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El Real Madrid al fondo de un bazar chino (2)

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Capítulo 2

Regreso a O'Donnell: El Real Madrid al fondo de un bazar chino

 

Madrid, año 2020

 

Calle O’Donnell, 43, bazar chino repleto de cachivaches, colonias de imitación, juguetes endebles, ropa y complementos peculiares. Es uno de los locales de un edificio construido en 1966, año de la Sexta Copa de Europa, sobre el solar del antiguo Estadio de O’Donnell. Llueve sobre Madrid y un grupo de cuatro personas ocultas bajo chubasqueros entran a la tienda. Se dirigen hasta una oficina cuya puerta está oculta tras unas plantas de plástico, junto a una estantería repleta de pantuflas al fondo del local. El primero de ellos, que guía a los otros tres, abre la puerta, se quita el gorro del impermeable y saluda:

—Buenos días, Emilio.

—Buenos días, Álvaro, adelante.

Butragueño recibe con su habitual cortesía al resto de visitantes y les invita a tomar asiento a un lado de la mesa mientras Arbeloa toma posición al otro, junto a Emilio. La oficina tiene una decoración que recuerda a un periodo indeterminado de la Historia de España entre la postguerra y desarrollismo de los años sesenta impulsado por los tecnócratas.

—Don Juan Padrós, don Ferenc Puskas, don Luka Doncic, bienvenidos, disculpad las molestias ocasionadas. Soy Emilio Butragueño y él es Álvaro Arbeloa. Vamos a explicaros por qué estáis aquí y qué queremos que hagáis por el Real Madrid —comienza Emilio Butragueño.

—Disculpe, don Emilio y perdone que no le tutee —interrumpe Padrós—, pero no salgo de mi asombro. Más allá de que en un momento haya pasado de 1913 a 2020, no concibo que el club que ayudé a fundar con unos objetivos y valores tan nobles haya acabado en un cuchitril moderno e indecoroso como este en el que nos encontramos.

 

—No se preocupe, señor Padrós —interviene Arbeloa— estamos en la oficina de una organización secreta y como tal, ha de pasar desapercibida, su objetivo no es ganar un premio de decoración. Cuando vea usted en lo que se ha convertido su Real Madrid, le aseguro que se quedará sin habla. Por cierto, aprovecho para felicitarle y agradecerle todo lo que ha hecho y hará por el Real Madrid y el fútbol español.

Padrós mira varias veces a Emilio y a Álvaro lleno de incertidumbre y sin poder romper a hablar. En ese momento, Puskas se levanta y eleva el tono:

—Exijo una explicación, primero un inglés interrumpe mi comida y me pide que me reúna con Bernabéu. Después, cuando me dirijo allí, aparece este tipo —señala a Arbeloa— y aparezco en este lugar. No puedo perder el tiempo con comedias de estas, necesito buscar equipo para seguir jugando al fútbol. No sé qué me van a proponer, pero no me interesa.

—Sí le interesa —replicó Arbeloa— y, además, es su mejor y única opción para regresar al fútbol de élite.

—Lleva razón Álvaro, señor Puskas —se entrometió Luka Doncic— yo he visto vídeos suyos y conozco su carrera, la única decisión sensata es que acepte lo que le van a proponer.

—¿Pero qué demonios es un vídeo? ¡Este crío quién es y qué se cree! —exclamó Puskas.

Mientras Puskas y Doncic se enzarzan en una discusión, Juan Padrós se santigua y se arrepiente de haber venido. Entonces, Emilio Butragueño apacigua los ánimos.

—Señores, señores, calma, por favor. Puskas, un vídeo es el hermano pequeño de una película, que eso sí sabe lo que es, que se puede ver en casa cuando se quiera, sin necesidad de ir al cine ni que lo emita la televisión. Y este crío, como usted dice, es Luka Doncic, quizá el mayor talento que ha jugado en la sección de Baloncesto del Real Madrid y que ahora triunfa en la NBA. También les explicaré qué es eso de la NBA. Bueno, y a usted, señor Padrós, también le explicaré qué es el baloncesto.

Butragueño saca una tablet del cajón, la enciende y le muestra el 3-1 que marcó Ferenc Puskas contra el Eintrach de Frankfurt en Glasgow, en la final de la Copa de Europa de 1960.

