La escena hiperviral entre Will Smith y Chris Rock que nos dejó la noche de los Oscars representa fielmente el madridismo que deseamos, si bien (ay) no necesariamente el que tenemos. Para explicarlo hay que empezar por Chris Rock, un dizque cómico cuya verborrea incontenible siempre ha tenido la gracia en el culo y el culo de vacaciones. La cosa no sería tan grave si el sujeto callase de vez en cuando. Si hay alguien a quien se parece Chris Rock es a Dani Alves, un tipo que ejerce un histrionismo estomagante. En la escena de marras, no obstante, Rock no solo representó a ese adalid lenguaraz y estrambótico del antimadridismo sino al antimadridismo en pleno, esa matraca continua de posverdad y chiste malo.
Porque eso y no otra cosa, un chiste malo, es el mantra del anti. Precisamente a raíz del bofetón de Will Smith al soplagaitas de Rock, se ha popularizado un tuit nauseabundo. “Si lo hace Casemiro, no es ni tarjeta”. Ay que me da. Qué risa, tía Felisa. Y si lo hace Luis Suárez, ¿qué le dan, el Premio Sonrisa Vertical? Y si lo hace cualquiera de los malajes quebrantahuesos más o menos anónimos que cada domingo buscan cargarse a Vinícius sin por ello ver tarjeta, ¿qué le dan? Lo peor del antimadridismo no es tanto su continuada infamia como su nula chispa, que es exactamente lo que le pasa a Chris Rock en el caso que nos ocupa: es más lamentable la nula calidad del choteo que la inconveniencia del mismo.
Es un chiste malo detrás de otro. No hace ni una hora que el CM de As ha tuiteado una foto de Vinícius bañándose en el mar, invitando a los lectores a hacer un meme valiéndose de la foto. Es un Chris Rock de manual. Mira qué gracia tiene meterse con el Madrid, echar a Vini bajo las ruedas de la crueldad nacional, preparar un ambiente insoportable que complique el título de Liga al objeto de las chanzas. Conocemos esto perfectamente. Empieza en los albores de la era Villar, con aquellos dos tenerifes profusamente chrisrockizados por los medios. El escarnio, la burla, la zafiedad unidireccional.
Si hay alguien a quien se parece Chris Rock es a Dani Alves, un tipo que ejerce un histrionismo estomagante
El madridismo lleva décadas sentado en el patio de butacas del Kodak Theatre que es la Liga española, ese patio de monipodio, aguantando que cimbeles varios suelten desde el estrado toda suerte de ordinarieces dirigidas a su esposa, que es su Historia y su honor. A ello se une el que le tanguen el Oscar en su mismísima jeta, pero ese es otro tema del que no hemos venido a hablar aquí. Aquí hemos venido a hablar del averno de risas que alguien enlató para celebrar cualquier fracaso del Madrid. La humanidad celebrará más una retirada de tropas rusas de Ucrania que una pérdida de la Liga por parte de los blancos; pero se reirán más con lo segundo, como se han reído siempre, con esa risa grosera y estentórea con que gustan de enfangarse los chrisrocks de la vida.
No queremos más el madridismo de ese Will Smith que no solo perdona sino que hasta por inercia se ríe de la sandez ordinaria de Rock. Queremos el madridismo que de pronto (pero en realidad no es de pronto) toma conciencia de la magnitud de la infamia y tranquilamente se levanta, camina suavemente hasta el escenario y allí, concentrando en la palma de su mano derecha tanta ira milenaria, propina al fin el sopapo salvífico y devastador.
Queremos el madridismo de ese Will Smith.
De un tiempo a esta parte, ser madridista practicante constituye una de las actividades más subversivas que se pueden ejercer en España. El Madridismo, como pensar o estudiar Filosofía, resulta hoy casi tan subversivo como quemarse a lo bonzo delante de una sucursal bancaria. Los apóstoles del tiki-taka y la España azulgrana de Lucho así lo han determinado.
Otro tanto podría decirse del humor y sus límites si los tuviere. En este oscarizado sentido, desde La Galerna creemos que aún no se ha hablado lo suficiente de la sonora bofetada que le propinó el colchonero y filoculé Will Smith —indios y culés… ya saben— al madridista Chris Rock en el Dolby Theatre de LA, antes conocido como teatro Kodak o Dorothy Chandler Pavilion para quienes ya pintamos canas, aún con la calva.
En la era de los ofendidos en la que un bebé farfulla una primera palabra que oscila entre ajo, agua, papá y mamá y no menos de 17 colectivos se sienten ofendidos, el humor resulta tan subversivo como ejercer el madridismo en la España de los televisores de Roures y en la Latinoamérica de los Messilievers de ESPN. Máxime en los Estados Unidos de América donde el humor es tan bárbaro como el salvaje Oeste americano de cabelleras arrancadas y apaches exterminados. Humoristas de aquellos lares como Rick Gervais, David Chappelle o el abofeteado Chris Rock serían inquisitorialmente aquí condenados por el Tribunal del Santo Oficio en aras a no sé cuántos delitos de odio, ofensa a los sentimientos religiosos, apologías varias y machirulismos variados y variopintos que incluyen el propio castañazo de Smith.
No en vano, aquí se ha procesado a un actor venido a menos como Willy Toledo por cagarse en el Altísimo. Y así nos va.
Pep y Will sólo se ríen cuando vacilan ellos. Por eso no soportaron ni soportan ni soportarán a lenguaraces mordaces como Mourinho o Chris Rock
Observo con estupor cómo la corriente de opinión mayoritaria española aplaude el sopapo propinado por el Príncipe de Bel-Air a un Chris Rock circunflejo que bien podría ser el bueno de Jazz, desvencijado y arrojado por los aires por Tío Phil, a las puertas de una impresionante mansión angelina. Gallardía y caballerosidad —virtudes inherentes al imaginario de valores madridistas— aluden quienes aplauden el recurso de la violencia de The Fresh Prince of Bel-Air que ni es tan fresco ni tampoco tan príncipe como nos había vendido el propio William Smith a lo largo de las décadas con una metodología propiamente Guardioliana.
Josep, el del orín perfumado, que tantas veces nos han vendido como pope de las causas nobles, emancipador de pueblos oprimidos, gourmet del buen fútbol y heraldo del fairplay y la nobleza en el deporte sería, parafraseando sus propias palabras en la sala de prensa del Bernabéu, el Puto Amo en esto del balompié. En contraposición, Will Smith, que se coló en nuestros hogares a finales del Siglo XX a través de las pantallas de Antena3, se nos presentó como el chico humilde que al oeste de Philadelphia crecía y vivía sin hacer mucho caso a la Policía, que acababa necesariamente conviviendo con parientes ricachones —y seguramente madridistas— en el exclusivo barrio de Bel-Air. También como el rapero de gorra ladeada noventoide y ligero precursor pegamoide del hip-hop en España. Will era el tiki-taka hollywoodiense. Todos le querían. Hasta se llevaba bien con Pablo Motos. O no.
