplir aquello de que, para este Madrid de Ancelotti, siempre segundas partes fueron buenas. Podéis leer aquí la crónica de Ramón Álvarez de Mon.

Portada As

As se centra en Asensio y su gesto al público tras marcar el golazo del día. Marco se dirigió al respetable para indicarles que animaran y dejaran de pitar al equipo. Para unos, este comportamiento no fue correcto. Para otros, Marco tuvo una actitud torera, un “aquí estoy yo” necesario que se le lleva reclamando varias temporadas.

Portada Mundo Deportivo

Si el Madrid de los últimos partidos y de la primera parte de ayer anestesia a su afición, el Barça ha lavado directamente el cerebro a la suya con los embustes que todos sabemos sobre los cuales ha edificado su relato. Lo que ocurre es que de vez en cuando, como el adicto que experimenta un momento del lucidez, ven fugazmente la realidad y, como ha hecho Mundo Deportivo hoy, la plasman en la portada: “Urge ganar”. Para un equipo como el Barça urge ganar siempre, no ahora. De hecho, ganar es lo importante, no la fruslería que venden a los incautos compradores de discursos huecos. Xavi también ha visto la luz por un segundo: “Vencer es fundamental”. Aquí en Madrid nos dimos cuenta de ello allá por 1902 aproximadamente.

Portada Sport

Tal vez en Sport en lugar del partido del Madrid viesen un DVD con los mejores momentos de Rocío Carrasco en Telecinco, porque escriben: “El Madrid gana muy fácil ante un flojo Alavés”. ¿Muy fácil?

Pero claro, luego ves la fotografía de portada, la de Ferran Torres, un futbolista del Barcelona que juega un partido de Europa League con una camiseta sin escudo ni marca y piensas: en Can Barça y en su entorno, todo es posible.

Pero hoy lo que nos interesa es la final de la Copa del Rey de baloncesto. Ayer, el Madrid venció al Lenovo Tenerife —podéis leer aquí la crónica de José Luis Llorente Gento—, y hoy a las 18:30 se enfrenta al Barça. Una nueva final para don Pablo Laso Biurrun. Nos hemos acostumbrado a ello tal vez sin loarlo como merece. Pero ese comportamiento también es un poco parte del Real Madrid.

Que paséis una buena segunda parte del fin de semana.

Kopa-Paco, el equilibrio de un equipo que vislumbró la perfección

 

Cuando Raymond Kopa esclarecía las sombras de sus compatriotas sobre su escaso rendimiento en los primeros meses como madridista, dibujó una sentencia que encerraba la doctrina táctica, quizás involuntaria, de aquel Real Madrid. “Todo pasaba por la izquierda. En la otra banda había un jugador llamado Paco Gento”. De forma maquinal, pero inevitable, el poder de sus enérgicas galopadas inclinaba el campo de ataque madridista, sin que ninguna otra fuerza centrífuga restableciera el equilibro del equipo.

Además, Paco comenzaba a disponer de su longeva madurez y sus compañeros se habían acostumbrado a lanzar balones al espacio porque ahí tenían un extremo que siempre se lo devolvía. De esta forma, la extraordinaria calidad de Kopa pasó la penitencia del novato, un paso casi obligado para quien llegó a un equipo que funcionaba con una precisión sólo antes vista, quizás, en la famosa Hungría de Puskas. Además, siempre había jugado con libertad en la delantera, un nueve, quizás un antecesor de Benzema, inteligente, habilidoso y exquisito.

Kopa y Di Stéfano

Pero que el nueve pertenecía de pleno derecho futbolístico a Alfredo Di Stéfano era un principio tan anclado en la estructura del equipo como los cimientos del Bernabéu. Así pues, el francés se tuvo que ir adaptando a la banda derecha, aunque con alguna frecuencia, sus regates y carreras derivaban hacia el interior. Una solución darwiniana, evolutiva, pues su pequeña estatura le había conducido a dominar esa parcela del terreno en la que su constitución no supusiera una desventaja, sino que, junto a su extraordinario talento, se convertía en un atributo letal. En cualquier caso, Kopa se adaptó con prontitud a equilibrar el juego del equipo por la banda diestra, ya que la inteligencia nutría el resto de sus virtudes.

