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Kubala no debe fichar por el Real Madrid

Kubala no debe fichar por el Real Madrid

Escrito por: Francisco Javier Sánchez Palomares19 junio, 2020
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Regreso a O'Donnell: Kubala no debe fichar por el Real Madrid

 

Ladislao Kubala había huido de la Hungría comunista a Austria. Una vez en Occidente, formó un equipo con otros expatriados de Europa del Este llamado Hungaria F.C. y entrenado por su cuñado Fernando Daučik. Se dedicaban a realizar giras de partidos amistosos porque, ante las presiones de Hungría, la FIFA no había permitido a Kubala jugar en el equipo austriaco del Pro Patria.

 

Madrid, año 1950

Santiago Bernabéu contrata al Hungaria F.C. para jugar un partido amistoso en Chamartín. Kubala marca dos goles y don Santiago queda prendado de él. El Real Madrid se pone en contacto con Ricardo Cabot, secretario de la Federación para sondear el fichaje del húngaro. Cabot les responde que no es posible fichar a Kubala porque su estatus de fugado hace inviable la obtención del transfer de su club de origen. No mucho tiempo después, Ladislao Kubala firma con el F.C. Barcelona.

 

Madrid, año 2020

—Álvaro, explícanos cómo se viaja en el tiempo. Lo único que sabemos es que atravesamos la portería que hay aquí debajo y aparecemos en otro lado y en otro tiempo —solicita Luka Doncic a Arbeloa—. Ya hemos realizado una misión con éxito, es lo menos que podéis hacer por nosotros.

—Está bien.

Bajo la alfombra de la oficina de la calle O’Donnell, 43 hay unas tarimas con un grabado que reza: «O’D43». Álvaro Arbeloa pone su huella dactilar sobre las letras y se abre una trampilla con unas escaleras que descienden hacia el subsuelo.

—Acompáñenme, por favor, ya saben el camino —indica Álvaro con un gesto a Puskas y Juan Padrós mientras Luka, sin esperar, se cuela escaleras abajo—.

Bajan varias decenas de metros hasta que llegan a una galería excavada en la roca, con el techo muy alto en el centro de la cual hay, sumergida entre nieblas, una portería.

—Como saben, esta es la portería que utilizaron el otro día para viajar en el tiempo. Lo que no conocen es cómo y es lo que voy a explicarles. No comprendemos todo acerca de ella, pero sí sabemos que ya estaba aquí en 1913 cuando, tal y como les explicamos, un joven Bernabéu se topó con un señor con aspecto de ingeniero, al fondo de una galería descubierta por las obras del estadio de O’Donnell, y le dijo «Don Santiago, ha nacido usted para ser presidente del Real Madrid». Conocemos que en el interior de los postes y el larguero se oculta una bobina entrópica que, al introducir unas coordenadas del lugar dónde se desea viajar y la fecha a cuándo se quiere llegar, crea un arco de acortamiento espacio-temporal que traslada a quien lo atraviesa al lugar y fecha elegidos.

—Si no hubiese viajado ya a través de ella, le diría que es usted un memo —interrumpe Ferenc Puskas mientras Luka escucha embobado con brillo en los ojos y Padrós se mantiene impertérrito.

—Le entiendo, Pancho, no es para menos. También sabemos que, una vez llegados al lugar de destino, el arco espacio-temporal se mantiene abierto en ambos sentidos durante doce horas como máximo, si no se cierra antes de manera manual. Ese es el motivo por el que los acompañó Ricardo Zamora en su último viaje, su labor, al igual que la del Can Cerbero de la mitología griega, es ahuyentar a quien pretenda atravesar el arco e impedir de ese modo que nadie llegue desde otra época hasta el presente bajo nuestra oficina, es decir, aquí y ahora mismo. Por último, les aviso que no es la única portería que existe de este tipo. Hay más equipos que disponen otras similares, como ya les he comentado en varias ocasiones.

—¿Y cómo es eso posible? — interroga Doncic.

—Se acabó la explicación por hoy, otro día más —responde Álvaro—. Ahora subamos que Emilio tiene una misión urgente.

Los cuatro suben a la oficina central de la organización «O’Donnell 43» donde ya les espera Butragueño tomándose un batido de kiwi.

