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Regreso a O'Donnell: El reclutamiento

Regreso a O'Donnell: El reclutamiento

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Regreso a O'Donnell: Capítulo 1

 

Madrid, año 1913

Juan Padrós

Juan Padrós sale de despachar con Alfonso XIII con el imperativo real de unificar la Federación y la Unión española de Clubs de Football. Esta unificación era el objetivo por el cual había aceptado la presidencia de la Federación tras abandonar la del Real Madrid en favor de su hermano Carlos en 1904.

Padrós es un tipo peculiar, dotado de prominente y frondosa barba. Su aspecto recuerda con vaguedad a Abraham Lincoln, pero adornado por un bigote tupido. Es hombre sencillo y de vuelta a casa se sienta en la terraza del Café Comercial, deja el portadocumentos de piel junto a la silla y piensa en las palabras que le acaba de pronunciar el rey: «Juan, no toleraré ninguna organización más que la Federación, de la cual soy presidente honorífico desde su fundación. Consiga la fusión con la Unión Española cuanto antes».

—Buenos días, caballero, ¿qué desea tomar? —se dirige a Juan Padrós un vivo camarero rubio de mirada inteligente, hoyuelo en la barbilla y acento argentino.

—Un café solo, por favor, sin azúcar.

—En seguida, señor. Aquí le dejo la prensa de hoy por si desea ojearla mientras tanto.

Padrós hace caso omiso a la sugerencia y sigue urdiendo el plan para conseguir el encargo del monarca. Se toma el café y divaga largo tiempo hasta que el camarero le interrumpe al anochecer.

—Disculpe, vamos a cerrar.

—Por supuesto, perdone, no había reparado en la hora que era. ¿Cuánto se debe?

—Está usted invitado.

—Gracias, buenas noches.

Juan Padrós espera a que se dé la vuelta el camarero argentino, deja sobre la mesa la propina equivalente al precio de su consumición y se marcha a casa. Al llegar, abre el portadocumentos y encuentra una servilleta del Café Comercial. Piensa que la habría guardado por despiste o que tal vez habría caído dentro de manera accidental, pero al sacarla, ve que hay algo escrito: «Sr. Padrós, ¿quiere usted volver al Real Madrid? Firmado: Florentino Pérez».

 

Madrid, año 1958

Puskas y su esposa

Puskas está triste y no anda de buen humor. Hacía dos años que decidió no regresar a Hungría tras la revolución de 1956 y no encuentra un equipo de categoría que confíe en él; carga con muchos kilos de más y demasiado tiempo sin jugar. Decide paliar su frustración dando cuenta de un asado junto con su esposa cuando se les acerca un inglés muy simpático y espigado de pelo castaño.

—Mr. Puskas y señora —inclina una sonrisa ante su esposa—, mi nombre es Steve. Steve McManaman. ¿Gustaría usted de jugar en el Real Madrid? —le espetó el inglés al magyar.

El húngaro se levantó decidido a coger al inglés por la pechera cuando su mujer lo calmó. Ya más sosegado, contestó:

—Y también quiero que me toque la lotería, vaya tonterías dice usted. Déjenos en paz, que estamos comiendo.

—Oh, sorry, no quería molestar, pero es importante. Escuche, Santiago Bernebéu espera a usted en su ofisina mañana a las 9:30. Esta es la dirección —dice Steve entregando una tarjeta con las señas escrita en español y en húngaro—. No se retrase. Imagino sabe quién es don Santiago, ¿verdad? Buen día.

 

Dallas, año 2019

Luka Doncic

Derbi texano en el American Airlines Center. Se enfrentan los Mavs contra los Spurs. A falta de 26 segundos, Luka Doncic anota otro de sus característicos triples, con step-back, que sentencia el encuentro. El joven esloveno se marca su sexto triple-doble de la temporada. Tiene veinte años y una seguridad que derrumba. A pesar de su evolución vertiginosa, Luka sigue con los pies en el suelo y sin perder la buena actitud. Es el sueño de cualquier gran ejecutivo deportivo.

Después de atender a los medios de comunicación y ducharse, decide ir a cenar solo al Town Hearth. Luka es saludado por el gerente Donnie Nelson que le conduce a una mesa discreta.

—Donnie, hoy tengo hambre. Ya sabes —le sonrió guiñándole un ojo.

Mientras tanto, por las avenidas de Dallas, un tiarrón de dos metros y seis centímetros conduce repanchingado sobre el butacón de un Cadillac Eldorado rojo convertible de 1971. Aparca en batería junto al restaurante donde está cenando Doncic y accede por una puerta trasera cerca del rincón donde se encuentra el esloveno devorando kilo y medio de carne mientras chatea por WhatsApp y enreda por Twitter. Todo a la vez. Cuando levanta la cabeza del teléfono, Luka exclama:

—¡Joe!

—Hola, Luka. Felicidades, buen partido —le felicita Arlauckas con voz grave y colmada.

—¿Qué haces aquí?

—¿Te gustaría volver a ayudar al Real Madrid?

—Estaría encantado, soy madridista desde niño, pero tú mejor que nadie sabes que ahora no puedo volver, tengo una carrera prometedora en la NBA. Dentro de unos cuantos años, volveré sin dudarlo. Pero no me has respondido, ¿por qué has venido a verme?

—Luka, no quiero que vuelvas al Madrid para jugar al baloncesto. Quiero que vuelvas para impedir que un día te despiertes y el Real Madrid, tal y como lo conocemos, ya no exista. Si estás interesado, conecta este disco duro externo a la Play al llegar a casa y estate atento al móvil.

Arlauckas sonríe a Doncic y se marcha antes de que Luka pueda abrir la boca. Cuando se recupera de la sacudida, Doncic coge el disco duro y sale corriendo hacia casa.

Continuará...

"Regreso a O'Donnell", todos los viernes en La Galerna

 

ÍNDICE de Regreso a O'Donnell:

Capítulo 1: El reclutamiento

Capítulo 2: El Real Madrid al fondo de un bazar chino

Capítulo 3: Fernando Hierro ficha por el Atlético de Madrid

Capítulo 4: Kubala no debe fichar por el Real Madrid

Capítulo 5: Alfredo Di Stéfano en peligro

Capítulo 6: Ante Tomic renueva con el Real Madrid

Capítulo 7: La resistencia frente a los alemanes

Capítulo 8: Nicolas Cage o el efecto mariposa

Capítulo 9: Xavi Hernández y el cortacésped monstruoso

Capítulo 10: Cristiano Ronaldo envía un burofax al Real Madrid