Toda esa aura angelical, tan culé como el frío de Pedri en Valdebebas, se borró de un plumazo el día que Pep vaciló a Cristiano con el balón en la banda del Camp Nou y amagó con el primer piscinazo de un entrenador en la historia del fútbol. Salvando las distancias, lo mismo que ocurrió cuando Smith decidió abofetear a un humorista en directo para millones de telespectadores. Las caretas culés, cayeron. Retratados que diría aquel.
Pep y Will sólo se ríen cuando vacilan ellos. Por eso no soportaron ni soportan ni soportarán a lenguaraces mordaces como Mourinho o Chris Rock. Este último, además, conviene recordar que se dedica precisamente a esto, no es la primera vez que lo hace y tampoco nadie podría esperar otra cosa. Everybody hates Chris se llama de hecho su último espectáculo. No esperen en este sentido chistes de Lepe del de Carolina del Sur.
Tampoco el chiste fue un calvario como se ha intentado hacer ver. En este país, que no tiene un pelo de tonto, los chistes de calvos —doy fe— pululan a lo largo y ancho de la piel de toro. La broma en cuestión fue grosera, sin gracia, o desafortunada, lo que ustedes quieran, pero en definitiva tampoco fue para tanto. Jada Smith es una mujer de tal belleza que hasta calva resulta atractiva incluso para Don Juanes del Deporte como Laporta. “Tiene alopecia, pero rapadita… bien, muy bien”, declaró ufano Jan Rompecorazones.
Rock, además, comparó la alopecia de la Señora Smith con la de la célebre teniente O´Neill, encarnada en su día por otra bella mujer como Demi Moore, también en el OIimpo de la belleza sin pelo que coronó Sinead O´Connor y al que este pobre calvo mortal que les escribe jamás accederá. Si en lugar de comparar a la primera mujer que se unió a los comandos SEAL de élite, Rock hubiera propuesto a Jada para nuevo castin de Gollum, pero sin CGI, otro gallo hubiera cantado.
Además, que el madridismo debe responder en el campo. El madridismo jamás baja al barro a disputar una pelea de camisetas mojadas. Hay quien no acaba de entender la esencia del señorío merengue y clama por repartir panes y peces cada vez que nos ofenden. Y al Madrid le ofenden a diario por tierra, mar y aíre. No habría obleas a repartir en España entre tanto mentecato por lo que nobleza obliga.
¿Que Mourinho es el puto amo? Pep, fuera del Barcelona.
¿Que en Munich se iban a quemar hasta los árboles para recibir al Madrid que decía Rummenigge? 0-4.
¿Que Messi extiende la camiseta azulgrana provocador ante un fondo del Bernabéu? Liga y Champions.
¿Qué me cambias al Benfica por el PSG en la antonomasia de las bolas calientes? Al carrer.
Habrá quién diga, madridistas incluso, que el chiste malo de Chris Rock merecía tamaña respuesta para vengar la afrenta a una dama, pero no me negarán que hay madridismo puro en la manera con la que el comediante encaja el golpe, firme, tenso, sin dar un paso atrás.
Le dan duro y por sorpresa. Con toda una rabia que parece trascender la propia broma y venir de tan atrás como las ánforas que aseguran iracundos nuestros enemigos ganaron Di Stefano y compañía. Pero Rock no cae. No esta siquiera cerca de hacerlo.
Como el Madrid.
Como al Buitre ante el enésimo atraco perpetrado arbitral contra los blancos le faltó musitar “caramba”.
Estaba claro que el 0-4 del Clásico iba a dar para múltiples lecturas y para que unos cuantos enterrasen al Real Madrid, único club en la historia que protagoniza un par de velatorios cada año aunque luego nunca termine de morir.
Se juntó la merecida goleada del Barcelona con el parón por selecciones y ahí se vino arriba hasta el apuntador. El Real Madrid, cuya ventaja en Liga es tan pírrica que sólo le saca nueve puntos al segundo, estaba ya absorbido por el pánico ante la mejoría de un aspirante a conquistar la Europa League.
Es evidente que el Barcelona ha mejorado con Xavi, aunque también lo es que a Xavi le han dado materia prima que no tenían ni Sergi Barjuan ni Ronald Koeman. Con Ferran Torres, Aubameyang o Adama Traoré, pese a que ninguno de los tres son un TOP 20 mundial, es más fácil competir que con esa Masía que aglutina más verbo que posibilidades.
La Xavineta, como así la han bautizado los culés, viene viento en popa y no pasa nada por decirlo. Tácticamente es un equipo mejorado y los resultados les acompañan. El baño del Bernabéu fue incontestable y le sirve al Barcelona para creerse en el camino correcto, y seguramente lo esté, pero no le da ni para meter miedo ni para cambiar la tendencia.
Un humilde servidor sigue pensando que el Real Madrid ganará la Liga -lo siento- y que la próxima temporada será capaz de abrir una brecha aún mayor con un rival que no la conquista desde 2019. Entiendo que, pese a la mejoría del Barcelona y las dudas que ha podido ofrecer el actual líder del campeonato, lo que va a suceder en verano va a suponer un punto de inflexión que lanzará a la entidad merengue hasta el punto de ser inalcanzable en el fútbol español.
Y todo gracias al silencioso y sufrido trabajo realizado durante años. Han sido veranos austeros en su mayoría, con calculadora en mano y cumpliendo todas y cada una de las normas que habitan en el deporte rey. Lo fácil hubiera sido reventar el mercado ante el primer revés, pero eso se lo dejamos al Barcelona de los mil y pico millones de deuda y los ciento y tantos en negativo del límite salarial. Y de aquellos barros, estos lodos. Los lodos del Real Madrid se llaman Mbappé y una 'Summeriana' que, bien llevada, catapultará al trece veces campeón de Europa.
El Barcelona se encontrará algo parecido a lo que vivió el propio Real Madrid hace poco más de una década. Sentirá que mejora, que hay brotes verdes y que les da para luchar, pero los de Ancelotti -veremos si sigue o no- tendrán en sus filas al mejor jugador de la próxima década, un proyecto remodelado, un nuevo estadio y una base -Vinicius, Fede Valverde, Camavinga, Militao y compañía- que ya ha demostrado estar capacitada para evitar grandes dramas en el relevo generacional que irá envolviendo al Real Madrid.
En resumen, felicidades al Barcelona por su mejoría y por el 0-4 del Clásico, pero el Real Madrid va a ganar esta Liga y, si todo va según lo previsto, también la próxima. Miedo, lo que se dice miedo, no veo por ninguna parte. Títulos, sí.
Buenos días. Aunque en esta bendita sección tenemos por costumbre centrarnos en la prensa nacional, aprovecharemos el parón internacional para internacionalizarnos a nuestra vez, echando una mirada a una publicación británica que ya hace pocos días movió a un hombre tan mesurado como Carlo Ancelotti a sugerir que su consejo de redacción en pleno debería romper sus carnets de periodistas.
Hablamos de la revista futbolera inglesa Four Four Two. La diatriba de Carletto se debió al hecho estupefaciente de que la revista no incluyera a Thibaut Courtois entre los diez mejores porteros del planeta. Tiene bemoles llamarte Four Four Two y no incluir al mejor guardameta del planeta ni entre los cuatro primeros, ni en los cuatro de en medio ni en los dos del final.