—Señores, tenemos información fiable de que en 1950 el Madrid está a punto de lograr el fichaje de Kubala, impidiendo de ese modo que se lo arrebate el F.C. Barcelona, tal y como ocurrió en realidad.

—¿Quién es ese Kubala? —pregunta Padrós.

—Kubala es uno de los mejor jugadores que he visto en mi vida —responde Puskas.

—Si es tan bueno, ¿qué problema hay en que lo fichemos? —vuelve a preguntar Juan Padrós sin entender nada.

—Querido Juan —explica Butragueño—, Kubala es un jugador excepcional que estaba casi fichado por el Madrid, pero el Barcelona se inmiscuyó y envió a Pepe Samitier al tren en el que viajaba Kubala con el contrato del Real Madrid en el bolsillo a punto de firmarlo, para alterar su voluntad con unas copas, hacerlo bajar en otra estación y firmar con el F.C. Barcelona. Pero gracias a que los culés cometieron esta tropelía, años más tarde, don Santiago se vengó y fichó a Alfredo Di Stéfano, futbolista superior a Kubala, jugador más importante de la historia blanca y artífice de la victoria en las primeras cinco Copas de Europa disputadas. Si el Real Madrid ficha a Kubala en el pasado, nunca fichará a Di Stéfano y su historia hasta hoy será más vulgar. La organización que trabaja para el Barcelona lo sabe y ha tramado un plan que impida el trabajo de Samitier y que el húngaro termine firmando por el Madrid, cambiando así la historia para siempre.

Los tres miembros del equipo se miran asombrados, Arbeloa los espabila con una palmada y los envía al departamento de maquillaje de O’Donnell 43. Una vez caracterizados, son provistos de lo necesario y bajan a la galería de la portería. Allí les espera, junto a Ricardo Zamora, un señor afable de mirada penetrante: Agustín Herrerín, encargado de manejar la portería e introducir las coordenadas en la misma.

—Buenos días, Agustín —saluda Arbeloa con un abrazo —. Nos vamos a 1950.

—¡Buenos días, Alvarito y compañía! —responde con entusiasmo Herrerín.

 

Madrid, año 1950

El trío llega a la estación de tren y sube al ferrocarril mientras Zamora aguarda su regreso custodiando el arco espacio-temporal.

 

Mientras trazan un plan de acción en la cafetería del tren, junto a ellos, un hombre con sombrero y puro le cuenta a una bella mujer que Louis B. Mayer, presidente de la Metro ha visto el preestreno de la película que acaban de rodar ambos y le ha acusado de arruinar la reputación de su profesión, pero la tranquiliza, está convencido de que será un éxito cuando se estrene en agosto. La mujer asiente, tampoco tiene dudas.

—Señor Doncic —ordena Padrós—, usted revise cada compartimento de cada vagón hasta localizar a Samitier y Kubala. Aquí tiene las fotos, por si no los recuerda. Usted, señor Puskas, espere aquí a mi señal. Cuando Doncic les localice, yo le avisaré y usted forzará la puerta y arrojará fuera del tren a Pepe Samitier. En ese instante, yo acompañaré a Kubala al hotel y me aseguraré de que firme con el F.C. Barcelona.

Al cabo de una hora vuelve Luka Doncic al vagón cafetería e informa preocupado a Padrón que, en el compartimento, además de Samitier y Kubala, viajan dos fornidos guardaespaldas.

El cineasta que hay junto a ellos ha escuchado toda la conversación desde el inicio e interrumpe:

—Disculpen caballeros, no he podido evitar escucharlos. Me crucé con ese par de moles humanas al subir al tren y cuchicheaban entre ellos cómo arrojar del tren al tal Samitier ese del que hablan. Si no me equivoco, se hacen pasar por sus guardaespaldas, pero están en contra de ese tipo.

Esta información hace comprender a Padrós que los falsos escoltas son emisarios de la organización blaugrana enviados para deshacerse de Samitier y hacer que Kubala firme por el Real Madrid.

Kubala y Samitier

—Aunque les parezca descabellado —prosigue el cineasta—, se me acaba de ocurrir un plan que puede ayudarles a lograr su objetivo. Sé que lo que les voy a proponer les parecerá una locura, pero les aseguro que no podrán doblegar a ese par de bestias por medios convencionales.