—Este es uno de los goles que marcará usted con el Real Madrid en una final de Copa de Europa si no se marcha ahora de aquí. En realidad, para nosotros ya lo ha marcado, pero usted en 1958 aún no lo sabe. Y la prueba de que se unirá a nuestro equipo es que el gol sigue existiendo. Y ahora le voy a mostrar un vídeo de otro gol.

El Buitre le enseña el gol de McManaman en la final de la Octava contra el Valencia mientras Puskas tiene la mirada fija en el aparato tecnológico extraplano.

—Este señor que marca un gol de tijera en otra final de Copa de Europa, es el inglés que les interrumpió la comida a usted y a su mujer y les hizo venir aquí.

Juan Padrós, sentado a la izquierda de Pancho, observa el moderno dispositivo y los vídeos sin dar crédito. Doncic sonríe sentado en su silla a la derecha de Puskas y le guiña un ojo a Arbeloa, que se levanta y se dirige con solemnidad a los presentes:

—Queridos madridistas, han sido ustedes elegidos para este cometido porque reúnen diferentes cualidades complementarias entre sí para lograr los difíciles objetivos que tenemos por delante. El señor Doncic conoce la dimensión del Real Madrid, el señor Puskas, solo en parte, pero no imagina en lo que se ha convertido, y el señor Padrós no puede ni imaginarlo. Sabemos de su madridismo más que ustedes mismos. Nos enfrentamos a corporaciones que están en condiciones de cambiar el pasado y eliminar la grandeza del Real Madrid. Por lo tanto, no hay elección posible, como se ha sugerido antes, esto no es democrático, ustedes están obligados a evitar esta catástrofe y defender al club porque es sinónimo de defender su propia vida, aunque aún no lo conciban.

Doncic se muestra orgulloso y animado porque es el único de los tres que ya sabe el funcionamiento de la organización. Tras ser abordado por Joe Arlauckas en el restaurante de Dallas, volvió a su casa, conectó el disco duro que le entregó el americano a su Play y fue informado de buena parte del funcionamiento de la organización.

—Amigos —prosiguió Butragueño—, como sabrán, desde 1912 a 1923, el Real Madrid disputó sus partidos como local en el Estadio de O’Donnell. Durante las obras previas de adecuación del estadio, en las cuales participaron aficionados, jugadores y miembros del club, un juvenil llamado Santiago Bernabéu, que se encontraba picando el suelo alejado del resto, halló lo que parecía una galería al fondo del socavón que estaba realizando. Al adentrarse en ella, se topó con un señor con gafas y traje oscuro con aspecto de ingeniero que le dijo: «Don Santiago, ha nacido usted para ser presidente del Real Madrid». A partir de ese momento, se pone en marcha esta organización. Por cierto, ahora nos encontramos sobre esa misma galería.

Padrón y Puskas siguen boquiabiertos y ahora sí Luka Doncic se les une descolgando la mandíbula. Los tres se miran entre sí y hacia el suelo, pero Arbeloa prosigue antes de que puedan preguntar nada.

—Les aseguro que todo es tal y como les comentado Emilio. Sé que tienen infinidad de preguntas e incertidumbre, pero ahora no tenemos tiempo para responderlas, aunque no duden que todo se les explicará a su debido tiempo y con el respeto que merecen. Como les hemos dicho, no somos la única estructura de este tipo que existe y algunas quieren acabar con el club. Recibirán unas enseñanzas y directrices durante el día de hoy y mañana partirán a 1989; están a punto de impedir que Fernando Hierro fiche por el Real Madrid. Si lo consiguen, desaparecerán varias Copas de Europa de nuestras vitrinas.

Continuará...

"Regreso a O'Donnell", todos los viernes en La Galerna

 

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9 comentarios en: El Real Madrid al fondo de un bazar chino (2)

  1. Esto merece un largo metraje o una serie en Netflix. No tardes mucho en darnos el capítulo siguiente. Quiere la 1era temporada ya.

  2. Sin ánimo de hacer spoiler creo que la distopía que se teme que llegue se convertirá en una maravillosa y real utopía (si es que existe el término, jjj).

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