Four Four Two ha vuelto a la carga y se ha sacado de la manga, esta vez, una lista con los 50 mejores jugadores de la historia del Real Madrid que es como para meter la cabeza en la lavadora y dejar que la fuerza centrífuga te aniquile las ganas de vivir. Este es el artículo (enlazar), y a continuación os detallamos la lista al completo.
1. Cristiano
2. Di Stéfano
3. Zidane
4. Ramos
5. Casillas
6. Gento
7. Raúl
8. Bernabéu
9. Puskas
10. Figo
11. Modric
12. Kopa
13. Benzema
14. Hugo Sánchez
15. Pirri
16. Zamora
17. Roberto Carlos
18. Butragueño
19. Del Bosque
20. Zamorano
21. Martín Vázquez
22. Ronaldo Nazário
23. Santillana
24. Makelele
25. Santamaría
26. Marquitos
27. Kroos
28. Miguel Muñoz
29. Manolo (?!?)
30. Bale
31. Camacho
32. Marcelo
33. Redondo
34. Amancio
35. Rial
36. Zoco
37. Chendo
38. Di María
39. Quincoces
40. Gordillo
41. Pepe
42. Mijatovic
43. Beckham
44. Zárraga
45. Morientes
46. McManaman
47. Juanito
48. Guti
49. Varane
50. Ozil
Sí, lo sabemos. ¿Quién coño es Manolo (puesto 29)? Por la explicaciones otorgadas bajo el nombre, alcanzamos la conclusión de que no se trata del delantero del Atlético de Madrid que ganó el Pichichi y fue pareja de Butragueño en la selección española, sino más bien del mismísimo Manuel Sanchís Hontiyuelo, a quien esta gente del Four Four Two se toma la libertad de llamar por su nombre familiar. Deben de ser cosas del Brexit, que obliga a un esfuerzo de cercanía con aquellos a quienes la nueva situación geopolítica aleja de hecho. En realidad, ¿acaso alguna vez Sanchís ha comido Fish and Chips (Sanfish and Sanchips) con los responsables de la revista? ¿A qué vienen estas confianzas?
Por lo demás, la lista es un descalzaperros de dimensiones bíblicas. Una lista de los mejores jugadores de la historia del Madrid que incluya (con todos los respetos) a Özil, Morientes o Zamorano pero ignore a Hierro o Casemiro no puede ser tomada en serio. ¿Stielike? ¿Míchel? ¿Molowny? ¿Del Bosque (como jugador) por delante de Santamaría o Marcelo? ¿Jugadores excelsos pero relativamente efímeros como Kopa y Figo en los puestos 12 y 10 respectivamente (¡Figo por delante de Modric!)? Y luego está lo de Santiago Bernabéu, a quien no podemos venerar más y que saldría número uno en la lista de presidentes, pero a quién habría sonrojado encontrarse en el puesto número 8 en una lista que se supone valora la aportación como jugadores de quienes la componen.
En fin. Sabemos que estas listas están condenadas al fracaso, pero hombre: no hace falta fracasar tanto.
Las portadas del día vienen sosísimas, pero os las dejaremos porque querréis verlas. La prensa cataculé, a pesar de que su sección femenina está prácticamente clasificada en Champions, vende su partido de hoy ante las jugadoras del Madrid -un equipo que solo existe hace dos años- como la cumbre del fútbol mundial en la categoría, lo que viene a refrendar cuál es la marca que sirve de referencia en el balompié europeo, amén de subrayar la obsesión por nosotros que tiene esta buena gente.
Pasad un buen día y ánimo con el parón. Ya queda menos.

Tengo una relación de amor-odio con las gafas de realidad virtual que los Reyes Magos trajeron a mi hijo mayor. Hay un juego que te sumerge en un Parque Jurásico (o Jurídico, como diría el enorme Pepe Begines) de un realismo que ríete tú del de Spielberg. Como la cosa es en 360 grados, mientras de frente te viene un tiranosaurio rex con aviesas intenciones no puedes descartar que el triceratops que creías haber dejado atrás en realidad te esté siguiendo y tengas su aliento en el cogote, aunque un pavor nada exagerado te impide darte la vuelta para comprobarlo. Con frecuencia, la cosa acaba con un grito afeminado brotando de mi garganta, las gafas volando por los aires y mis hijos descojonados, rodando por el suelo ante su muy boomer padre.
Desde que se inventó la miopía, la humanidad ha fantaseado con la idea de unas gafas que nos permitan ver cosas inexistentes, preferentemente más lisonjeras que las del llamado mundo real. La Orquesta Mondragón plasmó estas fantasías en su clásico Mis Gafas, sospecho (aunque no lo tengo claro) que con letra de Luis Alberto de Cuenca. “Me las puse y sentí que viajaba / Que las chicas eran todas mis esclavas / Me las puse y el dinero me sobraba / Y el tiempo de mi vida no pasaba”. Hoy sería imposible albergar la ensoñación de tener esclavas sin pasar por el peaje de esas cancelaciones que no distinguen entre literatura y sucesos, ni siquiera gafas virtuales mediante, quizá porque la corrección política lleva per se, pegadas con esparadrapo a los orejas, unas gafas de espejos grotescos con las que no caben la excepción benigna de la poesía ni la de la música. Pero ese es otro tema del que no hemos venido a hablar aquí hoy.
Se ha publicado que en un futuro no lejano será posible asistir al Bernabéu de manera virtual, con unas gafas que poco más o menos serán como las de mi hijo. Estás en Praga o en la Isla de Pascua, pagas al Madrid lo que haya que pagar y compras una entrada virtual que te permite “asistir” (las comillas son relativas si atendemos a la verosimilitud de la experiencia) al próximo partido. El partido que ves es el partido de verdad, tal cual esté transcurriendo en directo, y el señor que ves al lado cuando miras a un lado es el mismo abonado que lleva veintitrés años encontrando a su izquierda el ocupante habitual de la localidad que has adquirido. Si tienes buen tino, puedes ver el partido junto al pipero con bigote que aplaudió a Ronaldinho. Las cervezas sí creo que las tienes que tener en tu nevera, en la de verdad. Mejor, porque en el estadio también de verdad (pero ¿qué es la verdad?) solo se venden sin alcohol.
en un futuro no lejano será posible asistir al Bernabéu de manera virtual, con unas gafas que poco más o menos serán como las de mi hijo. Estás en Praga o en la Isla de Pascua, pagas al Madrid lo que haya que pagar y compras una entrada virtual.
Si su consumo llena tu vejiga y debes hacer por desalojarla puedes miccionar en los baños del Bernabéu, siendo la micción real y el retrete virtual. Esta divergencia presenta sus contraindicaciones. En tu metaverso, puedes caminar desde tu localidad de asiento a los cuartos de baño, pero no va a ser fácil: si te encuentras físicamente en casa, sucederá casi seguro que tus paredes reales se interpondrán en tu camino virtual al retrete, dejándote varado en lo que fuera de las gafas es un tabique pero dentro es un pasillo expedito. “Puede seguir andando, señor, tiene el camino libre”, te indicará tal vez un acomodador de dentro de las gafas, extrañado ante tu atoramiento mientras a tientas tratas de salir de la despensa.