El cineasta informa al trío que su compañera de viaje es actriz y lleva en el equipaje varios trajes femeninos. Propone a Padrós, Puskas y Doncic se vistan de mujer, seduzcan a los dos guardaespaldas y los emborrachen. De ese modo, lograrán debilitarlos y el propio Padrós tendrá vía libre para lograr su objetivo.

Puskas se niega en rotundo. Luka cree en el plan propuesto y ayuda a convencer a Padrós, al que le parece bastante infantil la idea en un principio. Una vez decididos, persuaden a Pancho Puskas. Doncic apela a su honor y el magyar acepta a regañadientes.

Veinte minutos después, Pancho y Luka maquillados, vestidos de mujer y con una botella de whisky y vasos con hielo en las manos simulan estar bebidas y entran en el departamento de Kubala, Samitier y los forzudos.

—Ay, qué estúpidas somos. Disculpen caballeros, nos hemos equivocado de compartimento —irrumpe Doncic riendo y tocando el hombro del fortachón de la derecha. La caracterización de Luka es magnífica y a los gorilas se les dilatan las pupilas al verlos.

—No se preocupen —contesta Kubala ya afectado por las copas— ¡pasen y tomemos una copa todos juntos!

Durante las siguientes tres horas, Luka y Pancho emborrachan a los mostrencos mientras evitan que sus manos largas descubran el engaño. Pepe Samitier también cae en la trampa y bebe hasta desmayarse. En ese momento, irrumpe Padrós y asesta sendos porrazos en la cabeza de los guardaespaldas que acaban por hacerles perder el poco sentido que les queda.

—Hemos llegado a la parada —informa Padrós—. Me bajo con Kubala. Lo conduciré hasta el hotel donde ha de firmar por el F.C. Barcelona intentando que mantenga la consciencia justa. Tardaré una hora. Ustedes espérenme en esta misma estación, tenemos el tiempo justo para coger el próximo tren y regresar al inicio de nuestro viaje donde nos espera el arco espacio-temporal para volver a 2020.

Puskas y Doncic se despojan de sus disfraces y se los devuelven al cineasta.

—Caballero —dice con honestidad Pancho—. Reconozco que su plan era bueno. Mi amigo y yo queremos agradecerle su ayuda. Por cierto, no nos ha dicho cómo se llama.

—Wilder, Billy Wilder

—responde mientras sonríe. La idea de dos hombres vestidos de mujer en un tren cree que puede servirle para desarrollar un próximo guion. También sabe que Sunset Boulevard es una buena película, pese a la opinión del presidente de la Metro.

Padrós no tiene problema para que Kubala rubrique su contrato con el Barcelona y el trío regresa con el tiempo justo al lugar custodiado por Ricardo Zamora, que les aguarda con cuatro estúpidos apilados en el suelo que intentaron colarse en el arco.

Al día siguiente, Emilio Butragueño les recibe para agradecerles el trabajo realizado.

Una semana después, Arbeloa entra azorado, casi sin aliento, en la oficina de O’Donnell 43:

—Emilio, el Barcelona ha reaccionado. Después de que consiguiésemos desactivar el plan Kubala, están a punto de evitar, esta vez de manera directa, que don Alfredo fiche por el Real Madrid.

Continuará...

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Un comentario en: Kubala no debe fichar por el Real Madrid

  1. Buenas tardes sin profundizar demasiado en el tema, añadir algunos datos que dan cuenta de la cabronada que la Federación de Fútbol le jugo a D. Santiago, 1) Este Ricardo Cabot, fue vicepresidente y directivo del Barcelona varios años, 2) fue secretario general de la Federación Española de Fútbol en la zona republicana durante la guerra civil 3) al terminar la guerra no fue depurado `por el franquismo, sino que pasó a ocupar puestos directivos tanto en la federación catalana como en la española, a buen entendedor..... 4) el presidente de la Federación en 1950 era D. Armando Muñoz Calero, un dato, Fue vicepresidente del Club Atlético de Madrid en la década de los setenta del siglo XX, durante una larga etapa, en la Junta de la primera presidencia de Vicente Calderón. Fue el autor del famoso telegrama a Franco: Hemos vencido a la PÉRFIDA ALBION, durante el mundial de Brasil en 1950, que hoy todavía produce vergüenza ajena.

    No hacen falta más datos ( que podría) para comprender porque con estos dos a los mandos de la Federación Española de Fútbol, el fichaje de Kubala era imposible
    Saludo blancos, castellanos y comuneros

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