Tal vez la principal característica del pensamiento de los griegos antiguos que ayudó a forjar su filosofía fue la unidad de los contrarios. Dos fuerzas en oposición también pueden estar unidas, y hasta es posible que su contradicción esencial explique su permanente interacción. Sin ir más lejos, la citada fuerza centrífuga que necesita imponerse a su opuesta centrípeta, así como la luz ha de vencer a la noche y viceversa para que se establezca el orden natural de los días. La llegada del Napoleón francés fue casi el antagónico amigo de La Galerna, pues cuando el peligro acechaba, bastaba lanzar un balón sin destino a Paco para que corriera, o pasárselo a Kopa para que lo pisara, lo escondiera y lo pusiera, con su estatismo, fuera del alcance del rival.

Un palíndromo silábico y simbólico —Kopa-Paco; Paco-Kopa—, una unidad de contrarios que asentó, vertebró y ramificó un estilo de juego que ya era un vendaval

El Real Madrid había encontrado el camino de la perfección en dos jugadores sublimes que casi definían al resto, los veloces y potentes y los hábiles, con Alfredo como compendio de una sabiduría y un deseo que impregnó a todos los miembros de aquel formidable equipo. Un palíndromo silábico y simbólico —Kopa-Paco; Paco-Kopa—, una unidad de contrarios que asentó, vertebró y ramificó un estilo de juego que ya era un vendaval.

Muchos años después, hace unos pocos, tuve la inmensa fortuna de acudir con brevedad a un encuentro de estos pioneros esforzados y valientes, que no temían ni a la nieve de Belgrado ni al poderío del país que inventó el fútbol moderno. Kopa había olvidado casi todo el mucho español que aprendió y Paco apenas era capaz de pronunciar las palabras escasas que aprendió en francés, pero entre ellos y los demás ilustres presentes, brillaban las sonrisas de complicidad que desprendían el inmenso afecto que todavía conservaban. Ahí les dejé, emocionado, prestos a sentarse en la mesa a rememorar sus hazañas y sus andanzas, como niños en la noche de Reyes, con la felicidad ingenua de quien ha hecho todo en la vida y sólo le queda recordarlo.

Kopa y Gento

Índice:

  1. El niño que soñaba con un balón de reglamento
  2. El hombre tranquilo

 

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Courtois: 5. No tuvo casi trabajo.

Carvajal: 5. Partido más tranquilo para él que el de París.

Militao: 6. Muy seguro cuando tuvo que intervenir.

Alaba: 6. En la misma línea que Militao.

Mendy: 5. Bien defensivamente, pero muy impreciso en los centros al área.

Casemiro: 5. Algunos errores importantes en la salida del balón.

Modric: 5. Le está costando mucho este tramo de la temporada. Se le ve justo.

Valverde: 6. Mucha energía, aunque falto de finura. Pero el equipo lo nota para bien.

Asensio: 7. Su golazo enmendó un error grave que pudo costar un gol en contra.

Vinicius: 7. Hizo una buena segunda parte y volvió a marcar gol.

Benzema: 6. Mejoró en la segunda parte y amplió su cuenta goleadora marcando el penalti.

Lucas: sin tiempo.

Marcelo: sin tiempo.

Ceballos: 5. Pudo tocar varios balones, pero sin apenas relevancia.

Hazard: sin tiempo.

Rodrygo: 5,5. Forzó un penalti y estuvo bastante activo.

Ancelotti: 6. El Madrid mejoró mucho en la segunda parte, pero la primera fue muy mala.

 

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