Lo mejor, por tanto, es no ir al urinario. Alternativamente, si aquel que la posea no espera magnanimidad prostática, y conociéndose sabe que en algún momento del encuentro -o en su descanso- tendrá que acudir al mingitorio, lo recomendable será no ponerse las gafas en casa sino en un extenso prado o esplanada, garantizando así que los muros interiores del hogar no sirvan de cortapisa (o cortapís) en la búsqueda del aseo. Habrá, eso sí, de extraerse el nardo en medio del campo y relajar esfínteres mientras dentro de las gafas el orín fluye y desemboca en el interior de un váter de diseño con hilo musical. No se me escapa que las mujeres también van al fútbol y, aunque carezcan de próstata (al menos en el llamado mundo real), no son ajenas a este tipo de urgencias. Deben estar preparadas para ponerse en cuclillas en medio de un páramo mientras dentro, en el universo lisérgico de gafas adentro, hay aire acondicionado y suena el Claro de Luna de Debussy.
Sin que esto impida que la gente siga yendo al Bernabéu de verdad (pero ¿qué es la verdad?), porque seguirán yendo, todo será más bonito dentro de las gafas que fuera. Allá dentro, no habrá excusas para irse antes del final del partido por la sencilla razón de que no habrá coche que desaparcar en Alberto Alcocer ni atasco que evitar en el camino a Sanchinarro (nos atrevemos a aventurar, de hecho, que no existirá un Sanchinarro virtual). Es por ello que ejercer de pipero en el mundo de las gafas de Florentino se tornará mucho más ominoso aún. No habrá pretextos para pirarse en el minuto 78 con 1-1 en el marcador. Habrá que empeñarse mucho en ser pipero para poder ser pipero virtual. Estará uno mucho más expuesto al señalamiento público. “¿Qué? Se monta una gordísima en la A6, ¿no?”, te espetarán henchidos de sarcasmo todos aquellos a los que obligues a levantarse en tu salida del vomitorio 603.
Hace algún tiempo, en estas mismas páginas, mi amigo Fantantonio escribía con cierta amargura contra el nuevo rumbo general del fútbol y contra el metaverso futbolero que se nos viene, con las gafas de Florentino como máximo exponente. Yo a estas gafas, la verdad, no les encuentro más que ventajas. Puede uno, si es que siente esas nostalgias de incomodidad ochentera, hasta ver el partido de pie, cosa que ya no puede hacerse en los campos. Ya establecí que los abonados de siempre no dejarán de ir al fútbol y que los aficionados “tradicionales” continuarán acudiendo en masa al estadio de cemento. Las gafas son más bien una oportunidad para que puedan hacer lo más parecido a ir al estadio personas que, en condiciones normales, por mor de la distancia geográfica o lo que sea, no podrán pasar por esa gran experiencia. El madridismo, como fenómeno universal, trasciende el distrito de Chamartín, la ciudad de Madrid, España y Europa. Un madridista de Sri Lanka no es de entrada menos madridista que el socio número 103, que vive en Valdemoro, y dado que no es fácil que vea nunca a su Madrid en directo merece como el que más disfrutar de este sucedáneo, si es que tiene dinero para ello, porque esa es otra: imagino que las entradas virtuales para un espectáculo como este tendrán un precio aún más elevado que las entradas asociadas a un asiento físico. Otra ventaja es que puedes vender todas las que quieras, y que se pagarán abonos virtuales multimillonarios. Ya me relamo de pensar en la pasta que se va a dejar el emir de Catar -que es el mayor madridista del planeta pese a lo putísimas que nos lo ha hecho pasar con lo de Kylian- adquiriendo su “butaca” perpetua al ladito del Florentino 13.0
los abonados de siempre no dejarán de ir al fútbol, y los aficionados “tradicionales” continuarán acudiendo en masa al estadio de cemento. Las gafas son más bien una oportunidad para que puedan hacer lo más parecido a ir al estadio personas que, en condiciones normales, no podrán pasar por esa gran experiencia.
El Madrid debe estar a la vanguardia de todo, y esto es la vanguardia misma. Escudarse en argumentos paralizantes a este respecto es el equivalente ultramoderno a resistirse a construir el Bernabéu, poner publicidad en las camisetas u oponerse a la Superliga. Requiere además no pocas dosis de hipocresía, porque ya conocemos el giro: los que se oponen a la creatividad para generar vías de ingresos son luego los que más exigen la llegada de megacracks que no se pagan solos. A Mbappé y Haaland (quiera Dios) los disfrutaremos tanto los de dentro como los de fuera de las gafas, pero a largo plazo quizá los paguen primordialmente los primeros. No veo cómo comercializar esas gafas puede suponer menoscabo o perjuicio para el que prefiere el fútbol in situ, que podrá seguir optando por ello sin que el tener sabe Dios cúantos compañeros de grada virtual le afecte negativamente en lo más mínimo. Al estadio le pasa como a Sison, que somos todos, y ese todos es cada vez una cosa más global, más etérea, a menos que Putin decida tomar medidas ante las que el uso de las gafas no protege por dentro por el triste hecho (real y virtual) de no proteger por fuera.
Decía Woody Allen que la realidad deja mucho que desear, pero es el único sitio donde puede encontrarse un buen filete. Sin perjuicio de que el avance de la ingeniería deje obsoleta incluso la célebre cita del neoyorquino, está claro que la realidad ha dejado de ser el único sitio donde puedes ver, en riguroso directo, marcar goles a Mbappé.
Buenos días. Sport es un diario español de prensa deportiva editado en Barcelona por Prensa Ibérica desde 2019, cuando esta adquirió el Grupo Zeta. Su director es Lluís Mascaró. Durante el directo del partido disputado por la selección española frente a Albania en el RCDE Stadium el pasado sábado 26 de marzo, publicaron en su web lo siguiente: “Así, pues, una buena ocasión para que la numerosa colonia española que reside en Catalunya pueda ver en directo a su selección. La última vez, el choque contó con la presencia de más de 7.000 peruanos, cuya colonia también es muy numerosa en Catalunya”. Esta es la captura:
Posteriormente, Sport borró este texto y lo sustituyó por el siguiente sin ofrecer ningún tipo de explicación ni disculpa hasta las 10 A.M. de hoy 29 de marzo:
Antes de proseguir, recordamos que Sport es el diario que envió a Iván San Antonio a Benidorm para acosar al padre del árbitro de Primera División Martínez Munuera y propagar la falacia de que era el fundador de una peña madridista en dicha ciudad, cuya falsedad, en este caso, es lo de menos.
Acudimos ahora al código ético de Prensa Ibérica. En este enlace podéis descargarlo (si no lo borran también).
Tras una primera lectura de los valores del grupo Prensa Ibérica al cual pertenece el diario Sport, nos resultan cuando menos paradójicos varios aspectos:
Del cometario del diario en el que afirman que “la numerosa colonia española que reside en Catalunya pueda ver en directo a su selección” se colige que para ellos Catalunya y España son dos estados diferentes, hecho que, al menos, entra en contradicción con el punto 1 de sus valores, en el que abogan por un compromiso con los derechos fundamentales recogidos en la Constitución Española. Sería más coherente que el compromiso fuese con los recogidos en la Constitución catalana, ¿o acaso no existe?
En el mismo punto 1 también destacan su compromiso por la libertad ideológica. Veamos otro comentario que también publicaron:
Con la idea del acoso de Iván San Antonio al padre de Martínez Munuera en la cabeza, leemos la parte en la que defienden su compromiso con “el derecho al honor, intimidad personal y familiar y la propia imagen”. ¿Es necesario comentarlo?
Los puntos 5 y el 8, “Integridad en todos los actos” y “contribución al bienestar social y a los intereses generales de la sociedad” parece que tampoco han terminado de asimilarlos del todo.
Eso sí, felicitamos a Sport por cumplir el punto 9: “Imagen corporativa de INDEPENDENCIA”, de independencia catalana, claro está.
Una vez mostrados los hechos, procedemos a comentar el bochornoso discurso xenófobo, clasista y supremacista de Sport. No se puede esperar menos del nacionalismo, una doctrina sociopolítica que siempre tiene como objetivo dividir a la sociedad y privilegiar a una parte en detrimento de otra en función de su lugar de nacimiento, ideología, religión o cualquier otra característica o derecho fundamental. Idea maravillosa para una convivencia armónica defendida por próceres de la talla de Guardiola o Gerard Piqué.
Imaginamos al individuo que escribió el repugnante comentario creyéndose a sí mismo un tipo brillante, un genio intelectual, un maestro del humor afilado. Es probable que tras publicar esta basura compartiese su excrecencia entre sus trogloditas más allegados para presumir. Porque los entes que defienden estas posturas cancerígenas para una sociedad suelen actuar en manada, comienzan propagando mensajes de odio y terminan echándose a las calles bien sea para acosar a quien no piensa como ellos y directamente para perpetrar actos vandálicos.
El empleo de la palabra colonia huele muy mal y es un reflejo de la lo podrida que está la sociedad catalana gracias a que al empeño de su parte más clasista y supremacista por excluir de la convivencia a quienes no comulgan con ruedas de molino. El deporte no es inmune a esta enfermedad y los indeseables también lo utilizan para extender su odio.
Lo paradójico es que en esta ocasión haya ocurrido con un partido de la selección española, un combinado futbolístico que precisamente tiene un apoyo masivo entre los independentistas catalanes. Es otra paradoja que pone de relieve la nula coherencia intelectual de este colectivo execrable.
Las explicaciones y disculpas ofrecidas por Sport son las siguientes:
¿Por qué Sport publica estos comentarios en su web y los mantiene desde un sábado hasta el martes siguiente y solo los borra cuando alguien pone el grito en el cielo? Muy sencillo, porque es rentable para su negocio. Una parte importante de sus lectores comulgan con estas ideas supremacistas, clasistas y xenófobas, del mismo modo que también apoyan el acoso de Iván San Antonio al padre de Martínez Munuera. No hay más. Por este motivo no se trata de hechos aislados, sino que se repiten cada cierto tiempo.
La razón de ser de Sport es alimentar el espíritu del seguidor culé y el propio club se ha erigido en no pocas ocasiones como punta de lanza de la doctrina independentista. Pueden pedir todas las disculpas que quieran, pero ellos mismos son los primeros que saben que no las piden sinceramente. No pueden. Si dejaran de comportarse así perderían su público y su subsistencia estaría en peligro.
No ha lugar a comentar las portadas, pero os las mostramos.
Pasad un buen día. Echaos colonia si queréis, pero que no apeste a odio y podredumbre.
En mayo del año 1916 se produjo un cambio fundamental en la presidencia del Madrid Foot-ball Club. Adolfo Meléndez, destinado en África como capitán de intendencia del Ejército, dejaba el club por obligaciones del servicio. Era el socio número 1 del Madrid, uno de los fundadores. Llevaba ocho años ejerciendo como su presidente, aunque en realidad, desde el comienzo de la Guerra de Marruecos, sus funciones las desempeñaba uno de sus vicepresidentes, Pedro Parages. Parages era un hombre culto e instruido, cosmopolita y educado a la moderna que contaba entonces a la sazón con treinta y tres años, estudios extranjeros, un pasado como delantero en el Madrid. Contaba, sobre todo, con la condición de ser uno de sus fundadores originales y con la experiencia de haber estado en la génesis del club desde el principio. Conocía de primera mano todas las vicisitudes y también el intríngulis de todas las pequeñas conquistas que fueron impulsando de a poquito al Madrid hacia la primera línea de la industria deportiva nacional y mundial.
Parages fue el Bernabéu antes de Bernabéu, una figura capital para entender los confusos y difíciles años de transición entre la fundación del club y su definitivo asentamiento como organización próspera y autosuficiente
Parages fue el Bernabéu antes de Bernabéu, una figura capital para entender los confusos y difíciles años de transición entre la fundación del club y su definitivo asentamiento como organización próspera y autosuficiente, en los albores del profesionalismo y la creación de la Liga. Su paso inmediato de la cancha a los despachos fue determinante ya que entre él y un puñado de exjugadores y socios de la primera hornada mantuvieron vivo al Madrid tras la espantada de su prócer original, don Carlos Padrós. Padrós, el primer patriarca, se movió siempre cerca de los círculos sociales y económicos de poder que medraban, o intentaban medrar, cerca de la Corona. Hombre sagaz y de intuición fina, precursora, apostó por el foot-ball organizado desde el principio, por ello estuvo tras el nacimiento no sólo del Madrid sino de la Federación Española de Fútbol y del primer título nacional, la Copa, creada por él desde el Madrid con motivo del aniversario del rey don Alfonso XIII. Padrós salió tarifando del club y se metió en política. El Madrid quedó a expensas de la voluntad de unos cuantos entusiastas, entre los que se contaba Parages, tomando nota de todo. A él se le deben el primer estadio acondicionado para cobrar entradas al público, el primer estadio en propiedad y el título de Real, nada menos. Al retirarse él de los terrenos de juego, entró Bernabéu, de la mano de su hermano Marcelo. Más tarde don Santiago se incorporaría a su junta directiva, la primera que lanza al Madrid de gira por Europa y América. El patrón ya estaba marcado.
Don Pedro Paragés Diego-Madrazo nació en Madrid en 1883 pero fue el primer jugador francés en vestir la camiseta blanca, pues conservaba la nacionalidad francesa de su padre. Después de acabar su formación superior en estudios comerciales en Inglaterra se estableció en Madrid, ya en la veintena, y se puso a jugar en el equipo del Liceo Francés, del que fue alumno. Del Sportive Française, luego Sportive Amicale, salieron los jóvenes que uniéndose a los estudiantes de la Escuela de Ingenieros refundaron la vieja Sociedad de Foot-Ball de Madrid entre 1899 y 1900. Esta Nueva Sociedad, como se sabe, se formalizó en marzo de 1902 con el nombre de Madrid Foot-Ball Club. Paragés jugaría en ella como delantero centro hasta 1909, retirándose con un palmarés compuesto por cuatro Copas de España, título del que el Madrid, al igual que pasa con la Copa de Europa, puede declararse pionero y promotor, si no fundador. Parages ya estaba allí, incluso escribió a la RAE para que diera entrada a futbol, sin tilde, en el diccionario, primera españolización del foot-ball nativo que se adelantó en dos décadas a la nacionalización forzada del lenguaje que trajo la ufanía de los vencedores de la Guerra Civil.
Su paso inmediato de la cancha a los despachos fue determinante ya que entre él y un puñado de exjugadores y socios de la primera hornada mantuvieron vivo al Madrid tras la espantada de su prócer original, don Carlos Padrós
En 1910 se enfrenta al primer momento verdaderamente crucial de su existencia como organización: irse a jugar a los terrenos posteriormente conocidos como del Campo de O´Donnell (en la confluencia de las calles Duque de Sesto, Narváez, Fernán González y O´Donnell, donde acababa la ciudad, pago apenas urbanizado) pagando mil pesetas al año, o seguir languideciendo en los campos de albero aledaños a la antigua Plaza de Toros de Goya, en los que la renta anual no pasaba de 150 pesetas. El impulso se antojaba imprescindible porque sin el gran padre espiritual, Padrós, el Madrid menguaba sin ganar nada en los escasos torneos nacionales y en los más abundantes regionales en que consistía toda la actividad futbolística de la época. La crisis deportiva redundaba en lo social: la gente perdía entusiasmo, los jugadores anteponían sus vidas profesionales a la práctica amateur de un juego todavía por consolidar frente a otros espectáculos tradicionales, y se especulaba incluso con una fusión de emergencia con la Real Sociedad de San Sebastián, ciudad de donde eran originarios algunos de los directivos del Madrid de Meléndez. El militar africanista, entre Marruecos y Madrid, lanzó la idea de mudarse a una pradera que pudiera vallarse con miras a cobrar entrada, algo que no hacía nadie en la España de la segunda década del siglo XX. El Madrid se fue a O´Donnell y todos, desde el vicepresidente Parages hasta los hermanos Bernabéu y muchos de los socios, se pusieron a allanar la superficie bacheada y rugosa de la finca a pico y pala. En 1912 el Madrid disponía de 115 metros de largo por 85 de ancho para disfrutar del campo más grande del país.
Como el Madrid no tenía un duro, fue Parages el que tuvo la idea de emitir participaciones para que los socios, que alcanzaban el número de 450, suscribieran con sus aportaciones la cantidad necesaria para levantar una empalizada de madera y la primera caseta para vestuarios del fútbol español: 6 mil pesetas. Parages, comerciante de solvencia, tuvo que avalar no obstante para que Piera, un maderero francés que había hecho fortuna importando a Europa maderas exóticas, adelantara el material con el que se erigió además la primera tribuna de España. En el Campo de O´Donnell cabían 216 espectadores que, a razón de entradas entre 40 céntimos y ciento veinte pesetas, muy pronto empezaron a convertir en rentable la audacia de hacerse un estadio propio.
Parages tuvo razón. La gente acudió en masa al fútbol de pago. El Madrid recaudó, en el último partido de 1912, casi doce mil pesetas. El plan era poder organizar más partidos nacionales e internacionales que revitalizaran la idea del foot-ball, que decaía tras el impulso de primeros de siglo. Entre 1914 y 1923, ya con Parages definitivamente al mando como presidente, el Madrid se gastó otras siete mil pesetas más en transformar la caseta de madera en un vestuario con luz eléctrica y agua potable, y en ampliar la capacidad de la tribuna original hasta 800 espectadores sentados, y más de cinco mil de pie. Es entonces cuando las élites económicas del país le ven color al asunto y se lanzan a la construcción del Stadium Metropolitano, proyecto al que Parages se negó dado que suponía la disolución de la identidad madridista en un gran club madrileño único en el que Alfonso XIII y los promotores del Metro de Madrid querían concentrar la vida deportiva de la capital, aprovechando el auge del nuevo deporte.
El Madrid se fue a O´Donnell y todos, desde el vicepresidente Parages hasta los hermanos Bernabéu y muchos de los socios, se pusieron a allanar la superficie bacheada y rugosa de la finca a pico y pala. En 1912 el Madrid disponía de 115 metros de largo por 85 de ancho para disfrutar del campo más grande del país
Desde 1916 y hasta la culminación del proyecto de Chamartín, Parages preservó la idiosincrasia del Madrid, porque el Madrid ya iba montado en el avión del futuro. Con sede social por fin propia, en O´Donnell, quedaba lejos ya el tiempo en el que había que pedirle al dueño de La Taurina, en la plaza de toros, espacio para las reuniones, a cambio de que el personal se tomara algo. El Madrid avanza hacia la configuración de una estructura deportiva en el sentido profesional: se empieza a apostar por la figura del entrenador y a abandonar el modelo híbrido y ambiguo del jugador-entrenador; se progresa hacia la fundación de un campeonato regular a nivel nacional y se logra, por fin, que la Casa Real intitule al Madrid como Real. Como Parages no cedía ante las pretensiones unitaristas del rey, con intereses económicos en el Estadio Metropolitano, no se digna a aparecer en el partido homenaje que el Madrid le dedica para agradecerle la coronación. En cambio ese día empieza a forjarse la amistad entre Bernabéu, que ya estaba en la directiva con Parages, y don Juan. Bernabéu aprendía rápido, no sólo a moverse cerca del poder, sino a desafiarlo. Como O´Donnell ya se había quedado corto y la Liga estaba en el horizonte, el Madrid compra un terreno en Chamartín de las Rosas y alquila el Velódromo de Ciudad Lineal mientras se arregla su primer estadio en propiedad. En Ciudad Lineal estrena el primer campo de hierba de España, con capacidad para 8 mil espectadores, un prólogo de lo que sería el primer Estadio de Chamartín: 20 mil espectadores y un título de propiedad que aseguraría el crecimiento futuro de la institución, cristalizado en la década de los 30, la primera verdaderamente gloriosa a nivel de títulos.
Con Parages empiezan las giras: Inglaterra, Italia, Portugal, la América hispana. Cuando se cumplía una década de su elección como presidente, Parages abandona la presidencia. Era 1926 y muchas cosas, de las que él había participado, iban a empezar a cambiar. El fútbol español se profesionalizaba. La Liga estaba al caer y el Madrid tenía un estadio en propiedad que propulsaba su crecimiento no sólo en lo futbolístico sino como entidad polideportiva y social. Su último servicio al club tuvo que ver con la famosa Junta de Salvación, a la que acudió sin falta junto a Bernabéu, Meléndez y algunos otros nombres más que, conscientes del poder revolucionario que la idea madridista había tenido antes de la guerra, se empeñaron en rescatarla pidiendo un crédito de emergencia de trescientas mil pesetas con las que se arreglaría Chamartín y se recuperarían las bases del futuro, que fue espléndido. Murió en 1950 de forma inesperada, con 67 años, el mismo año que Carlos Padrós y teniendo en la cartera el carnet de socio del Real Madrid Club de Fútbol con el número 1.
El Madrid no juega hasta el sábado 2 de abril gracias al parón de selecciones, pero no vayamos a quejarnos, todo el mundo entiende la importancia y el interés máximo que despierta un partido de la selección española —sobre todo de esta selección española— frente a potencias como Albania el pasado sábado o Islandia el próximo martes. Auténticos hitos futbolísticos comparados con un Real Madrid – Chelsea de Champions o el choque frente al Sevilla, importante para el título liguero.
Estos partidos capitales de España comprimen los encuentros que el Madrid disputará en abril. Como cantaba Sabina:
El hombre del traje gris
saca un sucio calendario del bolsillo
y grita
En 19 días —los comprendidos entre el 2 y el 20 de abril (del 22, no del 90), ambos incluidos— los blancos se jugarán la temporada 21-22. El Madrid puede cerrar abril (Elena Furiase mediante) con los deberes del año hechos o habiéndose marcado una queirozada de aúpa.
El sábado 2 de abril comienza el maratón con el Celta, equipo que por lo que deja traslucir su CM en Twitter no parece que tenga muchas luces, tal vez porque Abel Caballero haya monopolizado la mayoría y no haya más disponibles en la ciudad. Celtas cortos, como reza nuestro Portanálisis de hoy. Los vigueses se mofaron de una caída de Cristiano años ha, pero hay caídas más peligrosas, como las de las cubiertas de uralita de Balaídos, material tóxico prohibido en España desde 2002. Esperemos, por tanto, que el duelo se celebre sin incidentes para los espectadores y los protagonistas, habida cuenta del estado ruinoso de Balaídos, no solo de su cubierta, estadio que comenzó a reformarse en 2015 y parece que hasta 2025 no se terminará, seguramente también por culpa del Madrid.
El Madrid puede cerrar abril (Elena Furiase mediante) con los deberes del año hechos o habiéndose marcado una queirozada de aúpa
Cuatro días después del partido frente al Celta, el Madrid disputa el primer asalto de la pelea de Champions contra el Chelsea en Londres. Tan solo tres días después, el 9 de abril, los de Ancelotti vuelven al Bernabéu para medirse al Getafe, conjunto nada cómodo, y sin solución de continuidad, otros tres días y la vuelta de los cuartos de final de la Copa de Europa.
A esas alturas, el 12 de abril, ya sabremos si el Madrid juega su último partido del mes el día 20 frente a Osasuna en Pamplona o bien el 27 porque se haya clasificado para las semifinales de Champions. Pero probablemente no esté aún decidida la Liga, motivo por el cual el partido frente al Sevilla en Nervión del 17 de abril se antoja de suma importancia.
Al Madrid sus aficionados le exigimos siempre lo máximo, pero una eliminación no deshonrosa frente al Chelsea no debería resultar incendiaria. En cambio sí sería gravísimo que el equipo desperdiciase la amplia ventaja conseguida en la Liga.
El campeonato doméstico no sacia la voracidad blanca de títulos del mismo modo que lo haría otra Champions, es de Perogrullo, pero la consecución de esta Liga sabría especialmente bien después del maltrato arbitral (y de todo tipo) al que ha sido sometido el Madrid en detrimento de otros clubes que, por lo que sea, a los estamentos del fútbol les caen mejor.
En 19 días de abril, por tanto, sabremos si el Madrid sigue adelante en Champions y probablemente si la Liga 35º desembocará en Concha Espina o si por el contrario tendremos que cantar aquello de tanto la quería, que tarde en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches.
Getty Images.
Buenos días, amigos. Recomendamos leer el título del portanálisis de hoy llevándonos dos dedos (o uno y medio, si fuera posible) a la frente. El objetivo es aclarar que dicho título no hace referencia alguna a la banda liderada por el músico pucelano Jesús Cifuentes, una de las favoritas de nuestro editor, su tocayo Jesús Bengoechea, por el innovador uso de la acentuación de las palabras que componen los versos de sus canciones. Véase si no el clásico 20 de Abril.
20 de abril del noventa.
Hola, chatá (¡!), cómo estás.
¿Te sorprendé (¡!) que te escriba?
Tanto tiempó (¡!), es normal.
(…)
Bueno, pues ya me despido.
Si te molá (¡¡!!), me contestas.
Esperó (¡!) que mis palabras
desordenén (¡!) tu conciencia.
Pero ya decimos que no es a estos Celtas Cortos a los que hacemos referencia en esta vuestra sección de hoy, sino más bien a los responsables del Celta de Vigo que ayer alumbraron la brillante idea de postear el siguiente tuit que no nos molá. No nos molá nada.
¿Cómo lo veis, amigos? Como ha sido la noche de los Oscars, “había que recordarlo”. Las imágenes recogen un piscinazo bastante lamentable de Cristiano, pero eso no es lo relevante. Lo relevante es que el CM del Celta de Vigo, cuya misión es de comunicación institucional, y que por tanto representa a su club de una manera oficial, se comporte como un hooligan vigués puesto de albariño hasta las cejas. Lo cierto es que nos estamos acostumbrando a que los clubes utilicen estos canales institucionales para estos desahogos casi venéreos, con dos salvedades: que el Real Madrid no lo hace y que los que lo hacen lo hacen casi siempre contra el Real Madrid. En el caso que nos ocupa, el Celta de Vigo olvida otras actuaciones arbitrales contra el Madrid que les favorecieron manifiestamente (ganaron 2-3 en el Bernabéu merced a un gol fantasma que se quedó a buena distancia de entrar), así como detalles que el club blanco ha tenido con el club celtiña a lo largo de su historia. Por ejemplo, el Madrid jugó contra un combinado de Celta y Dépor un amistoso a beneficio de los damnificados por el Prestige, como siempre desinteresadamente. Aunque en el fondo da igual. En el fondo no importa lo bien que tradicionalmente se haya portado el Madrid con el Celta, porque es una cuestión de formas, eso que delimita la categoría moral y estética de una persona o una institución. El Celta debería observar una ejemplaridad en estos temas con independencia de que la relación “bilateral” fuese mejor o peor, como debieron hacerlo Valencia, Sevilla o Barça en circunstancias parecidas (y tampoco lo hicieron). Poner un tuit así es como si el presidente del Celta recibiera a Florentino y le diera la mano con un moco pegado. Es caspa, es podredumbre. Cuánto debe enorgullecernos a los madridistas que nuestro club no se conduzca por el mundo con esas maneras, y qué poco nos jactamos de ello.
Celtas cortos. Cortísimos. Ya que citaba la noche de los Oscars, podríamos decir si dudarlo que ese CM del Celta nos recuerda a Chris Rock, y que merece un Will Smith dialéctico como el que modestamente hemos intentado darle en esta bella mañana.
Y ahora vamos con las portadas del día, que tienen menos chicha que la propia ceremonia de los Oscars, tan cercenada en su retransmisión como en la propia calidad de las obras en liza.
Dice As que al Madrid le interesa Tchouameni. Linces. No es una cosa que Ramón Álvarez de Mon lleve meses anunciando en su canal, no, qué va. Una primicia del quince, amigos. Tiemblan los cimientos del Mónaco ante la revelación. Paren las rotativas. “Podemos soñar con el Mundial”, dicen los veteranos de la Selección, que apuestan por España. Nos interesa especialmente la opinión al respecto de veteranos como Puyol e Iván de la Peña. ¿Qué opinan ellos? ¿Puede España optar a ganar el Mundial? Hombre, tenemos a Pedri, que es —literalmente— mejor que Modric y Zidane juntos según la prensa filoculé y que, atendiendo al penúltimo meme del primer mandatario de la propia España, quizá convenga ir llamando Antoni.
Marca entrevista a Cesc Fábregas, a quien Ramón Calderón tiene ya por fin casi fichado para el Madrid. Cuenta el bueno de Cesc que Mbappé puede romper récords en el Madrid (otra premonición sumamente arriesgada, aunque aún falta la confirmación oficial de la contratación), y también habla de Tchouameni, a quien augura un cercano futuro de crack. Y celebra, como celebramos nosotros, el logro de la Promises por parte de los chavales valdebebianos.
La prensa cataculé, por su parte, viene con el fichaje de Rapinha, el extremo brasileño del Leeds. Dice Mundo Deportivo que “Su fichaje depende del futuro de Dembélé y de Adama y de la llegada de Erling Haaland”. Ah, pues mira. Si depende de la llegada de Haaland, podemos ir asignándole taquilla al bueno de Raphael (no tenemos confianza con él como para usar el diminutivo), para que entre allí cantando lo de “Puede ser mi gran noche” cual Pipi Estrada enfervorecido de noche chiringuitera. Mundo Deportivo hace a Raphael compartir los honores con Pedri, es decir, con Antoni, de quien comenta que ha capitalizado divinamente el éxito deportivo y comercial de la Roja. No sabíamos del éxito deportivo y comercial de Yolanda Díaz, pero desde aquí nos permitimos felicitarla muy efusivamente por su excelente trayectoria. No solo el Barça va a hacer cosas chulísimas, y no se dirá que el Barça no las vende bien.
Pasad un buen día.
Para entrenar al Madrid. Sí, sí. Lo está. O le falta nada, un empujoncito que sin duda recibirá. No tiene escapatoria. Veamos. Recordarán que tras la cosa aquella del clásico cierta parte del pueblo elucubró sobre la conveniencia de despedir a Ancelotti. Hay personal que soporta lo de la luz, el gas, los tomates, todo eso. Pero palmar por cuatro… Es comprensible.
El debate se dividía entre quienes facturaban ya al italiano y quienes esperarían al 30 de junio. Había quien no, claro. Para el recambio, Xabi Alonso más Arbeloa era la opción de unos y Raúl, la otra posibilidad. Al 7, para mi Raúl siempre será el 7, no le ponían ayudante. Raúl y nada más.
Como no había Liga la cosa se desparramó por periódicos y similares y algunos, los que se dan por más leídos, incluían en la lista a Ten Haag, el señor del Ajax, y otros al joven Nagelsmann, del Bayern. El ‘tenhaaguismo’ asegura que el tío es un fenómeno de la táctica y esas cosas, y sobre el alemán saben también que no está cómodo en Múnich y que en cierta ocasión habló con el Madrid y decidió que no estaba maduro para dar el paso.
¡Madre si pudiera el Madrid ir con Raúl a Stamford Bridge!
‘Si non è vero è ben trovato’. Que si no es verdad está bien encontrado, vamos. El caso es que tras su exitoso paso por Hoffenheim y Leipzig, Nagelsmann sí se vio para el Bayern el verano pasado, lo que confirmaría que el Madrid es una cosa y los demás, otra. ¿La diferencia entre 13 y 6 copas de Europa? Puede.
La semana sin Liga me lanzó entre otras experiencias hacia el Castilla-Linense (1-1) y fue impactante. He vivido otras, el filial mediante, pero esta fue fuerte. Mucho. A Miguelito Gutiérrez le anularon un gol por presunto fuera de juego que entra en la antología del disparate mundial. Raúl se encendió como una bombilla de 500. No había visto, él ni nadie, que un tío que llega a rematar desde atrás, más de medio metro de distancia con los defensores a los que supera en su carrera, sea acusado de estar en fuera de juego. Acusado y sancionado.
Una cosa de locos, dolorosa pero muy conveniente. Raúl debe pasar por estos trances. Para llegar al primer banquillo del Madrid es imprescindible vivir estos episodios y el orsay que no existe y te lo pitan, y más en un partido clave como el que nos ocupa, imprime carácter, temple, solidez, jerarquía.
Todo aspirante a entrenador del Madrid debe vivir estas situaciones, y cuantas más veces mejor, para llegar preparado al gran momento. Yo no ficharía entrenador para el Madrid sin que antes hubiera pasado mínimo dos años aquí, mamando arbitraje español. Sí. Ten Haag, Nagelsmann, Xabi o cualquier otro estaría obligado a pasar por lo menos dos años en el Castilla. Por su bien. No me parece sensato fichar a un tío y hala, a la arena. No. Lo primero es su salud.
Uno de los deportes más populares dentro del fútbol es pitar cosas raras en contra de cualquier equipo del Madrid
El filial es el último escalón formativo también para el técnico y sufrir este tipo de magníficos mangazos le hace más fuerte. Cuando llega al Bernabéu no le tiembla el pulso pues está listo para torear los episodios que se le presentarán. Debe acumular experiencias y que te anulen un gol así no está ‘pagao’. Uno de los deportes más populares dentro del fútbol es pitar cosas raras en contra de cualquier equipo del Madrid.
Raúl lo cató de jugador. Orienta, pero no es lo mismo. Y su vida es ahora. ¡Madre si pudiera el Madrid ir con Raúl a Stamford Bridge! No. Está en el Castilla, formándose, y la otra noche dio un salto de gigante en su carrera. El juez de línea que levantó aquella bandera y el árbitro que le dio bola le ayudaron en su formación más que cien cursos, mil visitas a técnicos experimentados y un millón de entrenamientos con o sin pizarra. Fue impagable.
¿Que Avalos, el trencilla, y su equipo son catalanes? ¿Y culés? No. Casualidad. Faenas así se las hemos visto a gallegos, vascos, riojanos, andaluces, asturianos, castellanos nuevos y viejos, valencianos, baleares, canarios, extremeños, murcianos, aragoneses, ceutíes, melillenses. Es la costumbre y no todos van a ser del Barça, carallo.
Me encantaría que cambiaran la norma y un árbitro madrileño, dos linieres madrileños, un cuarto árbitro madrileño y un VAR todo madrileño dirigieran un partido del Madrid. Una sola vez. Ellos también lo mangarían. Segurísimo.
Getty Images.